CAPÍTULO 8.

19 de noviembre

Amaba a Burt Hummel por no hacer ninguna pregunta.

Nada más allá de un "¿por qué estabas ahí?", que parecía ser la pregunta del día sobre Finn y Quinn en la casa hummel/Hudson. ¿Por qué preocuparse en absoluto?

Lo que estaban dejando de lado era la parte en la que ella no tenía nada que hacer con él, después de que él fuera lo suficientemente amable como para darle una segunda oportunidad. Dios, su cabeza estaba borrosa. Ni siquiera podía hilvanar una oración, y sentía que su cabeza casi se hundía en el asiento del coche junto a Burt.

Cocodamol no era exactamente tan impresionante como esos disparos de morfina de los que el entrenador Sue S. a veces los llenaba cuando se torcían los tobillos justo antes de un gran juego, pero estaba a la altura, en términos de hacerla olvidar cosas.

Por un momento fantástico, olvidó que era Finn. Se sentía ella misma.

Entonces, Burt bajó de golpe la mano al claxon del coche y ella se incorporó de nuevo, retorciéndose el brazo en el cabestrillo por accidente y gritando antes de poder detenerlo.

–Maldita sea, lo siento; ya casi llegamos–, dijo Burt, poniendo una mano en la pierna de Finn dándole unas torpes palmaditas.

Cerró los ojos de nuevo y dejó que su cabeza se hundiera contra la ventana, y pensó en la única otra vez que se había sentido así, tan fuera de sí, como si su cuerpo estuviera flotando lejos de su mente.

Por supuesto, en esa ocasión sólo duró cinco minutos antes de que tuviera que empezar a empujar.

Probablemente, nada se compararía al dolor que sintió aquella vez.


Kurt llevaba un delantal cuando volvieron, y ella parpadeó un par de veces antes de decir –Llevas un delantal…bro–

–Sí, Finn. A veces a los que sabemos usar correctamente una cocina no nos gusta ensuciarnos mientras la usamos–, dijo Kurt, y luego negó con la cabeza.

–Sinceramente; si no pensara que en general estás demasiado... feliz para estar en depresión, me preocuparía por ti en este momento. –

–Es sólo una dislo…disloca ... es sólo mi hombro–, dijo ella, intentando pronunciar la palabra y fallando horriblemente. Su brazo se estaba volviendo un poco pesado; quizás como si su cuerpo estuviera recordando que era el brazo de Finn, o algo así. Excepto que el resto del cuerpo también era de Finn.

¡Oh!, las drogas y hablar con Kurt no eran una buena combinación. Realmente no lo eran.

–Bien–, dijo Kurt, cruzando los brazos sobre el pecho e inclinando la cabeza. –Bueno. Pareces tan unido como un rinoceronte en un concurso de belleza, así que... Me alegro de que ya me haya tomado la libertad de cancelar la cita que teníamos planeada a favor de ... una cita in, este sábado. –

–¿Una qué? – Ella realmente necesitaba acostarse o sentarse. En un segundo, Kurt se adelantó y le rodeó la cintura con un brazo, manteniéndola firme hacia la pequeña mesa de la cocina en el rincón. La gigantesca cabeza y el cuerpo de Finn apenas cabían allí, pero después de un minuto de casi caerse con las piernas bloqueadas, estaba bastante sentada.

Se sintió como un triunfo.

Cita in. Donde... hacemos lo mismo que en nuestra cita al exterior, pero en el interior. Pensé en una cena con temática de murder mystery, pero dado que casi mueres sería cruel preguntar si podrías hacer de cadáver... de nuevo, entonces Blaine sugirió que podríamos tener una cena más…normal y ver una película–.

Había tantas palabras saliendo de la boca de Kurt que ella sólo asintió. –Genial. –

–En... honor a tus heridas, las cuales parecen multiplicarse, estábamos pensando que probablemente deberías ser tu quien elija la película. Aunque te lo ruego; por favor, nada con las palabras "futbol" o "auto" en el título, dijo Kurt, haciendo una mueca de dolor y acercándose al horno, agachándose, mirando lo que había dentro de este.

