Ranma ½ es una obra cuyos derechos pertenece a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro.


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Momento: 02

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Después de varios meses había sido difícil para Akane acostumbrarse a tantos cambios, ahora estaba sola como nunca antes, en un barrio alejado de Nerima donde había crecido y limitado. Rentar en departamento de menos de 15 metros cuadrados no fue un problema, su tiempo se distribuía en la universidad y su trabajo por lo que no pasaba mucho tiempo en casa; comenzó de cero si no fuera por la ropa que trajo consigo, la cual cambio un poco de estilo al pasar más tiempo en el centro de Tokio.

Desde aquel día pocas veces había hablado con su familia sobre su bienestar limitándose a un par de palabras sin preguntas, mucho menos menciones de personajes como Ranma Saotome. Sus únicas noticias eran el televisor con las novedades deportivas de un joven recién descubierto con un talento en las artes marciales, a quien le empezaba a ir bien.

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Días antes de que Akane se fuera, Ranma se había inscrito a su primer concurso oficial en una compañía de lucha reconocida. Desde su último año de preparatoria pequeños concursos habían sido su vale de experiencia para participar, aunque no se necesitó más cuando los representantes vieron el talento natural del muchacho, sin mencionar que efectivamente había ganado cada etapa, y al momento sin ninguna derrota.

Hablar de sus sentimientos con respecto a ese día era punto y aparte, el orgullo de Ranma, a su sentir fue totalmente pisoteado, pero esta vez no fue una Shampoo bajo el efecto de una joya, no, era Akane, su prometida, su compañera y lo más importante aunque nunca lo dijera su amiga, la que lo abandono sin decir mas. Estaba molesto, realmente molesto, y si ella iba a seguir con su vida él haría lo mismo. No la perseguiría como un perro, ahora sabía que no había sido secuestrada por un semidiós, ni estaba bajo ningún hechizo aunque lo llego a sospechar, esta vez fue ella la que se alejó como en Ryugenzawa y la dejaría ir, por ella y por él. Y aunque no lo pareciera habían tomado al fin una decisión por ellos mismos.

—Hola mamá —saludo cordialmente al auricular. Ranma se encontraba en el departamento de algún hotel esperando la noche para su próxima pelea.

—Oh hijo te viste tan varonil en el enfrentamiento de ayer —sus ojos iluminados notaba la felicidad por su hijo.

—Gracias mamá pero dices eso de cada una de ella —en su alta autoestima los halagos lo hacían subir aún más, sin embargo escucharlos de su madre era algo más profundo.

— ¿Vendrás a casa? —temió su respuesta apretando más el teléfono.

—No… no lo creo —no quería hacer especulaciones pero sabía que no era buena idea. Después de aquel día aunque el matrimonio Saotome seguía viviendo con los Tendo, Ranma se alejó poco a poco al conseguir su propio dinero.

—Ella tampoco —el silencio pasó de su ubicación a otra oyéndose solo la estática de teléfono.

—Lo siento —sintió un hueco en el estómago por separarse de su madre, de nuevo por promesas echadas al aire.

—Yo también —llevo su mano al pecho— por no actuar correctamente. Debí detenerla.

—No, así debió pasar… Tengo que irme mamá hablamos luego —no espero su respuesta cuando el sonido de la bocina se escuchó.

—Mis niños —se lamentó Nodoka girando a ver a su esposo y su amigo más cansados que tiempo antes, jugando shogi a las puertas del jardín.

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— ¡Al fin! creí que la vacaciones de invierno jamás llegarían —tres jóvenes caminaban por los estrechos callejones de Shinjuku

—Aún falta un mes Mayura —corrigió la exageración de la joven.

—Bueno no importa. Que dices Akane vamos a la cafetería —la chica seguía con su alegre actitud dirigiéndose ahora a la callada Tendo.

—Lo siento hoy es viernes tengo que ir al restaurante —suspiro. Si bien Akane sabía que el hecho de haberse ido a vivir sola no sería fácil, cada día era más pesado que nunca. El primer semestre de la universidad tuvo que pagarlo con sus ahorros pues a pesar de sus buenas calificaciones no había obtenido alguna beca, hasta el segundo semestre. Antes de irse había buscado en cada página de internet algún departamento barato y cercano pero lo más que pudo fue un pequeño lugar en el barrio de Adachi que no estaba nada mal, cerca se ubicaban tiendas muy ahorrativas para comprar víveres lo que Akane provechaba lo más que podía; aunque a quien engañaba no había intentado cocinar gran cosa por miedo de quemar su nuevo hogar. Ahora todo su dinero se iba en facturas de agua, luz, comida, transporte, etc., después de un par de meses Akane vivía con el estrés al 100%.

