CAPÍTULO 6
18 de noviembre
¿En serio no había alguien en esta casa que leyera?
Su mayor hallazgo hasta el momento era la colección completa de Gossip Girl en la habitación de Kurt, pero aún no se sentía tan desesperada todavía como para leer algo así. Mataría por un poco de Michael Crichton, pero en el piso de arriba no encontró nada más que un montón de libros de referencia sobre deportes e invasiones extranjeras.
Volver a la recámara de Finn le pareció una opción obvia, aunque, sentada en su cama, lo único en lo que podía pensar era en el tiempo en el que había salido con él, y en lo que había sentido al estar ahí. Se había sentido fuera de lugar en esa habitación, y por eso lo había arrastrado a su casa, donde había tenido cierto control sobre la situación.
Era un contraste tan grande con Rachel, que se acomodaba en la cama de Finn con tanta facilidad, con su atuendo de un color tan feo que chocaba terriblemente con la tela escocesa de sus sábanas.
Podía imaginárselos aquí: Rachel haciendo algo en su iPod, mientras él jugaba a uno de esos violentos videojuegos que le encantaban, simplemente pasando tiempo juntos.
Ellos nunca habían hecho eso, el simplemente pasar tiempo juntos sin hacer nada era algo que desconocía de Finn. Eso hacía que sintiera cierta molestia hacia Rachel y tenía que recordarse a sí misma que Rachel era ahora su novia.
¡Dios! se moría de ganas de ir a la biblioteca de la escuela, y llevarse todos los libros sobre física cuántica y fenómenos sobrenaturales que pudiera encontrar. Estaba prácticamente garantizado que tenía dos identificaciones para sacar el máximo provecho en ese momento, ya que Finn no podría encontrar el camino a un libro de texto ni aunque le dibujara en un mapa una ruta ilustrada de caramelos.
Para cuando terminó la jornada escolar, ella había doblado todos sus bóxers (ahora iba a tener que usarlos, lo que significaba que podía hacer con ellos lo que quisiera) clasificando las torres de ropa por colores y había revisado sus calcetines para encontrar unos cuantos pares limpios, porque aparentemente Finn es tan sucio como para tirar los calcetines usados en el mismo cajón en donde se supone deben de estar los limpios y sí, era tan repugnante como sonaba.
Cuando terminó de limpiar, se quedó sin nada que hacer que no fuera simplemente hacer cosas que Finn suele hacer.
Eso había sido una constatación en sí misma -la noción de cosas de Finn frente a cosas de Quinn, cuándo podría realizar sus actividades y cuándo tenía que hacer cosas de Finn, - se había sentado en el borde de la cama, concentrándose en respirar de forma constante durante unos diez minutos antes de darse cuenta de que tenía que trabajar realmente duro para convertirse en un Finn lo más parecido al original.
Una vez que la idea central estaba ahí, lo demás comenzó a fluir, los consejos que ella misma se hacía para lograr su objetivo en mente hacían clic en su cabeza, esa era la misma parte de ella, que también había averiguado cómo organizar toda su vida en el tiempo del temporizador del microondas, 30 minutos.
Convertirse en Finn requería muchas cosas, pero por ahora, requería jugar videojuegos cuando estaba en su habitación.
Call of Duty: Modern Warfare era el menos ofensivo de todos los juegos que tenía en su PS4, y tras rebuscar el manual debajo de su televisor, se dio cuenta de que en realidad no se le daba mal. Había una función en el juego que le avisaba de determinados logros, y después de una hora de juego, había recibido uno por disparos a la cabeza, lo que en realidad era simplemente la forma lógica de jugar, ya que la munición sobraba en algunas misiones y los disparos a la cabeza eran una muerte instantánea.
De hecho, estaba tan enfrascada en una misión hasta el punto de saltar cuando Kurt dijo detrás de ella –Parece que hoy te sientes más tú mismo. –
–Sí. Quiero decir, mi cabeza todavía me duele, pero... ya sabes. –, dijo ella, titubeando.
