MADARA UCHIHA

Miró con algo más que orgullo a su hermano. Izuna era lo más importante en su vida, su adorado hermano, su mano derecha, su ideal de omega, su pareja amada. Pero todo su mundo se desmoronó cuando esa rata albina lo hirió. Quiso aceptar la ayuda de Hashirama Senju, el omega moreno se ofrecía a salvar a su Izuna y dejar atrás las peleas y el odio.

-No hermano.- Le rogó Izuna estando herido, mientras él le ayudaba a mantenerse erguido. Y no... No podía negarle nada a esa voz y esos penetrantes ojos negros.

Su hermano murió unos días más tarde a causa de la gravedad de la herida. Antes le dio sus ojos.

-Para que protejas al clan frente a nuestros enemigos.

Y con una última sonrisa dulce, de esas que sólo le eran dedicadas a él, murió entre sus brazos. Sus brazos… Esos que lo habían acogido tantas veces con amor y pasión, y que también fueron su refugio final.

Lleno de rabia, airado y roto de dolor se preparó para una nueva batalla Uchiha-Senju. Pero ni con su nuevo sharingan pudo vencer a Hashirama Senju. Arrodillado, derrotado, el omega Senju, su amigo de infancia, le volvió a ofrecer una tregua. Una unión para crear esa utopía de la infancia con la que tanto soñaron. Terminó aceptando esa paz que le era ofrecida.

Y una vez en la aldea que crearon, Konoha, intentó cortejar al omega Senju. Y si, Hashirama le atraía… Como atraen la luz a las polillas, pero a la vez sentía que traicionaba a Izuna. Además de ver que Mito Uzumaki era la alfa destinada del Senju. Así que se fue desinteresando por el omega ¿Qué sentido tendría seguir intentándolo? Cuando Hashirama entrara en celo, iría de forma instintiva a ofrecerse a su alfa destinada.

Empezó a darse cuenta que en ese lugar ya no quedaba nada para él… Su clan prefería al Senju; todos en Konoha preferían y confiaban en los Senju. y a él… A él le temían y se apartaban a su paso.

Poco a poco fue desligándose de todo y de todos, pasando más y más tiempo fuera de la Hoja. Sentía que la aldea le había traicionado, su clan también le traicionó, se sentía solo y abandonado. Pero estaba seguro que algo no le fallaría nunca y eso era... El PODER. Si se volvía el más poderoso conseguiría todos sus fines… Paz, respeto, a los omegas que le importaban y que quería en su vida, recuperaría a Izuna y también a Hashirama. El Senju podría ser suyo y ni el destino se opondría cuando fuera el más poderoso y llevara a cabo su plan. Y no como ahora que estaba solo. No tenía a su bravo y a la vez dulce hermano a su lado, no tenía el respeto de su clan con todo lo que llegó a hacer por ellos… ¡Maldita sea! ¡Izuna había muerto por ellos! Y parecían no recordarlo. Tampoco causaba el miedo que tendría que provocarr en los demás insignificantes clanes que habían permitido que se unieran a Konoha. Y encima Hashirama Senju, había sido enlazado por esa alfa pelirroja durante un celo, tal como predijo… Aunque el vil mentiroso le había jurado que su corazón le pertenecía y que solo sería suyo.

Se marchó por fin de ese despreciable lugar y estuvo años viajando en busca de más poder. Lo halló en el Kyubi, una masa de chakra llena de odio con forma de zorro, un demonio que le serviría para sus planes. La bestia cayó ante su sharingan, lo convirtió en su invocación. Y armado con su gunbai y con su nueva mascota, marchó a atacar Konoha.

"Para convertirme en un dios tengo que poder vencer a un dios."

Hashirama Senju seguía siendo el mismo gran y poderoso oponente de siempre, aunque estuviera embarazado. Porque si, había olido el dulce aroma que desprende todo omega que esta preñado y si, apuntó a su vientre con toda la puñetería y rabia que le causó conocer eso. Y todo y matando a su cría y causándole un aborto… Todo y la inestabilidad y el dolor que le causó al hacer dicha acción, Hashirama peleó como nunca. Mostró su gran poder y le "mató". O al menos creyó hacerlo…

La pelea había sido titánica, agotadora. Destruyeron grandes extensiones de tierra, cambiando la orografía del terreno. Hashirama consiguió hacerse del Kyubi, al liberarlo de su sharingan y dormirlo. Y él, se hizo con un pedazo de carne del brazo del Senju al morderle, la única marca que podría hacerle a ese omega. Y fue entonces que Hashirama le dio el golpe "final". Volviendo a Konoha como el vencedor, un héroe por salvarles del malvado Uchiha. Un dios entre shinobis.

