CAPÍTULO 7
18 de Noviembre
Cuando Sam finalmente se alejó, encendiendo las luces por última vez mientras Finn estúpidamente levantaba una mano para despedirlo, cerró la puerta y se desplomó contra ella. La compra de comestibles era un infierno.
De acuerdo, había una parte de él que estaba súper aliviada de que Quinn le hubiera dejado una lista de cosas para comprar, aunque todo lo que había allí le diera ganas de apuñalarse. ¿Granola? ¿Yogur dietético? ¿Té y no café? ¿Básicamente toda la fruta del mundo y más ensalada? Al menos ella había puesto algún tipo de pasta, pero cuando la mano de él había alcanzado un poco de Kraft Mac, Sam le había lanzado una mirada tan divertida que había tenido que convertirla en una especie de movimiento raro de "soy una chica y necesito arreglar mi pelo".
Excepto por la parte en la que se había puesto un sombrero para ocultar la venda -estaba bastante seguro de que Quinn habría hecho lo mismo, en realidad- y entonces lo único que pudo hacer fue... quitarse el sombrero. Como un detective británico de una de esas aburridas series de AMC que a su madre le encantaban.
Sam había estado demasiado ocupada con las matemáticas de la factura total como para prestarle demasiada atención, y Quinn había sido lo suficientemente inteligente como para enviarle un mensaje de texto recordándole que debía sacar dinero en efectivo con su Visa de débito porque estaba vinculada a la cuenta de la tienda de comestibles que su padre ingresaba automáticamente al final de cada semana.
El código PIN de ella lo había confundido por unos momentos, porque no era su fecha de nacimiento -y eso era lo que todo el mundo usaba, si no, ¿cómo se suponía que lo iba a recordar? -, pero cuando pensó un poco más en el 0309 casi se le cayó el fajo de billetes que tenía en la mano.
Mierda.
Después de eso, sólo había sido cuestión de seguir las indicaciones. Se había puesto un vestido (y Quinn, afortunadamente, no era muy peluda ni nada parecido, sus piernas le parecían bien, así que no había tenido que intentar afeitárselas ni ponerse mallas -que no sólo eran como un bloqueo total de la polla, sino que además parecían tan cómodas como andar con un condón o algo así-), pero lo había combinado con unas zapatillas deportivas que había encontrado en el fondo de su armario porque: joder, no, esas cuñas otra vez no.
Ahora que estaba de vuelta en casa, lo único que podía pensar era que se había gastado casi cien dólares en comida y no había nada en absoluto que quisiera comer de eso. Habría matado por una bolsa de Doritos o algo así; tal vez un refresco para beber mientras jugaba... Y, joder, ese era otro problema.
Se sentó pesadamente a los pies de la escalera, junto a una caja, y sacó el teléfono de Quinn. No tenía ni idea de si su plan era ilimitado o no, pero da igual, podría ocuparse de eso cuando la madre de Quinn empezara a gritarle... o a quienquiera que pagara la factura del teléfono.
No es que pudiera imaginarse a la madre de Quinn gritando.
Después de unos instantes de volver a mirar el teléfono, suspiró. Iba a tener que empezar a teclear con palabras completas, porque, sí, Quinn sabía que era él, y estaría bien que recibiera mensajes normales de él o lo que fuera, pero no quería arriesgarse a meter la pata enviando mensajes a Sam de esa manera. Podía echarle la culpa a su cabeza por ahora, pero... podría acostumbrarse a ello.
Oye cuando vengas mañana puedes traer la Xbox o la PS4?
El teléfono vibró medio minuto después, con un breve Xbox;
–Considera leer un libro, y gracias por tratar de hacerlo legible, pero yo uso la puntuación, además de la ortografía.
–Si estoy tratando de ser tú, tienes que tratar de ser yo
–en mi cazo, como podria eliminar mis selulaz serevrales?
–¡Qué demonios Quinn!, nadie escribe así (¿mejor?)
Se rió del mensaje y lo volvió a meter en el bolso -otra cosa que le molestaba; iba a tener que comprarle una chaqueta con bolsillos, o algo parecido, porque llevar esa cosa a todas horas- lo iba a perder en algún sitio por accidente, entonces alguien encontraría su teléfono y se daría cuenta de que algo realmente jodido estaba pasando.
