Nueva historia de DxD, esta vez es el turno de las maduritas de la franquicia, espero que la disfruten y se la gocen, suponiendo que sobrevivan a la hemorragia nasal que posible y en un futuro tengan.
Descargo de responsabilidad: High School DxD no me pertenece, es propiedad de Ichiei Ishibumi, yo solo creo esta historia para entretener.
- Todo va a estar bien - Persona hablando
" Esto no puede ser real" Pensamientos
"- Necesito que te encargues de esto -" recuerdo o fantasía.
Advertencia y es la primera vez que coloco una, este capítulo podría causar mas de una hemorragia en quienes sean lo suficientemente valientes para leerlo, en otras palabras, es una animalada total donde lo erótico se sobrepone a cualquier otra cosa, así que han sido debidamente advertidos, nadie hará caso lo se, pero ya saben, son cuestiones legales.
MILF Cooking Club
Capítulo 7: Calentando el horno. Parte 2
- O-Onee-chan, ya no puedo – el castaño estaba cansado y lo dejo notar en su voz cuando finalmente cedió y se lo dijo a su compañera.
- N-No, Iseee, solo u-un poco más – claro que esa declaración resultaba inaceptable para la mujer, aun no terminaba, al menos no para ella y por eso pidió continuar, - y-ya casi… por favor – termino ahora pidiendo para evitar que el chico se detuviera.
- Pero Onee-chan, no entrara más… no importa cuanto lo empuje – el castaño por su parte reprocho la actitud de la peliplata y remarco un hecho que al parecer ella, o no se percataba o no quería aceptarlo.
- Yo sé que puedes Ise-chan – ella por otro lado tenía sus propias convicciones en este tema y se las estaba dejando saber, - confío en tus habilidades y sé que puedes llevarlo más lejos – continúo animando y exorando al chico para que no parara.
- Onee-chaaaan – el castaño por su parte empezó a reprocharle por su actitud al no querer escuchar lo que tenía que decir, - si continuamos así podrías hacerte daño – no pudo evitar decírselo debido a la preocupación que le causaba la idea de lastimarla.
- No te preocupes Ise – ella por otro lado desestimaba sus preocupaciones, aunque más que desestimarlas, se podría decir que tenía absoluta confianza en el castaño y por ello sabía que él no la lastimaría, - Onee-chan es una chica fuerte, así que puedes ir con todo – al final solo lo animo a que fuera un tanto más rudo mientras le sonreía con cariño.
"No creo que sea buena idea que se deje llevar así", no pudo evitar pensar al ver como la peliplata no parecía preocupada, pero, aunque sonara pretencioso de su parte, nadie la conocía mejor que ella y sabía lo terca que podía llegar a ser cuando quería algo.
- Ise, ¿tú amas a Onee-chan? – de repente la mujer decidió jugar una carta muy sucia, porque si había algo que era claro para todos a su alrededor, era lo mucho que se querían los dos, así que aquella pregunta era un rotundo sí, cosa que el castaño demostró con un asentir de cabeza, - entonces, por favor, no te detengas y has feliz a Onee-chan – y ella se estaba aprovechando de eso, él lo sabía y estaba seguro de que ella sabía que sabía y al final, ella también sabía algo mas, que él era incapaz de decirle que no.
- Haaaa, muy bien, pero luego no digas que no te lo advertí si termino haciéndolo muy fuerte – viendo que en esto no tenía caso seguir insistiendo, decidió ser el quien cediera y complacer el capricho de la mujer, solo esperaba no estarse equivocando.
- Fufu, oh Ise-chan, no te contengas, Onee-chan lo soportara por completo – y para colmo ella misma parecía que no esperaba otra cosa diferente a que el chico se aplicara a fondo con ella sin importar las consecuencias, cosa que lo hizo tragar duro ante la perspectiva.
- Entonces… aquí voy – no dijo nada más, tampoco es que supiera que más decir, así que solo advirtió a la peliplata para que estuviera lista, a este punto ya no iba a contenerse más y haría uso de cada gramo de fuerza que tuviera en sus músculos si es que llegaba a hacer falta.
Luego de eso, el castaño se fue contra ella con toda su fuerza, justo como ella había pedido, el esfuerzo se marcaba en el rostro de ambos por la intensidad de los movimientos, aunque lejos estaba alguno de los dos de quejarse, especialmente la peliplata.
- G-Grayfia O-Onee-chan, definitivamente ya no entrara mas no importa cuanta fuerza ponga – pese a que decía aquello no dejaba de moverse sobre la peliplata que jadeaba debido al esfuerzo y todo el movimiento que estaban haciendo.
- Vamos Isee, solo sigue así un poco más – era obvio que Grayfia no lo escuchaba, solo quería que siguiera pese a que ella también estaba llegando a su propio límite, - ya casi está ahí, solo un último esfuerzo – lo podía sentir, casi podía asegurarlo y por eso no quería que se detuviera.
- L-Lo siento, pero ya no puedo sostenerlo más – no importaba cuanto se esforzará el castaño, simplemente no podía seguir así y se lo hizo saber a la mujer.
- ¡No! Solo un poco mas Ise, ya casi llegas – por otra parte, la peliplata no quería que eso acabara cuando ya estaban tan cerca a palabras suyas, - solo un último empujón… y este tonto pantalón cerrara – dijo ahora con algo de fastidio, el cual era causado por el esfuerzo que le estaba causando la prenda de ropa, así como el esfuerzo que tenía que hacer para meter el vientre.
Resultaba risible si lo pensaban, habían pasado por situaciones mucho peores y habían sido lo suficientemente fuertes como para salir adelante y ahora ahí estaban, perdiendo con un tonto pantalón que se negaba a cerrar pues el botón del mismo no alcanzaba el ojal donde debería de ir.
De hecho, toda la situación había sido rara, incluso para ellos, pues el castaño estaba calmado en su habitación viendo la televisión, cuando de un momento a otro, una alterada Grayfia entro abruptamente en la habitación llorando y pidiendo su ayuda.
Cuando supo el motivo de su estado no supo ni cómo reaccionar, salvo que debía a toda costa estallar en carcajadas si es que no la quería hacer enojar o peor aún, hacerla sentir mal, pero como tomar que su amada y admirada Onee-chan entrara hecha un desastre y llorando porque su pantalón ya no le cerraba.
Tristemente eso no fue lo peor, es decir, no sabía que decirle, pero, al mismo tiempo y aunque sonara insensible, no es que tuviera mucho que hacer en esa situación o al menos eso es lo que pensó hasta que la peliplata soltó la bomba que la había llevado a ese lugar.
Pronto su sensación de incertidumbre paso a vergüenza total cuando escucho que la había llevado a su habitación, en otras palabras, lo que quería era que la ayudara con su pantalón, más concretamente, ayudarla a que cerrara, aunque claro, eso significaba un contacto físico demasiado cercano por decirlo así, cosa que era la principal causa de su vergüenza.
Pero claro, eso ella no lo considero o quizás sí y esa era la cuestión, al parecer en lo que se refería al castaño, al parecer ella tenía absoluta confianza en él y no es como si no hubieran compartido momentos íntimos antes, es decir, a veces dormían juntos, particularmente en noches de lluvia con fuertes tormentas y otrora también solían bañarse juntos, aunque eso era obviamente cuando el era aún un niño.
Como fuera, luego de un rato donde el chico trato de negarse amablemente y su Onee-chan suplicándole, termino aceptando ayudarla pese a la vergüenza que sentía, vergüenza que se disipó para dar paso a la frustración cuando se topó con que efectivamente, debió usar más fuerza de la esperada y aun así no lograba cerrar esa estúpida prenda, al menos no sin hacerle daño a la peliplata que era lo último que quería.
- S-Solo un poco más y… - la peliplata siguió insistiendo mientras continuaba metiendo el estómago, todo mientras el castaño continuaba haciendo fuerza para cerrar el botón, - ¡l-listo! ¡ya entro! – hasta que finalmente los esfuerzos de ambos dieron sus frutos y el botón finalmente estaba en su lugar asegurando los pantalones a las caderas de Grayfia.
Jamás llego a pensar que iba a tener que librar una guerra con un estúpido pantalón, pero se alegraba de que por fin terminara, por lo cual solo se sentó en el suelo suspirando satisfecho por muy ridículo que fuera tal acto, en ese momento no podría importarle menos.
"Por fin", no pudo evitar el pensamiento, es decir, hasta hace un segundo estaba peleando con el desgraciado botón y lo peor, estaba perdiendo esa pelea, así que lograr el objetivo le daba cierta sensación de logro por vergonzoso que fuera suso dicho logro.
- Lo ves Ise, te dije que si entraría – Grayfia era la que estaba más feliz, no solo porque finalmente el pantalón le había cerrado, sino porque ya podía volver a respirar adecuadamente tras tan extraña odisea que había resultado vestirse ese día.
Grayfia solo vio a su hermanito, lo miro con ternura, al final no importaba que, siempre podía contar con él cuando lo necesitara, sin duda era un chico muy especial, por eso quiso ayudarlo a levantarse, para lo cual se inclinó hacia adelante para ofrecerle la mano todavía sonriendo y ahí fue cuando todo se fue al demonio.
¡RRAASSS!
Sí, habían logrado cerrar el pantalón, pero eso no eliminaba el hecho de que estaban más ajustados de lo que deberían y que la presión era demasiada, por lo cual el movimiento de la peliplata llevo al límite la tela y como era de esperar, finalmente cedió.
Lo siguiente que ambos vieron era como el suso dicho pantalón de mezclilla con el que tanto habían batallado previamente ahora estaba destruido al no poder contener por más tiempo el portentoso cuerpo de la peliplata.
Y ojalá fuera solo una cuestión de que el pantalón se rompiera, no, también importaba algunas de las zonas donde se había rasgado, porque ahora, estaba dejando a la vista unas cuantas partes de la ropa interior de la mujer, cosa que en cuanto se percató, no tardo ni un segundo en reaccionar de una manera que en otras circunstancias habría sido tierna.
- ¡EEEEEPPP! – simplemente chilló, presa de la vergüenza de haber sido vista de manera tan bochornosa, su rostro estaba totalmente sonrojado mientras tiraba hacia abajo del suéter color rojo que traía en un fútil intento de cubrir su vergüenza por haber mostrado ese lado tan bochornoso al castaño.
El cual por cierto tras la sorpresa inicial, al ver a Grayfia actuar tan avergonzada solo la miro a la cara, encontrándose con un rostro rojo mientras ligeras lagrimillas amenazaban con salir de la comisura de sus ojos y no dejaba de verlo, cosa que el interpreto como un reproche por seguir viendo en su dirección y actuó conforme a ese pensamiento.
- Y-Yo… ¡n-no vi nada! ¡lo juro! – lo dijo agitado y desviando la mirada ahora el también avergonzado, cosa que no estaba ayudando en nada a calmar a la peliplata que ahora estaba aún peor con todo ese suceso.
- ¡N-No es lo que crees Ise-chan! – ahora era el turno de Grayfia de ponerse histérica además de confundir aún más al castaño, - O-Onee-shan no está gorda, es solo que… este pantalón se encogió, sí, eso es – la peliplata parecía bastante ansiosa de dar una explicación de lo que acababa de pasar, por lo cual al parecer no había escuchado lo dicho por el castaño previamente.
- ¿Eh? – fue el único y confuso sonido que salió de boca del castaño luego de lo dicho por la chica y como no estar confundido, habría que ser tonto para no ser consciente de la hermosa figura de la peliplata, así que no entendía a que venía todo eso.
- C-Como sea, gracias por ayudar a Onee-chan hoy, ahora si me disculpas, t-tengo muchas cosas que hacer aún, con permiso – era una excusa muy forzada eso era más que evidente, pero considerando lo avergonzados que estaban ambos, ninguno se iba a oponer a este escape, - p-por favor, olvida lo que paso aquí – fue lo último que dijo antes de salir abochornada del cuarto de Issei.
Por su parte, el castaño solo se quedó ahí, sentado en el piso, procesando toda la información de lo que acababa de ocurrir, era surrealista en realidad, como sacado de una mala caricatura y si no fuera porque acaba de vivirlo, no se lo creería si se lo contaran y cuando finalmente termino de procesar toda la situación por desgracia el primer pensamiento que llego a su mente lo avergonzó aún más.
"Eran negras", sí, dicho así sonaba pervertido, pero en su defensa, era un chico saludable en una etapa de su vida donde las hormonas estaban revolucionadas y honestamente, Grayfia era una mujer hermosa, atractiva a ojos de cualquier hombre, "y además era encaje", y por lo que alcanzo a ver, también era una mujer que aun gustaba de vestir provocativa, al menos cuando se trataba de su ropa interior.
Para colmo, aunque estuviera mal de su parte, se había emocionado de más con la visión, especialmente porque en su huida, Grayfia al parecer estaba más centrada en salir de ahí que en otra cosa, por lo que no presto atención a que tenía su trasero expuesto, así que hasta que desapareció tras la puerta, le regalo inconscientemente una buena vista de su carnoso trasero enfundado en su lencería negra al castaño y ahora, producto de eso, estaba bastante animado ahí abajo, - Uuugh, d-debo estar mal de la cabeza o algo así – no pudo evitar el reproche a si mismo considerando el hecho de que se había excitado al ver el trasero de su Onee-chan, mejor era que saliera a caminar, así podría distraerse de la imagen de ese trasero moviéndose dentro de esas bragas negras que ahora se repetía una y otra vez en su mente.
Por otra parte, ya en su propio cuarto, Grayfia también estaba agitada, no podía creer lo que acababa de pasar, es más, se negaba a creer que siquiera había ocurrido, pero al mirar hacia abajo y ver sus destrozados pantalones, era innegable que todo eso efectivamente había ocurrido.
No pudo evitar acercarse al espejo de cuerpo entero en su cuarto para poder verse mejor, examinarse incluso en un intento de alejar sus temores de su mente y con eso, se retiró la ropa empezando con sus estropeados pantalones hasta quedar solo en ropa interior y luego empezó a palpar su cuerpo poco a poco, sus muslos, sus caderas, su vientre, el cual, dicho sea de paso, aunque estaba terso y firme, ella sentía que estaba un tanto blandito también y luego fue y planto sus manos sobre su trasero.
"Ay no, ¿acaso de verdad subí de peso?", sudo cuando ese pensamiento cruzo su mente tras presionar sus nalgas con sus dedos y encontrarse con una sensación blandita y esponjosa que la altero luego de lo que, según ella, sintió en su vientre, no es que fuera una chica vanidosa ni mucho menos, pero le gustaba mantener la línea y esto era como una bofetada a todos sus esfuerzos, agito la cabeza con fuerza como negándose a siquiera considerarlo, pero si lo pensaba, no era del todo una imposibilidad, es decir, que podía esperar luego de que iniciara un club con sus amigas donde el principal concepto era el buen comer.
Pero no se iba a dejar afectar por esa idea, esto solo significaba que se tendría que esforzar más, hacer más ejercicio, salir a correr en las mañanas, quizás hacer abdominales para quemar la grasa extra, aunque se sentía mal, no es que fuera perezosa, pero tampoco era una fanática extrema del ejercicio así que esto no iba a ser precisamente fácil para ella.
Ya pensaría en eso con más detalle más adelante, por ahora prosiguió con la evaluación de su cuerpo que estaba realizando y su siguiente parada fue, lógicamente, su prominente delantera, es decir, sus pechos, los cuales ni bien sopeso, los encontró más pesados, más llenos, más hinchados que la última vez que los sopesó.
- Ay no, ¿en serio volvieron a crecer? - no pudo evitar mencionarlo luego de tocarlos y claro está, también porque cuando vio hacía sus pechos, los noto presionados por la tela de su sujetador haciendo que sus pechos resaltaran aún más debido a la presión y no debería de ser así, debería de sentir mayor comodidad al usar la prenda, como lo hacía originalmente, pero ahora ese no era el caso.
De hecho, si se analizaba bien en ese momento, esa sensación de presión no se limitaba solo a su sujetador y sus pechos, también podía percibirla en sus bragas, eso era algo que podía apreciar si daba la vuelta y veía su cuerpo desde atrás reflejado en el espejo ante ella, pues ahí, justo en ese reflejo es que podía notar como la tela era desbordada por la carne, de por sí ya era bastante impactante ver cómo es que se estaba remarcando quizás más de lo debido su zona intima contra la tela y ahora, dada la vuelta podía notar como parecía que su trasero se estaba comiendo la tela que debería cubrirlo pues era bastante evidente el como la exposición de piel de su culo era mayor a la que se supone debería o dicho de otra forma, casi parecía que para encontrar tela debía abrir los cachetes de su culo.
Era justo lo que le faltaba, le gustaba ese conjunto y no es que lo hubiera usado tanto como para que se notara el desgaste en el mismo, así que ver como ahora parecía quedarle chico no era algo que la animara realmente, especialmente porque era uno de los conjuntos más grandes que tenía y si este le quedaba así, significaba que debería volver a surtir su guardarropa.
"Como es que engordé tanto sin percatarme", sus pensamientos eran tristes pero erróneos, pues si bien sus tallas habían aumentado, no era una cuestión de engordar, en realidad, Grayfia aún era joven y por consiguiente, su cuerpo estaba dando un estirón más, quizás el último de su vida, así que era natural que algunas cosas se quedarían pequeñas para ella.
Pero por desgracia ella no lo veía así y eso la deprimía, no solo aumentaba de peso, ahora tendría que gastar un buen dinero para volver a tener ropa bonita que se amoldara a su figura y aunque no dudaba que encontraría ropa que le quedara, no estaba tan segura en el caso de su ropa interior.
Su ropa interior, cuando repaso eso en su mente cayo en cuenta de algo que la hizo sonrojar y por simple acto reflejo llevo sus manos de nuevo a su trasero con las palmas abiertas como tratando de cubrirlo una vez que entendió el alcance de esa idea.
"N-No me digan que Ise vio ese lado tan vergonzoso de mi", no pudo evitar el pensamiento cuando se percató de que era posible que el castaño viera su trasero desnudo, ¿ahora como lo vería a la cara?, lo peor era que efectivamente el chico sí que había visto sus carnes, pero no en la condición actual donde sus nalgas parecían devorarse la tela de encaje, ese efecto fue producto de su previa carrera azorada de vuelta a la seguridad de su habitación, solo que ella no lo sabía y a este punto la verdad es que era difícil determinar si saberlo sería un consuelo para la peliplata.
Como fuera, al final el hecho era que su guardarropa necesitaba un cambio o más concretamente un reabastecimiento, sería un fastidio, pero era eso o arriesgarse a destruir sus prendas actuales como con el pantalón.
Viendo el lado positivo, podría aprovechar este revés para un cambio de apariencia e intentar un look más juvenil y vivaz, quizás algo más jovial parecido al estilo de ropa que solían usar Rias o Akeno.
- Hmmm, ya ha pasado un tiempo desde que se fueron – cuando pensó en ambas chicas no pudo evitar hacer hincapié en el tiempo que llevaban fuera de la ciudad en esa excursión que decidieron hacer, de hecho, era asombroso como había pasado el tiempo, antes de que se dieran cuenta ya las tendría de nuevo en casa, cosa que la hizo sonreír, - bueno… espero que se estén divirtiendo en su viaje – les deseo al final, antes de volver a su problema de reabastecimiento de prendas.
- Entonces... ¿ya me vas a contar? - cierta pelirroja preguntaba una vez más a su compañera que la vio con curiosidad luego de su pregunta, pero ella sabía que solo quería molestarla fingiendo ignorancia, - me refiero, hngg, a que se supone que s-significa lo que te s-sobornaroooon - trato de ser más específica para evitar que su amiga se saliera por la tangente, pero le estaba costando centrarse adecuadamente.
Habían pasado 24 horas desde que Rias Gremory le había dicho sobre el no plan de su madre para abordar a Issei y que su amiga le hablara de un supuesto soborno recibido por su parte, después de eso había decidido callar y con ello dejo que la imaginación de la pelirroja hiciera el resto del trabajo, es decir, enloquecerla por la curiosidad que le generaba querer saber qué fue lo que ocurrió y lo peor, funciono.
Se pasó una parte de esa noche en vela, con sus ojos abiertos y sin poder dormir pensando en qué clase de soborno recibiría la chica y debido a las muchas posibilidades que cruzaron su mente no fue hasta que el cuerpo cedió por el cansancio que finalmente se fue a dormir y aun así, la idea sobre aquel soborno no abandono su mente, por lo cual la fatiga mental al día siguiente era considerable, cosa por la que odió a esa sádica pelinegra que llamaba amiga pues a diferencia suya, ella parecía fresca como una lechuga y con una sonrisa de que no se cambiaba por nadie.
Después de eso y durante aquel día, el último en Florencia de hecho, Rias se la paso insistiendo en que le contara sobre ese asunto, sí, al final y pese a que se había prometido a sí misma no darle el gusto a la Himejima de verla como la curiosidad se la comía, luego de un rato de pelear contra sí misma, finalmente termino cediendo y empezó a tratar de sonsacarle a su amiga la información, el que Akeno siempre estuviera sonriendo en ese plan enigmático ayudo a quebrarla y maldijo a esa tonta por conocerla así de bien como para lograr lo que quería.
Ahora, una vez más había caído la noche y solo en la intimidad del cuarto que compartían en el hotel, finalmente se había dignado a dar los primeros indicios de querer contarle, pero claro, no iba a ser tan simple y cuando llegaron y Rias un tanto más molesta tras tantas evasivas y silencios de parte de su amiga volvió a confrontarla y esta vez no dejaría que se le escapara.
- Muy bien Akeno, ya basta de juegos - decidió ser firme y directa desde un principio una vez que la puerta de la habitación se cerrara y para darle según ella un mayor efecto, adopto una postura firme, erguida, poniendo sus manos en sus caderas mientras veía a la pelinegra con el ceño fruncido, clara señal de que no aceptaría nada diferente a una afirmación de su parte, - vas a decirme en este instante... ¿cuál fue el soborno? - iba a averiguarlo así la tuviera que obligar.
-Mmmmm, bueno, podría decírtelo - eso si la sorprendió, esperaba algo de resistencia de su parte, es decir, llevaba todo el día haciéndolo, ¿por qué cambiar de parecer ahora?, esa era la gran pregunta en su mente, - pero, ¿qué habría para mí? - y ahí estaba su respuesta, siendo honesta consigo misma, debió esperarse algo como esto, es decir, era Akeno Himejima de quien hablaban después de todo.
De verdad, la quería mucho, era su mejor amiga, la hermana que nunca tuvo, pero en serio, en ocasiones la sacaba de quicio, la llevaba al punto donde quería matarla y esta era una de esas situaciones, ella no podía tomarse esto en serio, pero era obvio que, si no le ofrecía nada, lo más seguro es que ella no abriera la boca en lo más mínimo.
- Y... ¿qué quieres? - algo le decía que se iba a arrepentir, pero si quería hacerla hablar, iba a tener que seguir su juego, solo un poco, debía de mantener el control después de todo y para asegurarse de ello no debía de mostrar signos de flaquear en su resolución.
En ese momento y esperando demostrar que no estaba de humor para más bromas, decidió cruzar sus brazos bajo sus pechos mientras le daba una mirada para instarla a que hablara, es decir mirándola fijamente mientras alzaba una de sus cejas y torcía un poco sus labios, clara señal de que esperaba una respuesta real y seria, pero ese no era el verdadero problema, era más bien el inconsciente acto que termino realizando al cruzar sus brazos.
Rias tenía una enorme delantera, de eso nadie dudaba, pero en ese momento, cuando intento verse más estricta con su amiga, bueno, cruzar sus brazos bajo sus pechos quizás no fuera la mejor idea que se le podía ocurrir, eso debido a que al cruzar sus brazos justo bajo la base de sus pechos, consciente o inconscientemente, termino realzándolos y con ello hacerlos ver aún más grandes de lo que ya de por si eran.
Y claro que Akeno no paso por alto ese detalle, especialmente cuando en un movimiento donde la pelirroja cambiaba su posición a una que denotaba que estaba esperando su respuesta termino haciendo que esos hermosos pechos suyos se balancearan y rebotaran ligeramente como queriendo llamar su atención y vaya que si lo lograron, en consecuencia, Akeno simplemente paseo su lengua por sus carnosos labios como saboreándose de antemano lo que quería.
Si, sabía que esto iba a ser malo, basto con verla lamerse los labios para que un fuerte escalofrío le recorriera la espalda y le erizara la piel, fue tan lento, tan lascivo, tan hambriento, en ese simple paseo de la lengua de la pelinegra por sus carnosos labios, Rias supo toda la clase de cosas que de seguro se estaba imaginando su amiga en ese momento y cuya protagonista de dichas fantasías era ella, bueno, esos ojos que la devoraban ávidamente mientras la recorría con la mirada o al menos a sus pechos tampoco es que ayudaran a calmarla y estaba a punto de confirmar sus temores.
- Tus pechos - fue todo lo que dijo, de manera inquietantemente sosegada, casi como un susurro pero que en el silencio de aquella habitación resonó con tal fuerza a oídos de la pelirroja que sintió como si le taladrara los tímpanos.
- ¿D-Disculpa? - no pudo evitar el flaqueo en su voz tras escuchar lo que había escuchado, es decir, ella no le acababa de pedir eso, ¿o sí?, no, quizás solo se lo imagino o incluso peor, Akeno solo quería fastidiarla una vez más, sí, eso tenía que ser.
- Eso es lo que quiero... tus pechos Rias - no, no había escuchado mal, de verdad le había dicho aquello y el anhelo en los ojos de la pelinegra solo terminaban de confirmar tal hecho para horror suyo, - solo hablare si me dejas jugar con tus pechos - y todavía tenía el descaro de repetírselo y peor aún dejar en largo que ese era el único pago que estaba dispuesta a aceptar a cambió de soltar la lengua, cosa que la dejaba en una encrucijada.
"Uuugh, maldita sea Akeno y su perversión", se lamentó en su mente, debió esperarse que algo como esto podría pasar, es decir, era Akeno, su Akeno, la misma Akeno que le había confesado tiempo atrás haber hecho unas cuantas guarrerías usando ropa interior femenina, entre esas prendas, algunas suyas y otras de la castaña que era su madre.
Debió esperarse que una bisexual consumada como esa pelinegra que ademas parecía una drogadicta con síndrome de abstinencia por no ver a su novio en un tiempo iba a pedirle algo sucio si tenía la oportunidad y de hecho si consideraba las cosas, quizás desde el principio eso era lo que tenía planeado y ahora tenía una difícil situación entre manos.
- ¡N-No es gracioso Akeno! - grito para reprender a su amiga al tiempo que el bochorno la embargaba y como acto reflejo sus brazos antes debajo de sus pechos, ahora los cubrían en un fútil intento de protegerlos de su amiga, que al ver que mantenía la seriedad respecto a su pedido solo la hizo abochornarse más, - p-pide cualquier otra cosa, l-lo que sea menos eso - para cuando se percató de lo que dijo ya era tarde, acababa de salir de la sartén para caer directo al fuego.
Se maldijo internamente, no era así como debió decirlo, debió asegurarse de dejar en claro que podía pedir cualquier otra cosa que no fuera algo sexual y en su lugar, le dio la posibilidad a la degenerada que tenía por amiga de renunciar a sus pechos a cambio de un premio más jugoso y si la conocía lo suficiente y de hecho lo hacía, era evidente que no iba a dejar pasar tremenda oportunidad.
- Fufu, lo siento Rias - se rio de ella y por un momento en su rostro se vio el escándalo que le provocaba ser el objeto de las burlas de Akeno, era orgullosa después de todo, no podía esperar otra cosa, - pero ese es mi precio y no aceptare otra cosa - fue lo que termino diciendo, esta vez acercándose quizás más de lo debido a una desarmada y vulnerable Rias.
No pudo evitar el suspiro que salió de ella, después de todo acababa de evitar una bala que ella misma había puesto en el cañón, así que por un lado se sentía aliviada de que su error no pasara a mayores, pero, por otro lado, una parte de ella, una muy, pero muy pequeña parte que se negaba en ese momento a aceptar su existencia, se sentía decepcionada de que Akeno no hubiese aprovechado la oferta.
No es que no le aliviara el que Akeno no quisiera algo más con ella en ese momento, pero al mismo tiempo, luego de imaginarse un par de escenarios donde ambas acababan en la cama disfrutando de devorar el cuerpo de la otra de una y otra forma, aunque jamás lo admitiría, se había excitado un poco, así que, cuando Akeno no quiso nada más, fue un golpe a su propia excitación, porque a fin de cuentas, solo porque no fuera tan abierta en expresar lo mucho que extrañaba a su novio, no significaba que la abstinencia no estuviera presente en ella.
Pero ni muerta permitiría que Akeno supiera eso, así que mejor se enfocó en el problema que aun debía resolver, dejar o no dejar que esa lasciva pechugona frente a ella le metiera mano en los senos y eso solo le hacía preguntarse, ¿por qué de todas las zonas de su cuerpo tenía que ser precisamente en los pechos donde quería jugar?, no es que no disfrutara de las caricias en ellos, de hecho amaba que Issei jugara con ellos y ese quizás era el problema, sus pechos era muy sensibles y tras tantas atenciones de parte de su novio hacía ellos estaba segura que se habían hecho incluso más sensibles.
Lo último que quería era darle el placer a Akeno de escucharla gemir a causa de sus caricias, no le daría el gusto, pero al mismo tiempo si no cedía a su deseo, no podría saber qué fue lo que paso para que Akeno mencionara el hecho de ser sobornada, así que esa era la gran decisión de su vida, ceder a la curiosidad y permitir que la pelinegra saciara su libido y de paso el de ella también o por el contrario mantener las manos de su amiga lejos de su cuerpo y renunciar a su curiosidad pero manteniendo su orgullo en el proceso.
Y justo ahí es que radicaba el problema, la opción más lógica sería olvidarse del asunto y continuar con su vida con su orgullo y dignidad intacta, pero se conocía muy bien y mucho antes de considerar las opciones, ya había decidido que elección hacer, cosa por la que frunció el ceño reprochándose a sí misma por ello.
"Maldito sea mi propio libido", fue lo que pensó cuando finalmente cedió, porque sí, a finales de cuentas iba a aceptar la oferta de Akeno por dos razones, la primera porque fuera ahora o más adelante ella no soportaría la curiosidad de las enigmáticas palabras de Akeno, lo cual significaría que a fin de cuentas tendría que pagar el precio que ella quería y por otro lado, su propia necesidad junto a su desbordada y pervertida imaginación luego de escuchar lo que quería Akeno a cambio de información, termino emocionándola contra su voluntad.
En otras palabras, estaba caliente, realmente caliente que junto con lo mucho que extrañaba a su novio y sus caricias la terminaron convirtiendo en presa fácil para la desvergonzada que tenía por compañera de cuarto, así que bien podía aprovechar para liberar, aunque fuera un poquito de la tensión acumulada y de paso averiguar lo que escondía la pelinegra, era un ganar-ganar para ella, por mucho que le molestara aceptar ese hecho.
- Haaa, está bien, tú ganas... p-pero solo un poquito - finalmente cedió, quería pensar que de mala gana, pero la emoción que le recorría el cuerpo decía lo contrario, aunque eso no evito que se aferrara a la poca dignidad que le quedaba y tratar de imponer límites sobre lo que estaba por ocurrir, cosas que de solo imaginarlo le hizo enardecer las mejillas del bochorno que sintió.
Por su parte Akeno en cuanto recibió el si su rostro se ilumino, difícil saber si por salirse con la suya, por doblegar a Rias, por el gozo que estaba por sentir, lo único que era claro es que en ese momento Akeno estaba sonriendo amplia e increíblemente con demasiada ternura, como una niña que acaba de recibir juguete nuevo para luego empezar a saltar de dicha como una niña, transmitiendo una inocencia que era difícil de creer considerando el motivo de su euforia.
La pelirroja solo pudo suspirar al ver ese comportamiento, de verdad que su amiga era una mujer con una personalidad bastante cambiante e igualmente bastante abierta a expresar sus emociones, pero eso era lo que hacía de Akeno pues, Akeno, no pudo evitar sonreír con gracia ante ese pensamiento mientras veía como la pelinegra saltaba a su alrededor expresando su alegría hasta que finalmente salió de su rango de visión, aunque eso sí, escuchándola aun dar alaridos de emoción por lograr su objetivo.
Y ese fue su error o cuando menos el problema al que no le prestó atención, porque una vez que llego a su espalda, Akeno volvió a ensombrecer su mirada y dejo de saltar enloquecida para mirar a la espalda de Rias antes de lamer de nueva cuenta sus labios lista para hacer lo que se le acababa de ocurrir y que no tardo en llevar a cabo para sorpresa y vergüenza de Rias.
PUYO, PUYO
Al momento siguiente Rias se encontró con sus ojos asombrados por la sensación que la embargaba y que rápidamente llevo su vista hacía la zona de donde venía dicha sensación, encontrándose ahí con la imagen de unas sedosas manos que se aferraban ahora a sus pechos, no solo eso, podía ver y peor aún, sentir, como esos delicados y finos dedos se apretaban contra la carne de sus senos, hundiéndose en la esponjosidad y calidez de sus senos que por si fuera poco, gustosos parecían recibir a los diez asaltantes en un muy obsceno abrazo y cuando finalmente registro todo aquello en su cabeza su rostro coloreado de un rojo que competía con su cabello, con sus ojos en espiral y una sonrisa tensa finalmente reacciono.
- ¡KYAAAAAA! - soltó un grito bastante fuerte debido a la sorpresa y también a la vergüenza de tener sus pechos sobados por la pelinegra que se encontraba a su espalda, - A-Akeno, hnng, p-pero, ¿qué, ouhhh... crees que haces? - estaba escandalizada, aunque por las sensaciones en sus pechos era difícil para ella expresar eso o cualquier otra emoción sin terminar gimiendo en el proceso.
- Ara ara, fufufu, ¿de qué te quejas Rias?, tu accediste a esto, ¿recuerdas? - Akeno por toda respuesta le lanzó ese comentario divertido mientras simplemente continuaba jugando con las tetas de la pelirroja, sobándolas al contenido de su corazón y para colmo, restregando sus propios e inmensos senos en su espalda tratando de seducirla con su esponjosa inmensidad.
Tuvo que tragarse el improperio que estaba a nada de lanzar cuando se vio atrapada en sus propias palabras, sí, ella había accedido a dejar que esa total pervertida y al parecer amante de los pechos jugara con los suyos a placer, era como la versión femenina de Issei pues él también tenía debilidad por los pechos grandes, aunque claro, dada la bisexualidad de Akeno, esta última tendía a ser mucho más atrevida cuando se trataba de jugar con el cuerpo femenino, es decir, quien mejor para saber cómo acariciar a una mujer que otra, ¿no?
Pero ese no era el punto en ese momento, lo que debía de importarle era el hecho de que como siempre, subestimo a su pelinegra amiga y eso era su culpa, porque debido a eso, paso por alto el hecho de que existía la probabilidad de que una vez ella accediera, Akeno la atacaría de inmediato, se descuidó cuando la vio festejar como una niña y ahora lo estaba pagando caro, porque mucho le estaba costando mantener en control su voz y no delatarse a base de gemidos lo bien que se sentían sus caricias contra sus senos, aunque la saliva que escurría de su boca ya la delataba un poco.
- N-No me r-refería a que pudieras hacerlo de i-inmediato Akeno - dioses, era tan difícil para ella concentrarse cuando Akeno la hacía sentir tan bien mientras jugaba con sus pechos, la odiaba por eso, - p-primero ve y d-date una ducha, cuando menos... a-aséate primero - era una excusa y estaba segura que Akeno lo sabía, pero no se le ocurrió nada mejor para detenerla.
No es que le molestara que jugara con sus pechos, pero un asalto tan inesperado la tomo con las defensas bajas y la verdad sentía que necesitaba prepararse, tanto mental como físicamente para lo que estaba por ocurrir, preparar su corazón de ser posible y aunque temía que Akeno no comprara su excusa, le sorprendió que, de un momento para el otro, sus manos se detuvieron, no, no soltó sus senos, pero cuando menos dejo de pasearlas por toda la carne de su prominente delantera.
- Y después de que tome una ducha... ¿continuaremos donde lo dejamos? - increíblemente parecía que su patético intento de excusa, pero no la soltaría si no tenía garantías al parecer, pero eso le daba el tiempo que ella necesitaba, así que decidió complacerla y darle las garantías que deseaba si con ello la soltaba y la dejaba recomponerse.
- S-Si, haaaa, luego de que tomes una ducha, yo tomare una y después de eso podrás hacer lo que quieras hasta que te sientas satisfecha - ya que estaba, bien que mal podría sacar un poco de ventaja y ganar algo más de tiempo, solo esperaba que Akeno lo aceptara y el que se tardara tanto en responder no le daba precisamente muchas esperanzas.
Pero contrario a lo que ya se imaginaba, Akeno la soltó, lo supo cuando dejo de sentir la presión sobre sus senos y al buscar una confirmación con sus ojos, encontró sus pechos libres de los finos dedos de la pelinegra y aunque algo aturdida aun, se giró para ver a su amiga que ahora estaba parada frente a ella, sonriendo con los ojos cerrados y sus manos otrora agarrando sus pechos con obsesivo descaro, ahora estaban juntas tras su espalda.
Quien la viera no creería que esa niña buena, esa chica inocente que en ese momento aparentaba ser Akeno era en realidad una jodida pervertida con un gusto desmedido por las mujeres, especialmente las muy voluptuosas si es que la forma en que la manoseaba a ella era un indicativo de algo.
- Esta bien, entonces entrare primero al baño y me daré una ducha - agradeció que todo le saliera bien y pudiera quitarse al menos un segundo de encima a Akeno, pero antes de poder relajarse de verdad, se encontró con los ojos abiertos por la sorpresa una vez más, esta vez debido a la cálida sensación que sentía en los labios.
Ni siquiera se percató en que momento fue, pero antes de siquiera poder reaccionar estaba entre los brazos de Akeno una vez más y sus labios habían sido reclamados en un beso por la pelinegra, beso que tan rápido como inicio también termino, al final fue un beso bastante casto, algo no muy común en Akeno, al menos no la Akeno que ella conocía.
- No tardare mucho cariño - cuando sus labios se separaron, Akeno le hizo aquella promesa mientras aun la mantenía prisionera entre sus brazos y ahora con una sonrisa mucho más lasciva y conocida para la pelirroja hablo una vez más, - y entonces podremos... - el final de aquella frase no se dijo con palabras, más bien con acciones, unas muy bochornosas acciones.
- ¡EEEEPP! - Rias se maldijo por ese nuevo chillido, pero es que Akeno seguía siendo muy hábil para tomarla con la guardia baja y en esta ocasión lo hizo distrayéndola con sus palabras, para al final y con esa sonrisa perversa que le ponía de los nervios, agarrarla de las nalgas y apretar con sus manos de tal manera que como con sus pechos, sintió hundirse sus dedos contra la carne y con eso, termino chillando ante la inesperada acción.
Se sonrojo cuando se percató del ridículo sonido que acababa de liberar de su boca y solo empeoro su sentir cuando vio ahora a Akeno con una sonrisa burlona satisfecha de haberla avergonzado de esa manera para un segundo después salir corriendo hacia el baño con risitas escapando de su ser antes de en la puerta girar a verla y lanzándole un beso desaparecer tras la puerta.
- ¡A-A-Akenoooo! - fue todo lo que pudo alcanzar a hacer, bueno eso y tomar una almohada de la cama que luego lanzo contra la puerta del baño en un fútil intento de descargar la frustración que sentía por lo fácil que termino manipulándola esa pelinegra libidinosa.
Luego de eso y ya más calmada simplemente recogió la almohada del piso y junto con ella fue a la cama para recostarse y pensar, la verdad es que envió a Akeno con un motivo más, aparte de ganar tiempo o preparar su corazón para una noche con ella, no es que no lo hubieran hecho antes en ese viaje, pero en esta ocasión se sentía diferente, no, de hecho si era diferente dadas las circunstancias.
Como fuera, en cuanto escucho el agua empezar a caer empezó a rogar para que todo saliera a su favor, en otras palabras, esperaba que mientras estuviera en la ducha, su pervertida compañera simplemente no soportara su lujuria por más tiempo y terminara masturbándose y corriéndose hasta que el coño le ardiera de tanto jugar con él y que de esa manera, su amiga perdiera todo interés en ella.
Aunque claro está, si eso llegaba a ocurrir, cuando fuera su turno de entrar al baño, para su vergüenza tendría que seguir el ejemplo de Akeno y masturbarse para acallar su propia calentura, porque sí, al final y por mucho que se lo quisiera negar, el magreo que le acababa de dar la pelinegra la calentó y mucho, sentía sus bragas húmedas de hecho y eso llevo a que con la misma almohada que recogiera previamente se cubriera el rostro para lanzar un grito amortiguado, al final se la llevara a la cama o no, la realidad era que Akeno había ganado al encender su interruptor travieso.
No supo cuánto estuvo así, de hecho, casi sentía que se había dormido cuando finalmente dejo de escuchar el sonido del agua corriendo y un momento más tarde escucho la puerta abrirse, por lo cual aun con algo de pereza solo levanto su cabeza para ver a su amiga salir y como ya se lo esperaba, la pelinegra sin ninguna clase de pudor salía desnuda con una toalla que usaba para secar su larga melena azabache.
- Muy bien Rias, el baño es todo tuyo - no la estaba viendo en ese momento, solo secaba su cabello con los ojos cerrados mientras le hablaba, pero en cuanto abrió los ojos para verla, se detuvo un segundo antes de, de nuevo sonreír con sorna cosa que le dio un mal presentimiento, - joooo, aunque si estas así de ansiosa por que comencemos, por mí no hay problema - le dijo mientras llevaba una de sus manos a su boca y con su lengua lamía la yema de su dedo medio mientras la veía con sus ojos cargados de lujuria.
Por un segundo no entendió a qué se refería, pero entonces mirando esa peligrosa mirada de su amiga, decidió que mejor se analizaba a sí misma y entonces entendió de que estaba hablando la pelinegra.
Ni siquiera se había percatado debido al cansancio mental que sentía luego de su discusión previa con su amiga, así que ni siquiera se molestó en verificar nada una vez que se dejó caer sobre aquella cama y tras el grito que dio contra la almohada y el cansancio de todo el día, ese pequeño lapsus de tiempo donde al parecer desconecto su mente terminaron de dejarla por decirlo de alguna manera vulnerable a la indiscreta mirada de Akeno.
Y no es como que fuera culpa de la pelinegra, al menos no totalmente, es decir, ella estaba ahí, acostada en la cama, totalmente expuesta, no solo porque aún estaba acostada y era fácilmente "atacable", sin posibilidades de defenderse si es que Akeno decidiera irse encima de ella para poseerla, no, como si no fuera suficiente resultaba que ella en ese día en particular al parecer escogió mal su vestimenta.
La razón de ese pensamiento era simple en realidad, en la parte superior estaba usando un suéter blanco crema, bastante ajustado dicho sea de paso, cosa que realzaba mucho su figura y sus curvas, especialmente sus enormes senos, pero había olvidado la configuración misma del suéter el cual constaba de dos piezas por decirlo así, una pieza encargada de cubrir toda la zona del vientre y la espalda, ahí en la espalda era donde se unía con la parte superior del suéter que se encargaba de contener su prominente delantera.
Ambas piezas frontales estaban separadas y eso generaba un espacio justo debajo de los senos de la pelirroja que con el movimiento previo de la chica simplemente se abrió más al punto de tener sus pechos un tanto más expuestos de lo que deberían o querría y dado lo ajustado del suéter, la idea de usar un sujetador había sido descartada por cuestiones de comodidad, así que había bastante piel expuesta en esa zona en ese momento, por no mencionar la apariencia desarreglada del suéter ahora que la parte superior del mismo se había subido tanto.
Pero eso era lo de menos, le gustaban sus pechos, a veces los consideraba un tanto más grandes de lo que le gustaría, pero aun así se sentía muy orgullosa de lo que tenía, así que no tenía problemas con que su mejor amiga se regalara ese lujo de vista, mucho menos cuando ya había visto mucho más que eso en el pasado, no, el verdadero problema estaba más al sur en su cuerpo y era la razón del morboso y burlón comentario de la pelinegra.
Debía combinar de alguna manera el suéter y que mejor que una bonita y elegante falda color negro mate que contrastara, el problema era que si bien no era una falda corta, si era ajustada, tal vez un tanto más de lo que debería y eso a su vez reducía la cantidad de movimiento que podía realizar con sus piernas, por lo cual cuando se acostó en la cama, termino abriendo de más las piernas y claro, eso contravino con las especificaciones de la falda que usaba, ese enfrentamiento entre ambas partes termino con sus piernas ganando la justa y encontrando el alivio que querían al sentirse más libres.
Pero claro, todo tiene su precio y en este caso el precio de esa libertad era que su falda al no poder contener sus piernas, termino subiéndose cada vez más conforme sus piernas se separaban cada vez más entre ellos y para cuando alcanzo una posición que le resultara cómoda, la falda que previamente cubriera sus muslos se encontraba ahora recogida sobre su cintura dejando expuesta toda la piel de sus muslos y no solo eso, debido a que había abierto tanto sus piernas en pro de sentirse más cómoda, también había dejado un muy buen y abierto primer plano de su ropa interior, que en este caso consistía en unas sexys bragas color rojo intenso.
Al notar esa particularidad a su mente llego la pregunta de ¿qué tan cansada estaba en ese momento como para ni siquiera percatarse de este incidente en ningún momento? y para colmo, tenía que ser Akeno quien le hiciera caer en cuenta de ello, pero lo que más le preocupaba de todo eso no era que le estuviera viendo las bragas, bueno si, la avergonzaba bastante el que la viera en ese momento, pero lo que más la alteraba, era que ella era consciente de que con los juegos previos se había calentado y que para bien o para mal, se había mojado y ahora, dada su indefensa posición y el que se quedara congelada luego de eso, seguramente le debía estar dando una buena vista de la mancha de jugos que empapaba sus bragas y que oscurecía la tela.
Para cuando finalmente reacciono, totalmente abochornada por cierto, cerro las piernas en un parpadeo y se sentó en la cama tan rápido que incluso llego a sentir como se mareaba por el abrupto movimiento que acababa de realizar, aunque no es que le importara mucho cuando había cosas más importantes ocurriendo en ese momento.
- Entonces... quieres empezar ya o... - Akeno como siempre no dejo pasar la situación y con una voz sensual, algo bastante típico en ella le dirigió la palabra mientras al mismo tiempo se iba acercando a ella lenta y sensualmente como una erótica, pero mortal depredadora, cosa que la hacía sentirse incomoda, así que mejor actuar rápido para salir de ese embrollo.
- ¡V-Voy a entrar ya! - no le importo el grito que denotaba su actual estado de desconcierto y un tanto desesperado, solo quería salir de ahí así que sin importarle el que aun mantuviera ese aspecto desarreglado que origino el último y muy bochornoso comentario de Akeno, simplemente paso de largo a su amiga, - con permiso - fue todo lo que dijo cuándo paso a su lado de manera presurosa.
