KUSHINA UZUMAKI
Llegar a esa aldea para ser el contenedor del Kyubi, le resultó denigrante para un alfa como ella con grandes aspiraciones, y a la vez la cabreo. Su futuro en su viejo hogar truncado...
Sabía que iba a ser alfa aunque aún no había presentado, era demasiado joven para el celo, pero notaba en su interior que sería de tal género y además en los exámenes médicos preliminares se lo habían confirmado a sus padres, no se equivocó.
Y tenía grandes miras de futuro basándose en su género, su chakra y sus aspiraciones de grandeza. Ya hasta había soñado todo lo que haría en su aldea natal… Evidentemente sería líder, la más grande y mejor líder que haya existido jamás y se uniría a la omega más bella del pueblo. Tendrían una gran gran familia y, sería respetada por todos y temida por sus enemigos.
Pero no... La habían llevado a Konoha a servir de recipiente de una inmensa masa de rencor y odio con forma de zorro. Lo cual era gracioso, siendo ella un zorro rojo también. Suponía que por eso la requerían a ella, imaginando que por compartir naturaleza con el gran demonio sería más sencillo ser su contenedor y que no hubiera rechazo. De echo, la anterior jinchuriki del gran zorro fue Mito Uzumaki, otro zorro. Bueno, todos los Uzumakis eran zorritos.
Pero ahí en Konoha era uno de los únicos zorros, el otro era la alfa Mito. Pero la anciana Uzumaki era muy mayor y sólo pudo hablar con ella un par de veces antes de que muriera. Así que acabó siendo la única con el pelo rojo como la sangre. Se sentía tan sola. Además con su personalidad arrolladora y dominante, por no hablar de su "bonito" carácter, tampoco gustó a los niños de su edad. ¡Jeje! Bonito carácter… ¡Qué ironía!, si su mote acabó siendo el "Habanero Sangriento". Eso enseñaría a esos niños a no meterse con ella, pensaba con altanería.
Como puede comprobarse, no tuve reparos en defenderme y dejar clara mi posición. Y si, efectivamente, no tuve problemas con mi inquilino demoniaco. Lo tenía perfectamente bajo control.
Pero... Ninguna omega, o ningún omega, se interesó en mi. Tampoco me importaba mucho, era demasiado joven como para pensar en tener pareja y todo eso. Y al tiempo no me importó, pues acabé enamorándome de otro alfa. ¿QUÉ? ¿Otro alfa? Pues si... Y Minato, que así se llamaba, me correspondía.
Minato Namikaze, el alfa rubio que, aunque no aparentaba ser la gran cosa, me salvó y con el que empecé a ser uña y carne. Nuestra relación no era muy normal, dos alfas juntos, pero aunque había pocas uniones de ese tipo... se daban.
Minato me lo dijo, le gustaba mi aroma, mi pelo rojo y mi forma de ser dominante, juguetona e hiperactiva, mezclada con momentos de dulzura.
A mi de él me atrajo su fuerza, su inteligencia, su bondad y preocupación y la calma que transmitía a su alrededor.
La primera vez que nos transformamos uno delante del otro, fue una de las mejores tardes desde que llegué a esta aldea… El halcón que era Minato, era majestuoso, poderoso, ágil y veloz. Alzó el vuelo luego de dirigirme una penetrante mirada con esos ojos que transmitían astucia y, yo corrí con mis cuatro patas detrás de la rapaz. Dejando que el halcón me guiara, esquivando sus juguetones amagos de ataque, mientras le lanzaba dentelladas sin intención real de morderle. Y la catarata a la que llegamos luego de la carrera y nuestros juegos era preciosa. En forma humana, desnudos, nos bañamos salpicándonos agua. Juegos inocentes en esa tarde de primavera. Éramos dos adolescentes, debíamos tener 14 años, si llegaba. Nos tumbamos en el césped dejándonos acariciar por el viento, mientras comíamos unas frutas que recolectamos. Volvimos antes de que oscureciera.
Ese se convirtió en nuestro lugar.
Ahí nos dimos nuestro primer beso, la pasión nos asaltó cuando nos unimos como hombre y mujer por primera vez, donde me pidió matrimonio y acepté ser su mujer.