En realidad, lo único que quería era irse a la cama y no volver a despertarse hasta que todo esto terminara, pero el sentía el estómago de Quinn como un agujero entre las costillas, así que tenía que meter algo en él.
De acuerdo:
La granola era asquerosa... pero si añadía unas uvas y un plátano al yogur light y luego echaba un montón de azúcar sobre todo el bowl, en realidad sabía bastante bien.
Su creación estaría mejor con algunos malvaviscos, pero éstos no habían estado en la lista de la compra, y supuso que podría durar al menos 24 horas antes de cabrear a Quinn hasta el punto de tener flashbacks de guerra de la época en la que salía con ella.
La aterradora Quinn estaba ahora en su cuerpo, lo que significaba que ahora tenía unos putos brazos enormes y probablemente podría matarlo.
...iba a tener pesadillas.
La cama de Quinn era, bueno, sí. No era cómoda.
Además, no tenía ni idea de con qué dormía; en realidad no tenía una mesita de noche, y ninguna pila de su armario gritaba realmente ropa de dormir, aunque tenía que admitir que no sabía realmente lo que estaba buscando. Santana dormía en lencería, o bueno, él pensaba que lo hacía por aquella vez que lo habían hecho.
¿Pero Quinn?
Volvió a echar un vistazo a los montones, buscando algo de franela con animales o como un pijama de pies (que era con lo que dormía Rachel, estaba bastante seguro, aunque no en verano) y finalmente se dio por vencido.
–Duermes desnuda?
–¿Qué? NO.
–Vale, entonces duermes con una sudadera y unos jeans porque no encuentro nada que te pongas para dormir
–Mira debajo de la cama, imbécil.
Ahí estaba: su ex-novia de un año y medio. En realidad, era bastante bueno escucharla como él la recordaba. Al menos algunas cosas eran normales.
Inclinó la cabeza sobre el borde de la cama y alcanzó una caja que había allí y tiró de ella; la tapa se volcó antes de que pudiera detenerla, y fue entonces cuando el teléfono vibró de nuevo.
La caja azul, no la blanca. No toques la caja blanca, por favor.
Demasiado tarde, pensó, y miró dentro de la caja y vio- Oh.
Recordó esa foto. Recordó no haberla visto en persona, y recordó haberla pegado en la esquina de la pantalla de su portátil y haberle cantado. Y hablar con ella, casi todas las noches durante unos meses, porque Quinn no le hablaba de ello y él tenía que hablar con alguien.
El hecho de que ella no quisiera hablar con él tenía mucho más sentido ahora. En muchos niveles.
Volvió a buscar la tapa a ciegas y la cerró de golpe en la caja, soltando una lenta respiración cuando se cerró, pero no estaba haciendo nada para deshacerse de ese dolor en el pecho.
Caja azul. Había una caja azul en algún lugar debajo de la cama, y...
Allí. Camisas de manga larga con cuello v y unos cuantos botones en la parte delantera, y esos extraños tipos de pantalones que en realidad no llegaban hasta el suelo y que, por alguna razón, las chicas seguían pensando que eran geniales.
El vestido de Quinn se encharcó en el suelo cuando desabrochó la hilera de botones del lateral. Volvió a tomar el vestido y lo colgó en una percha, antes de volver a ver a Quinn en el espejo y...
En realidad, era algo relacionado con la iluminación, porque la había visto desnuda y, aunque había estado entrecerrando los ojos todo el tiempo -para asegurarse de dar con todas las partes importantes-, había seguido mirando y no las había visto. Pero la iluminación de la lámpara de su mesita de noche ayudó a encontrarlas.
Allí estaban. Cinco líneas finas, que se extendían como telas de araña, a ambos lados de su estómago.
Tocó una, y se estremeció tan bruscamente que volvió a dejar caer el vestido y se limitó a mirar el resto de ella. Parecía que iba a llorar. ¿Quería hacerlo? ¿Ya lo estaba haciendo?
Cerró la puerta de golpe y cubrió todo lo que pudo, antes de meterse bajo las sábanas e inspirar profundamente, y se le cortó la respiración cuando se dio cuenta de que podía oler a Quinn. La verdadera Quinn, no sólo el perfume de Quinn, sino... Sólo Quinn.