La escucho reírse y eso solo la avergonzó más, Akeno parecía tener un fetiche por fastidiarla y lo que más odiaba era lo fácil que le resultaba, así que, luchando contra su propio impulso, se negó a detenerse o siquiera mirar hacia atrás solo por no ver el rostro de satisfacción y burla de su amiga al verla tan alterada se refugió en el único lugar que al parecer podía hacerlo, es decir el baño, no sin antes dar un buen portazo.
Ya en la soledad y seguridad del baño se permitió respirar de nueva cuenta con normalidad, calmarse y recuperar el control, termino recostándose contra la puerta reprochándose lo fácil que caía en las provocaciones de Akeno, cosa que solo la impulsaba a seguirla molestando, tenía que aprender a hacer la vista gorda y los oídos sordos a esos juegos o un día de verdad le iba a dar una aneurisma por el estrés.
Como fuera, ya estaba en el baño, bien podría aprovechar esa ducha para relajarse, calmarse y sí, aun rondaba su cabeza la idea de meterse los dedos en su coño para calmar su calentura, pero no se adelantaría a los hechos y con las ideas más claras, procedió a quitarse la ropa o más concretamente terminar de retirarla de su cuerpo.
Por una u otra razón eso la llevo a colocarse justo frente al espejo en el baño y solo ahí pudo darse una mejor idea de qué clase de visión fue la que al final le regalo a su amiga y vaya que si le dio una visión interesante, a decir verdad era increíble que no hubiera terminado con los senos al aire de lo subida que estaba la parte superior de aquel suéter, es decir, ya se asomaba el tono rosa de sus areolas, así que estaba a un mal movimiento de dejar expuesto su pecho y aunque sonaba feo o incluso lascivo, agradecía a sus pezones que al parecer fueron los encargados de retener la tela y evitar dejar ver más de lo debido.
Pero claro, ella tenía razón en una cosa y esa era que el verdadero espectáculo se daba entre sus piernas, como si de por si aquella erótica prenda no fuera suficiente, como ya se temía, resultaba que una parte de esa tela rojo pasión estaba más oscura y no se necesitaba ser un genio para saber que era producto de lo húmeda que se puso con el repaso de la pelinegra y claro, le regalo un primer plano de esa humillación a quien menos debía.
Solo suspiro, no tenía más que hacer respecto a ese tema, lo hecho, hecho estaba, así que mejor tomaba esa ducha para lavarse los problemas, aunque sea por un rato y con eso en mente termino de quitarse la ropa, empezando con sus bragas que era lo más fácil en ese momento de retirar, luego su recogida falda y al final el desarreglado suéter.
Fue curioso cuando termino de desvestirse y se encontró con su desnuda imagen frente al espejo y simplemente no pudo evitar el presuntuoso momento de admirar su figura, ni tampoco la sensación de entender a su novio y su debilidad por su cuerpo, es decir, solo había que mirar lo que tenía, labios carnosos, finos y besables, pechos grandes, esponjosos, suaves, llenos, bien puestos y coronados por un par de lindos pezones rosa contrastando, una cintura estrecha y unas caderas anchas, casi se podía considerar un sinónimo de la gran fertilidad que poseía, en otras palabras, vista de frente poseía una figura de reloj de arena que muchas envidiarían y que orgullosamente podía decir era la herencia genética de su madre y eso por no mencionar su trasero.
Se perfilo para poder apreciarlo mejor, era tan carnoso, tan redondo y estaba alzado incluso ahora que se había retirado las bragas, hacían una deliciosa y pronunciada curva desde el punto donde la espalda cambiaba de nombre y que terminaba justo donde empezaban sus muslos, era hasta incitante en su forma, como si pidiera ser azotado por una mano para ser castigado por ser un culo tan lascivo.
No supo en que momento fue, pero de repente se encontró a si misma pasando con hambre su lengua por sus labios, como saboreando su propio cuerpo y aunque era vergonzoso, al mismo tiempo era para sentirse orgullosa, es decir, su cuerpo era tan hermoso y atractivo que podía seducirse incluso a sí misma, por muy narcisista que aquello sonara.
Cuando salió de ese trance, avergonzada por cierto, solo sacudió su cabeza y mejor entro a la ducha, donde dejo correr el agua, por un momento considero usar agua fría y así calmar su excitación, pero al final lo desestimo, quería relajarse, disfrutar de ese momento donde podía dejar fluir con el agua todas sus frustraciones y el agua fría no encajaba con ese objetivo.
Claro que, pronto se topó con un problema en su deseo cuando se encontró a si misma sin poder dejar de pensar en cosas sucias, producto de las previas caricias de la pelinegra que era su amiga sobre su anatomía, no contenta con eso, su mente divago en sus recuerdos aún más y pronto empezó a reproducir todas las sesiones de amor con su castaño novio y eso solo le recordó lo mucho que lo extrañaba y lo necesitaba, cosa que no hacía más que acrecentar su necesidad, para ese momento su entrepierna estaba bastante húmeda y no precisamente era debido al agua.
No iba a negarlo, la cantidad de veces que se encontró a si misma con sus manos peligrosamente cerca de su intimidad no fueron precisamente pocas y en más de una ocasión debió librar una lucha interna contra su propia mente que solo le decía que dejara de lado su orgullo y se masturbara hasta saciarse y considerando como de ansiosa se estaba poniendo, la idea se tornaba cada vez más atractiva.
Sin embargo, a como pudo resistió la tentación y se concentró en, y solo en, asearse, su largo cabello carmín, su rostro, brazos, vientre, piernas, obviamente también sus pechos y trasero, pero eso sí, procurando cuando se trataba de esas zonas hacer el trabajo rápidamente, no fuera que al final la tentación fuera demasiada, ni que decir cuando lavo entre sus piernas, fue todo un suplicio pasar su mano por ahí, pero como ya se había propuesto, no iba a dejar que Akeno ganara en esto.
Cuando finalmente termino con su baño, tomo la toalla y empezó a secarse, con cuidado y gentileza hasta que su cuerpo estuvo lo suficientemente seco, entonces tomo una segunda toalla que envolvió alrededor de su cuerpo mientras con la otra secaba ahora su cabello y mientras lo secaba y ya más relajada, finalmente se dirigió a la salida para volver a la habitación junto a su pelinegra compañera.
La verdad a estas alturas no estaba tan preocupada, no es que su baño durara una eternidad, pero estaba segura de que había pasado un buen tiempo desde que entrara en el baño y la verdad dudaba que Akeno siguiera despierta para ese momento, así que estaba convencida de haber esquivado esa bala, al menos por ahora y con ese pensamiento salió de la habitación del baño aun secándose su largo y hermoso cabello.
- Ara, Ara, te tomaste tu tiempo en salir Rias - esas simples palabras la frenaron en seco y le hicieron abrir grandemente los ojos, al parecer no era su día de suerte pues sus suposiciones habían resultado erradas y cuando levanto la vista para mirar a la pelinegra, pronto entendió que era mucho peor de lo que se había imaginado.
De entrada y para su desgracia, Akeno no se había dormido, de hecho, se veía muy despierta y no solo eso, era más que obvio que la estaba esperando, por si fuera poco, la recibía con una linda sonrisa en su rostro, lo cual la ponía en una posición incómoda respecto a cómo actuar ahora frente a la pelinegra, aunque claro, eso no era lo que más la mortificaba sino el hecho de que aun ahora, estaba desnuda.
Sí, completamente desnuda, lo cual era un mensaje claro de que aun esperaba su por decirlo de algún modo, premio, pero sin lugar a dudas, lo que más marcaba la posición de la pelinegra, era no solo el hecho de estar denuda, sino que también tenía las piernas abiertas, bastante abiertas, lo suficiente como para dejar ver entre ellas y estaba ligeramente inclinada hacia atrás como para asegurarse de darle a la pelirroja un buen vistazo de su sexo y esa era la mejor o tal vez la peor parte, difícil definirlo en realidad.
La cuestión no era solo que Akeno estuviera desnuda, tampoco era una cuestión de que tuviera descaradamente abiertas las piernas, el colmo de su actitud era que además de su desnudez y su acto exhibicionista, la degenerada a la que llamaba mejor amiga también estaba jugando con sus dedos sobre y entro de su coño como si fuera lo más normal del mundo.
La verdad fuera dicha, jamás llego a creer que fuera posible presentar un acto tan depravado y obsceno mientras en tu rostro la más inocente de las sonrisas estaba plasmada, era casi para no creer que ambas acciones estuvieran ocurriendo en la misma persona y mucho menos al mismo tiempo, pero hela ahí, sentada como si nada, haciendo posible lo imposible.
- ¿Q-Qué se supone que estás haciendo? - la pregunta le resulto hasta estúpida la verdad y no la ayudaba el que tartamudeara al principio, pero es que no sabía ni como procesar la imagen que tenía ante sus ojos, era tan difícil de entenderla y aun así al mismo tiempo tan hipnótico que no podía evitar en ocasiones desviar su mirada justo a la zona que la pelinegra le quería mostrar y que en el proceso su corazón se acelerara.
- Hmmm, bueno estabas tardando tanto que no pude resistirlo - lo decía como si fuera lo más normal del mundo o como si la respuesta en si fuera demasiado obvia, aunque claro la realidad era que ni era normal ni era obvio nada en particular dentro de su comportamiento, - me estaba sintiendo tan solita - y para colmo la muy descarada ahora trataba de echarle la culpa de todo esto a ella y para acentuar su dramática actuación iba y le hacía un puchero.
La verdad estaba congelada en su lugar, como debía actuar en ese momento, es decir, era obvio que ella estaba intentando provocarla, atraerla a su juego, pero por alguna razón sentía que simplemente ignorarla tampoco era una opción, era como si eligiera lo que eligiera el resultado sería el mismo, es decir, accediendo a los sucios juegos de Akeno y lo que más le preocupaba, una parte de ella estaba deseando con cada vez más fuerza que así fuera.
- Pero, ahora estas aquí Rias - de repente esa sonrisa inocente se transformó en una expresión mucho más familiar para ella, es decir, paso de esa inocencia difícil de creer dadas las circunstancias, a una sonrisa mucho más juguetona, lasciva incluso, que claro está, era acompañada por una mirada mucho más depredadora y lujuriosa, - ven aquí Rias, ven y cumple tu promesa - sí, esa era la Akeno que ella conocía, una mucho más lasciva, más coqueta y más directa, todo mientras extendía su mano, mano que previamente estuviera en su coño jugueteando con el mismo y que lamiera sus dedos antes de extenderla hacia ella, invitándola a acercarse, a ir con ella y así pasar una candente noche donde los pechos de la pelirroja al parecer eran el plato principal.
¿Que debía hacer?, esa era la gran pregunta que rondaba por la mente de la pelirroja mientras veía a su amiga que ahora con total erotismo desbordando de su cuerpo la invitaba a acompañarla en la cama, todo mientras con descaro y desparpajo le exhibía el pecaminoso cuerpo que poseía, ¿cuántas mujeres no dudarían de su sexualidad si vieran ese cuerpo como lo veía ella en ese momento?, su mente empezaba a divagar en cosas sin importancia y el tener ahora una vista clara del húmedo sexo de la pelinegra no le estaba ayudando mucho a concentrarse.
Era evidente que Akeno no tenía la intención de desistir y aunque ella misma lo negara, cada vez era más difícil no ceder a su propio impulso, es decir, incluso en el baño, bajo el agua, hubo momentos donde su mente solo se enfocaba en fantasías lésbicas de lo que podría pasar esa noche y eso solo la calentaba aún más, haciendo que fuera cada vez más insoportable el deseo de masturbarse para acallar ese fuego interno que la quemaba y aun lo hacía del mismo modo, no, la verdad era que ahora viendo a Akeno ahí, desnuda, seductora, erótica, las llamas dentro de ella se estaban convirtiendo fácilmente en un incendió fuera de control.
Hasta ahora se había resistido a esa idea, a ese deseo, básicamente debido a su propio orgullo que en ese momento se encontraba herido al haber permitido que Akeno tomara el control de la situación y por eso pese al ardor entre sus piernas se había resistido a calmarlo, pero una parte de ella, una pequeña parte tenía un proceso de pensamiento algo diferente, para esa parte de su ser, la verdadera razón por la que no atendió su necesidad en el baño, era porque la realidad era que no quería ser ella quien la atendiera, sino otra persona, más concretamente, cierta mujer de excelentes proporciones, largo cabello azabache y por qué no decirlo, unos pechos incluso más grandes que los suyos, así que a ese punto la pregunta era, ¿por qué seguía resistiéndose a algo que al final de cuentas si quería?, es más, ¿realmente valía la pena estarse resistiendo solo por orgullo?, ¿valía la pena abandonar ese placer que sabía la estaba esperando en los brazos de su amiga solo por su ego?, la respuesta fue contundente y llego a su cabeza ni bien se hizo esas preguntas.
"Al demonio", fue todo lo que pensó cuando finalmente acepto la realidad, ella quería esto, estaba caliente y aunque bien podía masturbarse para calmarse, bien sabía que sus dedos no serían suficiente, nunca habían sido suficiente y tampoco es como si hacerlo con Akeno fuera algo nuevo, por el contrario, sabía muy bien que con Akeno saciaría mucho mejor esa necesidad, no como cuando estaba con Issei, pero ciertamente no quedaría insatisfecha.
Así que, tomada la decisión, simplemente procedió a hacer lo que sabía que Akeno estaba esperando que hiciera, llevo sus manos al lugar donde la toalla se sujetaba para envolver su cuerpo y aflojo el agarre, tomo con cada mano uno de los extremos de la toalla y simplemente abrió la toalla revelando su desnudo cuerpo para luego dejar caer al piso la toalla para posteriormente empezar a caminar hacia la pelinegra, aceptando gustosa la mano de Akeno que la recibía con una sonrisa de satisfacción.
Ni bien tomo su mano, dejó que la pelinegra la guiara y claro que lo hizo, la invito a sentarse a su lado y una vez en ese lugar no le tomo más de un segundo empezar su asalto que contrario a lo que se esperaba no inició en sus pechos, de hecho, empezó con sus labios, sí, la estaba besando, pero eso sí, que no atacara de inmediato a sus pechos no quería decir que la pelinegra no se estuviera moviendo, serpenteando con sus manos, deslizándolas por su desnuda piel, cosa que le erizó de inmediato la piel.
Tal fue la sorpresa que sintió de ese asalto que se quedó estática, no es que le molestara, era solo que se había preparado para otro tipo de inicio en ese momento y por ello la tomo desprevenida que lo primero que la pelinegra reclamara fueran sus labios, aunque por desgracia antes de que pudiera reaccionar y corresponder, porque tenía toda intención de hacerlo, Akeno al parecer había sacado sus propias conclusiones de la rígida actitud de su compañera y por eso se separó de ella para verla, de manera cálida y sonriente mientras sus manos seguían vagando por su vientre en tiernas y placenteras caricias.
- No debes preocuparte, no hay por qué estar nerviosa Rias - su comentario fue algo extraño para la pelirroja, pero era de esperarse cuando Akeno había interpretado su rigidez como sinónimo de nerviosismo o tal vez ansiedad y quería relajarla, era un lindo gesto de su parte si lo pensaba bien, - es decir, hemos hecho cosas más sucias juntas en el pasado como para sentirse nerviosas ahora - y el momento se arruino cuando Akeno decidió ser Akeno y mencionar hechos vergonzosos.
Por un lado era vergonzoso que le recordara que gracias a la relación tan particular que tenían con el castaño, habían explorado nuevas formas de amarse en la cama y en este viaje habían probado en gran medida las mieles del sexo lésbico en una forma quizás más literal de lo que uno imaginaría, pero por el otro, fue su culpa por esperar un comportamiento distinto de su amiga cuando esta se desataba sexualmente hablando, así que fue muy ingenuo de su parte creer que de verdad la intención de la pelinegra fuera relajarla, bueno al menos solo con palabras.
- Akeno... eres una idiota - también era una depravada, pero en ese momento eso era irrelevante y la verdad es que estaba segura de que ella se enorgullecería de ser llamada así en ese momento, así que mejor se callaba y solo la dejaba ser a ella y a si misma también, por lo cual decidió demostrarle lo equivocada que estaba en sus suposiciones y esta vez fue su turno de sorprender a la pelinegra iniciando el beso ella misma.
La sorpresa no duro mucho y antes de darse cuenta, Akeno respondió el beso más que gustosa, después de todo, era mejor cuando ambas se comprometían con los juegos y con eso en mente se dejaron caer en la cama para entregarse al placer que para ese punto, ninguna de las dos era capaz de frenar o de siquiera querer intentarlo.
Y así es como llegaron a la actual situación, dos bellas mujeres en la cama, desnudas, bajo las sabanas con la pelinegra prendida cual bebe a las enormes mamas de la pelirroja, más concentrada en devorar esos globos de carne erótica que en hablar sobre lo del tan mencionado soborno que recibió, más centrada en hacer delirar a su amiga por el placer que en cumplir su parte del trato luego de que ella cumpliera el suyo, aunque no es que pudiera quejarse cuando todo esto se sentía así de bien.
Pero era irónico si lo pensaba, había terminado sobornando a la pelinegra para así saber sobre un soborno previo, era algo que si no lo estuviera viviendo no se lo habría creído y lo más insultante en ese momento es que incluso a ella le resultaba difícil no olvidarse de la razón por la que en un principio acepto todo esto en primer lugar, que además de todo no solo estuviera atacando sus senos sino que además también jugara con su coño, insertando sus dedos todo lo que podía dentro de su húmeda cavidad, la verdad es que no ayudaba mucho.
Por un lado, sí que quería finalmente saber de qué se trataba todo el asunto sobre ese soborno que mencionara Akeno anteriormente y con lo que llevaba comiéndole la cabeza todo el día así que quería que se detuviera de jugar con su cuerpo, pero por el otro, iba a matar a la pelinegra si se atrevía a detenerse, así que ahí estaba, tratando de obtener ambas cosas a la vez, por muy codiciosa que eso la pudiese llegar a hacer ver.
- Akeno, e-es en s-serio - trató de sonar molesta, todo con el fin de lograr que esa tonta la escuchara, pero claro, ella estaba más interesada en ese momento en jugar con su cuerpo y si no fuera porque su curiosidad era grande, no le habría importado mucho si era honesta consigo misma, - hngg, h-hi-hicimos un… ¡tratooooo! – trato incluso de recordarle, pero, justo en ese momento, su amiga había decidido meter sus dedos más profundo, lo suficiente para alcanzar su dulce lugar y con ello, llevarla a un orgasmo que la hizo chillar y convulsionar por el placer.
Ojalá y ahí hubiera acabado todo, pero no, aun pese a que aún estaba sufriendo los espasmos luego de su orgasmo producto del asedió contra sus pechos y su coño, al parecer su pelinegra compañera tenía otros planes, aún tenía hambre, aun deseaba jugar y por ello aún estaba asaltando sus glándulas mamarias mientras una de sus manos continuaba explorando su gruta del amor.
- Go he gue guieges he fe shiga Giaf – si de algo le servía, por lo menos esta vez Akeno si le había respondido, el único problema, no logró entenderle nada porque pese a que estaba hablando con ella, la pelinegra aún tenía sus pechos en la boca y por lo que veía no tenía intención alguna de soltarlos pronto.
No estaba segura que era peor, el hecho de que no le estaba entendiendo ni una sola palabra o el hecho de que la causa fueran sus propios pechos, claro, la lujuria de Akeno jugaba un papel importante también, pero al final, nada de esto estaría pasando si ella no hubiera cedido en primer lugar.
Como fuera, al menos Akeno ya tenía intención de hablar al parecer, así que antes de que perdiera su atención una vez más, aprovecharía para hacerla cantar como canario, pero primero, debía asegurarse de que la pelinegra la soltara si es que quería entender lo que sea que fuera a decirle.
- Akeno… sabes que no debes hablar con la boca llena – los modales ante todo, por mucho que estuvieran a mitad de un momento de pasión, si no liberaba su boca, no podrían tener una conversación seria, - así que deja mis pechos un rato y por favor repite lo que dijiste – estaba tratando de sonar seria, aunque que tanta seriedad o que tan estricta podía ser estando desnuda, sonrojada, acabada de salir de un orgasmo, con sus pechos siendo chupados y su coño siendo masturbado.
Como se lo temía, Akeno no le hizo caso y por lo que parecía, si la iba a hacer escoger entre hablar y sus pechos, sus pechos siempre iban a ganar, maldita fuera la lujuria de su amiga y maldito fuera el orgullo que sintió por el hecho de que la pelinegra prefiriera sus pechos.
- Vamos Akeno, entre más lo postergues será peor – ya estaba más repuesta y por eso decidió tratar de apelar a la razón de la pelinegra, pero no iba a llegar a ningún lado así, ella lo sabía, entonces, si quería convencerla, solo tenía una forma de hacerlo, - si me lo dices, luego p-puedes jugar con mis pechos toda la noche si es lo que quieres – era vergonzoso seguir usando sus senos como moneda de cambio, pero al parecer era su única alternativa y aunque no se lo iba a admitir a su amiga, ella también quería continuar con lo que estaban haciendo en ese momento, tener incluso un papel más activo.
Akeno por su parte, se quedó quieta un momento, pensativa, como si de verdad estuviera sopesando las posibilidades de la propuesta hecha por la pelirroja, bueno, quieta en el exterior al menos, porque dentro de su boca, su lengua seguía juguetona, lo sentía en sus rosadas y duras puntas encerradas en la húmeda cavidad de la chica.
¡POP!
Fue vergonzoso cuando sus oídos registraron ese sonido, porque fue el sonido similar a cuando se destapaba un corcho de una botella de vino o de champagne y lo que lo hacía tan vergonzoso era que ese sonido fue producido luego de que Akeno finalmente soltara su pezón del interior de su boca, no sin previamente tirar del susodicho pecho todo lo que pudo antes de dejar libre al rosado prisionero.
- Fufu, no sé qué quieres que te diga Rias - finalmente hablo Akeno al parecer repitiendo sus palabras previas, cosa que la confundió, es decir, la pelirroja creía que era bastante evidente lo que quería que le dijera, - es decir, no sé cómo es que el significado de soborno te pueda confundir - se la debió esperar, lo sabía y se maldijo por no preverlo, la quería seguir molestando dándole vueltas al asunto y haciéndola quedar como una tonta.
- Sabes que no es a eso a lo que me refiero - pero no iba a caer en su juego y si lo que quería es que fuera más explícita en cuanto a sus deseos, lo sería, total, a estas alturas no podía ser más vergonzoso, - lo que quiero que me digas es que tipo de soborno fue el que recibiste - fue directo al punto y se aseguró de mirar fija e intensamente a la chica para dejarle en claro que esta vez, en serio esperaba que hablara.
De verdad quería saber, es decir, conocía a Akeno y si de verdad la sobornaron, fuera cual fuera ese soborno, debía ser bueno, esa sádica pelinegra no se conformaría con cualquier cosa y eso solo aumentaba su curiosidad sobre qué tipo de soborno fue el que recibió, el no saber la estaba matando.
Entonces ambas se vieron un rato, de manera fija e intensa, como si aquello fuera un duelo donde la primera que parpadeara perdía, aguamarina contra violeta, sus miradas no se separaban y entonces finalmente Akeno sonrió, pero esa sonrisa, esa maldita sonrisa le dio un mal presentimiento, la conocía lo suficiente como para saber que cada vez que la mostraba, nunca acababa bien, al menos no para ella.
- Hmmm, no lo sé Rias… podrías no resistir la tentación - la muy descarada decía eso con ese tono lascivo y esa mirada coqueta, por no mencionar que de nuevo sus manos iban a la carga, paseando sus dedos con leves caricias contorneando sus areolas.
- Hnng… pruébame - el cosquilleo en sus pechos se sentía delicioso y con lo sensibles que los tenía, el efecto era peor, pero, aun así, ella no se iba a dejar vencer, no iba a dejar que Akeno le siguiera dando más largas al asunto, además, ¿qué tan malo podía ser como para que le dijera aquello?
- Fufufu, no digas que no te lo advertí - se estaba divirtiendo mucho con la situación se notaba, entonces tomándola por sorpresa le dio un último beso tras susurrarle unas sucias palabras al oído y al separarse finalmente comenzó su relato, - hmmm, veamos, al igual que tu fue en el día previo al viaje - fueron las palabras que lo iniciarían todo en esa esa noche, en más de una forma.
- Veamos, ¿ropa abrigada, cepillo de dientes, crema dental, champú, crema depilatoria... ropa interior? - enumero todas las cosas que iba a necesitar su hija como si de una lista se tratara, esto con el fin de que su pequeña revisara su equipaje y se asegurara de que no le faltara nada.
- Sip, sip, sip, sip, definitivamente sip yyyyy sip - Akeno respondió a cada uno de los objetos que le decía su madre de manera afirmativa cuando los encontraba en su equipaje mostrándoselos para tranquilizarla y asegurarle de que todo estaba en orden.
- ¿Desodorante, cepillo para el cabello? - continuó la Himejima mayor enumerando todo lo que podía ocurrírsele que debía de llevar su hija, - ¿medias térmicas? - preguntó una vez más en un tono que as parecía como si solo estuviera diciendo lo primero que se le viniera a la mente.
- Okaa-san, ya todo está listo, no tienes que preocuparte - Akeno divertida se giró para ver a su madre mientras le reprochaba su excesiva preocupación y prevención, aunque al mismo tiempo internamente le agradecía el que estuviera tan al pendiente de ella y sus cosas.
- Bueno, pues perdona a tu Okaa-san por preocuparse - Shuri por supuesto se quejó, mientras al mismo tiempo hacía un puchero e inflaba los cachetes molesta por el reproche de su hija ante su instinto materno, cosa que más que hacerla ver enojada la hacía ver adorable, tierna incluso.
Luego de eso ambas solo se quedaron viendo sin decir nada, Akeno sorprendida y Shuri aun haciendo pucheros, para luego de unos segundos, ambas simplemente no pudieron contenerse más y con un simple "pff", soltaron la carcajada que tenían luego de ese pequeño drama que estaban hacienda en ese momento y con aquella risa de parte y parte, el ambiente se aligero mucho en casa de las dos mujeres Himejima.
- Fufufu, lo siento cariño, es solo que no puedes pedirme que luche contra mi instinto materno - una vez recuperada de aquel divertido momento volvió a hablar con su hija, - eres lo mejor que me ha pasado mi amor, solo no quiero que pases dificultades - termino de explicar su postura a su hija, mientras la veía con calidez y con suavidad posaba su mano en la mejilla de su hija como queriendo que en ese simple contacto su niña percibiera todo aquello que le hacía sentir.
Era entendible en realidad, aunque ya era casi una adulta, era inevitable que Shuri, siendo su madre pudiera verla como otra cosa que su bebé, la carne de su carne, el corazón de su corazón, en realidad, que madre que se preciara no se sentía igual, que sin importar cuanto tiempo hubiese pasado, su hijo no dejaba de ser su pequeño, ese ser a quien procuraban y protegían proveyéndolos con todo su amor, y de hecho, en su caso su vínculo era incluso más fuerte y especial, pues el haber estado contando solo con la otra durante tantos años de sus vidas solo reforzó ese lazo entre ellas.
- Lo se Okaa-san y te lo agradezco - Akeno recargo su cabeza contra la mano de su madre como buscando mayor contacto, queriendo transmitirle su propio sentir a su madre como ella también se lo transmitía, - pero todo va a salir bien, quiero que confíes en mi tanto como yo confío en mi Okaa-san - le dijo mirando de la misma forma, cálida y amorosa a su madre mientras cubría la mano de la madura mujer en su mejilla con su propia mano.
Así era su relación, no temían expresar sus emociones a la otra, se tenían gran confianza y del mismo modo les gustaba demostrarse el amor que se sentían en pequeños gestos muy suyos.
- Mi pequeña - Shuri hablo de nueva cuenta viendo a su hija sin romper ni el contacto visual ni la conexión entre sus manos, - sabes que confió en ti cariño – sonrió ahora mientras se acercaba a la pelinegra sin romper el contacto entre sus ojos.
- Okaa-san - Akeno a su vez también miro a su madre sin moverse, solo esperando a que la mayor decidiera acercarse un poco más a ella, pero eso sí, sin dejar en ningún momento de transmitir con su mirada lo mucho que quería a su madre.
Lentamente se fueron acercando sin apartar la vista de la otra hasta que irónicamente los pechos de ambas les impidieron acercarse más, lo cual era curioso si se tenía en cuenta lo cerca que estaban ambas féminas pese al considerable tamaño de sus suaves delanteras, las cuales ahora incluso se presionaban entre sí, pero claro, ninguna de las dos mujeres se percataba de ello absortas en no romper la conexión visual.
Sus rostros ahora estaban cerca, los ojos de cada una estaban inmersos en la basta intensidad de la mirada de la otra, de hecho, prácticamente podían sentir la respiración de la otra, sus alientos chocar mientras sus bocas estaban lo suficientemente cerca y lo suficientemente lejos como para resultar enloquecedor y en ese estado, la primera en hablar una vez más fue Shuri.
- Akeno - llamo sin dejar de verla, con su mano aun contra la mejilla de su hija y su dedo pulgar peligrosamente cerca de la comisura de los labios de la menor obteniendo toda su atención de la obnubilada chica, - ¿Qué hay de tu consolador? ¿ya lo empacaste? – y con aquella voz que demostraba que poco a poco salía del trance, paso a preguntar risueña una vez más.
Hasta ahí había llegado esa extraña interacción madre-hija cuando la mayor decidió retomar la razón por la que entraron en aquel estado en primer lugar, solo que ahora, con una actitud un tanto más burlona hacía su aun desconcertada hija.
- ¿Eh? - en cuanto salió de su previo letargo, su respuesta demostraba su confusión aun presente pues no terminaba de registrar las palabras que acababa de decirle su madre, - ¿amante?, ¿n-no sé de qué estás hablando? – le dijo no porque tratara de evitar la pregunta, más bien era el resultado de que apenas estuviera despertando de aquel trance, por lo cual aún veía confundida a su madre la cual solo sonrió viéndola así de despistada.
- Fufu, vamos Akeno, te conozco, eres una chica hermosa y muy apasionada – le dijo no con sorna, pero si con diversión, - además, estás enamorada de un chico que te deja más que satisfecha – la conocía muy bien, era su hija después de todo, aunque al parecer conocía cada intimo detalle de su vida, - y ahora resulta que estarás alejada de el por dos meses, lo siento cariño, pero sé que no podrás soportar sin verlo tanto tiempo, así que no me digas que no piensas llevar a mini Issei contigo para que te haga compañía en las noches – era curioso, pero incluso ahora, Shuri no retiraba su mano de la mejilla de su hija, de hecho, su otra mano había decidido no quedarse atrás e imitar a su homónima, solo que en su caso tomo a la menor de las Himejima de su cintura.
- ¿Mini... Issei? - Akeno increíblemente aún no se recuperaba, pero al menos parecía que era más receptiva a las palabras de su madre y para cuando finalmente su mente regreso a un estado normal y entendió las palabras de su madre, reaccionó finalmente, - ¡MINI ISSEI! - se alteró al percatarse de ese detalle y abruptamente se soltó de brazos de su madre para salir corriendo un segundo después.
Shuri solo se quedó ahí asombrada por el abrupto y brusco movimiento de su hija, pero sonrió comprendiendo lo que ocurría cuando unos segundos después de perder a su hija de vista, la escucho gritar a lo lejos un simple "¡LO OLVIDE POR COMPLETOOO!", cosa que solo le causo diversión pues al final, si fue buena idea que le hiciera una lista de repaso para asegurarse de que no le faltase nada.
En un primer momento, lo más lógico habría sido pensar que en cuanto Akeno entendió las palabras de su madre, su reacción tan fuerte era el producto de una chica avergonzada que solo quería huir del bochorno de ver a su madre al saber que ella conocía un secreto tan vergonzosamente íntimo de su vida y siendo más específicos, de su sexualidad.
Pero, entre las Himejima la historia era diferente, su confianza era total la una en la otra, un lazo en el que ambas se podían contar lo que quisieran sin temor a ser juzgadas y donde sabían que podían contar con la otra cuando lo necesitaran, así pues, Akeno había recibido un par de consejos sobre cómo darle más sabor a su vida íntima con su novio que ciertamente aprovechaba y del mismo modo, Shuri se había enterado de la existencia de mini Issei.
"Bueno... ni tan mini", pensó esta vez con una sonrisa un tanto más perversa recordando el tamaño de ese juguete, se relamió los labios con lujuria en ese instante, era una imagen difícil de olvidar después de todo, especialmente cuando se enteró de quien era el molde, "haaa, pero el original será aún más grande", casi sintió correrse recordando cuando su niña le revelo que la de verdad era de mayor tamaño y con lo húmeda que se estaba poniendo solo de recordarlo, lo más seguro es que necesitara un cambio de bragas muy pronto.
En cuanto a cómo fue que se enteró de la existencia de mini Issei como lo llamaba su hija y otros cuantos secretos, bueno, había sido el resultado de Shuri siendo una ama de casa, un poco de desorden de parte de su pequeña y un poco de suerte, pero que en ese momento no dejaba de ser irrelevante o al menos así lo veía la madura mujer.
Pero una cosa si era segura, desde que se enteró de mini Issei, bueno, solo bastaba decir que aprovechando las ocasiones en que su hija no había estado en casa, eso le había hecho compañía en sus noches de soledad, aunque claro, su hija no lo sabía y no tenía por qué enterarse... aun.
"Hmmm, lo echare en falta estos días", pensó la mujer con un poco de pena pues con las ganas que se le acababan de despertar, bien podría darle un buen y placentero uso, "pero creo que bien valdrá el sacrificio" lo último lo dijo más animada y con una sonrisita pervertida considerando lo que iba a ganar a cambio.
Salió de sus pensamientos cuando vio a su hija volver, ya con una sonrisa en el rostro y mucho más tranquila, al final le debía una y estaba mirando a su hija, esperando que lo reconociera, cosa que hacía notar con la mirada inquisitiva que le estaba dando.
- Juju, gracias Okaa-san - le dijo con una sonrisa brillante y al parecer más aliviada ahora que si tenía empacado todo lo que iba a necesitar en su viaje, - habría sido una lástima no llevarlo, no habría tenido como jugar con Rias - y al parecer ella tenía sus propias motivaciones para llevarlo, motivaciones que incluían a su pelirroja amiga.
Al final, Shuri solo suspiro al ver los motivos de su niña, ciertamente Akeno era una copia al carbón suya, no solo en físico, sino también en gustos y eso no estaba segura de si debía preocuparla o por el contrario enorgullecerla, quizás lo más adecuado sería decir que era una mezcla de ambas cosas.
- Cariño, solo no abuses de ella, no demasiado - por desgracia, al final, ganaba el lado más juguetón tanto en la madre como en la hija y por eso no dudo en seguirle el juego a su pequeña sobre jugar con su amiga, aunque ya dicho sea de paso también la envidió un tanto.
- Ne, Okaas-san, ¿y qué hay de ti? - eso le llamo la atención a Shuri, pues no supo en ese momento a que se refería ahora su hija y lo dejo ver en su rostro confundido, cosa que Akeno procedió a explicar, - me refiero a si ya tienes todo preparado para cuando lo hagas con Ise - explico mientras con sus ojos le daba una mirada de circunstancias a su madre esperando que entendiera la complicidad implícita en ello.
Shuri parpadeó un par de segundos sorprendida, antes de relajar su pose y sonreír bastante juguetona, al menos a un nivel al que para quien no estuviera acostumbrado a convivir con ese par de mujeres, podría incluso resultar aterradora aquella sonrisa o por lo menos un indicativo de que nada bueno estaba tramando.
- Oh cariño, ¡pero claro que está todo listo! - la energía que uso para decir eso era para no creer, hasta parecía una niña pequeña que recibe un juguete nuevo, bueno, de no ser por esa sonrisa lasciva y esos ojos cargados de una lujuria bastante peligrosa que estaba mostrando la mayor de las mujeres Himejima, - fufufu, no puedo esperar - lo dijo soñadora mientras en su mente escenarios nada santos se reproducían uno tras otro.
- ¡Okaa-san, no comas ansias! - la reprendió su hija que la veía divertida, es decir, quien mejor para entenderla que ella, no había nada mejor para la pelinegra que sentir a su amado castaño tomando todo de ella y a su vez entregándole todo de él, - entonces, ¿ya sabes lo que debes hacer? - pasada la diversión inicial, tomo una actitud más seria y pregunto, cosa a la que su madre fue ahora la que sonrió.
- Por supuesto cariño, todo está más que claro - dijo con notable seguridad en su voz mientras mantenía esa sonrisa, ya no lasciva sino una mucho más sencilla pero que transmitía toda la confianza que sentía la madura mujer, aunque para sorpresa de su hija, Shuri termino transformando esa sonrisa en una especie de puchero demostrando cierta inconformidad de alguna clase.
- Etto... ¿Okaa-san, todo está bien? - pregunto la pelinegra a su madre con cierta preocupación además de curiosidad sobre cual pudiera ser el motivo de porque su madre cambiara su expresión a una más disconforme considerando que hasta hace un momento era de felicidad pura al pensar en lo que vendría con su castaño.
- ¿Hm?, ¡ah, sí, todo está en orden mi amor! - le dijo cuándo su atención fue llamada por la pregunta de su hija, aunque claro, su respuesta no satisfizo a la joven que veía a su madre con unos ojos que le decían que no le creía nada y eso la hizo suspirar, - haaaa, está bien, es solo que... será difícil resistir mis propios impulsos de querer jugar con Ise-chan, pero creo que será más beneficioso para mí si dejo que Venelana y Yasaka-chan hacen su jugada primero, así Ise no podrá escapar de mis garras - se quejó al ser consciente que por su lasciva estrategia, debería de ser la última en actuar, aunque terminó sonriendo de forma perversa una vez más cuando menciono la última parte, la cual parecía producirle mucho placer si la forma en que relamía sus labios significaba algo.
- Fufu, no te confies Okaa-san, mi Ise podría darte una sorpresa - Akeno sonrió de manera similar a su madre, eran en definitiva como dos gotas de agua, pero la pelinegra menor sabía muy bien de que hablaba, después de todo, había sentido en sus carnes la virilidad y vivacidad de su amado y si su madre no tenía cuidado, terminaría reducida a una simple mascota del castaño, justo como ella.
- Ara, ara, voy a tener sexo infiel con el novio de mi hija... haaa, soy un fracaso como madre - cualquiera creería que se estaba reprochando a si misma por lo que iba a hacer, especialmente con quien lo iba a hacer, sin embargo, esa sonrisa en sus labios, demostraba muchas cosas, pero culpa o arrepentimiento no era una de ellas.
Y no era la única, Akeno veía a su madre en su actual estado donde parecía estar soñando despierta y no necesitaba ser un genio para saber qué era lo que llenaba la mente de su progenitora en ese momento y eso la hacía sonreír, siempre compartía todo con su madre, secretos, comida, algunas prendas de vestir cuando se daba la necesidad, no veía porque no podía hacerlo con su novio también, especialmente cuando podía hacerlas felices a ambas y eso era lo que más quería, que su madre fuera tan feliz como ella, además de que tenía sus propios intereses para que todo esto ocurriera.
"Solo un poco más" fue el pensamiento de la menor cuando sus fantasías empezaron a verse tan cerca de volverse realidad, solo debía esperar un poco más, aunque la humedad que estaba empezando a formarse en su zona baja demostraba que esperar no iba a ser para nada una cosa fácil para ella.
- Okaa-san no es una mala madre, de hecho, es la mejor – decidió seguirle el juego a su madre, cosa que cuando ella lo noto solo sonrió divertida, - pero si Okaa-san siente que es demasiado para manejarlo sola, tal vez yo pueda quedarme y ayudarte – dijo esta vez, quizás demasiado emocionada, pero bastante dispuesta al mismo tiempo.
Su hija era un amor, ciertamente se merecía un premio por ser tan buena hija, pero dicen por ahí que más sabe el diablo por viejo que por diablo y por ello es que Shuri pudo entender lo que trataba de lograr Akeno con esto, "juju, sus intenciones se ven desde lejos", fue su pensamiento cuando pudo leer tan fácilmente que era lo que tramaba su pequeña con su propuesta.
- Oh Akeno-chan, deja al menos que Okaa-san disfrute del sexo infiel a solas - le dijo jugando con su hija, la cual no pudo evitar dejar ver su decepción ante la negativa de su madre, - ya habrá tiempo para afianzar lazos después del viaje cariño - aun así, nada le costaba hacerle una promesa a su hija, una que no le molestaría cumplir, - además, sería muy grosero con Rias si la dejas plantada en su viaje estando a un día de salir - y al final decidió usar un poco de chantaje para convencer a su hija, es decir, ¿qué tan malo era querer ser un tanto egoísta y tener a Issei solo para ella en su primera vez?
- Mooo, está bien, hazlo como quieras - termino cediendo su hija, aunque en su tono se demostraba que le hubiera encantado que esa conversación terminara de una manera diferente, pero igual aceptaría lo que su madre le decía.
"Eso no tienes ni qué dudarlo hija mía", a las palabras de su pequeña ella respondió con diversión, asegurándole que haría todo lo que quería con el castaño, aunque claro, dicha respuesta se dio en su cabeza y pronto se perdería entre sus recuerdos.
- Pero más vale que aproveches cada segundo Okaa-san, porque de lo contrario antes de que te des cuenta, estaré de regreso y habrás perdido la oportunidad - ahora fue el turno de Akeno de lanzar su propia y fuerte declaración, claro que no era cierta, aun si ella ya había vuelto y su madre no había actuado, cosa que dudaba, gustosa le daría una nueva oportunidad, solo que esta vez no estaría sola, pero no necesitaba saber eso, después de todo solo estaba intentando provocarla.
- Fufu, oh cariño, entonces más vale que no te distraigas ni te tardes en volver - Shuri como no podía ser de otra manera vio a través de su hija y decidió jugar también su pequeño juego de provocaciones con una que estaba segura le daría la victoria, - de lo contrario, cuando regreses, puede que también ya esté en camino un hermanito para Akeno-chan - no iba a negarlo, fue perverso ese comentario de su parte, pero tampoco le molestaba y lo más importante, sirvió a su propósito pues Akeno abrió los ojos grandemente, cosa que le resulto bastante divertido.
- E-Eso no es justo Okaa-san, se supone que yo debo tener su bebé primero - ¿Akeno en serio estaba haciendo un berrinche sobre bebés con su madre?, en cierta forma cuando se percató de eso, a su mente regresaron recuerdos de sus peleas con Rias, especialmente esa donde ambas hablaban sobre tener hijos con el castaño y los exorbitantes números a los que llegaron respecto a la cantidad.
- Jooooo, quien sabe cariño, después de todo, planeo tener toneladas de sexo creampie con MI Ise - decidió provocarla aún más, aunque en el proceso imaginarse esa escena, de su coño lleno de esa, más que seguro, espesa crema para bebes la emociono, pero decidió seguir su provocación, - además, todos saben que el sexo infiel aumenta en gran medida la probabilidad de embarazo - era una gran mentira claro está, pero lo único que importaba con ello era hacer rabiar a Akeno un poco.
- Mmmm, no se vale, yo también quiero muchos creampies con Ise - y al parecer funciono, si se creyó lo último no importaba, Akeno estaba haciendo de nueva cuenta una rabieta producto de su adicción a Issei y su amor por él y por el sexo obviamente.
- Juju, pero que niña tan malcriada y egoísta he criado - se burló de su hija al verla hacer sus pucheros, era adorable, por mucho que esos pucheros fueran causados por hablar de sexo, - Akeno ya ha tenido muchos creampies para ella hasta hoy, ahora es la oportunidad de Okaa-san - había una razón por la que Akeno era tan traviesa y esa era que venía de familia, algo que, al parecer, así como a la hija, también a la madre le gustaba hacer, es decir, ser burlonas cuando se les daba la oportunidad.
A su vez, Akeno solo inflo más los mofletes ofendida ante el comentario de su madre, cruzo sus brazos bajo sus pechos, realzándolos en el proceso y luego se giró para darle la espalda a su madre a la vez que soltaba un bufido y se disponía a ignorar a su madre a partir de ese momento.
Shuri la vio sonriendo con cariño, su hija podría haber madurado en unas cosas, pero era más que evidente que no lo había hecho en otras, particularmente en los temas del corazón, aunque eso bien podría deberse a que el castaño la malcriaba demasiado, "tendré que hablar con el muy seriamente sobre eso", era obvio que lo iba a regañar por hacer de su princesa una niñita consentida y tendría que arreglar eso ya sea siendo más duro con Akeno o consintiéndola a ella en igual medida también, porque sí, al final no pudo evitar sentir un poco de celos por la suerte de su hija.
Se acercó a su hija sin decir nada y esta solo se enteró de ello una vez que sintió el abrazo por la espalda de su madre mientras esta reía suavemente al ver el comportamiento de su hija, contrario a lo que se esperaría, Akeno no trato de huir del abrazo, por el contrario, sonrió al sentir el cariño de su madre en el mismo y solo se sintió más feliz cuando una de sus manos rompió el abrazo para ir a parar a su cabeza donde revolvió con cariño y afecto sus hebras azabaches.
Al final, Akeno si era una consentida y su madre contribuía a ello, pero no es como que le molestase a ninguna de las dos, su relación siempre fue especial, mas como amigas o incluso hermanas que como madre e hija, por eso ambas estaban disfrutando de es tierno momento durante el abrazo, claro Akeno también lo disfrutaba por otros y más oscuros motivos, pero no había necesidad de arruinar el momento pensando en eso.
- Fufu, Akeno cariño, no seas tan mala con Okaa-san - le dijo Shuri en un tono bajo, tranquilo, algunos incluso creerían que cargado de una sensualidad innecesaria, aunque a su hija no parecía molestarle aquello, - te vas a ir mañana y creo que sería muy feo que estuviéramos peleadas para entonces, ¿no te parece? - mantuvo ese tono, incluso llegando a ser casi un susurro de su parte contra la oreja de su hija, mientras con la mano que aún mantenía el abrazo recorría el suave vientre de su hija y la mano en su cabeza acariciaba su cabello con mimo.
Claro estaba jugando, entre ellas nunca se enojarían, de hecho, la única razón por la que lo harían había resultado siendo todo lo contrario y era lo que las tenía en la actual situación, así que todo ese reproche de los últimos instantes, no dejaba de ser solo una broma para aligerar el ambiente, cosa que funcionaba bien si se veía a las dos mujeres que estaban en relativa paz.
- Okaa-san - Akeno suspiro, al final había logrado lo que quería y eso era que su madre le diera unos cuantos mimos, es decir, pese a todo seguía siendo la niña de mamá, ¿qué había de malo en que quisiera que la consintiera de vez en cuando?, sonrió, de verdad disfrutaba de estos momentos entre madre e hija.
- Ne, Akeno... ¿por qué sigues aquí? - sin embargo, alguien debía de romper el momento y en esta ocasión era turno de hacerlo de la mayor de las mujeres, aunque la forma en la que lo hizo solo confundió a su hija quien ahora la miraba con curiosidad, - si ya terminaste todos tus asuntos aquí, te recuerdo que aun tienes un lugar al que debes ir cariño - le dijo con una divertida sonrisa, ciertamente era entretenido para ella ver el desconcierto plasmado en el rostro de su pequeña.