Kurt se adentró en la habitación y se sentó en la cama junto a ella sosteniendo una pila de papeles. –Tu tarea. No es que tengas que hacerla ahora mismo, pero cuando te sientas listo. –
–Gracias, bro–, dijo ella, mirando la increíblemente pequeña pila de lo que fuera que Finn tuviera que hacer con un agudo resentimiento. –Eso es realmente... gentil de tu parte. –
Kurt le dedicó una pequeña sonrisa después de un segundo. –Esa explosión te dejó muy mal, ¿verdad? –. Ella se limitó a encogerse de hombros, porque ¿qué otra cosa podía decir?
Kurt frunció los labios y dijo –Por cierto, hablé con Blaine, y está feliz de reprogramar los momentos de diversión de mañana para otra noche, si quieres. –
–Hum...bueno…– dijo ella, dando rodeos, y luego frunció el ceño hacia él –no estábamos planeando ninguna locura, ¿verdad? –
Kurt negó con la cabeza. –Sólo Breadstix y una película, igual que el mes pasado y el anterior y el anterior…–
Se centró en las palabras una película; era una excelente oportunidad para adaptarse a todo esto de "estar con Rachel" sin tener que hablar con ella, y estaba bastante segura de que Rachel no era el tipo de adolescente que estaría dispuesta a gastar diez dólares sólo para besarse durante dos horas. Además, habría otras personas en la cena, y eso siempre era una ventaja.
–No, no lo canceles. Me vendría bien un poco de diversión–, dijo, antes de volver a mirar la pantalla. Esto, ella sabía por experiencia que funcionaría –De todos modos, amigo, estoy como en medio de esta misión y...–
–Sí, sí, lo sé–, dijo Kurt, antes de envolverla en un rápido abrazo. –Me alegro de que estés bien. De verdad. Me estabas asustando un poco con esos ojos de paloma que tuviste toda la noche; fue como si estuvieras pensando mucho en algo, lo cual es raro en tu caso. –
Ella le dio un codazo y puso los ojos en blanco. –Raro–
–Sólo digo–, dijo Kurt encogiéndose de hombros, antes de levantarse de la cama y dirigirse a la puerta.
–La cena de esta noche serán enchiladas; juro que saben realmente bien, aunque sean vegetarianas, y sinceramente, tienes que acostumbrarte a eso dado que Rachel Berry podría estar cocinando para ti por el resto de tu vida...–
Su respuesta fue reflexiva. –Por favor. Como si Rachel dejara de cantar el tiempo suficiente como para molestarse en hacer la comida. –
Kurt se rió y luego dijo –Que no te escuche decir eso. Pero tienes razón, obviamente. Los dos van a envejecer a base de comida para llevar, a no ser que por algún milagro con el paso del tiempo ella se vuelva realmente buena cocinera, o que tú comiences a olvidarte de los roles tradicionales de género. –
–No tengo ni idea de que quisiste decir-, dijo ella, en lugar de comprometerse con lo que dijo el chico, porque ¿en serio?, ¿Rachel ni siquiera cocinaba? ¿Qué demonios veían en ella todos los chicos de la escuela, aparte del talento? El talento no criaba niños ni cocinaba la cena ni lavaba la ropa interior sucia.
–Lo sé–, dijo Kurt, sonando divertido, pero luego desapareció, justo a tiempo, porque Quinn se desinfló y se dejó caer de espaldas en la cama de Finn.
Esto era agotador. Y seguía esperando que mejorara en ello, a un ritmo mucho mayor del que ella creía que podía mejorar.
Que Dios la ayudara esa noche, ojalá alguien saque un tema de conversación interesante porque si no era así, tendría que seguir comiendo para no decir nada, y aunque Finn no tenía los hábitos alimenticios más principescos, tampoco era un animal.
Esto era tan estresante, literalmente, lo único que la había hecho sentir remotamente bien en el último día era disparar a la gente en ese estúpido juego que tenía en pausa, y también... No, no iba a pensar en eso.
Se rió cuando, después de la cena, recibió un mensaje de Finn
Tú lavadora tiene tantas opciones de lavado, ¿qué hago?
Al menos lo estaba intentando, así que ella le envió un rápido correo electrónico (desde su propia cuenta, antes de darse cuenta de que también tendrían que cambiarlo, aunque sólo fuera por motivos de mensajería instantánea; por si se comunicaba con Rachel) explicándole las distintas opciones y diciéndole que separara la ropa por colores.
