Lamento la demora, pero aquí esta finalmente el capi.

Here We Go...

Enfrentar a sus amigos después de haber hecho tal apresurado escape de la cueva fue difícil, más porque, a pesar de que le habían dado tiempo para calmarse, todavía estaban esperando una explicación. Y ella no podía dársela.

Sumado a eso, no se sentía con las fuerzas ni ánimos necesarios para lidiar con las miradas y comentarios de Ray –estaba segura de que él recurriría a eso para hacerla sentir incómoda debido al resentimiento–, por lo que creyó conveniente evitar la cueva por el momento.

La primera vez, el día después del incidente, les dijo a sus amigos que todavía se sentía molesta por su discusión con Ray, pero que mejoraría en unos días, y ellos la entendieron, por lo que no la presionaron por respuestas. Al día siguiente, repitió esas mismas excusas. Finalmente, no se molestó en disculparse por faltar nuevamente, ni se preocupó por decirles cuál era su problema con el adulto, solo les hacía un gesto de despedida y se iba a casa.

Pero podía notar que sus amigos se estaban poniendo un poco molestos y frustrados, porque no sabían qué pasaba entre ellos, querían ayudar, pero ella no les permitía ayudarla, y temía que acabaran estallando, hartos de todo el silencio y suspenso.

Lo que acabó por ocurrir al final.

Otro día de clases había terminado finalmente, y Henry estaba listo para ir a trabajar como siempre, junto a Jasper. Su brazo se estaba curando bastante bien, pero Ray todavía quería que se quedara quieto hasta que estuvieran seguros de que estaba en su mejor forma.

Por lo tanto, todavía estaba en "servicio de vigilancia", respondiendo a las llamadas de emergencia y realizando investigaciones de delitos, pero no era lo mismo sin Charlotte allí para hacerle compañía.

No les había dicho lo que había sucedido entre ella y Ray, pero estaba claro para ambos que había sido algo más serio que las tontas peleas de ego que ambos tenían a veces.

Ella no estaba yendo a la cueva, y Ray estaba más gruñón, cumplía con sus deberes de una manera mecánica, a veces desquitando su frustración con algún delincuente de poca monta.

Habían intentado descubrir qué había pasado, sobre qué habían hablado para acabar en tan malos términos.

Aunque sus esfuerzos por descubrir la verdad habían sido infructuosos, hablar con ellos no funcionaba, Ray se mostraba reacio a decir una palabra y Charlotte cambiaba de tema cada vez que uno de ellos intentaba interrogarla sutilmente.

Eso les dolió un poco, porque eran sus amigos, se suponía que debían compartir todo, bueno o malo, con más razón si era algo serio. Pero Henry se sentía peor, su mentor le ocultaba cosas y la chica que amaba no se sentía lo suficientemente cómoda con él como para compartir sus problemas...después de todos los años de amistad...

—Nos vemos, chicos —dijo dicha adolescente, comenzando a alejarse.

Henry, finalmente harto del comportamiento de ambos y sus evasivas, hizo claro su descontento.

—Ustedes dos tienen que arreglar las cosas algún día —comentó—. Este rencor no puede durar para siempre, si peleamos entre nosotros, ¿cómo se supone que vamos a luchar contra los malos? Este comportamiento es inmaduro.

Lo esperaba un poco de Ray, su jefe a veces era como un niño, guardaba rencor y tenía rabietas por nada. Pero esta vez parecía ser peor, y viniendo de Charlotte, era desconcertante.

La chica se detuvo en seco y exhaló con cansancio. Esta no era la primera vez esa semana que Henry intentaba que hicieran las paces.

Sin embargo, esta vez su tono se notó más duro y molesto.

Ella entendía su preocupación, su disgusto y frustración también. Por eso no quería darse la vuelta y mirarlo, detectaría esos sentimientos amargos en sus ojos.

Y se sentiría peor de lo que ya se sentía por preocupar así a sus dos mejores amigos.

Deseó poder calmarlos, asegurándoles que no estaba enojada o molesta con ellos, que su problema era con Ray, que esa era la razón por la que no iba a la cueva. Deseaba poder expresarles lo que sentía, verter su corazón y hacer que la escucharan, incluso si no recordaban nada después de hablar con ellos. Necesitaba a alguien con quien desahogarse, se sentía tan presionada, no había abordado su dilema con su persona especial todavía, necesitaba un consejo sobre cómo hacerlo, pero no había nadie a quien acudir.

—¿Por qué no pueden ustedes dos reunirse y hablar? —cuestionó, frustrado.

—No es tan fácil, Henry... no lo entenderías —se lamentó.

—¡Por supuesto que no! —espetó, levantando los brazos y haciendo una mueca cuando un agudo dolor recorrió su brazo debido a su herida, bajándolos de inmediato—. ¡¿Cómo vamos a entender si no nos hablas?! —continuó ignorando el dolor.

Jasper puso una mano en el hombro de Henry, tratando de aliviar a su amigo.

Él también se sentía desconcertado y herido por el incomprensible distanciamiento de Charlotte hacia ellos, pero sabía que iniciar una pelea con ella no lograría nada. Además, sabía que era el corazón herido de Henry quien estaba hablando. La amaba, y pensar que ella lo estaba alejando a propósito sin una explicación debía ser descorazonador. En ese estado abatido, su boca podría soltar cosas sin pensar en el daño que las palabras podrían hacer.

