Ranma ½ es una obra cuyos derechos pertenece a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro.
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Momento: 11
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—Aka… perdón ¿doctora Tendo? —hablo animadamente al ver a Akane pasar con su vestidura blanca.
—Sabes que puedes llamarte Akane, Ukyo ¿En qué te puedo ayudar?
—Vine a ver a papá ¿has visto como esta? —la joven Tendo después de tantas experiencias supo reconocer el temor en los ojos de las personas y pocas veces había notado en Ukyo la genuina preocupación y bondad que había en ella.
—Es su segundo infarto Ukyo, debes hacer que entienda que su medicamento es muy importante, los estudios aun muestran grados muy altos de colesterol, más que la última vez, sigue sin seguir la dieta que el doctor Lee le ha dicho.
—Es tan terco, desde que logre poner el restaurante él se siguió empeñando en seguir con el carrito, no come más que Okonomiyakis, no sé cómo no se harta —bufo molesta la chica.
—Ve a verlo se sentirá mejor al verte, lo darán de alta en unas horas —la chica asintió yendo por el pasillo con su largo cabello que se mecía de un lado a otro, Akane la vio irse a lo lejos recordando a sus yo del pasado discutiendo con sus uniformes escolares, sonrió con nostalgia cuando fue interrumpida por el agudo timbre de su comunicador.
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— ¡Llegaste! – se levantó de aquella pequeña fuente corriendo a aquel hombre.
—Lo siento se me hizo muy tarde —el frio que calaba sus manos desapareció cuando sintió la calidez de Akane.
—Si tú pagas la cena no te diré nada —comenzó a caminar jalándolo de la mano con esa hipnotizante sonrisa.
Los meses habían pasado en la vida de todos, sus caminos se separado y de nuevo Ranma y Akane se encontraban alejados por la distancia y el tiempo. Esa misma noche Ranma regresaba como campeón mundial, no necesitaba decirle a nadie más en persona, las noticias habían hecho su trabajo, pero algo que tenía que hacer era decirlo a viva voz a Akane, ver en sus ojos la emoción que tenía en un pasado al ganar cada pelea y los abrazos que daba cada vez que regresaba con bien.
¿Qué seria si todos los días regresara con ella? ¿Si lo esperaba con su toxica comida, pero su hermosa sonrisa? Se froto el cabello con frustración, sabia que debía odiarla no pensar en ella.
Regreso a la misma casa con la misma llave, pero no fue el mismo cerrojo.
— ¿Pero qué? —intento insertar la llave de las formas posibles cuando escucho murmullos viniendo a él. Como una sombra se ocultó en el pequeño callejón detrás de la casa.
—Fue una buena noche Akane, me gusta pasar tiempo contigo —busco su mano para entrelazar sus dedos. Akane le sonrió iluminando sus ojos.
—A mí también, bueno es muy diferente estar fuera del hospital —sintió una calidez extraña no solo en su mano si no dentro de ella, la cual la asusto y disimuladamente se soltó de él.
—Bueno te dejo descansar —la tomo del hombro sonriendo— nos vemos pronto —se inclinó un poco como despedida y se retiró, girando a verla después de algunos metros. Ella seguía allí sonriéndole.
La joven seguía ahí, sin embargo, su mente estaba descubriendo algo que había enterrado desde hace tiempo, aunque no quiso seguir indagando, mañana sería un nuevo dia con sus nuevos problemas. Se adentró a su departamento escuchando solo el sonido de sus llaves, quitándose los zapatos sin cerrar la puerta.
— ¿Quién era ese? —expreso indignado apareciendo tras ella. Mientras que Akane trataba de ocultar el vuelco de su corazón. Lo sabía, conocía demasiado bien su presencia, había vuelto, pero ¿Qué significaba?
—Ya habíamos tenido esta conversación, no tiene derecho a decirme nada —contesto desinteresada al mismo tiempo que ambos se adentraban. A pesar de los meses en los que se separaban las cálidas bienvenidas no eran parte de ellos.
—Es verdad se perfectamente como aprovechas tu tiempo —se cruzó de brazos viendo como la silueta de Akane se paseaba por el pequeño departamento sin entender bien el patrón que hacía, sacaba un par de cosas de la cocina. Molesto frunció el ceño, no solo no le importaba que el allá vuelto si no que lo estaba ignorando.