Olía bien. ¿Era vegano?

–¿Es vegano? –, preguntó, antes de poder contenerse.

–Rachel dijo que traería su propia cena–, dijo Kurt, y luego sonrió débilmente. –Aunque es bueno que finalmente recuerdes que ella no come carne ni lácteos–.

No dijo nada durante un rato y luego se preguntó qué demonios elegiría Finn como película para ver mientras estaba drogado; algo increíblemente inane, con muchas secuencias de acción, y una chica con... bueno, pechos más grandes que cualquiera de sus ex-novias.

–Eh... esa película con robots gigantes–, dijo finalmente, cuando las palabras no le salían. –Con... esa chica de pechos grandes–. Kurt puso los ojos en blanco, antes de pinchar la bandeja del horno con un tenedor. –Dios, ¿Transformers otra vez? –

–La tercera–. Era la única que no había visto con Finn.

–Megan Fox no sale en la tercera, Finn–, dijo Kurt, cambiando el temporizador del horno, luego lanzó su guante sobre la encimera.

–No importa, me gustan los robots–, murmuró, lo que en realidad era una cita textual de Finn del año pasado; aunque él lo había dicho con un poco más de entusiasmo.

Por supuesto, él no se había dislocado voluntariamente el hombro justo antes de decirlo, y no había...

–Necesito acostarme–, dijo, y miró su enorme y torpe cuerpo. ¿Cómo iba a bajarlo por las escaleras?

–No señor, no puedes bajar las escaleras; sin embargo, el sofá es una buena opción–, le dijo Kurt casi cantando, y ella trató de no hacer una mueca de dolor; no, realmente no es bueno ni para su persistente dolor de cabeza ni para el resto de ella.

–Genial–, dijo, y se levantó con fuerza de la silla y atravesó la puerta hacia la sala de estar, donde...

Por supuesto, alguien había puesto una manta y una almohada para Finn. Con una nota que decía:

¡Deja de lastimarte! Con cariño, mamá.

Dios.


Se despertó cuando alguien la agarró suavemente por el hombro bueno. Se estremeció cuando Blaine se cernió sobre ella.

–Hola, bro–, dijo él, con bastante facilidad; luego bajó la mano para... oh, mierda, al parecer tenían una especie de apretón de manos varonil al que ella nunca había prestado atención. No es que la hubieran invitado a cenas familiares con Blaine y Kurt, cuando salía con Finn. Finn nunca había preguntado, y...

Bueno, si era completamente honesta, no es como si hubiera aceptado, porque la última cena familiar que había tenido con Finn no había sido precisamente lo mejor de su vida.

Sólo cuando ese pensamiento se asentó, buscó la mano de Blaine y dejó que la manipulara sin esfuerzo durante un momento.

–Es hora de tomar más pastillas, según Burt–, dijo Blaine, acomodándose en el borde del sofá junto a ella y entregándole un vaso de agua y dos pastillas más.

Oh, Dios, pastillas. Se suponía que no debía acercarse a ellas, aunque estuviera bien; pero iba en contra de las normas, y tendría que decírselo a Finn, para que su madre no enloqueciera por completo si tomaba una vitamina con el desayuno.

No es que Finn tomara vitaminas.

Tendría que decírselo de todos modos.

Las lágrimas se agolparon en sus ojos de forma imprevista, y vio cómo Blaine comenzaba a empañarse aun así podía notar como sus cejas se fruncían visiblemente; probablemente por lo marcadas que estaban en su cara.

–Finn, yo en tu lugar estaría llorando; no pasa nada–, dijo él, apartando la mirada y limitándose a sostener las pastillas hasta que ella finalmente las tomó.

El alivio no fue inmediato, y Blaine se limitó a sentarse a su lado hasta que finalmente sintió que un poco de adormecimiento se instalaba de nuevo en su brazo.