—No estoy de humor para esto ahora —respondió ella, sonando exhausta.

—¿Vas a estarlo algún día? —presionó Henry, un poco sarcásticamente.

—Henry...

Sacudió la mano de Jasper, ignorando su advertencia en voz baja.

—Es como si ni siquiera estuvieras tratando de arreglar nada, eligiendo seguir evitando a Ray, la tienda y tus problemas —la acusó—. No conseguirás nada si sigues así, menos si rechazas nuestra ayuda.

Era tan frustrante, un momento, pensaba que había hecho algunos avances con ella, al otro, ella se distanciaba de él como si no lo creyera lo suficientemente maduro o digno de confianza para contarle sus preocupaciones.

—Baja tu tono, amigo —regañó Jasper, mirando a su alrededor.

Todavía estaban cerca de las puertas de la escuela, y el aumento de volumen de las voces había comenzado a reunir a un buen número de estudiantes curiosos.

Henry miró a su alrededor, dándose cuenta de que estaban reuniendo a mucha gente y, incluso estando un poco molesto con ella, no quería que los chicos de la escuela hablaran de ellos o la convirtieran en el nuevo tema de chismes. Ella ya se sentía triste y enojada con Ray, él no quería que ella también se enojara con él, así que escuchó la advertencia de Jasper y cerró la boca.

Eso pareció ser un movimiento inteligente porque hizo que ella se volviera con una expresión derrotada y moviera los dedos hacia ellos como una señal de que debían acercarse.

Lo hicieron y así pudieron hablar sin atención no deseada.

—Miren chicos, sé que me he estado comportando como una malcriada, y realmente lamento haberlos apartado a ustedes dos, solo necesito algo de tiempo para mí misma —comenzó—. No estoy enojada con ustedes, ni siquiera con Ray en realidad, solo tuvimos una discusión algo... acalorada, y hasta que resuelva mis problemas, no puedo enfrentarlo... pero regresaré a la cueva, se los prometo, así que, por favor, no sigan presionándome para que diga nada, ¿sí? —suplicó, sonando exhausta.

Esa no fue una respuesta que satisfizo exactamente las preocupaciones de Henry, pero al menos trató de explicarse. Y parecía bastante cansada, por lo que reconoció su voluntad de hablar con ellos. ¿Por qué no podía revelarles sobre qué habían discutido? No podía ni imaginarlo, pero ella le había prometido que volvería a trabajar... ¿cuándo? No lo aclaró, pero era un comienzo.

Sin embargo, todavía estaba triste.

—Está bien, dejaremos de molestarte, pero lo hicimos solo porque nos preocupamos por ti Char —respondió Jasper—. Tú y Ray se meten en tontas peleas de ego con bastante frecuencia, pero nunca tan... graves.

Ella sonrió algo triste y avergonzada.

—Nunca se pone como está ahora —agregó Henry, parte de la preocupación que sentía por su jefe se filtró en su voz.

—¿Cómo está?

—Bastante mal... pero es más como si estuviera enojado consigo mismo que con cualquier otra cosa.

Ella bajó los ojos, sintiendo una punzada de culpa en el pecho. Él también era su amigo, y no pudo evitar sentirse mal por haberlo metido en esa situación, él solo la estaba cuidando después de todo... a su extraña manera.

En lo que llevaba de conocerlo, sabía que no era bueno lidiando con ese tipo de asuntos, pero había visto como había intentado ayudar a Henry muchas veces.

—Lidiar con él debe ser un dolor... ¿verdad? —bromeó a la ligera para enmascarar su repentino dolor.

Jasper resopló medio en broma.

—Me grita más de lo que lo hace a diario... a veces sube a la tienda solo para gritarme —se quejó.

Ella hizo una mueca de comprensión. Eso dio pie para que Jasper siguiera su protesta.

—Hace dos dias, estuvo todo el día malhumorado y sin ninguna emergencia para distraerlo, así que me llamó para que bajara sin decirme que era exactamente lo que necesitaba, pero una vez que puse un pie en la cueva, me gritó enojado por haber desatendido la tienda y que llevara mí trasero de nuevo arriba ¡incluso amenazó con prenderle fuego a mi barba si no le obedecía de inmediato! —concluyó, colocando sus dos manos de forma protectora sobre su barba vikinga.

El Director le había llamado la atención por su aspecto y requerido la presencia de su madre en la escuela para pedirle que convenciera a su hijo de afeitarse, pero la mujer aún no había hecho acto de presencia.

Charlotte no pudo evitar dar una risita –que trató de sofocar, sin éxito– de diversión con cariño y nostalgia. No había pasado tanto tiempo lejos de ellos, pero realmente extrañaba sus payasadas, tanto de Jasper como de Ray.

—Lamento que tengas que soportar todo eso en mí ausencia —dijo con empatía mientras palmeaba su brazo con cariño—. Regresaré y arreglaré las cosas con él, solo, aguanta sus estados de ánimo un poco más ¿de acuerdo?

