Ranma ½ es una obra cuyos derechos pertenece a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro.
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Momento: 06
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La noche ya había caído cuando un grupo de jóvenes con bastante energía entraban al kombini tomando cada bolsa de frituras que encontraban, la bulla inundo el tranquilo lugar interrumpiendo las labores de Akane quien se encontraba bajo sus cuadernos.
—Buenas noches —sonrió lo más amable, pero ellos la ignoraron, después de unos minutos de empujones y malas bromas se acercaron para pagar, sin perder tiempo Akane los atendió para que se fueran rápido del lugar por lo que sin esperar mucho salieron con la misma energía, no sin antes alzar la voz en busca de alguien mas.
— ¡Zen! ¡Muévete! ¿No vienes?—este que se encontraba al fondo del local, quien respondió de la misma forma.
— ¡Yo los alcanzo! —La máquina de café dejaba caer su última gota haciendo ondas en aquel líquido de delicioso aroma que inundaba el frío lugar.
Akane que no se había percatado del último chico volteo a verlo.
—Hola, Akane —sonrió amistosamente—, te molesta si te acompaño.
—Ah, no… —tartamudeo un poco—, no creo.
— ¿Cómo has estado? —se acercó al mostrador con cautela. El cálido vapor que salía de la boquilla del vaso llego al rostro de Akane.
—Bien, bueno en lo que cabe. He estado muy ocupada.
—Si como siempre —Akane noto una queja en su tono.
—Zen —reprendió la joven al chico.
—Oye no Akane, tranquila, perdón solo… sabes comencemos de nuevo —sonrió, para él esa chica era como dinamita podía encenderse en cualquier momento, sin embargo admitía que eso lo había atraído. Y aunque su intento por tener una relación no duro mucho, aun la quería.
Akane comenzó a reír igualmente—. Claro perdón.
—Como cortesía ¿No quieres salir esta noche? —Vio los labios de Akane entreabrirse ante la pregunta —Aunque se la respuesta.
La chica suspiro y con una sonrisa un poco apagada respondió—. No puedo, es final de semestre y tengo tareas al tope.
—No hace mal divertirse Akane, tus tareas seguirán allí al volver, pero estos momentos de… de compañerismo no siempre van a estar.
—Tu siempre estas allí y Mayura también. Y no saben cuánto lo agradezco.
—Pues claro que estamos, te queremos Akane. Ven —tomo la mano de Akane que se encontraba en el mostrador—, ven conmigo. Mayura también estará —Akane lo miro dudosa, su corazón latía muy rápido al ver sus ojos suplicantes que pedía la respuesta.
—Está bien —el rostro de Zen se ilumino en una sonrisa, mostrando su blanca dentadura.
La noche podía convertirse en horas demasiado largas o relativamente cortas dependiendo de la situación y es que no era lo mismo pasar 5 horas en un hospital donde cada segundo valía, a pasar solo 2 horas en aquella fiesta; parecía que cada minuto se alargaba con los retumbidos de las bocinas y el bullicio de las personas. Había hablado y reído con un par de personas pero su cuerpo pedía a gritos una cama, y el alcohol fluyendo por su organismo no la hacía sentir mejor.
Zen la miro de reojo mientras hablaba con sus amigos notándola cansada. Desde que la conoció había cambiado, no se dejaba vencer por nadie, nunca lo hizo, no obstante ahora era diferente no solo era amable y bondadosa sino astuta, no se dejaba manipular, ya no. La había conocido en el campus y fue cautivado por su sonrisa como muchos, no fue hasta que la conoció realmente que descubrió un lado de ella que nadie se atrevía a explorar, su carácter. Paso cada hora peleando por detalles insignificantes por qué amaba verla enojada; no sabía que había visto ella en él pero de alguna manera sabía que Akane también llego a quererlo. Aun así las cosas cambiaban muy rápido y Akane se alejó, aunque no la culpo.
Ambos llegaron al departamento de Akane a plena madrugada cuando las calles eran frías y sus pisadas hacían eco en los callejones por la soledad de la zona.
—Gracias Zen —sonrió de medio lado—, fue divertido.
—Podrás engañar a otros, sabes que a mí ya no —le peñizco la mejilla sacando una pequeña risa de parte de la chica—, descasa Akane —dio la vuelta alejándose con pasos lentos hasta que escucho la puerta cerrarse giro para ver aquel oscuro umbral sonriendo con amargura.
Su cabeza dolía parecía aun oír los zumbidos de las paredes sucumbiendo al volumen, se quitó los zapatos con pesadez sin abrir sus cansados parpados hasta que una presencia la alerto, con rapidez tomo el boken que tenía en la puerta adentrándose con cautela.
—Vaya, que horas de llegar —el chico recostado en el sillón se reincorporo somnoliento.
— ¿¡Que rayos haces aquí, Ranma!? —tomo con mas fuerza su arma, sin bajar la guardia.
—Ni siquiera pierdes el tiempo —se acercó a la ventana viendo la silueta del hombre alejarse.
—¿Cómo entraste aquí? ¿Cómo sabes donde vivo? —preguntaba con rapidez, todo era un caos en su cabeza.