–¿Qué hora es? –, preguntó por fin, aclarándose la garganta dos veces para poder decir las palabras.

–Rach estará aquí en media hora; ya sabes que es súper puntual–, dijo Blaine. –Si quieres puedo ayudarte a ponerte otra camiseta o como tu quieras. Te prometo que no voy a mirar… –

–No seas ridículo–, dijo ella, antes de que pudiera detenerse; entonces suspiró, y se mordió el labio, y recordó que Finn podría tener un problema con que Blaine lo viera medio desnudo por razones totalmente diferentes a las que ella tendría. Ahora mismo no era una chica. Y estaba haciendo el ridículo. –Hum. No me importa… ya sabes…sé que no soy tu tipo–

Bueno, eso estuvo bien; Blaine sólo le dio una mirada de alivio y dijo –De acuerdo, porque no creo que Kurt pudiera soportarlo, ya que sabes lo que solía sentir por ti–.

Ella casi resopló de risa, porque, honestamente. Prefería que Kurt la desvistiera a que lo hiciera Blaine, pero claro, no se trataba realmente de ella. Y de nuevo: no era su cuerpo.

–Hum… supongo que debería... quiero decir. No vamos a salir pero debería verme... bien, ¿no?–

Mierda. Ella no quería hacerlo como una pregunta, pero Blaine se limitó a reírse y dijo –No es una cena de cinco estrellas, pero... sí, tal vez deberías llevar una camisa con dos mangas, al menos–.

Ella ni siquiera se había dado cuenta, y entonces empezó a reírse un poco después de todo. Blaine volvió a reírse también, y luego le tendió una mano.

–Vamos. Vamos a ver qué hay en tu armario–.


Lo peor de todo es que sabía exactamente lo que le habría puesto a Finn si hubiera sido ella quien lo vistiera para esa cita: una de sus mejores camisas de cuadros, preferiblemente planchada, un pantalón chino y unos mocasines de algún tipo. Un cambio con respecto a sus vaqueros y polos habituales, pero lo suficientemente Finn como para que le resultara familiar.

Al parecer, Blaine tenía otros gustos y, con cierta condescendencia, le explicó que, a Rachel, de hecho, le gustaban "los clásicos" -antes de especificar que se refería a películas en blanco y negro, como si Finn fuera de otro planeta o algo así- y que tal vez podrían jugar con una especie de estilo a lo Cary Grant.

Una respuesta mordaz se hinchó y murió en la punta de la lengua, porque no sólo no podía pensar con claridad en ese momento, sino que Blaine estaba siendo servicial y molesto al mismo tiempo, y ése no era el tipo de cosas con las que Finn habría estallado.

Diez minutos, y un grito inesperado más tarde, se puso una chaqueta con una camiseta y unos vaqueros negros. Cuando se miró en el espejo, casi se echó a reír, porque estaba bastante segura de que llevaba una mezcla de la ropa de descanso del señor Schue y del aspecto que tenían los chicos de Dalton cuando se despojaban de sus uniformes. Lo único que faltaba era...

–Toma–, dijo Blaine, antes de colgar una corbata delgada alrededor de su cuello. –Prestada por Kurt. Estará muy orgulloso de ti por mejorar tu atuendo de esta manera–

¿Quién demonios llevaba una corbata sobre una camiseta de cuello v?

Parecía una interpretación estudiantil de un beatnik. Finn Hudson parecía...

–Gracias, bro–, dijo ella, y dejó que él hiciera una foto con su iPhone con algo que se aproximaba a una sonrisa. Al menos, ésa era una forma de interpretar esa mueca ladeada en la cara de Finn.


Rachel resultó ser una aliada inesperada; cuando Blaine la dejó entrar yéndose a ayudar a Kurt en la cocina. Rachel colgó su propio abrigo y luego se acercó a la sala de estar, sólo para que sus ojos se desorbitaran cómicamente cuando vio a su novio. –Sí–, suspiró Quinn.