Y Quinn no lloraría por nada de esto.
Volvió a respirar hondo y... vale, no. Necesitaba otra cosa en la que pensar. Algo bueno, aunque fuera sólo por unos momentos. Buscó el teléfono de Quinn, en la mesita de noche, ingresó a Facebook, hizo clic en sus amigos hasta que encontró lo que buscaba.
No dejó de mirar la foto de Rachel con su trofeo de las Regionales hasta que le empezaron a arder los ojos, agarró el celular y lo puso contra su pecho, había algo en esta acción que lo tranquilizó.
19 de Noviembre
El celular lo despertó horas más tarde; aunque todavía estaba oscuro, así que... ¿quién mierda lo llamaría tan temprano un sábado? Oh. Finn Hudson.
Sí, claro. Qué imbécil.
Rodó sobre su espalda y contestó, estirándose, realmente le gustó la forma en que la columna vertebral de Quinn estalló cuando lo hizo; como si incluso cuando dormía estuviera tensa y sólo tuviera que hacer algo para que eso desapareciera tan pronto como se despertara.
–¿Qué pasa bro? –, preguntó él, pulsando el botón verde del celular.
–Excelente elección de palabras–, oyó que su propia voz casi le gruñía.
–Eh...–
–No me "eh's", siseó Quinn, y luego sonó casi dolida cuando pidió, desesperada, –Sólo dime cómo hacer que desaparezca–.
Le tomó otro segundo y un bostezo loco, en serio, era casi como si la mandíbula de Quinn se separara de su cara... maldición, ¿qué tan grande era su boca? Y, oh, caramba, él no quería pensar nada de eso sobre ella, porque tenía una novia y...
–Finn, no estoy bromeando cuando digo que estoy a punto de perder la cabeza; han pasado quince minutos y sigue ahí–, añadió Quinn, sonando como si fuera a llorar.
Oh. –Oh–, dijo, y luego tuvo que apretar los labios para no empezar a reírse histéricamente. –¿Cuánto va a durar esto? –, preguntó ella.
No pudo evitarlo. Empezó a reírse. –Hum... Hombre, realmente no podría decírtelo, quiero decir. Normalmente me dirijo a la ducha y... lidio con ello–.
–Lidias dándote una ducha bien fría–, dijo ella, de forma forzada.
–No, Quinn, lidio masturbándome en una buena ducha caliente, y...–, empezó a decir él. –... ¿Quinn? ¿Estás...? –
Beep beep beep.
Vale, quizá era un poco tonto, pero da igual. Esto era prácticamente lo único realmente divertido que había pasado desde el cambio, y no es como si una erección mañanera fuera a matarla.
Pero... lo que sea. La aterradora Quinn hizo que volviera a llamarla después de otro minuto de risas.
–No pienses en algo sexy, no pienses en lo que sea que te guste, los abdominales de Sam o algo por el estilo–
–¿De verdad, Finn? – preguntó ella, mordazmente. –¿Crees que puedo pensar en los abdominales de Sam ahora mismo? –
–Simplemente no lo hagas, está bien–, dijo él, preguntándose cuándo exactamente la aterradora Quinn se había vuelto tan jodidamente divertida. –Hum-tienes que pensar en un cartero–.
–Tampoco quiero pensar en...– Quinn empezó a sisear, pero luego se detuvo. –Cartero. Claro. –
–Sólo piensa en lo peor que te ha pasado. Quiero decir, lo del cartero para mí fue como; tío, casi mato a alguien, y salió de la nada. Mi corazón casi se detuvo, ¿sabes? –
Quinn respiró hondo y dijo –Esta bien. Bueno, yo nunca he estado a punto de matar a nadie, pero...–
Estuvo a punto de decir algo realmente estúpido, como "tu vida es una mierda", lo cual podría haber sido cierto, pero... demonios, necesitaba un café. Y al parecer no iba a poder tomárselo, pero podía preparar un té.
Balanceó las piernas sobre el borde de la cama y dijo –¿Sabes qué? ¿Por qué no te quedas en el teléfono conmigo y me escuchas desayunar? Estoy seguro de que eso es lo suficientemente asqueroso para ti–.
Quinn se rio, brevemente, y luego dijo –No. Creo que... tengo algo. Y si no funciona, probaré esa ducha fría–.