Ambos chicos asintieron, aunque sin sonreír pero con rostros menos decaídos. Entendieron que eso era todo lo que conseguirían de ella por el momento.

—Buena suerte con el trabajo... y con Ray, denle mis saludos.

No había mucho más que decir, así que los chicos se despidieron de ella y emprendieron su camino hacia la tienda.

Charlotte caminó un par de manzanas en la otra dirección, como si se dirigiera a la parada del autobús, pero una vez allí, en lugar de esperar por transporte público, divisó la motocicleta azul esperando por ella como hacia unos días.

Su expresión ligeramente decaída fue reemplazada por una pequeña sonrisa y la muchacha aceleró el paso, arrojandose a los brazos abiertos del conductor quien la recibió gustoso, envolviéndola en un fuerte y cálido abrazo.

Esos días, su chica se estaba comportando de forma extraña, aferrándose demasiado a él y sollozando en la curva de su cuello mientras su cuerpo temblaba levemente cada vez que se recibían con un abrazo, solo para lucir una sonrisa suave y despreocupada después de separarse, que se dio cuenta que era un poco forzada. No sabía que la había llevado a ser de esa manera, de mostrarse tan vulnerable, y él no iba a quejarse exactamente porque disfrutaba muchísimo tenerla anidada entre sus brazos, pero era un poco extraño y preocupante que la atrevida joven se estuviera comportando de esa forma.

Y además había empezado a faltar al trabajo, y por lo poco que le había dicho, se debía a una pelea con su jefe. Según había oído de ella, no era raro que tuvieran uno que otro argumento, pero ese último había sido muy duro, tan malo como para que ella le guardara rencor.

Intentó encontrar una manera sutil de interrogarla al respecto cuando estaba claro que esto la estaba afectando mucho, tal vez no podría solucionar el problema, pero ¿tal vez podría ofrecerle apoyo y un oído para que ella expresara sus preocupaciones?

Pero ambos habían estado ocupados con sus propios asuntos como para llenar los ratos que pasaban juntos hablando sobre asuntos que podrian bajarles el ánimo.

Además estaba claro que ella no quería revelar que la traía tan agitada, al menos no por el momento, y él respetaba eso, no quería angustiarla más presionándola para que compartiera asuntos tan personales con él.

Así que en lugar de convencerla de decirle, escogió hacerla sentir mejor, levantándole el ánimo por medio de citas agradables en restaurantes acogedores y con afecto físico. Si él la hacia sentir segura y tranquila, se sentiría más cómoda con él y hablaría en su propio tiempo.

—¿Cómo estuvo la escuela? —preguntó más para hacer conversación que otra cosa mientras encendía el motor.

—Normal —respondió la chica con nada de entusiasmo mientras se colocaba el casco.

Lucía distraída y pensativa, y por su tono era claro que no se sentía de humor para hablar sobre la escuela.

Sabía mejor que fastidiarla para conversar de algo que era obvio le molestaba. Decidió dejar el tema.

—¿Algo en especial que te gustaría hacer esta tarde? —preguntó al tiempo que ella subía a la moto tras él.

Después del fiasco en el parque, habían escogido evitar los lugares públicos concurridos dónde el héroe podría aparecer, pero ella necesitaba algo de paz y quietud para relajarse de ese día y pensar con claridad.

—Me gustaría ir al lago Swellview...si no te importa.

—Seguro cherie —respondió, alejando la moto del lugar.

Ella lo abrazó con fuerza, apoyando la mejilla contra su espalda. Sabía que estaba siendo un poco mezquina e infantil, y estaba agradecida de que su compañero fuera lo suficientemente maduro como para saber cuándo mantener la boca cerrada y no señalar sus extrañezas, dándose cuenta de que debía esperar el momento adecuado para abordar un problema.

A pesar de ser un villano, estaba demostrando ser paciente, comprensivo y dulce con ella, lo que la tranquilizó y estaba ayudándola a reunir el coraje para abordar con él el asunto de su relación, sabiendo que el no estallaría ni se molestaría con ella.

Se estaba quedando sin tiempo, y necesitaba decirle sobre su jefe. Ya había pensado una buena historia para explicar cómo había Ray descubierto su relación, solo necesitaba encontrar el momento adecuado para ello, pero mientras tanto, disfrutaría el escaso tiempo de tranquilidad que le quedaba antes de ello.

Estaba segura que no importaba cuán maduramente quisiera lidiar con las cosas, el caos sobrevendría de todos modos.


Ella no era la única contando los días que faltaban hasta que su tiempo límite llegara a su fin. Ray había marcado el día exacto en su calendario personal en su teléfono, y cada día chequeaba cuánto faltaba para que llegara.

Aunque le gustaba salirse con la suya, esta vez esperaba que Charlotte viniera a ellos y les dijera la verdad antes de que el se viera obligado a delatarla, por su propio bien.

Si lo hacía, significaría que aún confiaba en ellos y que ese asalta cunas no la había corrompido del todo. Que ella regresaría a la cueva y seguían siendo amigos y que las cosas volverían a ser como antes.