–Pareces...–

–Como si me hubieran ayudado a vestirme–, dijo ella, antes de llevarse un dedo a los labios y asentir hacia la cocina.

Rachel seguía con esa mirada de muñeca espeluznante, como si estuviera observando a Chuckie, pero sólo se acercó y se limitó a hacer una mueca por la corbata alrededor del cuello de Finn.

–Nunca pensé que diría esto, pero aparentemente hay algo malo que decir sobre los polos–, susurró entonces.

Quinn se rió un poco, casi resoplando como un caballo en el proceso, que-fantástico. –Son los medicamentos, no puedo…–

–Lo sé… Dios, bebe, ¿estás bien? ¿Otra vez? – Preguntó Rachel, sentándose a su lado con cuidado y haciendo una mueca. –Espero que otra vez no vayas a intentar decirme que eres otra persona, aunque ahora mismo pareces suficientemente medicado como para que eso que me estás diciendo tenga una explicación–.

Quinn sintió la lengua espesa, y después de un momento se limitó a reír débilmente. –No. Fue una estupidez; se me cayó encima una estantería–.

–¿Por qué la estabas moviendo? – preguntó Rachel, y esto es lo que Quinn no entendía, y probablemente nunca entendería. Rachel sólo preguntaba cosas como ésa, como si le importara. Como si tuviera alguna razón para preguntarse qué pasaba en la casa de Quinn. Pero no preguntaba por curiosidad, ni por una especie de curiosidad sobre cómo vivía el otro lado. Simplemente preguntaba cosas.

–Hum. Bueno, no tienen muchos hombres en casa, y me iba a encontrar con ella de todos modos para hablar de, por ejemplo, cuándo vamos a estudiar y esas cosas–, dijo, lentamente, concentrándose en cada palabra, para asegurarse de que sonaba lo suficientemente parecido a Finn.

–¿Accedió a ayudarte? – preguntó Rachel, y luego frunció el ceño por un segundo. –Eso es...–

–¿Qué? – preguntó Quinn, sin poder evitar la agudeza de su voz. –¿Pensaste que no lo haría? –

–No, sólo pensé que necesitaría más persuasión. Puede que le haya... hecho un PowerPoint, anoche, en realidad. Que podrías haberle mostrado, tiene puntos importantes como los méritos de esta idea y cómo no estoy de ninguna manera involucrado en ella–.

Era ridículo que no sólo tuviera que sufrir por tener un pene y un hombro dislocado, sino también por las sutiles raciones de culpa que Rachel le echaba encima cada vez que hablaban. Dios mío. No había hecho ni dicho nada terrible a la chica desde hacía años, y, sin embargo.

Y, sin embargo.

–No estoy seguro de que eso haya servido de algo, pero, de todos modos–, dijo finalmente, antes de hacer una mueca de dolor cuando Rachel se movió y el sofá se hundió.

–Ahora mismo te está creciendo la barba–, observó Rachel al cabo de un momento, y Quinn volvió a ver cómo se acercaba su mano a cámara lenta; era como una de esas grúas en un pozo de juguetes de feria, salvo que siempre conseguía la que quería, y...

Las pastillas le estaban dando mucho sueño, y la cálida palma de la mano de Rachel era realmente agradable, así que no era de extrañar que...


Se despertó con el olor de la comida. Finn estaba dolorido, pero hambriento.

–Ah, el Bello Durmiente despierta. Finn, por si sirve de algo, babeas excepcionalmente bien–, dijo Kurt, burlón, antes de coger el mando a distancia. –Mierda…lo siento –, murmuró, y luego vio como Rachel le daba un vaso de agua sin preguntar. –Eh... ¿ya han...? –

–Te hemos estado esperando; es tu elección, después de todo, y Dios, no tiene sentido ver una de estas películas sin ver el principio, en el que meten toda la historia de una serie interminable en dos minutos, sin limitarse a filmar por detrás a una chica atractiva–, dijo Rachel, cogiendo el vaso de agua de ella después de que hubiera tomado un sorbo, y luego entregándole un plato con un calzone.