Akeno entonces empezó a hacer memoria, tratando de recordar a que se refería, pero el recuerdo se le escapaba, lo único de lo que estaba segura era de que a ver a Issei no era, es decir, ya se había despedido de él la noche pasada, de esa manera tendría el día de hoy para terminar de alistarse y dejar todo listo con su Okaa-san en caso de que algo faltara para el gran plan.
Y con Rias, ya la vería al día siguiente, entonces eso tampoco era, simplemente no podía recordarlo, que era lo que estaba pasando por alto, eso era lo que no tenía claro y debió de ser bastante evidente su desconcierto en su rostro ya que su madre soltó una pequeña y divertida risa viéndola antes de al parecer finalmente apiadarse de ella y recordarlo por ella.
- Akeno, tontita, se supone que debes ir con Yasaka y terminar de cuadrar todos los detalles de su plan también - le dijo sonriendo divertida, viendo a su hija mientras la mano que antes estaba en su cabeza ahora estaba frente a su propia boca intentando contener las ganas de reír sin tener mucho éxito en el intento.
Cuando le menciono el nombre de la rubia, bueno, bastaba decir que Akeno abrió grandes los ojos cuando recordó ese pequeño detalle y por dentro se reprochó a si misma su descuido, es decir, tan ensimismada quedo con terminar sus propios preparativos y hablar con su madre, que olvido que también tenía una cita para reunirse con su modelo de hermana mayor, era imperdonable para ella esa involuntaria exclusión de la rubia.
- ¡Yasaka Onee-chan! ¡lo olvide! - se dijo alterada, por no decir que horrorizada al caer en cuenta de su descuido y rápidamente se liberó del abrazo de su madre para salir corriendo hacia su habitación totalmente agitada dejando tras de sí a la pelinegra mayor suspirando divertida ante el arrebato de su hija, había cosas que simplemente no cambiaban.
La escucho desde la sala donde estaba como al parecer se movía presurosa por la habitación y en el proceso causar más de un ruido extraño suponía que producto debido al desorden que debía estar causando buscando lo que sea que buscara, esa niña debía aprender a ser más moderada en sus cosas, en más de un sentido, pero ya la regañaría después.
No se quedó mucho tiempo en sus pensamientos pues fue sacada de ellos cuando frente a ella volvía a aparecer su hija, ahora arreglada con un lindo suéter color lila y una corta falda en tono crema con volantes y un tanto ajustada, se veía bastante bien y ahora entendía a que se había debido todo el ruido previo, su hija se había ido a cambiar, no estaba segura de porque cambió de ropa, pero eso era lo de menos en ese momento y antes de poder hablar con su hija, la vio dirigirse a la puerta.
- ¡Lo siento Okaa-san, pero tengo que irme! - la escucho gritar desde la puerta y por su tono era obvio que estaba apurada, aunque como culparla si dejo esto para lo último y tras un error, aun así, no se esperó que ni despedirse de ella pudiera dado su afán ya que, antes de poder responder a su hija, escucho como la puerta se cerraba tras de su hija dejándola sola en casa.
Estaba apurada ciertamente, pero es que había olvidado atender tan importante asunto, por eso es que salió tan apresurada de casa, ni siquiera paro para despedirse adecuadamente de su madre, solo aviso que saldría y nada más, pero le quedaba poco tiempo y aun debía hablar con su Onee-chan para ajustar junto a la rubia todo lo relacionado con Issei, bueno, al menos esa era la razón oficial y en una razón un tanto más personal, tenía más que suficientes motivos para ir a ver a Yasaka ese día.
Mientras tanto en casa, Shuri solo se quedó ahí parada incrédula de la velocidad con la que salió Akeno sin decir nada más allá de que iba a salir y no necesitaba que le dijera cuál era su destino para saber cuál era y eso la hizo suspirar, esa chica debía aprender a ordenar mejor su cabeza.
- Esta niña, mira que grosera que es, voy a tener que castigarla – dijo la mujer con el ceño ligeramente fruncido para después pasar a reírse divertida, su hija era única en muchos sentidos y vaya que tenía prisa por salir, - haaa, supongo que no volveré a ver a Akeno hasta mañana – fue lo último que dijo la pelinegra resignada.
Claro que sabía de lo que hablaba y por ello estaba más que segura de que su hija no volvería esa noche a casa, sí, su hija podría querer tener sus secretos y eso era válido, pero parecía olvidar quien era su madre y que ella podía leer a su hija como un libro abierto, además de que Yasaka ya le había contado de que se trataba.
Ahora que lo pensaba, Akeno llevaba un bolso con ella y conociéndola como la conocía, era bastante probable que el ruido que escuchara previamente no fuera producto solo de la búsqueda de su hija por ropa para cambiarse.
- Es una lástima, me habría servido esta noche - se lamentó la mujer ante la posibilidad de que se lo llevara, pero entonces lo sopeso mejor, - aunque... sin ella aquí, podría tener mi propia fiesta - llegó a esa realización, al percatarse de esa verdad innegable, su hija no volvería esa noche, en otras palabras, tenía la casa para ella sola esa noche, entonces, ¿por qué no aprovecharlo?, - hmmm... fufufu, quizás pueda llamar a Venelana - fue la idea que se le ocurrió mientras relamía sus labios ante las posibilidades que eso le ofrecía.
- D-De alguna manera, haaa, n-no me sorprende lo de Shuri-san y tu - Rias estaba jadeando en ese momento y llevaba haciéndolo desde hace un rato mientras escuchaba la historia de Akeno, - d-de hecho, no me parece, hnng, raro el que ustedes dos acabaran molestándose la una a la otra - le costaba formular sus palabras, eso estaba claro, pero aun así continuo, - p-pero eso, haaa, haaa, q-que tiene que ver, c-con el soborno, ¡Akenoooo! – esa mujer la iba a enloquecer y en su estado actual, empezaba a dudar de si no era lo que quería.
Y es que resultaba que la historia de Akeno había resultado ser más prolongada y pausada de lo que ella hubiera querido, la razón era simple y más que evidente, Akeno pausaba la historia cada tanto para dedicarse a chuparle las tetas hasta sentirse saciada antes de retomar la historia y ese ciclo se repetía una y otra vez.
Ojalá y solo fuera eso, pues si la cuestión se redujera a Akeno chupando sus pechos, mordiendo sus pezones, lamiendo toda la carde de su busto, especialmente redondeando sus areolas con la punta de su lengua, estirando sus pechos todo lo que podía, agarrando sus pezones con su boca para hacerlo o simplemente enterrando su rostro entre sus pechos, si fuera así, de alguna manera lo podría haber soportado, medianamente, pero lo habría hecho.
Pero nooo, con Akeno las cosas nunca eran así de simples y cuando se trataba de sexo era incluso peor, así que, en ese momento, Akeno se había aprovechado del simple hecho de que ella jamás fijo límites para que la pelinegra la tocara, por lo cual, sus atenciones luego de un rato habían dejado de centrarse solo sobre sus senos.
Sí, seguía usando su boca para atender sus pechos, pero no se limitaba a esa única zona, de hecho, a punta de besos que iban subiendo por su pecho, había crispado su cuerpo, haciendo que cada nueva caricia se sintiera más intensa y conforme subía con sus labios por su cuello la sensación se agravaba hasta que la chica llegaba hasta su rostro donde reclamaba sus labios en un intenso, lascivo y húmedo beso que, para su desgracia, ella siempre respondía ni bien sus labios se posaban sobre los suyos y su lengua invitaba a la suya a un morboso baile.
Y claro, sus manos tampoco es que se quedaran quietas mientras sus bocas se devoraban entre si con gran necesidad, no, Akeno, para desgracia suya, conocía muy bien su cuerpo y donde debía tocarla para hacerla estremecer y no desaprovecho la oportunidad para darle un repaso a su cuerpo con suaves y desquiciantes caricias a lo largo de su anatomía.
Sus pechos fueron un objetivo primario, eso era obvio, jugo con ellos ni bien su boca los abandono, pellizcando sus pezones, magreando su carne o simplemente erizando su piel con suaves y delicadas caricias, para luego bajar por su vientre donde la acaricio con mimo, bordeando su cintura y caderas antes de regresar a su estómago y continuar, luego de un rato, más abajo en su anatomía.
El destino final era obvio y aun así, no impidió que llegara ahí, de hecho abrió ligeramente sus piernas para darle más acceso y cuando sus finos dedos alcanzaron su intimidad, de no ser porque sus labios estaban sellados por los de la pelinegra, en ese momento hubiese soltado un ensordecedor chillido de placer, porque sí, para ese momento, por mucho que la avergonzara admitirlo, su coñito ya latía en necesidad, una enloquecedora necesidad.
Para colmo, Akeno había un momento en el que ciertamente lo último que le interesaba era hablar y contarle su historia y ese momento era cuando decidía bajar completamente por su cuerpo hasta quedar con su rostro directo contra su chorreante intimidad y luego devorarla como si fuera el más exquisito de los manjares y lo peor, ella evitaba que separara su rostro de su vagina tomándola de sus cabellos y halándola contra su sexo deseando que la devorara más, quería regar la boca de esa jodida pervertida con sus jugos, hacerla beber hasta la última gota de su excitación, estaba enloquecida y deseosa de su liberación y el que su amiga y amante mientras devoraba su intimidad subiera sus manos para agarrar sus pechos y magrearlos de la forma tan lasciva que solo ella sabía, bueno, no es que ayudara para hacerla entrar en razón.
Así pues, ambas se habían sumergido en una excesivamente desvergonzada manera de contar aquella historia donde ciertamente, el tiempo que estaba tomando llegar al punto central era más del que cualquiera esperaría y las cosas no parecían que fueran a cambiar en el futuro inmediato, por eso y reuniendo cada gramo del poco autocontrol y consciencia que aún le quedaba, llamo a su amiga para tratar de centrarla de nueva cuenta, aunque eso sí, sin que dejara de atenderla sexualmente, porque sí, a ese punto si esa tonta se detenía, la mataba.
- Fufufu, toda buena historia necesita una buena introducción, ¿no lo crees Rias? - Akeno como no podía ser de otra forma, decidió burlarse de ella, - pero no te preocupes mi amor, ya estoy llegando a la parte buena - no estaba segura de por qué, pero la forma en que lo dijo, se sentía con demasiado doble sentido y eso no podía ser bueno, pero había un problema y eso era que no le importaba.
Sí, Akeno se había dignado a responderle, el problema era que, para hacerlo, había dejado de hacer lo que hacía, es decir, había dejado de comerle el coño para poder mirarla y eso la estaba dejando demasiado insatisfecha, es decir, casi se arrepentía de hacerla detenido de lo que hacía y por eso es que ahora la miraba tan atentamente.
Ahí, entre sus piernas, estaba su mejor amiga, su hermana, su amante, tan desnuda como ella, con su cabello suelto, porque la cinta naranja que siempre llevaba y sujetaba su cabello en una alta cola de caballo hace mucho había desaparecido de su cabeza, dejando su cabello azabache caer libremente y que ahora se encontraba tan desarreglado producto de la pelirroja agarrándola de sus hebras para pegarla más a ella, estaba tan sudada como ella y como plus, su rostro estaba empapado en sus jugos, especialmente su boca donde sus labios brillaban obscenamente humectados por la lujuria destilada de su coño.
Ahí, desde su obscena posición, la veía a ella tanto como ella la veía, sus miradas conectadas y en su caso, sus orbes aguamarina le decían el único mensaje en el que podía pensar, que volviera a su lugar y continuara con lo que hacía, de hecho estaba segura de que se lo estaba rogando y por la sonrisa de la pelinegra, sabía que lo había entendido, por lo que pronto regreso a su lugar, por fortuna y desgracia suya, esta vez, accediendo a la otra suplica que le daba, que no era otra que terminar la maldita historia.
- Fufu, está bien Rias... tu... ganas... traviesa… y sucia... pervertida - la razón de que pausara sus palabras era simple, entre frase y frase, se dedicaba a darle besitos en el coño, cosa que, de continuar así, la iba a volver loca, - lo siguiente... que ocurrió… fue cuando... llegue a casa... de Yasaka Onee-chan - no estaba segura de cuanto resistiría con ese trato, era delicioso pero desquiciante y cuando esa depravada fue y soplo contra su clítoris, sintió desvanecer su mente en un océano de lujuria del que por poco y no quería salir.
- Me alegra que estés aquí Akeno-chan, estaba pensando que ya no vendrías - le dijo con una sonrisa la rubia a su visitante mientras depositaba frente a ella una tasa de té, cosa que realmente agradeció la pelinegra, - eso habría puesto muy triste a tu Onee-chan - le dijo un tanto dramática ahora, cosa que hizo sonreír a ambas divertidas por la ocurrencia de la rubia.
- Lamento la tardanza Yasaka Onee-chan - se disculpó igualmente pese a que era obvio que la rubia no estaba realmente afectada por ello, - es solo que con todo lo que hay que hacer antes de mañana, se me paso por alto - trató de excusarse sobre lo ocurrido, aunque a la rubia eso no pareció preocuparle pues nunca perdió la sonrisa.
- Juju, no te preocupes Akeno-chan, no estoy molesta y más importante, ya estás aquí - trato de relajar el ambiente la rubia quien divertida veía como su hermanita se mortificaba creyendo que ella estaba molesta cuando la realidad era que ese no era de ninguna manera el caso.
- Yasaka Onee-chan - Akeno sonrió contagiada por el buen humor de su figura de hermana mayor y se sintió más relajada al ver que no había incurrido en el enojo de la mujer y que por el contrario estaba feliz de tenerla ahí con ella.
- Claro que no fue lo ideal hacer esto tan tarde - igual la rubia dejo clara la tardanza de la pelinegra pero no a modo de reproche sino debido a lo cortos de tiempo que las dejaba ese detalle, - pero al final logramos hablar de todo lo que necesitábamos hablar cariño - igualmente también remarco el hecho de que pese a la tardanza todo lo que querían hablar ya había sido dicho y al final eso era lo importante.
Cuando la pelinegra apareció en casa de la rubia, claro que llego agitada, se había apresurado y corrido para llegar a casa de la mujer por lo cual, al abrir la puerta, Yasaka se sorprendió de encontrarse con la jadeante pelinegra quien avergonzada por la tardanza la saludo al tiempo que intentaba recobrar el aire perdido luego de su esfuerzo.
Se vio tentada a reclamarle, pero al final prefirió no hacerlo pues lo importante era que, aunque tarde, si la había ido a visitar como lo había prometido, aunque eso no significó que no le hiciera un pequeño puchero por unos segundos por dejarla esperando más de la cuenta, cosa a la que Akeno se disculpó avergonzada antes de que la rubia se riera al lograr incomodar a la joven y luego la invito a pasar.
La rubia llevo a su visitante a la mesa de comedor y ahí se dedicaron a hablar de todo lo que debían hablar, en otras palabras, de cómo sería que la rubia procedería para abordar su oportunidad con Issei, lo que en realidad se tradujo en una lluvia de ideas sobre qué era lo que la mujer haría, porque si era honesta consigo misma, la madura mujer no tenía una idea clara de cómo proceder.
Irónicamente la mayoría de las ideas las termino dando la pelinegra y aunque no eran malas ideas, tampoco es que fueran precisamente buenas, es decir, todas sus ideas eran demasiado guarras y cada nueva idea era más obscena que la anterior, algo bastante normal considerando de la mente de quien venían.
La cuestión era que, aunque avergonzaban a la rubia, al mismo tiempo le emocionaba cuando su mente se imaginaba en todos esos escenarios con el castaño, algo que ciertamente termino calentando su cuerpo, causando cierta hinchazón en sus pechos y más importante aún, una creciente comezón entre sus piernas.
Pero eso no quitaba el hecho de que no se sentía preparada para algo así, no es que no quisiera, de hecho se le antojaban muchas de las ideas de Akeno, por no mencionar algunas cuantas que se le pasaron por la mente y que solo terminaban con ella ordeñando por horas al castaño, en otras palabras, mucho sexo guarro y creampie, pero que aunque le encantaría hacerlo y muy probablemente lo haría, no sentía que fuera lo más adecuado para su primer encuentro con el chico, que por la emoción que le ponía la pelinegra al recordar cando ella lo probó, demostraba que el chico no pondría peros a probarlo más adelante.
- Mooo, Onee-chan, no te gusta ninguna de mis ideas - fue el turno de Akeno de hacer pucheros mientras le reclamaba por las negativas que le daba la rubia y eso le saco una sonrisa a la mujer pues la chica estaba malinterpretando algo respecto a sus negativas.
- Claro que no Akeno-chan, son buenas ideas, algunas algo perversas, pero son aceptables - incluso trato de dejarle claro que le gustaría probar algunas de ellas llegado el momento, aunque la pelinegra no se veía muy convencida, así que mejor lo explicaba más, - es solo que no se si sean las mejores ideas para probar en nuestra primera vez cariño, solo, no quiero asustarlo - le termino de contar la rubia su preocupación principal.
Porque sí, le asustaba que si era demasiado intensa respecto a cómo abordaba al castaño, este simplemente se alejara de ella, es decir, después de todo, ella tenía un lado perverso, obsceno y lujurioso y cuando saliera, porque era evidente para ella que no podría evitar que saliera, lo último que quería era incomodar o asustar al castaño, es decir, no estaba muy segura de cómo reaccionaría si de entrada pasaba a comportarse como una puta sedienta de verga.
- No tienes que preocuparte por eso Yasaka Onee-chan - sin embargo, en lo que respectaba a la pelinegra, los temores de la mujer eran intrascendentes e incluso injustificados, - estoy seguro que lo último que sentirá mi Ise será miedo - le aseguro esta vez con una sonrisa que no era para nada una inocente, - de hecho, si algo debería preocuparte es de que mi Ise no te rompa demasiado rápido - fue el comentario final de la pelinegra respecto al tema mientras su sonrisa solo aumentaba en lascivia.
Akeno sabía por experiencia de lo que hablaba, Issei era un chico tierno, dulce y amable, pero cuando ponías su sangre a hervir de deseo y nublabas su mente con lujuria, era todo un semental que no se detenía hasta que sus bolas estaban secas, lo cual para gusto personal de la pelinegra podía tomar varias horas en las que el castaño se aseguraba de abrir cada agujero en su cuerpo e impregnar su piel con su simiente como si quisiera dejar en claro que ella le pertenecía, así que si no estabas preparada, para el final de la noche, tu cerebro podía quedar hecho papilla de tanto placer, ya lo había vivido y el solo recuerdo le excitaba.
Tan ensimismada se encontraba sumida en sus recuerdos de como Issei abría su coñito, su culito, reformando sus paredes para que se amoldaran a su enorme miembro, como abusaba de su boca o los muchos creampies que llevaba con él que no se percató de que su lascivo comentario había causado estragos también en la rubia.
No es que se hubiera corrido solo de oír aquello ni nada tan extravagante, pero ciertamente se le subieron los colores al rostro y sintió su propia sangre revolucionarse cuando a su mente vinieron imágenes basadas en las palabras de su hermanita, donde el castaño y ella eran los protagonistas de las más desvergonzadas depravaciones y no se mentiría a sí misma, le encantaba la idea.
- E-Es bueno saberlo Akeno-chan - no pudo evitar que la emoción se filtrara de su voz cuando le hablo de nueva cuenta, - m-me preparare en consecuencia - le aseguro ahora intentando calmarse luego de las excitantes imágenes que reprodujo en su mente y que habían enardecido su cuerpo, ahora sí que deseaba que llegara el momento.
Así fue que continuaron hablando sobre cómo proceder cuando llegara el momento y al final, pese a que le resultaba un tanto decepcionante a la pelinegra que su Onee-chan decidiera no optar por alguna de sus obscenas ideas, la madura mujer rubia pudo encontrar una estrategia que sentía era la ideal para su ansiado momento.
Hablaron de otros temas, incluyendo el que la rubia esperaba algún recuerdo del viaje de la pelinegra, pero hablaron largo y tendido, aunque en determinado momento Akeno empezó a comportarse extraño, un tanto inquieta se podría decir, pero era algo lo suficientemente sutil como para que Yasaka no se percatara y cuando terminaron de hablar, fue cuando la rubia fue a la cocina a preparar algo de té, lo cual nos traía al momento actual donde ambas mujeres solo disfrutaban del té tras una nueva disculpa de parte de la más joven.
- ¿De verdad estas bien con ese plan Yasaka Onee-chan? - de repente hablo una vez más Akeno con un rostro de que aún no estaba convencida de lo que la rubia iba hacer, cosa que llamo la atención de la mujer que estaba dando un sorbo a su taza de té, - aun estas a tiempo de cambiar de parecer, sabes - dijo intentando una vez más convencer a su anfitriona de mejor intentar algo más audaz, algo con cuerdas, afrodisiacos y consoladores, en otras palabras, algo más del estilo de la pelinegra.
- Sé que te preocupas mucho porque quieres que todo salga bien Akeno, pero te aseguro que es el mejor plan que puedo usar – trato de tranquilizar la rubia, aunque se sentía feliz de ver que su pequeña se preocupaba tanto por ella, claro, desconociendo los motivos más perversos de la chica o pasándolos por alto por el momento.
Akeno hizo una mueca, no la convencía la verdad, pero claro eso era porque ese no era su estilo, prefería algo más directo, que fuera al punto y temía que quizás la idea de Yasaka no fuera suficiente, algo que la ofuscaba, después de todo, la estrategia de la rubia amenazaba el idílico paraíso que tenía en mente y eso era algo que no quería aceptar.
- Jujuju, ya verás que todo saldrá a pedir de boca Akeno - le divirtió ver a la chica haciendo gestos raros producto de su descontento, pero a veces, era mejor dejar a la experiencia trabajar y eso era lo que quería que su hermanita viera, - es mejor si solo dejo que cuando sea el momento, Issei vea a la Yasaka juguetona tal como es y que él decida - le dijo sonriendo cálidamente tratando de hacer que la pelinegra confié en su buen juicio.
Al final ese era su plan, simplemente que cuando la oportunidad se diera, dejar expuesta a la zorra lujuriosa que llevaba dentro, que el castaño viera su lado más obsceno, simple y llano, ya si el castaño decidía amar esa parte de sí como al resto de la Yasaka que ya conocía, entonces podría disfrutar al contenido de su corazón y entonces sí, quizás usar algunas de las sucias ideas de Akeno para hacer que el castaño reformara más rápido la forma de su coño para adaptarla a su polla.
- Pero Onee-chan - aun así, Akeno no se terminaba de convencer, por eso no pudo evitar replicar una vez más intentando que Yasaka viera su punto de vista, algo que hizo sonreír a esta última pues demostraba que pese a lo mucho que la chica había madurado, había cosas que solo la experiencia le iba a enseñar.
- Akeno, sé que quieres que todo salga bien, pero no es buena idea forzar las cosas, ¿está bien? - le dijo calmada para tratar de transmitir esa seguridad a la menor que aun parecía poco convencida, - además, si Issei es la mitad de lo que me has contado, será inevitable que él me devore, solo confía en mí, ¿puedes hacer eso? - termino diciéndole con dulzura mientras le sonreía con calidez para calmar a su amiga y hermana, al tiempo que transmitía seguridad y le pedía que confiara en ella y en su propia sabiduría.
- Yasaka... Onee-chan - Akeno se negaba a aceptar por completo la decisión de la rubia, pero al mismo tiempo sabía que en eso al final, ella poca influencia podía ejercer, que, pese a sus protestas, debía confiar en que la rubia sabía lo que hacía por mucho que a ella no le convenciera o siquiera le gustara, - haaaa, está bien, confiaré en Onee-chan por esta vez - finalmente tuvo que ceder y en su interior, esperar lo mejor respecto al plan de la madura mujer, después de todo, no tenía de otra.
Si tan solo las cosas hubieran terminado ahí, todo habría sido normal en esa charla tan particular, pero no, la realidad era que ese no era el final de aquella charla y eso lo dejaría ver Akeno quien continuaba viéndose un tanto inquieta y ansiosa, solo que ahora su capacidad para mantener ese estado oculto se hacía cada vez menor y claro está, era cuestión de tiempo para que Yasaka lo notara.
La rubia estaba tomándose su taza de té en ese momento y entonces se percató de un detalle particular ahora que estaban en silencio y eso era que, si hacía memoria, no había visto a la pelinegra alzar su taza para beber el contenido de la misma ni una sola vez y si no lo hacía pronto, su té se iba a enfriar y ya no sabría igual, lo cual sería un completo desperdicio.
- Akeno, querida, ¿por qué no has tomado tu té?, si no te apresuras se enfriará - le dijo cuándo bajo su taza y miro a su invitada, la cual, para sorpresa de ella, se sobresaltó en el momento que escucho su voz, - ¿qué ocurre, acaso no te gusta ese sabor? - no pudo evitar preguntar si acaso era una cuestión de gusto, aunque según recordaba, Akeno siempre había sido una chica golosa y cuando se trataba de té, le gustaba que fuera dulce.
- N-No es nada de eso - se apresuró a decir, aunque por una extraña razón que no llegaba a entender, se veía hasta un tanto nerviosa en ese momento, - l-la cosa es… bueno es solo que... - y entonces, empezó a enredarse con sus palabras donde daba vueltas sobre el mismo punto sin llegar a abordar la idea por completo, cosa que era bastante peculiar.
Y si la rubia lo pensaba bien, ¿no estaba Akeno demasiado sonrojada de un momento para el otro?, es decir, el rubor en su rostro se había extendido como el fuego sobre la hierba seca, cosa que, considerando el tono natural de su piel, hacía un bastante evidente contraste difícil de ignorar.
No solo eso, estaba un tanto inquieta desde hace un momento, de hecho, sus brazos estaban extendidos hacia abajo, cosa que aprisionaba sus pechos y los apretaba entre si y podía jurar que había un ligero movimiento de vaivén que se reflejaba en el subir y bajar de sus hombros, claro era imperceptible a primera vista, pero ya que ahora analizaba bien a la pelinegra, podía notar incluso esos ligeros detalles en su comportamiento.
- Akeno... ¿acaso no te estas sintiendo bien? - la veía tan inquieta que simplemente no pudo evitar la preocupación, por eso le preguntaba si es que algo le estaba ocurriendo, se podría decir que era una especie de instinto materno para con la pelinegra lo que la hacía querer resguardarla en ese momento.
- S-Si, todo está bien Yasaka Onee-chan - le respondió rápidamente, aunque el que se terminara azorando más al responder no ayudaba en lo más mínimo a convencer a la rubia de lo contrario, en su lugar, solo la estaba preocupando aún más.
Akeno no era así, de hecho, salvo con Issei, jamás la veía comportarse tan insegura, aunque claro, al lado del castaño, esa jovencita se transformaba en una doncella enamorada, una niña emocionada con su príncipe y que podía llegarse a sonrojar solo por tomase de las manos con su amado, así que no pudo evitar sentir preocupación de lo que pudiera estar causando esta vez un estado como ese.
- Akeno, cariño, por favor dime que es lo que te ocurre - pidió en esta ocasión un tanto más preocupada pues a no ser que se estuviera volviendo loca, podría jurar que la respiración de la joven frente a ella se estaba tornando más pesada, casi como si jadeara, - sabes que puedes confiar en Onee-chan - incluso trató de animarla a que hablara con ella.
- Es que yo... Onee-chan me dijo... la promesa - le costaba decirlo y no era precisamente por una cuestión de vergüenza de parte de la pelinegra, era más bien las ansias que parecían carcomerla y que demostraba pues su respiración estaba agitada, su mirada parecía entre fija en un punto y nublada al mismo tiempo, por no mencionar que no dejaba de removerse en la silla, - Onee-chan...haaa, haaa... lo prometiste - termino diciendo mientras miraba a la rubia como reclamándole el hecho de que había olvidado algo.
Yasaka por su parte tenía un rostro de perplejidad combinado con curiosidad, es decir, Akeno hablaba de una manera difícil de entender, y más allá de ese detalle, la última parte casi que la dijo bajando paulatinamente el tono de su voz terminando casi en susurro, pero con la suficiente fuerza como para que lograra escucharla.
"¿Promesa?", se preguntó mentalmente luego de escuchar a su pequeña hermanita mencionar esa palabra, la curiosidad la embargo y empezó a repasar en su mente de que podía tratarse, porque para bien o para mal y aunque le avergonzara admitirlo, no recordaba de que era de lo que la pelinegra hablaba y que podría haberle prometido como para tenerla así de inquieta.
Akeno era una chica particular, en muchas maneras, podía ser una chica dulce o una bastante asertiva, podía ser un bello angelito o una completa y juguetona diablita, y cuando se trataba de promesas era una chica a la que le gustaba cumplir las que hacía y más importante aún, que cumplieran con las que le hacían.
Entonces, ¿cuál era la promesa que le había hecho?, esa era la gran pregunta y que llevo a Yasaka a desconectar un instante mientras trataba de hacer memoria y dar con que pudo haberle prometido a la joven en esta ocasión.
"Tal vez algunos dulces caseros", fue su primera idea, pues conocía muy bien a su chica, era una chica golosa, cuya debilidad por los dulces era bien conocida y en su caso bien explotada también, especialmente los dulces que ella hacía, Akeno nunca decía que no a los que preparaba.
Pero la verdad sea dicha, dudaba que fueran sus dulces aquello que la tenía tan inquieta en ese momento, así que por mucho que fuera un golpe a sus habilidades de repostería, no era eso lo que al parecer le había prometido a su pequeña hermanita.
"Dudo que sea ir de compras", fue su siguiente idea y la descaro rápidamente, no es como que la idea fuera mala, especialmente porque hace mucho que no salían juntas y de compras, así que una salida de esas como antes sería algo bueno de volver a vivir, pero una vez más, si lo consideraba bien, dudaba que un motivo como para desatar el particular comportamiento de la pelinegra, entonces, ¿Qué era lo que le había prometido que la tenía así de inquieta?
Fue en ese momento, cuando finalmente se había rendido al no recordar la susodicha promesa y prepararse, para vergüenza suya, a admitir que no lo recordaba y preguntarle a Akeno a que se refería, que la respuesta llego sola o al menos de una manera no hablada y ciertamente poco convencional, aunque eso sí, fue la pelinegra la encargada de refrescarle la memoria.
Ahí estaba su pequeña hermanita, sentada aun en su lugar al otro lado de la mesa, su rostro sonrojado, su respiración ciertamente pesada y ya sin poder ocultar su inquietud ni los movimientos que la misma estaba causando en ella, pero lo que más la delataba era su mirada, o más bien donde la tenía clavada.
Porque sí, en ese momento, la pelinegra ya no disimulaba en lo más mínimo, era casi como si estuviera en una especie de trance donde simplemente no podía y tal vez no quería, apartar la vista de un punto fijo, punto que ella pronto también descubriría.
Su curiosidad le gano en ese momento, Akeno simplemente no dejaba de mirar en esa dirección, como si la sola idea de hacerlo fuera un tabú o algo por el estilo, así que decidió que lo mejor que podía hacer era seguir la trayectoria de esos violáceos ojos y descubrir cuál era el objeto e la desmedida atención de la joven.
Grande fue su sorpresa cuando al determinar la trayectoria de los ojos de la chica y seguir su camino, se encontró que aquello que llamaba tanto su atención, aquello en lo que mantenía su mirada de una manera tan obsesiva, resultaba que de hecho eran sus pechos, sus enormes, carnosos y llenos pechos.
No pudo evitar el sonrojo al darse cuenta de eso y cuando un segundo después de que inevitablemente ella también se quedara viendo su impresionante busto, volvió su mirada a la pelinegra, de repente algunas piezas empezaron a encajar, la respiración pesada, el sonrojo, los movimientos erráticos de la pelinegra, pero por sobre todo su mirada.
Esa mirada ahora que la percibía bien y con una luz más detallada, resultaba estar cargada de deseo, de lujuria, estaba ensombrecida por la más obscena y depravada de las hambres y sentía que con cada segundo que Akeno pasaba devorando sus senos con su mirada, porque sí, así era como lo sentía ahora, que su hermanita estaba devorando con sus ojos y en su mente sus pechos, esa mirada solo se oscurecía más, se ahogaba más y más profundo en el obsceno abismo de lo carnal y fue ahí, reuniendo todas las piezas, que el recuerdo le llego.
"- Fufu, Akeno-chan, ¿te lo imaginas? tu y yo en la misma cama que Ise-chan, disfrutando del cuerpo del otro sin detenerse, es más... si concedes mi deseo... te dejare tener un adelanto y probar mi cuerpo a tu entero placer solo para ti... dejare que disfrutes todo de mí un día antes de que te vayas y así tengas algo que esperar a tu regreso… te lo prometo -".
El recuerdo llego de golpe, fue parte de la conversación que tuvieran hace tiempo donde admitiera a su pelinegra hermanita, el interés, por no decir el amor que había desarrollado poco a poco por el lindo y gentil castaño.
Fue una juguetona y morbosa promesa que le hizo luego de aceptar querer algo más con el chico y estaba pidiendo por decirlo de algún modo, el permiso y consentimiento de la pelinegra para seducir al castaño, un muy obsceno soborno si se quería ver de esa forma.
"- Juju, Yasaka, Akeno es una chica tierna y en ocasiones hasta inocente, pero su libido es otra cosa, su deseo llega a ser insaciable, puede ser una autentica zorra, más si se ve atrapada por el erotismo de una belleza como tú, en eso ciertamente nos parecemos mucho -"
Recordó también el motivo por el cual decidió provocar el deseo de Akeno ese día, todo causado por las palabras de su amiga, cuando retozaban desnudas en la cama tras una candente noche y ella jugueteaba con su cuerpo con caricias que solo terminaron calentándola de nueva cuenta esa noche, recordaba cómo se obsesionaba con sus pechos, chupándolos, acariciándolos, presionándolos y viendo la actitud de Akeno en ese momento, solo un pensamiento cruzo su mente, "su hija tenía que ser".
Volvió a mirar a la pelinegra, ahora con un entendimiento más claro de todo el panorama, un panorama que ella misma había creado y que tenía a Akeno con su sangre hirviendo de lujuria al parecer, después de todo estaba muy inquieta, sus hombros no dejaban de moverse en clara señal del movimiento de sus brazos, no se estaba masturbando delante de ella mientras le veía las tetas, eso lo tenía claro, después de todo ella conocía ese tipo de movimiento y aunque similar, el de Akeno no era igual, aunque poco le faltaba, pero eso sí, debía estar a nada de enloquecer y el extraño movimiento de la chica debía de ser por el constante roce de sus muslos entre sí en un vano intento por acallar su propio y desbordado deseo.
Cualquier otra persona habría actuado pronto para dejar en claro que era una broma, solo un juego o cualquier mala excusa que pudiera llegar a crear en su mente para poder zafarse de una situación tan particularmente problemática por no decirlo de otra forma, pero ella no era como las demás y si era honesta, la realidad es que más que querer sobornar a Akeno en ese momento, fue una más que clara declaración de intenciones hacia la chica.
Al ver a Akeno así, tan ansiosa porque la dejara tocarla, su propio cuerpo respondió, empezó a revolucionarse en cuanto a su propio deseo y pronto empezó a sentir como cada fibra de su ser empezaba a calentarse, mientras una sonrisa amenazaba con formarse en su rostro ante la perspectiva que se le presentaba.
Akeno estaba a nada de empezar a masturbarse delante de ella, lo veía en sus ojos, esa chica estaba realmente ansiosa, sus palabras al parecer habían calado hondo en ella y ahora su deseo la corrompía por dentro, la hacía desear su cuerpo, querer reclamarlo como suyo al menos por esa ocasión.
Y conocía ese sentimiento muy bien, porque ella, Yasaka Kitsuhime, en más de una ocasión se había encontrado en la misma situación, deseando a la pelinegra al borde de la locura, especialmente cuando por un golpe de suerte lograba ver aquello que se escondía bajo las faldas que la pelinegra solía usar y se tenía que morder la lengua para no asaltarla, en esas ocasiones terminaba ansiosa de regresar a casa y complacerse a sí misma imaginando a la chica en su cama y con el castaño a su lado también.
Sí, su propuesta ese día no solo era para sobornarla, sino también con la intención de seducirla y de esa manera satisfacer su lésbico deseo por la hija de su mejor amiga y ahora que finalmente había llegado la oportunidad, tendría que ser una tonta para no aprovecharla y ciertamente Yasaka no era una tonta.
Se emocionó, claro que se emocionó, como no emocionarse ante la perspectiva que tenía, su cuerpo se enervó rápidamente, sus pechos de repente se sentían dolorosamente pesados y con ganas de ser mimados y que decir de su coño, prácticamente su zona intima había pasado a ser un mar de jugos, un obsceno y pervertido glaciar que se derretía conforme el morboso calor que la recorría aumentaba.
Ya no pudo contener más su sonrisa, pero no una sonrisa dulce y cálida como la que normalmente adornaba su bello rostro, no, esta era una sonrisa sucia, depravada y descarada que delataba la emoción que la embargaba y las ansias de tener a la pelinegra frente a ella entre sus brazos o mejor aún, entre sus piernas.
Eso combinado con el hecho de que sus ojos antes brillantes, ahora estaban tan o incluso más nublados por su propia lujuria y deseo que los de Akeno, delataban que la rubia había entrado en un modo más travieso, todo mientras, así como Akeno devoraba sus pechos con sus ojos, ahora ella devoraba a la chica por completo con los suyos.
- Jeeee, ya entiendo - de repente Yasaka hablo con un tono muy diferente al anterior, más coqueto, más travieso, más sucio, cosa que llamo la atención de la pelinegra quien por primera vez en quien sabe cuánto tiempo, finalmente despego su mirada de las enormidades de la rubia para verla al rostro, - así que te refieres a la promesa de ese día – hablo divertida mientras sus ensombrecidos ojos no perdían detalle de las reacciones de la pelinegra.
Akeno por su parte, parecía reaccionar positivamente a las palabras de Yasaka, claro, ella no dijo nada realmente, pero el contexto, la forma de actuar ahora de Yasaka y la sonrisa ladina que tenía le decían todo lo que necesitaba saber y no pudo evitar que sus ojos brillaran con emoción y esperanza al ver que la rubia sabía a qué promesa se refería.
- Moooo, que hermanita más problemática que tengo - Yasaka siguió jugando, esta vez llevándose una mano a la mejilla mientras fingía preocupación, - no pensé que esa niña adorable que conocí un día se convertiría en esta sucia y depravada mujer - sintió satisfacción cuando ante esas palabras vio a Akeno crisparse, eso solo hizo que su vagina hormigueara más, por no mencionar que sus bragas ahora eran un desastre húmedo que ya no podía ser contenido.
- O-nee-chan... - Akeno parecía ida, la estaba molestando, ella lo sabía, pero lo hacía en un juego sucio que podía reconocer y que solo avivaba sus esperanzas de algo más con la rubia esa tarde, solo quería que lo dijera, por eso el que jugara con ella, aunque la excitaba, de igual manera la estaba enloqueciendo.
- Jujuju, oh mi pequeña Akeno - se rio, no pudo evitarlo, ver a la pelinegra así de ansiosa y sabiendo la causa, bueno, le resultaba placentero saberse con ese poder sobre la chica, - ¿estás segura de que esto es lo que quieres? - le pregunto esta vez mirándola a los ojos.
Akeno no respondió, solo se quedó ahí, en su asiento, obnubilada por la mirada de Yasaka que le prometía tantas cosas si decía que sí y a la vez no le decía nada como si tratara de hacerle entender que, si caía en ese profundo abismo de depravación ante ella, sería su culpa y solamente SU culpa.
- Después de todo... si enciendes mi interruptor travieso... no saldrás de mi cama hasta que esté completamente satisfecha - podría sonar a amenaza y quizás hasta cierto punto lo fuera, pero para ninguna de las dos resultaba ser el caso y si hablábamos de Yasaka, bueno, más le valía advertirle donde se metía, porque una vez empezara, no la dejaría marchar esa noche.
- Haaa…haaa... Yasaka...Onee-chan - las palabras de Yasaka le sonaron a gloria y si alguna parte de eso se suponía debía hacerla recapacitar, tuvo un efecto opuesto, ahora más que nunca quería esto, quería meterse entre las piernas de la rubia, - si... quiero hacerlo con Onee-chan - ni siquiera se percató de que dijera esas palabras, pero algo era seguro, las mismas salían de lo profundo de su ser y delataban su ferviente deseo por la madura mujer.
"Jujuju, pero que zorra", se rio en su mente al ver la desesperación y el deseo en el rostro de Akeno, aunque no es como si la pudiera juzgar cuando ella misma estaba segura no estaba en mejor estado que la joven.
Termino llevando el dedo índice de la mano que previamente estuviera en su mejilla a la boca y mordió con coquetería la uña de la misma mientras sonreía lasciva a la pelinegra, cosa que la hizo tragar duro y decidió que ya había jugado con la chica lo suficiente, era hora de reclamar su propia recompensa y ver, de que era capaz una chica que vivía una relación a tres bandas con un hombre y una mujer.
- Fufu, espero que no te arrepientas más adelante Akeno-chan - le dijo divertida aun mordiendo la uña de su dedo, ahora dándole una expresión digna de la más depravada y ninfómana de las putas, para un segundo después, simplemente levantar su suéter rojo pasión para revelar sus desnudos pechos que de hecho ya estaban chorreando leche desde lo profundo de sus invertidos pezones, haciendo que Akeno perdiera su capacidad de respirar, - entonces, ven Akeno-chan... ven y chupa mis pechos al contenido de tu corazón... satisface la perversa necesidad de esta reina de las putas que es tu Onee-chan - fue su demanda mientras sentía su coño derretirse ante su soez lenguaje, la exposición ante su hermanita y la promesa de una intensa noche de lascivo sexo lésbico con la misma.
Esas palabras, esas simples y condenadas palabras, fueron todo lo que se necesitó para que, si aún quedaba un gramo de cordura en la mente de la pelinegra, esta se perdiera y finalmente la joven se rompiera ahogada en sus deseos y movida solo por sus impulsos, Yasaka no tuvo que repetírselo dos veces, ni bien termino de darle la orden, Akeno salto de su asiento y en menos de lo que canta un gallo se encontraba de rodillas ante la rubia, prendida de sus enormes pechos, chupando desesperada sus areolas bañadas en leche buscando incansable el tímido pezón de la mujer.
- ¡KYAAAA! - Yasaka gritó o más bien gimió en cuanto sintió los labios de Akeno contra sus pechos, era tan placentero sentir sus suaves y carnosos labios besar la desnuda piel de sus senos, sentir su lengua pequeña y húmeda recogiendo la leche que se desbordaba y caía por su erótica carne para tragarla al momento siguiente como si fuera el más delicioso de los manjares, sus dientes dándole de vez en cuando ligeros mordiscos, como arreciendo sus pechos, incitándolos a lactar aún más, mientras sentía su desesperación por sacar sus invertidos pezones de su lascivo escondite para que saludaran a la pervertida boca que ansiosa esperaba para jugar con ellos.
Simplemente no se pudo controlar, presiono la pelinegra cabeza aún más contra sus gloriosas mamas buscando aumentar el morboso contacto entre ellas y de esa manera alcanzar nuevas cotas de placer, placer que solo le estaba derritiendo el cerebro y que estaba a nada de hacerla correr solo por amamantar a la hija de su mejor amiga y amante.
- Estoy tan triste, la hija de mi mejor amiga es una jodida puta y lesbiana que no puede pensar más que con su coño - le dijo juguetona fingiendo sentirse incluso decepcionada de la actitud de Akeno, la cual por cierto ni caso hacía a sus palabras o al menos no de la forma que uno esperaría si es que la fuerza con que chupaba conforme le hablaba significaba algo, - Onee-chan va a tener que castigarte para que vuelvas a ser una niña buena y no una sucia zorra pervertida - esto estaba resultando ser más emocionante de lo que, cualquiera de las dos, se hubiera llegado a imaginar.
Akeno simplemente paso de sus palabras, y si llego a registrarlas, tal parece que se quedó solo con las más sucias y obscenas en su cabeza, pues para cuando terminara de hablar la rubia, Akeno estaba chupando desesperada las tetas de la mujer mientras una de sus manos jugaba con sus propios pechos por sobre la ropa y la otra estaba bien enterrada entre sus muslos atendiendo su húmeda necesidad.
Yasaka tampoco ayudaba, sus gemidos, más fuertes de lo realmente necesario, así como sus manos presionando la cabeza de la joven contra sus tetas instándola a que no dejara de chupar, el que ahora estuviera enredando a la pelinegra con sus piernas para evitar que se alejara de ella y el lascivo hedor que ya se desprendía de entre sus piernas tenían a ambas mujeres en un estado pletórico de dicha sexual, Yasaka por sentirse devorada por una joven mujer con tal avidez y en el caso de Akeno, porque el lascivo perfume y la morbosa sinfonía de la rubia tenían su mente en un trance del que no podía ni quería salir.
Amamantar a Akeno, de alguna manera era una experiencia nueva y al mismo tiempo nostálgica, no es que en el pasado lo haya hecho, ni siquiera cuando fuera una bebé, pero, la forma en que chupaba en ese momento sus pechos, como con su lengua lamía hasta la última gota de leche, el cómo mordía sus areolas, era bastante familiar, eso solo le confirmaba de quien era hija, después de todo, Shuri tenía una forma bastante similar de devorar sus tetas cuando hacían el amor.
La desesperación de Akeno mientras tanto solo crecía y crecía, amaba el lascivo sabor que ahora inundaba su boca, ya se había hecho adicta al mismo de hecho, pero, aun así, sentía aquella experiencia incompleta, aun le faltaba algo para sentir que la experiencia de amamantarse de los pechos de su Onee-chan estaba completa y eso no era nada menos que los pezones de la rubia.
Pese a sus esfuerzos, pese a lo mucho que chupaba y chupaba, pese a los leves mordiscos y la leche bebida, ese par de botoncitos simplemente se negaban a salir y saludarla, eso la desesperaba, pero ella era Akeno Himejima después de todo y si esos jodidos pezones no venían a ella por voluntad, entonces ella los obligaría a salir.
- ¡UGYAAAA! ¡Akeno! ¿¡donde crees que metes tu lengua!? – Yasaka se vio sorprendida, gratamente sorprendida cuando de un momento a otro, sintió la lengua de Akeno dejar solo de revolotear por sus tetas paladeando la leche que se derramaba desde el interior de sus areolas y simplemente metió su pequeña y húmeda sin hueso dentro de las mismas buscando sus invertidos y realmente sensibles pezones.
Esa lengua era demasiado juguetona, le estaba derritiendo el cerebro el sentir como con ella, Akeno jugaba dentro de sus areolas con sus tiesos pezones, el simple y húmedo contacto con esos duros botoncitos rosa llegaba a ser insoportable, más cuando Akeno en su afán de sacarlos de su escondite, solo terminaba empujándolos más al interior de sus pechos, por no mencionar como se sentía tener esa húmeda lengua pincelando de saliva las sensibles puntas, era electrizantemente arrollador.
Yasaka estaba enloqueciendo, para colmo con la lengua de la chica metido en sus areolas, estaba bloquean la salida de su leche materna, así que sentir como ese lascivo espacio entre su pezón y la lengua se llenaba de leche y poco a poco generaba una leve presión solo acrecentaba su locura, claro no es como si no se filtrara la leche hasta la boca de la chica, pero la nueva sensación era ciertamente arrolladora y estaba terminando de construir un fuerte orgasmo si es que no detenía a la pelinegra y ese era el principal problema, no quería hacerlo.