No lo confesaría a nadie pero extrañaba tenerla alrededor, mandándolos y señalando sus errores con su característica actitud sarcástica. No tenía miedo de corregirlos o regañarlo cuando hacía algo estúpido o loco, sentía asombro y cierto respeto por él, pero eso no la detenía de detectar sus fallas y ayudarlo a corregirlas.

Además, realizaba sus deberes en la cueva con bastante pulcritud, organizando todo y manteniendo su horario perfectamente actualizado. Él apreciaba el esfuerzo que sus otros amigos realizaban, pero no eran tan devotos a ser tan ordenados, Henry porque era bastante distraído y bueno, tenía dificultades para concentrarse, y Piper porque decía que eso sería hacer más de lo que debía.

Sí, Charlotte lo había malcriado con los años...

—¡Ray! —gritó Schwoz, haciéndolo regresar al presente.

Su atención regresó a su amigo, quien sostenía el arma de hielo y se estaba preparando para dispararle, con una mirada de curiosidad.

Ray llevaba puesto su traje, que había sido modificado para agregarle el dispositivo que encendería el escudo invisible contra los proyectiles de hielo. Schwoz había mejorado el diseño y quería probarlo para ver que tan efectivo era ahora que había mejorado la resistencia. Además, serviría para distraer un rato a Ray y que dejara de fastidiar al pobre Jasper como forma de descargar la frustración acumulada. Schwoz extrañaba a Charlotte, y se sentía triste por Henry porque era obvio para él que el chico estaba decaído de que ella no estuviera yendo al trabajo. Y Ray también la extrañaba, estaba seguro, pero el orgulloso adulto no lo admitiría. Por más que Schwoz había insistido, no había podido sonsacarle ninguna información sobre que habían peleado, y no se atrevía a seguir presionandolo. La última vez que hubo intentado preguntarle sobre eso recibió una dolorosa patada.

—Te perdiste por un momento —señaló.

—Estaba pensando —explicó vagamente Ray.

Su amigo le dedicó una mirada burlona de sorpresa e incredulidad.

—¿Pensando? Lo que sea que te esta molestando debe ser serio para que recurras a esas instancias.

Ray entrecerró los ojos en fastidio.

—¿No tienes un escudo que probar?

—Sí, te estaba dando las indicaciones pero estabas demasiado abstraído para oírme...¿en qué pensabas?

—En cuánto me saldría contratar a otro inventor que se encargue del mantenimiento de la cueva y que no se entrometa en lo que no le concierne –respondió mordaz el héroe.

Ray ya lo había amenazado en muchas ocasiones sobre despedirlo sin llegar a cumplir como para que eso tuviera algún efecto en el genio. Schwoz solo rodó los ojos exasperado.

—Sí es por lo que sea que le hayas hecho o dicho a Charlotte, me concierne bastante, es mi amiga y mi favorita.

Ray dio un gruñido de frustración.

—¿Por qué todos creen que yo le hice algo?

—¿No lo hiciste?

—¡No!

—¿Entonces por qué no querría venir a la cueva? Sé que yo no le dije nada, Henry y Jasper no estaban presentes, el único aquí en ese momento eras tú, y con lo desconsiderado que puedes llegar a ser, no me sorprende que la hayas hecho enfadar, incluiso sin darte cuenta —apuntó, ignorando las anteriores amenazas de su amigo.

—¿A nadie se le ha ocurrido pensar que tal vez ella es la que esta haciendo algo mal y tiene vergüenza de venir aquí y enfrentarme porque yo lo sé y tuvo que hacer algo de lo que no la creíamos capaz de hacer para que yo no pudiera decir nada? —preguntó Ray casi perdiendo los estribos.

—Eso fue extrañamente descriptivo —señaló Schwoz con sospecha.

—Terminemos con esto —declaró Ray dejando a un lado el asunto.

Encendió el dispositivo adjunto a su cinturón al presionar un pequeño botón, y su cuerpo fue cubierto inmediatamente con un suave brillo azul que se disipó en una fracción de segundo antes de que el escudo se formara e hiciera invisible.

—Bien, aquí vamos —dijo resignado Schwoz, apuntando el arma hacia Ray.

Sin previo aviso, jaló el gatillo y disparó.

Los disparos salieron en una ráfaga, los primeros proyectiles impactaron en la superficie del escudo y fueron absorbidos, pero los que le siguieron rebotaron en diferentes direcciones debido a la capacidad de absorción, aunque el escudo permaneció intacto.

Lo que siguió fue una tormenta de disparos de hielo impactando en lugares de la cueva, congelando una de las pantallas, parte del panel de control, cojines, parte del sillón, paredes...incluso casi a Henry cuando salió del elevador.

—¡Abajo Henry! —gritó Ray a través del ruido de los disparos de hielo.

Con una velocidad digna de sus poderes perdidos y sin siquiera cuestionarse que sucedía, el adolescente obedeció la advertencia de su amigo, arrojandose a un lado y rodando por el suelo para evitar el peligro.

Se quedó con el pecho contra el suelo, gateando lentamente y escondiéndose detrás del sofá hasta que la locura se detuvo. Cuando ya no se escuchó más ruido de caos, tanto él como Schwoz, que se había escondido detrás del panel de control, se asomaron desde sus lugares de escondite, mirando a su alrededor con atención.