Su estómago refunfuñó, ruidosamente, y se sonrojó antes de poder evitarlo.

–Me lo tomaré como un cumplido–, dijo Kurt; sonrió a Finn durante un segundo y luego se apoyó de nuevo en el brazo de Blaine, que entornó los ojos para ver los créditos y luego preguntó –¿Qué más ha hecho este tipo? –

Quinn comió en silencio mientras Rachel y Kurt recitaban básicamente toda la página IMDB de su carrera sin necesitar un solo punto de referencia, y luego los tres se rieron de un chiste sobre algo relacionado con Nueva York que ella tampoco captó del todo, pero...

–Aquí vamos; robots asesinos–, dijo Rachel, volviéndose hacia ella después de un segundo. –¿Te sientes bien para esto, Finn? Porque podemos...–

–No, está bien–, dijo ella, tapándose la boca con la mano mientras seguía masticando... y luego dejándola caer de nuevo, porque Finn nunca lo haría. No pudo evitar encogerse, pero eso podía achacarse al hombro. Su fantástico y maravilloso hombro. –Estoy emocionado por esto. Hum… ya saben… por pasar tiempo con ustedes y estas cosas… y uh, Megan Fox–.

Rachel puso los ojos en blanco, después se acomodó cerca de él, quien estaba mirando el calzone de nuevo, preguntándose si Kurt había preparado algo de comida que se pudiera comer con los dedos porque no había manera de que pudiera comer nada con los cubiertos en su regazo. No con su brazo izquierdo inútilmente envuelto en un cabestrillo, al menos.

Todos habían tenido en cuenta que ella estaba sin un brazo útil y se las ingeniaron para ayudar a su manera.

Sinceramente, no recordaba la última vez que alguien se había juntado con ella de esa manera porque se preocupaba, y no porque la necesitara en la cima de la pirámide.

Puede que los cuidados estuvieran dirigidos para Finn, pero... Bueno. Ella era Finn ahora, aunque fuera temporalmente. Eso significaba que podía aprovecharse.


La película era absurda, obviamente; era increíble en el mal sentido, y no podía creer que lo estuviera pensando, pero en realidad echaba de menos a Megan Fox, al menos ella había añadido un factor extra de astucia a una producción sin sentido e inútil.

Hizo lo que pudo para ver la película con los ojos clavados, que se le habían puesto vidriosos más por el cocodamol que por otra cosa, y trató de no reírse de los comentarios más mordaces de Kurt y Rachel sobre la trama porque -sinceramente- no estaba del todo segura de que Finn hubiera captado tanto sarcasmo.

Sin embargo, cuando la película terminó, se sintió somnolienta y un poco enferma de nuevo, y de repente se dio cuenta de que estaba rodeada de gente que parecía conocer muy bien a Finn. Y ella no estaba en su juego.

El pánico fue instantáneo, y se manifestó en…

–Oh, Dios mío, lo siento mucho–, dijo, tapándose la boca con las manos.

–Oh, ¿ahora te disculpas por ser un cerdo? – dijo Kurt, poniendo los ojos en blanco. –Sí, porque las primeras ochocientas veces que te he oído eructar no eran ofensivas; era sólo ésta, Finn–.

–Kurt, no seas tan malo; está bien, amigo, tu estómago debe estar alucinando con todas esas pastillas que has tomado últimamente–, dijo Blaine. –Recuerdo cuando hace unos años... ¿te acuerdas de aquel tight end de los Bears que tenía esa lesión de espalda tan fea? Cómo se llamaba...–

Todos la miraron expectantes, y lo único que pudo hacer fue emitir otro pequeño ruido de arcadas y mantener las manos sobre la boca, porque cómo demonios iba a saberlo.