Bro, esto es peor que el álgebra
Envió Finn, ella se rió de nuevo, antes de levantar la vista cuando llamaron a la puerta.
No esperaba a nadie, y oh, esto era malo: porque el pomo de la puerta ya se estaba moviendo e iba a quedar atrapada en la comprometedora posición de leer una copia de Emma que estaba disponible libremente en Internet con las piernas cruzadas y una lista de reproducción de YouTube de canciones de Fiona Apple sonando de fondo. O, mejor dicho: Es lo que Finn Hudson estaba haciendo.
Afortunadamente fue rápida y alcanzó a cerrar la laptop de golpe al mismo tiempo que cuando Rachel entró diciendo –¿Dónde está el sonido de los disparos? Siento que estoy entrando en un universo alterno. –
No eres la única, pensó Quinn, y luego se encogió de hombros. -Sólo estaba... no sé. Buscando algunas canciones y cosas… para Glee-
Rachel la sonrió como si le hubiera hecho un gran cumplido. –¿En serio? –
–Estaba aburrida–, enmendó Quinn, tratando de sonar así, en lugar de como si estuviera completamente enloquecida, que era lo más cercano a la realidad.
–Aun así, eso es simplemente... wow, Finn–, respiró Rachel. Como si hacer algo relacionado con Glee por su cuenta fuera equivalente a que ganara... la Superbowl, o algo así.
¡Dios! Era irritante y deprimente a partes iguales.
–Sí, bueno, quiero decir. No he encontrado nada todavía. – Puso los ojos en blanco mientras se inclinaba y dejaba caer su portátil al suelo. –Hum. ¿Por qué estás aquí? –
Eso sonó demasiado directo.
–No es que no me alegre de verte, hum, te ves-genial, – tartamudeó, ganándose la mirada más divertida que había visto en la cara de Rachel.
–Quería ver cómo estaba tu cabeza. Aunque, creo que ya tengo mi respuesta. –
–Es como si mi cabeza fuera un huevo revuelto–, dijo Quinn, antes de reírse débilmente y añadir –Quiero decir que hoy me ha matado una granada en esa misión en el desierto, eso es algo que... nunca ocurre. –
O al menos eso supuso. Finn no era muchas cosas, pero era bueno en este tipo de juegos, así que darle el beneficio de la duda era fácil.
–¿Arruinó tus estadísticas? – preguntó Rachel, y Quinn sintió una vez más el ridículo impulso de empezar a reír, porque... Dios mío. Por supuesto que Rachel se había familiarizado con los videojuegos de Finn. Por supuesto que preguntó por ellos.
–No; de hecho, hoy he conseguido una de esas bonificaciones por disparos a la cabeza–, dijo, y estúpidamente, no pudo evitar una pequeña sonrisa ante ello. –Genial, ¿verdad? –
–Bueno, ya sabes que soy una gran fanática de los trofeos–, dijo Rachel dando unos pasos más hacia la habitación y acomodándose en la cama junto a ella.
Fue igual que ayer; Rachel se acercó más y tuvo que levantar el enorme brazo de Finn, excepto que Rachel no se acomodó en su costado, sino que pasó las yemas de sus dedos por la mejilla de Finn.
–No te has afeitado–
–Pensé que me vería estúpido haciendo sólo un lado; ya sabes, con el vendaje–, dijo Quinn, increíblemente suave porque Rachel estaba allí mismo y su corazón se aceleró, no por la proximidad, sino porque a esta distancia, seguramente Rachel se daría cuenta de que algo estaba mal.
–Es... un poco sexy–, dijo Rachel, y sus ojos se posaron en los labios de Finn durante un segundo.
Quinn dejó de respirar, y entonces sintió que surgía otra de esas risitas incómodas. –Rach; en serio, ayer casi me muero–.
–¿Crees que no lo sé? – Preguntó Rachel, inclinándose hacia atrás sólo una fracción, pero centrándose en sus ojos de nuevo.