Todo estaba en orden... excepto por Ray, cuyo escudo había perdido su fuerza y se había apagado después de que la batería haya echo un cortocircuito.

Su brazo derecho estaba completamente congelado, su pie izquierdo estaba igual y pegado al suelo y su estómago mostraba un enorme parche de hielo...

Ray lucía una mirada de disgusto, era una situación molesta más que dañina. Apretó los dientes mientras arrugaba la frente y abultaba los músculos de su brazo. La fuerza que aplicó rompió el hielo y este se disolvió en muchas astillas, liberando su brazo. Hizo lo mismo con su pierna, y un fuerte puñetazo en el estómago destrozó el trozo de hielo, aunque le dolió durante un segundo.

El único inconveniente fue que parte de su traje sufrió la formación de hielo, Schwoz había puesto el arma en la fuerza de disparo más fuerte. Por lo tanto, pedazos del traje, su bota izquierda y el guante derecho se habían destruido junto al hielo.

—¿Qué estaban haciendo? —preguntó Henry desconcertado, luciendo agitado y un poco asustado por lo que vio.

No quería imaginar lo que podría haberle sucedido si no hubiera sido lo suficientemente rápido como para agacharse y hubiera quedado paralizado por el sobresalto y el miedo.

—Probando los ajustes del escudo —respondió Schwoz.

Con la ceja levantada por la sequedad e incredulidad de parte de Henry, el ingeniero sonrió con culpabilidad.

—Todavía le faltan unos pocos ajustes más —admitió.

—¿Unos pocos? En una pelea real contra el Cool Shooter, uno de esos disparos podría haber perjudicado a algún civil —señaló Henry—. ¿Por qué no tomaron medidas de seguridad para esta prueba de campo?

Miró a Schwoz, que era el más inteligente de los dos.

—Lo sugerí, pero Ray descartó la idea —se defendió.

Su mirada se volvió hacia su jefe esperando una explicación.

Ray se encogió de hombros.

—Soy indestructible.

—Pero Schwoz no lo es —le recordó Henry—. Ni yo, ni las cosas alrededor de la cueva —agregó, mirando la pantalla ahora congelada.

Caminó hasta el sofá y agarró un cojín congelado, pero el frío ardió en sus dedos y lo dejó caer con un silbido y se hizo añicos contra el suelo.

Sacudió la cabeza y, dejando esos pedazos de cojín roto en el suelo, caminó hacia su lugar detrás de los monitores.

—Iré a buscar algo para descongelar eso —avisó Schwoz refiriéndose al hielo cubriendo el tablero, llevándose con él el arma y desapareciendo por la puerta lateral.

—Si Charlotte estuviera aquí, ya te habría regañado por haber puesto nuestras vidas en peligro —comentó Henry, tratando de figurar si era posible usar la computadora en ese estado.

Se dio cuenta demasiado tarde de lo que dijo, y cerró la boca con fuerza, ya imaginando lo molesto que se pondría Ray con la sola mención de su amiga, algo que era común en él últimamente.

Sin embargo Ray no había oído de ella en días, y no la había espiado para saber en que andaba. Schwoz se había negado a ayudarlo y tampoco le había permitido usar sus dispositivos para hacer su sucio trabajo, diciendo que era su amiga y debía tener una buena razón para estar enojada con él, además de que no había querido decirle que había ocurrido entre ellos.

No sabía si ella aún se encontraba con ese joven, pero eso era lo más probable, y eso lo tenía más preocupado por ella que molesto con ella...

—¿Hablaste...hablaste con ella hoy? —preguntó, intentando esconder su interés con un tono despreocupado.

Henry tenía la boca entreabierta con leve sorpresa, había esperado algún tipo de arrebato, no detectar ese atisbo de preocupación en él, pero volvió a cerrarla antes de aclararse la garganta y darle una respuesta, contento de que esta conversación se volviera civilizada.

—Hablamos con ella todos los días en la escuela... pero, sí, lo hicimos... ella te envió sus saludos.

La sombra de una sonrisa tocó los labios de Ray, pero el gesto desapareció rápidamente. El adulto se aclaró la garganta y se sentó en el lugar no congelado del sofá.

—¿Dijo algo más?

—No, nada ¿por qué?

Pero Ray continuó con su interrogatorio, ignorando su pregunta.

—¿La viste hablando con alguien? ¿O viste a alguien que no conoces deambulando, buscándola?

Henry se dio la vuelta para mirar inquisitivamente a su jefe.

—¿Qué tipo de preguntas son esas?

Ray suspiró, enderezándose en su asiento.

—Olvídalo —murmuró, luego se levantó.

Por la mirada confusa de Henry, asumió que el chico no había visto nada extraño con respecto a Charlotte...

Aunque Henry no dijo nada más sobre las extrañas preguntas de Ray, no las olvidó.

Ray había mencionado a 'alguien', y desde hace algún tiempo, Henry había notado cosas sobre su amiga, como que ella enviaba mensajes de texto a alguien y trataba de ocultárselo, o las veces que llegaba tarde a la escuela con una apariencia un poco desordenada que arreglaba rápidamente... como si hubiera estado... pasando tiempo... con alguien.