Tanto disfrutaba de la atención al detalle en los mimos de esa lengua sobre sus pezones, que realmente se asombró de la habilidad que estaba demostrando la chica, suponía que tener una compañera de juegos cuando Issei las tomaba había rendido sus frutos pues demostraba gran maestría y si ella estaba a nada de correrse solo por tener sus pezones asediados por esa lengua, estaba segura que el castaño debía de tener serios problemas para no correrse de inmediato cuando esa pervertida decidía usar su boca contra su miembro y eso le hizo pensar, ¿si era capaz de causarle tal placer solo con su lengua en sus pechos, ¿qué pasaría si le pidiera que usara esa boquita húmeda y legua traviesa para que le comiera el coño?
Claro que sus pensamientos no duraron mucho cuando una nueva corriente eléctrica la asalto y pronto regreso su atención de nueva cuenta a la actual situación donde su joven amante femenina continuaba devorando con avidez sus enormes globos de carne erótica, aunque claro, ahora con una ligera diferencia, diferencia que era la causante de que dejara de perderse en sus pensamientos y fantasías, fantasías que tenía pensado cumplir más tarde.
Resultaba que mientras Yasaka se mantenía fantaseando con una Akeno metida entre sus piernas, con su lengua enterrada en lo profundo de su coño, mientras le daba con sus labios el más depravado de los besos a sus labios vaginales, la pelinegra había continuado con su tarea, la cual consistía en su lucha por seducir los pezones de la rubia y convencerlos de salir a jugar, por lo cual había continuado las negociaciones entre su cálida lengua y los lechosos botones rosa.
Y finalmente, luego de un intenso estira y afloja con aquellos duros y tímidos pezones, luego de todas las húmedas caricias, los dulces masajes sobre las puntas, luego de tanta seducción, la pelinegra logro su objetivo, lo supo cuando en una de sus intensas succiones contra las areolas de la rubia, pudo sentir como una nueva protuberancia finalmente hacía acto de presencia.
Fue una respuesta automática la que le siguió a la revelación de aquel par de cerezas, porque ni bien los pezones de Yasaka vieron la luz o cuando menos el interior de la golosa boca de Akeno, esta última se posesiono con gula de ellos, pronto olvido cualquier otra parte de esos enormes y obscenos pechos para centrar toda su atención en mimar los pezones de la madura mujer.
Mordió, lamió, beso, chupo, estiro, retorció, cualquier cosa que se le ocurriera hacerle a esos pechos con sus labios y su lengua, la pelinegra lo hizo realidad, simplemente no dejaba en paz a los erectos pezones en su boca y a cambio, Akeno recibió una sinfonía de gemidos de parte de Yasaka quien estaba pletórica ante la sensación y una mejor recompensa, pues ahora hasta la última gota de leche materna que tuviera a bien salir de esos pezones, iba a parar directamente en su boca en obscenos chorros de la más cálida de las leches, la cual se aseguraba de que llenara su boca hasta el tope antes de tragar con deleite y placer.
Yasaka estaba apretando los dientes con fuerza mientras una mueca de placer se dibujaba en su rostro y una sonrisa torcida y mal contenida se formaba en sus labios al sentir el asedio directo del cual eran victima sus pezones en ese momento gracias a la pelinegra que parecía haberse olvidado del mundo que la rodeaba y ahora solo centraba su atención en sus pezones.
Se iba a correr, por un demonio si no se iba a correr ante tremenda estimulación, sus pechos siempre habían sido sensibles, cuando acariciaban sus pechos era como si su cuerpo ardiera en un estado de combustión espontánea ante el calor avasallante que la embargaba en ese momento y si algo había más sensible que sus pechos, esos eran sus pezones, es decir, debía irse con cuidado cuando se masturbaba, pues si atacaba demasiado sus pezones, entraba en un frenesí sexual difícil de aplacar y que bien que mal podía llevarle toda una noche de orgasmos poder aplacar.
Y ahora ahí estaba, sentada en una silla de su comedor, con su suéter levantado, sus enormes tetas desnudas y la joven pelinegra arrodillada ante ella enloqueciéndola de placer atacando sus pezones sin parar mientras a su vez se bebía la leche que de ellos salían que por experiencia personal sabía, podía llegar a ser muy adictiva.
Conforme siguiera de esa manera, sería inevitable que se corriera, se iba a correr, no, estaba más que segura que decir que se iba a correr no era el termino correcto, quizás era más exacto decir que iba a chorrear, sí, en definitiva, si su joven amante continuaba como venía hasta ahora, chupando con desesperación, bebiéndose su leche con tal gula como un hombre sediento que encuentra agua en el desierto, se iba a orinar de placer y le dejaría ver a la chica su rostro más desvergonzado y humillante, estaba segura que Akeno no la vería igual si no la detenía en ese momento y ese era justamente el problema, no tenía la más mínima y remota intención de hacerlo.
Por el contrario, afianzo el agarre sobre la chica, se aseguró de que la pelinegra, la causante del éxtasis en el que estaba, no fuera capaz de separar su rostro o más concretamente su boca de sus tetas, la insto a que chupara más duro, a que si lo deseaba dejara sus glándulas mamarias totalmente secas al beberse toda su leche y con sus piernas se aseguró de afianzar el candado en la cintura de la chica, no la dejaría irse, no solo en ese momento, no, no la dejaría que se fuera de su casa por lo que quedaba de ese día, si tanto quería jugar ese lascivo juego, jugarían, toooda la noche.
Claro que Akeno no es que tuviera pensado alejarse, por el contrario, podía sonar sucio o incluso enfermo de su parte, pero había fantaseado con ese momento infinidad de veces, había perdido la cuenta de cuantas de las bragas sucias de Yasaka se había robado para en las noches masturbarse mientras llenaba sus pulmones con el femenino aroma de la rubia y al correrse, se había asegurado de empapar esas mismas bragas con su esencia liquida antes de devolverle las bragas a la rubia, bueno, al menos las que menos le llamaban la atención.
No, dentro de los planes de la pelinegra, el detener todo aquello no era una opción, quería el paquete completo, ser egoísta en esta ocasión y quedarse a la rubia para ella sola al menos por esa noche, ser la primera en estar con la futura amante de su novio, saciar el deseo que llevaba años consumiéndola y tenía intención de empezar por el nuevo fetiche que había adquirido al descubrir la lactante condición de su Onee-chan, se iba a beber toda la leche de esas tetas aunque la vida se le fuera en ello.
Pero como era de esperarse cuando se trataba de una Akeno desatada, simplemente no iba a quedarse quieta o contenta solo con chupar y jugar con las tetas y pezones de la rubia, no, su propio calor la estaba enloqueciendo y unas caricias sutiles a su propia anatomía ya no eran suficientes como para calmar su deseo, por lo cual en algún momento, simplemente metió su mano bajo su falda, hizo a un lado sus bragas y enterró sus dedos en su feminidad buscando su zona erógena, por no mencionar que su otra mano se las había arreglado para deslizar su propio suéter a un lado y dejar al desnudo sus pechos los cuales ahora apretaba con mayor ímpetu y morbo, todo sin dejar de atender a la rubia ni sus lechosas tetas.
De hecho, de alguna manera, logro sincronizar su masturbación con el jugueteo sobre los pechos de Yasaka, llámenlo talento, intuición o simplemente ser una zorra, pero esa pervertida pelinegra había encontrado una manera de auto estimularse sobre sus zonas erógenas acompasado con el vertimiento de un nuevo chorro de leche materna cayendo en su boca, enterraba sus dedos en su coño o pellizcaba sus pezones cada vez que chupaba los de Yasaka y retraía sus dedos de su feminidad cuando dejaba de chupar, revolvía su coño cuando se dedicaba a lamer los pezones de la rubia e incluso apretaba su clítoris cada vez que mordía la carne de los senos de Yasaka.
De mas esta decir que la rubia sentía que se moría, de seguir a ese paso, se iba a enamorar de la pelinegra, quien sabe, quizás convenciera a Issei de que la hicieran su novia compartida o cuando menos la convertiría en su amante y juguete personal, pero si era honesta consigo misma, dudaba que luego de esa noche y visto lo visto y sentido lo que estaba sintiendo, fuera capaz de vivir sin las caricias de la menor de las Himejima, aunque debió verlo venir, es decir, era hija de su madre después de todo.
Pero sin duda, aquello que termino de romper la ya de por si degenerada moral de Yasaka fue cuando Akeno de alguna forma logro separarse de sus pechos para poder mirarla fijamente, en ese momento, violeta y dorado se conectaron y perdieron en el océano de lujuria que brillaba en los ojos de la otra.
Sus respiraciones agitadas, sus cuerpos sudorosos debido al calor tanto interno como externo, sus ropas recogidas, sus cabellos desarreglados y pegados a sus frentes debido al sudor, en el caso de Yasaka, sus pechos hinchados y con ligeras marcas rosáceas sobre los mismos prueba de la intensidad del trato de la pelinegra para con ellos, por no mencionar su encharcado coño, estado que de hecho compartía con el de la pelinegra que escurría sus jugos en abundancia por sus muslos, un estado que irónicamente, había sido producido en ambos casos gracias a la pelinegra.
Lo siguiente que ocurrió es que Akeno no solo dejo de ver a los ojos e Yasaka, también dejo de tocarse a sí misma, cosa que su cuerpo o cuando menos su húmeda vagina reclamo, después de todo, su orgasmo estaba bastante cerca, pero, había dos motivos que al menos en la mente de la pelinegra justificaban el que dejara de atender las necesidades de su propio cuerpo.
La primera, en cuanto dejo de tocarse a sí misma se abalanzo contra la rubia de nueva cuenta, aunque contrario a lo que se pensaría, esta vez nada tenía que ver con volver a devorar sus pechos, que ganas no le faltaban, pero no, esta vez su objetivo era muy diferente, uno igualmente carnoso, rosado y seductor, pero que esta vez se encontraba alojado en el rostro de su Onee-chan, en otras palabras, fue a por los labios de Yasaka para darse el primero de muchos besos de ahora en adelante.
Yasaka no se esperaba esa acción de parte de Akeno, pero mentiría si dijera que le disgustaba la idea de probar los labios de la joven y que ella probara los suyos, así que superada la sorpresa inicial, ni corta ni perezosa, paso a corresponder el beso de su amante mientras una vez más sujetaba la cabeza de la pelinegra, solo que esta vez para no dejarla interrumpir ese beso que con cada segundo que pasaba se tornaba más y más lascivo, con sus lenguas ahora jugando primero entre ellas y luego en la boca de la otra, tragándose los gemidos de su correspondiente amante pues solo soltaban los labios de la otra para dejar a sus lenguas bailar al aire libre en el espacio entre sus bocas, dejando caer la saliva, la cual iba a dar directo a sus pechos los cuales sin que ninguna de las dos lo notara ahora se encontraban juntos, desnudos y presionados, de tal manera que los pezones de ambas ahora también jugaban entre sí aumentando el calor que las quemaba por dentro, antes de volver a juntar sus labios en total desesperación por volver a sentir y saborear los de la otra.
Y el otro motivo de Akeno para dejar de masturbarse, bueno, era más simple y a la vez más importante, después de todo, dejo de hacerlo porque necesitaba sus manos libres si es que quería hacer lo que deseaba en ese momento tras ver a la rubia a los ojos y ser seducida por la lujuria de la mayor, es decir, paso de masturbarse a sí misma para ahora masturbar a la rubia, acción que ciertamente la sorprendió y la hizo jadear, aunque claro nunca llego a emitir sonido alguno pues Akeno no permitió que dejara de besarla en ningún momento.
Ese era el colmo para Yasaka, no en el mal sentido claro, pero sí que era el límite de lo que estaba en capacidad de soportar sin explotar en un poderoso orgasmo y de paso freír su cerebro dejándola incapaz de pensar en nada más que arrancarle la jodida ropa a esa desvergonzada chiquilla y violarla al contenido de su corazón, aunque algo le decía que eso era justo lo que ella quería, por lo cual la descarga eléctrica que sintió cuando los finos dedos de Akeno se enterraron en su necesitaba de atenciones feminidad tras hacer a un lado el desastre húmedo que antes llamaba bragas fue atronadora, eso sin mencionar que ahora la mano restante de la pelinegra se estaba encargando de reemplazar la boca de la chica en lo que a torturar con el mas morboso de los placeres sus hinchados pezones.
Definitivamente Akeno era una maestra cuando se trataba de satisfacer el cuerpo femenino, ahora lo sabía bien y si pidiera el testimonio de Rias, estaba muy segura que luego de tragarse su orgullo, esa chica admitiría la cantidad de veces que se habría corrido gracias a las manos de Akeno jugando con su cuerpo, es decir, que mujer en su sano juicio podría resistir el placer que ahora la embargaba, sus pezones, pellizcados, retorcidos, dulcemente estirados para un segundo después ser hundidos y en cuanto a su coñito maduro, bueno, esa chica estaba bombeando con sádico placer contra su húmeda gruta, jugando con sus hinchados labios vaginales, frotando con fuerza y lascivia su monte de venus, si, esa chica la iba a matar de placer y esa idea le encantaba.
Para cuando finalmente separaron sus labios, de nuevo se miraron a los ojos, ahora sí que se encontraban jadeantes y sus pulmones ardían con desesperación tratando de recuperar el aire, aunque el que se vieran y jadearan no detuvo las manos de la chica sobre el cuerpo de la rubia, ni tampoco logro que Yasaka soltara a Akeno ni con sus piernas ni con sus manos, aunque claro está, ninguna de las dos estaba muy por la labor de separarse de la otra, ahora más que nunca su deseo e intención era permanecer todo lo juntas que la física les permitiera.
El único cambio ocurrido en algún momento, de hecho, fue, para desagrado de la rubia, cuando Akeno dejo de jugar con su mano sobre sus pechos, resulto, en más de una forma, doloroso perder las atenciones de la chica sobre sus senos, pero luego la vio llevar su mano frente a su rostro y clavar su mirada fijamente en la palma de su mano, la cual sobra decir, para ese momento se encontraba totalmente bañada en la leche materna de sus pechos y no pudo evitar sentir curiosidad sobre lo que podría estar pasando por la cabeza de la pelinegra en ese momento al ver su mano en tal estado.
"La leche de Yasaka Onee-chan... que desperdicio?", sí, desconocido para la rubia, Akeno en ese momento solo podía sentir una emoción, una oscura emoción contra su propia mano y esa era unos profundos e irremediables celos, celos de que fuera su mano y no su boca la que recibiera esa leche, celos de que fueran sus dedos y no su lengua la que causo que la rubia lactara durante esos instantes, en fin, simplemente celos de que por culpa de su mano, había desperdiciado leche que habría sido de mayor provecho si era derramada directamente en su sedienta boca.
Entonces y ante la sorprendida Yasaka, Akeno empezó a lamer su mano y antebrazo, todo con el fin de recolectar hasta la última posible gota que se hubiese derramado sobre su piel, porque sí, estaba siendo egoísta incluso consigo misma en cuanto a querer acaparar la leche de la rubia y donde la quería acaparar, surrealista y ridículo tal vez, pero con su mente en el estado en que se encontraba, no importaba nada de eso y lo demostró cuando llevo sus dedos a su boca y empezó primero a chupar y en algún momento empezó a mover la cabeza de adelante hacia atrás sobre los mismos, quizás ahora creyendo o confundiendo sus dedos con algo diferente, algo más largo, más carnoso, más grueso y venoso, más caliente, que estuviera pegado a cierto castaño y que evidentemente también estaba en capacidad de producir "leche".
Ver eso fue morboso, excitante, depravado incluso, pero pese a todo eso, causo en la rubia un sentimiento de envidia por la pelinegra y el hecho de que ahora estaba obnubilada con sus dedos recogiendo la leche de los mismos, es decir, ella también quería probar el sabor combinado de su leche con el sabor natural de la joven pelinegra y al parecer no se molestaba en ocultar ese depravado anhelo pues cuando Akeno la vio, un segundo después solto sus dedos ahora no solo manchados de leche sino también de su saliva y sonriendo desvergonzada, los estiro en dirección de Yasaka ofreciéndoselos, un ofrecimiento que tras la sorpresa inicial, la rubia no dudo en aceptar y empezar ahora ella a mamar esos finos y delicados dedos, probando no solo el sabor de su propia leche que tanto conocía, también el sabor de la piel de la pelinegra y el de su saliva, una mezcla que en ese instante le resulto por demás excitante.
Como si le hubiera faltado morbo a toda la situación que ambas mujeres vivían, la aplicación y el esfuerzo con el que ahora Yasaka replicaba sus movimientos de vaivén con su cabeza, mamando sus dedos, fue algo que emociono en gran medida a la pelinegra que aun con esa sonrisa lasciva, decidió dejar a su Onee-chan chupar sus dedos como si de una polla se tratara mientras ella regresaba al lugar del cual pensaba nunca debió apartarse, es decir, de vuelta a amamantarse de esas enormes jarras lecheras que la rubia llamaba tetas.
Era un cuadro bastante particular y que quien lo viera, si es que lograba sobrevivir al bochorno, la excitación, el sangrado nasal y la posible eyaculación precoz por solo verlas, diría que, en realidad, era la madura mujer quien bailaba al compás de la más joven y como culparlos, es decir, la imagen que en ese momento ambas representaban no era otra que la de una madura y necesitaba mujer, chupando los dedos de una jovencita con demasiada lascivia, al tiempo que le abría las piernas para que con su otra mano la masturbara y jugara con su vagina a placer mientras la muchacha no desprendía sus labios de las lactantes tetas como si fuera una bebé alimentándose.
Lo peor de todo, Akeno y Yasaka tenían tal compatibilidad en el sexo, que no era necesario hablar para que ambas supieran que hacer, eso quedó demostrado una vez que Yasaka termino de, por decirlo de algún modo, limpiar los dedos de Akeno con su boca y los libero de las dulces caricias de sus labios, no necesito decir nada, no tuvo siquiera que ver en la dirección de la pelinegra para aunque fuera tratar de insinuarle que por favor volviera a acariciar con su mano sus pechos, no, fue como si Akeno supiera que eso era lo que quería pues lenta y placenteramente descendió sus dedos por la desnuda piel de Yasaka hasta posar su mano de nueva cuenta en su abundante delantera y ahora ayudar a su boca a exprimir esas enormes ubres suyas, todo mientras el ritmo entre sus piernas no hacía más que aumentar, haciendo que para la rubia fuera cada vez más difícil soportar las ganas de correrse.
Y claro, como no podía ser de otra manera, el acto aun no era lo suficientemente guarro para ninguna de las dos, cosa que Akeno termino arreglando por sus propios y perversos medios y con ello llevo a Yasaka al punto donde ya no podía ni quería hacer otra cosa que correrse con todas sus fuerzas y todo gracias al espectáculo que su joven amante decidió darle al beber su leche.
Sí, aún continuaba amamantándose, pero de un momento a otro, decidió hacer de ese simple, pero perverso acto algo incluso más morboso de lo que ya lo era en ese instante, todo lo que Akeno tuvo que hacer, fue separarse de los enhiestos pezones de la rubia que a nada estuvo de protestar por una vez más sentir interrumpido su placer, más calló cuando vio a Akeno centrada en sus pechos, más concretamente en sus pezones y decidió esperar a ver con que la sorprendía, especialmente porque pese a que había dejado de succionar sus manos seguían operando, tanto la que estaba con los dedos enterrados dentro de su coño, así como la que sujetaba uno de sus pechos.
La pelinegra se sintió atraída por esos obscenos pezones, tan centrada estaba previamente en devorarlos que no se había tomado el tiempo para contemplarlos y como tiempo atrás la enormidad de Issei se quedó grabada a fuego en su mente, esos lindos apetecibles y obscenos pezones, se convertirían en una imagen que jamás olvidaría.
"Son hermosos... como dos cerezas duras y provocativas... tan gruesos, tan largos, tan... deliciosos", no pudo evitar perderse en la belleza que representaba para ella esos pezones otrora invertidos, es decir, solo conocía los pezones de Rias y aunque lindos eran más discretos también, por el contrario, estos pezones, así como el resto de esas gordas y enormes tetas, eran increíblemente lascivos, más tiesos, más rellenos, por no decir que gordos en su volumen y si la apresuraban, hasta podría decir que se veían incluso más largos de lo que ella suponía era un pezón normal, bien podría hasta decirse desde un punto obscenamente depravado que casi parecían un par de diminutas pollas o algo por el estilo, o quizás era más preciso decir que eran como dos hermosas ubres listas para ser ordeñadas y fue ahí, cuando esa idea se instaló en su mente que se le ocurrió lo que hizo que Yasaka enloqueciera finalmente.
Antes de que la rubia dijera nada, Akeno empezó un masaje más fuerte y proactivo sobre la carne de la teta que sujetaba en ese momento y el movimiento como no podía ser de otra manera iba siempre dirigido hacia el centro del pecho, es decir, contra el enhiesto pezón de la mujer y como no podía ser de otra manera, todas esas atenciones pronto dieron sus frutos, Yasaka se corrió, bueno, al menos sus pechos lo hicieron cuando pasaron de desbordar leche a chorrear por todos lados sin control mientras la pobre mujer solo chillaba de placer ante la sensación, dejando a una Akeno maravillada ante el obsceno y lechoso espectáculo y con ganas de mucho más.
Lo siguiente que Yasaka supo, era que sus pechos de manera alternada recibían el mismo trato, siendo presionados para que dispararan a presión sendos chorros de leche materna que como no podía ser de otra manera, tenían que ir a caer a la boca de la pelinegra que la bebía gustosa y sin aburrirse, cosa que llevaba haciendo desde que se prendiera a esas enormes mamas más temprano, la única diferencia radicaba en la forma en que conseguía beber la leche a la que ya se podía declarar adicta.
Previamente había pegado sus labios contra esos pechos y no los había soltado para nada mientras causaba tal sensación de succión que extraía casi sobre un vacío esos mismos chorros de leche que ahora se bebía, más, sin embargo, esta vez, sus labios no tenían nada que ver, de hecho, ni siquiera estaban cerca de esos sucios y lechosos pezones, no, en esta ocasión, todo era gracias a la presión que ejercían sus suaves y delicados dedos sobre la carne alrededor del pezón y la areola lo que provocaba que la rubia estuviese disparando la leche de sus pechos y la degenerada pelinegra, estaba a unos cuantos centímetros del pezón exprimido, con los ojos cerrados, la boca totalmente abierta y la lengua de fuera, simplemente esperando que los chorros cayeran en su boca disfrutando de la sensación tanto en su boca como en su mano.
Claro que la peor, o tal vez mejor parte, dependía mucho de los puntos de vista, se la llevo Yasaka, es decir, con sus tetas siendo exprimidas y su coño siendo ultrajado, en ambos casos por las manos de la pelinegra, a su mente le costaba demasiado trabajo hilar una idea coherente y en cuando empezó a, prácticamente correrse como loca con sus pechos, su situación solo se agravo mucho más y claro que la imagen de Akeno como una sucia depravada bañándose el rostro en su leche materna no ayudaba en nada, porque sí, por mucho que no quisiera, en su actual estado no toda la leche que salía disparada de sus pechos podía ser dirigida justo a la boca de la pelinegra, así que ahí estaba, la hermosa Akeno Himejima, con la boca llena de leche materna y sus, labios, mejillas, pómulos, frente y parpados, básicamente todo su rostro, bañado con el excedente de su lechoso orgasmo, era una imagen difícil de ignorar y que durante todo ese rato la chica jamás dejara de bombear sus dedos en su intimidad solo termino de completar el cuadro.
"¡Jodida puta!… jujuju, eres toda una zorrita, Akeno-chan", simplemente ya no pudo más, había resistido hasta donde más había podido, pero había algo en esa pelinegra que simplemente la hacía querer tirar todo recato y simplemente poseerla hasta estar satisfecha, ya no iba a prolongar lo que tanto quería ni un segundo más, si Akeno quería actuar como una zorra depravada, entonces así la iba a tratar y si era honesta consigo misma, esperaba lo mismo para ella.
Tomó desprevenida a la pelinegra que solo se removió de la sorpresa cuando sintió como Yasaka la tomaba del rostro de nueva cuenta y la jalaba hacia el suyo propio para que la viera, estaba sin saber cómo reaccionar, los papeles parecían haberse invertido y era la rubia la asertiva de los dos en ese momento, después de todo, esta vez fue Yasaka la que la tomo desprevenida y reclamo sus labios en un furioso beso donde busco y consiguió conquistar su lengua con la de ella, sometió su sin hueso al capricho de la de la rubia y no pudo hacer nada menos que aceptar felizmente ser sometida, aunque el que perdiera la batalla de lenguas no significaba que perdería n otros terrenos, como por ejemplo en torturar el coño de Yasaka y ese fue el límite, Yasaka ya no tenía la intención de contenerse mas ni al orgasmo que llevaba rato queriendo explotar dentro de su ser, por lo que cuando termino de besar a Akeno, la regreso un rato a sus pechos para que chupara y cuando creyó que había recogido suficiente leche, la tomo del cabello, más concretamente de su característica cola de caballo, la separo de sus senos y con una actitud altiva y demandante se dirigió a la pelinegra que la veía confundida y con sus cachetes hinchados por la leche que aún no tragaba y que por la mirada de la rubia, esperaba que no tragara todavía.
- Eres una chica muy lasciva Akeno – su voz se volvió más fuerte, más imponente, casi como si quien estuviera frente a ella fuera una emperatriz y no la mujer que ayudo en su crianza y a quien veía como su hermana, pero no la asustaba, por el contrario, solo aumentaba su propia humedad y deseo, - sí que sabes cómo usar esa linda boquita tuya, ¿no es así?, ¿qué tal si ahora bajas y usas esa boca de puta que tienes para comerme el coño hasta que me corra? – le dijo en un tono que no dejaba lugar a las objeciones, mientras sonreía maliciosa, como si la idea de humillarla, "obligándola" a comerle el coño le resultara hilarante, cosa que solo la hacía temblar aún más de éxtasis.
No le dio tiempo a responder, aunque de todos modos no podía, es decir, tenía la boca llena, aun así, antes de que siquiera tuviera tiempo aunque fuera de asentir, la rubia madura tomo con fuerza de su cola de caballo y tiro de ella hacía abajo obligando a la pelinegra a bajar todo lo que pudo haciendo a un lado su corta falda en el proceso de tal manera que la pelinegra tuviera un fácil acceso para alcanzar el objetivo que Yasaka quería, en otras palabras, quedo justo en frente del espectáculo húmedo que en ese momento era el coño de la mujer y aunque no podía abrirla, sintió como su boca se le hacía agua, podía notar el rosa de sus labios vaginales que junto a la humedad producto de sus jugos, le daban un brillo obsceno pero atractivo a sus ojos, entonces, vio por última vez a la mujer que continuaba viéndola con demandante necesidad y pudo leer las palabras en sus ojos, ese "hazlo de una puta vez" escrito en su rostro y entonces se hizo una idea de lo que quería la rubia, cosa que en ese momento estaría más que encantada de hacer, por lo cual lo siguiente que se escuchó en aquel comedor de la casa de Yasaka, fue como esta misma berreaba de placer cuando su joven amante empezó a devorar su coño, por no mencionar que la muy degenerada de paso inyecto la leche que previamente había tenido en la boca dentro de su coño, para luego sorberla de regreso a su boca, y así continuo repitiendo ese proceso en más de una ocasión, lo cual dicho sea de paso termino creando el más depravado de los batidos o cocteles que pudiera existir producto de estar continuamente mezclando la leche materna y los jugos vaginales de esa pechugona MILF rubia y la saliva de la joven y depravada pelinegra, todo sin en ningún momento parar de estar comiéndole o más bien devorándole el coño como si se le fuera la vida en ello.
La mente de Yasaka estaba hecha un caos de placer orgásmico, la joven entre sus piernas era realmente hábil con la boca, le comía el coño con maestría, si a eso le sumaba esa extraña pero en definitiva deliciosa experiencia de tener ese fuljo continuo de fluidos que iban a parar hasta lo profundo de su intimidad antes de, de igual forma, ser succionados de ella, era una experiencia que jamás olvidaría en la vida, es decir, era casi como si se estuvieran corriendo dentro de ella una y otra y otra vez sin detenerse, cosa que no hacía más que llevar a la mujer al límite, podía sentir su orgasmo a las puertas de su coño y para como lo sentía, se iba a desmoronar de placer cuando lo alcanzara, cosa que solo la hacía desear correrse aún más.
Luego estaba Akeno, la cual parecía como poseída por la lujuria, solo se concentraba en devorar ese obsceno y rosado coño, el sabor era embriagante, adictivo y para ella, que era una joven bisexual y una depravada consumada, bueno, esto la estaba poniendo a mil, de hecho, ya no necesitaba masturbarse, bastaba con sentir el sabor de Yasaka en su lengua para sentir una sobre estimulación que amenazaba con derretirle el cerebro y convertir su coño en una cascada de jugo orgásmico, porque sí, estaba a nada de correrse también, aunque claro, una ligera ayudadita de sus desocupadas manos podría acelerar ese proceso, aunque para desgracia suya, la rubia tenía otros planes en mente para sus manos que no incluían permitirle atender y acelerar el desfogue de su necesidad.
La rubia estaba usando el poco autocontrol que le quedaba no para evitar correrse, no era tan tonta como para nadar contra la corriente y tratar de evitar lo inevitable, más cuando era lo que quería ella también, solo estaba intentando retrasarlo un poco más, solo lo suficiente como para disfrutar unos segundos más del placer de tener a la pelinegra entre sus piernas, por eso cuando de alguna manera se percató de que Akeno parecía querer llevar sus manos hacía su propia feminidad, lo impidió sujetándola de sus brazos antes de que se salieran de su campo de acción y cerrando los muslos alrededor de la cabeza de la joven para evitar que despegara su boca de su coño, guio a un mejor destino las traviesas manos de la joven mujer, es decir, a que agarraran, estrujaran y jugaran con sus tetas que dicho sea de paso estaban urgidas de atención, movimiento que de hecho no molesto a Akeno, por el contrario en cuanto sintió esa suave y esponjosa carne, fue como si entrara en automático y solo empezara a magrear esas tetas que ni bien empezó el magreo decidieron volver a lo que mejor sabían hacer, es decir, chorrear leche materna en abundancia..
Sí, Yasaka estaba en el cielo, o el lugar al que iría una puta degenerada a vivir el nirvana del sexo, su coño ardía tanto interna como externamente, su amante se había dedicado a besar, morder, chupar sus labios vaginales y clítoris de tal manera que era irreal, el flujo constante de obscenos fluidos que entraban y salían de su coño se sentía delicioso y solo le hacía pensar en el sabor que tan desvergonzada mezcla podría tener y ciertamente, se le hacía agua la idea de solo probar aunque fuera una gota y como si no fuera suficiente, de un momento para otro la pelinegra había decidido penetrar su coño de verdad y para ello estaba usando su húmeda lengua la cual estaba enterrando todo lo profundo que podía.
"¡E-Es increíble que la tenga tan larga!", no pudo evitar el pensamiento cuando sintió todo lo lejos que había introducido la lengua esa chica, de verdad que tenía una lengua larga y sí que sabía usarla extremadamente bien y eso no era el final, la estimulación era tan fuerte sobre sus paredes vaginales, que de manera automática e inconsciente termino contrayendo los músculos de su vagina, abrazando, por no decir que atrapando la húmeda sin hueso en su interior, convirtiendo la lengua de Akeno en un tapón para su coño que impedía que la sucia mezcla de jugos en su interior fuera incapaz de salir de ella.
Era simplemente demasiado, la rubia ya no lo soportaba más, sus ojos estaban abiertos de par en par, sus pupilas contraídas, sus labios separados uno del otro dejando ver en la sonrisa torcida que proyectaba, sus perlas blancas apretadas con fuerza mientras la baba se filtraba de su boca y caía por la comisura de sus labios y se deslizaba por su mentón más allá de su rostro, la forma en que su coño era devorado estaba más allá de sus expectativas y si a eso le sumaba la forma tan descarada en que las suaves manos de Akeno jugaban con sus pechos, era oficial, había alcanzado su punto de no retorno, se iba a correr, lo iba a hacer muy duro y ya tenía elegido donde quería correrse en ese momento.
Con la poca fuerza que le quedaba, solo dirigió su vista a la causante de que sus instintos más obscenos hayan despertado y la hicieran comportarse como la más vulgar de las zorras, aún estaba ahí, metida con la cabeza entre sus piernas, comiéndole el coño con ahínco mientras ella sujetaba su cabeza con sus torneados y carnosos muslos, sus manos estiradas para agarrarle las tetas y jugar con ellas, ciertamente creía que todo ese esfuerzo merecía una recompensa, una húmeda, sucia y jugosa recompensa y por ello llevo sus manos a la cabeza de la pelinegra para primero acariciarla como elogiando su esfuerzo, para luego una vez más tomarla de su cola de caballo, ya bastante deshecha cabía aclarar y de cualquier otro mechón de cabello del que pudiera asirse antes de hablar con su joven amante para prepararla para lo que seguía.
- A-Akeno, cariño, lo estás haciendo tan bien, que Onee-chan ya no puede soportarlo más tiempo – era increíble la ternura con la que lo dijo considerando no solo la posición en la que se encontraban y el comportamiento previo de ambas mujeres.
En cuanto la escucho, Akeno por el contrario solo se terminó de descontrolar, saber que estaba por hacer correr a la rubia, solo aumento su deseo y necesidad, cosa que dejo ver en la forma en que una vez más atacó a la madura mujer.
- ¡UHOOOO! ¡Si, sigue así Akeno, estoy a punto de correrme! – cuando sintió como la pelinegra de repente aumento la intensidad, regreso a esa actitud pletórica de actividad sexual donde cualquier cosa diferente a correrse le importaba un bledo, más considerando que Akeno estaba como poseída, desesperada, comiéndole el coño como si no hubiera mañana, - ¡comételo, comételo todo! ¡devora mi coño con todas tus fuerzas, has que me corra! – ahora sí, sin el menor atisbo de consideración, presiono con sus manos el rostro de la pelinegra contra su entrepierna, tiraba de su cabello para que se hundiera todo lo posible contra su intimidad y con sus muslos se aseguraba de que no pudiera separarse en lo más mínimo hasta que finalmente exploto, - ¡ME CORRRO, AKENO, ME CORRO! ¡RECIBELO TODO EN ESA BOCA DE PUTA TUYA! ¡ME CORROOOOOO!- dejo todo recato atrás, simplemente se quería correr y cuando finalmente exploto, presiono con todas sus fuerzas la cabeza de Akeno contra su entrepierna, se aseguró de que su boca quedara pegada contra su vagina y una vez ahí, libero todo lo que llevaba acumulando, dejo salir cada pervertido jugo que estaba guardando y lo derramo dentro de la boca de la joven pelinegra, soltando chorro tras chorro de jugo, mientras su cuerpo entero sufría espasmos por el orgasmo y su mente se derretía no solo por el placer del orgasmo sino por el morbo que le daba el hecho de estar, básicamente, orinándose en la boca de su hermanita.
Su rostro era un rictus de placer, un homenaje a la lujuria y un monumento a la depravación, porque sí, en ese momento, Yasaka estaba mostrando el rostro que solo una puta ninfómana podría llegar a poner, donde lo único que transmitía en su faz era el hecho de que cualquier cosa distinta a seguir corriéndose hasta desmayarse no podía importarle menos.
Su perlado rostro producto de su sudor dejaba sus doradas hebras pegadas contra su piel definiendo incluso más sus facciones gracias a la perdida de volumen de su cabello, acompañado a eso, sus cejas se encontraban arqueadas hacia abajo a la vez que se fruncían entre sí, sus hermosos y dorados orbes estaban idos hacía arriba y a la parte trasera de su cabeza dejando a duras penas visible los hermosos irises de sus ojos reemplazándolo con un blanco que bien podría hacer alusión a estado en que estaba su mente en ese momento, eso por no mencionar las lágrimas que amenazaban con caer de la comisura de sus ojos y prometían arruinar el poco rímel que tenía en los mismos, su nariz se notaba tensa debido a como estiraba su propia mandíbula en un desesperado intento por no olvidad como respirar y su boca, era una perfecta o con sus carnosos y rosados labios estirados y la lengua de fuera, posición en la que parecían haber quedados trabados sus músculos faciales, si es que la imposibilidad de la rubia para detener su babeo significaba algo.
Sí, Yasaka no podía disfrutar más de eso, era como si fuera un orgasmo interminable o al menos así lo sentía ella, aunque como culparla si gracias a la perrita lujuriosa que aún tenía entre sus piernas y que no soltaba ni dejaba alejar de su intimidad se las había arreglado para destruirle la mente causándole un orgasmo doble y simultaneo en dos partes diferentes de su cuerpo, uno en su coño el cual aún continuaba liberando chorros de su travieso jugo directo a la boca de la pelinegra y el otro sobre sus pechos gracias al morboso magreo del que fueron víctimas y que estaba causando que incluso la más leve presión los hiciera lactar, aunque claro, con Akeno la palabra leve al parecer no existía y daba gracias a todos los dioses por eso.
Akeno por su parte, estaba ebria, ebria de amor, ebria de deseo, ebria de lujuria, simplemente ebria por finalmente poder estar cumpliendo una de sus fantasías lésbicas y poder probar el sabor de Yasaka, por lo cual, y aunque el aire empezaba a hacerle falta, no pudo y tampoco quiso separarse de la rubia, no separo sus labios de los de Yasaka en ningún momento, dispuesta a recibir en su boca todos los jugos orgásmicos que la madura mujer tuviera a bien darle que dicho sea de paso, combinado con la leche de Yasaka, los jugos del interior de su coño y su propia saliva, se habían convertido en una droga que solo una pervertida disfrutaría pues en ese momento, el enrarecido sabor que terminaba siendo un recordatorio del sexo que ahora había en su boca le estaba derritiendo a ella el cerebro también.
De hecho, si no fuera porque la única razón de que sus manos no estuvieran en su propio coño era porque tenían más diversión en ese momento estrujando las esponjosas enormidades lecheras de Yasaka, definitivamente estaría matándose a pajas para calmar el ardor que ahora no la quemaba sino que la consumía y amenazaba con volverla cenizas si no lo detenía, aunque no es que le preocupara tal cosa, no cuando la morbosa mezcla en su boca intoxicaba y arruinaba sus papilas gustativas y cada nuevo chorro derramado amenazaba con hacerla correr, ese sí que sería el culmen de su propia depravación, tener un orgasmo por ser "obligada" a beber la orgásmica orina de una MILF y de algo estaba segura, así como Yasaka, en cuanto se corriera, lo más seguro fuera que también se orinara de placer.
Ese estado en el que estaban ambas, perduro lo que para ambas fue una eternidad, una deliciosa y placentera eternidad y cuando se separaron, digamos que como todo lo que había sido ese aperitivo de lo que ocurriría ese día, fue abrupto y desordenado.
Yasaka simplemente dejo caer sus piernas mientras se iba de espaldas contra la silla una vez que termino de correrse y mucha fue su suerte de que para cómo se dejó caer contra el respaldo de la silla, esta no cediera o se fuera para atrás llevándose a la rubia con ella en el proceso, pero como fuera, la sonrisa de estúpida y la satisfacción que sentía no se la quitaba nadie, de hecho aún sentía los estragos de su anterior orgasmo sobre su ser pues aun sufría de espasmos en su cuerpo, ligeros e imperceptibles a simple vista, pero aún permanecían en ella como prueba de lo duro que acababa de correrse.
Akeno por otro lado, en cuanto sintió como la presión sobre ella lentamente desaparecía, finalmente se separó del coño de Yasaka y lo primero que hizo fue inspirar profundamente con el único y vital propósito de saturar sus pulmones con aire nuevo y fresco antes de desmayarse, aunque eso sí, el sucio aroma a coño que ahora plagaba sus fosas nasales, dudaba que fuera a irse en un muy buen rato, como fuera, el rostro de Akeno era un poema, rojo obviamente producto del esfuerzo que había implicado lo anteriormente vivido y como guinda del pastel, empapado completamente, en parte por el sudor, aunque en su mayoría se debía a los jugos de Yasaka que habían lavado su rostro y que habían impregnado el fino cutis de la chica, por no mencionar unos cuantos pegotes de espeso jugo de coño que ahora adornaban su rostro y que eran demasiado vistosos como para ignorarlos, especialmente las cuerdas de eyaculación femenina que se encontraban adheridas a las largas y hermosas pestañas de la pelinegra.
Sin embargo, había dos detalles a remarcar en ese momento post orgásmico que delataban lo mucho que las dos mujeres deseaban continuar con esa particular y erótica fiesta.
En primer lugar, pese a que Yasaka había liberado a Akeno de su húmeda y lasciva prisión una vez se corrió, dicha libertad no era total, es decir, sí, había retirado sus muslos de la cabeza de la pelinegra, para pesar de esta última pues deseaba seguir sintiendo esos muslos calientes contra sus mejillas, pero la razón de que los retirara más que por gusto personal de la rubia, radicaba en el hecho de que tras su orgasmo, sostener sus piernas por más tiempo le era imposible, los músculos de su ser estaban demasiado relajados como para responder a tal orden, mas eso sí, por muy satisfecha que la dejara ese orgasmo, Yasaka aún no tenía intención de dejar que la pelinegra se separara de ella, por el contrario, luego de esa primera experiencia, solo deseaba aún más llevarla a su habitación y violarla hasta que el sol del nuevo día ascendiera en el cielo, es por eso que aun en su estado post orgasmo, la rubia jamás retiro sus manos de la cabeza de Akeno, de hecho parecía que era el único punto donde aún conservaba su fuerza pues no la dejaba alejar, no demasiado al menos.
El otro detalle venía por cuenta de Akeno y es que luego de todo lo ocurrido, de toda la leche bebida, de todo ese ir y venir que había resultado cuando termino entre las piernas de Yasaka y la mezcla en su boca se tornaba más y más depravada, incluso después de que prácticamente Yasaka había orinado de placer al interior de su boca, en ningún momento, la pelinegra llego a hacer el mas mínimo amago de querer tragar lo que estaba en su húmeda cavidad oral, pese a lo mucho que lo deseaba pues la ahora perversa mezcla de jugo vaginal, leche materna, saliva y eyaculación femenina la estaba embriagando, pero no, ahí estaba, sostenida en su boca, hinchando sus cachetes los cuales se esforzaban por contener el lascivo coctel.
Debido a este par de detalles que en otras circunstancias habrían sido intrascendentes, es que las cosas terminaron de la manera más guarra posible considerando las circunstancias de ambas mujeres en ese momento en particular, es decir, con una Yasaka desmadejada por su potente orgasmo y una Akeno a la cual el simple acto de respirar le ardía producto de su casi previa asfixia.
Cuando Yasaka se recuperó lo suficiente como para poder recomponerse un poco, se percató de que sus brazos aún estaban extendidos y sus manos estaban sujetando aun ahora la cabeza de Akeno y justo cuando tenía planeado llamarla y ofrecerle continuar en su habitación con su ansiado encuentro, fue que la vio y sus ojos se abrieron grandemente por la sorpresa al comprender la particular situación.
Ahí, aun en su lugar entre sus piernas, con su rostro solo lo suficientemente alejado como para poder respirar se encontraba su linda hermanita, con su rostro empapado, seguramente de sus jugos supuso ella, pero lo que más llamo la atención fueron sus mejillas, totalmente hinchadas y sus lindos labios fruncidos como tratando de contener el sello de lo que había dentro de su boca y basto solo un segundo para comprender lo que ocurría.
"Aún no se lo traga", fue la precisa deducción de la rubia al ver a Akeno en tal situación, su pervertida y sucia hermanita/amante aún tenía en su boca la mezcla de su leche materna, los jugos del interior de su coño y la saliva de la joven retenida en su boca, bueno, ahora debía añadir un obsceno ingrediente más a esa insana y lujuriosa mezcla.
Su mente tal vez estuviera nublada en ese momento, pero aun así recordaba muy bien el hecho de que Akeno no despego en ningún momento su boca de su sexo mientras se corría copiosamente, lo cual significaba que cada chorro de su obscena esencia había ido a parar directo a esa linda y provocadora boquita, o bueno, al menos la gran mayoría si consideraba la evidencia sobre el rostro de la pelinegra, pero eso solo la emociono más, porque recordaba que ese sucio pensamiento cruzo su mente en algún momento mientras sentía como la joven "inseminaba" su coño mientras la devoraba, lo mucho que le habría gustado probar esa sucia mezcla y si bien en ese momento no considero la posibilidad de su orgasmo metido en la misma, la realidad es que eso solo la hacía desearlo más.
Sí, era una zorra, no había forma de negarlo luego de todo lo que paso, lo mucho que lo había disfrutado y lo ansiosa que estaba de continuar, así que decidió saciar ese deseo y mudo sus manos del cabello de Akeno a sus mejillas y sin presionar con fuerza, simplemente la arrastro de nueva cuenta hacía arriba hasta estar frente a frente, dejando a sus miradas aun oscurecidas por la lujuria decir todo lo que querían y sin más tiempo que perder, acerco a su joven amante a un nuevo y lascivo beso en el cual el objetivo era claro, quería probar aquel coctel que resultaba de combinar tanta lascivia y perversión mientras en el proceso devoraban los labios de la otra en un beso, beso que Akeno contesto gustosa así como también permitió a la rubia probar ese caldo nutritivo que en su mente resultaba ser ese morboso fluido.
Claro no termino ahí, ambas estaban aún calientes y deseosas de más, especialmente Akeno quien pese a lo mucho que lo había disfrutado, había sido la única de las dos que aún no se corría y tenía el chocho ardiendo, no ayudaba que una vez más los pechos de ambas volvían a encontrarse y la sensación esponjosa y cálida de piel contra piel le estaba erizando, por no mencionar el dulce placer de rozar sus pezones una contra la otra, así que cuando Yasaka decidió ser ahora ella la proactiva y empezar a magrear sus pechos, decidió que ella también merecía algo de alivio, así que aprovechando su nueva posición y la cercanía de una de las piernas de Yasaka, termino sentándose sobre la desnuda pierna de la rubia, eso sí, asegurándose de dejar su coño encharcado presionado contra la sedosa piel de ese portentoso muslo.
Lo que paso después no era un misterio que excediera las capacidades del entendimiento humano, básicamente se devoraron a besos mientras en el proceso el sucio coctel era degustado por ambas mujeres que para colmo y como si desde el principio aun faltara un ingrediente para convertirlo en una auténtica delicatesen, no tragaban ni una gota, por el contrario, solo dejaban que corriera de una boca a otra, una y otra vez añadiendo la saliva de la rubia a la ya de por si obscena mezcla, todo mientras en la mitad sus lenguas jugaban entre sí con pasión y necesidad.
Solo cuando ambas sintieron que era el momento, que aquel coctel estaba listo y contenía la esencia de ambas fue que finalmente se dispusieron a tragar cada una a parte iguales el depravado líquido resultado del éxtasis sexual que estaban viviendo y en su afán de beberlo, unas pocas gotas escapaban de sus bocas derramándose fuera de las mismas y deslizándose por sus mentones hasta caer y desaparecer en el valle de las almohaditas ricas que eran los escotes unidos de ambas mujeres que simplemente no dejaban de besarse con pasión y necesidad.