–Yo sólo... ya sabes–, dijo Quinn, sintiéndose increíblemente fuera de lugar. –No tengo muchas ganas de eso ahora mismo. –
Rachel la miró un momento más y luego dijo –Bueno. Supongo que hay una primera vez para todo–, lo cual era gracioso y completamente cierto: Finn era la definición de una erección andante. Quinn lo sabía mejor que la mayoría de la gente, ya que lo había obligado a rezar después de besuquearse durante mucho tiempo cuando salieron por primera vez.
Pero había algo en la cara de Rachel, alguna inseguridad persistente por haberle dicho que no, o algo así, ...
Santo cielo, esto era confuso. A Quinn no le gustaba. En realidad, no lo hacía, aunque los días en que la llamaba RuPaul habían quedado atrás; pero también estaba la parte de ella que recordaba lo que era tener una relación con Ojos Errantes Hudson, e iba a tener que ocurrir tarde o temprano, así que respiró hondo y dijo –Ven aquí–.
Dio un suave tirón al brazo de Rachel para volver a quedar frente a frente, respiró profundamente otra vez y se recordó a sí misma que esto no podía ser peor que un embarazo, además, Santana se había besado con ella una vez en el campamento de animadoras y había sobrevivido a eso, añadiendo que al parecer a todos los chicos de la escuela les había gustado besarse con Rachel, así que tal vez...
Y entonces dejó de pensar por completo, porque Rachel la había acompañado el resto del camino, rozando sus labios de nuevo antes de hacer un ruido de sorpresa.
–Rasposo–, respiró cuando Quinn la miró interrogativamente, y eso fue un viaje de cabeza; se pasó una mano por su propia mejilla y se preguntó cómo sería, en realidad, sentir tanto vello facial al besar, porque eso es algo que no ha experimentado aún, pero entonces Rachel se inclinó de nuevo hacia delante y murmuró – Me gusta– contra sus labios, y...
Bien. Así que, haciendo una valoración puramente objetiva, Rachel besaba muy bien. Así que, Quinn se concentró en los detalles estúpidos, al igual que lo había hecho durante aquel partido de fútbol, y durante cada visita al ginecólogo/obstetra dos años atrás, porque eso la ayudaba a no entrar en pánico. Y entrar en pánico, ahora mismo, no era una opción, aunque eso no estaba ayudando mucho a contrarrestar la rara sensación en su estómago o a deshacer el nudo en su garganta.
Rachel besaba muy bien. Utilizaba sus labios con cuidado, burlándose de ellos a veces y luego rozándolos contra los suyos con mayor intensidad, antes de finalmente deslizar su lengua y pasarla suavemente por su labio inferior.
La boca de Finn se abrió automáticamente y Rachel emitió un sonido de satisfacción antes de retirarse.
–Estás...–, comenzó a decir, pero entonces Rachel volvió a poner una mano en la nuca de Finn, y mierda, ahora sí que se estaban besando; Rachel se colocó de rodillas, casi a horcajadas sobre su regazo, las manos encerradas detrás de su cuello ayudaban a mantenerla en su sitio, excepto ese roce de su pulgar, oh, Dios, ¿cuál era ese lugar? Nunca lo había encontrado en Finn, y nadie lo había encontrado en ella, Dios, esto es tan…
Rachel exhaló, apartándose un segundo para mirarla. –Estás dejando que te bese–.
–Hum… yo…–, dijo Quinn a tientas, preguntándose qué demonios hacer con sus manos, ahora que estaban hablando. ¿Iban a la espalda de Rachel? Bueno, obviamente, pero ¿a qué altura? ¿en las caderas? Y, en realidad, ¿no era este más o menos el final de su experimento?, podía fingir un dolor de cabeza, realizando la mayor ironía sobre los roles de género de todos los tiempos. Sin embargo, de alguna manera, sólo estaba mirando estúpidamente a Rachel, quien estaba reduciendo el cuerpo de Finn en gelatina con ese lento y suave rasguño justo en la base de su línea de cabello.
–No, está bien... es– dijo Rachel, antes de sonreír de una manera que... Vale, no, no acababa de pensar en Rachel como alguien sexy, porque eso era simplemente...