Reí al imaginar, acertadamente, que en ese lugar concebimos a nuestro pequeño retoño. Ya llevábamos algún tiempo intentándolo de forma infructuosa. Y un día que fuimos a nuestro lugar sucedió… Un enero frío en el que nos refugiemos en el iglú que habíamos realizado por probar, sucedió… Debajo de las mantas que habíamos llevado nos amamos con dulzura, sin prisas.
Fue toda una sorpresa el empezar a sentir ciertos malestares que perduraban y seguían afectándome, no parecía algo pasajero. Así que fuimos al médico, Minato muy preocupado, aunque no dejaba que se le notase para no inquietarme. Si, yo era la más atacada por los nervios al imaginar "los peores escenarios", más nunca pensé que hubiera funcionado, y Minato tampoco. Lo que me estaba afectando era un cachorro formándose en mi útero de alfa, algo que buscábamos pero que creíamos que nunca conseguiríamos. El médico mismo repitió las pruebas hasta cuatro veces. Era tan inverosímil esa situación. El embarazo de un alfa era un acontecimiento muy, muy extraño y difícil de que se diera. Y ahí estábamos nosotros con cara de felicidades plena, mirando los resultados y esperando las instrucciones del equipo médico para que el embarazo llegase a buen término. Algo sumamente complicado cuando se trataba de una hembra alfa.
Cuando lleguemos a la casa que compartíamos, ya habíamos digerido la idea de que quizás el embarazo no prosperaría... Todo el camino des del hospital hasta nuestro hogar, y mis ojos se humedecieron de la alegría y a la vez de temor, miré a Minato y él estaba igual. Tan emocionado, tan feliz, nos sentíamos tan afortunados y dichosos, pero teníamos tanto miedo de perderlo durante el proceso. Nos pasamos la tarde abrazados dándonos mimos y hablando de nuestro futuro retoño, sin querer hacernos muchas esperanzas, mientras a cada poco rato nuestras manos iban hacia mi plano vientre a acariciarlo y a "hablar" con el pequeño.
No fue fácil la verdad, el útero de una alfa no suele ser muy funcional. Pero Minato tenía la teoría de que el chakra de Kyubi estaba favoreciendo esa situación.
Naruto, así decidimos llamar a nuestro hijo, era fuerte pues crecía en mi vientre sin ninguna dificultad y los meses fueron pasando. Estábamos ya en la recta final, pero mi parto no sería normal... El sello se debilitaba a cada mes, pues mi energía se derivaba para mantener sano y fuerte al bebé en formación; y durante el parto, el zorro demoniaco intentaría salir aprovechando le debilidad de la técnica de sellado. ¿Traducción? Adiós hospital, adiós comodidad de una cama, adiós asistencia médica real... Hola miedo y hola dolor. Los omegas estaban capacitados para parir sin necesitar soporte médico, para hacerlo en sus hogares con sus parejas… Pero yo era una alfa y mi cuerpo no tenía esa adaptación de la que gozaba ese género. Se me puso la piel chinita al pensar en eso. Respiré en profundidad y agarré fuerte la mano de mi pareja buscando su calma. Una sonrisa de Minato consiguió que mi mente despejara de temores.
El día llegó y ahí estaba yo, con Minato intentando controlar el sello, Biwako y una médico de confianza asistiendo mi parto, y algunos anbus vigilando, en esa fría caverna mal iluminada. Eso no era lo que me había imaginado, ni lo que habría querido para traer al mundo a nuestro pequeño Naruto.
Toda "decepción" con el ambiente desapareció cuando empezaron las contracciones.
–Esto duele mucho.–Medio grité medio gemí por el dolor.– ¿Cómo lo aguantan los omegas y las betas?
Era demasiado dolor, no podría, nunca había sentido nada igual, ni en las peores heridas.
-Aguanta Kushina, eres una alfa poderosa, tu puedes con todo esto y más- Ánimo la médica que me asistía.
– No gastes energía niña, esto será largo... – Biwako siempre sabía como alegrar a una…
–Kushina... – Minato me miró con mucha preocupación. Le intenté sonreír, pero la mueca en que se deformó mi rostro por el dolor aun le preocupó más.
- Cuarto, céntrese en el sello.
–Pero... Nunca la había oído gritar tanto.
– Aunque sea alfa, sigue siendo una mujer. Las mujeres, al igual que los omegas machos, estamos más capacitados para resistir grandes dosis de dolor. – Intentó animar la mujer del tercero. Otra vez sin conseguirlo, claro. – No tienes que gritar Kushina.
