HASHIRAMA SENJU

El ninja más conocido como un dios entre los ninjas era un omega.

"Un dios de los shinobi", rodó los ojos. Como odiaba ese mote. Él sólo quería vivir en paz en esa aldea que habían fundado con su mejor amigo, y si, el dueño de sus pensamientos y sueños húmedos.

Pero había un problema... El destino era una perra caprichosa y Madara Uchiha, no era su pareja destinada. Ese título recaía en la alfa pelirroja Mito Uzumaki. Y aunque había intentado luchar contra sus instintos, peleando incluso con su hermano Tobirama que no dejaba de insistirle que Madara no era el adecuado para él, ni para nadie… Al final había caído ante la alfa pelirroja.

Muy en el fondo sabía que Tobirama tenía razón. Madara estaba demasiado resentido, demasiado lleno de odio, demasiado obsesionado con el poder y la envidia. Madara era incapaz de amar a nadie, parecía que ya ni amaba a su clan, ni a si mismo. No desde que murió su adorado hermano menor Izuna.

Y aunque el joven omega había muerto en batalla justa contra su hermano Tobirama, luego de que éste le causara la herida mortal, y que él se ofreciera a sanarlo... Madara no había podido superarlo del todo.

Recordaba los inicios de la fundación de la Hoja. Las cosas parecieron ir bien entre ellos, incluso le dio pie a que le cortejara. Y al principio parecía que el Uchiha si estaba por la labor... Pero no. El del sharingan dejó de mostrarse interesado en su persona, empezó a mostrarse desconfiado, a marcharse más seguido de la aldea. Dejó sus deberes como cofundador y finalmente... Se marchó, por mucho que él había intentado evitarlo, más Madara no le escuchó.

En esa época la alfa Mito ya había iniciado su cortejo hacía él. Era una buena alfa, afectuosa, bondadosa y gentil. Mostrando su gran interés mediante regalos, invitaciones a paseos y comidas, buscando quedarse a solas con él. Y su omega interno, al final, aceptó todos y cada uno de los avances de esa alfa que era su pareja escogida por el destino.

Y en uno de sus celos, pasó.

La alfa Mito lo reclamó como su pareja destinada. Le marcó con un mordisco en su nuca mientras anudaba en su interior, durante el primer apareamiento que compartieron. Y durante los tres días siguientes que duró su celo, no dejó de anudarse en su interior y volver a marcar su cuello y hombros con sus dientes.

Esa unión dio sus frutos poco después. Él mismo se enteró de que sus síntomas eran los de un embarazo, pero se sentía bien y siguió actuando como Hokage. Eso si, ni su alfa, ni su hermano le quitaron el ojo de encima.

La primera, autonombrándose su protectora, no le quitaba ojo de encima. Y aunque podía resultar algo molesto, pues él era un omega mucho más poderoso que ella, no le podía reclamar nada pues era un comportamiento innato que tenía la pelirroja como pareja de un omega preñado. "Cosas de alfas" bromeaban siempre con la Uzumaki.

Su hermano también estaba encima de él y bastante servicial, pero de ese si que no se quejaba para nada. El albino se dedicaba a realizar las tareas más pesadas y tediosas, las que podrían resultarle más estresantes… Así que si no tenía ganas de hacer alguna de las actividades típicas del Hokage: firmar interminables hojas, reunirse con nobles caprichosos...; sólo tenía que mirar a su hermano con un mohín o poner cara de cansancio y, Tobirama aparecía al rescate.

Esos dos alfas le iban a volver loco, a él... Alguien temido en todo el mundo ninja, un gran médico de renombre y en cambio los tenía a los dos controlando su dieta.

-No comas esto Hashirama

-Le hará daño al bebé, Hashirama

-Hermano, ¿Qué estas bebiendo? Espero que sea agua o té.

-Los dulces no son buenos, omega

Y con esos dos fue así tooooodo el embarazo. Y eso que el médico era él. ¿Ha quedado claro que el experto en medicina era él?

Por suerte le dejaron seguir jugando, luego de pelearse con los dos y dejarles claro que se estaban pasando y que necesitaba algún vicio...Además del sexo, eso se lo dijo a Mito en privado, Tobirama se hubiera escandalizado si le escuchaba hablar así, ¿Cómo se creía que habían hecho ese cachorro con su alfa? Mejor no preguntarle.

Nueve meses más tarde, en la comodidad de su hogar, en una habitación que había preparado él mismo al sentirla como la más segura, cálida y confortable. Dio a luz a un sano y hermoso cachorro en el suave nido que había preparado unos meses antes. Su nido era grande y acolchado, tenía prendas suyas y de su alfa, muchos cojines y todo lo que encontró que fuera cómodo y cálido para poder acurrucarse.

Permitió que su alfa estuviera presente dentro del nido durante el largo parto.

Su cachorro, un regordete y sano alfa nació de madrugada. Y juntos los tres, después de que Mito le aseara de la sangre y los fluidos liberados durante el parto, y de que limpiara y secara al cachorro, descansaron en su, también, aseado nido. Merecido descanso tras largas horas de labor, mientras Mito le abrazaba y su cachorro se enganchaba ávidamente en sus pezones para conseguir su alimento.