–Creo que Finn necesita ir a la cama–, dijo finalmente Rachel, antes de volverse hacia Blaine. –¿Podrías ayudarle a bajar las escaleras? Yo ayudaré a Kurt a limpiar y luego podemos intercambiar–.

–Sí, claro–, dijo Blaine, y volvieron a subir. Blaine era mucho más fuerte de lo que parecía, y Quinn se apoyó en él con fuerza; el estómago se le revolvía con algo, pero tenía mucho más que ver con la mirada de preocupación de Kurt, que... ¿era preocupación? ¿Había hecho algo esta noche que...?

–Necesito ir al baño, voy a vomitar–, dijo, rompiendo a sudar al pie de la escalera; Blaine la guio hasta la esquina, y ella logró arrodillarse frente al inodoro antes de vomitar. Hacía años que no lo hacía, pero había algunas cosas que su cuerpo... Espera, no su cuerpo.

No era su cuerpo.


Seguía sintiéndose febril y con náuseas cuando Blaine y Rachel mantuvieron una conversación en voz baja junto al baño, y luego gimió cuando la cama se hundió cuando Rachel se acomodó en ella.

–Finn...– dijo Rachel, en voz baja, y luego sólo hubo silencio, hasta que sintió que le quitaban los zapatos, uno por uno, y luego los calcetines, y finalmente otra larga pausa, hasta que sintió las manos de Rachel sobre su cinturón.

Se levantó tan rápido que casi tiró a Rachel de la cama, y luego gritó cuando el dolor le atravesó el hombro; es cierto que fue un grito bastante varonil, pero aun así la hizo llorar y se hizo un ovillo.

–Oh, Dios mío, no llores–, dijo Rachel, sin tocarla esta vez -una lección aprendida, aparentemente, porque ¿en qué demonios había estado pensando? ¿Por qué intentaba quitarle los pantalones? -

–No puedo evitarlo, siento que mi brazo se va a desprender de mi hombro–, gritó, y luego sollozó realmente, porque esto era demasiado: tener que ser Finn, tener que hablar con Kurt, Blaine y Rachel, tener que lidiar con Rachel tratando de quitarle los pantalones.

Sus lágrimas finalmente disminuyeron cinco minutos después, y sólo cuando Rachel dejó de cantar se dio cuenta de que eso la había calmado.

–¿Qué fue eso? –

–Nuestra canción–, dijo Rachel, tras una pausa. –Iba a... bueno. Sorprenderte con ella, creo, pero…nos escribí una canción, y…–

–Nos escribiste una canción–, repitió Quinn, con una húmeda burbuja de risa alojada en su garganta. –Hum... wow. Está bien. Deberías... cantarla de nuevo más tarde, cuando esté... ya sabes. Cuando no este llorando. Como una niñita estúpida y débil–.

Rachel hizo un ruido de burla detrás de ella y dijo –No hay nada de débil en llorar por la cantidad de dolor que estoy segura de que tienes. De hecho, teniendo en cuenta lo bebé que eras este verano cuando te torciste el dedo, me he sentido muy orgullosa de ti por lo valiente que estás siendo con esto, ¿vale? –

Quinn cerró los ojos y luego se rio un poco, su cabeza volvió a dar vueltas. –¿Qué estabas haciendo con mis vaqueros? –

–No puedes dormir con el cinturón puesto, ya sabes… por la hebilla–, se limitó a decir Rachel, pero cuando Quinn se revolvió muy, muy lentamente, sus mejillas estaban un poco rosadas.

Fue extrañamente aliviador, al ver que aparentemente no era tan normal que Rachel fuera directamente a bajarle la cremallera, por así decirlo. Por no hablar de que, tal vez, sólo lo hizo porque Quinn sólo tenía un brazo y no estaba muy segura de cómo iba a quitarse los vaqueros sin pedírselo a la madre de Finn, o a Burt, o a Kurt.

¡Oh, Dios! Ninguna de esas opciones era atractiva.

–Bien, bien, ahora que sé que no estás haciendo un movimiento...– dijo, tan ligeramente como pudo, lo que obviamente era con tanto humor como si le estuvieran arrancando un diente.

