Holaaaaa! Cómo va todo? Primero que nada, muchísimas gracias por sus reviews, me llenan de energía n_n

Este capítulo iba a ser más largo pero lo partí a la mitad así que será en dos partes, la siguiente la subiré en un par de días más porque voy a darle una mirada y editarlo.

Disclaimer: Solo poseo la trama, a Archie, el padre inventado de Charlotte, los villanos random que aparezcan y a Randy el repartidor.

Así que...

Here We Go...


La música de su reproductor estaba resonando por toda la casa, se podía escuchar en cada una de las habitaciones, pero el volumen era lo suficientemente bajo como para no ser escuchado desde más allá de su patio, no quería ser una molestia para los vecinos y que estos se enojaran con su madre por su culpa.

Además se trataba del último lanzamiento de Jack Swagger, que aún no estaba disponible para el público en general, aunque sí lo estaría en unas pocas semanas, no quería tener que dar explicaciones de como ella tenía una copia temprana de su trabajo.

La razón era que Jack se la había enviado como obsequio antes del lanzamiento oficial.

Beneficios de tener una amistad cercana con una estrella internacional de la música.

Ella todavía se mantenía en contacto con él a través de aplicaciones de mensajería y video, ellos seguían siendo muy buenos amigos, como ella lo era con Henry, pero la "relación romántica" de la que habían disfrutado había terminado hacía ya varias semanas.

Sus argumentos habían sido que mantener una relación a distancia se estaba volviendo cada vez más y más difícil y había perdido su encanto. Jack y ella habían mantenido todo con mucha discreción, tanta que la gente - ni siquiera sus amigos, y eso que ella se los había dicho varias veces - creía que ni él ni ella tenían ningún interés amoroso. Eso hacía que cada dos por tres, ella se encontrara con más de un artículo relacionando a Jack con alguna famosa artista, modelo o actriz. Claro, ella sabía que era solo prensa rosa falsa y cursi para vender, pero también estaban las chicas de la escuela, a quienes debía soportar mientras parloteaban de lo apuesto que era Jack Swagger y como desearían salir con él. Y lo que tenían entre ellos tampoco era algo oficial, solo se habían besado de más jóvenes e iban a citas cuando él se encontraba en la ciudad y hablaban cada tanto por telefono y así, aveces ni siquiera pensaba en él por días y hasta se olvidaba de que eran cercanos, era una relación tipo más como amigos que se veían de vez en cuando de manera romántica para no sentirse solos, pero no eran 'novios' ni nada por el estilo, así que ella no podía culparlo si de vez en cuando él se aburría y tenía más que un intercambio de palabras con alguna muchacha atractiva del medio con la que pasaba más tiempo, aunque conociéndolo bien, él no era para nada ese tipo de chico, y había sido en realidad la razón por la cual había tomado esa decisión.

Sería hipócrita y cruel de su parte querer acapararlo para ella solo por conveniencia, cuando él merecía al menos intentar ser feliz con alguien más que si pudiera estar presente para él más seguido, sobre todo cuando hacía semanas que su mente - y su corazón - estaban centrados en alguien completamente diferente.

Ella era una chica seria, incluso aunque estuviera a punto de empezar a salir con un criminal en secreto. Si hubiera seguido alimentando la idea de que ambos seguían teniendo algo, sería como estar engañando a ambos chicos a la vez, y ninguno de los dos se lo merecía. Jack era un buen chico, y un gran amigo, pero ya no podía verlo como algo que no sentía. La llama que habían sentido crecer entre ellos tiempo atrás se había extinguido por completo, mucho antes de siquiera haber vivido ese suceso en el banco. Ahora, su corazón estaba encendido gracias a una chispa que había iniciado por alguien más, la flama iba creciendo en tamaño y calor, y aún después de semanas de aquel encuentro, seguía quemando su interior.

Por esa razón, días después de aquel incidente en el banco, ella habló seriamente con él para dejarle las cosas en claro. Le dijo que todavía seguía viéndolo como a un amigo, que lo apreciaba y que podían seguir encontrándose como buenos amigos cuando él volviera a pasarse por Swellview, pero que su 'relación' tenía que acabar.

Afortunadamente, Jack se lo había tomado bastante bien, comprendiendo que sería inútil querer seguir con una relación cuando claramente ya no sentían lo mismo. Él incluso le confeso que sentía algo parecido, como si hubieran estado manteniendo su relación amorosa solo por simple costumbre.

Así que ambos habían quedado en paz...

Aunque claro, ella no le había dicho exactamente la verdadera razón por la que cortaría con él.

Las semanas que pasó esperando alguna señal de vida de aquel misterioso ladrón después de haber roto con Jack se le hicieron eternas y agonizantes. Las dudas la habían estado carcomiendo ¿había sido la mejor decisión terminar definitivamente con Jack? ¿Incluso cuando él mismo había confesado haber dejado de sentir más que amistad por ella?

Jack era un chico dulce, amable, tierno y digno de confianza, todo eso y su madre - que había sabido de su relación - lo amaba y era el chico perfecto para su hija según su punto de vista, por lo que se había puesto muy triste cuando ella le hubo contado sobre la decisión que había tomado, explicándole lo mismo que a Jack. Para Carol, su madre, Jack había sido el partido perfecto: apuesto, rico, famoso, exitoso, talentoso y por sobre todo, quería a su hija por como era ella y sus buenas cualidades, sin querer cambiarle nada.