Él lo sabía, porque había tenido muchas novias y tenía experiencia, aunque había dejado de lado esa posibilidad, creyendo que si ella tuviera a alguien especial se lo habría dicho... ¿no?

Y, en el fondo, no había querido ahondar demasiado en esa posibilidad, tratando de aferrarse al pensamiento de que todavía tenía una oportunidad de cortejarla.

Pero ahora... ¿podría ser?

La alarma de emergencia interrumpió sus pensamientos y rápidamente puso manos a la obra, dejando a un lado todos los pensamientos sobre su amiga para contemplarlos más tarde.

—¿Qué pasa? —preguntó Ray, volviendo de haberse puesto ropa de civil.

—Hubo un raid criminal, la policía está persiguiendo a los ladrones, están conduciendo un auto robado y disparando a las patrullas, tienen dos rehenes con ellos —informó el chico.

—¿Cuántos hay? —inquirió Ray, preparándose para soplar una burbuja.

—Cuatro hombres, el conductor provocó dos choques al escapar, dos están disparando munición pesada, ya volaron una patrulla policial, un tercero parece estar vigilando a las rehenes —contestó Henry, leyendo el informe policial.

—Está bien, dile a la policía que estoy en camino, ¿sabes cómo pilotar el Man-cóptero a distancia?

Henry asintió con la cabeza, había aprendido a hacer eso mientras pasaba tiempo detrás de los monitores con la ayuda de Schwoz y Charlotte, aunque hasta ese momento no había necesitado recurrir a esa habilidad en una emergencia.

—Lo tomaré para seguir al auto más rápido, te avisaré cuándo tomar el control, ¿entendido?

Sin perder más tiempo, Ray se puso su traje y se fue por el tubo hacia el helicóptero.


Mientras tanto, la pareja secreta disfrutaba del sol de la tarde sentada en el pasto a escasos metros de las tranquilas aguas del lago, las cuales eran agitadas por bandadas de patos o el paso de alguna lancha. Archie tenía sus brazos envolviendo a su compañera por su sección media, quien estaba recostada contra su pecho, su barbilla descansaba sobre su cabeza rizada.

Para animarla un poco, Archie le estaba contando sobre un evento bastante divertido de su adolescencia en ese mismo lago, cuando todavía estaba en la escuela. Se trataba de un desafío que sus compañeros lo presionaron a cumplir para mantener intacto su orgullo.

Un desafío que la chica encontró bastante tonto y, debido a las circunstancias, peligroso y arriesgado.

Pero uno con el que él cumplió de todos modos.

—¡No puedo creer que accediste a hacerlo! —exclamó, horrorizada y desconcertada cuando supo que él realmente lo hizo.

—¡Tenía que hacerlo! —defendió sus acciones el chico—. No podía dejarlos pensando que era un cobarde, tenía que demostrarles que era valiente y resistente.

—Más bien imprudente y tonto —corrigió de una manera sarcástica pero en broma.

Una risa profunda burbujeó fuera de su garganta, a pesar de que se sintió un poco avergonzado por la tontería de su yo adolescente, fue refrescante verla actuar un poco como su yo sarcástico y atrevido de nuevo.

—Estoy aquí, lo sobreviví, ¿no? Además, fue solo un pequeño chapuzón —dijo, desestimando todo el asunto.

—En las gélidas aguas invernales, en bóxers —repitió la chica, arqueando una ceja.

Trató de traer esa escena a su mente, imaginando el frío filtrándose en sus huesos, y no podía imaginar por qué alguien estaría dispuesto a sumergirse en las heladas aguas del lago en el invierno más frío sin más que su ropa interior. Se estremeció tratando de imaginarse a sí misma en esa situación.

—¿Acaso me estás imaginando mojado y en bóxers? —preguntó en broma pero con un tono coqueto y sugestivo en su voz.

Ella le dio un codazo en las costillas por su presunción y ganó un gemido de dolor en respuesta, lo que trajo una sonrisa de suficiencia a sus labios... pero no podía negar que esa imagen cruzó por su mente, de hecho, y sus mejillas se calentaron.

Su golpe no impidió que su interés romántico se riera suavemente ante la clara prueba de que ella realmente había estado pensando en él de manera poco decorosa, y tomó su teléfono como excusa para tener algo en lo que fijar sus ojos que no fuera su estúpido pero atractivo rostro y para ocultar su repentina vergüenza.

Ella lo ignoró, deslizándose a través de la pantalla de su teléfono ociosamente, sin prestar atención a nada realmente hasta que cierta miniatura de video pasó ante sus ojos. Estos se ensancharon un segundo después y ella retrocedió, deteniéndose en el video. Lo seleccionó y lo miró en silencio para no alertar a su compañero.

Se trataba de una transmisión en vivo de una persecución, varias patrullas de policía iban detrás de un vehículo robado en el cual iban dos rehenes, y el helicóptero del Capitán Man iba siguiéndolos. Charlotte enganchó la transmisión justo cuando uno de los criminales consiguió disparar a las ruedas de una de las patrullas y hacer que el conductor perdiera el control de esta, haciendo que se saliera de la ruta y colisionara con otra de las patrullas. Las demás tuvieron que detenerse abruptamente o desviarse para evitar provocar una desgracia mayor, y algunos oficiales bajaron para atender a sus compañeros heridos, lo que permitió a los malechores dejar a la policía atrás y escapar de ellos, perdiéndose entre el resto del tránsito, aunque Ray continuó siguiendo al vehículo en su helicóptero, con el de la prensa detrás.