Ya estaba al final del rellano cuando dudó y dijo –Ya sabes... quiero decir. Sé que es como, mi cuerpo, pero técnicamente lo tienes prestado. Así que... es como tomar prestado un videojuego de otra persona, ¿no? ¿Qué sentido tiene tenerle si no puedes anular una partida guardada?– Quinn guardó un silencio sepulcral, y luego gritó escuetamente –Sí, no, gracias–.
–Lo que quiero decir es que mi videojuego es... muy divertido, en realidad, y jugarlo me hace sentir bien–, dijo, abriendo la nevera y buscando más de su mezcla de sorpresa de yogur de anoche, antes de volver a cerrarla. –Y no sé, es un poco caliente pensar en ti haciendo esto...–
–Por favor, para–, dijo Quinn, con un suspiro. –Han pasado dos días. No me esperaba esto, aunque entiendo por qué me has avisado ahora, pero…–
–Quinn, de verdad. No es para tanto–, dijo él, rebuscando en su cajón de utensilios una cuchara, y luego recogiendo un poco de su desayuno. –Quiero decir, entiendo que no lo has hecho nunca, pero eso es sólo porque eres como súper cristiana. Rachel lo ha hecho y...–
–Tengo que irme–, dijo Quinn, bruscamente, y volvió a colgar.
–Qué raro–, dijo, antes de mirar la tetera en el fuego con un suspiro.
Okey, ¿qué tan difícil podía ser hervir agua?
Veinte minutos después, y con una taza de té en el microondas delante de él, se dio cuenta de repente de que no tenía nada planeado para el resto del día.
Bueno, sí lo tenía: Quinn iba a tener una cita doble con Blaine y Kurt, o algo así. Pero no tenía nada en marcha, y lo único que iba a hacer era dislocar el hombro de Quinn (¿el suyo?) y... ¿qué? ¿Pasar el rato aquí? Con un montón de libros y... DVDs.
Volvió al sótano y rebuscó en la caja de Disney hasta que encontró algo para adultos, aunque la mayoría eran películas para chicas con gorros o lo que fuera. De ninguna manera, él no estaba tan desesperado todavía.
Entonces, encontró oro, y casi abrazó el DVD que había encontrado, porque no sólo iba a ser divertido, también sería algo casi educativo.
Kurt se había referido una vez a Quinn como "la Regina George de los pobres", y parecía que por fin iba a descubrir qué demonios significaba eso.
El toque de la puerta le sobresaltó, así que puso en pausa el DVD.
–Ni una palabra–, le dijo Quinn, en tono de advertencia, antes de empujarle más adentro con un dedo en el pecho.
–Uh…–
–Ni siquiera eso, Finn. No te atrevas. No puedo creer...–dijo ella, inhalando bruscamente por la nariz y luego sacudiendo la cabeza.
Él levantó las manos en señal de disculpa. –Está bien, está bien. No voy a...–
–Y para que conste, no lo hice, así que tú tampoco lo hagas–, dijo ella, mirando a algún punto en la distancia, por encima de su hombro, con la mandíbula realmente desencajada. Mierda. Eso ni siquiera se le había ocurrido, a pesar de que se había duchado de nuevo, estaba como empezando a acostumbrarse a la forma en que sus tetas reaccionaban al aire frío y esas cosas. (En realidad, eso era un poco doloroso, pero no le parecía nada raro porque... bueno, da igual. Estaba claro que no iba a hablar con ella de sus tetas).
–Sí, de acuerdo–, murmuró, y luego observó cómo su rostro se dirigía a la televisión, donde su expresión cambió tan abruptamente que casi le hizo reír de nuevo.
–¿Estás viendo Mean Girls? –, preguntó ella, con un tono de voz incrédulo.
–No tienes muchas películas para escoger. Hum. Y, me imagino que soy una especie de mean girl ahora así que...– Oh, oh. La temible Quinn había vuelto.
–¡Dios!, si me comparas con Regina George después de esto te juro que...–
–Hum–, dijo él, y luego miró lo que ella le había puesto, que... ¡hey!, en realidad se veía bastante bien. –Me gusta tu camiseta de rugby. ¿De dónde la has sacado? –
Ella puso los ojos en blanco con tanta fuerza que él los oyó estallar, luego le puso una bolsa en las manos. ––– Toma. Tu Xbox –.