Pero, si ella eligiera quedarse con Jack por pura conveniencia, no estaría siendo honesta, ni con ella misma ni con Jack.

Al final, ella había tomado una decisión bastante buena.

El chico que en minutos había sacudido su mundo había vuelto a ella.

Archie se notaba que era un problemático desde lejos. Travieso, calculador, arrogante y mañoso. Y sí, era guapo, talentoso, famoso, rico y exitoso, pero por todas las razones equivocadas e ilegales.

Si su madre lo llegaba a conocer algún día, ahí sí que tendría un ataque, estaba segura.

Un punto a favor del ladrón de bancos era que también le atraía Charlotte por su forma de ser, con toda su inteligencia y sarcasmo.

Anotaría eso para más adelante por si tuviera que usarlo en una discusión para defenderlo.

Pero por el momento se ocuparía de terminar el desayuno que se estaba preparando mientras conversaba de forma amena con Archie. El criminal estaba ocupado con trabajo - con que exactamente ella no lo había cuestionado - pero aunque no podía hablar, no tenía problema en comunicarse con ella vía mensajes.

"Nerviosa por esta noche?" preguntó el chico.

"Un poco ansiosa más que nada", confesó Charlotte.

"¿Alguna vez has estado en Bordertown?"

"No por lo que puedo recordar..."

"¿Tu has estado mucho por allí?"

"Muchas veces... por trabajo... sobre todo..."

"¿No quiero saber?"

"No quieres saber", confirmó Archie.

"Pero puedo decirte que es una ciudad bonita, como Swellview", agregó.

"Sin superhéroes, eso es todo"

"Debe ser como el cielo para ti, entonces", bromeó.

"Realmente no" admitió el ladrón.

"Fácil para...trabajar...pero demasiado aburrida"

"No hay ningún desafío en eso"

"No te importaba el desafío antes ¿por qué tan repentinamente sí?"

"Bueno, eventualmente te cansas de ser el mejor ;)"

"Además, Swellview es mi hogar, no puedo desperdiciar mi talento en otra ciudad, eso sería como traición"

"Estoy segura de que la gente de la ciudad amaría tu devoción hacia ellos", bromeó la jovencita.

"Tu amor por mí me es suficiente, princesa" respondió.

Luego añadió una cara guiñando.

Ella siguió bromeando con él por teléfono, y con la cabeza ocupada con esos asuntos - además de la música a todo volumen - no oyó la puerta de entrada abriéndose.

Carol Page regresaba a casa después de su rutina de ejercicios matutinos, algo que hacía regularmente. Su hija todavía estaba dormida cuando salió de la casa en la mañana, tal como había anunciado el día anterior, pero a juzgar por la música a todo volumen, Charlotte ya estaba bastante despierta y con más energía que nunca.

Cerró la puerta detrás de ella y caminó directamente a la cocina para anunciar su llegada, porque estaba segura de que con todo ese alboroto su hija no la había escuchado.

Uno esperaría que un adolescente en una cocina sería una receta para el desastre, pero Charlotte era muy buena cocinando, y limpia. Cuando salía con Jack, ella solía preparar la comida para que no tuvieran que salir y arriesgarse a ser acosados por sus fanáticos o la prensa. Era una pena que su relación no funcionara al final, le agradaba mucho ese chico.

Pero su hija todavía era joven y tenía mucho que vivir antes de pensar en relaciones serias, así que la apoyaría en sus decisiones.

Charlotte estaba de espaldas al umbral, todavía vestida con su ropa de dormir, descalza pero con el pelo arreglado, al menos. Tenía una espátula en una mano y sostenía su teléfono en la otra y sus ojos brillantes estaban fijos en la pantalla, sonriendo felizmente mientras le escribía algo a alguien. Desde su posición, Carol no podía ver de quien se trataba, pero supuso que era alguno de sus amigos.

—Buenos días cariño —saludó, entrando finalmente a la cocina.

Charlotte casi dejó caer su teléfono, sorprendida por oír la voz de su madre en cuanto una de las canciones llegó a su fin. No la había escuchado entrar a la casa o caminar hacia ella. Ella logró sostener su teléfono antes de que cayera al suelo, y por instinto, trató de ocultar la pantalla de la mirada de su madre.

—Hola mamá, no te escuché entrar —dijo ella, poniendo una sonrisa mientras apagaba la pantalla de su teléfono para ocultar los mensajes en ella.

Lo puso sobre la mesa con la pantalla mirando hacia abajo y dejó a un lado la comida que estaba cocinando para ir a la sala y bajar el volumen de la música.

—¿Te gustaría algo? —le preguntó a su madre una vez de nuevo en la cocina, recuperando su actitud tranquila.

—Gracias, pero ya tomé algo esta mañana —contestó su madre—, tú desayuna tranquila, yo iré a darme una ducha, solo quería decirte que había llegado para que no te llevaras un susto.

—Me lo llevé de todas formas.

—Su no hubieras tenido la música a todo volumen, me habrías escuchado entrar —le recordó Carol— ¿qué tal si en vez de ser yo, se hubiera tratado de un criminal?