"Como si fuera tan fácil no hacerlo"
Pensé y en la siguiente contracción aguanté los gritos como pude, liberando quejidos entre mis dientes apretados.
No se cuantas horas llevaba en labores de parto, sólo rezaba porque mi pequeño saliera ya y ese horrible dolor terminara, sentía como si me estuviera partiendo en dos. Estaba cubierta en sudor y terriblemente agotada, cuando me informaron que después de esa última contracción donde me había dejado la vida pujando, la cabecita de mi bebé empezaba a salir por fin.
–En la siguiente contracción, puje con todas tus fuerzas Kushina-san.– Me pidió la doctora.
Asentí suavemente, mientras Minato me animaba con una dulce sonrisa y los ojos brillantes por la emoción. Por fin íbamos a conocer a nuestro pequeño Naruto, la felicidad que notaba de mi pareja y la mía propia me dio nuevas energías. Ante la nueva contracción que vino, puje apretando los dientes y con toda la fuerza posible, mientras un gemido escapaba de mi boca. Caí agotada contra esa camilla, mientras intentaba recuperar un poco la respiración.
Oía un llanto, un llanto fuerte y claro. Las lagrimas cayeron por mi rostro, quería verlo y vi que Minato también quería girar la cabeza hacía la dirección donde nuestro pequeño lloraba; pero si lo hacía el zorro escaparía de mi interior. Ví una cabezita rubia en manos de Biwako al girar mi cabeza.
– ¡Venga, Kushina! Sé que estas cansada, un esfuerzo más y así podremos conocer a nuestro cachorro sin peligro.
Me centré en Minato al oírle. Teníamos que asegurar el sello para estar a salvo, eso era lo primordial en ese momento. Pero el grito de Biwako y el nuevo llanto de nuestro Naruto nos alertó. Un hombre con capa y enmascarado tenía a nuestro cachorro y le amenazaba de muerte. Por suerte Minato se ocupó.
El hombre me tenía encadenada y yo no podía hacer nada, estaba tan indefensa en ese momento, sino fuera por las ataduras no podría ni mantenerme en pie.
–Pretendo sacar el Kyubi de tu interior y eliminar Konoha. – Siseó con odio el enmascarado.
No pude evitarlo, el zorro de nueve colas salió de mi interior y, controlado por ese hombre me atacó. Minato me salvó, aunque yo sabía que estaba condenada al dejar de ser la jinchuriki del poderoso demonio. La muerte vendría a por mi en breve y si aun resistía era por ser una Uzumaki. Y si, esa noche morí, pero pude conocer a mi pequeño cachorro por fin y, abrazarle. Pude salvar Konoha y, pude salvar a Minato, Naruto no crecería sin amor, ni sin nadie a su lado.
Escuché las ideas de Minato sobre realizar el sello del demonio mortal y morir él, me opuse enérgicamente.
–¿Para que morir los dos, si yo ya estoy condenada?.–Y antes de que pudiera hacer ningún sello, empecé a absorber a Kyubi en mi. Pero mi pareja tenía razón, no iba a poder absorber todo el poder abrumador que tenía el zorro y además lo que me llevara conmigo al morir volvería.–Minato, no voy a poder absorberlo todo.
–Kushina, por eso decía...
– ¡No! No pienso tolerar que tu también mueras. Yo haré el sello del demonio mortal y me llevaré todo lo que pueda de Kyubi a la tumba. Ocúpate de la otra mitad, tal como has propuesto, pero quiero que le guíes y estés con él amándole por los dos.
El dios de la muerte me ayudó a absorber la mitad del poder del nueve colas. Mientras Minato colocaba a Naruto para convertirlo en el nuevo receptáculo de la mitad del poder del zorro. Aunque éste no quería colaborar, con mis cadenas conseguí pararlo siendo atravesada por esa afilada y larga uña.
–Rápido, Minato... No podré... Retenerlo... Mucho más.–Miré a mi hijo, era tan bello.– Naruto, haz caso a tu padre... Come mucho ¡Y crece! Se buena persona y haz amigos, que sean de confianza... Báñate... Se un buen ninja... Encuentra a una buena pareja... Estoy feliz de ser tu madre, mi pequeño. Minato... Cuida a nuestro cachorro.
Y así fue como pude salvar a los dos amores de mi vida. Se que Minato hará un gran trabajo como padre y como cuarto Hokage de la aldea de Konoha, un lugar que finalmente pude considerar mi amado hogar.