Sin ayuda de sus padres tuvo que conseguir dos empleos, cosa que igual no fue sencilla pues tenía que ajustarse a su horario universitario y largos caminos ¿acaso podía pedir algo más?

De viernes a domingos Akane era empleada en un lujoso restaurante en Shinjuku, pasando todo su horario de pie al pendiente de cada mesa y pedido. Cada minutos le había costado gran esfuerzo al comienzo, con el tiempo sus habilidades florecieron al convertirse en una sumisa mesera, con un caminado rápido pero seguro y femenino, sus hábiles manos que usaba para golpear bloques ahora eran más veloces para tomar con equilibrio cada bandeja. Y su sonrisa como talento natural.

Sin embargo aquel trabajo no fue suficiente, de lunes a miércoles la joven Tendo trabajaba en un konbini 24hr. En el cual aprovechaba para terminar sus deberes escolares o estudiar, llegaba a casa a eso de la 1 de la madrugada solo para dormir, al ponerse el sol se levantaba para alistarse para un día más de escuela; y la rutina se repetía.

—Buena tarde señorita Tendo, de nuevo tarde —negaba un hombre de mediana edad al llegar a los vestidores.

—Lo lamento señor Nagako —se inclinó un poco en muestra de respeto. Su agenda era muy apretada para llegar a tiempo a cualquier lugar.

—Esta es la décima muchacha, no sé cuánto más podre excusarte. Tus compañeros aunque amables se muestran inconformes con tu comportamiento.

—Claro como ellos no pagan un departamento y la universidad se creen con el derecho de criticarme —decía tratando de contenerse.

—Y por la misma razón sigues aquí, todo el mundo tiene sus problemas, no te dejes llevar por sus palabras Tendo—salió de la habitación para dejar que se cambiara con el uniforme.

—Niños tontos —azoto la puerta del casillero haciendo eco por los pasillos. Aspiro hondo para calmarse, se aliso la falda y acomodo su cabello en una coleta encaminándose a su martirio.

Entro a la cocina saludando cortésmente hasta salir por la puerta de vaivén donde el murmullo de las personas zumbaron en sus oídos, los utensilios raspando los platos, la puerta anunciando un nuevo comensal al que debía atender, todo se juntaba para ser un creador latente de ansiedad.

— ¡Esa pelean fue increíble! —el hombre con traje miro detrás de su hombro esperando la entrada de su acompañante.

—Fue sencillo, el tonto se confió de su fuerza, olvido que yo soy más rápido —se jacto con su sonrisa ladina. Y como si todo desapareciera ese timbre de voz llego a su oído erizando su piel, lentamente giro si cuello hasta verlo entrar, un poco más alto y fornido o tal vez solo fueron sus recuerdos pasados.

—Ranma —su nombre tembló en sus labios, miro hacia todos lados desesperada en busca de una solución pero era la única en turno y para su fastidio se habían sentado en su área. Regreso lentamente casi tropezando hacia la cocina.

—Pero que haces, acaban de sentarse en tu mesa ve a atenderlos —agredió una chica de su edad. Pero Akane ni siquiera la escucho, sus ojos suplicaban por ayuda, ayuda que no obtendría.

—Yo sé lo que hago, Nery —la miro a la cara con el ceño fruncido—. Si los atiendo o no será mi problema.

Salió de la cocina a paso lento y seguro, sus tacones sonaban al compás del cruce de sus pies uno a uno elegantemente.

—Buena noche —se presentó inclinando su espalda—. Estoy a su servicio.

Allí estaba de nuevo esa dulce voz que hacía casi un año que no escuchaba, apareciendo donde menos lo imaginaba. Sus ojos se encontraron rápidamente causando un estruendo en el cielo, de aquellas auras tan poderosas mezclándose de nuevo.

—Akane —pronuncio en un susurro, ¿era así como su nombre siempre había sonado en sus labios?

No, esta vez fue diferente.

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Continuara...