Charlotte tuvo el deseo de rodar los ojos ante esa pregunta. Su madre tenía razón en preocuparse por ella, dada la ciudad en la que residían, en la que cada día por medio algún nuevo villano surgía para perturbar la paz de los ciudadanos, pero ella - junto a los chicos - había enfrentado decenas de esos y ya como que se había vuelto inmune al temor que en un principio sentía hacía esas situaciones.

Eso, y bueno, ahora estaba saliendo con uno.

Pero ni loca le comunicaría eso a su madre.

—De acuerdo, mamá, lo tendré en mente, lo prometo.

Satisfecha con esa respuesta, Carol dejó a su hija con sus ocupaciones en la cocina y se dirigió a las escaleras.

Durante ese intercambio, su desayuno estuvo listo, y Charlotte apagó el fuego, para luego verter los contenidos de la sartén en un plato. Después recogió los utensilios que había usado y los dejó dentro del fregadero con agua, con la idea de lavarlos más tarde después de haber desayunado.

Una vez que tuvo la mesa lista, se sirvió algo de jugo en un vaso y se sentó, finalmente comenzando con su desayuno mientras continuaba con su conversación vía mensajes con Archie.


Henry se dirigía como de costumbre a su lugar de trabajo en Basura y Más, solo que en lugar de ir directamente allí, el adolescente había pensado en pasarse por la casa de su amiga para poder ir juntos.

La casa de Charlotte no quedaba en sí directamente en su camino al trabajo, pero si salía un poco más temprano y se desviaba un poco, tendría tiempo para darse una vuelta, cosa que había hecho ya en varías ocasiones, así que esta vez no parecería extraño.

Iba llegando cuando junto a el en la calle pasó un camión repartidor del correo que se detuvo frente a la casa de Charlotte. Del vehículo bajó un muchacho un poco más grande de edad que ellos, delgado y de cabello rojizo y crespo que sobresalía de su gorra, quien iba llevando una caja sujetada bajo su brazo y una carpeta con papeles y un bolígrafo. Lo observó mientras escribía algo en una de las hojas y se acercaba a la puerta de entrada.

—¡Hey!

El joven repartidor se dio la vuelta al oír la voz del otro joven, sonriendo por cortesía mientras lo veía acercarse.

—Hola ¿puedo ayudarte con algo?

—De hecho, soy amigo de la chica que vive aquí —respondió Henry, señalando a la casa— venía a verla, dejame llamar por ti.

Al decir eso, el adolescente tocó el timbre y dio un paso atrás.

—¡Ya voy! —llegó la voz de la chica del otro lado.

El repartidor volvió a hablarle a Henry.

—Así que ¿conoces a Charlotte?

—Sí, desde pequeños —contestó Henry, extrañado de que la haya llamado por su nombre— por lo que veo tú también la conoces...

El chico le sonrió más ampliamente.

—Sí, aunque sólo desde hace un par de años —contestó, entonces señaló sobre su hombro al camión del correo estacionado en la calle— desde que empecé con este trabajo.

—Qué raro, ella jamás te mencionó antes... —el rubio dejó la frase flotando, indicando que no conocía el nombre del otro.

—Randy —aportó el repartidor, ignorando el ligero tono de desconfianza en su voz.

—Randy —repitió Henry, con algo de molestia que ocultó bastante bien—, parece que vienes mucho por aquí.

Y preguntaba solo interés, no porque estuviera celoso de que su amiga conociera a otro chico y este no supiera que él existía porque ella no le hubiera dicho de él para nada ¿por qué iba a estar celoso de un repartidor?

El de gorra asintió.

—Su padre viaja mucho y seguido le envía cosas, pero eso de seguro tú ya lo sabías.

Henry meneó la cabeza distraídamente en afirmación. Conocía al padre de su amiga, aunque no había intercambiado muchas palabras con él a lo largo de su vida, solo lo había visto un puñado de veces, era un hombre muy reservado y que pocas veces se daba la vuelta por ahí, si no se equivocaba, era camiomero o algo así, aunque para ser sincero, no tenía idea de que iba, estaba seguro de que Charlotte se lo había dicho un par de veces pero tendía a olvidar cosas así.

—Así que ¿eso es para Charlotte? —preguntó, señalando a la caja que traía.

El repartidor se encogió de hombros mirando a la caja.

—Supongo, hace un par de días fue su cumpleaños y no nos llegó nada, así que esto debe ser para ella de seguro, ya sabes que aveces hay problemas con los envíos de larga distancia.

Henry oyó su respuesta pero no le prestó tanta atención a lo que le dijo sino a lo que eso significaba. Este chico parecía conocer bastante de su amiga, incluso sabía su fecha de cumpleaños.

—Sí, estuve en su fiesta, fue genial —acotó, mencionado aquel suceso con algo de orgullo.

—¡Qué genial que hayas podido asistir! —dijo el chico sinceramente contento—, yo tuve que hacer doble turno y no pude venir, por suerte Carol pudo darle mi obsequio por mi.

Henry perdió su sonrisa orgullosa al oír aquello, pero el repartidor no pareció notar su cambio de humor pues siguió esbozando esa sonrisa despreocupada y cariñosa al hablar de Charlotte.