–Oh, mierda, joder, sí–, dijo él, básicamente abrazándola. –Quiero decir, no puedes quedarte mucho tiempo después de que te lleve al hospital o lo que sea, y yo estaba pensando ... ¿qué voy a hacer todo el día? –
Ella le dio una mirada que básicamente le dijo que se callara, y luego se dirigió a la cocina sin esperarlo. Dejó la Xbox junto al televisor y la siguió, dudando en la puerta cuando ella se llevó una botella de whisky a los labios y la engulló durante casi diez segundos.
Antes de toser fuertemente y luego decir, –Oh Dios, esto sabe horrible– con lágrimas en los ojos.
–¿Por qué...?–
–Me vas a sacar el hombro de su sitio, Finn. Me gustaría no ser del todo consciente de eso mientras sucede–, dijo ella, antes de hacer una visible mueca de dolor y tomar otros sorbos.
Él no sabía qué demonios decir a eso, y finalmente se limitó a preguntar: –No estoy seguro de querer saberlo, pero ¿sabes cómo dislocar un hombro o simplemente vas a tirarte por la ventana de tu habitación y esperar a no morir?–
Se rio y se limpió los labios. –Finn, ¿has escuchado alguna vez algo de lo que hablé el año pasado? –
–No sé; ¿alguna vez hablaste de algo que no fuera lo mucho que odias a Rachel y lo mucho que querías ganar el baile de graduación? –
Es gracioso; su propia cara no tenía la cara de póquer que tenía la de ella, y por eso cuando ella trató de suavizarla sólo terminó pareciendo herida.
–Estoy cursando todas las asignaturas de ciencias que puedo, porque quiero especializarme en pre-medicina en la universidad–, dijo finalmente. –Estoy bastante segura de que lo he mencionado al menos una vez–.
El caso es que lo había hecho. En cuanto lo dijo, él lo recordó: ella hablando de que la OSU no tenía el mejor programa para ello, pero al menos tenían uno y ella no tendría que ir a estudiar inglés a la SMU como había hecho Frannie. –Sí, lo hiciste. Lo siento. Es que...– dijo, y luego suspiró. –Doctora, ¿eh? –
Se encogió de hombros y dio un último sorbo, antes de volver a dejar la botella sobre la encimera y respirar profundamente. –Está bien. Esto va a tardar unos minutos en surgir efecto, así que...–
–¿Quieres ver Mean Girls conmigo? –
Se rio débilmente. –Sí, por qué no–.
Había algunas similitudes locas entre su vida y esta película.
Él era ese tipo Aaron, Quinn era obviamente Regina, y luego supuso que Rachel era esa chica Cady. Dios, esperaba que ella nunca se volviera tan estúpida como la chica Cady, pero bueno... Calendarios de gatos.
–Estoy borracha–, dijo Quinn, a su lado, sin parecerlo en absoluto, pero cuando la miró tenía una especie de sonrisa bobalicona en la cara y los ojos un poco vidriosos.
–Está bien. Uh. ¿Qué hacemos? –
–Es una combinación de ángulo y fuerza", dijo ella, antes de tener hipo y luego mirarle el pecho, como si eso fuera a hacer que se detuviera. –Tienes que, básicamente, -aplastar contra mí desde atrás–.
–De acuerdo, pero sería más fácil si pudiera tirar de tu brazo con mucha fuerza. No es que crea que pueda, porque eres una chica, pero...–
Ella suspiró. –No eres lo suficientemente fuerte, y por no mencionar que queremos asegurarnos de dislocar desde la parte anterior en lugar de la posterior, a menos que quieras perderte los playoffs de fútbol y la mayor parte de la temporada–.
Casi sonrió después de un momento. –Has estado investigando, ¿eh? –
–No tienes ni idea–, murmuró, y luego suspiró y se levantó. –Está bien. Sólo… finge que vas a escalar mi espalda, pero hazlo... tan torpemente como puedas. –
Puso los ojos en blanco. –Mira, sólo porque no sé bailar...–
–Sólo corre hacia mí; me estrellaré en tu mano y eso debería bastar–, dijo ella, después de un momento, y luego caminó hacia el pasillo, girando su muñeca un par de veces y luego respirando profundamente. –Me voy a caer espontáneamente pronto así que...–
Una parte de él pensó que esto era increíble; el resto de él sólo hizo una mueca de dolor cuando golpeó su propio cuerpo tan fuerte como pudo, y luego escuchó un repentino estallido cuando cayó encima de él.