Ella siguió mirando, un poco preocupada por el adulto. Ray era indestructible, pero las demás personas no, el más mínimo error de su parte podía poner en peligro la vida de un inocente, algo que se reflejaría mal en él y en su imagen de héroe. Y las noticias habían informado sobre su repentino cambio de comportamiento hacia los delincuentes, a ellos les encantaba explotar errores en su trabajo para fastidiarlo. Eso siempre traía un aumento en los números de audiencia.

Normalmente, Henry estaría allí con él cuando algo pudiera irse más allá de sus capacidades para ayudarlo, y a veces obligarlo, a encontrar una solución que resolviera todo de manera rápida pero segura.

Y ella estaría a su lado detrás de los monitores, asisitiendolos y apoyando a Henry para vencer la terquedad de Ray.

Pero Henry no estaba allí, estaba en la cueva, de guardia, cubriéndola mientras descansaba de los contratiempos de su herida.

No estaba al lado de Ray para hacer entrar la razón en su gruesa cabeza, para advertirle sobre cualquier decisión imprudente y mantenerlo fuera de problemas. Ella no estaba allí para apoyar a Henry y asegurarse de que lo estuvieran haciendo bien, manteniéndose a sí mismos y a los demás a salvo.

Ray estaba solo, en una situación realmente peligrosa, en la que tendría que tomar decisiones difíciles.

Ya estaba lo suficientemente perturbado emocionalmente, su temperamento estaba fuera de control, no estaba exactamente en la mejor forma para mantenerse sereno y actuar con cautela.

Observó con creciente preocupación cómo el helicóptero descendía peligrosamente para acercarse al vehículo descarriado en un movimiento imprudente, cómo la munición pesada disparada por los criminales golpeaba el helicóptero a prueba de balas y rebotaba en él.

La cercanía del héroe puso nerviosos a los ladrones, el conductor tomó giros imprudentes, hizo que otros autos se detuvieran repentinamente o se apartaran y chocaran contra otros conductores.

Era un caos.

Su cuerpo se sobresaltó cuando una mano pesada se posó en su antebrazo.

Tan absorta había estado en las noticias que se olvidó de su compañero, que miraba por encima del hombro hacia lo que había llamado su atención con curiosidad porque la había estado llamando sin recibir respuesta.

Apagó la pantalla y bajó el teléfono rápidamente, ocultando que había estado viendo las noticias sobre el Superhéroe, sabía que su rostro debía lucir arrugado por la preocupación.

Archie no tenía mucho aprecio por él, y no sabía que el Capitán Man era su jefe y principalmente su amigo. Estaba saliendo con un villano, se vería extraño por su parte actuar preocupada por el bienestar de quien era su enemigo, traería demasiadas preguntas que no estaba preparada para responder.

—Lo siento, yo... recibí un mensaje de mi amigo, el que tuvo ese accidente —mintió sin esfuerzo, diciendo la primera excusa que se le ocurrió— ¿dijiste algo? —preguntó, sintiéndose avergonzada de haberlo ignorado tan groseramente.

Lejos de enojarse con ella, Archie sonrió tiernamente ante su expresión tímida. Se veía demasiado linda cuando se avergonzaba.

—Estaba pensando que podríamos ir a comer algo, ¿qué dices? —ofreció, pasando suavemente sus dedos por sus rizos en una caricia reconfortante, un gesto de sus favoritos.

La oferta habría sido tentadora en otras circunstancias, pero su estómago estaba hecho un nudo. La comida no podría pasar el nudo en su garganta, su mente estaría ocupada pensando en los muchos resultados desastrosos. Estaba ansiosa por saber más sobre cómo le estaba yendo a Ray. Sabía que todas las emociones que debía haber reprimido dentro de él nublarían sus sentidos y lo harían actuar precipitadamente.

Henry necesitaría ayuda para lidiar con él.

Ella miró culpable a sus ojos esperanzados, sus labios se curvaron en una mueca de pesar. Se odiaba a sí misma por mentirle así, cuando él estaba tan ansioso por levantarle el ánimo, pero no podía compartir la verdad con él.

—Me encantaría, pero... necesito pasar por mi lugar de trabajo... mi amigo necesita mi ayuda con algo... lo siento.

El brillo en sus ojos azul grisáceo se atenuó ante sus palabras, pero no insistió. Solo torció los labios en una sonrisa resignada y asintió, inclinándose hacia delante para darle un beso en sus suaves labios.

Había pasado una buena parte del tiempo en su compañía, no podía quejarse.

—Está bien, en otro momento, entonces... ¿quieres que te lleve? —él ofreció.

—Si no es una molestia...

Él le dio una gran sonrisa.

—No lo eres, créeme, cherie.

Lo suficientemente rápido como para llegar pronto pero sin romper los límites de velocidad, la condujo hacia su trabajo, dejándola a un par de cuadras de distancia para no levantar sospechas.