Estaba bien, él sabía que no era el único chico en la vida de su amiga, ella tenía amigos aparte de él y Jasper, por ejemplo Blake y Sidney, además estaban... Bien, no podía recordar ninguno más en ese momento, pero ella debía tenerlos, como este muchacho del correo. Sin embargo, eso no significaba que fueran competencia necesariamente, él tampoco estaba compitiendo, estaba tratando de ganarse su cariño más allá de amistad.

—Y ¿qué le regalaste? —preguntó, por pura curiosidad y no por querer averiguar que tan estrecha era su amistad.

—Unos aretes que vio en una galería y que le gustaron mucho —contestó el chico.

Eso no hizo más que traer más preguntas a la mente de Henry, así como inquietudes ¿Cómo sabía que le gustaba a su amiga exactamente? Definitivamente tendría que haber hablado con ella para saberlo, mucho más que de manera profesional, Charlotte tendría que habérselo dicho de su propia boca ¿Por qué se pondría a conversar y hacer amistad con un repartidor exactamente?

Justo entonces la puerta de la casa se abrió, y la mirada de ambos pasó a la chica del otro lado.

Charlotte ya había acabado de desayunar y ordenar la cocina, y estaba relajándose en su sillón, todavía descalza y algo desaliñada cuando escuchó el timbre de la puerta, por lo que tuvo que subir a su habitación para ponerse las zapatillas antes de bajar las escaleras de nuevo para abrir la puerta. Pero no se había molestado en cambiarse de ropa, tardaría mucho, así que todavía estaba vestida con su ropa de dormir que consistía en pantalones cortos de color rosa y una camiseta blanca de tirantes.

Al abrir la puerta, encontró a dos de sus amigos al otro lado, a quienes sonrió ampliamente.

—Henry, buenos días —se dirigió primero a su amigo de la infancia—. Adelante, entra.

Dio un paso a un lado para dejarlo entrar a su casa, lo que Henry hizo rápida y orgullosamente. Esta era una prueba de que ella lo tenía más cerca de su corazón que a este otro tipo. Pero luego ella dirigió sus ojos al muchacho de cabello rizado con la gorra.

—Randy, me alegro de verte por aquí —comentó, sonriéndole alegremente también.

Las mejillas de Randy se sonrojaron pero mantuvo el contacto visual con ella. Era solo que era un tipo bastante tímido con cualquier chica, incluso con aquellas que consideraba buenas amigas.

—Hola, Char, me alegro de verte también —respondió.

Detrás de ella, Henry tenía los brazos cruzados sobre el pecho y lo miraba molesto. No sabía cuán tímido era Randy, o que el sonrojo era su respuesta por defecto ante cualquier situación que lo hicieran ponerse así, por lo que estaba empezando a fastidiarle un poco por todo el intercambio entre ellos, así que decidió intervenir.

—¿No tenías algo para ella? —le recordó al repartidor, sus ojos mirando hacia la caja que sujetaba debajo de su brazo.

Volviendo a ponerse profesional, Randy sujetó la caja con ambas manos y se la entregó a Charlotte, quien debido al tamaño de ésta no tuvo problemas en tomarla.

—Ya sabes como es —comentó Randy entregándole la ficha y el bolígrafo.

Henry se ofreció a sostener el paquete y Charlotte le tendió la caja para poder firmar que había recibido con éxito la entrega.

—Aquí tienes, Randy, gracias —dijo devolviéndole la carpeta y el bolígrafo.

—De nada, Char, que tengas buen día y saludos a Carol —se despidió el repartidor, dándose la vuelta para dirigirse a su camioneta.

Charlotte le sonrió y cerró la puerta, luego se volvió a Henry, quien de inmediato cambió su ceño fruncido por las últimas palabras del repartidor por una sonrisa algo forzada que la muchacha no notó porque su atención estaba en el paquete.

Hizo ademán como de tomarlo de vuelta de las manos de Henry, pero el chico lo apartó de ella.

—Yo lo llevo —se ofreció sin dejar lugar a discusiones.

Charlotte lo observó mientras se daba la vuelta y se dirigía a su sala de estar, un poco desconcertada por el extraño comportamiento de Henry. El paquete no pesaba tanto como para que le fuera difícil cargarlo, podía incluso llevarlo con una mano, pero supuso que su amigo solo estaba tratando de ser amable al caer en su casa de imprevisto, como fuera, tenía curiosidad de que le había enviado su padre, así que se olvidó de eso y fue tras su amigo.

Henry dejó la caja encima de la mesita de café y tomó asiento en el sillón, había estado en la residencia Page tanto como Charlotte había estado en la suya, así que era como su propio hogar también. Después de ir a buscar su teléfono celular que había olvidado en la cocina, la chica se le unió sentándose junto a él, y estando a tan poca distancia, recién pudo percibir un aroma diferente, como a cítricos, que parecía provenir de su compañía.

—Henry —llamó, luego inhaló profundamente y después de llenar sus pulmones de la nueva fragancia, exhaló— ¿acaso estas usando colonia?

El chico se removió nervioso en su sitio. Como su hermana no le había dado exactamente mucha información sobre que pasos tomar exactamente para despertar su interés o descubrir si ella notaría cambios en él, había decidido recurrir a la confiable Internet y sus incontables páginas de consejos. Había encontrado muchas, pero se había quedado con una en especial que decía que debía asegurarse de no serle indiferente, y la mejor manera de averiguarlo era haciendo pequeños cambios en su rutina habitual para ver si ella lo notaba.

