ZETSU
Madara me creo con las células del primer Hokage, Hashirama Senju, el ninja más fuerte que ha existido jamás, tanto que fue considerado un dios entre los ninjas. Aunque yo carezco de esa fuerza, salí de sus células cultivadas por su mejor amigo, rival, amante y enemigo, Madara Uchiha… imagino que se sentía sólo cuando decidió crearme. Mi propósito era el de ser sus ojos en el exterior, sus oídos en el mundo y ante todas las habladurías que pudieran haber en ese mundo shinobi lleno de batallas entre clanes y guerras entre naciones, su indetectable espía.
Le informé de la muerte prematura del omega Senju, de cómo su hermano Tobirama se convirtió en el segundo Hokage y como implantó nuevas leyes, cuando éste murió y nombró de sucesor al inútil de Hiruzen Sarutobi. Un bonachón bueno para nada, sin carácter ni carisma para ser líder, ni tampoco la capacidad para hacerse respetar por sus coetáneos. Una simple marioneta en manos de un consejo de tres. Aunque dos de ellos sólo estaban para aparentar que apoyaban a Hiruzen, mientras que la genuina mente maestra estaba detrás, escondido entre las sombras. Danzou Shimura, una auténtica cucaracha que desde la oscuridad movía todos los hilos. Él era quien dominaba y se imponía ante los del consejo. Homura Mitokado, se movía al son de lo ordenado por Danzou, junto a su compañera Koharu Utatane. Eran simples marionetas dominados por el ambicioso y envidioso Shimura. Ese hombre anhelaba el poder por encima de todo y eso hacía que envidiara a los que ostentaban tal poder. Ya fuera por las técnicas que poseían o por tener el mando, en éste caso el Hokage.
Y Danzou podía llegar a realizar cualquier acto para conseguir sus fines, ya fuera matar y torturar inocentes, extorsionar, asesinar a sangre fría o hacer desaparecer personas que "le molestaran" en su camino al poder. Aunque él lo llamara 'protección desde las sombras'. Y era especialmente cruel con sus subordinados.
Madara disfrutaba escuchando las historias de tortura y muerte de Danzou, le resultaban muy aleccionadoras sobre la clase de basura y ratas que había en Konoha. Por no hablar de los inútiles que permitían que esto sucediera ante sus ojos, bueno mejor dicho a sus espaldas y se tapaban los oídos para no escuchar los gritos de las victimas de Danzou Shimura. Era vergonzoso.
–Vaya mierda Hokage escogiste, rata albina. Un completo payaso sin personalidad ni verdaderos cojones.
Madara reía mucho por ver el circo que era la villa que fundó junto a Hashirama. Tendrían que haberse aplicado las normas que propuso. Había clanes que no merecían formar parte de una gran aldea como Konoha, y viendo lo que eran ahora los altos mandos, sabía que esa propuesta habría sido muy necesaria, así ahora Konoha no sería el hazmerreír de algunos. Si la proclama que propuso Madara se hubiese aplicado, la villa entre las hojas y la nación del fuego, serían el imperio más poderoso del mundo pues estaría formado por la élite de los ninjas, los clanes más poderosos del mundo shinobi.
La situación en Konoha mejoró al nombrar un cuarto Hokage, el Yondaime, cargo que ostentaría alguien joven y prometedor, Minato Namikaze. Más de una vez casi había sido descubierto por el rápido ninja, ahora iba con especial atención y cuidado cuando tenía que aparecer por la villa. Al alfa rubio parecía no escapársele nada, sus afilados ojos azules siempre perspicaces ante cualquier amenaza.
El joven que parecía demasiado amable y confiado no tardó en poner en su lugar a esas momias del consejo y a hacer recluirse más en las sombras a Danzou, el cual pareció invernar cuando el rubio tomó sus funciones como Yondaime Hokage.
Pero la tercera guerra ninja estalló y la necesidad del Kage de salir a pelear por su nación, volvió a dejar la villa desprotegida en parte, el viejo Hiruzen había empezado a pararles los pies a sus compañeros del consejo, siguiendo el ejemplo del Namikaze, pero no era capaz de controlar a Danzou Shimura como lo hacía el alfa rubio. Ah, la maldita rata de cloaca de Danzou.
Un tiempo después llegó a sus vidas un joven ninja del clan Uchiha. El chico estaba destrozado, la mitad de su cuerpo irrecuperable, innumerables órganos dañados. Y todo y esas lesiones, estaba vivo cuando fue hallado.
Madara lo puso en un capullo de células de Hashirama Senju en todo su lado destrozado.
–Si es fuerte, tal como creo, vivirá. – Y se fue a descansar dejando que las células del dios de los shinobis hicieran su función de curación.
Obito, que así se llamaba el adolescente, se recuperó a una velocidad asombrosa y las células del primer Hokage se unieron a las propias del muchacho de forma sorprendente.
Pero… Si tenía una falla el joven Uchiha era que poseía la ridícula voluntad de fuego. Sólo pensaba en recuperarse para volver a su amada aldea con su amiga Rin, su amigo-rival Kakashi, el que monopolizaba todos sus temas de conversación aunque el joven no quería reconocerlo y su maestro Minato, el gran rayo amarillo de la Hoja. Además de todas las personas con las que tenía amistad la joven pantera. Era agotador escucharle, y a la vez entretenido. Su visión del mundo tan optimista y alegre era contagiosa, aunque molesta para Madara y sus planes futuros. Por eso mismo Madara empezó a manipularlo, ya fuera a través del sello que colocó en su corazón, como a través de información distorsionada que me ordenaba darle. Y funcionó, el joven empezó a desdibujar sus ideales honorables y a volver como suyos los del Uchiha mayor. Su rencor hacía Konoha, su idea de limpiarla de cucarachas y ratas que sólo buscaban su propio beneficio a costa de personas buenas e inocentes.
Obito empezó a actuar para poner en marcha el plan a largo plazo de Madara. Y tal como auguró el antiguo líder de los Uchiha, el joven era realmente prometedor.
Y ahora con 15 años, estaba liberando al Kyubi contra Konoha y peleando contra el Rayo amarillo de la Hoja. Aunque empezó a notar que algo no iba bien con el joven, y no estaba errado en su suposición.
Minato liberó al zorro demoniaco del control del sharingan de Obito, aunque antes había marcado al joven Uchiha. Algo de lo más extraño entre alfas.
Encontró a Obito algo alejado de la cueva, había escapado de la pelea con el alfa rubio, pero hasta allí había podido llegar, y se acercó a él, notándolo adolorido, jadeante y con la temperatura alta, mientras se apoyaba en un árbol liberando suaves quejidos.
–Vamos, te ayudaré a entrar, Obito.– Ayudándolo, mientras el adolescente se apoyaba en su cuerpo, lo dejé en su recámara y fui a informar a Madara, o a intentarlo mejor dicho. Pues enseguida noté como sus aletas nasales se abrían al captar algún aroma, aspirando con ganas mientras su cuerpo se tensaba ante dicho olor que captó.
–¿Qué es este olor a feromonas de omega en celo que traes? –Demandó con voz gutural