—Te vi por televisión, bueno, mi paciente es tu fan. Cada vez que entraba estaba mirando tus competencias —sonrió con melancolía. Ranma sintió un vuelco dentro de él, era extraño escuchar una historia así. Por lo general eran mujeres locas u hombre demasiado apasionados.
—Vaya —sonrió alegremente no con superioridad si no con auténtica emoción—, entonces algún día podría ser mi alumno ¿Cómo está?
—El murió —soltó viéndolo a los ojos, mientras que él solo se quedo inmóvil, no supo cómo reaccionar. Era verdad que no lo conocía, ni siquiera imagina su cara ni sabía absolutamente nada de él, sin embargo ese pequeño lo hacía, lo admiraba y pensar en ello lo entristeció de una manera que desconocía.
— ¿Qu…que le sucedió? —trago fuerte con dudas de preguntar.
—Insufiencia cardiaca —la tetera sonó al fondo llamando a Akane, quien sirvió dos pequeñas tazas de té—. Me dijo que le gustaba ver a los "ninjas", que él quería ser como ellos, pero que su madre no lo dejaba porque su corazón no podía con tanto poder... que aquellos eran como superhéroes, el solo tenía 6 años, Ranma —tomo con sus manos la taza viendo absorta como salía el vapor de aquel caliente liquido— solo 6. A esa edad ya estaba pateando traseros a los niños quita lonches.
Ranma sonrió con compasión, parecía que no había pasado los días, y que esa Akane era aquella chica que le contaba su día en sus entrenamientos nocturnos en el Dojo.
—Lo lamento mucho —se acercó más a ella tomándola por su hombro, acariciándola con su pulgar cuando sus lágrimas comenzaron a ceder. Había sido duro su internado en el hospital más al llegar sola a casa sin tener a nadie a quien contarle todos aquellos sentimientos que encerraba, aquel paciente que murió en sus manos, aquel a quien no pudo salvar y aquellas familias destrozadas, su único alivio en ocasiones era hablar con Kasumi, además de los buenos amigos que pasaban por lo mismo, y aquel quien siempre la apoyo en momentos difíciles en el hospital.
Y luego estaba el, quien la desarmaba de inmediato con su sola presencia y que vivir juntos por tantos años había pagado factura al extrañarlo tanto.
Akane se limpió rápidamente las lágrimas alejándose de él, desconcertado Ranma se quedó en el mismo lugar.
—No, está bien, se supone que lo estaba superando. Como doctora no se debe crear lazos tan sentimentales con los pacientes, suerte que esa lección las aprendí desde casa —Akane siguió con su labor empujando el sillón hacia la otra pared, mientras que Ranma la miraba molesto por su comentario.
— ¿Y eso que quiere decir? —frunció el ceño, retrocedió para no ser aplastado por aquel mueble, ni siquiera pudo tomarse su té.
—Si no te importa necesito dormir —Akane se cruzó de brazos mirándolo, separados uno en cada esquina del sillón.
Ranma miro curioso a su alrededor cayendo en cuenta de no haber visto ninguna cama— ¿Y dónde se supone que…?
No termino cuando Akane señalo la pared donde se encamino para sacar una pequeña cama individual.
—Tienes algún problema.
— ¡Deja de estar a la defensiva!, sabes que sufrí peores penurias, por lo menos tú tienes un techo —grito un poco más exaltado.
—Lo siento, es verdad. Yo, no lo pensé solo… lo siento —Akane comprendió el error de sus palabras, así como ella, esas noches en el Dojo la joven escuchaba cada aventura que en ocasiones Ranma se atrevía a confesarle, era difícil que abriera algún sentimiento pero cada vez que él lo hacía, ella se sentía feliz.
—No, no importa. No fue tu intensión; déjame ayudarte —Ranma se acercó para bajarla, mas no reparo su fuerza cuando esta se vino contra él, retrocediendo rápidamente tomo a Akane de la cintura y la alejo de la zona de impacto.
—Lo siento, creo que… —no termino de decir al ver la cama maltrecha. Al mudarse al departamento Akane solo tuvo que comprar un pequeño colchón, pero la base era muy vieja por lo que aquellas patas no resistieron.