—Tenía que saber más sobre la persona que retraso mi éxito —camino hacia ella poniéndose frente a frente, era igual de pequeña como la recordaba. Podía sentir como su aura lo golpeaba, estaba completamente enojada lo sabía, esa pequeña vena en su frente la delataba, sin mencionar como su nariz se arrugaba y sus ojos sacaban chispas—, solo entre a la oficina del director del hospital, no ocultan mucho sus documentos.
—Eso no te da ningún derecho ¡Largo de mi casa! —abrió la puerta en espera de su salida.
—Solo quería saber… ha pasado mucho tiempo —cuando vio la casa vacía no había dudado en entrar, el lugar era incluso más pequeño que el Dojo. No imaginaba como Akane había logrado salir adelante al marcharse aquel día, pero a lo que había visto se había buscado la manera para alquilar ese pequeño departamento.
— ¿Desde cuándo eso te ha importado?
—¡¿Acaso esperabas un maldito saludo después de irte así como así?! En más de un mes ni una llamada hiciste, ¿Qué creíste que iba a pasar?
Akane sintió un nudo en la garganta las palabras de Ranma había salido con coraje golpeándola, no esperaba que fuera tras ella, es más deseaba que la olvidara pero en el fondo creyó que con el tiempo y la madurez arreglarían las cosas. Pero solo sintió la lejanía más y más, solo llamaba para ver cómo estaba su familia jamás mencionando su nombre, no supo en que momento el igualmente dejo de vivir en aquella casa que se había vuelto tan vacía sin aquella energía que los caracterizaba.
—No sabía que te importaría. Cuando me fui… yo solo, ya no quería pelear. Tú no me querías como prometida y yo estaba harta de todo, me parecía una solución.
Ranma soltó una sarcástica risa —Si, por supuesto. Como toda una Tendo tomando decisiones por otros —sus lentos pasos se acercaron al tembloroso cuerpo de Akane tomando la perilla de la puerta saliendo a la oscuridad de la calle. Akane solo escucho el cerrar de la puerta cayendo de rodillas, sin embargo, ya no había mas lagrimas solo dolor.
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—Pero mírate Akane estas fatal —vio a la chica entrar al salón con marcadas ojeras—. Debí obligar a Zen que te llevara a casa desde el primer instante.
—No está bien, yo quise ir no me obligo a nada. Solo estoy cansada estos finales me están agotando demasiado.
—Debes descansar más, sé que el kombini es tu sostén pero Akane las horas de sueño te están matando.
—No exageres Mayura, es normal así es la vida del estudiante universitario —sonrió por primera vez durante la conversación, la chica sonrió también.
—Es una lástima que ya no seas parte de la herencia.
—Mayura —Akane la reprendió por su broma aunque igualmente ella comenzó a reír.
Después de una exitosa práctica, Akane llego directamente a su trabajo sin tener tiempo de cambiarse como acostumbraba, ahora no tendría oportunidad de llegar a casa sino hasta terminar su turno en el kombini, el cual fue igual de largo y aburrido. Sus cansados pies caminaban cansados y cada vez más lentos, a pesar de estar en forma ya no corría por las mañanas como antes.
Las calles estaba en completo silencio de nuevo, solo se podía escuchar el sonar de las llaves, el umbral de su puerta siempre estaba en oscuridad de no ser por las pequeñas lámparas solares que puso a cada lado. Pero esta vez una luz del departamento estaba encendida y un escalofrió atravesó su espina dorsal.
"No, no, no", ni siquiera necesito quitar el seguro ya estaba abierta.
—Hola, de nuevo.
—Eres un maldito pervertido ¿Qué haces aquí?
—Bueno la señora Kaede fue muy amable. Me dejo pasar y te trajo la cena, no pude evitar quedarme.
— ¿Qué? —Akane lo miro expectante, hablaría seriamente con su rentera ¿Cómo era posible que dejara a un desconocido entrar? Bueno no lo era pero…
—Dice que estas muy delgada por que no comes ni cocinas. Aunque qué bueno porque te demandarían por quemar su propiedad.
—No eres gracioso —se cruzó de brazos—, bien ya comiste ya vete.
— ¿Siempre llegas tan tarde?
— ¿A caso eres sordo?
—Puede ser peligroso —sus ojos la miraron con un expresión que había olvidado, la sincera preocupación, como aquella vez el hospital después de su caída. En los años que pasaron nunca se preguntó como Akane vivía su vida, pero ahora que la miraba tan atareada en tiempo y llegando en la madrugada a su departamento se le erizo la piel, en otra época el saldría a buscarla en cuanto no la viera pasar a las 10.
—Siempre te dije que sabía cuidarme sola —su ceño fruncido lo hizo recordar muchas cosas.
—Si —suspiro con pesadez caminando hacia la salida.
— ¿Por qué sigues viniendo? Nunca te importo buscarme en todo este tiempo ¿Por que ahora? —lo miro con recelo.
—No lo sé… yo, mi carrera como luchador pudo haber terminado Akane. Y aun ni siquiera empieza —un nudo en su garganta fue evidente al modificar su última frase con angustia.
Akane miro como bajaba la cabeza ocultando sus sentimientos. Tantos días que se convirtieron en años manifestados en sus cambios y en la distancia, y ahora los volvía a dejar a centímetros físicamente, pero tan alejados en su interior.
—Ranma —susurro su nombre, quiso tomarlo del hombro como apoyo, pero antes de que su mano llegara, Ranma salió del departamento. Dejándola sola.
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Continuara…