Akeno fue la primera en hacer el siguiente movimiento, ya no podía resistirlo más y mientras se continuaban besando desesperadas, esta vez fue su turno de tomar la cabeza de Yasaka y envolverla en un fuerte abrazo para arreciar a la rubia en el beso mientras lentamente y sobre el muslo de la MILF empezar a mover sus caderas de adelante hacía atrás, primero lentamente y luego poco a poco ir aumentando la velocidad con la que se movía para restregar su coño contra ese muslo que ahora se encontraba empapado de los jugos vaginales de la pelinegra que solo aceleraba desesperada buscando más fricción contra su intimidad ahogándose en el placer, placer que solo incremento cuando una de las manos de Yasaka termino agarrando uno de sus senos y así como previamente ella jugara con los de la rubia, ahora ella jugaba con los suyos.
Porque sí, Yasaka ya estaba repuesta y con ganas de más, de mucho mas, así que cuando su linda hermanita la llevo a ese lascivo abrazo donde busco profundizar el beso, ella decidió actuar también, es decir, ella también tenía manos y en su mente, ya era hora de devolver el favor a esa zorra por el pasado orgasmo, así que sin dejar de besarla, por el contrario accediendo a su demandante petición de profundizar el beso, retiro sus manos del rostro de Akeno y lentamente las deslizo cuerpo abajo por las abundantes carnes de la chica, eso sí teniendo claro que no tenía solo un objetivo en mente, por el contrario, se aseguraría de repartir sus caricias equitativamente para proveer a esa pervertida del mayor placer que una mujer pudiera darle.
Fue así que la primera parada de sus manos fue contra sus tetas, obviamente, eran enormes ciertamente, de hecho, bien podrían competir con las suyas en unos años y por ello no se negó al deseo que le produjeron de magrear esas gordas tetas, recordando cada caricia dada sobre las propias por la pelinegra y replicándolas a la perfección, lo único que lamentaba era el que la joven no lactara, aun, pero no era algo que no se pudiera arreglar más adelante, como fuera, una vez que tomo el ritmo sobre el impresionante pecho de la pelinegra, una de sus manos continuo el viaje hacia abajo para llegar a su siguiente destino que contrario a lo que podría creerse, no era su coño, es decir, de ese ya se estaba encargando su pierna gracias a la pelinegra que restregaba desesperada su sexo contra el muslo de la rubia.
No, una vez alcanzo las caderas de la chica, su mano migro mucho más al sur hasta meterse bajo la corta falda de la pelinegra y encontrar ese delicioso y juvenil trozo de jamón que eran las nalgas de la chica, las cuales no dudo ni un instante en agarrar firme y morbosamente con su mano extrayendo un chillido de parte de la joven quien se detuvo un segundo ante la sorpresa de sentir la mano de su Onee-chan agarrando su firme y carnoso culo.
¡SLAP!
Fue el ruido seco que se escuchó un segundo después cuando Yasaka nalgueo a Akeno y arrecio para que continuara con lo que hacía, cosa que solo calentó a Akeno aún más al sentir despertar su lado masoquista y gustosa regresar a impregnar la carne del muslo de Yasaka con su joven y femenina esencia, cosa que hizo sonreír a Yasaka en medio del beso para luego acompañar los movimientos de la chica con deliciosos y suaves magreos sobre las tetas y las nalgas de la chica de una manera que solo la experiencia le podía enseñar y que de hecho, la rubia estaba segura de que harían derretir a la pelinegra de placer.
¡SLAP! ¡SLAP! ¡SLAP!
Ocasionalmente Yasaka nalgueaba a Akeno, solo cuando sentía que la chica disminuía el ritmo o simplemente por diversión, es decir, podía sentirlo, como tras cada nalgada que le daba, la joven solo empezaba a escurrir más sobre su muslo, el cual por cierto ya estaba hecho un desastre húmedo, acababa de descubrir a la masoquista interna de su hermanita y no pudo evitar querer abusar de ella un poco, por eso es que la nalgueaba y cuando no lo hacía, retorcía con un toque de vilipendio sus pezones haciéndola chillar de placer, chillidos que morían en su boca pues dentro de sus planes no estaba dejar de besarla en ningún momento, ni dejar de besarla, de retorcer sus pezones, ni de nalguearla, al menos no hasta que se corriera.
Cosa que de hecho no iba a tardar demasiado en ocurrir, después de todo, Akeno llevaba caliente desde hace un buen rato, su coño ardía enloquecido y deseoso de placer y luego de todo lo vivido, ella estaba al borde del precipicio, solo necesitaba que alguien o algo la empujara para finalmente disfrutar de ese lascivo placer por el que tanto rogaba su cuerpo.
Y no debió esperar mucho, Yasaka no la tenía mal atendida, sus besos, sus caricias, sabía cómo tocarla para causarle gran placer, por eso el sentir su lengua enrollándose contra la suya, sus labios besando los suyos, su mano en sus pechos jugando con ellos, estirándolos, apretándolos, pellizcando y retorciendo sus pezones, el cómo magreaba su carnoso culo, lo nalgueaba para animarla a ir más rápido, en fin, la unión de todo ello la sobre excitaba, la hacía desearlo más, cosa que traducía en los intensos, erráticos y descontrolados movimientos de sus caderas en busca de más y más fricción sobre su coño, la idea de que estaba impregnando el muslo de Yasaka la calentaba, saber que estaba bañándola en sus jugos era un deleite para ella, por lo cual simplemente no podía, ni quería, resistirse a la idea de masturbarse con furia y violencia contra el carnoso muslo de la rubia.
Cada nuevo roce, cada vez que sentía como sus labios vaginales se abrían desesperados tratando de envolver el grueso muslo, solo acrecentaba su deseo, su excitación, sus ganas de poseerla, de marcarla, su mente ya no podía más, quería correrse, de hecho, estaba a nada de correrse, sentía como su clítoris, ese duro botoncito arriba de su vagina, ya ardía en preparación para soltar todo lo que tenía acumulado y eso solo hizo que la pelinegra se masturbara más duro contra Yasaka mientras la besaba con desesperación, llevo su cuerpo al límite de lo que podía soportar y entonces, Yasaka la ayudo a cumplir su deseo con un movimiento que ciertamente no espero, pero que fue la gota que derramo el vaso y la hizo incapaz de posponer ni un segundo más su orgasmo.
Fue un movimiento sencillo, simple incluso, no le costó mayor trabajo cuando decidió hacerlo, pero que ciertamente no se esperó tuviera tal efecto, es decir, solo lo hizo porque su propia lujuria la incito a hacerlo, a conocer ese lugar en ese momento luego de tener la tentación tan cerca de su mano, porque sí, fue su mano o más concretamente dos de sus dedos, el anular y corazón los causantes de ese efecto domino que le siguió.
Estaba tan seducida por el pecaminoso cuerpo de Akeno, por sus protuberancias, su calidez, suavidad y lo esponjoso que se sentía que simplemente no pudo evitarlo, especialmente luego de llevar buen rato con una de sus manos magreando ese obsceno y enrome culo que no parecía ser algo que una jovencita como Akeno debiera tener, pero que al mismo tiempo sentía que nadie aparte de la pelinegra merecía llevar, apretar esas mejillas carnosas, tersas, suaves pero firmes, nalguearlas y sentir como temblaban cual gelatina ante cada palmada, la sensación de como la carne ardía tras cada golpe y aunque estaba segura que le dolía, esa chica simplemente empujaba su trasero contra su mano como pidiéndole mas, además de su imaginación volando pensando en cómo se vería la enrojecida marca de su mano contra esas níveas nalgas, simplemente quería conocer más de ese sucio y pecaminoso culo.
Por ello fue que entre magreo y magreo contra ese rotundo trasero, entre cada nalgada que le daba para deleitarse con la sensación temblorosa de las ondas de choque tras su nalgada recorrer ese perfecto culo, lentamente fue acercando sus dedos al objeto de su curiosidad y cuando llego a ese punto, se sintió seducida, tentada prácticamente al instante por ese reducto, que antes de darse cuenta, enterró su dedo medio y anular todo lo que su mano le permitió en las profundidades de ese capullo rosa y estrecho que era el ano de la pelinegra.
- ¡HMNNGGHGHH! - y eso fue más que suficiente para romper el dique de la pelinegra, pues ni bien esos dedos entraron en su ano, ya no fue capaz de resistir y un segundo después se corrió, lo hizo con tal fuerza, con tal intensidad, simplemente dejo fluir todo lo que llevaba reteniendo desde que llegara a casa de la rubia si no es que antes, su orgasmo se llevó todo en forma de una fuerte cascada de flujos que pronto empezaron a derramarse sobre la pierna de Yasaka, dejando la misma en tal estado de desastre pues había pasado de solo estar húmeda a estar totalmente empapada en los jugos de su hermanita, todo mientras en ningún momento interrumpían el beso, razón por la cual Akeno no pudo más que liberar un gemido ahogado que fue a morir en la boca de la rubia.
Yasaka estaba sorprendida, pero claro que lo estaba, jamás se esperó algo como eso, es decir, sabía que Akeno era una puta, una completa pervertida y ninfómana, ya se lo habían advertido, pero jamás creyó que a tal grado como para que se corriera tan duro solo por meterle los dedos en el culo, había subestimado el grado de perversión de esa chica, pero no le disgustaba, por el contrario, le emocionaba las posibilidades que eso ofrecía y superada la sorpresa inicial, simplemente decidió disfrutar y aprovechar su descubrimiento, razón por la cual profundizo el beso aún más, mientras pellizcaba más fuerte los pezones de la pelinegra o jugaba con la esponjosa carne de sus enormes tetas y también empezaba a penetrar el ano de la chica con mayor intensidad haciéndola chorrear más mientras le negaba la posibilidad de detener su orgasmo.
Los ojos de Akeno se fueron hacía arriba, su mente se había puesto en blanco por completo, simplemente no podía hilar un pensamiento coherente o distinto al de querer seguir corriéndose, querer seguir sintiendo las manos de su Onee-chan jugar con su lascivo cuerpo o seguir orinándose de placer contra la pierna de la rubia, por lo cual cuando sintió un nuevo golpe orgásmico arqueo su espalda tan intensamente que termino rompiendo el beso mientras se iba para atrás a nada de desmayarse por el excesivo placer.
Claro que Yasaka no iba a permitir que Akeno se alejara, ni que la privara de sus labios de los que ya se declaraba adicta, así que cuando vio a la pelinegra arqueada, con la boca abierta en forma de o y la lengua de fuera, brillando de húmeda por la saliva que la recorría, no dudo ni un segundo en hacer lo que quería, es decir, si Akeno no iba a dejarle seguir besándola, entonces al menos se conformaría con su lengua y en un acto intrépido y que tomo a la orgasmeante pelinegra totalmente desprevenida, cosa que junto al resto de asedio del que era víctima su cuerpo solo aumentaban el placer que la embargaba.
- Hashaga... Gonee-shaaan – A como pudo intento hablar, aunque sonó más a un balbuceo de dicción impedida gracias a que su lengua ahora estaba capturada por los labios de la rubia, que descarada como era, no solo estaba chupando su sin hueso, resulta que también le estaba dando una felación que terminaba de aturdir su mente, su Onee-chan la quería matar de placer, sin saberlo su propia venganza por el estado tan similar en el que la dejara la pelinegra previamente.
Era maravilloso, ver a esa chica en tal estado de ahegao, obnubilada por el placer, drogada por el orgasmo, era simplemente maravilloso y la hacía querer más, verla chorrear más, verla derretirse de placer por sus caricias, eso no era justo, si seguía mostrándole tales expresiones, sería inevitable que terminara enamorándose de ella y ese simple pensamiento la hizo morbosear aún más el cuerpo de Akeno, aplicarse más en su felación lingual, penetrar más duro y empezar a remover sus dedos dentro del ano de la chica, en fin, quería verla volver a ahogarse en el orgasmo.
Y aunque Akeno no era una chica de orgasmo fácil, bueno, eso era algo en lo que Issei seguramente terminaría discrepando, pero como fuera, en ese momento, con el calor que las envolvía, con el placer que no la abandonaba, con la felicidad de ver su fantasía lésbica cumplida, los juegos de Yasaka sobre su cuerpo pronto la llevaron a su tercer orgasmo en secuencia desde que empezara a restregar su coño contra su Onee-chan, o quizás sería más preciso decir que aún no salía del primero, solo estaba sintiendo una nueva oleada de placer antes de bajar de ese éxtasis sexual.
Se quedaron así, disfrutando cada una a su manera de ese momento, disfrutando de la cálida sensación de sus propios orgasmos vividos y del calor del cuerpo de su pareja, sus ropas aunque desarregladas y cubriendo poco de sus cuerpos, no implicaba que sintieran frío alguno, todo el calor que necesitaban, estaba en el cuerpo de la otra, la única razón por la que aún no se separaban por completo, era debido a que necesitaban recuperar fuerzas, eso y el hecho de que querían disfrutar un poco más de ese lascivo beso que en algún momento termino como una felación a la lengua de la pelinegra la cual, para ese momento era como una muñequita de trapo, sus brazos caídos, su mente apagada y sus piernas, tan débiles que de no ser porque estaba sentada sobre el muslo de Yasaka y sostenida por los brazos de esta, hace mucho que yacería en el suelo totalmente desmadejada.
Para cuando finalmente recuperaron no solo el aliento, sino también suficiente fuerza en el cuerpo como para moverse libremente, se separaron, solo lo suficiente como para poder verse al rostro y admirar en el rostro de la otra todo el placer y satisfacción que se habían proporcionado, aunque claro, no fue solo eso lo que encontraron, sino también la evidencia de lo que había sido un acto lascivo y perverso donde el recato era totalmente prohibido y la depravación había sido la ley.
El rostro de ambas ahora era un compendio de fluidos, no solo de saliva, se podían ver resquicios de leche materna y jugos vaginales en varias partes de ambos rostros gracias al último beso que se habían dado y que había sido tan descuidado al ser presas de su necesidad de sentirse mientras compartían su morboso coctel, su respiración aun errática pero más pausada, casi podía verse el halo de vapor saliendo de ambas bocas gracias al calor que las invadía y aspirar el dulce, aunque perturbado por le obsceno beso previo, aliento de la otra no estaba haciendo nada por aclarar sus aun nubladas mentes, más bien estaba causando el efecto contrario.
Aparte de eso, sus cabellos, ahora desordenados y pegajosos, con las puntas yendo en cualquier dirección o simplemente pegados a su rostro a causa del sudor junto a los demás fluidos que ahora adornaban sus hermosas hebras, y en el caso de Akeno, con su cola de caballo a un movimiento de deshacerse y dejar caer libre su cabello, eran prueba inequívoca de la intensidad y depravación que había resultado de su encuentro previo.
Sus cuerpos exhibían tanto y aun así no exhibían lo suficiente para ninguna de las dos, querían ver el cuerpo desnudo de la otra, recorrerlo con sus manos, con sus lenguas, en un ámbito más sucio incluso restregarlos con sus pechos, querían devorarse, ya fueran sus bocas, sus tetas, sus coños, en fin, simplemente querían sentir a la otra como suyas, sentirlas derretirse de placer por aquello que les ofrecían y cuando se vieron a los ojos luego de devorarse la una a la otra disfrutando del placer visual que era ver a su pareja en tan desordenado estado, se encontraron con que eso que deseaban, era justamente lo mismo que deseaba su amante y no pudieron evitar una leve risa que al final solo demostraba lo mucho que se parecían en realidad.
Cuando terminaron de reír, volvieron a verse, sin perder la sonrisa y unos instantes después, volvieron a acercar sus rostros para una vez más besarse, con pasión, con anhelo, incluso quizás con amor, no amor de hermanas, ni nada parecido a un amor fraterno, no, se besaron como lo que estaba ya decidido serían a partir de ese día, como dos amantes y aunque pasional, también fue suave, nada comparado con los que previamente se dieran y que tenían más un carácter guarro, este en cambio era dulce y tierno, hecho para transmitir emociones, mientras se abrazaban y dejaban que la piel desnuda de sus cuerpos se encontrara una vez más enviando escalofríos placenteros a través de ellas, se quedaron así, robándose el aliento una a la otra una vez más hasta que el aire les pidió separarse.
Repitieron el beso un par de veces más, asegurándose de tener el máximo contacto y en cada ocasión en que se separaban, se veían a los ojos con pasión, encontrando en los hermosos orbes de la otra, el mismo y claro mensaje que en querían transmitir con los suyos, aun no era suficiente, querían mucho, de verdad, muchísimo más y por eso cuando una vez más se separaron, esta vez dieron el paso hacia lo que prometía ser una magnifica velada y todo inició con una simple pregunta de parte de la rubia MILF.
- ¿Qué te parece si continuamos en mi habitación? - esas palabras salieron de la boca de Yasaka sin previo aviso, pero de ninguna manera era algo que le molestara, después de todo era justamente lo que sentía, quería llevarse a su hermanita directamente a la cama y no dejarla salir por el resto de ese día, - que dices… A-ke-no-chan - le dijo esta vez con un poco más de coquetería y en un tono mucho más travieso.
Le acuno la mejilla en una de sus manos y empezó a acariciarla con su pulgar mientras esperaba la respuesta de Akeno y cuando la vio buscar un mayor contacto al recargar más su mejilla contra la palma de su mano, simplemente no se pudo contener, era tan linda cuando se comportaba así, que no pudo negarse al deseo de besarla de nueva cuenta, beso al que ella respondió gustosa.
- Um... me encantaría... Onee-chan - por su parte, en cuanto cortaron ese beso, la chica aprovecho para poder responder, afirmativamente claro está, es decir, eso era lo que ella también quería, poder continuar amando y siendo amada por su Onee-chan, era algo que transmitían sus ojos y que era fácil de leer, todo mientras Akeno buscaba que la rubia continuara mimándola con sus suaves caricias.
Volvieron a besarse, ahora con una Akeno ansiosa por ir cuanto antes al destino final donde habrían de reposar y disfrutar de sus desnudos cuerpos a placer y del mismo modo Yasaka no podía contener su euforia al ver a su amante desearla tanto como ella la deseaba, de verdad a ese paso no soportaría no hacerla su novia, pero por ahora, se conformaría con besarla y hacerle el amor al contenido de su corazón.
Con los besos subiendo de tono e intensidad, decidieron mejor parar antes de que no pudieran detenerse y acabaran haciéndolo en el comedor, idea que en realidad no le molestaba a ninguna de las dos, pero, preferían estar más cómodas antes de destrozarse los coños mutuamente, así que decidieron dejar las cosas por la paz y mejor apresurarse al dormitorio y lo primero que debían hacer era dejar de besarse, cosa que termino siendo para ambas, algo más fácil de decir que de hacer.
Era como si sus labios tuvieran un efecto magnético, medio llegaban a separarse y volvían a la carga, sus lenguas incluso parecía que se abrazaban solo para no tener que abandonar a la otra, simplemente no querían separar sus carnosos labios ni perder la sensación suave y adictiva de los labios de su amante, pero, finalmente lograron separarse, no sí que antes cada una ofreciera su lengua a la otra par un último beso, que al final no fue más que ambas chupando la lengua de su pareja y dándole una pequeña felación que no hizo más que calentaras aún más y hacerlas desear ir de una vez a la habitación.
Yasaka estaba a punto de hablar, de decirle una vez más que fueran a su habitación y si era necesario, cargar a la pelinegra y llevarla consigo solo para poder mantenerla en sus brazos, besarla cada que sintiera la necesidad, cosa que era bastante más regularmente de lo que se pensaría, pero antes de decir cualquier cosa, algo en particular llamo su atención y por primera vez desde que todo esto empezara, no era Akeno ni el obsceno cuerpo que se cargaba, pero eso sí, aún tenía que ver con ella.
Eso que llamara su atención estaba posado sobre la mesa del comedor, un pequeño objeto de porcelana blanca finamente decorado y que otrora tuviera la suerte de sentir los labios de la joven antes que ella, ese objeto, no era otro que la taza de té que le diera a la chica cuando llego a su casa hace unas horas y que a no ser que su memoria le fallara, la pelinegra jamás termino de beber.
Es decir, si llego a probar el contenido, pero mirando en sus recuerdos, jamás se lo acabo, de un momento a otro pareció dejar de lado la bebida para empezar a comportarse extraño, a comportarse ansiosa y a ver con descaro sus tetas mientras ella confundida no sabía que pasaba y bueno, luego estuvo eso, como cambió el té por una bebida mucho más lasciva, adictiva y deliciosa que llevo a ambas mujeres al orgasmo, así que en esa taza, aun debía de quedar aunque fuera un poco del líquido que le sirviera en un principio.
A como pudo lo verifico y se encontró que tenía razón, ahí en esa taza aún estaba el té, seguramente ya frío tras tanto tiempo que había pasado, pero lo que más la sorprendió es que el volumen a duras penas y había bajado un poco, al parecer, su hermanita desde un principio no le prestó mucha atención a la bebida como a la que la preparó o más concretamente al cuerpo de la cocinera, cosa que la hizo sonreír divertida por el descaro de su amante.
Vio a la chica que ahora la veía esperando para ir a la cama a continuar aquello y una idea le cruzo por la mente, una divertida y juguetona idea, es decir, pese a que no se quejaba por lo que ocurrió pues había sido por demás placentero, aun así, era grosero para ella que la pelinegra no se hubiera acabado el té, es decir, si desde el principio quería ése otro tipo de bebida, bien pudo decírselo y ella gustosa habría preparado una taza para ella.
- Oh cariño, eres una niña tan mala - terminó diciéndole con una mirada de pena y dolor completamente falsa y que dejo desconcertada a la joven pues no entendía a qué se refería con sus palabras, cosa que la rubia noto y decidió explicarse mejor, - prepare ese té especialmente para ti y ni siquiera le diste una probada - reprochó esta vez con mayor dramatismo mientras con su mirada apuntaba a la taza detrás de ellas desviando la atención de la pelinegra en esa dirección.
Si era honesta consigo misma, ni siquiera recordaba que esa taza estaba ahí, en algún momento dejo de importarle, todo lo que quería era saltarle encima a su Onee-chan, arrancarle la ropa si era necesario, poco le importaba esa bebida en ese momento, mucho menos ahora que había probado algo aún más delicioso que un té y que ya quería volver a probar, pero igualmente la miro, bien podría darle muerte a su contenido de un golpe, hacer fondo blanco con su contenido y regresar a lo que era realmente importante.
- Eres tan desconsiderada con Onee-chan - y entonces su atención regreso a la rubia que ahora le hacía un puchero y hablaba de sí misma en tercera persona, se veía adorable la verdad sea dicha, pero entonces su puchero y esa ternura fue rápidamente sustituida por una sonrisa muy diferente y más traviesa, - te mereces un castigo por ser una niña taaaaan mala – dijo lo último con quizás mas lascivia de la que tenía intención pero que ciertamente estremeció grandemente a Akeno y al final eso era lo que buscaba.
Antes de que la joven pudiera decir algo o siquiera preguntar a qué se refería con eso último, Yasaka actuó rápido y aprovechando que aún conservaba una de sus manos apretando una de las jugosas nalgas de Akeno, uso esa misma mano para regresar a explorar ese pequeño y estrecho agujero escondido entre ambas nalgas de la pelinegra, la cual, dicho sea de paso, al sentir de nuevo la intrusión de su Onee-chan para "castigarla", no pudo hacer más que chillar, tanto de sorpresa, como de placer.
- ¡EEEEK! – no era justo, su Onee-chan estaba jugando sucio, nunca mejor dicho, estaba atacando uno de sus mayores puntos débiles, ese reducto que solo Issei había probado y que de hecho el castaño había educado, era muy sensible y susceptible a las provocaciones.
Ese simple hecho, hizo que cuando sintió su ano nuevamente penetrado por los dedos de la rubia, casi de manera automática, empezara a empujar su culo contra esos dedos, como buscando que su Onee-chan la "castigara" mucho más, cosa que hizo sonreír perversa a Yasaka y dicho sea de paso también a Akeno, es decir, si su Onee-chan quería jugar, entonces le demostraría lo mucho que ella también amaba esos juegos.
- N-No es mi culpa Onee-chan – se quejó mientras empezaba a acompasar los movimientos de sus caderas con los movimientos de los dedos de la rubia para así lograr máxima penetración y placer y a su vez, miraba jadeante a la rubia lista para jugar este nuevo y perverso juego – ya sabes que me gusta el té con leche... mucha, mucha leche – al decir eso último, de la manera más sucia y lasciva que pudo, acompaño sus palabras llevando una de sus manos de regreso a los pechos de la madura mujer para empezar a exprimirlos, dando contundencia a sus palabras y dando una clara explicación a lo que se refería con las mismas.
- ¡HNNGGG! - esta vez, fue el turno de Yasaka de gemir, sus pechos atacados nuevamente y claro que el mensaje fue entendido, no era ninguna tonta, era morboso, sucio, depravado, y le encantaba, - fufufu... niña traviesa – en definitiva, amaba a esa chica e iba a disfrutar de ella cada segundo que pudiera.
Con eso en mente, su siguiente movimiento fue obvio, ya que Akeno estaba tan dispuesta a jugar, ella complacería su deseo, la dejaría jugar tanto como quisiera con su obsesión que en ese momento eran sus tetas y mientras tanto, ella se encargaría de profanar con sus dedos ese sucio y travieso culo por el que ya anhelaba la oportunidad de conocerlo más que con solo sus dígitos, así, una vez más, terminaron en su comedor, en esa silla, metiéndose mano la una a la otra, la pelinegra exprimiendo las tetas de la rubia y a su vez, la rubia morboseando el joven y carnoso culo de la pelinegra.
Estaban calientes de nuevo y claro que querían ir a la cama, pero no querían ni soltarse ni separarse, especialmente ahora que una vez más sus coños volvían a chorrear en anticipación por los nuevos juegos, juegos que Yasaka se encargaría de continuar, tal vez con la esperanza de llegar a su destino, aunque tampoco es que le molestara mucho la idea de posponerlo un rato más.
- Haaa... haaa... lo lamento Akeno-chan, pero… ya no hay leche en el refrigerador – lo dijo con dificultad, con el calor subiendo, sus pechos de nuevo recibiendo tan placentero masaje y tan centrada como estaba en sentir ese culo y sus interiores, - jujuju, me pregunto... ¿qué debería hacer? ¿tienes alguna idea, A-ke-no-chan? – decidió jugar, provocándola y volviéndola a llamar como generalmente lo hacía, aunque con un tono mucho más coqueto y sucio.
Akeno por su parte se estremeció, su Onee-chan era tan traviesa, pero amaba eso de ella, amaba el haber podido descubrir esa faceta de la rubia y claro que iba a aprovecharse de la misma, así que cuando la escucho decir lo último y llamarla de esa manera tan traviesa, no iba a desaprovechar la oportunidad y con eso en mente, llevo su otra mano al pecho de la rubia que aún estaba libre y empezó a amasarlo con la misma fuerza y contundencia que a su homónimo sacando berridos de placer de la madura mujer.
- N-No te preocupes Onee-chan – decidió responderle, con la misma sonrisa sucia y traviesa que adornaba el rostro de la rubia y que ahora la miraba expectante por ver que era lo que diría, - p-por suerte... hnnng, conozco una linda vaca lechera a la que puedo ordeñar... y así conseguir deliciosa leche fresca – le dijo esta vez apretando más duro las tetas de Yasaka, que, como respuesta, simplemente no pudo evitar empezar a chorrear leche una vez más.
En definitiva, ellas se entendían perfectamente, ambas sabían lo que la otra quería y también como contestar sus provocaciones, por eso cuando Akeno le respondió de esa manera tan perversa, tan sucia, tan morbosa para luego apretar sus pechos, casi se sintió correr y eso solo hizo que se esmerara más en jugar con el cuerpo de su joven amante.
- Heeee, eso sí que es una suerte - dijo sin perder su sonrisa la rubia tras escuchar la indirecta de su amante, así que decidió que, si eso era lo que ella quería, la complacería y aunque le dolería separarse de la chica, finalmente lo hizo dejando desconcertada a la misma, especialmente cuando la levanto de su regazo para pararse ella también y luego dirigirse justo frente a la taza, la cual acerco al borde antes de mirarla divertida ante su confusión, - ¿y bien? ¿qué haces ahí parada? dudo que esa vaca se vaya a ordeñar sola, ¿o sí? - fue todo lo que dijo mientras sonreía morbosa y dejaba claro lo que quería que hiciera.
No tuvo que esperar mucho, pues en cuanto Akeno escucho sus palabras y entendió su significado, se apresuró tras de ella para primero, sujetarla de las caderas y luego, mientras se veían con intensidad a los ojos, subir sus manos por esa estrecha cintura disfrutando de la sensación de su tersa piel antes de empezar a besarse mientras sus manos continuaban su viaje hacia arriba, hasta atrapar esas enormes montañas las cuales empezó a magrear a placer, sacando gemidos ahogados de parte de la mujer.
Se sentía increíble, de hecho, el besarse ya se había convertido en un deporte para ellas, una necesidad y obsesión que las acompañaba mientras disfrutaban del cuerpo de la otra, Yasaka de verdad que disfrutaba de cómo se daban las cosas, de la habilidad de la chica y de cómo se sentía de bien el que esa joven le magreara las tetas con tan obsceno deseo.
Para colmo, de un momento a otro, sintió los enormes bultos de la pelinegra presionarse contra su espala que gracias a que su suéter aún estaba levantado por encima de sus pechos, había dejado su espalda igualmente desnuda, dejándole sentir en su desnuda gloria, esas esponjosas masas de carne y lo erecto de sus botoncitos rosa, antes de sentir el ligero movimiento de esos pechos por su espalda y cuando no creyó poder sentirse mejor, Akeno finalmente tomo sus erectos pezones los estiro apuntando hacia abajo, más concretamente hacía la taza y seguidamente empezó a presionarlos entre sus dedos para que empezara a lactar en la taza y derramara su espesa leche sobre ella.
Era tan morboso, de verdad se sentía como una vaca lechera, de hecho, ya estaba siendo ordeñada como una, todo para saciar el morboso deseo de una joven que al parecer era adicta a las tetas enormes, pero no se quejaba, en realidad, lo estaba disfrutando, podía sentir como su leche fluía fuera de sus pechos, como esos finos dedos estimulaban sus glándulas mamarias con suaves y delicadas caricias antes de apretar sus pezones para derramar aún más leche sobre la taza de té, al final derramo aún más leche de la necesaria, porque pronto el líquido rebalso el recipiente y empezó a derramarse fuera de él y aun así, Akeno continuaba exprimiendo poseída las tetas de Yasaka, todo mientras continuaba besándola y refregando sus propios pechos contra la espalda de la rubia.
Claro que ese delicioso ordeño al que estaba sometida la rubia, muy para desgracia de ambas, no podía durar para siempre, por eso, cuando tras un nuevo e intenso beso se separaron y voltearon a ver el desastre lechoso que previamente fuera una taza de té, se detuvieron en su actividad para que Akeno pudiera disfrutar del fruto de su esfuerzo, eso sí, sin separarse ni un ápice, es decir, con Akeno aun detrás de Yasaka, presionando sus pechos contra su espalda y con una mano, aun sujetando uno de los pechos de la rubia.
Cada segundo de lo que paso en ese momento se sintió eterno para Yasaka, deliciosamente sucio y eterno, ver como Akeno tomaba la taza del asa de la misma, como levantaba la taza ahora con el blanco contenido, la verdad sea dicha, dudaba que ahí aun quedara té, pero eso no era importante en ese momento, vio como lentamente llevaba la porcelana a sus labios para cuando finalmente poso la fría porcelana contra los cálidos y carnosos labios de la chica, empezar a llenar su boca con el líquido en ella y unos segundos después, verla tragar con deleite, cada segundo fue tortuosamente lento, como si estuviera predispuesto para que su cerebro registrara a fuego tal evento y durante todo ese tiempo, sintió como su piel se erizaba, como sus pechos se crispaban, sus pezones se endurecían incluso más de lo que ya estaban y también como su coño solo chorreaba más y más solo por ver a Akeno beber la leche de sus pechos, leche que ella misma ordeño.
Akeno bebía con tanta devoción, saboreando cada trago y gimiendo de gusto en el proceso, que simplemente provoco el deseo de Yasaka de probar también, es decir, más allá del morbo de la situación, ella también era una mujer curiosa y al ver a Akeno disfrutar tanto de su bebida, no pudo evitar la pregunta de ¿a qué podría saber el té mezclado con su leche materna?, en ese momento deseo tanto poder probarlo, que al parecer lo reflejo en su rostro, rostro que pudo notar la pelinegra y que rápidamente comprendió su significado.
Era tan evidente, los dorados ojos de Yasaka veían con tal atención como bebía de la taza, con una hasta infantil curiosidad por saber cuál era el sabor del contenido en la misma y claro, ella no tenía problemas en compartir, solo que, no lo haría solo ofreciéndole la taza para que la rubia bebiera también, no, con la pelinegra, era de esperarse el uso de métodos menos ortodoxos y eso lo dejo ver a la rubia cuando tras beber de nueva cuenta el líquido de la taza, la miro con una sonrisa que aunque parecía inocente, lejos estaba de serlo.
Antes de que pudiera decir cualquier cosa o siquiera reaccionar, se encontró de nuevo con sus labios abordados por los de la pelinegra en un nuevo beso que respondió automáticamente, para ese momento ya era algo natural el que, si una de las dos quería un beso, la otra se lo daba con gusto, sin embargo, ni bien lo respondió, se llevó una nueva sorpresa, porque resultaba que ese último trago, Akeno jamás lo bebió, lo guardo en su boca y luego con su beso, le transfirió el líquido a su boca, líquido que en cuanto lo sintió entrar, empezó a tragarlo y una vez termino de beber todo el líquido, azorada por el mismo, se maldijo internamente pues ni siquiera alcanzo a probarlo, cosa que al parecer se relejo una vez más en su rostro pues escucho a la pelinegra reír.
- Fufufu, Onee-chan... ¿quieres más? – la escucho decir, divertida y aunque le avergonzaba el que ahora se riera a su cosa, mentiría si dijera que de hecho no quería volver a ser alimentada por Akeno, por lo cual solo asintió sonrojada y anhelante de que ese acto se repitiera, cosa que hizo sonreír a la pelinegra, - tus deseos son órdenes para mi… Onee-chan – fue todo lo que dijo tras recibir su respuesta afirmativa y procedió a complacer el deseo de Yasaka y el suyo llenando de líquido de nuevo su boca antes de volver a besar a la rubia que ansiosa esperaba el momento de que sus labios volviesen a unirse.
Estuvieron así, en esa posición donde se sentían la una a la otra, sin despegarse ni un milímetro, sin que Akeno dejara de sobra uno de sus pechos, sin que Yasaka empujara su trasero contra la pelinegra y por sobre todo, sin que Akeno dejara de llenar su boca con el morboso té para después dárselo de boca a boca a la rubia que en algún momento ya no esperaba siquiera a que la girara a ver, en cuanto llenaba su boca, ella misma iba a buscar sus labios para besarse y como plus, beber el líquido de directamente de los labios de Akeno, esta vez sí, asegurándose de saborearlo, paladearlo con su lengua incluso cuando esta no estaba jugando con la de Akeno y así se quedaron hasta que el susodicho té se acabara.
Ahora, en la mesa de ese comedor cuyas paredes y muebles habían visto lo indecible, solo permanecía la tacita de té vacía y ladeada sobre su respectivo plato, mientras alrededor un blanquecino decorado le acompañaba, el cual, junto a las marcas de labios sobre el borde de la porcelana, era la única evidencia que quedaba de lo que había sido el intercambio de ambas mujeres.
En cuanto a las dos mujeres, bueno, solo bastaba con seguir el rastro que dejaran cuando terminaron todos sus asuntos en ese comedor, dicho rastro no era otro que el de las prendas de ambas mujeres regadas por el camino y para quien llegara a preguntárselo, sí, susodicho rastro solo iba en una dirección, una única y demasiado evidente dirección que no era otra que la habitación de Yasaka.
Resultaba que en cuanto saciaron su sed, ambas decidieron que ya habían prolongado mucho su estadía en ese punto de la casa y ya no resistían más, así que sin decir nada, solo se arreglaron a cómo pudieron sus ropas, que no fue más que cubrir un poco sus cuerpos y se besaron una vez más antes de que la rubia iniciara el camino a su habitación dejando tras de sí a la alterada pelinegra que solo la vio adelantarse antes de girarse a verla y con un rostro seductor hablarle una vez más.
- ¿No vienes cariño? - fue todo lo que dijo y también todo lo que necesito pues de inmediato la joven tomo el bolso que había traído y luego simplemente empezó a seguirla y juntas emprendieron el camino a su suave y cómodo destino, eso sí, Yasaka iba adelante guiando y Akeno solo la seguía, la razón por la que no se ponía a su lado era simple, quería una buena vista de ese gordo trasero maduro y la mejor parte para ella, aunque no lo sabía, Yasaka era plenamente consciente de que le estaba comiendo el culo con la mirada.
Después de todo podía sentir su mirada fina una vez más en ella, bueno en realidad en su carnoso trasero, pero podía sentirla y le halagaba, dicho sea de paso, así que decidió que si tanto le gustaba su culo, bien podría seducirla con él y por eso de un momento a otro y para delicia visual de la pelinegra, Yasaka empezó a contonear de manera exagerada sus caderas y acentuando cada paso que daba, el efecto que eso causo, sus nalgas rebotaban deliciosamente con cada paso que daba, iban de un lado al otro con cada contoneo y para darle una mejor vista, levanto su falda lo suficiente como para que viera su trasero sin nada más cubriéndolo que sus bragas de encaje negro.
Y de esa manera, exponiendo el objeto de deseo de la pelinegra, continuo su camino, disfrutando de la abrumadora sensación que sentía a sus espaldas, imaginando el estado de la chica y lo turbada que debía estar, porque en ese punto ya incluso podía jurar que escuchaba su pesada respiración y los fuertes jadeos que ello le provocaban.
Para Akeno todo aquello era surrealista, era todo un goce de espectáculo, su mirada simplemente no podía despegarse de esas nalgas, su movimiento era seductor, atrevido y atrayente, Yasaka lo sabía, por eso le estaba dando un buen plano de su casi desnudo trasero contonearse, era difícil contenerse de hacer lo imaginable e inimaginable con ese glorioso culo y por ello, simplemente ya no se pudo controlar.
Al demonio, Yasaka estaba jugando sucio y ella ya no iba a pretender que podía resistir sus deseo, por eso unos pasos más adelante y para sorpresa de la rubia, la tomo de la muñeca y antes de que la mujer pudiera reaccionar estaba arrinconada contra la pared, con sus labios asaltados una vez más, mientras las manos de la chica bajaban y se apoderaban de sus nalgas para empezar a magrearlas con descaro y morbo al contenido del corazón de la pelinegra que estaba desatada manoseando las obscenas carnes de la madura mujer, cosa que continuo hasta que se sintió satisfecha y solo entonces la soltó, dejando a Yasaka consternada, sonrojada y sin aliento viendo a una pelinegra que la veía sonriente antes de con un guiño de su ojo, reanudar el camino a la habitación.
El ataque fue tan sorpresivo que Yasaka no pudo más que dejarse hacer y la forma en que la había tocado la había encendido y dejado con ganas una vez más, por lo cual el que ahora esa chica quisiera actuar como si lo anterior no hubiera pasado, la desconcertó, ese desparpajo de actuar como si nada mientras se dirigía a su habitación, no, eso no iba a quedarse así, que ni creyera que iba a dejarla en ese estado sin pagar las consecuencias.
Y así como Akeno previamente, Yasaka fue quien tomara las riendas esta vez y del mismo modo que la pelinegra atrapo a la pelinegra tomándola de su brazo, jalándola hacia ella y una vez en sus brazos besarla ella esta vez, mientras agarraba el portentoso culo de la más joven, solo que, a diferencia de la chica, ella no solo magreo sus nalgas, también penetro su ano a placer mientras la sometía contra la pared y no la dejaba ir hasta que se aseguraba de que la tenía bien caliente y ansiosa, además de logras su propia satisfacción personal, solo entonces la soltaba y ante los nublados ojos de Akeno, llevaba los dedos que previamente estuvieran enterrados en su culo a la boca y los chupaba bajo la atenta mirada de la chica antes de sonreír ladina y continuar su camino.
Y antes de que alguna de las dos se diera cuenta, ese juego de camino a la cama se salió de control, empezó con cada una provocando a la otra y pronto simplemente eran ambas metiéndose mano cada dos o tres pasos y finalmente termino con ambas magreando el cuerpo de la otra conforme avanzaban hacia la habitación.
Pronto la ropa, ya de por si desarreglada, paso a estorbarles y conforme iban avanzando y su necesidad por la otra aumentaba, se fueron despojando de las prendas una por una, eso sí, ninguna se quitaba su propia ropa salvo por sus respectivos zapatos, por lo demás, solo retiraban las de su amante, todo por disfrutar del placer de ser quien desnudara el cuerpo de la otra y en el proceso sentir la suave y tersa piel de su respectiva amante.
Lo primero que cayo obviamente fueron las faldas de ambas, primero la de Yasaka revelando a plenitud las bragas de encaje negras que usaba, revelando que eran incluso más lascivas de lo que demostraba la tela que cubriera su culo, eso por no mencionar que era difícil saber si realmente estaban diseñadas para cubrir o más bien para resaltar la zona íntima con su casi transparencia.
Y unos pasos más adelante fue el turno de Akeno de perder su propia falda, revelando ante la rubia unas eróticas bragas, igualmente de encaje, pero en su caso el color era violeta, claro que la rubia no le prestó atención a eso en un principio pues al estar agachada retirando la falda de la chica, quedó prendada de la cremosa piel de las piernas de la joven y termino besando y lamiendo esos muslos, antes de finalmente darle algo de atención a la prenda íntima.
No habrían dado más de cinco pasos cuando esta vez la necesidad de Yasaka la hizo atrapar a la pelinegra una vez más y regresarla a sus brazos que la esperaban ansiosos, así como sus labios que no dudaron en besarla de nuevo ni bien la tuvo cerca, magro su ahora más desprotegido culo y procedió a retirar una prenda más, esta vez el suéter de la chica, disfrutando de la suave sensación del roce de sus dedos sobre el liso vientre de la chica, subió esa prenda hasta que superó la barrera de los enormes pechos de la chica y retiro por la cabeza de la misma el suéter, el cual envió a volar lejos para dejar a la chica prácticamente desnuda y con ella misma lista para admirar los hermosos montes de la pelinegra, pero no conto con un detalle particular y que de hecho a diferencia de ella, Akeno si estaba usando, es decir, un lindo sujetador de encaje que hacía juego con las bragas de la chica.
Como fue que no noto un detalle tan particular previamente, ¿tan perdida estaba en el mundo del placer como para no percatarse de que la chica usaba uno?, aunque en su defensa, ella no toco los pechos de la chica hasta que esta misma en teoría se los ofreció o cuando menos empezó a restregarlos contra su cuerpo y desde entonces no le había importado nada que no fuera disfrutar de ellos y la suave y esponjosa sensación que producían.
Akeno estaba muy segura de que casi había escuchado a Yasaka gruñir cual animal enojado en cuanto se percató de su sujetador, como si odiara esa prenda por esconder de su vista el objeto de su deseo y de hecho cuando tomo la prenda íntima de la unión de ambas copas, temió que en su arrebato terminara arrancándole la prenda, aunque al mismo tiempo la excitaba pensar en la rubia así de desesperada por poseer su cuerpo.
Pero haciendo gala del poco autocontrol que le quedaba, Yasaka paso sus manos a la espalda de la chica y tras disfrutar con caricias de la piel de la chica, finalmente libero los ganchos de la prenda y con ello eliminó la presión que la misma ejerció sobre los pechos de la chica antes de simplemente retirarla y dejarla caer, no lejos como con el suéter, esta cayo a los pies de ambas mientras de fondo se escuchaban los gemidos de Akeno, ya que ahora, era su turno de tener sus pechos devorados por la hambrienta lengua de Yasaka y la habida lengua de la misma.
Unos segundos después y aun sin separarse, pero si con Yasaka saciada en su hambre de tetas, al menos por el momento, Akeno decidió que no era justo que solo ella estuviera desnuda, porque sí, salvo por sus bragas, la chica ya no llevaba más prenda en su cuerpo, ni siquiera su cinta para el cabello que cayó quien sabe dónde hace un rato.
Por ello es que rápidamente actuó, reclamando los labios de la rubia de nuevo, sí, ya era adicta a ellos y ciertamente tenía un morbo especial besarlos en ese preciso instante porque casi podía jurar que aún se sentía en esos carnosos labios, tanto el sabor como la calidez de sus propios pechos y eso solo estaba calentando aún más a la joven pelinegra en su deseo por la mujer ante ella.
Y mientras se besaban, ella procedió a retirar la última prenda de Yasaka para dejarla en igualdad de condiciones que ella, es decir, su suéter debía irse y mientras avanzaban, se besaban y acariciaban, Akeno procedió a retirar el suéter del maduro cuerpo de su amante, un tanto más descontrolada y agresiva que la misma rubia había que decirlo, aunque a esta última parecía excitarla ver lo mucho que la joven la deseaba.
Termino ayudándola un poco pues en su desesperación Akeno estaba peleando más con la prenda de lo que la estaba retirando, así que con ternura la guio para ayudarla a que le desnudara y ni bien el suéter cayo, tenía de nueva cuenta a Akeno prendida de sus pechos cual bebé, chupando y amamantándose haciéndola gemir y berrear de gusto, porque la realidad era que, para ese momento, con el calor, la lujuria y el deseo a flor de piel, sus pechos se habían convertido en una fuente inagotable e incansable de leche materna que chorreaba fuera de ella.
Estaban tan cerca de la habitación, que era doloroso no estar ya en ella, por eso Yasaka mandando todos los juegos al diablo, tomo las mejillas de Akeno, arrastro su rostro hacia arriba para que se encontrara con el suyo y en un nuevo y lechoso beso, el cual la pelinegra correspondió gustosa, la mujer ya no se contuvo más, agarro a Akeno de su carnoso culo y tras un intenso, aunque quizás corto magreo a esas nalgas, las apretó fuertemente y de un solo envión, levanto a la pelinegra.
Fue más una cuestión de inercia, pero ni bien la pelinegra sintió sus pies separarse del suelo, levanto sus piernas, las abrió y las enredo alrededor de la cintura de la rubia a la cual aún besaba y la cual aún no dejaba de sobarle las nalgas, ahora con mayor ahínco al saber que estaba bien sujeta contra ella.
Así como estaban, desnudas, besándose, con sus pechos presionándose entre sí, con la pelinegra teniendo sus piernas enredadas en un firme agarre sobre la cintura de la rubia y esta última con sus manos fuertemente hundidas en las carnes de su culo, fue que finalmente avanzaron hasta completar el trayecto a la habitación de Yasaka o más concretamente, hasta su cama, la cual de hecho era bastante más espaciosa de lo que se imaginaba la pelinegra.