—Ranma —gruño causando un escalofrió a su portador, sintiendo su aura rodeándolo— ¡Largo!
—Espera Akane, no, tranquila —retrocedía moviendo sus manos de un lado a otro—, lo arreglare, lo prometo te comprare otra —decía aterrado. Pero Akane seguía caminando hacia el en su transfiguración aterradora.
— ¡Siempre vienes a arruinarlo todo!
—Que exagerada —susurro para sí, pero el agudo oído de Akane capto aquellas palabras. En su enojo tomo lo que tuviera a su alcance aventándoselo.
—Seguramente es tu culpa por que te mueves como loca, la pobre ya no podía más.
La discusión era acalorada en eso no había duda, sin embargo las brasas de los recuerdo eran los que estaban reviviendo, sus auras guerreras combinadas en una habitación tocándose contra sí.
Seguía ahora el agua de su frio té, cuando la puerta sonó.
—Akane cariño, ¿estás bien? —la anciana Kaede había despertado. Akane completamente apenada corrió a la puerta recibiéndola.
—Señora Kaede lo siento tanto, estoy apenada —la mujer ladeo un poco la cabeza viendo la figura de Ranma tirado en el piso rodeado de cojines.
—Oh lo siento —a pesar de la oscuridad Akane noto su sonrojo.
— ¿Qué? No, no, no, no es lo que piensa, estábamos discutiendo. No quise causar problemas.
—La señora Kinomoto me llamo algo preocupada por los ruidos, eres una joven viviendo sola. Últimamente han robado algunos hogares.
—Lo lamento, no volverá a ocurrir. Déjeme acompañarla.
—No es necesario cariño. Duerman bien —se despidió con una sonrisa, no sin provocar un último sonrojo. Akane cerró la puerta lentamente girando hacia Ranma y el escalofrío en el volvió, esa mujer era peligrosa.
—Mi turno de mañana son 45 horas, —se acercó a él tomándolo de cuello— tienes ese tiempo para reparar mi cama. Escuchaste —Ranma asintió repetidamente.
Akane vio como Ranma se alejaba por la solitaria calle sintiendo un cosquilleo en su pecho, volteo hacia su pequeño hogar hecho un desastre, suspirando derrotada, tenía mucho que limpiar.
—Esa tonta, ni siquiera me contesto nada del idiota que la acompañaba. Que ni crea que le hare la vida fácil.
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Eran más de la media noche cuando Ranma entraba sin ningún cuidado a su departamento quitándose su calzado para adentrarse a la oscura sala.
— ¿Dónde rayos estabas? —pregunto Takeshi quien recién despertaba dándose cuenta de que el sueño lo venció antes de terminar de ver la película.
—Necesito comprar una cama —soltó sin más tomando por sorpresa al hombre.
— ¿Qué dices? ¿Estas ebrio?, ya te dije que no eres bueno para….
—No estoy borracho —replico Ranma ofendido—, rompí la cama de Akane.
—Oye amigo sí que haces alusión a tu nombre —le miro más sorprendido que antes, no podía creer que Ranma fuera tan rápido.
—Deja de pensar cosas raras —se sentó en el sillón sintiendo su rostro arder— fue un accidente, era de esas camas que salen de la pared y se cayó.
—Pensé que la chica no quería tenerte ni aun kilómetro de distancia.
—Si —soltó en un suspiro recordando su enojo, tal vez por eso estaba de tan mal humor.
—Solo llama a alguien para que reconstruya la base, no debe ser muy caro.
Ranma comenzó a pensar en los pocos ingresos que seguramente tenia, conocía el orgullo de Akane, ella lo hubiera corrido de su casa, como efectivamente lo hizo y pagar ella por la reparación, pero algo había cambiado pues se doblego para que el volviera una vez más, o eso quiso pensar.
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—Doctora Tendo programe la cita del señor Nakamura a las 5:00 de la tarde la espero en la sala.
—Si doctor —su mirada perdida en los expedientes lo giraron a ver rápidamente asintiendo.
—Tendo a urgencias, necesitan más manos, rápido —la doctora encargada ordeno sin siquiera detener su caminar, Akane volvió a asentir. Tomo su folder del estante caminando más rápido.
—Yui, ayúdame con esto solo tengo que archivarlos de nuevo, si no voy me va a matar.