Él se quedó sin la visión de un ojo, uno de los amados ojos de su dulce Izuna, y también herido y agotado por tremenda batalla. ¿Cómo evitó su muerte? Con una técnica prohibida de su clan, una técnica muy secreta. El Izanagi. Con ésta podías revertir tu muerte, pero perdías la luz de un ojo, se volvía ciego para siempre. Al activar el Izanagi sabía que perdería uno de los ojos de su hermano, y eso le dolía tanto… Eran un recuerdo de su amado hermano, una parte de Izuna vivía en esos ojos, y en el poder que le conferían. Con esa poderosa técnica salvó la vida, pero perdió una parte de su adorado hermano menor, ese dulce y fiero omega, su omega. Porqué Izuna era y había sido suyo, nadie más era digno de él, hasta el mismo Izuna creía eso; nadie más era aceptable para su adorado hermano mayor, su fuerte alfa Madara.

Cuál fue su sorpresa que con el tiempo volvió a recuperar ese ojo y todo fue posible gracias a las células de Hashirama, que consiguió al tragarse un trozo de su carne. El poder de ese omega Senju le recorría las venas. Esas células ofrecían tantas posibilidades que empezó a cultivarlas.

Su clan, tal como les avisó, fue tratado como la peste cuando Tobirama subió al poder. Aislados en un barrio, vigilados por la desconfianza que les tenía ese maldito Senju, y se les acabó dando un oficio mediocre, para tenerlos "contentos", los policías de Konoha. Un menosprecio más que tragaron como los estúpidos y los débiles en los que se habían convertido. ¿Dónde quedaba su orgullo de antaño? ¿Dónde quedaba el poderoso clan que habían sido? Fueron los más grandes entre los grandes, no tenían rivales, solo los Senju, y eso sólo por Hashirama y su hermano, los otros miembros valían mierda. Merecían ser exterminados y él ya se encargaría en un futuro de renacerlo como lo que debían ser, el clan más poderoso, el clan que había de dominar a todos los demás.

Pero no todos eran basura, había un chico en ese clan Uchiha de borregos que le llamó la atención. Era alguien mediocre a vista de los demás, más no para él, él reconocía su poderoso potencial. Su sharingan aun no despertaba, pero eso era signo de que sus ojos tendrían gran poder, uno muy especial, y por ese mismo motivo sus ojos tardaban en activarse, se necesitaba tiempo para "amasar" tal poder. Además había nacido el mismo día y a la misma hora que su amado Izuna, eso tenía que ser el destino; pero como éste seguía siendo una perra que le odiaba... El muchacho nació alfa. Y otro defecto que le vio es que había nacido con una gran amabilidad y deseo de hacer el bien, además que parecía que amaba Konoha...

Aunque quizás aun tendría algo de suerte… El joven Uchiha cayó en sus manos. Y todo por ese gran corazón y deseo de cuidar a los que amaba, más tarde se conocería el motivo de ese acto tan grande de valentía y compañerismo por parte del joven Uchiha hacía su compañero peligris... Eso solo le demostraba una vez más que el destino era un jodido hijo de perra.

Más muerto que vivo encontró al adolescente. Tal como intuyó el muchacho era fuerte y su sharingan era increíble. Al implantarle, en la mitad derecha de su destrozado cuerpo las células de Hashirama, se salvó y no sólo se salvó, sino que consiguió regenerar un brazo y una pierna funcionales. Nunca dejaba de asombrarle a que grado llegaba el poder de Senju Hashirama.

El chico, con su ayuda, fue mejorando, cada vez más fuerte, cada vez más poderoso... No se había equivocado con Obito Uchiha. El cachorro sería grande, pues grande era su espíritu y grande era su doujutsu. Ahora sólo necesitaba que se uniera a su causa, a sus ideales y a su plan… La oportunidad le vino poco después, Zetsu se lo había informado y sólo tuvo que manipular a ese grupito de ninjas de kirigakure. Ponerle un sello maldito a la joven beta morena y convertirla en el jinchuriki del Sanbi. Luego la mentira de Zetsu hizo el resto. Una gran jugada y ya tenía a Obito en mis manos y dejándose manipular por mí… Pobre iluso que quería salvar el mundo de la corrupción.

Cada vez fue más fácil de llevar por la senda oscura, cada vez más sencillo de que se hundiera más en la sangre y el odio, que matara sin rechistar y sin compasión, que manipulara a inocentes para conseguir nuestro fin. Y cuando Obito dudaba, pues su corazón era demasiado noble y bondadoso, sólo tenía que hacer que mi sello se activara; un sello de marioneta implantado en su corazón, esto le hacía obedecer sin que se diera ni cuenta.

Reí con cinismo, todo era un baile bien coordinado que me llevaría a la victoria final, todo a su debido tiempo. Paciencia, paciencia, mi tiempo ya llegaría…

Miró con admiración al joven alfa, mañana por la noche era el día... Lo enviaría a atacar la Hoja. Liberaría al Kyubi de su jinchuriki, matando a esa pelirroja y a todos los que pudiera en esa maldita aldea. Obito tenía dudas, pero sólo activé su sello y se convirtió en el soldado más fiel y decidido.

–No me falles, Obito. Ya sabes lo que tienes que hacer.