Un mes se quedó encerrado en su nido protegiendo y cuidando a su cría.

Sólo su alfa tenía permitido entrar y tumbarse en el nido a descansar con ellos. Su instinto omega era más territorial que nunca, no permitió a su querido hermano menor que ni se asomara por la puerta. Entonces fue el turno de que con Mito comentaran con humor: "Cosas de omegas".

Después de ese mes las cosas se calmaron y su omega, su animal interior, dejó de ser tan agresivo frente a personas que no fueran su manada nuclear. O lo que es lo mismo; Mito, su cachorro y él.

Empezó a salir de su nido y de esa habitación. Y al fin, después de mes y medio, por fin su hermano pudo conocer al que era su sobrino.

Al poco tiempo volvió a su puesto de Hokage, dejando a Mito al cuidado de su cría. Se lo llevaba al despacho cuando el cachorro tenía que alimentarse.

Su vida volvía a la rutina y todo era felicidad. Aunque seguía echando de menos a su primer amor. A veces, su parte más consciente, deseando que Madara fuera su enlazado y el padre de su cría.

Y como si lo hubieran invocado sus pensamientos, un par de años después, Madara volvió a Konoha. Pero toda la felicidad que había sentido al olerlo y notar su chakra... Desapareció al verlo por fin. El Uchiha venía a matar y destruir. Todo sus sueños quería destrozarlos. Esa era también su aldea y la quería reducir a escombros.

Con todo el dolor de su corazón se enfundó su armadura, se ató las armas al cintó, besó a su cachorro y a su alfa, y partió a la batalla. Negándole a su hermano la compañía en la misma.

-Alguien tiene que ocupar mi puesto, por si no...- No añadió más, no hizo falta.

La batalla duró demasiado, pero volvió. Victorioso según los ninjas de Konoha.

¿Victorioso? No, perdió demasiado aquel día.

Herido, con un mordisco en el brazo y una fea herida en el abdomen. Había hecho que cicatrizara, pero era demasiado dolorosa a su parecer, el daño emocional era el peor…

Volvió a la Hoja con un biju y los shinobis celebraron el incremento de estatus y poder que eso suponía. Pero perdió demasiado para él. Perdió al alfa que amaba su corazón y mente racional, siempre había amado al Uchiha, pero el destino era caprichoso y había aceptado a Mito, su destinada, a la cual quería y apreciaba. Él había matado a su primer y único amor. Y no sólo eso... Había perdido a su segundo cachorro en esa pelea. Si, estaba preñado de unos cuatro meses cuando fue a la batalla. Pero era el único capacitado para parar, y vencer, a Madara y a su obligada mascota, el inmenso zorro demoníaco que ahora estaba en el poder de Konoha.

Mito se negó a que fuera a pelear y Tobirama igual, pero era en vano. Los dos sabían que el único capaz de parar al Uchiha y salvar la vida a los habitantes de la Hoja era Senju Hashirama.

Aún recordaba esa pelea, y como durante la misma Madara le hirió en el hogar de su cachorro. Él lloró al notar la perdida, su cuerpo no tardó mucho en expulsar los restos muertos. Y el Uchiha se burló al verle llorar y más al comprender el motivo del llanto. Su llanto fue más desgarrador al comprender que nunca, jamás, podría albergar nuevas crías en su útero, había quedado demasiado maltrecho. Ni él, el mejor médico del mundo, podría sanar su aparato reproductor.

Su vuelta a Konoha fue dura, sobretodo al encarar a su alfa y a su hermano. Pero lejos de poder llorar su pérdida junto a su destinada, tuvo que ocuparse del gran zorro. Se decidió que por ser un zorro, por su chakra y sus capacidades de sellado, Mito cargaría con ser la jinchuriki del Kyubi

No participó en las celebraciones en su honor por la victoria, sino que se encerró con su cachorro y su alfa en su hogar. Tumbándose en su nido y expresando su malestar por la pérdida. También para recuperarse del duro combate que había durado días.

Pasó una semana encerrado y cuando salió, seguía estando deprimido y serio, pero nadie lo notó pues siguió siendo el gran líder que todos esperaban en la aldea.

Su celo no llegó nunca más, su aparató reproductor interno estaba destrozado y eso, unido a su estado anímico no ayudó.

Le ánimo el ser abuelo. Le cedió su lugar de gobierno a su hermano Tobirama y él se dedicó a disfrutar de sus nietos. Su hijo se había unido a un buen omega que le proporcionó dos adorables cachorros. Tsunade era la niña de sus ojos. Oh, como mimó a esa niña y como le gustaba enseñarle a jugar y a apostar. Eso le valió varias broncas de los mismos padres de Tsunade, de su alfa y del cascarrabias de su hermano. Pero, a la pequeña le gustaba hacerlo... Así que siguieron en las suyas.

Poco después murió… Fue algo súbito y tampoco quiso remediarlo, se reuniría con sus seres queridos en el más allá.

"Madara..."

Fue su último pensamiento. Su cadáver fue encontrado con una sonrisa en los labios.