Y por lo visto estaba funcionando.

—Siempre he usado colonias —respondió con naturalidad, aunque por dentro temblaba de la emoción.

—Sí, solo que esta es diferente, antes usabas una más suave ¿no? —observó la chica.

—Sí, pero decidí cambiar un poco...¿te gusta la fragancia?

—Es agradable —reconoció su amiga— me gusta.

No debería de haberle sorprendido, a Henry le gustaba cuidar su imagen y solía usar productos para ello. Solo había sido que el cambio de fragancia había sido muy notable.

—Gracias.

En cambio para Henry esto era un gran descubrimiento, a pesar de ser solo un pequeño detalle, era igualmente una prueba de que Charlotte al menos le prestaba atención, es decir, sabía que fragancia utilizaba normalmente, lo suficiente como para distinguir cuando dejaba de usarla por otra. Lo bueno era que le gustaba la nueva colonia, así que no había cometido un error. Solo debía seguir así, a pasos pequeños.

Dejando esa conversación a un lado, la chica tomó la caja y le quito el embalaje y el papel madera cubriéndola, encontrando debajo de todo eso una elegante caja rectangular negra, con el nombre de la joyería grabado en color plata con letras estilizadas en la tapa. Charlotte pasó el pulgar sobre las delicadas letras, tratando de descifrar el nombre, que estaba escrito en francés.

Era mucho más elegante y costoso que el regalo promedio que solía enviarle.

Un par de veces, le había pedido a Schwoz que rastreara cosas que su padre le había enviado, con el deseo de asegurarse de que no lo hubiera robado de alguna tienda, dada la falta de un trabajo estable y bien remunerado de su padre.

Afortunadamente, las pruebas habían salido limpias, por lo que su padre las había adquirido legalmente. Ahora, de dónde había venido el dinero, eso sería un enigma más grande, pero no había mucho más que pudiera hacer al respecto.

Entonces con cuidado abrió la tapa hacía arriba, agrandando los ojos al descubrir la pieza de joyería dentro.

Sus ojos brillaron al fijarlos en la preciosa gargantilla doble de eslabones de oro que yacía en el interior sobre una almohadilla de goma espuma, que también traía un colgante en forma de corazón.

—Wow...—susurró Henry, mirando fascinado la gargantilla.

No era un experto en joyería pero se imaginaba que aquello debía ser caro.

Charlotte dejó la caja abierta sobre la mesita y tomó con cuidado la gargantilla, alzándola para contemplarla más detenidamente con una expresión estupefacta, encantada con lo precioso que era ese obsequio pero a la vez algo desconfiada.

La relación con su padre no era la mejor. Terrence no era un padre presente, lo había visto muy poco durante su infancia, ni siquiera tenía su apellido, porque no se había sentido listo para enfrentar la paternidad ya que él y Carol habían sido demasiado jóvenes cuando la tuvieron a ella.

Cualquiera que haya sido el problema entre sus padres, su madre no lo había apartado de la vida de su hija, había estado dispuesta a permitirle formar un vínculo con ella de todas formas, pero las cosas no habían salido bien.

Su padre era un espíritu aventurero, con no más estudios que la escuela secundaria, hacía pequeños trabajos aquí y allá para mantenerse, pero siempre estaba en movimiento, no era capaz de establecerse en un lugar y arraigarse allí.

Así que al estar siempre en viaje a alguna parte, él no la visitaba ni la veía a menudo, ella podía pasar meses sin noticias suyas, aunque él le enviaba regalos en ciertas fechas, a veces de diferentes estados.

Por supuesto, sería mejor si realmente pudiera hablar con ella y darle algo en persona, pero, por desgracia, tenía que estar satisfecha con cosas como esta.

Los regalos eran bonitos y ella los apreciaba, pero un abrazo o una llamada hubieran sido más bienvenidos. Y, estaba el asunto de que tendría que pedirle a Schwoz que rastreara la joya nuevamente. Pero, podría ponérselo para ver cómo le quedaba, al menos, ¿verdad?

Con cuidado, se la colocó en el cuello, luego se giró hacia Henry para pedir su opinión.

—¿Cómo me queda?

Era hermoso, el contraste de la pieza dorada contra su piel oscura, destacando la forma de su cuello largo y delicado.

Se mordió la lengua para evitar dejar escapar sus pensamientos, respondiendo con una respuesta simple pero adecuada.

—Te ves preciosa...

Charlotte no pensó mucho en el soñador tono de voz que utilizó su amigo o la mirada de ensoñación que destelló en sus ojos por un momento al observarla, la que Henry rápidamente borró para no ser pescado infraganti cuando su amiga pasó de mirar como le quedaba el adorno en su cuello a mirarlo a él con una sonrisa.

—Gracias.

Entonces para alivio de Henry, el reloj de pulsera en su brazo comenzó a sonar, indicando que Ray estaba llamándolo.

—Dudo que sea porque nos estamos tardando —comentó el chico, levantándose para atender.

Charlotte se levantó con él, quitándose la gargantilla y colocándola de nuevo en la caja.

—Iré a guardar esto y cambiarme, puedes contestar en la cocina, mi madre esta en su habitación y no creo que vaya a bajar pronto.