–Bésame otra vez–, exigió, porque Jesús, al menos eso era mejor que lo que el cuerpo de Finn estaba llevando a su mente.
Al parecer, unos meses más con otra novia no habían hecho que Finn tuviera menos ganas de besar, y la sorpresa de Rachel al ver que se lo tomaba con calma tenía mucho más sentido cuando recordaba cómo era besarle normalmente. Era extraño, como reproducir una película en el espejo, pero de todos modos deslizó una mano hacia el centro de la espalda de Rachel y le devolvió el beso con un poco más de fuerza, aunque no pudo llegar a la extensión total del ataque con lengua que Finn normalmente hacía cuando besaba porque… ¡Oh, Dios!, era asqueroso. No necesitaba saber si Rachel tenía las amígdalas o no.
En realidad, ya sabía que Rachel todavía tenía las amígdalas, y eso era un recordatorio agudo de lo irritante que era la chica que la estaba besando.
Blah blah blah mis cuerdas vocales prefiero tener amigdalitis, blah-
Rachel gimió, con fuerza, y todos los intentos de Quinn por no pensar en lo que estaba haciendo se esfumaron, porque... Oh, no. Rachel estaba en su regazo; presionando contra ella, y gimiendo, y-
No. No, no, no, no. Este no era su regazo. Era el regazo de Finn, y el regazo de Finn le estaba diciendo unas cuantas cosas en voz alta y clara ahora mismo, la principal de las cuales era que tenían que dejar de besarse. Ahora.
–Mi cabeza, mi cabeza–, jadeó, tratando de no apartar bruscamente a Rachel de ella, y luego, en el momento posiblemente peor actuado de la vida de cualquiera, se agarró la sien.
–Oh, Dios mío, lo siento mucho, ¿estás bien? – preguntó Rachel.
No necesitaba este tipo de preocupación, porque estaba sucediendo -estaba empezando a tener el mismo tipo de ataque de pánico que había tenido que cuando se quedó atrapada en el baño porque a Frannie le gustaba hacer ese tipo de bromas cuando eran niños- sus pulmones no recibían suficiente aire y su cerebro latía con presión.
–ag…agua–, logró, y luego hizo girar las piernas de Finn sobre el borde de la cama, antes de dejar caer su cabeza entre sus piernas. Unas cuantas bocanadas de aire más tarde y las estrellas en su visión estaban empezando a desvanecerse, apenas se apartó cuando sintió una mano en su espalda y, momentos después un vaso de agua apareció frente a ella.
Lo bebió lentamente, sin mirar a Rachel. No miraba nada, en realidad, porque todo lo demás en esta habitación era también de Finn y ella necesitaba...
Oh, Dios, realmente no necesitaba ser Finn ahora mismo.
–Lo siento mucho. Tenías razón, no debería haberte presionado–, decía Rachel, en voz baja. –No esperaba... hum. Vaya. Realmente no sé qué decir, Finn–.
–Está bien–, dijo ella, limpiándose los labios con la manga de su camiseta de rugby. –Sólo necesitaba un momento–.
La mano en su espalda estaba frotando en círculos lentos, y en realidad estaba funcionando para calmarla, lo que la sorprendió. Parecía ridículo pensar que nadie había intentado eso antes, hasta que recordó dónde solía tener ataques de pánico, y quién había estado cerca para tratarlos por ella.
Las chicas grandes no tienen miedo a la oscuridad, Lucy.
Suspiró y terminó el resto del agua, antes de poner el vaso en su mesita de noche.
Sólo entonces lanzó una mirada hacia Rachel, quien nuevamente tenía esos ojos de preocupación, y no sabía qué hacer con ellos más que ayer.
–No puedo esperar a que las cosas vuelvan a la normalidad–, murmuró finalmente, dejando caer la cabeza sobre sus manos. –Dios. –
–Lo harán, Finn. Lo sabes–, dijo Rachel, y Quinn cerró los ojos, bloqueando todo excepto esa pequeña mano en su espalda, manteniéndola firme por el momento.
Podía hacerlo.
Realmente podía hacerlo, siempre y cuando el cuerpo de Finn no intentara arruinar las cosas para ella.