–¡Dios mío! –, murmuró Quinn, entre dientes apretados.
–¿Estás...? –
–Llévame a un médico, ahora–, jadeó ella, y él se apartó de ella lo mejor que pudo, observando cómo rodaba sobre su lado izquierdo y luego se agarraba el brazo por el codo.
A veces era ridículamente dura, y él negó con la cabeza antes de decir–No tengo coche. Quiero decir, no tienes coche…–
–Todavía está encendido–, se las arregla para decir, las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos mientras trata de sentarse. Él la ayudó lo mejor que pudo, pero maldita sea, los brazos de Quinn no eran tan fuertes, y al final ella básicamente tuvo que ponerse de pie por sí misma, con un grito agudo y sus dientes casi mordiéndole la lengua.
Condujeron hasta el hospital despacio para no sacudirle el brazo, y sólo al mirar su propia cara empapada de lágrimas cuando estaban al ralentí en un semáforo -y sí, era una especie de joroba mental estar tan cerca del volante, pero da igual, conducir era automático de todos modos- se dio cuenta de que iba a echar de menos los playoffs.
–Mierda–, dijo, y apretó un poco más el volante.
–¿Qué? –
–Este año somos todos estatales. Tenía... bueno, no importa–, dijo, y sacudió la cabeza. –No es importante ahora–
Una de sus enormes manos alcanzó su muslo de todos modos, cubriéndolo cuidadosamente sin tocar ninguna pierna. –No pasa nada. Si todavía fuera una Cheerio...–
–Bueno. Al menos todo esto terminará antes de las Seccionales–, dijo, entrando en la intersección y luego haciendo una señal hacia el hospital. –Quiero decir. Ganamos algo, ¿no? –
Ella no respondió realmente. Él supuso que era sólo porque ella tenía demasiado dolor para una conversación estúpida que no necesitaban tener.
Él se detuvo frente a la entrada de urgencias y luego caminó alrededor del coche, abriendo la puerta para ella y apoyándose para que ella pudiera salir apoyándose fuertemente en su brazo. Era... sí. Estaba seguro de que parecían muy graciosos, este tipo gigante con una cara increíblemente blanca ayudándose de una chica diminuta con un vestido, pero ¿qué otra cosa se suponía que debían hacer?
Se sentó con ella hasta que llegaron sus padres, y luego suspiró aliviado cuando fue Burt y no su madre, porque... bueno.
–Mierda, Finn–, dijo Burt, sentándose al lado de Quinn y luego haciéndole un rápido gesto con la cabeza, como si dijera "Gracias, pero yo me encargo". Reconoció un despido cuando lo vio, y se limitó a apretar el brazo bueno de Quinn durante un segundo.
–Espero que lo arreglen rápido. Y que no te duela mucho–
Ella le dedicó una sonrisa débil y dijo –Gracias, supongo. Por traerme hasta aquí. –
Se levantó y empezó a salir de la sala de espera del hospital, pero no antes de que pudiera oír a Burt preguntar en voz baja qué había estado haciendo "Finn" en la casa de los Fabray y cómo se había hecho daño, y también captar la explicación fácil y completamente convincente de Quinn sobre cómo le debía una después del accidente y ella necesitaba a alguien que la ayudara a mover una estantería era- Bueno, casi sonaba como él, en realidad.
Buscó su celular por un momento y estuvo a punto de enviar algo estúpido como "buen trabajo, bro" o incluso un "a veces eres increíble", pero... ¿realmente querría ella escuchar eso de él?
Se frotó la mejilla, todavía sorprendido por lo suave que era, y luego se dirigió de nuevo a la parada del autobús; preguntándose qué podría decir, y luego recordando que tenía una casa que limpiar más y una madre que volvía a casa de... un retiro. Iba a tener que llamarlo retiro. Y probablemente fingir que no pasaba nada, porque eso es lo que hacía la familia de Quinn. Fingir que no pasaba nada, todo el tiempo.
En estos días, él sabía cómo se sentía eso.