Charlotte tomó la caja y se dirigió a su habitación, y ya estando en la cima de las escaleras vio a su madre salir de su cuarto y dirigirse en dirección a la planta baja.

Tenía que distraerla para que no bajara tan rápido porque podría oír la conversación de Henry o peor, ver el comunicador que utilizaba para hablar con Ray. Sin embargo, no tuvo que hacer mucho porque su madre se le adelantó cuando vio el paquete.

—¿Qué es eso querida? —preguntó deteniéndose la mujer al notar la caja que traía con ella.

Charlotte acortó la distancia entre ellas.

—Un obsequio —después la expresión inquisitiva de su madre, ella abrió la caja— de papá.

Carol jadeó de sorpresa al ver la gargantilla que Terrence le había regalado a su hija, quien se la acercó para que pudiera observarla mejor.

—Es encantador... pero parece demasiado caro para sus estándares... —observó ella, un poco dudosa.

Miró a su hija con cautela, quien sabía exactamente qué era lo que su madre estaba pensando. Ella había pensado lo mismo antes.

—Lo sé, pero no es la primera cosa costosa que envía, y la policía aún no ha llegado llamando a nuestra puerta —tranquilizó a su madre—. Tal vez ha estado ahorrando dinero para esto...

Carol suspiró, mirando la pieza de joyería. A través de los años, el miedo que tenía de que algún día recibirían una llamada notificándole que Terrence estaba finalmente en la cárcel había disminuido, pero nunca desapareció. Ella lo había conocido en sus días de escuela secundaria, atraída por su actitud despreocupada y de chico malo, aunque nunca había ido más allá de robar uno que otro auto o abrir cerraduras. Había dejado esas costumbres detrás de él después de graduarse, pero después del nacimiento de Charlotte, ella no había sido tan cercana a él como para saber si no había restablecido esas costumbres de la adolescencia o había recurrido a cosas peores.

Solo esperaba que las suposiciones de su hija fueran correctas.

—Eso espero —murmuró, entonces cambió su expresión preocupada para sonreír a su hija—. Bueno, ve a buscar un lugar para guardarlo, no es prudente dejarlo por ahí para que cualquiera lo encuentre.

A la vez que oía a su madre, miraba sobre su hombro al final de las escaleras para ver si Henry había terminado la llamada, pero entonces su teléfono, el cual llevaba en la mano libre, vibró. Lo revisó rápidamente y encontró un breve texto de Henry que decía:

Todo claro, señalando que la llamada había terminado y su madre ya podía bajar.

—Claro, ah, por cierto, Henry llegó mientras estabas en tu cuarto y me está esperando en la sala para ir a trabajar juntos —le informó mientras se hacia a un lado para dejarla pasar.

—Iré a saludar, entonces.

Con una última sonrisa a su madre, la chica corrió a su cuarto para cambiarse y guardar el obsequio en un lugar seguro, pero antes de todo eso, le envió un rápido mensaje a Archie, donde le decía que ya se marchaba para su lugar de trabajo, donde no podría usar su teléfono tan libremente como le gustaría. Esto era solo una medida de seguridad de su parte para evitar que alguno de sus amigos se diera cuenta de que estaba texteando más de lo normal y se volvieran curiosos.

El ladrón le deseó un buen día de trabajo y ella no pudo evitar soltar una suave carcajada ante la ironía. Si tan solo él supiera el tipo de trabajo que ella realmente realizaba en la tienda...

Sacudiendo la cabeza, le envió un emoticono de beso como despedida y dejó su teléfono a un lado para comenzar a vestirse rápidamente para enfrentar otro día ocupado luchando contra el crimen.


Más tarde en la cueva...

Charlotte estaba practicando sus habilidades con la guitarra para pasar el tiempo. Ray y Henry estaban afuera, persiguiendo a otro chico malo. Ray lo había llamado más temprano para advertirle sobre un tipo que había sido reportado robando zapatos en la ciudad ... directamente de los pies de las víctimas. Le había dado las características del criminal si lo encontraban en su camino a la tienda para poder atraparlo en ese caso, pero nada demasiado serio, a menos que tuvieras un gusto muy costoso en zapatos, entonces estarías en un gran problema si te cruzaras con este hombre. El par no se lo había cruzado, pero el sujeto había sido visto por el centro de la ciudad y el dúo había sido convocado, y llevaban ya un par de horas fuera.

Schwoz estaba quién sabe dónde haciendo quién sabe qué. Solo Jasper estaba con ella, sentado en el sofá con un espejo de mano mirando cuidadosamente su reflejo en el mientras tocaba su barbilla.

—¿Crees que debería dejarme crecer una barba? —preguntó pensativo.

Su enfoque vaciló ante la repentina e inesperada pregunta y un sonido extraño salió de su guitarra. En ese momento, Schwoz entró por una puerta lateral, vestido con un ajustado traje de baño y llevando consigo un plato lleno de gusanos retorciéndose.

—¿Qué estabas tocando? —le preguntó a la chica.

Charlotte estaba a punto de corregirlo, diciéndole que solo había desafinado, pero él continuó antes de que pudiera hacerlo.

—Sonaba bastante bien.

Con eso, el inventor siguió su camino, acomodándose en el mismo sillón que Jasper y colocando el plato que traía sobre la mesa.