Como siempre, se despidieron con un beso intenso, aunque breve porque ella tenía algo de prisa, y una vez que él la dejó allí, corrió hacia la tienda y la alcanzó en un tiempo récord.

Abrió la puerta y la cerró de golpe detrás de ella, haciendo que Jasper saltara de su silla del sobresalto que se llevó, ya que estaba profundamente absorto en su teléfono, viendo las noticias.

—¡Charlotte! —exclamó alegre de verla allí.

Ella sonrió brevemente en saludo.

—Hey Jasper, vi las noticias ¿Qué está pasando ahora?

—Los ladrones se atrincheraron dentro de un almacén con las rehenes —informó el chico, enseñándole el video—. La policía esta cercando el lugar.

Ella miró la transmisión unos segundos antes de apartarse.

—Iré a ver en que puedo ayudar a Henry —anunció, corriendo hacia el ascensor.

—¡Me alegra que estés de vuelta! —le gritó antes de que desapareciera tras las cortinas.

Era una pena que tuvieran que llegar a esos extremos para que ella volviera a ellos pero estaba satisfecho de que hubiera elegido regresar. Y sabía que Henry estaría encantado de tenerla de nuevo a su lado. Había tenido que soportar no solo a un Ray gruñón, sino también a un Henry desanimado. Esperaba que, con ella de vuelta, su amigo volviera a ser el chico despreocupado de siempre.


Ni siquiera el complicado viaje por el ascensor la molestó, tan ansiosa que se sentía. Casi saltó dentro de la cueva, tirando su mochila al suelo mientras pasaba, sin inmutarse de donde aterrizaba.

—¿Cómo está Ray?

Su voz repentina sobresaltó a Henry, que no la había oído llegar.

El chico giró la cabeza y la encontró justo tras él, y una sonrisa de deleite apareció en sus labios cuando sus ojos se posaron en ella, que después de tantos días regresaba con ellos, pero su expresión se volvió sobria rápidamente cuando notó su postura seria y su mirada puesta en las pantallas.

—Molesto —respondió, sus ojos volviéndose a las pantallas, tratando de ignorar lo mucho que lo afectaba que ella estuviera tan cerca.

No quería volver a repetir el desliz de dias atrás en el que se vio tentado a besarla.

—Su plan era saltar del helicóptero hacia el auto y detenerlos, pero no pudo hacerlo, no encontró una buena oportunidad para ello y ahora se atrincheraron en ese almacén —explicó.

Henry amplió la imagen que mostraba a las patrullas de policía rodeando el lugar y podía verse al helicóptero de Ray quien lo había aparcado en medio de la calle, no había problema porque todas las calles de alrededor habian sido cortadas. El superhéroe estaba hablando con los policías, planeando la manera de entrar sin alertar a los ladrones, que aún tenían en su posesión a la rehén con su hijita y a quienes habían amenazado con lastimar de forma severa si alguien hacia el más mínimo intento de entrar. Tenían todas las posibles entradas ya sea bloqueadas o vigiladas, en un par de ocasiones algunos oficiales ya habían intentado ingresar, resultando en una balacera. Ray podía intentar entrar pero temian que fueran a lastimar a las rehenes, con lo desesperados que estaban, cualquier cosa era posible.

Un acercamiento al rostro de Ray mostró lo estresado que estaba, preocupado y distraído. Todo se había acumulado en su mente, confundiéndola hasta el punto de que no podía concentrarse en su trabajo. Una vez más la culpa la comió por dentro, y sintió la necesidad de actuar y ayudarlo, era lo menos que podía hacer después de haber sido la que lo empujó a sentirse así, sin importar si sus acciones hubieran estado justificadas.

Asintiendo con determinación, se volvió hacia Henry.

—¿Tenemos planos del almacén?

—Sí, aquí.

En una de las pantallas aparecieron dichos planos, y ella los estudió cuidadosamente, achicando los ojos que parecieron brillar por un momento.

Henry conocía esa expresión, ella estaba pensando en algo, y el adolescente inclinó la cabeza hacia ella en interés.

—Tienes una idea ¿Verdad?

Ella le envió una mirada cómplice y una sonrisa astuta.


N/A: Quiero aclarar que si bien Charlotte es el personaje que más me gusta y que le tengo cariño a mi OC, trato de no ser parcial con el resto de personajes ni mostrar favoritismo, y que si así lo parece, no es mi intención. La razón por la que Jasper y Henry se frustran con las evasivas de Charlotte y Archie no tanto no es por favoritismo ni nada, simplemente es por su edad. Lo digo por experiencia, ya que hay situaciones que a los dieciocho me hubieran irritado y frustrado, pero ahora que soy más grande ni siquiera me inmutan. El trío de amigos aun son adolescentes en crecimiento, mientras que el OC es prácticamente un adulto, así que sus reacciones a ciertos eventos no serán las mismas por la diferencia de edad, experiencia y personalidad.

Quería dejar claro eso porque parecería que favorezco a Archie sobre Henry, pero no se trata de eso, simplemente tienen personalidades y carácteres diferentes, además de que uno ya esta bien afianzado en la vida adulta mientras que el otro recién esta saliendo de la adolescencia.

Nada más eso, gracias por leer.

See Ya!