Atrás había quedado toda prenda de ropa, todo trozo de tela que pudiera llegar a incomodar salvo por las bragas de cada una de ellas, curiosamente solo un objeto les había acompañado todo el viaje y ese era el bolso de la pelinegra, no importó que ocurriera, nunca lo dejo atrás y cuando le pregunto el motivo, la chica solo sonrió enigmática y le dio una mirada insinuante que le decía que no se iba a arrepentir de que no lo dejara atrás, pero en ese momento se volvió intrascendente, después de todo, finalmente habían llegado a su destino y ni bien lo alcanzaron, Yasaka las llevo a ambas, presurosa a la cama.
Y ahí estaban en ese momento las dos mujeres, finalmente en la cama, desnudas, deseosas y entregándose por fin a uno de los más básicos e instintivos de los placeres, disfrutando de las caricias de la otra mientras al mismo tiempo devoraban hasta el último recóndito lugar escondido en sus voluptuosas anatomías.
En ese momento, Akeno se encontraba tendida en la cama, boca arriba, mientras todo lo que podía hacer era gemir y hacerlo con gusto, todo debido al hecho de que, sobre ella, se encontraba la madura mujer, con su cabeza sobre sus pechos y su boca chupando sus pezones con el mismo ahínco con el que otrora lo hiciera ella mientras la chica la agarraba de sus doradas hebras con el fin de negarle a la mujer el separarse de sus mamas, cosa que no estaba dentro de los planes de la rubia tampoco y no solo eso, Yasaka le estaba dando una dosis mucho más alta de placer, pes mientras su boca se encargaba de sus tetas, la mano de la rubia estaba metida en su encharcado coño, cubierto solo por sus eróticas bragas que para ese momento eran un desastre húmedo que demostraba la necesidad de la pelinegra, por lo cual ahí estaba, solo disfrutando, liberando sus gemidos sin control gracias a estar recibiendo las primera caricias de parte de su amada rubia, las primeras de muchas más que vendrían desde ese mismísimo momento.
Ni que decir de Yasaka, hace mucho que no probaba un cuerpo joven, de hecho, desde que ella misma fuera una mujer joven, no es como que no se haya divertido en todo ese tiempo, pero ciertamente no con alguien más joven que ella y resultaba irónico que quien cumpliera esa fantasía, terminara resultando ser una mujer, y que mujer, hermosa, curvilínea, con un sex appeal que ciertamente podría hacer dudar a más de una de su sexualidad, desbordaba un erotismo difícil de ignorar y por sobretodo, era la hija de ella, de su gran confidente, su mayor apoyo, en otras palabras, su mejor amiga entre otras muy gratificantes definiciones.
Ambas estaban totalmente absortas por el solo deseo de estar juntas, Yasaka simplemente chupaba, lamía, besaba y mordía los pezones de la pelinegra, mientras en su coñito, no dejaba de bombear con rapidez y anhelo, un anhelo por verla correrse de nuevo, esta ve si poder presenciar el sucio espectáculo que era ver a esa chica correrse por su toque, por eso ahí estaba, enterrando sus dedos todo lo profundo que podía, algo bastante sencillo de lograr gracias a la gran lubricación que resultaba ser la excitación de la joven a la cual junto a sus dedos enterrados en lo profundo de su intimidad, se unía su dedo gordo que se encargaba de mimar constantemente el enhiesto botoncito rosado que resultaba ser el clítoris de la joven, frotándolo con la yema de su dedo, presionándolo, rodeando su circunferencia, en fin, simplemente haciendo derretir de placer a la chica de placer.
Akeno por su parte sentía que su garganta se iba a desgarrar conforme siguiera chillando así y no podría importarle menos, quería mucho más, quería a la rubia torturando aún más sus pechos con esa caliente boca suya, quería más caricias, que los dedos de la mujer fueran aún más profundo, que también jugara con su culo una vez más, que lo penetrara y bombeara al ritmo con que lo hacía en su coño, en otras palabras, simplemente se quería correr, correrse en su mano, que le ofreciera esa mano y chupar cada dedo con golosa alegría, que se bebiera ella sus jugos, en fin.
Por otro lado, Yasaka estaba al borde de la necesidad también, su necesidad, sus pechos le dolían, seguían tan cargados de leche que el dejar de amamantar a la pelinegra era doloroso para ella, quería que volviera a ordeñarla, de manera aún más lasciva que la última vez si es que eso era posible y eso que en ese momento estaba intentando ignorar su propio coño que babeaba sobre sus bragas ya en demasía húmedas, sentía como sus jugos ya atravesaban la tela, como sus labios vaginales devoraban la misma habidos de atención, de continuar de la misma manera mucho más tiempo, enloquecería por completo.
"Yasaka Onee-chan, no importa canto chupes, aun no saldrá nada", pensó en determinado momento al ver a su amada rubia prendida de sus pechos mientras la masturbaba, podía sentir la fuerza con la que succionaba sus pezones, el masaje de la húmeda lengua, la estimulación que resultaba sobre sus dos cerezas cada que ella decidía morderlas, pero eso no cambiaba las cosas, no importaba cuando chupara, Akeno no podía producir leche para envidia de la joven mujer por la condición lactante de Yasaka, no podía hacerlo, por ahora, "mooo, no es justo, yo también quiero hacérselo a Onee-chan", lo siguiente que cruzo la mente de Akeno ya no tuvo nada que ver con su incapacidad de lactar, no, ahora viendo a Yasaka tocarla a placer fue una nueva idea la que la asalto y es que, en algún punto Akeno simplemente no pudo resistir más, si bien era cierto que estar presa de la voluntad y capricho de la rubia era sumamente placentero, Akeno Himejima se caracterizaba por no ser de las que solo les gusta recibir cuando se trataba del sexo, buscaba complacer a su pareja, tanto como su pareja la complacía a ella, por lo cual el no poder tener a su disposición el cuerpo maduro de Yasaka era desesperante para ella.
Antes de darse cuenta, la rubia se encontró con su cabeza separada de los pechos de la pelinegra para volver a un lugar que ya era más que bien conocido y uno de sus favoritos, los labios de la joven que la recibía ansiosa de volver a probar los rosados labios de la mujer, la cual no tardo nada en corresponder.
Su paciencia se terminó, Akeno era una chica que incitaba a la lujuria, a su lujuria y no iba a contenerla más, sí, le habría encantado poder jugar más con el cuerpo de esa pervertida y zorra jovencita, pero ese último beso, fue la gota que derramo el vaso, cosa curiosa considerando que habían más cosas ocurriendo ahí que pudieron tener ese efecto primero, pero no, fue ese beso, sentir la necesidad de la chica, no solo de recibir más placer, también de provocarlo, no iba a contenerse más, ni por un minuto, pero primero, tenía un trabajo que terminar.
A partir de ese momento, mientras sus labios se hundían el placer de aquel beso con la joven pelinegra, sus dedos pasaron a un total frenesí donde se agitaban, entraban, salían, giraban, ondulaban, en fin, cualquier movimiento que se le ocurriera a la rubia para masturbar a la chica que para sorpresa y respeto de la mujer, pese a lo mucho que se notaba que quería chillar de placer, en ningún momento rompió el beso, si algo, más bien lo profundizo, mientras al mismo tiempo arqueaba un poco la espalda y empezaba a temblar en preparación de lo que sería un delicioso orgasmo, todo gracias al ataque de su madura amante.
Y como si no fuera suficiente, en determinado momento, como si la mujer estuviera lista para dar el golpe definitivo contra su joven amante, hundió tanto como pudo los dedos de su mano dentro del húmedo, juvenil y estrecho coño para un segundo después, doblar sus dedos en su interior, curveándolos hacia arriba con un único propósito, ni siquiera estaba segura de cómo es que sabía eso, que ese era el lugar exacto, fue como si un instinto, un llamado la alcanzara, la naturaleza de una zorra le guiara, fuera lo que fuera, en ese momento, Yasaka ataco directo sobre el punto G de Akeno y continuo atacándolo una y otra vez al tiempo que hundía y retraía sus dedos.
Akeno de repente se vio arrastrada hasta las profundidades de su lujuria, su amada Onee-chan la estaba tocando en su punto más dulce, uno que le pertenecía solo a Issei, el lugar donde siempre deliraba gracias a su enorme polla y ahora, Yasaka estaba usurpándolo con sus dedos y aunque estuviera mal, se sentía tan bien, que no quería que parara, quería que la tocara más, que aumentara la fricción sobre esa zona hasta que la misma estuviera enrojecida y muy, de verdad muy, sensible y poderse correr con fuerza por ello.
Yasaka, aunque nadie lo podía ver y ciertamente tampoco es que pudiera demostrarlo, en ese momento estaba sonriendo, tanto de diversión como de lujuria ante el hecho de tener en ese estado a la pelinegra que era su hermanita y ahora amante, amaba tener ese poder sobre ella, ser la causante de su placer y aunque amaba besarla como nunca creyó hacerlo, del mismo modo, extrañaba comerle las tetas, por lo que tras una buena e intensa deliberación consigo misma, decidió liberar los labios de Akeno y regresar los suyos propios justo a su nuevo objeto de adicción, es decir, las enormidades carnosas de la chica, cosa que de paso dejo libre la boca de la pelinegra para que la deleitara con el placer que transmitían sus gemidos y justo a tiempo, pues en cuanto su boca regreso a atender a los pechos de la chica, está ya no tuvo la fuerza o el deseo para contenerse más y terminar explotando en un potente y nuevo orgasmo.
- ¡UGYAAAA! - Akeno no fue capaz más que soltar ese fuerte chillido cuando alcanzo su límite, su Onee-chan, su amada Onee-chan estaba chupándole las tetas con tanta hambre mientras con su mano masturbaba su coñito a doble estimulación, internamente torturando su punto G y externamente haciendo lo propio sobre su clítoris, como para poder resistirse, - ¡O-Onee-chaaan¡, m-me… ¡CORROOOOOO! – su voz no alcanzo para más, el resto del aire en su pulmones salió con violencia mientras el resto de su cuerpo era destrozado por su clímax y una sonrisa de estúpida satisfacción ahora adornaba su rostro.
No iba a negarlo, fue más placentero de lo que se esperó, sentir como su pequeña hermanita simplemente se corría como una furcia desesperada gracias a su toque, como sus caricias habían hecho de esa adorable niña una degenerada que solo quería correrse y lo que es más, sentir contra su mano el potente chorro de jugos que escapaba en ese momento del interior de su coño producto de su orgasmo, era intoxicarte, adictivo, excitante, cosa que solo la hizo continuar con sus jugueteos sobre el cuerpo de Akeno sin detenerse, totalmente decidida a no dejarla descansar ni un segundo durante su orgasmo, solo por el placer de derretirle el cerebro por el excesivo placer.
Y funciono, porque durante ese lapso de tiempo, la pelinegra fue incapaz de generar una idea concreta, simplemente se dejó ir, su cuerpo así se lo pedía y su cerebro estaba tan saturado de éxtasis que se lo permitió, lo único que le importaba era correrse, dejar que hasta la última gota de sus jugos de amor salieran disparados de su coño y empaparan la mano que le había provocado ese orgasmo, básicamente lo único que quería en ese momento era mearse de placer, un placer que para mayor morbo de la más joven, estaba siéndole otorgado por una madura mujer a la cual siempre vio como su hermana mayor y un modelo a seguir.
Para cuando su orgasmo empezó a calmarse, la chica estaba hecha un desastre, pero aun en su sin sentido post orgásmico, había algo que tenía claro, quería a Yasaka devorándola un poco más, así que con la fuerza que le quedaba, cerro sus brazos alrededor de la cabeza de la rubia y la presiono para evitar que se alejara y de paso también evitar que dejara de chuparle las tetas, cosa que al parecer fue muy bien interpretado por la rubia quien solo aumento la intensidad de sus juegos sobre su cuerpo tanto en sus pechos como en su coño que aun ahora se mantenía fuertemente presionado contra sus dedos.
Solo hasta que la joven finalmente descendió de su orgasmo, cosa que termino tardando más de lo esperado gracias a que la madura mujer se encargaba de mantenerla corriéndose constantemente, cosa que agradecía, fue que finalmente libero a la rubia, bueno, al menos le permitió separarse lo suficiente de su cuerpo como para poder verse a los ojos y descubrir que como era de esperar, ninguna estaba lista para parar.
- Hngmm - un gemido suave salió de la cansada garganta de la pelinegra cuando sintió a los invasivos dígitos de su amante abandonar su gruta de placer y era difícil determinar si aquel gemido era causado por lo sensible que tenía en ese momento su vagina, por la estimulación que presento el movimiento de los dedos o más bien una queja ante el hecho de que Yasaka estaba abandonando su coño, quizás fuera una mezcla de todo lo anterior, pero lo que si era claro, era que para la rubia, escucharla gemir por su causa le enardecía la sangre y cegaba su mente con lujuria.
Así como estaban, con sus ojos sin dejar de verse, Yasaka llevo su empapada mano frente a ellas, para que interrumpiera su contacto visual y dirigiera la mirada de ambas hacía el húmedo desastre que era en ese momento su mano, el cómo se encontraba bañada por los jugos obscenos de la más joven y como los mismos unían los largos dedos de la rubia con puentes hechos de finos hilos de la sucia y pegajosa necesidad de la pelinegra.
Lo siguiente que ocurrió, fue que ante la sorprendida mirada de Akeno, su rubia amante se llevó uno de sus dedos a su boca y empezó a degustar con gula los jugos que su joven amante le había regalado tan generosamente, - ¡HMMMM! - e incluso tuvo el perverso descaro de gemir de gusto una vez que a sus papilas gustativas llegara la dulce esencia de la feminidad de la más joven, cosa que pronto la hizo empezar a usar su lengua, sacándola de su boca para pasearla a lo largo de toda la delgada longitud, eso sí, sin dejar de gemir en ningún momento denotando lo mucho que disfrutaba saborear a su hermanita en sus dedos.
"Mooo, yo también quiero", fue el pensamiento que la invadió seducida por los gemidos de gusto de la rubia, pronto se encontró a si misma deseando probar sus propios jugos, saborearlos por completo, sentirlos intoxicando sus propias papilas, pero, por sobre todo, quería recibirlos de la sucia mano de Yasaka.
Antes de darse cuenta, la rubia se encontró, gratamente sorprendida si es que la sonrisa que adorno sus labios mientras continuaba chupando sus dedos significaba algo, con la pelinegra que a como pudo se había levantado para tomando uno de sus dedos, más concretamente el meñique y tras lo que parecieron ser unos segundos de adoración, se llevó el susodicho dedo a su propia boca y empezó a, como ella, limpiar el digito del orgásmico desastre que había hecho.
"Jujuju, nadie podrá decir que Akeno-chan no limpia sus desastres", no pudo evitar el jocoso comentario en su mente al ver a su pelinegra tan obnubilada con su labor de lamer sus dedos y eso a su vez la calentó por lo obsceno que resultaba el cuadro que se pintaba ante ella, claro que tampoco se iba a quedar atrás y pronto reanudo sus propios lamidos para acompañar a su amante en limpiar todo ese obsceno jugo lujurioso de sus dedos, un digito a la vez, después de todo, que fuera una limpieza no significaba que no pudieran disfrutarla.
Como ya era de esperarse, conforme limpiaban dedo a dedo, se fueron acercando una a la otra y para cuando llegaron al dedo medio de la rubia, el único en seguir erguido en ese momento mientras el resto de los mismos estaban cerrados en puño y disfrutando de la pegajosa sensación de estar "limpios", ambas terminaron no solo atendiendo el dedo con sus lenguas, sino que enrollaron sus lenguas contra el dedo y entre sí hasta dejarlo, lo que consideraron ambas, suficientemente limpio antes de pasar a una actividad mucho más conocida para ellas, es decir, volver a besarse.
No pasaron mucho tiempo esta vez en el beso y no precisamente por falta de ganas, porque lo más seguro es que para cuando ese encuentro terminara, ambas mujeres terminarían con los labios enrojecidos e hinchados por todos los besos, chupones y mordidas de labios que se habían, se estaban y muy seguramente se continuarían dando en el futuro, sin embargo, aunque la velada aún estaba empezando, ambas aún tenían y querían explorar mucho más del cuerpo de la otra y solo por ese motivo fue que se separaron.
- Haaa... haaa... Onee-chan es tan... injusta - cuando se separaron y recuperaron lo suficiente el aire, la primera en volver a hablar fue Akeno, quien, contra todo pronóstico, termino quejándose, cosa que captó la curiosidad de la rubia, - solo yo estoy disfrutando... yo también quiero jugar con el cuerpo de Onee-chan - y como no podía ser de otra forma, su protesta nacía de un berrinche suyo, causado por su propia lujuria, algo que solo hizo sonreír a Yasaka, sonreír con perversa emoción.
- Joooo, pero que niña tan lasciva resultaste ser Akeno-chan... Onee-chan está decepcionada - cada poro de su piel se estaba erizando con cada palabra que decía, su lujuria desbordándose una vez más mientras fingía tristeza al ver a su hermana convertida en esa sucia mujerzuela que tenía ahora entre sus brazos, - ahora Onee-chan tendrá que castigarte para que vuelvas a ser una niña buena - y entonces esa mueca que expresaba su tristeza se convirtió en una sonrisa depredadora y lasciva que solo acrecentó la propia emoción de la pelinegra.
De repente, Akeno se encontró con que una vez más estaba recostaba en la cama mientras sobre ella se encontraba su amada Onee-chan que la veía mientras sonreía, pero sus sonrisa permanecía como la viera la última vez, es decir, completamente traviesa y lasciva, cosa que la emocionaba sobre lo que pudiera estar planeando la mujer, y antes de poder preguntar, recibió un rápido beso de parte de la rubia, uno que según como lo había percibido, era el inició de un nuevo, húmedo y placentero juego entre ellas.
Y un segundo después, la rubia simplemente se giró sobre su eje sobre la pelinegra, adquiriendo de esa manera una nueva posición, una en la que la dirección de ambas se encontraba por completo invertida, es decir, mientras que Akeno tenía su cabeza contra la cabecera de la gran cama de Yasaka, esta última la tenía en dirección a los pies del mueble, lo cual dicho sea de paso, daba libre acceso tanto a una como a la otra, para disfrutar de la vista y otros placeres que era tener frente a sus respectivos rostros la humedecida intimidad de la otra.
- Ahora tendrás que complacer a Onee-chan como castigo por ser tan perra - le dijo de pronto la rubia sacándola del trance que le resulto la hipnótica vista en primer plano de esos más que seguro húmedos labios rosados cubiertos por una tela que de lo saturadas que estaban con los jugos íntimos de la rubia, no hacían mucho por ocultar la intimidad de la mujer, por el contrario, parecía más bien como si delineara y resaltara esa zona en particular, dejando tener una primera insinuación de esos labios vaginales que desde ya la seducían y animaban a besarlos y mucho más, - si te portas bien... Onee-chan incluso podría devolverte el favor como premio por volverte una buena niña – fue lo último que dijo antes de llevar su mano entre sus piernas y hacer a un lado la empapada tela de sus bragas y ofrecer su rosado tesoro a la joven pelinegra.
No tuvo que esperar mucho, de hecho no tuvo que esperar nada, porque en cuanto revelo su húmedo coño a la violácea vista de la pelinegra, esta no lo pensó dos veces, como si fueran impulsados por resortes, llevo rápidamente sus brazos a las caderas de la rubia, y se sujetó con fuerza a ellas reafirmando el agarre con sus manos contra sus carnosas nalgas, hundiendo sus dedos en ese portentoso culo que gustoso recibía esas jóvenes manos y un segundo después, llevo su boca directo contra esos seductores labios vaginales, los cuales empezó a besar, morder, estirar y lamer con autentico frenesí, como si odiara solo tener una lengua para hacerle todo lo que quería.
- ¡KYAAAAA! - chilló de gusto Yasaka cuando sintió contra sus húmedos labios vaginales, los regordetes y carnosos labios de Akeno, sus labios y también esa habida lengua que paseaba enloquecida por cada pliegue de la zona, - fufufu, pero que... hngg, niña tan... haaaa, impaciente - fue la burla de la mujer al ver la gula con la que ahora devoraba la pelinegra su intimidad, sacándole en el proceso más de un gemido de placer, placer que solo se incrementó cuando sintió la juguetona lengua de la joven enterrarse una vez más, todo lo profundo que pudiera dentro de su carnoso túnel del amor, - hnngg, creo que... fuaaa, alguien se merece una... deliciosa recompensa - era obvio que ella no se quedaría atrás, después de todo, así como la pelinegra, ella también estaba ansiosa de devorar, en su caso por primera vez, el coñito juvenil de su nueva amante y ahora sí, nada se interpondría en su camino.
No pidió permiso y tampoco era como que lo necesitara, sabía que Akeno lo deseaba tanto como ella y con eso en mente, llevo su mano, la misma que otrora usara para descubrir su sexo y ofrecérselo a la pelinegra, directo a la intimidad e la chica y con mimo, hizo a un lado la tela de sus bragas igual de empapada que las suyas y en cuanto vio ese rosado y estrecho coñito, dejo de resistirse a su propia lujuria y como su amante, se enterró de inmediato entre sus piernas para degustar a placer el sabor de esa lujuriosa vaina, esta vez directo de la fuente.
Bien pudo haber iniciado con sus dedos y por un momento lo considero hacerlo de ese modo, pero por sucio que llegara a sonar, sus dedos ya conocían aquellos deliciosos parajes, los habían explorado y descubierto los más bellos puntos de placer que podía llegar a sentir una mujer, e igualmente, sin importar lo depravado que eso llegara a parecer, gracias a esa exploración, en su mente ya tenía un mapa mental de aquel delicioso coñito que sus dedos habían conquistado y era precisamente ese mapa, el que usaría con su lengua para ser ahora su húmeda sin hueso la que conquistara esos cálidos y resbaladizos valles y los reclamara como suyos, en un acuerdo tácito y silencioso con la joven pelinegra quien obviamente, tenía un plan similar con su propia lengua la cual sentía que desesperada trataba de entrar hasta lo más profundo para poder besar o cuando menos acariciar, la entrada de su ansiosa matriz.
Y ahí estaban, dos hermosa y voluptuosas mujeres en un 69 totalmente lésbico, ansiosas de devorar la intimidad de la otra mientras a su vez gemían por ser devoradas, sintiendo como la lengua de su amante recorría sus pliegues, acariciaba sus labios mayores, se enterraba hasta donde el musculo permitiera que no era precisamente poco en ninguno de los dos casos y por si fuera poco, ambas usaban sus manos para aumentar el placer, en el caso de la pelinegra afianzando su agarre sobre el portentoso culo de la rubia, evitando que se alejara de ella y además atrayendo más cerca de su ya empapado de jugos rostro para poder devorar más a gusto el adictivo coño de su Onee-chan, mientras que por su parte, la rubia usaba sus manos ya fuera para una vez más masturbar la intimidad de la jadeante pelinegra o con un propósito mucho más interesante, usar sus manos para extender sus labios y tener mejor acceso a su rosado interior que la recibía con un palpitante y húmedo espectáculo, por no mencionar las ligeras contracciones que podía ver de parte de sus paredes ante el deseo de ser acariciadas por su larga y gruesa sin hueso.
Lo estaba disfrutando y mucho, al punto que a no ser que fuera estrictamente necesario, es decir, que necesitaran recuperar el aliento y llenar sus pulmones con aire, realmente no tenían la más mínima intención de separar sus rostros de su por así decirlo, exquisito manjar, por lo cual para ese momento ninguna de las dos era consciente, pero sus rostros ya estaban hechos un desastre húmedo producto de los jugos femeninos que ahora los bañaban.
Pero claro, eso no era suficiente para ninguna de las dos, no, no se sentirían realmente satisfechas hasta que hicieran correr a la otra en sus bocas, porque sí, ambas eran unas lujuriosas depravadas y en ese momento, la sed las gobernaba, una insana, sucia y desvergonzada sed, que solo podía ser llenada de una manera, bebiéndose los jugos orgásmicos de la otra y con ello en mente es que se aplicaban tanto a procurar el placer de su compañera.
Y no tardó mucho en que el momento llegara, ambas estaban demasiado excitadas, el calor las invadía y entre más jugaban entre ellas, ese calor no hacía más que incrementar, crispando cada parte de su cuerpo, enviando oleada tras oleada de delicioso placer a lo largo de sus cuerpos y derritiendo sus cerebros por la sobredosis de éxtasis sexual que ese encuentro les estaba causando, por eso cuando ambas sintieron las inequívocas e inconfundibles contracciones de las paredes internas de sus grutas del amor, supieron que el momento de beber su ansiado coctel estaba cerca y como no podía ser de otra manera, su gula actuó por ellas en busca de acelerar el proceso de hacer a la otra descargar sus jugos en sus respectivas bocas.
Traducción, movidas por sus lujuriosos deseos, terminaron causando un rápido y más que agresivo asedio contra el monte de venus de la otra, con besos, caricias, ligeros soplidos sobre el hinchado botoncito, succiones y al final, como cereza del pastel, unos ligeros mordiscos sobre la enrojecida pepita que ante la sobre estimulación, ya no fue capaz de soportar más y finalmente envió el flujo de corriente a través de sus sistemas nerviosos que las llevo a un poderoso clímax que ambas recibieron gustosa con sus bocas pegadas contra el coño de su homónima.
"¡ME CORROOOO! ¡ONEE-CHAN/AKENO-CHAN, ESTA HACIENDOME CORRER Y SE ESTA BEBENDO MIS JUGOS!", no lo supieron, pero mientras se corrían en la boca de la otra, sus pensamientos eran uno y el mismo, sabiendo lo que ocurría pero sin poder detenerlo, no, siendo honestas consigo mismo, no querían detenerlo, querían correrse más, hacer beber a la otra más de sus jugos de zorra, hacer de la otra nada más que una puta adicta a su sabor, es por eso que inconscientemente o tal vez no tan inconsciente como se pensaría, a como pudo, cada una se aseguró de pegar más su propia intimidad contra la boca de la otra para que todo lo que pudiera probar fuera el dulce y depravado sabor de su coño, ya sea sentándose sobre el rostro de la pelinegra en el caso de Yasaka, o empujando sus caderas hacia arriba para sostener el preciado y sucio vinculo de labios con la rubia en el caso de Akeno.
- ¡HNNGGG! – mientras tanto, cualquier cosa que sus bocas tuvieran a bien pronunciar, no paso de un simple gemido, balbuceo o gorjeo que murió contra los labios vaginales de la otra mujer, todo mientras no dejaban de correrse, es más, el simple hecho de la vibración de sus voces intentando salir y como resultado estrellándose contra la intimidad ajena, solo causaba tal estimulación en el cuerpo de la otra, que las mantenía al filo de la navaja en cuestión orgásmica, es decir, cada vez que sentían que su orgasmo estaba por terminar, simplemente volvían a subir en ese tren a villa zorra, población ellas, para continuar corriéndose sin control.
Pasarían unos momentos más, antes de que finalmente ambas dejaran de correrse y la escena no podía ser más obscena, después de todo, ambas se encontraban aun en la misma posición de cuando sus orgasmos iniciaran, con Yasaka arriba de Akeno con su carnoso culo aplastando la cabeza de Akeno mientras su boca no dejaba n milímetro de distancia del coño de la pelinegra y a su vez Akeno parecía congelada en s posición, con su cadera levemente levantada procurando que su coño alcanzara la golosa boca de Yasaka, mientras sus manos sujetaban con firmeza sus carnosas nalgas contra su rostro, queriendo intoxicarse con el lascivo olor que desprendía de la entrepierna de la rubia y al mismo tiempo se aseguraba aunque de forma inconsciente de beber hasta la última gota de jugo femenino que su Onee-chan tuviera a bien darle.
Tardaron unos segundos en finalmente moverse de sus actuales y vulgares posiciones y solo fue para desplomarse sobre la cama una al lado de la otra, jadeantes, temblorosas, sudorosas, pero eso sí, increíblemente felices, eso era algo que sus rostros denotaban fácilmente gracias a esas sonrisas de plena satisfacción que ahora los adornaban y que no parecían tener intención de irse pronto de ellas.
Ninguna de las dos es que fuera precisamente novata en el arte de las relaciones lésbicas, Akeno gracias a su peculiar relación con el castaño y por su propia condición de bisexualidad desbordada y en el caso de Yasaka, bueno, bastaba con saber que también había sido de experimentar y mucho en esas lides, sin embargo, para ambas, lo que estaba ocurriendo ahora era si bien algo conocido, al mismo tiempo era nuevo, de alguna manera se complementaban y compenetraban al punto de no necesitar muchas palabras para saber lo que la otra quería y como lo quería, por lo cual al paso que iban sería inevitable que ambas terminaran enviciadas por el cuerpo de la otra.
Sin saberlo, en ese momento el pensamiento de ambas era bastante similar, si esto era una probada de la vida que les esperaba una vez que Yasaka se convirtiera en la mujer del castaño, entonces no podían esperar a formalizar esa relación y era difícil determinar quién lo deseaba más, si Yasaka quién veía una nueva oportunidad de amar y ser amada por un hombre tan cerca o Akeno por tener a su lado a su Onee-chan tanto como su Okaa-san y juntas disfrutar de la felicidad entre ellas y obviamente con el joven semental que sería su novio.
Pero una cosa era segura, ambas lo sabían e intuían que su compañera debía ir por el mismo nuevo y lujurioso tren de pensamientos, en otras palabras, querían más, muchísimo más, no iban a desaprovechar esa oportunidad por nada del mundo.
Por eso, cuando lograron recuperarse lo suficiente y regularon sus respiraciones hasta un ritmo más normal, se buscaron mutuamente con necesidad, necesidad por el cuerpo de la otra y cuando se encontraron, la vista era gloriosamente sucia, aunque, qué otra cosa se podía esperar si cada una a ese momento estaba más que bañada en los sucios jugos de la otra, eso sí, no les molestaba en lo más mínimo, por el contrario, encendía más su ya de por si revolucionada sangre.
Volvieron a un acto que ya se les estaba haciendo tan natural como respirar, volvieron a besarse, encontrando que por obsceno que sonara, resultara o pareciera, el sabor de los labios ajenos bañados en sus propios fluidos era incluso más deliciosos de lo normal, cosa que solo hacía que profundizaran el beso para probar más de ese lascivo manjar, eso sí, sus manos acompañaron la seducción recorriendo el cuerpo de la otra, subiendo, bajando, pellizcando, estirando, lo último particularmente contra los hinchados pezones de su amante y en el caso de Yasaka con un lechoso resultado que emocionaba a la joven pelinegra.
Pero, aunque amaban besarse, eso no era suficiente, lo supieron en el instante en que, de una manera ridículamente sincronizada, las manos de ambas fueron a meterse debajo de la tela de las bragas ajenas, para encontrarse con un viejo conocido que felizmente le extendía los brazos en un cálido y amoroso abrazo con el que de paso les invitaban a mucho más y eso basto para que se separaran sus bocas para poder verse mejor y notar el deseo de más en los ojos de la mujer frente a ellas.
Lo siguiente que ocurrió, es que sin dejar de verse, Yasaka sedujo a su joven amante, con una sonrisa suave pero cargada de deseo y seducción mientras con sus ojos le pedía que hiciera todo lo que ella quería, que en ese momento no era otra cosa que le dejara tener el placer de terminar de desnudarla, petición que ella acepto gustosa levantando sus caderas para sentir como las manos de Yasaka, con un suave movimiento, casi como una dulce caricia, deslizaba por sus hermosas y torneadas piernas sus empapadas bragas y por primera vez en esa velada, quedar totalmente desnuda y completamente expuesta a su amada Onee-chan.
La rubia claro, una vez la desnudo, simplemente no pudo evitar el impulso de morbo que le genero el tener la prenda íntima en sus manos y ante la atenta mirada de Akeno, llevo ese trozo de húmeda tela hasta su nariz y aspiro fuertemente para llenar sus pulmones del embriagante aroma a la necesidad de su pelinegra, porque ya era inevitable e inequívoco para ella que, desde ese día, esa joven era tan suya como lo era del castaño y tenía toda la intención de disfrutar de ella.
Para Akeno eso fue una imagen demasiado sensual, erótica, una que enervaba sus sentidos, es decir, frente a ella estaba Yasaka, su amada y adorada Onee-chan, aspirando su femenino aroma de sus mojadas bragas y no solo eso, las lamía, mordía y estiraba, centrándose como no podía ser de otra forma justo en la zona donde la tela toco su intimidad y al verla realizar tan sucios actos mientras sus ojos demostraban el sumo placer que tan obscena actitud le estaba generando, la verdad era que la ponía celosa, y esos celos eran causados por dos motivos, el primero, los celos hacia su propia prenda íntima al ser la receptora de las atenciones de la rubia en lugar de sus propias carnes, especialmente su coñito, después de todo, si tanto quería probar su sabor, estaba tan húmeda en su sexo que bien podía probarla tanto como quisiera.
En cuanto al otro motivo de sus celos, esta vez iban dirigidos hacia la rubia, es decir, a sus violáceos ojos, simplemente no era justo, Yasaka se estaba divirtiendo con sus bragas, jugando con ellas, devorándolas, olfateándolas, grabando en su cerebro el perverso aroma que emanaba de ella y mientras tanto, ahí estaba, sin poder hacer más que mirar cómo se divertía sin poder probar el mismo placer con las bragas de la rubia, sí, de verdad que no era algo justo y al parecer su rostro reflejaba su frustración pues cuando Yasaka volvió a verla, sonrió ladina como si comprendiera cual era el actual deseo de la chica y de paso, ocurriéndosele una sucia travesura que seguramente pondría a su amante fuera de sí.
- Oh, mi pobre Akeno-chan, Onee-chan estaba tan centrada en autocomplacerse que se olvidó de ti - fue lo que dijo mientas sonreía, de manera muy burlona dicho sea de paso mientras se ponía de rodillas ante la chica que la veía con hambre y amaba sentir esa mirada sobre su mauro cuerpo, pero por mucho que se mojara al sentir como su amante la devoraba con la mirada, debía continuar con acto, - creo que debo compensarte por eso y también creo saber cómo puedo hacerlo - le dijo con sus ojos sin despegarse del rostro ni las expresiones de la chica antes de llevar sus manos a sus propias caderas y con sus pulgares, pasar por debajo de los bordes de aquella prenda íntima que era la última barrera entre Akeno y su propia desnudez.
Ante la atenta mirada de su hermanita, con lentitud y sensualidad, mientras le daba un personal y erótico baile, fue bajando sus bragas por sus caderas y luego por sus maravillosos y carnosos muslos hasta que la prenda alcanzo sus rodillas, fue ahí donde se detuvo un segundo y con todo desparpajo, levanto una de sus piernas para retirar de la misma la fina prenda por completo, mientras en el proceso, se aseguraba de dejar sus piernas lo suficientemente separadas y durante el mayor tiempo posible con el único y sucio propósito de dejarle ver un más que exquisito primer plano de su empapado coño a la pelinegra, que como ya se esperaba, tenía su vista clavada directamente contra su rosado y ansioso sexo
Repitió el mismo proceso con su otra pierna una vez libero la primera de la prenda y la regreso a su anterior posición, casi podía jurar que veía la desesperación en los ojos de la joven cuando cerro sus piernas luego de un rato y como con su mirada buscaba la suya para pedirle que la dejara ver más, cosa que solo la hacía humedecer más y obviamente, terminaba cumpliendo el deseo de su pelinegra, es decir, era una Onee-chan que consentía mucho a su hermanita.
Una vez que estuvo desnuda se acercó a su hermanita una vez más, siempre con esa sonrisa sucia y depredadora, misma que le encantaba ver a Akeno, estimulaba su lado más masoquista y la ponía ansiosa de ver que era lo que le tenía preparado, por lo cual cuando la tuvo cerca, no pudo evitar el ligero salto de sorpresa cuando sintió una suave pero húmeda caricia recorriendo sus muslos, subiendo por su vientre y entre sus pechos antes de llegar a su rostro y permitirle percibir ese dulce aroma antes de retirarse para su consternación.
- Fufu, ne Akeno... ¿tanto quieres mis húmedas braguitas? - le dijo coqueta cuando vio la desesperación en sus ojos y solo por morbo, al regresar a una posición más o menos alejada de la pelinegra, le mostro sus bragas las cuales, dicho sea de paso, ahora tenía entre sus dos manos y procedió a extenderlas por completo ante sus ojos para que viera no solo el encaje de la prenda, sino el desastre húmedo que eran en ese momento
La chica no hablo, no es que lo necesitara de todas formas, el anhelo y el hambre que se reflejaba en sus ojos era todo lo que necesitaba ver la rubia para saber la respuesta, pero aun así, no hizo nada y sostuvo las bragas frente a la pelinegra a la espera de que la chica hiciera aunque fuera un simple asentimiento, solo por verla rogar y no tuvo que esperar mucho pues tan hipnotizada como parecía estar con su prenda íntima, unos segundos después y tras tragar bastante duro de hecho, termino asintiendo, levemente pero lo suficientemente perceptible como para hacer sonreír a la mujer.
- Jeee, muy bien, que chica tan honesta, esa honestidad ciertamente se merece un premio, ¿no estás de acuerdo? - la perversidad se notaba en su tono, pero no podía evitarlo, tener a la pelinegra en sus manos de esa manera, estaba sacando de ella todos sus instintos traviesos y luego de jugar tantas veces con "ella" en el pasado, algunas de sus mañas se le habían pegado, por lo cual verla tan dócil la estaba mojando de manera incontrolable, - pero... ¿por qué debería de premiar a una zorra degenerada como tú? – dijo con dureza solo para ver a Akeno reaccionar a ese tono, cosa que solo la hacía querer jugar más con ella, - que clase de mensaje estaría dando si le diera a una pervertida que se roba mis bragas para masturbarse un premio – declaro mientras sonreía divertida al ver a la chica sentirse atrapada.
Akeno no estaba en todos sus sentidos, pero aun así pudo percatarse de sus palabras, aunque si le importo o no, era difícil saberlo pues sus ojos estaban demasiado ensombrecidos por su propia lujuria como para determinar cualquier cosa, igual no es que a la rubia le molestara, más cuando a propósito le dejaba sus bragas sucias a la vista para que se las llevara, oh sí, Akeno no era la única con perversos secretos en esa habitación.
- Pero deberías considerarte con suerte de que Onee-chan te ama tanto Akeno-chan - ahora su tono cambió a uno más meloso, un tono que, así como era dulce y tierno, tras de sí ocultaba perversas intenciones para la pelinegra, - dejare que le des una probada a mis bragas mi amor, pero a cambio, serás mi juguete por el resto de la noche - como si quisiera hacer que cualquier deje de negación se esfumara de la mente de la pelinegra, acerco sus bragas todo lo que pudo sin dejar que la tela tocara a Akeno solo para seducirla y hacer anhelar más aquel aroma que ya tenía adormecido el cerebro de la chica por el deseo.
Ni siquiera se lo pensó, tampoco es que tuviera que hacerlo, era lo que quería, una apasionada noche de sexo desenfrenado con su Onee-chan, abandonarse a los placeres de la carne y el placer lésbico a plenitud, por lo cual el que Yasaka quisiera abusar de ella, más que algo que la hiciera retroceder, más bien era un aliciente para lanzarse de lleno a ese océano de lujuria ante ella y por ello sin la más mínima muestra de duda, asintió aceptando el trato para placer de la madura mujer.
- Ni siquiera dudaste cariño - se burló cuando la vio tan segura de su decisión, cosa que la hizo relamerse los labios, - muy bien entonces, aquí está tu premio... pero tienes prohibido usar las manos para tomarlo Akeno-chan, así que deja que Oneec-han sea quien te ayude con eso - le dijo con una sonrisa mientras mantenía sus bragas extendidas ante la chica y lentamente se las iba acercando a la más que ansiosa Akeno que aunque se moría de tomar esas bragas y apretarlas contra su rostro para aspirar el aroma de su Onee-chan hasta que no pudiera oler más que su sucio hedor, se quedó quieta esperando a que la rubia le acercara las bragas como le había dicho, algo dentro de ella le decía que le convenía.
Ni siquiera se lo vio venir, ni tampoco supo cómo reaccionar y aun así, le encantaba el resultado, es decir, quería jugar con las bragas de la rubia y que mejor manera de jugar que esa, podía lamer, chupar, morder y estirar la tela de esas obscenas bragas negra y llenar sus pulmones del sucio y femenino aroma que desprendían al contenido de su corazón, aunque eso no quitaba que estaba a nada de sentir que se le derretía el cerebro por la sobrecarga de sensaciones, estaba a nada de correrse y ni siquiera se estaba o la estaban tocando.
Pero, ¿Qué era exactamente lo que había ocurrido?, bueno, Yasaka cumplió su palabra, eso era lo que había ocurrido, claro que no se conformó con solo acercarle sus bragas y ofrecérselas para que jugara con ellas directamente sobre sus manos, no, al final su objetivo había sido diferente y no precisamente porque le molestara hacerlo de la otra forma, de hecho, le habría dado sumo placer "alimentarla" con su perversión líquida, sin embargo, tenía planes mejores destinados a su degenerada compañera.
Desde un principio ese había sido el plan, por eso conforme acercaba sus bragas hacía la pelinegra, en más de una ocasión se sintió tentada a pedirle que cerrara los ojos para que fuera una sorpresa para la joven, sin embargo, termino descartando esa idea cuando vio a los ojos de su amada, encontrándolos tan perdidos en un mar de lujuria y necesidad, que estaba segura de que para cuando se diera cuenta de lo que pasaba, ya todo estaría consumado y con ello en mente, termino de ejecutar su lascivo plan.
Con sus manos aun sosteniendo las bragas, estirándolas tanto como podía al tiempo que sus dedos se aseguraban que la tela se estirara en todas direcciones, finalmente alcanzo el rostro de Akeno y en lugar de solo dejar que fuera la deliciosa boca de la chica la que probara su sabor, prefirió continuar su camino de cubrir con aquella fina prenda de encaje negro, tanto como le fuera posible del rostro de la joven mujer, por lo cual para cuando termino su labor y retiro sus manos, ante ella se encontraba una hermosa pelinegra que escondía su rostro tras unas eróticas bragas de encaje que estaban empapadas en la necesidad de una sucia y lasciva MILF.
Para cuando Akeno se percató de lo que había ocurrido, su mente hace mucho que se había apagado, sentía el obsceno calor que aun irradiaba de esas sucias bragas, percibía el aroma a zorra en celo que emanaba de la tela, podía sentir sus papilas intoxicarse con el dulce sabor de esa madura mujer, porque sí, casi como si fuera un instinto, en cuanto sintió esas bragas contra ella saco su lengua para probar la húmeda tela y más que nada, podía sentir la humedad de la prenda alrededor de su rostro, empapándola y de una perversa y obscena manera, drogándola al punto que salvo porque aun la veía ante ella, sonriendo y con un sonrojo, juraría que la rubia se había sentado de nuevo sobre ella, esta vez de frente para solo lavar su rostro en su obscenidad.
Yasaka no estaba mejor en ese momento, es decir, ver a la pelinegra usando sus bragas como mascara ya fue un morboso impacto para ella, que sumado a eso ahora presenciara el depravado espectáculo que resultaba ser ver a Akeno abandonarse a la lujuria mientras aun acatando su orden de no usar sus manos, lamía, succionaba, estiraba sus bragas con solo su boca, desesperada por saborear más de ella en sus bragas, eso sin contar que podía prácticamente escuchar su fuerte respiración cada vez que inhalaba su aroma, justo antes de exhalar un gemido de pura satisfacción.
Claro que el que no pudiera usar sus manos para tocar esas bragas que la estaban enloqueciendo, no significaba que tuviera las mismas totalmente quietas, no, termino encontrando un sucio propósito que solo enervó más a Yasaka al verlo, sí, incapaz de resistirlo más tiempo, termino llevando su mano izquierda hacia sus pechos donde empezó a amasarlos con fuerza antes de retorcer sus pezones, mientras sus mano derecha se iba directo a su desnudo coño para masturbarse con furia y necesidad, clavando sus finos dedos todo lo profundo que pudo antes de pasar a molestar su propio clítoris.
Termino recostada de nuevo en la cama, olvidándose de todo, de que esa no era su casa, ese no era su cuarto y mucho menos estaba acostada en su cama, pero por sobre todo, se olvidó de que tenía una rubia espectadora que veía con deleite y placer como la pelinegra solo se concentraba en disfrutar de la sensación de tener su rostro envuelto en el húmedo calor de unas bragas usadas por su Onee-chan y se masturbaba ante ella mientras se ahogaba en la esencia de la mujer.
Fue más de lo que Yasaka pudo soportar ciertamente y antes de darse cuenta, estaba acompañando a la pelinegra tendida en su cama masturbándose ella también con necesidad y deseo, intentando conectar el ritmo de sus dedos y sus caricias sobre su cuerpo con los dedos y caricias de Akeno sobre el suyo, todo mientras sus ojos estaban, por decirlo de algún modo, total e inexorablemente fijos ante la escena digna de una porno que estaba protagonizando la joven pelinegra.
Estaban ensimismadas, cada una disfrutando de su propio espectáculo y encerradas en sus propios mundos donde deseaban estar rodeadas de más de esas sensaciones, rodeadas de tetas enormes, esponjosas y regordetas, rodeadas de culos carnosos, firmes y suaves, embriagándose en las mieles de los más rosados coños y como no era de otra manera, en esa idílica pero pornográfica fantasía, las dueñas de esos pecaminosos cuerpos no era otra que sus respectivas amantes, cosa que solo enardecía su sangre y descontrolaba su deseo hasta el límite de lo soportable.
"Haaaa, Akeno-chan parece disfrutarlo tanto... y-yo... yo también...", Yasaka estaba obnubilada, sus pensamientos giraban en torno a la pelinegra y a lo mucho que parecía disfrutar de tener sus bragas pegadas contra el rostro y eso era más de lo que podía soportar sin probarlo en sus propias carnes, por ello mientras no dejaba de masturbarse, inclinada hacia el frente sin despegar la vista de su joven amante, especialmente de su coñito, por la periferia de sus ojos, alcanzo a ver aquello que terminaría siendo su perdición.
A su lado, totalmente desarregladas, hechas un desastre húmedo, pero como si brillaran reclamando su atención, estaban las violáceas bragas de Akeno y no había pasado tanto tiempo como para que las mismas hubiesen perdido su calor, eso lo supo cuando al darse cuenta, resultaba que ya tenía en sus manos la íntima prenda que rezumaba jugos por su muñeca mientras la llevaba frente a ella, justo para seguido a ello, terminara aplastando la tela contra su nariz aspirando el aroma de Akeno con tanto o más ímpetu de lo que la pelinegra aspiraba el suyo y eso basto para corromper la poca y básicamente nula moral que aun pudiera quedarle.
"Haaa... tan delicioso", ella era una mujer depravada, no podía negarlo a estas alturas, masturbándose viendo a una chica mucho más joven que ella masturbarse por oler sus bragas, sabiendo que muy pronto estarían teniendo sexo desenfrenado y todo como método de soborno para que la chica le dejara estar con su novio, era algo digno de una cualquiera, de una mujer sin escrúpulos ni moralidad e increíblemente, no podría importarle menos, eso era algo que demostraba el hecho de que ahora estuviera masturbándose incluso más duro mientras aspiraba el aroma juvenil de Akeno directo de su prenda íntima, al menos cuando no la estaba lamiendo para probar su sabor, "n-no es justoooo".