—Oye, Schwoz —llamó el chico, todavía contemplándose en el espejo—, ¿cómo crees que se me vería una barba candado?

—Por favor, no esto otra vez ... —murmuró ella, dejando a un lado su guitarra y sus intentos por pasar el rato para unirse a los dos en el sofá.

Desde el accidente con su bigote, su amigo había estado un poco más obsesionado con dejarse crecer vello facial, decidido a recuperar algo de la 'masculinidad' que supuestamente había perdido al ser incinerado su bigote.

Ella había esperado que Jasper lo dejara ir, que se tratara solo de una fase la cual pudiera superar, pero aparentemente sus deseos no se habían cumplido.

—No creo que una barba candado sea una buena opción... —reflexionó el inventor, frotándose la barbilla mientras observaba al chico.

—Finalmente alguien con algo de sentido... —comentó ella, creyendo que alguien iba a concordar con ella finalmente.

Pero entonces...

—Creo que una barba de chivo te quedaría mejor —terminó Schwoz, para luego agarrar un puñado de gusanos y llevarlos a su boca.

Ya acostumbrados - en lo que cabía - a las extrañezas del inventor, ninguno de los dos se lo tuvo en cuenta. Charlotte solo rodó los ojos, exasperada. En cambio, la cara de Jasper se iluminó ante la idea y se se dividió en una gran sonrisa.

—¡Eso sería mucho más genial! —exclamó, ya encantado con la idea.

Pero entonces su entusiasmo disminuyó.

—Pero el vello facial siempre ha sido difícil de crecer en mí... —reflexionó, cruzándose de brazos.

—Tal vez podrías usar un tónico para eso —sugirió Schwoz antes de tragar lo que había estado masticando.

Jasper sacudió la cabeza, desinflado ante la idea.

—No, no funcionaría, ya lo intenté y nada ... tal vez debería tener que viajar a Iowa nuevamente... —pensó en voz alta— o tal vez... —alzó la cabeza con más ánimo— ¿qué pasó con esa pomada para hacer crecer el cabello?

—Recuerda lo que pasó cuando la usaste... —le indicó la chica.

—Lo siento, la que usé la última vez era la única que me quedaba, además no iba a servir para vello facial —explicó el inventor.

Pero entonces Schwoz chasqueó los dedos cuando una idea surgió en su cabeza.

—Aunque ahora que recuerdo, una vez hice un tónico para hacer crecer el vello facial de Ray —mencionó.

—¿Por qué Ray querría algo así? —Charlotte preguntó.

Su jefe y amigo parecía gustarle su rostro joven y sin pelo lo suficientemente bien.

—Fue una vez cuando se enfrentó a un pirómano —explicó Schwoz—. Llevaba un lanzallamas con él y le disparó a Ray en la cara.

Ambos jóvenes hicieron caras dolorosas ante eso.

—Las llamas se comieron sus cejas y pestañas, así que tuve que crearlo para ayudarlo con eso —continuó.

—¿Crees que todavía lo tienes? —Jasper preguntó con esperanza.

A su lado, Charlotte sacudió la cabeza derrotada.

—¿Por qué creo que esto no terminará bien? —comentó.

Pero ambos hombres ignoraron sus advertencias, levantándose del sofá.

Mientras Schwoz y Jasper fueron a la bóveda en busca del tónico antes mencionado, ella se quedó sola en la sala principal. Se recostó contra el asiento, respirando profundamente y mirando al techo. Este día estaba siendo demasiado largo para sus gustos, estaba ansiosa por que llegara la noche.

Mejor dicho, para que lleguen las diez de la noche.

Una sonrisa apareció en sus labios al pensarlo, y sintió que sus entrañas se retorcían de emoción. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se sintió así, tal vez las primeras citas que tuvo con Jack. Era agradable sentir ese tipo de cosas nuevamente. Bajando la mirada, vio su teléfono en la mesa. Sus dedos hormiguearon por tomarlo y escribirle a Archie, pero él le había dicho que estaría ocupado, y aunque supiera que de seguro iba a hacerse tiempo para responderle, ella no quería molestarlo. Sin embargo, no sabía qué más hacer para que el tiempo pasara más rápido.

Entonces los tubos se activaron y ambos superhéroes llegaron a la cueva.

Henry estaba de muy buen humor. Habían atrapado a un asaltante después de explorar el centro comercial, el lugar de caza favorito del ladrón de zapatos, con quien lamentablemente no habían dado. El ladrón no había puesto mucha pelea, la verdad, pero se había sentido fantástico capturarlo. Sobre todo después del fiasco del día anterior, que si bien había salido relativamente bien, había sido más extenuante.

A su lado, Ray también traía una gran sonrisa, y un par de pantuflas de piel de conejo sintética que le habían gustado, y que en agradecimiento, el dueño de una de las tiendas le había regalado...bueno, no exactamente de su buena voluntad, pero Ray podía llegar a ser muy persuasivo si quería, eso, y siendo el superheroe de la ciudad no era como que el hombre pudiera negarse tampoco.

En fin, el asunto era que habían salido exitosos, y Henry estaba deseoso de celebrarlo.

Y tenía una muy buena idea de como hacerlo.