—Claro Akane —la recepcionista asintió con una sonrisa. Akane comenzó a caminar rápido por cada pasillo cuando su vibrador sonó, su paciente estaba teniendo una recaída. Y solo faltaba una hora y media para la cirugía. Akane dio un grito interno.
A pesar de su ya experiencia el estrés seguía ahí, respiro hondo tomándose un segundo cuando toda su mente se aclaró y con organización corrió hacía su paciente.
—Estoy muerta —suspiro con pesadez, eran ya más de las 12 de la noche y el cansancio la hacía desear demasiado su hogar.
Fue cuando abrió la puerta y recordó cómo se encontraba ahora su pequeño departamento con el sillón hasta la estufa porque la base se había estropeado, ya no podía volver a la pared. Su vitalidad volvió convertida en enojo con el mismo hombre.
Pero no, el sillón no cubría el paso a su sala-cocina, eso solo significaba una cosa. Se quitó los zapatos lanzándolos sin cuidado caminando por el pasillo con su corazón latiendo por inercia. Estaba sola y con una nota en la pared.
—Descansa Akane —su caligrafía no había mejorado. A la joven se le escapo una sonrisa, leyó la nota como un susurro en su oído con su cálida voz imaginando su ególatra sonrisa.
Abrió la pared lentamente con más cuidado de lo habitual hasta llegar al suelo. La base estaba hecha de madera y aun olía la frescura del roble. Ya no era su gastado colchón era uno extremadamente suave y acolchonado. Se recostó sin sentir los resortes calando su espalda, soltó un largo suspiro cerrando sus ojos sin evitar caer en un profundo sueño.
No se había movido un milímetro desde que se recostó, olvido a su hambriento estómago y no despertó hasta que un extraño sonido se escabullo en su subconsciente. Se incorporó sentándose en la orilla al escuchar como sus zapatos caían.
—Ranma —se paró rápidamente.
—Hola, perdón no sabía si seguías despierta.
— ¡Y por eso haces todo ese ruido!
— ¡Fue un accidente! —cruzo por arriba del sillón— Solo vine a ver que te haya gustado.
— ¿A plena madrugada? —pregunto Akane sarcástica.
—Creí que llegarías tarde.
— ¿Y por qué no esperar a mañana?
—Deja de hacer preguntas ¿de acuerdo? Solo vine y ya —miro la cocina vacía solo con la bolsa del obento ya frio— ¿Salimos a comer?
— ¿Estás loco? Son las 2 de la mañana, y ni siquiera tengo hambre —se cruzó de brazos desviando la mirada, aunque eso no debilitó el ruido que su estómago hizo.
—Claro. Anda los kombinis rebajan la comida a esta hora —la tomo de la mano atravesando de nuevo el sillón.
Caminaron en silencio por las vacías calles y la poca iluminación de los faros, la zona de Adachi no era muy conocida por su turismo ni nada en especial, en cambio Akane había optado por el lugar por su sencillez y economía, su departamento aunque pequeño era bonito y barato y sus supermercados tenia precios accesibles a diferencia de las zonas del centro.
A un par de cuadras habían llegado al fin a un Kombini completamente solo, podía escucharse como los mosquitos morían al pegar en aquella trampa eléctrica.
Saludaron al hombre del mostrador que respondió con una leve inclinación sin apatía.
— ¿Cómo te va en tus competencias? —preguntaba sin mirarle escogiendo su obento. Al hacerlo ambos se sentaron en una de las mesas del fondo.
—Bien, bien. Técnicamente ya he subido a la liga de profesionales. Takeshi cree que debería participar en otras luchas como el boxeo, pero mi pasión es el arte no solo romperle la cara a tipos engreídos.
—Vaya no te mordiste.
—Ja, ja —le dio un trago a su ramen instantáneo—, y ¿tu? —Akane sintió que su mirada la atravesaba, sus ojos marinos la examinaban buscando algún tipo de respuesta a una interrogante que no era un simple "y ¿tu?".