Mientras la mente de Yasaka era un desastre causado por aquel confortamiento entre su lujuria y su moralidad, donde al final todo se reducía a que hacerle a continuación a su joven amante, Akeno estaba en su propio mundo, ajena a todo a su alrededor, disfrutando de sus dedos en su coño, otros retorciendo sus pezones y de su cara impregnándose en el maduro hedor de la rubia, estaba ansiosa de llegar al orgasmo, especialmente cuando sus fantasías la llevaron a crear el escenario donde no eran sus dedos los que penetraban su sexo sino la enorme polla de Issei mientras sobre su rostro no estaban unas simples bragas, sino el coñito mismo de Yasaka que la alimentaba con sus jugos mientras el castaño bombeaba litro y litros de fértil semen en su matriz, estaba casi al borde de ese ansiado orgasmo cuando sin esperarlo, unas suaves manos le negaron ese placer al interrumpir su masturbación.
- No es justo - cuando vio en la dirección entre sus piernas, se encontró con la mano de Yasaka sujetando la suya y deteniendo sus movimientos y al subir la mirada, encontró a la rubia con su mirada ensombrecida por su flequillo mientras murmuraba una y otra vez esa frase, cosa que le hacía preguntarse el ¿por qué de la actitud de la rubia?
No lo iba a negar, sentía curiosidad, especialmente sobre lo de que no era justo, pero esa curiosidad se veía bastante opacada por el ardor en su coño que reclamaba ansioso que volviera a enterrar sus dedos en sus pliegues para completar la faena masturbatoria que la levaría al orgasmo y no es como si no lo hubiese intentado, era solo que cada vez que intentaba alcanzar su sexo de nuevo, la madura mujer se lo impedía, cosa que hacía que la mirara con mayor curiosidad.
- Akeno... no es justo que solo tú puedas disfrutar de ese placer - aún mantenía su voz serena, casi etérea en ese tono de susurro mientras su rostro aún permanecía agachado escondiendo sus ojos en su flequillo, - yo también quiero sentirlo, quiero descender a ese pecaminoso pozo de lujuria y bañarme en las aguas de la depravación... por eso... - su cuerpo se crispo al escucharla, especialmente porque si bien percibía las emociones en esas palabras, en ningún momento la mujer levanto la voz.
Y producto de su propia lujuria, no percibió correctamente el movimiento de Yasaka cuando termino de hablar, solo sintió cuando la mano de la rubia finalmente libero la suya y fue a encontrarse con su hermana cerca del rostro de la mujer, cosa que le causo curiosidad y por ese breve momento, se olvidó del ardor en su coño para ver qué era lo que tramaba su Onee-chan luego de sus extrañas y en algún sentido, poéticas palabras, aunque por unos segundos nada ocurrió luego de que Yasaka bajara sus manos y se quedara ahí completamente quieta, al menos hasta que finalmente la escucho hablar de nuevo.
- Por eso... Akeno-chan... - la curiosidad que sintió al ser llamada de nuevo, pronto sería saciada al ver el resultado de los últimos movimientos de la mujer, la cual revelo de golpe lo que había estado haciendo hace solo unos momentos, mientras esta vez sí, con un tono mucho más expresivo, le hacía una nueva e indecente propuesta, - ¡hundámonos juntas, en el placer que solo el cuerpo de una mujer puede producir! – al decir aquello, finalmente levanto su cabeza permitiéndole ver su rostro una vez más y ciertamente, la vista iba más allá de lo que pudiera llegarse a imaginar, tanto que casi sintió correrse solo por el morbo de la visión frente a ella.
Aunque como culparla, es decir, era imposible no llevarse una sorpresa si ante ti, estaba tu amada Onee-chan, mostrándote su hermoso y delicado rostro, cubierto por tus propias bragas húmedas cumpliendo esa extraña y retorcida función de mascara, mientras la zona más húmeda, esa donde tu intimidad está en constante contacto con la tela y donde estaba especialmente empapada en ese momento, se encontraba directo sobre la boca y nariz de la rubia que como una completa lunática aspiraba su hedor con fuerza llenando sus pulmones del femenino olor, embriagándose con su sabor al pasar desesperada su lengua por la tela recolectando sus jugos y todo mientras la veía con unos hermosos ojos otrora dorados, ahora con un tinte rosa y unos corazones palpitando en su centro.
En ese momento, ambas se veían, a través de las obscenas mascaras que poseían, la nublada y perdida mirada de Akeno contra la mirada de corazones de Yasaka y ni siquiera se habían dado cuenta, pero cada una había vuelto a masturbarse, esta vez con más fuerza, pero eso sí, completamente compasadas mientras que ignorantes de ello, le regalaban a la otra una vista de sus bocas abiertas delineadas contra la tela de las bragas mientras a su vez un ligero bulto recorría toda la circunferencia hueca que habían dejado los labios en la tela, que no era otra cosa que sus respectivas lenguas saboreando a la otra directamente de sus bragas y a su vez, incitándose entre ellas con la propuesta de un beso, propuesta que no dudaron en aceptar.
Y así, una vez más se encontraban con Akeno de espaldas a la cama y con Yasaka sobre ella, ambas masturbándose, presionando sus pechos una contra la otra, sus pezones caí parecían querer apuñalar la suave carne de los pechos de la otra y mientras tanto, volvían a besarse con desesperación, aunque eso sí, el beso iba con las bragas en sus rostros por delante, lo cual hacía que en ese momento, los fluidos tanto orales como vaginales impregnados en las telas se mezclaran dando lugar a una sucia y perversa mezcla de lujuria que ambas gustosas bebían sin dejar de besarse ni de raspar con sus lenguas la fracción de tela a su alcance.
Resultaba hasta profético en realidad, es decir, ambas eran plenamente conscientes de que era solo cuestión de tiempo antes de que sus piernas estuvieran entrecruzadas entre si dejando a sus labios vaginales besarse como lo habían hecho sus bocas toda la tarde y lo que llevaba de la noche, ambas se morían de ganas de que sus coños se restregaran entre sí con vehemencia y salvaje abandono hasta alcanzar el orgasmo y aun así resultaba curioso que el primer contacto entre sus coños, aunque indirecto claro está, fuera en una actividad que a este punto para ellas ya era normal como lo era besarse, todo gracias a que su perversión las había empujado a comportarse como un par de degeneradas y de esa manera las bragas de cada una, cubriendo el rostro de la otra, estaban en contacto directo de las zonas de sus respectivas intimidades mientras ambas se besaban lujuriosas.
Y no conformes con eso, en cuanto encontraron el ritmo adecuado para disfrutar de ese beso tan peculiar, pronto sus manos decidieron hacer parte de la acción regresando a una actividad que ambas conocían muy bien y disfrutaban en gran medida y la primera en hacerlo fue Akeno quien ansiosa de más placer, estaba lista para volver a usar sus dedos en sus zonas erógenas, aunque claro, Yasaka tenía unos planes muy diferentes en mente.
De repente, las manos de Yasaka había caído sobre las de Akeno, impidiéndole mover sus dedos como quería y necesitaba, cosa que la estaba a ese punto sacando de quicio pues era una nueva interrupción a su desfogue, pero cuando planeaba recriminarle, Yasaka se separó para que la viera y antes de poder decir algo, o siquiera emitir un sonido de reproche, se vio cautivada y movida por la curiosidad ante la expresividad que denotaba su rostro.
Sí, su rostro aún estaba cubierto por sus bragas y si, sus ojos que era de lo poco que quedaba despejado aún estaban tan o más cegados de lujuria que los suyos propios, pero aun así, pudo percibir un brillo travieso y juguetón en ellos, estaba sonriendo con complicidad tras sus manchadas bragas y aunque la tela de las mismas no le dejaba ver esa sonrisa, eran esos ojos los que le transmitían todo lo que pasaba, eso y que para este momento, sus húmedas bragas estaban tan pegadas al rostro de su Onee-chan que perfilaban aunque fuera un poco algunas de sus facciones.
Lo siguiente que supo, es que sus manos eran retiradas de su propio cuerpo, algo a lo que inconscientemente se trató de oponer pero que, al mirar a su rubia y madura hermana, pronto dejo de hacer y aquello le llevo a una interesante y ms que placentera sorpresa, aunque no fuera precisamente el placer que ella esperaba o buscaba.
Sus manos si iban a jugar con carne femenina, pero no era su carne la que iba a tocar, eso le quedo claro cuando sus manos, guiadas por las de Yasaka, fueron a parar una a su abundante y lechoso pecho y otra a ese palacio de mieles que era en ese momento el maduro coñito de la rubia, puntos a los cuales ni bien alcanzo con sus manos, se aferró como un náufrago se aferra a un trozo de madera, haciendo gemir a la rubia de gusto antes de que esta volviera a mirarla aun con esa traviesa sonrisa tras la tela de sus bragas.
"Si tanto quieres jugar con un coño... entonces juega con el mío", ese era el simple y directo mensaje que la rubia le dio con sus ojos y esa expresión traviesa y lasciva tras sus bragas, antes de ella también llevar sus propias manos contra su cuerpo, hundiendo rápidamente sus dedos en su intimidad sacándole ahora a ella un gemido, "ten por seguro que yo jugare con el tuyo", fue la respuesta a sus acciones cuando volvió a verla y fue todo lo que necesitó antes de empezar a mover sus propios dedos acompañando a la rubia en la tarea de masturbarse mutuamente, antes de volver a besarse mientras iban aumentando la intensidad de sus dedeos.
Y así reiniciaron los juegos entre ellas, cada vez más intenso, más ansioso, con mayor necesidad, aunque a ese punto, como culparlas, llevaban provocándose desde que iniciaran con ese acto tan pecaminoso, tocándose, besándose, acariciándose y masturbándose la una a la otra, calentando el cuerpo ajeno y haciéndole desear a la otra, cada vez más, al punto de que ya deseaban o quizás ya no estaban dispuestas a esperar más por aquella promesa que iniciara todo, es decir, poder tener una sesión de sexo en pleno derecho.
Dedearon el coño de la otra hasta el punto de la locura, impregnando con los jugos vaginales ajenos sus manos, lo cual dicho sea de paso solo les daba una mayor lubricación y por consiguiente mayor profundidad en sus estoques, aunque tampoco es que quisieran ir tan profundo, después de todo, tras el rato que llevaban jugando una con la otra, para ese momento ya conocían los puntos dulces de su respectiva amante y como no podía ser de otra manera, no estaban dudando ni un segundo en atacarlos.
Sí, se morían de ganas de entrecruzar sus piernas, había desepseración en cada uno de sus actos debido a que aun no dejaban a sus coños besarse como ambas lo deseaban y aun así no se detenían en ningún momento para poder tomar una nueva posición donde lograran ese objetivo, la razón, bueno en realidad eran dos y era difícil decir cuál era más inverosímil de las dos.
Por un lado, estaba el hecho de que ansiaban seguir disfrutando del lascivo y perverso beso que se estaban dando, en parte sus sentidos estaban aletargados por la placentera mezcla de profanaciones, caricias, magreos, besos húmedos y el penetrante aroma a coño que desprendían las bragas que aún tenían en sus rostros y que derretían sus cerebros al punto de hacerlas poco más que un par de perras en celo ansiosas de saciar su necesidad, necesidad que solo aumentaba conforme más prolongaban la espera.
El otro motivo y aunque sonara ridículo, era simplemente porque con sus, turbadas y cegadas por el placer, mentes, creían que sería una total grosería y una completa falta de respeto si dejaban a la otra iniciada luego de tamaño magreo solo porque las dos ya no aguantaban las ganas de frotar sus vaginas entre sí, por lo cual, en un acto de, por decirlo de alguna manera, caballerosidad, se estaban aguantando las ganas de abrir a la otra de piernas y empezar a restregar sus sexos, al menos hasta no hacer correr a la otra, por enésima vez ese día.
- ¡ONEE-CHAN... ME COOORROOOOOO! - y no paso mucho tiempo antes de que alanzaran ese estado de éxtasis orgásmico una vez más, por lo que en cuanto sintieron como las paredes ajenas se contraían sobre sus finos dígitos, aceleraron el ritmo con el fin de llevar a la otra al nirvana lo más rápido posible, siendo la primera la pelinegra que incapaz de soportar más, separo sus tapados labios de los de la rubia para gritar pletórica su orgasmo.
- ¡YO TAMBIEN...ESTOY POR CORRERME! - solo unos segundos después, la rubia acompañaría a su linda y morbosa hermanita en el dulce placer del clímax y como ella, la madura mujer no pudo evitar expresarlo a viva voz mientras aceleraba a todo lo que su brazo le daba sus dedos contra el juvenil coño de su amante, - ¡CORRETE, AKENO-CHAN! ¡CORETE CONMIGO! ¡CORRAMONOS JUNTAAAAAAASSS! - fue el grito y la petición desesperada de la rubia cuando su propio orgasmo se tornó inevitable, orgasmo que quería compartir en todo sentido con su pelinegra amante.
Como toda respuesta de parte de la pelinegra a su ruego, sintió como los dedos de la chica dentro de su intimidad se curvaban y presionaban con fuerza contra su punto G, eso fue más que suficiente respuesta para la mujer que felizmente se dejó ir al sentir como su punto más dulce era atormentado con fuerza, acto que de hecho replico con el de la joven, aplicando toda la fuerza que pudo, presionando al punto de que era como si sus dedos fueran un gancho tratando de levantar el más delicioso y exquisito trozo de carne en el mundo.
- ¡KYAAAAA! ¡ME CORROOOOOOO! - como resultado del jugueteo sobre el coño de la otra, una vez más terminaron corriéndose, con fuerza y desesperación, con sus coños chorreando como se les estaba haciendo costumbre en esa velada mientras sentían sus sesos hacerse pre producto del orgasmo y el aroma depravado que inundaba sus fosas nasales gracias al obsceno filtro de aire que resultaban ser las bragas de la otra sobre su rostro.
Era para no creer que tras tantos orgasmos aun estuvieran en capacidad de chorrearse de esa manera tan lasciva y descuidada, pero así era como estaban ocurriendo las cosas y mientras sus cuerpos una vez más eran enviados al borde del colapso por la sobredosis de éxtasis sexual que sentían, en lo profundo de ambas mujeres solo deseaban continuar, esta vez sí, con el delicioso manjar que era el plato principal.
Ni bien terminaron con su respectivo orgasmo se volvieron a ver, querían saber cómo se sentía y que deseaba la otra, temerosas de que este fuera el fin de su primer encuentro, porque sí, a estas alturas, ambas eran totalmente conscientes de que lo volverían a hacer en el futuro y si todo salía bien, sería con cierto castaño completando la perversa ecuación, rellenando sus coños hasta el tope una y otra vez.
De mas esta recalcar el hecho de que, grata fue la sorpresa para ambas al ver en los ojos de su amante que como ellas mismas, no deseaban detenerse aún, no hasta haber probado cada rincón del cuerpo de la otra y ciertamente, aun les faltaba mucho que explorar antes de sentirse satisfechas, después de todo, sin que la otra fuera plenamente consciente de ese hecho, cada una tenía un deseo fetichista innato por los juegos lésbicos y acababan de encontrar a su par en su actual amante, así que, bien podrían disfrutarlo y saciar todos los deseos reprimidos que tenían, o al menos, los deseos reprimidos de la pelinegra.
Sin embargo, la tela de sus bragas ya no era necesaria en este punto, ya había cumplido su propósito y de continuar en sus rostros solo se tornaría en un obstáculo para sus futuros juegos, así que, sin la más mínima demora, Yasaka se retiró las bragas de Akeno de su rostro con quizás más agresividad de la que se esperaría, por lo que tras liberar su rostro de la tela, revelo su estado, su cabello incluso más desordenado y cayendo libre, su rostro sonrojado, brillante y hasta se podría decir que pegajoso, con respiración pesada y errática, además de un fuerte sonrojo que cubría sus mejillas mientras sus ojos, de pupilas dilatadas, solo miraban a la joven bajo ella con hambre y lujuria.
Curiosamente, pese a que retiro las bragas de Akeno de su propio rostro, no se deshizo completamente de las mismas pues la íntima prenda jamás abandono su mano, por el contrario, estaba sujeta con firmeza entre sus dedos, presionada contra su palma como si aún no estuviera lista para dejar ir su premio, por lo cual ahora ambas manos de la rubia estaban ocupadas, una sujetando la sucia y húmeda prenda mientras la otra agarraba el pecho de la pelinegra, sí, aun ahora se negaba a dejar de sentir de la dulce y cálida sensación de ese erótico cuerpo.
Claro que eso no resulto en un impedimento para la mujer de descubrir el rostro de su amante de sus bragas, es decir, solo eran sus manos las que estaban ocupadas, por lo cual y ante la atenta mirada de la pelinegra, se acercó de nuevo a ella en lo que la joven supuso sería un nuevo beso que gustosa recibiría, beso que nunca llego cuando a pocos centímetros de su rostro, la rubia sonrió antes de subir un poco por su rostro y entonces si sentir cuál era su verdadero objetivo.
Primero fue como un beso, uno sobre su frente, cosa que le resultaba un desperdicio cuando sus carnosos labios estaban libres y dispuestos a recibir y contestar dicho beso, pero entonces fue que se percató de cuál era el verdadero objetivo cuando sintió como dicho beso paso a ser una especie de mordida suave y entonces, sintió que la tela que tenía adherida a su piel lentamente se retiraba de la misma.
Ese era el objetivo de Yasaka, estaba retirando sus bragas del rostro de Akeno usando sus dientes para jalar la tela, y la pelinegra podía sentir como con cada segundo que pasaba un poco más de tela abandonaba su rostro, revelando que si el rostro de Yasaka era un desastre tras retirar las bragas de su amante de su rostro, el rostro de Akeno no se encontraba en una situación mejor, después de todo, su cabello, sus mejillas, sus ojos, en fin, su rostro completo era un espectáculo de depravación único e irrepetible gracias a la saliva, sudor, lágrimas y jugos vaginales.
Sin embargo y para sorpresa de la rubia, Akeno no estaba del todo dispuesta a renunciar a la cálida sensación del "coño" de Yasaka sobre su rostro, por lo cual cuando estaba por terminar de retirar sus bragas del rostro de la joven, se sorprendió cuando sintió como la tela se estiraba y presentaba resistencia contra su movimiento de retirada y al ver hacía su amada, encontró con una mezcla de perverso orgullo y excitación, como la joven mujer le imitaba en su accionar y sí como ella usaba su boca para retirar su prenda del rostro de la pelinegra, esta misma usaba la suya para evitar que le quitaran su juguete en lo que era un nuevo puente que las unía que a diferencia de los anteriores que eran causados por hilos ya fuera de sus salivas combinadas o de saliva y jugo de coño, esta vez el puente lo creaba un lindo y lascivo conjunto de húmedas bragas sujetado de extremo a extremo por los dientes de dos hermosas mujeres que ahora se veían con suma atención.
"Jujuju, pero que golosa", en su mente Yasaka solo rio ante la actitud de la joven, entendiendo que la chica no estaba dispuesta a soltar sus bragas, lo cual era lindo si lo veía más allá de la perversión del acto en sí mismo, así que, si eso era lo que quería, no veía problema en sostener su conexión de esa manera, es decir, no es como que ello interfiriera en sus planes, cuando mucho, solo lo hacía más emocionante.
Así que, en esa posición, con sus ojos sin dejar de verse y con sus bocas unidas por las bragas de la rubia, la madura mujer llevo la mano sobre el cuerpo de Akeno de su pecho a su brazo para hacer que se recompusiera sentada sobre la cama al igual que ella y con su mirada le envió el mensaje de lo que quería que hicieran a continuación, mensaje que se replicó en los ojos de la pelinegra que al parecer llevaba deseándolo desde hace un rato también y entendiéndose sin decir una sola palabra, continuaron con lo que ambas querían.
Se movieron sincronizadas, sin romper ni el contacto visual ni el puente entre sus bocas, como si fuera una danza estudiada durante años y de esa manera, con suavidad, lentitud y precisión fueron acomodándose en el espacio como tanto deseaban, sus piernas lentamente se fueron entrecruzando, el muslo derecho de cada una se superpuso sobre el muslo izquierdo de la otra y con una mano aferraron el muslo que estaba sobre el propio como en un acto para asegurarse que ninguna de las dos pudiera retroceder a esa decisión, igual no era necesario pues no estaba en los planes de ninguna el retroceder, pero no estaba de más algo que les diera seguridad de que esto iba a pasar.
Ambas estaban ansiosas, finalmente estaba pasando, lo que ambas deseaban desde que empezara todo esto si no es que antes, sentían todo tan próximo, pero a la vez que ocurría de manera tan lenta, solo desviaban sus miradas de los ojos ajenos para poder ver lo que ocurría entre sus piernas y de esa manera quedó grabado a fuego en sus mentes esa bella escena donde veían como sus entrepiernas se deslizaban poco a poco hacía el frente en busca de finalmente lograr ese ansiado contacto, como centímetro a centímetro sus sexos se aproximaban el uno al otro, como las ansias las carcomían porque finalmente ocurriera y sus respiraciones se agitaban con irregularidad, llegaron al punto que cuando solo faltaban pocos centímetros para que el ansiado beso vaginal ocurriera, ambas estaban totalmente alteradas, enardecidas y desesperadas porque ya ocurriera y aun así se detuvieron a tan corta distancia que era tortuoso pero lo hicieron para ver por última vez a su pareja.
Querían ver a sus ojos, asegurarse de que esto era lo que querían, que no se arrepentirían después, principalmente que todo aquello no era solo un sueño o una fantasía que estaban teniendo luego de desmayarse por tantos orgasmos y por eso cuando al ver a los ojos ajenos, encontraron la misma necesidad, hambre y desesperación, no hubo vuelta atrás, ya nada ni nadie iba a ser capaces de detenerlas y con eso en mente, finalmente cerraron el trato.
- ¡Hnnnggh! - fue un simple gemino contenido que tenso sus mandíbulas y apretó más sus dientes entre sí, la razón, simple, una vez superados los últimos límites, simplemente ya no se contuvieron más y finalmente dejaron a sus sexos encontrarse, pero, con el deseo a flor de piel y la necesidad inundando sus cuerpos, ese contacto no fue delicado en lo más mínimo, por el contrario, retrocedieron sus caderas solo un poco como si tomaran impulso y un segundo después, chocaron sus entrepiernas con fuerza y desesperación.
El choque fue increíble, finalmente sus sexos se habían unido y la sensación, la calidez y la humedad que rodeaba la zona, fue más de lo que pudieron soportar, sintieron viajar por sus espinas una corriente que inundo sus mentes de placer y que como toda respuesta, solo les permitió liberar un gemido contenido dado lo ocupado de sus bocas, pero en el cual estaba expresada toda la felicidad y el placer que ahora las dominaba gracias al primero de muchos besos que planeaban que sus hinchadas vaginas tuviesen.
A partir de ese momento se desataron, no perdieron ni un solo segundo y con sus coñitos enredados entre sí, empezaron a mover las caderas, cada vez con mayor ímpetu, mayor cadencia, mayor necesidad y velocidad, todo con un simple propósito, aumentar la fricción y con ello el placer que sentían mientras experimentaban la que esperaban fuera la primera de muchas tijeras juntas.
- ¡Hngggg! ¡Hmmmm! ¡Fuaaaaa! ¡Onee-chan/Akeno-chan! - sus caderas se restregaban con violencia entre sí, sus coños se besaban con necesidad y pasión y los jugos que soltaban solo lubricaban más la zona permitiéndoles imprimir mayor velocidad sin problemas, pronto sus gemidos fueron incontenibles y cuando ya no pudieron más, simplemente soltaron la tela de esas bragas de sus bocas para poder no solo recoger aire sino para poder llamar a su pareja y poder expresar lo mucho que disfrutaban de lo que estaba ocurriendo.
Pero, así como agradecieron poder liberar sus gemidos, chillidos y sus llamados a su pareja, también no paso mucho tiempo para que extrañaran la conexión entre ambas y la primera en mostrarlo fue Akeno quien saco su lengua, no solo en un obsceno gesto del placer que sentía al frotar su vulva con la de Yasaka, sino en un desesperado intento de volver a sentir a Yasaka en sus labios, buscando un beso, una caricia, algo que la volviera a unir a ella con sus bocas.
Fue irónico o quizás incluso precavido el hecho de que Yasaka, incluso en ese momento, aun no se había desecho de la prenda íntima de Akeno en su mano, porque cuando vio a Akeno rogar por volver a sentir esa conexión, conexión que ella ansiaba también, no dudo ni un segundo en llevar su mano cerrada en un puño con la prenda, primero a su nariz, como si quisiera drogarse con el lascivo aroma de su pareja, antes de ponerla frente a su boca y morder uno de los extremos de la misma como previamente lo hiciera y luego, increíblemente sin detener sus caderas del delicioso baile que tenía con las de la pelinegra, acercar su rostro al de la chica y ofrecerle sus propias bragas para que las mordiera también, bragas que la pelinegra, ansiosa como estaba, no dudo en morder también, igual, no es como si fuera la primera vez que probaba su sabor, es decir, más de una vez se había masturbado excitada por el aroma de su propia lujuria impregnada en sus prendas íntimas.
Y una vez ambas sostuvieron una vez más la nueva prenda íntima con sus dientes, volvieron a dejarse embargar por el placer de mover sus caderas en busca de más fricción entre sus coños, los cuales, dicho sea de paso, para ese punto, eran un mar de jugos desbordados y entremezclados que chorreaban cual cascada luego de deslizarse entre el par de portentosos culos que ambas poseían y dejaba sobre la cama la clara prueba de su lujuria.
Se mecían, una y otra vez, sin detenerse, mientras estriaban la prenda en sus bocas como un par de leonas que intentaban arrancar un trozo de carne de su derribada presa, disfrutando de cada segundo de ese lascivo acto, mientras sus gemidos, una vez más contenidos, pugnaban por salir y revelar el delirio que le causaba a cada una el estar acostándose con la otra y no solo era cosa de sus húmedos coños, ahora con la mano libre, Yasaka pronto acompaño a su pelinegra amante en una tarea que la más joven llevaba disfrutando un rato, en otras palabras, mientras sus coños se divertían gracias a sus entrecruzadas piernas, sus manos prensaron las tetas de la otra para amasar, estrujar y estirar la erótica carne llevándolas cada vez más al delirio carnal del sexo que experimentaban.
Si por ellas fuera, esa delicia que experimentaban no acabaría nunca, sus coños besándose, rosando cada pliegue la una contra la otra mientras sus propios fluidos se mezclaban en un descarado y morboso licor producto de su feminidad, sus tetas estrujadas la una a la otra y en el caso de Yasaka, no era solo el hecho de que Akeno una vez más estuviese amasando sus senos, era que lo hacía de una manera tan deliciosa que le era imposible dejar de lactar y aun peor, sentía como si no importaba cuanta leche derramara, sus pechos simplemente no se vaciaban, por el contrario, hasta se atrevería a afirmar que los sentía más llenos, más hinchados, más pesados y eso solo la excitaba más.
Pero como fuera, la realidad era que fuera de lo mucho que desearan prolongar más lo inevitable, sus cuerpos no tenían la misma intención, por el contrario, con cada segundo que pasaba, sentían una mayor y más enloquecedora necesidad de liberarse, de dejar salir ese sucio placer que les provocaba estar, a falta de mejor palabra, revolcándose con otra mujer, todo mientras se ahogaban en la lujuria y el deseo de más de todo aquello, más sexo, más depravación, más placer, más orgasmos, en fin, simplemente más.
Conforme un nuevo orgasmo se iba construyendo en sus cuerpos, pronto ya no fueron capaces de acallar sus voces y en determinado punto, el perder el puente lascivo que unía sus bocas si soltaban y dejaban caer la prenda íntima dejo de importarles, ya en ese instante, solo quería continuar, seguir acariciándose, seguir sintiéndose, seguir follando hasta mas no poder y por ello dejaron caer sin remordimiento alguno la prenda, para instantes después, dejar salir lindos y eróticos gemidos prueba de lo mucho que gozaban todo aquello.
- ¡FUAAAHH! ¡HNGGG! ¡O-ONEE-CHAN... YASAKA ONEE-CHAN... YO...! - Akeno trataba de habar y la palabra clave era trataba, porque su voz simplemente no salía o al menos en palabras entendibles, estaba reducida a una erótica y lasciva masa de carne que se estaba ahogando en su lujuria y no quería que fuera de otra forma, la baba corría fuera de su boca, el sudor perlaba su cuerpo y sus caderas, simplemente no podían ni querían detenerse.
- ¡FUFUFU... AKENO, HMMM... TE ENTIENDO... ESTO SE SIENTE... TAN... HNNG... BIEN! - Yasaka no se encontraba en mejor estado, de hecho, respondía con igual ímpetu a los avances de la pelinegra, ansiosa de más, por lo que ver a la chica tan desatada y desesperada por una gota más de placer, la emocionaba y enloquecía a ella también, - ¡PERO ONEE-CHAN ESTÁ PREOCUPADA... ESTAS SUDANDO TANTO... NO QUIERO QUE TE DESHIDRATES! – su voz sonaba fuerte, debía ser así, de lo contrario, solo sería una colección de gemidos no muy diferente a la de su amante, la cual dicho sea de paso, no pudo evitar la confusión ante sus palabras, es decir, no venía al caso su declaración, sin embargo, no tardó mucho en entenderlo cuando la sonrisa desvergonzada de la rubia apareció en su rostro.
Fue una idea del momento, estaba cerca de acabar una vez más y estaba más que segura de que la pelinegra no estaba en un estado diferente al suyo, pero bueno, ella quería más, que este su primer orgasmo como amantes consumadas, la primera vez que se corrían con sus coños besándose, fuera algo más, algo que quedase grabado a fuego en sus mentes y entonces se le ocurrió, por ello y sin dejar de mover sus caderas contra las de la pelinegra, retiro su mano del pecho de la joven y el de ella de su pecho, entonces solo se irguió en su lugar y luego regreso junto a su amada hermanita quien la recibió gustosa con los brazos abiertos creyendo que lo que su rubia amante deseaba era un beso que gustosa le daría, todos lo que quisiera de hecho.
Sí, se besaron y sí, se aseguraron de enredar sus lenguas mientras enredaban sus piernas y restregaban sus intimidades entre sí, pero claro, eso no duro mucho, pues desde el principio, el objetivo de la rubia era diferente y por eso cuando finalmente se separaron, la madura mujer sonrió con lascivia antes de tomar a la pelinegra de la cabeza y con un nuevo, aunque más corto beso, guiar a la chica hasta posicionar su rostro contra sus lactantes tetas y presionarla contra las mismas, acto que le valió un gemido, producto de la excitación de todo lo que ocurría y claro está, la sensibilidad de sus mamas a estas alturas.
Claro que la acción desconcertó a Akeno, no es que le molestara, para ese momento no era una exageración decir que la chica había desarrollado una obsesión por las enormes tetas de Yasaka, pero claro está, le podía más la curiosidad sobre lo que tenía planeado su Onee-chan y como es que aquello se relacionaba con su comentario previo, aunque ya se estaba haciendo una idea, solo quería que fuera su amada hermana mayor quien se lo dijera y al parecer lo supo transmitir con su mirada cuando la dirigió hacia la agitada y ansiosa rubia que sonrió traviesa y coqueta.
- Jujuju, mi amor... es importante mantenerse hidratada cuando haces ejercicio intenso... así que aquí... - a como pudo se recompuso y aunque aún agitada y con una pesada respiración, el que por un momento dejaran de moverse le permitió hablar más fluido y en control de sí misma, para un instante después, con una de sus manos, agarrar uno de sus pechos y ofrecerle el lechoso pezón a su pelinegra amante con una sonrisa entre maternal y guarra si es que tal combinación era factible, - siéntete libre beber toda la leche que quieras mi amor, yo te daré toda la bebida hidratante que necesites - tras decir aquello apretó un tanto su teta y con ello un chorro de leche salpico yendo a parar directo al rostro de Akeno que no le tomo importancia pues su atención estaba fija en el obsceno pezón rosado, erguido y chorreante de leche que la rubia le ofrecía.
Ni siquiera necesito que se lo dijeran dos veces, su Onee-chan amablemente le estaba ofreciendo su teta para que se amamantara tanto como quisiera mientras restregaban sus coños entre sí hasta correrse y sería una completa maleducada si rechazara su ofrecimiento el cual había hecho con tanto cariño para ella, no era la forma en que la educara su madre, así que sin dilación se abalanzo sobre aquella rosada cereza para devorarla con hambre y una sed nada fácil de saciar.
- ¡KYAAAA! ¡SI, CONTINUA ASÍ, BEBE TODO LO QUE QUIERAS AKENO-CHAN, ONEE-CHAN TIENE MUCHA LECHE PARA TI, SOLO PARA TI! – Yasaka grito pletórica y satisfecha cuando Akeno como un bebe hambriento empezó a mamar de su pezón, chupando con fuerza para sacar toda la leche que pudiera antes de cambiar de teta y repetir el proceso con la otra, en ocasiones mordía, lamía o estiraba la dulce carne provocando espasmos de placer a la rubia que con la lengua de fuera disfrutaba de las atenciones de la más joven, cosa que junto a la reanudación de los movimientos de cadera estaban llevándola a la locura y el éxtasis.
Era un cuadro muy particular, Akeno prendida a los pechos de la rubia, bebiendo quizás más sonoramente de lo necesario la leche materna de la MILF, como si quisiera que la escuchara tragar solo para excitarla con el morbo de saber que estaba amamantando a su amante femenina, todo mientras sus caderas prácticamente se molían entre si tratando de llegar al clímax y una extasiada rubia sentía su cerebro hacerse puré, al tiempo que no dejaba de chillar de placer por las sensaciones que invadían su cuerpo.
Y aun con todo eso, al menos en el caso de Yasaka, sentía que aún faltaba algo, algo para que ese cuadro fuera un momento para la posteridad, que se quedara grabado a fuego en sus mentes y que en sus momentos de soledad, que esperaba fueran pocos o mejor aún nulos, fuera el material con el que acabaran masturbándose para saciar su libido y necesidad, pero aun no lograba determinar el que era aquello que faltaba, al menos no hasta que miro hacia abajo hacía sus pechos para ver a su joven amante prendida contra sus pechos como una bebé hambrienta.
Verla ahí, tan feliz mientras le chupaba las tetas y se bebía toda su leche fue como una revelación para ella, nunca se imaginó en esa situación, no en la de estar amamantando a una mujer con la que estaba teniendo sexo, porque en ese momento era de alguna manera como un deja vu ver a la chica contra sus pechos, no, era más bien la sensación que le generaba aquello en ese momento lo que no se esperaba y simplemente no la pudo evitar.
"Mooo, no es justo... yo también quiero probarlo", fue su simple pensamiento provocado por una emoción que en ese momento no tenía por qué estar ahí y que aun así la carcomía por dentro al ver a su hermanita chupando sus pechos y bebiendo su leche, los celos, celos por el hecho de que Akeno se estaba amamantando y ella no, celos porque Akeno estaba bebiendo fresca leche materna y ella no, simplemente estaba celos del privilegio que tenía la pelinegra sobre ella en ese ámbito y que ella también quería probar.
Y no es como si no pudiera simplemente tomar su propio pecho y llevárselo a la boca para empezar a beberse su propia leche, amamantarse a sí misma, es decir, ya lo había hecho en el pasado, incluso cuando solo se masturbaba, pero en ese momento no era eso lo que deseaba, lo que quería era chupar con el mismo ahínco y devoción las tetas de Akeno, con los que ella devoraba las suyas y bebía su leche como si no hubiera un mañana.
Claro que sabía que por mucho que chupara, nada saldría, no por ahora al menos, ya se encargaría ella con ayuda del castaño de cambiar eso, pero hasta entonces, intercambiar tetas para amamantar con la pelinegra era un buen premio de consolación, así que pensado que, si Akeno podía disfrutar de sus lactantes pechos, lo más justo sería que ella pudiera disfrutar de sus juveniles, turgentes, enormes, suaves y cálidos pechos también y con eso en mente, antes de cualquier otra cosa, llevo una de sus manos hacia el pecho de la pelinegra más asequible a su disposición y tras acomodar su posición para que no debiera, ninguna de las dos, de renunciar ni al placer de sus entrelazados coños, ni a los deliciosos manjares que eran los pechos de la otra, se llevó el tierno pezón de la pelinegra a su boca donde sus carnosos e hinchados labios esperaban ansiosos y habidos de probar la impoluta carne.
- ¡Hnnggg!/¡Hmmmm! - el resultado de que ahora ambas estuviesen devorando los pechos de la otra no se hizo esperar, Akeno ni bien sintió a Yasaka prendida de sus tetas, ante la sorpresa de tal acto, no pudo evitar la corriente de placer que la embargo y que en consecuencia la hizo morder el lechoso pezón en su boca, lo cual, a su vez, termino provocándole un casi orgasmo a la rubia ante tan abusivo pero delicioso trato sobre sus sensibles cerezas.
Y ahí estaban ambas, moviendo sus caderas desesperadas, en busca de su liberación, mientras una mano ahora estaba posada sobre el prominente trasero de la otra, aferrado a esas magras nalgas, tratando de atraer aún más ese pecaminoso cuerpo ante ellas y la otra mano estaba aferrada, amasando con deleite el pecho libre de su respectiva amante, mientras tanto, sus bocas ansiosas chupaban, mordían y estiraban el pezón del otro pecho provocando que el calor aumentara aún más en ambas debido a el compendio de acciones que las envolvían ene se momento.
De hecho, en algún punto, ambas mujeres terminaron juntando sus pechos de tal manera que ahora sus pezones estaban unidos, uno al lado del otro, dando libertad a ambas mujeres de que pudieran chupar incluso su propio pezón si eso deseaban, al tiempo que con sus lenguas jugueteaban entre ellas, enredándose una contra la otra e intercambiando saliva como si fuera un elixir de vida, eso sí, con los pezones siempre de por medio lo cual resultaba en una sobre estimulación para ambas, después de todo, ahora eran dos húmedas, calientes y traviesas lenguas jugueteando con la sensible carne de aquellos hinchados pezones.
Es más, en aquella posición donde los pezones de ambas mujeres estaba juntos, el movimiento, su nublada vista y lo juntos que estaban aquellos pezones en ese momento, erguidos y mirando hacia arriba para que ambas tuviesen fácil acceso a los mismos a la hora de poder devorarlos, había generado en sus mentes una extraña pero emocionante ilusión óptica, con sus mentes tan turbadas por el placer, en determinado momento perdieron el enfoque y en el mejor de los casos, ya no sabían que pezón le pertenecía a quien, eso por no decir que a sus ojos, de lo unidos que estaban esos botones rosa, de lo pegados que estaban entre sí, era como si de hecho fueran uno y el mismo, cosa que solo contribuyo a un fetiche particular que ambas tenían en ese momento.
Aunque no era real, llegados a ese punto, Yasaka empezó a creer que los pezones que estaban lactando en ese momento, no eran los suyos, sino los de la pelinegra y con ese pensamiento, chupaba más duro habida de beber toda la leche que su joven amante le estaba ofreciendo, cuando en realidad bebía como poseída su propia leche materna, pero en su mente, estaba cumpliendo su fetichista deseo de amamantarse de las lactantes tetas de Akeno y en ese momento, era más que suficiente para ella con ahogarse en esa ficticia realidad producida por la sobredosis de placer que embargaba su cuerpo y más importante su mente.
Akeno no es que estuviera en mejor estado, al igual que la rubia, a sus ojos, eran sus propios pechos lo causantes de esa piscina de leche que se estaba formando en el escote formado por sus pechos presionados contra los de la mujer ante ella y eso la emocionaba pues era su propio fetiche viéndose falsamente cumplido, no tanto amamantar a Yasaka, que lo estaba disfrutando al punto de que bien podría correrse solo con esa fantasía, no, su deseo era poder lactar, quería sentir ese placer de derramar leche de sus pechos y amamantar con ellos a su amante, claro que en su mente, dicho amante era Issei y aunque se sentía mal de negarle el primer trago de sus lactante pechos, no es como que le molestara que el mismo se lo hubiese "robado" su Onee-chan, ya compensaría a su novio después dejándole beber toda su leche restante.
Con ambas así de descontroladas y hasta cierto punto desconectadas de la realidad, continuaron moviendo sus caderas, chupando sus tetas y bebiendo la leche materna que ahora las bañaba y como no podía ser de otra manera, pronto ese exceso les paso factura llevando sus cuerpos o más concretamente sus entrepiernas al borde de la locura donde sentían que estaban a nada de correrse, de nuevo y eso solo las animo a acelerar con sus acometidas tanto contra sus sexos como contra los pechos ajenos.
El punto de quiebre fue cuando presionando sus coños entre sí, friccionándolos desesperadas, terminaron chocando sus clítoris entre sí, que no habría sido un problema pues llevaban haciéndolo desde que entrecruzaran sus piernas, el problema fue que se centraron solo en ese punto, creando una pequeña batalla entre ambas protuberancias, donde la única finalidad era el placer y fue ahí, con sus clítoris, hinchados, sensibles y presionados entre si mientras se restregaban el uno al otro cuando finalmente el dique se rompió para ambas, ya no pudieron soportarlo más y solo se dejaron ir, liberando todo lo que tenían dentro de ellas.
- ¡Hmmmmm!... ¡UGYAAAA! – el orgasmo fue avasallador, para ambas mujeres que al unísono e incapaces de soportar más el orgasmo que explotaba dentro de ellas, soltaron el pezón en sus bocas solo para gritar de júbilo y placer mientras sentían como su lujuria era lavada en un potente orgasmo que una vez más derretía sus cerebros y las dejaba con un rostro marcado por un rictus de placer, una sonrisa boba de satisfacción, con la lengua de fuera y los ojos volteados hacia arriba producto de ese nuevo clímax que las golpeaba.
Y es que no solo fue un orgasmo, de esos ya llevaban teniendo muchos hasta ahora, este solo digamos que estaba a otro nivel, tanto en intensidad como en obscenidad, empezando por el hecho de que una vez fueron incapaces de soportar más, soltaron los pezones de la otra de una manera tan brusca que el simple acto sobre estimulo la zona y mientras Akeno enloquecida pellizcaba sus duros pezones que reclamaban atención de lo inflamados y duros que los sentía, cosa que solo intensifico su propio orgasmo, el caso de Yasaka se fue al extremo de tener un orgasmo con sus tetas, el cual se tradujo en que empezara a chorrear leche como manguera rota bañándose a sí misma y a la pelinegra en el blanquecino líquido.
Por si fuera poco, en sus regiones bajas, el espectáculo era tan obsceno como ridículo e imposible, de hecho, lo más probable es que si lo hubieran planeado para que ocurriera de tal modo, no habrían logrado un resultado que siquiera se acercara a lo que estaba pasando en ese momento entre sus ansiosos sexos.
Y como decir lo contrario, si más allá del hecho de que una vez más se estaban orinando de placer, como si no hubiesen chorreado ya demasiado y suficiente, era increíble el que aun pudieran correrse de esa manera, liberando sus jugos de amor con tal fuerza, potencia y cantidad, pero no era eso lo que más sorprendía, lo increíble estaba en el hecho de que por alguna inverosímil e inusitada coincidencia, en el momento en que ambas retrocedieron y arquearon sus espaldas para recibir gustosas su orgasmo, por increíble que parezca, las bocas de sus respectivas uretras quedaron perfectamente alineadas viéndose la una a la otra, por lo cual en el momento en que ambas liberaron todo lo que tenían y empezaron a chorrear al alcanzar el orgasmo, ambos chorros terminaron estrellándose entre sí con fuerza y constancia.
Ahí estaban, ambas mujeres, corriéndose con fuerza una vez más mientras sus vaginas chorreaban a mas no poder y el impacto entre ambos chorros ahora creaba un extraño y obsceno abanico que regaba sus bajos vientres con el jugo mezclado de ambas mujeres al tiempo que al menos en el caso de la rubia, se encargaba de bañar la zona de los pechos y el rostro de ambas gracias a su orgasmo lácteo cortesía de sus lechosas tetas que estaban disfrutando de un particular, pero delicioso orgasmo propio.
No se daban cuenta de lo que pasaba y muy seguramente aun si lo hicieran les importaría un carajo, es más, lo más probable es que se acabarían masturbando solo para prolongar la experiencia del depravado acto que estaban cometiendo en ese momento de manera inconsciente, pero la realidad era que ahí estaban, temblando, sufriendo espasmos por el clímax que las embargaba, incapaces de reconocer incluso donde estaban en ese momento, solo disfrutando del placer que sentían luego de su primer orgasmo teniendo sexo en plena regla, orgasmo que aún no terminaba y si por ellas fuera, bien podría no terminar jamás.
Pero, todo lo bueno debe de terminar y cuando el orgasmo finalmente fue mermando, los chorros de jugos perdían fuerza y sus respiraciones se tornaban cada vez más controladas aunque pesadas, ambas mujeres volvieron en sí o cuando menos lograron recuperar el suficiente sentido como para moverse y por moverse, se hacía alusión a que una vez terminado su poderoso clímax, se dejaron caer sobre la cama agotadas, pero sin ser capaces de siquiera intentar borrar la estúpida sonrisa de satisfacción que se dibujaba en sus rostros.
Había sido increíble, era su primera vez y si eso era un augurio de lo que serían sus vidas de ahora en más, la única pregunta que les rondaba por la cabeza era ¿por qué no lo habían hecho antes? Era algo que no podían entender, pero no era algo que no se pudiera arreglar, es decir, tenían todo el tiempo del mundo para reponer todo lo que se habían perdido previamente y esa perspectiva las emocionaba, pero no había que adelantarse tanto, un paso a la vez y en este preciso momento, eso se traducía en un sentir de parte de ambas mujeres.
"Quiero más... mucho más", era el pensamiento que enturbiaba sus mentes y que delataba su condición de calor pese a todos los orgasmos previamente vividos, ciertamente su lujuria estaba desbordada y tardaría aun un rato en calmarse, aunque a ambas ese detalle no parecía molestarles en lo absoluto.
Sus cuerpos estaban aún devastados por el anterior orgasmo y aun así, sus mentes solo podían pensar en volver a hacerlo, querían experimentar más, sentirse la una a la otra, profundizar en su nuevo lazo y por qué no decirlo, probar los límites de su propia perversión al lado de la otra, eso era algo que ciertamente les estaba emocionando y mucho.
Sin embargo, tras tan fuerte orgasmo aun necesitaban recuperarse un poco más o al menos así lo consideraba Akeno a quien su sonrisa no se le borraba en lo más mínimo, tenía la respiración pesada, estaba totalmente sudada y aun en ese momento sentía sus extremidades como si estuvieran hechas de gelatina, eso por no mencionar el hecho de que estaba bañada en la esencia del sexo tanto suya como de Yasaka y aun así no se cambiaba por nadie y ansiosa esperaba recuperarse para continuar con esa deliciosa sesión, mientras su mente ya imaginaba escenarios con su Onee-chan, su Okaa-san y obviamente su novio, todas en la misma cama satisfaciéndolo y satisfaciéndose.