Rachel se sonrojó más y dijo –No es que yo... no haya estado pensando en eso, pero realmente no estás en condiciones de hablar de esas cosas–.

Quinn tragó con fuerza y pensó durante un momento en los vectores de la cuarta dimensión para quemar una imagen completamente indeseada de su cabeza. –Eh, sí. Pero no puedo quitármelos yo solo, así que, quiero decir. Si te parece bien. Ya sabes–.

Rachel sonrió después de un segundo y dijo –Sabes, dado que he tocado tu pene, es realmente entrañable que sigas siendo tan...–

–Oh, Dios, Rachel, ¿puedes, por favor, sólo... tengo tanto dolor que podrías quitarme...? –, divagó, sólo para que se callara, Dios...

No, no, no. Sintió como su pene se retorcía un poco, pero gracias a Dios, no tanto como cuando se había despertado esta mañana y había sido... casi imposible deshacerse de él. De hecho, solo pudo hacerlo hasta que no pensó literalmente en la coronación de la cabeza de un bebé, como si alguna vez lo hubiera visto y no sólo lo hubiera sentido-.

Las manos de Rachel volvieron a dirigirse a la hebilla de su cinturón, pero esta vez estaba observando y viendo la forma rápida, eficiente y completamente no sexual con la que lo hacía; como una Florence Nightingale moderna, en realidad, con bonus de canto.

Lo único que dijo Rachel fue –Levántate– y lo único que hizo Quinn fue clavar los talones en el colchón, y adiós pantalones.

–¿Dónde están tus boxers de Batman? –. Preguntó Rachel.

–Tuvimos una cita… fui... por algo más elegante. Ya sabes… para acompañar a la corbata–, murmuró Quinn, preguntándose si era posible morir por tener a una chica mirando unos boxers que ni siquiera eran suyos como si la chica fuera una traductora y los boxers fueran la piedra Rosetta.

–Me gustan–, dijo Rachel, tocando el dobladillo.

–Me alegro–, dijo Quinn, retorciéndose y metiéndose bajo las sábanas lo más rápido que pudo con un brazo, y sin ser grosera. –Y eh, realmente necesito dormir. Pero quiero decir. ... ven aquí y bésame–.

Tenía las mantas hasta el cuello, lo que definitivamente impedía que algo realmente terrible sucediera por segunda noche consecutiva, y en su lugar todo lo que obtuvo fue esa mirada suave y tonta en la cara de Rachel -la expresión que asociaba con Rachel acechando a su novio, en realidad, excepto por el hecho de que iba a tener que corresponderla de alguna manera, ahora.

–hey–, se limitó a decir, y trató de sonreír. Dios, su falsa sonrisa de Polaroid era realmente un hábito entrenado, porque los músculos faciales de Finn simplemente no podían lograrlo. En lugar de eso, su voz sonó pequeña y cansada, y Rachel se levantó y se pasó una mano por el pelo, con los dedos frotando su cuero cabelludo por un momento.

–Llámame si te despiertas con dolor, ¿de acuerdo? Hablaré contigo hasta que puedas volver a dormir–, dijo, antes de inclinarse para...

Esto era diferente, porque no era como los besos a los que estaba acostumbrada, y definitivamente no había manera de asociarlo con un beso de Spin the Bottle o algo con el campamento de animadoras.

Alguien la estaba besando como si la amara, y era increíblemente desordenado y, sin embargo… era agradable.

Hacía mucho tiempo que no sentía algo así dirigido a ella, pensó, cuando Rachel se apartó.

Cuando le siguió un beso aún más suave y fugaz en la frente, y un rápido roce de los dedos por las puntas de su pelo se dio cuenta que incluso era posible que ella nunca hubiera recibido algo parecido a ese cariño.

Después de que Rachel se fue, estuvo despierta durante horas, y su desvelo no tenía nada que ver con el dolor en el hombro.