—Bueno solo soy interna aunque he participado en increíbles cirugías, no creerías de lo que son capaces de hacer cada cirujano, como toman la vida de una persona en sus manos —su habla se volvió apasionada mientras que Ranma miraba a otra Akane, no la misma apasionada de la artes, no la entusiasta en la cocina; esta era diferente. Tal vez por eso ya no la amaba, la lejanía la había convertido tal vez en alguien mejor, y su corazón se había rendido, ya no podía amarla, él no la merecía. Ella continuaba hablando de sus proezas en aquellas salas de hospital mientras que Ranma la miraba embelesado.
—No es correcto solo hablar de mí —se detuvo avergonzada, sintiendo que podría estarlo aburriendo— Aunque no hay mucho que desconozca, eres muy conocido últimamente en la revistas de deportes.
— ¿A caso las compras para saber de mí? —hablo con altivez.
—No seas tonto, el hecho que estudie medicina no quiere decir que olvide mi amor por las artes. Después de todo es lo que mi padre me enseño.
—Aun lo sigues viendo como tu padre después de lo que hizo.
—Sí, y no deberías decir nada al respecto.
—Creí que cuando volviste, sobre la invitación —Akane asintió, Ranma se había enterado de sus visitas secretas—, cuando supe cómo te rechazo… siempre lo vi como un buen hombre.
—Lo es, pero para ellos deshonramos a la familia Ranma, no seguimos con los estándares de las tradiciones.
—No era para que te negara como hija —frunció el entrecejo molesto.
—Bueno la verdad es que eso ya no me importa. Es mi padre y lo respeto pero sé que la decisión que tome fue la mejor. Y me alegro que me hayas impulsado a invitarlo a la graduación, pude cerrar esa yaga y despedirme.
—Pero sigues sin decirles donde vives, ni siquiera les hablas tan seguido a tus hermanas.
—Lo prefiero así. Sé que Kasumi inventaría cualquier excusa para venir como lo hacia con el doctor Tofu. Y que Nabiki vendería mi ubicación.
—Bueno tienes razón —surgió un silencio, un silencio incomodo que no los dejo ser, había dos personas en aquella mesa que se conocían pero el tiempo y la distancia los convirtieron en extraños.
— ¿Y no tienes sueño? —surgió su pregunta con nerviosismo. Akane rio ante su actitud, Ranma podría ser un ególatra frente las mujeres y "un hombre entre los hombres", sin embargo, al mismo tiempo era muy malo con el género femenino, aunque esa pregunta comodín la llevo a esos viejos tiempos en su habitación.
—Un poco, sí. Aunque estoy acostumbrada a no dormir por varias horas.
—Lo siento, se supone que hoy debes descansar.
—No, no, me gu… —por poco una frase que no quería reconocer se aventuró a salir—, lo que quiero decir es que es agradable recordar viejos tiempos.
—Supongo que no todos —Ranma la miro fijamente recordando cada insulto.
—Éramos jóvenes, si te preocupa nunca te he tenido rencor.
— ¿Entonces por qué te fuiste así? —pregunto en un son de exigencia.
—Ya hablamos de eso, no tengo que darte más explicaciones —frunció el ceño, desde que se fue de casa la mentalidad de Akane cambió radicalmente al convertirse en una mujer independiente.
—Yo sí… Yo si te odie Akane. Deja de lado que me humillaste frente a todos al dejarme, si no que…—el rostro de Akane se desencajo.
—Perdón, tú me hablas de humillación cuando fui yo la vestida de novia —menciono recordando aquel fatico día.
—Sí, bueno no, pero… solo digo que…
—Tu ego no entiende que no todas las mujeres mueren por ti, que no eres el centro del universo. Como todo ese berrinche que hiciste con la joya invertida de Shampoo.
— ¡Yo no hice ningún berrinche!
Akane soltó un sonoro suspiro de frustración—Antes todo era más fácil ¿no? —Sostuvo su mentón sobre la palma de su mano mirando sus reflejos sobre la ventana— Ya no podemos regresar a casa después de largo día con una comida caliente.
—Bueno, entonces creo que es hora de volver —se levantó ofreciéndole su mano para levantarse, Akane lo observo con detenimiento recorriendo su brazo hasta llegar a sus ojos, aquellos que la escudriñaban, aquellos labios que hablaban queriendo entender.
Asintió aceptando su ofrecimiento entrelazando sus manos al salir del lugar, no fue como aquella vez en el bosque esta vez sus manos no temblaron. Solo confió como lo había hecho antes.
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Continuara…