Había venido pensando en eso en el camino. Desde esa mañana que llegaron a la tienda, había notado a Charlotte algo ansiosa, como si estuviera esperando algo y no pudiera vencer el aburrimiento que la invadía mientras esperaba. Sutilmente le había preguntado si estaba todo bien, y ella había contestado que sí, que solo estaba un tanto aburrida, esperando a que algo interesante ocurriera. En ese momento el no había podido pensar en una solución, pero ahora la tenía.

Y en su opinión, era una solución grandiosa.

—Hola chicos, ¿cómo estuvo todo?

La chica en cuestión los miró por encima del hombro desde el sofá. Henry se quitó el traje mientras caminaba hacia ella, con una sonrisa orgullosa y feliz en su rostro. Tomó asiento a su lado, no muy cerca pero tampoco muy lejos.

—No encontramos al roba zapatos, pero si a un asaltante, que ahora está tras las rejas en la cárcel de Swellview —respondió.

—Felicidades —respondió ella.

—Y ¿dónde están Schwoz y Jasper? —el rubio miró alrededor buscando a los mencionados.

Charlotte se enderezó en su lugar.

—En el depósito, buscando un invento de Schwoz, a Jasper se le ocurrió la idea de dejarse crecer la barba —mencionó la chica.

Como siempre, la joven esperó la exclamación de aprobación de su otro amigo pero, tomándola un poco por sorpresa, este no saltó de inmediato en pro de su decisión como había creído.

—¿Y tú que opinas de eso?

Charlotte levantó la cabeza para mirarlo tan rápido que él temió que le provocara dolor, aunque no entendió su reacción. A menudo no la escuchaban, así que ahora que él empezaba a hacerlo, tenía que ser algo bueno ¿no?

En cuanto a Charlotte, primero no supo que responder a eso, había sido algo inesperado. Pero rápido se compuso y eligió responder con la verdad de lo que pensaba.

—En realidad, a mi no será a quien afecte, así que supongo que si quiere hacerlo, estará en su derecho, a pesar de que crea que no le quedara muy atractivo... lo que no sé es si pueda confiar en uno de los inventos de Schwoz para lograr su objetivo.

—¿Schwoz va ayudarlo a crecer la barba? ¿Cómo?

—Al parecer, Ray sufrió quemaduras en sus cejas hace unos años y crecieron con un tónico especial —respondió la chica.

—Ah, lo recuerdo, fue un combate muy reñido —acotó el adulto con nostalgia, sentado en la consola ya cambiado y con las pantuflas en sus pies—, pero lo de mis cejas me dolió más que cualquier golpe o ola de calor extremo, fue un golpe moral, no pude salir a enfrentar el crimen por una semana hasta que volvieron a crecer...

—Un momento, eres indestructible... —mencionó Henry, poniendo una expresión de confusión— ¿cómo pudo haber pasado eso siquiera?

—Era un lanzallamas que funcionaba con combustible cuyos componentes incluían lágrimas de escarabajo alegre, en muy poca cantidad... —entonces bajo la mirada en retrospectiva—, pero suficiente para consumir mis cejas...

—¿Descuidaste tu deber de superhéroe por que ya no tenías cejas? —preguntó la chica, incrédula.

Aunque a estas alturas ya nada debería de sorprenderla.

—Ya lo dije, pensar en lo que creería la gente de mi me debilitó moralmente —se defendió.

—Amigo, llevamos antifaces —le recordó Henry— nadie podría haber visto tus cejas inexistentes.

—No, pero yo sabía que no estaban ahí, y eso era suficiente para imaginarme lo que la gente pensaría de mí, no podría concentrarme con esos pensamientos en la cabeza, podría haber puesto a personas en peligro...

—...de acuerdo...en fin, como decía, Schwoz y Jasper fueron a buscar el tónico al almacén —continuó Charlotte ignorando las palabras de Ray—, Schwoz cree que todavía quedó un poco y que tal vez le sería útil.

—Pues, espero que le funcione —dijo Henry, luego se aclaró la garganta y adoptó una postura más relajada—. ¿Sabes? Estaba pensando en que podríamos ir por algo después de salir del trabajo, después de todo tuvimos un par de días bastante difíciles...

Charlotte lo pensó un momento. La cita que tendría esta noche sería recién después de las diez, podría pasarse un par de horas relajándose con sus amigos, y le ayudaría a calmar los nervios y ansias.

—De acuerdo, pero nada de alcohol —advirtió.

No quería sufrir malestares o jaquecas esta noche.

—No, solo malteadas —aseguró el rubio.

Henry no pudo evitar darle una enorme sonrisa cuando aceptó. Sabía que su amiga lo iba a ver como una simple salida amistosa, pero era una manera de pasar más tiempo con ella fuera del trabajo y aprovecharía cualquier ocasión.


Como me gusta escribir a Henry celoso, crear villanos ridículos para usarlos en historias y situaciones irrisorias sin sentido xD Ah! El acento de Schwoz en el show no me sale ¯\_(ツ)_/¯ así que lean sus diálogos con su voz en sus mentes.

Como ven, he empezado a usar ideas del canon pero no creo que vaya a usar todas y cada una o esto ya se me irá de las manos.

Espero que les haya gustado, y nos vemos en el próximo capítulo que vendrá pronto.

See Ya!

H. C.