Es por eso que se sorprendió cuando sintió movimiento en la cama y al dirigir su vista en la dirección de ese movimiento, se encontró con que Yasaka era quien se estaba moviendo, tal vez un tanto torpemente producto de que ella tampoco se había recuperado del todo, pero como fuera la vio ponerse en cuatro y gatear a lo largo de la cama hasta la cabecera de la misma o más correctamente, hasta la mesita de noche al lado de la cama donde pese a que no podía ver, si logro escuchar cómo es que abría uno de los cajones de la misma y buscaba en su interior algo.
En cuanto a la razón de porque no podía ver, era bastante simple en realidad, era porque no podía moverse, bueno, si podía, solo debía girar su cabeza en la dirección donde sabía se haba dirigido la rubia y así ver que era lo que buscaba, pero la cuestión era esta, ¿por qué alguien en su sano juicio querría moverse en ese momento y renunciar a algo tan bueno?, ciertamente ella no tenía esa intención, no cuando la vista era así de placentera.
Lo había hecho a propósito, era imposible que eso no fuera apropósito, es decir, esa cama era lo suficientemente grande como para que al pasar pudiera hacerse a un lado y aun así, su Onee-chan no solo no se había movido a un lado, sino que se pasó justo por encima de su cuerpo con más lentitud de la necesaria dejándole ver cada centímetro de su expuesta piel antes de detenerse justo cuando sus enormes tetas quedaron a la altura de sus ojos que junto con los movimientos que hacía mientras buscaba lo que fuera que buscaba en su nochero, hacían que esas bolsas de carne erótica se balancearan hipnóticamente frente a ella.
Era un espectáculo que ciertamente era digno de verse, especialmente porque esas sucias y gordas tetas aun ahora seguían escurriendo leche y al pensar en que hace solo un instante ella las estuvo chupando, de hecho, junto a su Onee-chan, bebiéndose esa leche mientras restregaban sus coños entre si era más de lo que podía soportar.
Su cuerpo volvía a calentarse o más correcto sería decir que el fuego dentro de ella volvía a consumirla con fuerza, su coño se hacía agua una vez más, el escozor que demandaba ser atendido entre sus piernas volvía a ser enloquecedor, sus pezones volvían a ponerse duros, dolorosamente duros, su piel sentía que se erizaba a mas no poder y de pronto, su garganta se sentía tan seca que incluso pasar su saliva se volvía tortuoso, sí, tenía sed y justo frente a ella la respuesta para calmarla.
Sin embargo, antes de poder siquiera plantearse estirar sus labios para alcanzar esos hinchados y lactantes pechos, Yasaka se movió una vez más retrocediendo de su posición, - ¡lo encontré! – fue todo lo que le escucho decir mientras regresaba a su posición con un deje de felicidad bastante particular, pues su tono parecía que contenía más que solo alegría, también contenía un deje de travesura difícil de ignorar dada la situación actual.
Eso llamo su atención y le genero curiosidad, por lo que con esfuerzo se fue levantando de la cama, un tanto decepcionada por no haber alcanzado a jugar con los pechos de la rubia una vez más, pero ya tendría más oportunidades más adelante, como fuera, fue levantándose poco a poco, sosteniendo la parte superior de su cuerpo sobre sus brazos mientras iba reincorporándose hasta lograr quedar sentada en la cama una vez más y entonces fue que vio el porqué de la euforia de su amada Onee-chan.
Ahí ante ella, sentada como si nada estaba su Onee-chan, desnuda, hecho que la descontrolaba y le hacía querer saltar sobre la indefensa mujer para una vez más hacerle de todo, pero como pudo se contuvo pues quería saber lo que traía entre manos la rubia y nunca mejor dicho entre manos, porque era efectivamente en sus manos donde estaba el objeto que estaba buscando tan insistentemente hace unos momentos y al verlo, su cuerpo se estremeció mientras una dulce corriente cruzaba su espina.
En las manos de su amada rubia estaba la promesa de un nuevo placer que podían experimentar juntas y las posibilidades que eso representaba eran increíbles, eso por no mencionar la alegría y el alivio que sintiera al ver con ello que efectivamente, al igual que ella, la madura mujer estaba lejos de sentirse satisfecha pese a todos los orgasmos que llevaban desde que empezaran ese encuentro, ahora en sus delicadas, suaves y por experiencia propia sabía que expertas manos de la rubia, estaba la siguiente aventura por vivir.
Era largo, debía de rebasar las 20 pulgadas o 50 centímetros quería suponer, era gruesa, lo suficiente como para estremecerla y lubricarse en consecuencia, eso por no mencionar la atención al detalle del artista que hubiese creado esa cosa, porque estaba muy bien decorado con "venas" y bulbos a lo largo de toda su longitud, ni muy pocas como para no sentirse ni tantas como para que fuera un estímulo exagerado, una proporción más que adecuada cubría el objeto y por si fuera poco, dos gordas e imponentes cabezas que coronaban cada extremo de aquel objeto prometiendo el más grande de los placeres que un objeto como ese podía proporcionar.
Sí, en las bellas manos de Yasaka, en ese momento, imponente y majestuoso, había un consolador, si es que se le podía llamar solo así, pues para ser un juguete sexual, bien podría ser una anaconda que prometía revolver sus interiores si le dejaban entrar en ellas, como fuera, dicho dildo, fuera de su tono morado, y de sus ya descritas características, resultaba ser un falo de doble cabeza, ideal para parejas lésbicas como ellas mismas y que gracias a su gran longitud no dejaría a ninguna de las dos insatisfechas.
Que se lo presentara ahora, junto con esa sonrisa tan particular que, aunque traviesa, estaba desprovista de malicia y que al mismo tiempo denotaba un gran orgullo de parte de la rubia, como si le estuviera mostrando su posesión más preciada, le conmovía y al mismo tiempo le calentaba, con esa cosa, una vez metida en sus coños, sería como si se estuvieran follando la una a la otra, tocando lo profundo de sus úteros con sus monstruosas, largas y gordas pollas, como decirle que no a eso.
- Fufufu, espero que aun tengas apetito Akeno... porque es hora del plato principal – la escucho decir, esta vez mas provocativa, más lasciva y una vez que termino de hablar, le mostró como pasaba su lengua por toda aquella obscenamente larga longitud, antes de acabar en un beso sobre una de las puntas, cosa que dicho sea de paso la calentó más y lo duro de sus pezones lo demostraba.
La estaba provocando, eso era más que obvio, verla así, tan desvergonzada, tan desinhibida, tan coqueta mientras paseaba sus manos por la larga longitud y el como la lamía casi podría que jurar que con adoración, como si fuera la polla que amaba, era emocionante no lo iba a negar, sin embargo, no dejaba de lado el hecho de que la estaba retando con su actitud y conducta y si algo caracterizaba a Akeno Himejima era que no huía de un reto, especialmente uno que le prometía tanto placer al lado de su amada Onee-chan.
Ella sabía muy bien como jugar ese juego, ser lasciva, provocativa, retadora, Rias bien podía dar fe de ello luego de tantas veces que la había provocado en el pasado, así que si la rubia quería jugar a quien era más pervertida, le daría justo lo que quería y con eso en mente estiro su mano ante la curiosa Yasaka para tomar el otro extremo de aquel falo de plástico y ante su atenta mirada sonreír traviesa.
- Ara, ara, fufufu, Onee-chan, aún falta mucho para siquiera estar cerda de estar satisfecha – lo dijo con esa sonrisa depredadora que tanto la caracterizaba, al tiempo que llevaba el extremo del falo que tenía sujeto a su boca y lo probo con s lengua, primero con pequeñas y discretas lamidas antes de sí, meterlo en su boca para saborearlo en toda regla.
Ante esa vista Yasaka se emocionó, su pequeña no solo le estaba siguiendo el ritmo, además era tan descarada que ya le estaba practicando una felación a su extremo de aquel juguete mientras cerraba los ojos como si quisiera concentrarse solo en realizar su tarea y disfrutarla además, era algo que le hizo hervir la sangre, es decir, Akeno estaba encargándose con su boca de aquel falo de una manera que, dicho sea de paso, la hizo lamentarse el no tener pene para sentirlo en carne propia, pero, sobre todo, le excitaba lo que acarreaba lo que hacía la hermosa pelinegra ante ella.
"Quizás debería decirle", fe lo primero que pensó cuando vio como Akeno se esmeraba en darle esa felación al juguete que usarían, después de todo, sería toda una revelación decirle sobre aquello, "Naaaa, se me ocurre algo mucho más divertido para hacer en este momento", por otro lado, eso no sería divertido y tenía mejores cosas en que entretenerse que revelar ese secreto a su joven amante.
Con eso en mente decidió reservarse el comentario para otro momento y mejor proceder con su nueva y mucho más gratificante idea, la cual como era de esperarse, estaba cargada de lascivia y perversión, cosa que solo la motivaba mucho más para llevarla a cabo.
Tomó entonces con firmeza su extremo del falo y como antes, lamió su contorno, especialmente en la punta, se encontró con un mechón de su desarreglado cabello estorbándole y con su mano lo llevo tras su reja mientras se seguía encargando de darle mimos a aquel artefacto de plástico, antes de finalmente decidir seguir el ejemplo de Akeno y empezar a devorar su lado de aquella representación de una enorme hombría.
Akeno no pudo evitar detenerse de su labor cuando sintió extrañada una ligera presión en su boca, como un leve empuje hacía el interior de la misma por parte de aquel morado seductor que chupaba y por ello abrió los ojos curiosa por lo que podría ser la razón de tal hecho, nunca se esperó lo que terminaría viendo al hacerlo.
Era una imagen difícil de ignorar y estaba segura que sería incluso más difícil de olvidar, después de todo, nada te prepara para ver a tu amada Onee-chan con su linda y coqueta boquita, llena de polla a mas no poder, verla como chupaba, como sorbía, lubricando la morada longitud y lo más impactante era que al otro extremo estaba ella, haciendo justamente lo mismo, realmente eran compatibles y ciertamente estaban profundamente conectadas, más allá de la ironía de su actual y lasciva conexión.
De pronto Yasaka se detuvo ella también cuando se percató de que Akeno se había detenido y un tanto curiosa sobre el porqué de que se detuviera dirigió ahora su mirada hacia ella para encontrarla con su mirada fija en ella, con sus ojos abiertos de par en par por la sorpresa, aunque quizás el efecto se perdía un poco cuando notó que mientras la miraba tan intensamente, también tenía su boca bastante ocupada, cosa que le causo gracia.
Akeno la vio fijamente y encontró en los dorados y hermosos ojos de su Onee-chan diversión, cosa que la desconcertó, aunque un segundo después la vio sonreír o supuso que trato de sonreír, era difícil de determinar cuando la boca de la rubia estaba tan llena, pero por las contracciones de sus músculos, supuso que era eso lo que trataba de hacer, además de que junto a esa supuesta sonrisa, un guiño de su ojo derecho complemento lo que suponía era una traviesa complicidad, junto con una lasciva invitación, invitación que obviamente, aceptaría gustosa.
Era curioso cómo pese a que era su primera vez juntas podían compenetrarse tan bien, se entendían perfectamente sin necesidad de palabras, bastaba una mirada, un simple gesto y ambas sabían que debían hacer y esta ocasión no era diferente, porque ni bien Yasaka termino con ese coqueto gesto, Akeno sonrió también y con sus ojos transmitió todo lo que necesitaba a la rubia ante ella.
Unos segundos después, ambas habían regresado a su labor previa, es decir, realizar una increíble y maravillosa felación a su correspondiente extremo de aquel falo doble de goma, y el ritmo era fascinante, acompasado, empujaban a la vez de tal manera que podían sentir como el dildo viajaba por sus bocas y bajaba por sus gargantas con cada empuje, pronto sus respiraciones se agitaron, producto de lo difícil que resultaba tomar aire con esa enormidad alojada en sus conductos orales, los gorjeos y arcadas estaban a la orden del día y aun así, ninguna retrocedió en su mutuo deseo de continuar disfrutando del momento.
Es más, con cada nuevo movimiento de sus cabezas sobre el falo de goma, se iban insertando cada una más y más de aquel juguete en sus gargantas y por consiguiente acercándose cada vez más entre ellas.
Era retorcidamente poético, después de todo, conforme disfrutaban de aquella garganta profunda que ambas realizaran, lentamente, en un baile que ni siquiera eran conscientes que realizaban, una vez más, a lo largo del violáceo camino, sus bocas buscaban unirse una vez más de aquella manera en que ya tan bien conocían y, aun así, siempre algo nuevo tenía que ofrecerles.
Para cuando se dieron cuenta, sus bocas estaban unidas nuevamente, en quizás el beso más perverso y depravado que se hubieran dado hasta ahora, es decir, con un enorme falo de goma incrustado hasta el fondo de sus gargantas y pese a aquel intruso, aquello no les impidió comerse la boca de la otra, de hecho parecía que les incentivaba a hacerlo aún más, por ello sus lenguas se rozaban fuera de sus bocas, estiradas a cómo podían para alcanzarse, todo gracias al delicioso obstáculo que se interponía.
Es más, queriendo disfrutar más de ello, decidieron continuar con su mamada doble a aquel dildo, primero de manera bastante arrítmica pues no era algo en lo que tuvieran experiencia, por ello mientras una de ellas retrocedía la otra empujaba, por lo cual en ocasiones una de las dos terminaba con mucha más polla metida en su garganta que la otra, cosa que no es que les molestara, pero sentían ensuciarse aquel momento y no era precisamente lo que deseaban.
Les llevo un rato adaptarse y para cuando finalmente tomaron el ritmo, ambas se movían de manera sincronizada, yendo adelante y atrás de manera sincronizada y de esa forma, disfrutando tanto del beso como de la lasciva garganta profunda que se proponían donde en sus enturbiadas mentes, le estaban haciendo una felación al miembro de la otra, claro está, demeritando la imposibilidad anatómica que aquello suponía en más de un sentido.
Tan emocionadas estaban por lo que ellas estaban imaginando respecto a todo aquello, que inevitablemente sus manos fueron a parar, una en el pecho de la otra obviamente, queriendo sentir esa suave esponjosidad que hacía gemir de gusto a su compañera, pero la otra mano, curiosamente fue más arriba, directamente a la obstruida garganta de su amante.
No es que se quisieran asfixiar o algo así, tampoco es que hiciera falta, con lo obstruidas que tenían sus boquitas gracias a ese enorme dildo, el aire ciertamente era un bien escaso, los gorjeo y arcadas, además de las burbujas de baba alrededor de los cerrados labios sobre la longitud demostraban el esfuerzo que les suponía y al cual aún no estaban dispuestas a renunciar.
No, el motivo de que llevaran al fino cuello de la otra su mano radicaba en el simple y morboso hecho de que, si era como con ellas mismas, que podían sentir como aquel falo de goma les desgarraba las paredes de la garganta, expandiendo la carne y casi que seguramente estaba deformando el conducto para dar paso a un bulto que indicara la presencia del obsceno objeto en lo profundo de sus faringes, entonces ellas querían sentirlo, como abultaba la garganta de la otra, como extendía y distendía el canal mientras forzaba su paso por el mismo mientras iba y venía en su lascivo acto de auto profanación oral.
Y la experiencia fue mejor de lo esperado, no pudieron evitar presionar un poco más en la garganta ajena, querían sentirlo lo mejor posible y para ello debían apretar un poco, pero bien valió la pena, porque pudieron sentir esa gruesa cosa alojada en la tráquea de la otra, abultando la zona mientras expandía los músculos a su alrededor y fue a mayor cuando sintieron en su mano como aquel falo empezaba a moverse, subiendo hasta ya no percibir su forma, antes de verlo regresar hasta el fondo de la garganta femenina, extendiendo los músculos tanto de la garganta, sino que también, forzando a su mano a abrirse un poco más para poder pasar por ese lugar.
"¿Así es como se siente dentro de mí también?", la pregunta llego a sus mentes de manera inconsciente, ambas maravilladas por la sensación que percibían en el cuello de su amante cuando por la zona que sujetaban pasaba aquel falo de goma y eso impulsaba su morbo, su deseo de querer sentir aún mas de aquella perversa sensación por lo que sin demora pronto se encontraron apretando un poco más el cuello de la otra con tal de sentir mejor esa polla y no contentas con eso, empezaron a subir y bajar su mano por el cuello de la otra en un movimiento contrapuesto al del falo, de tal manera que cuando este se hundía en la garganta ajena, la mano sobre la misma subía y al salir aquel falo de la garganta, la mano bajaba por la misma.
Sí, en términos simples, estaban masturbando aquel falo de goma a través de la garganta de la otra y por si fuera poco, la sensación que generaba la forma del falo, junto a la calidez del cuerpo femenino, junto a la sensación de piel con piel que experimentaban en ese momento, bueno, bastaba decir que con sus mentes tan deshechas como estaban, no paso tiempo antes de que empezaran a creer que era una polla de verdad lo que estaban sujetando y que de hecho era por ser real que sentían ese enorme placer, estaban ordeñando una gorda y enorme polla para que descargara toda su leche dentro de la garganta-vagina de su amante.
Y lo peor de todo, o quizás lo mejor si se veía desde la perversa y depravada concepción de ambas mujeres, era que mientras realizaban este obsceno acto donde incluso ya se asfixiaban levemente, no dejaban no solo de besarse de esa morbosa manera que resultaba de hacerlo con una polla incrustada en lo profundo de la boca, no, también tenían sus vistas fijas en los ojos de la mujer frente a ellas y podían verlo, esos ojos de corazón que delataban lo mucho que lo disfrutaban, se comunicaban con sus ojos buscando cualquier indicio de incomodidad o disgusto por lo que hacían en ese momento y como toda respuesta, solo movían la cabeza hasta donde la polla de goma les dejaba, todo con el fin de dar mejor y más libre acceso a sus cuellos para que su lasciva amante jugara mejor con él y masturbara con mayor ímpetu la polla que aun ahora luego de tan magnifica felación, se negaba a darles su "leche".
Bien podrían haber seguido de esa manera, simplemente perforándose las gargantas en total contubernio y con el completo beneplácito de la otra para dejar que abusaran de sus gargantas, es más, de seguir así, en su estado de excitación actual, bien podrían acabar corriéndose solo por la estimulación, tanto en sus bocas como en sus pechos.
De hecho, al paso que iban estaban a nada de terminar desmayadas, las arcadas, los gorjeos, la sensación de asfixia que estaban sintiendo, la cual ahora era complementada y engrandecida con la mano en el cuello de cada una, sus ojos estaban ya en blanco, a nada de que la mismísima falta de aire terminara por derrumbarlas, sin embargo, por suerte para ellas eso no ocurrió, todo gracias a cierta parte de su anatomía, a estas alturas hecha un torrencial de flujos y con un ardor interno difícil de aplacar, las saco de su ensoñación cuando hiciera un llamado a su respectiva dueña, reclamando también algo de atención.
Sus coñitos, que durante el tiempo que llevaban en esa felación habían pasado al olvido, ahora a su manera les recordaban su necesidad, gritando con ardor su propia excitación, generando en sus bajos vientres una picazón que urgía ser atendida y que ellas prestas y gustosas, estaban dispuestas a complacer.
Lentamente se fueron soltando de esta última actividad, liberando tanto sus pechos, como sus cuellos y más importante aún, sus bocas y gargantas al punto de que una vez fueron libres del lascivo invasor, su primer instinto fue respirar profundo en busca del aire que hacía solo unos instantes parecía ser un privilegio al que no tenían más que un acceso limitado y nunca una simple respiración les había provocado tal placer, sentir sus pulmones una vez más llenarse del vital gas resulto una experiencia relajante y liberadora, por no mencionar placentera, lo suficiente como para que en el momento en que realizaran la primera exhalación ya libres de aquella polla de goma, no pudieran evitar o siquiera ser conscientes de unos pequeños chorros de orina orgásmica que se liberaron de sus entrepiernas.
De mas esta decir que reponerse de esa experiencia les llevo al menos unos segundos, segundos que aprovecharon, no solo para recuperar el aliento por completo, también lo aprovecharon para darle un buen repaso al cuerpo desnudo, sudoroso y manchado de jugos de amor de la mujer frente a ellas, que dada la posición que tenían actualmente donde estaban inclinadas hacia atrás, sosteniéndose como podían con sus brazos, era una vista bastante explicita y sin tapujos de sus eróticas anatomías.
- Juju, creo que nos dejamos llevar un poco - Yasaka hablo entre divertida y azorada por los eventos previos, así que hablo con mofa tratando de liberar tensión al tiempo que continuaba recuperando el aire en una cada vez más acompasada respiración y por lo que veía, su joven amante estaba en la misma situación.
- Onee-chan... etto... ¿podemos continuar? - por su parte Akeno tras una sonrisa ante el comentario de la rubia, pronto empezó a ser asaltada por el escozor entre sus piernas que llamara su atención en un primer momento y que dio como resultado el que de manera un tanto brusca y directa, revelara su petición a la madura mujer.
La sorpresa no se hizo esperar en su rostro, pues no esperaba que la chica fuera a, una vez recuperada de su previa asfixia, hacer tamaña solicitud para reanudar lo que se suponía que iban a hacer antes de todo el numerito con sus bocas.
"Que zorra", fue el pensamiento que le embargo una vez registro esas palabras dichas por la pelinegra y que se reafirmaban al ver como movía sus muslos inquieta y veía el dildo en su mano con anhelo, "y yo también", aunque no es que no pudiera entenderla, después de todo, aquel dulce escozor entre las piernas también la embargaba a ella y demandaba ser atendido prontamente.
- Hmmm, como decirle que no a esa carita – dijo sonriendo lasciva una vez más, si aquella declaración era una mofa hacia la pelinegra o no, era difícil de definir y en lo que respectaba a la pelinegra, no podía importar menos, algo que demostró con su alegre expresión ante la afirmativa respuesta de la madura rubia que solo lanzo un beso en su dirección antes de empezar a moverse de nuevo.
Fueron solo unos pocos movimientos en los que ella palabras era lo último que debía de haber entre ambas, entonces, cada una tomo una vez más uno de los extremos de aquel falo y como otrora hicieran con sus bocas, guiaron las puntas del juguete para alinearlas con la entrada de sus coños empapados y ansiosos.
Sus chochos chorreaban, era increíble considerando todo lo que habían hecho hasta ese momento y aun así, pensar en lo que estaban por hacer y que aún les faltaba por probar, las tenía así, ansiosas y anhelantes de más, por ello es que conforme se acercaban a ese pene de goma, porque sí, eran ellas quienes se acercaban a él, deseándolo, ansiándolo, queriendo sentir el momento en el que hicieran ese contacto, conforme la distancia se reducía y la seductora realidad del contacto inminente, solo hacía que sus intimidades se lubricaran más y sus paredes internas se contrajeran de expectación.
Y quizás lo que más les causaba emoción, por no decir morbo, era el lado de aquel dildo doble que cada una sujetaba en ese momento, después de todo, no era la punta que previamente estuviera en sus respectivas bocas la que ahora amenazaba con perforar sus intimidades, no, en el momento donde aquel consolador se movió para ir a su nueva posición, ambas mujeres, movidas por un morbo particular, buscaron la mirada de la otra solo para encontrar que al parecer, habían tenido la misma idea y con eso en mente, giraron los extremos del juguete, el resultado, la punta que previamente estuviese en la boca de Yasaka, ahora se encontraba apuntando contra el coño de Akeno y viceversa, por lo cual ambas mujeres ahora tenían ante sí, el baboso glande de goma previamente profanara la boca de su amante, en otras palabras, una especie de beso indirecto demasiado morboso o un 69 lésbico poco convencional.
Conforme se acercaban también fueron acomodando sus cuerpos, lo cual implicaba que una vez más sus piernas se estaban entrecruzando, volviendo a una posición ya conocida como era esa posición de tijeras, solo que esta vez con un agregado más colorido entre ambas que prometía hacer mucho más interesante la velada.
No dijeron nada, simplemente antes de entregarse al deseo que una vez más las consumía, se voltearon a ver, con esfuerzo desviaron sus miradas del atractivamente lascivo paisaje pintado entre sus piernas para mirar a los ojos de la otra y como tantas veces ya habían hecho en esa noche, profundizar en esa conexión tan particular que siempre habían tenido y que ahora había adquirido un nuevo matiz.
Ni siquiera se miraban buscando atisbo de duda en la otra sobre si debían seguir o no, porque estaban tan bien, por irónica que fuera la expresión, compenetradas entre sí, que sentían y sabían que esto era lo que la otra quería, lo podían prácticamente asegurar, por lo cual su mirada no era para asegurarse de algo, no, simplemente querían verse, cuando el momento de sentir su primer empalamiento juntas finalmente llegara.
- Hmmm... haaa... haaa... ¡UGYAAA! - en cuanto sintieron el primer roce, ambas no pudieron reprimir el jadeo de placer y satisfacción que aquello les generaba por todo el conjunto que ese simple roce implicaba y aún más, cuando finalmente llegó el momento de penetrar sus húmedas intimidades, no fue ni lento y gradual, no fueron lentamente para acostumbrarse a la sensación, no, mirándose a los ojos, entendieron que ninguna de las dos estaba para irse por las nubes y de un movimiento más bien violento, de un solo empujón de parte y parte, se empalaron las rajas hasta que esa verga plástica se estrelló contra las entradas de sus úteros, cosa que como toda respuesta las llevo a gemir o más bien chillar por la sensación e incluso, las hizo correrse un poquito.
Fue estremecedor y al mismo tiempo delicioso, Akeno solo había sentido algo así con Issei, esa sensación de ver estrellas frente a ti, como si fuegos artificiales estallaran en la inmensidad de un cielo nocturno y en el caso de Yasaka, no iba a decir que llevaba tiempo sin sentirse satisfecha porque tampoco es que llevara tanto tiempo con el dique seco, pero ciertamente, con esa jovencita, las sensaciones eran mucho más intensas y desde ya se declaraba adicta a ella y a lo que le provocaba.
Les tomo un momento recuperarse, no porque se hubiesen hecho daño o por algún tipo de incomodidad pasajera, más bien porque no se esperaban tal estimulación nada más empezando y ante la sorpresa y el pequeño orgasmo que habían sufrido, casi que hasta se habían olvidado de como respirar, por lo cual esperaron un momento para recuperarse y de paso para disfrutar de ese placer, antes de finalmente empezar a moverse y eso sí, en cuanto iniciaron, no les llevo nada de tiempo antes de enloquecer ante su propia lujuria ahora que estaban "penetrando" a la otra.
- Ughhh... haaa... hmmm... más... - se desataron completamente, sus caderas no paraban y con la fuerza, velocidad e intensidad con la que las movían, raro no hubiese sido que acabaran dislocándoselas y aun con eso presente, no podía importarles menos, solo importaba el placer que sentían, placer que se reflejaba en gemidos, jadeos y simples peticiones que demostraban su sentir y su demanda de más, más fuerte, más rápido, más profundo, más intenso, bueno, simplemente más.
Para mayor morbo, no era solo una cuestión de estarse penetrando, sino que lo hacían con tal intensidad y tal profundidad, que, llegado el momento, fue inevitable que cada una se tragara por completo su extremo de aquel juguete, eso solo se traducía de una manera y es que al haberse tragado con sus golosos coños aquella polla hasta la base, sus coños ahora se estaban tocando entre sí con cada movimiento que hacían y eso bastaba para aumentar su placer y delirio.
De hecho llegaron a un punto donde mezclaron para placer de ambas, penetración y unas tijeras en perfecta armonía, cosa que solo las hacía chillar cada vez con mayor fuerza, después de todo, no se alejaban mucho una de la otra cuando se volvían a ensartar dejando que la forma del dildo y los detalles anatómicos impresos en el estimularan sus paredes vaginales, para justo un segundo después, ahora con sus vulvas unidas de nuevo, empezar a menear sus caderas de un lado para el otro, rozando sus labios con el movimiento, cosa que junto a la sensación de la penetración y a como se retorcía el juguete en sus interiores, solo hacía que incluso respirar se tornara difícil.
Si a eso se le sumaba que sus hinchados clítoris ahora podían rozarse a gusto y placer, prácticamente no podían hacer otra cosa que chillar de gusto mientras incrementaban la intensidad de sus movimientos al punto que, si no se estuvieran sosteniendo sobre una mano y era solo sobre una mano porque como ya era de esperarse, la otra mano estaba estirada hacia el frente, ocupada jugando, magreando, estirando, estrujando y retorciendo las tetas de la otra, como sea, si no fuera por la mano que hacía de soporte de su tren superior, hace mucho que habrían terminado cayendo de espaldas sobre la cama y aun si eso hubiese ocurrido, lo más seguro es que igual y no se hubieran detenido.
Era todo un espectáculo, simplemente no podían ni querían detenerse, sus piernas entrecruzadas, sus coños abusados tanto interna como externamente, sus tetas siendo magreadas a consciencia y en el caso de Yasaka, incapaz de dejar de lactar, de hecho, chorreaba en ocasiones manchando el cremoso cuerpo de la pelinegra con su propia crema materna, sus bocas incapaces de contener sus gemidos o siquiera la baba que corría libre por sus mentones, sus ojos casi idos hacía atrás y sus cerebros ya a esta altura hechos papilla por todo lo que había ocurrido, estaba ocurriendo y seguramente ocurriría más adelante y aun así, sus caderas no dejaban de moverse en busca de más de lo que la otra les daba.
Sus gemidos resonaban cual eco en la habitación de Yasaka, sus cuerpos sudados y pegajosos habían adquirido un morboso brillo que incitaba a la otra a lamer cada parte de sus cuerpos y el aroma que inundaba esas cuatro paredes no era otro que el del sexo, impregnando sus paredes con ese lascivo aroma y lo más seguro es que mantuviera esa esencia durante un buen rato, aunque en ese momento a la rubia siquiera le importaba, solo quería seguir frotando su coño contra el de Akeno, dejar que sus clítoris se aplastaran entre sí, que el dildo que las conectaba hiciera de su interior una completa ruina, amasar las tetas de Akeno mientras ella amasaba las suyas, lactar para ella, amamantarla más si era posible.
Akeno no estaba en un estado diferente, estaba disfrutando en igual sino es que en mayor medida de esa experiencia con su Onee-chan, no dejaba de verla, no podía hacerlo, su cuerpo le resultaba tan atractivo, tan lujurioso, le producía un hambre que no podía controlar, se estaba haciendo irremediablemente adicta a esto, simplemente nada podía mejorar aquella experiencia, bueno, quizás eso no era del todo cierto, porque en los pocos momentos en que rompía contacto visual con su Onee-chan, era solo para perderse en sus pensamientos, imaginando el mismo escenario, pero ahora con Issei junto a ellas, forzándolas a hacer cosas aún más sucias, haciéndoles chupar su gorda y enorme polla mientras ellas tijereteaban como lo hacían en ese momento, ensartando hasta el fondo sus carnosos culos, magreando sus tetas, bebiendo la leche materna de una para dársela a la otra, en fin, ese se podría decir que era su escenario ideal y quizás, eso era lo que se aseguraría de que pasara cuando el castaño volviera, si era necesario se encerraría en esa habitación con su novio y su Onee-chan y no saldrían de ahí hasta que estuvieran bañadas en el espeso y cremoso semen del chico, pero no se adelantaría a los hechos, por ahora se centraría en el hecho de que estaba a nada de correrse una vez más por estar restregando su desvergonzada y llena raja contra la de su amada Onee-chan.
De hecho, ambas estaban cerca del orgasmo y no necesitaron hablarlo, no necesitaron mencionarlo, no necesitaron advertirlo, solo basto con verse una vez más a los ojos y un segundo después, ambas simplemente aceleraron el ritmo, se penetraban, se restregaban, se presionaban los coños con casi que desesperación y violencia mientras estrujaban con mayor fuerza sus tetas, las estiraban hasta el límite o simplemente retorcían sus rozados pezones al punto de sentir un placentero y masoquista dolor que solo los hacía acelerar cada vez más en busca de ese estado de paroxismo ya tan conocido para ambas.
- ¡UGYUUUU! - chillaron al unísono cuando un nuevo orgasmo las alcanzo, la voz se les rompió mientras una vez más veían estrellas, - ¡Onee-chan, me co-hng! - la pelinegra no alcanzo a decir más cuando sus labios fueron reclamados por la rubia en un nuevo beso, todo mientras se corrían y no dejaban ni de mover sus caderas ni de amasar los pechos de la otra, disfrutando de todas las sensaciones que traía consigo aquel momento de placer.
Se quedaron así todo lo que duro su clímax, besándose, amándose, simplemente disfrutando de esta nueva relación y para cuando finalmente su clímax se detuvo, con ello ambas se detuvieron también y se separaron, al menos sus labios para admirar la bella imagen que era el rostro extasiado de la otra en este momento post orgasmo, cosa que las sonrojaba pues sus rostros se veían tan lindos cegados por la bruma del placer de acabar.
Esta vez no esperaron a recuperarse sin hacer nada, no, estaban en llamas y era hora de pasar a lo que seguía y para ello Yasaka se acercó de nuevo al rostro de Akeno no para besarla, sino para susurrar a su oído con delicadeza, pero con seducción, mezcla que emocionaba sobremanera a la pelinegra si había que decirlo.
- Akeno-chan, sostente sobre tus cuatro extremidades - fue toda lo que susurro a la pelinegra, bien podía parecer una petición de su parte, pero en realidad era una orden, una lasciva orden que Akeno tras erizarse ante el tono sugerente de la mujer, gustosa termino acatando ansiosa de lo que pudiera tener planeado ahora su amada rubia.
Termino resultando ser más difícil en un comienzo de lo que esperaban, esto debido a que para cumplir la orden de su Onee-chan debía girarse sobre sí misma y ahí radicaba el problema, quería hacerlo sin sacarse el dildo de su intimidad, ninguna de las dos quería hacerlo de hecho, por lo cual termino siendo todo un ajetreo poder girarse, no solo por la incomodidad que resultaba de hacerlo sin despegarse la una de la otra, también porque con el giro, el dildo se movía y retorcía dentro de sus sensibles vulvas, haciéndolas jadear y que cada movimiento les costara hacerlo sin en el proceso perder la respiración.
Al final y por facilidad y comodidad, terminaron, aunque para disgusto tanto de Akeno como de Yasaka, separándose para lograr moverse con más libertad, por lo cual la que tomo la decisión de retirarse el falo de su intimidad fue la MILF rubia, no sin gemir en todo el proceso al sentirlo abandonar su gruta, dejando que Akeno le diera todo un espectáculo mientras se giraba frente a ella, con el coño ensartado y el otro extremo sobresaliendo, si no fuera porque sabía que era de goma, por no mencionar el color, bien podría pasar porque a Akeno-chan le había crecido una polla entre las piernas y que polla si consideraba lo larga y gruesa que se veía en ese momento.
- Yasaka... Onee-chan - salió de su ensoñación cuando escucho a la pelinegra llamarla y entonces se encontró con el paisaje de una Akeno, en cuatro patas, mirando hacia la cabecera de la cama mientras meneaba su carnoso y delicioso culito en anticipación a lo que ella pudiera hacerle y ciertamente ideas le sobraban en ese momento a la rubia.
La tentación era demasiado grande y como había demostrado a lo largo de toda esa tarde y lo que iba de la noche, gustosamente cedería a esa tentación, más cuando la misma se le presentaba como un par de carnosas, suaves, tersas, jóvenes y firmes nalgas como las de la hermosa pelinegra frente a ella.
¡SLAP!
- ¡KYAAA! - fue el grito de Akeno cuando sintió aquella nalgada de parte de la rubia, pero si veías su rostro veías que no era un chillido de dolor, más bien era de gozo y placer, eso quedaba manifiesto con la sonrisa mal contenida de la joven que mantenía apretados los dientes ahora como concentrándose en su trasero.
Tras la sonriente pelinegra, Yasaka ahora hundía su mano en el culo de la joven, quedando anonadada ante la placentera vista de ver su mano ser devorada por la carne de esa nalga y solo por repicar esa sensación, le dio otra nalgada a la chica, esta vez con su mano libre sobre su otra nalga haciéndola chillar de nuevo y en el proceso disfrutando de aquella glotona visión de su mano hundiéndose en la tersa y suave carne de la pelinegra.
No iba a mentir, lo disfruto y demasiado, tanto que se quedó en esa posición, de rodillas tras la pelinegra, con sus manos firmemente posadas contra su prominente culo y magreando a placer cada una de esas deliciosas nalgas al contenido de su corazón para placer ya no solo de ella sino también de su joven amante.
- Que culito más hermoso tienes Akeno-chan... me muero de ganas de probarlo - termino diciendo Yasaka mientras disfrutaba la sensación y en el proceso dejaba una más que directa y manifiesta declaración de intenciones sobre la chica, - pero primero... – sin embargo, ese sería un platillo que gustosa probaría después, primero tenía otros planes y fantasías que cumplir.
Soltó la carnosidad de Akeno y se preparó, colocándose ella también en su respectiva posición en la cama que para todos los fines no era más que una réplica de la posición de la misma pelinegra, solo que evidentemente dirigiendo su mirada en la dirección opuesta a la que veía la joven, es decir, ahora estaba en cuatro patas, mirando al somier de su propia cama.
- Onee-chan... qué... – Akeno la sintió moverse tras de ella y movida por la curiosidad giro su cabeza para mirar tras ella y encontrarse con la nueva posición de la rubia, cosa que llamo su atención y causo su curiosidad, sin embargo, antes de terminar de formular la pregunta, la rubia se le adelantó.
- Juju, oh Akeno-chan, no preguntes... solo gózalo - fue toda su respuesta antes de que de un movimiento se ensartara su extremo del consolador en su vagina, todo gracias a que mientras le respondía a su pelinegra amante, con su mano había dejado alineado el juguete con su entrada íntima y con ello, ahora solo necesito un empujón para volverse a sentir llena, por no mencionar de sentir nuevas sensaciones gracias a que el juguete tocaba otros puntos en su intimidad gracias a la nueva posición.
¡KYAAA/UGYAAAA!
Ambas terminaron chillando cuando la rubia se ensarto gustosa sobre aquel falo de goma, en el caso de Yasaka por sentir como el dildo una vez más le extendía las paredes vaginales de manera tan abrupta pero placentera y en el caso de Akeno, por sentir como aquel dildo solo se enterraba más en su interior gracias al movimiento de su Onee-chan, eso sí, ambas compartieron la misma sensación final que fue sentir aquel juguete o cuando menos la punta del mismo rozando la entrada de sus respectivas matrices, que para lo sensibles que ya estaban, resultaba un estímulo mayor al que podían soportar sin enloquecer.
Y ese precisamente fue el resultado, simplemente enloquecieron una vez más gracias a las posibilidades que les ofrecía la nueva posición en la que habían decidido conectarse y si de algo se podía estar seguro era del enorme placer que aquello les proporcionaba, sus rostros y las expresiones que realizaban lo denostaban con claridad, sonrisas torcidas, dientes apretados, mejillas sonrosadas mientras sus ojos una vez más se iban hacia mientras deliraban por el éxtasis que las embargaba.
Pero era simplemente inútil para cualquiera de ellas tratar de detenerse, si es que en algún momento llegaron a siquiera considerar detenerse, esto era demasiado estimulante, demasiado placentero y gracias a lo húmedas que estaban pese a tantos orgasmos, demasiado morboso y obsceno como para dejarlo.
La cuestión era simple, ambas estaban ahí, sobre la cama sostenidas en cuatro patas, desnudas, sudorosas y jadeando como un par de perras en celo mientras sus coños estaban conectados por un dildo doble que en ese momento perforaba sus coños a la vez y no solo eso, ellas dictaminaban el ritmo con el que lo hacían, ambas tenían poder y control sobre como querían ensartarse sobre ese juguete y como querían ensartar a la otra con el mismo.
Se balanceaban de adelante hacía atrás tan rítmicamente que la forma en que las dos cabezas martillaban, deformaban y asediaban el interior de sus vaginas era prácticamente idéntica y rítmica, entraba y salía de ellas a ritmo constante y simétrico, a sus ojos se estaban follando la una a la otra en toda regla y eso les excitaba aún más, ser la depravada que estaba profanando a la otra solo aumentaba su propio celo y deseo.
Y por si eso no fuera suficiente, sus oídos estaban deleitándose con una obscena sinfonía que iba más allá de sus gemidos compartidos, gemidos que eran bastante más bullosos de lo realmente necesario, pero que no era ni el único sonido que captaban, ni el que más les interesaba en ese momento a ninguna de las dos, el sonido que de hecho las emocionaba tanto no provenía de sus carnosos labios, o cuando menos no de los labios de arriba.
Una vez más eran víctimas de su propia perversión cuando a sus oídos llegaron aquellos sonidos tan particulares y a la vez tan placenteros tanto a nivel auditivo como a nivel físico y ciertamente les hacía agradecer en ese oscuro y perverso rincón ninfómano que al parecer las dos tenían, la facilidad con la que se humedecían y lo mucho que ya lo estaban a estas alturas tras tantos orgasmos.
Después de todo, conforme se follaban en este estilo de doble perrito, porque eran plenamente conscientes que se estaban, para su placer, follando como dos perras en celo, podían sentirlo, podían escucharlo y eso solo les animaba a arreciar en sus acometidas tanto sobre ellas mismas como sobre la otra en busca de sentir aún mas de esa intoxicante sensación.
Desde una perspectiva externa ya era una imagen que cualquier hombre daría lo que fuera por ser digna de presenciar, dos hermosas, voluptuosas, más que jodidamente bien dotadas en curvas, totalmente desnudas, en cuatro patas cada una, unida a su compañera por el coño con nada más que un simple, grueso y largo trozo de goma purpura que les perforaba las entrañas y como si no fuera suficiente, el vaivén de sus acometidas para penetrarse a sí mismas y de paso penetrar a su pareja hacía de la escena morbosa, lo suficiente para hacer que más de un hombre terminara corriéndose mucho antes de siquiera liberar su miembro de sus pantalones.
Esas enormes masas de carne erótica que ambas mujeres llamaban pechos colgaban libres mientras se balanceaban adelante y atrás al ritmo de las penetraciones y el contraste entre ambas no podría resultar más hipnotizante, ambas con pechos enormes, quizás siendo la rubia quien superaba en tamaño a la pelinegra, y sobre la cremosa piel de aquellos pechos, se alzaba orgulloso un buen par de enhiestos pezones, ambos tan iguales y a la vez tan únicos, siendo los de la Akeno de un rosa intenso y claro, como dos bellas y eróticas cerezas mientras los de Yasaka, aunque rosas también, de un tono más oscuro, dándole con ello un toque más maduro y por si fuera poco, Yasaka cumplía con un pequeño extra que no se había detenido desde que todo aquello iniciara y es que sus pechos simplemente no dejaban de lactar, ni siquiera en ese momento, lo cual implicaba que sus pechos chorreaban leche a diestra y siniestra cada vez que se mecían al compás del perverso sexo que sostenía con su joven amante.
Pero eso no era todo, el verdadero espectáculo estaba en esos prominentes y carnosos culos que ambas orgullosamente levantaban en ese momento en busca de profundizar su conexión y su placer, es decir, como si aquel par de jugosos jamones no fueran suficientes, era prácticamente imposible alejar la vista del espectáculo que resultaba ver esas deliciosas nalgas chocar entre sí una y otra vez, con cada estocada contra sus húmedas necesidades, sus culos chocaban entre si y no era solo el sonido de una especie de lascivo aplauso causado por el choque de piel contra piel, de nalga contra nalga lo que causaba tal efecto, era el movimiento ondulatorio que se generaba tras el impacto y que hacía temblar esas portentosas nalgas cual gelatina, generando así un lujurioso bailes que si bien ninguna de las dos podía ver, sí que podía sentir y eso les saco a ambas más de un gemido de satisfacción.
Y como si aquello no fuera suficiente para alborotar la libido de ambas mujeres, no era solo el choque entre sus culos o un simple sonido de aplauso de nalgas lo que las estaba encendiendo así, era el hecho de que gracias a lo húmedas que ya estaban tras correrse tanto, ahora su región inferior era un desastre de fluidos bastante particular, la humedad había abarcado prácticamente hasta sus traseros y ese era el plus de aquel choque de carnes que se estaba dando, porque sí, de por si ese sonido junto a la sensación de sus nalgas estrellándose las estaba enloqueciendo además de la penetración en sí misma, pero si a eso le sumaban el hecho de que sus jugos, los cuales impregnaban sus mejillas traseras permitían que con cada choque, el ruido provocado fuera un ruido mucho más lascivo, como de chapoteo y uno bastante atronador, bueno, solo bastaba decir que ninguna de las dos se habría imaginado alguna vez tal placer embargarlas por algo como eso y no podrían estar más dichosas.
Como era de esperarse, la morbosa acústica de la que ahora eran presas solo aumento el deseo de ambas de más y con eso en mente, pasarían un buen rato profanándose la una a la otra en aquella posición, entre gemidos, chillidos, chapoteos y carnosos y lascivos aplausos de sus regiones inferiores, pellizcando sus propios pezones con fuerza y necesidad mientras en el caso de la rubia, esta manchaba por enésima vez sus sabanas con su propia leche materna, cosa que no le importaba en lo más mínimo, no tras toda la leche y jugos vaginales que habían derramado para ese momento, e igual no es que fuera la primera vez que algo así ocurría en su habitación tampoco.
¡PLAF! ¡PLAF!
¡SPLASH! ¡SPLASH!
¡UGHH! ¡UGYAAAA!
No se detenían, ni siquiera estaban considerando la opción de detenerse, lo estaban disfrutando mucho y a este punto podría ser aún más enloquecedor para ambas parar que solo continuar experimentando esa lascivia que ahora la abordaba, después de todo, llevaban esperando que eso ocurriera ya un buen tiempo, quizás en el caso de la pelinegra mucho más que la rubia, pero que ciertamente ambas deseaban que pasara, así que porque parar ahora que su deseo se concedía.
Cuanto tiempo continuaron en esa posición, consumando el acto, era difícil saberlo, pero habría pasado al menos media hora en la que ya incapaces de sostenerse sobre sus cuatro extremidades, sus brazos finalmente habían fallado y la mitad superior de sus cuerpos finalmente cayeron contra la cama y aun así, increíblemente mantuvieron sus caderas en alto y aunque con algo más de esfuerzo, continuaron moviéndose adelante y atrás para seguir penetrándose la una a la otra con la misma intensidad de un principio.
Claro está que gracias a la nueva posición que ambas presentaban en ese momento, sus gemidos pasaron de ser aquellos estridentes alaridos de placer a gritos ahogados por la suave y acolchonada superficie donde sus rostros se hundían mientras deliraban presas del placer y bien podrían haber alcanzado el orgasmo de esa manera, de hecho, estaban a nada de lograrlo, pero claro está, Yasaka tenía otros planes para ese final y no tenía intención de desaprovechar las circunstancias.
No sin esfuerzo, cabe aclarar, logro detener sus caderas y luego separarse de la pelinegra, acto que como resultado le saco más de un gemido pues podía sentir como la longitud se retiraba poco a poco de su interior, dejándole una sensación de vacío particular, por no mencionar de dejarle el coño bastante abierto luego de toda la intensa actividad realizada.
Obviamente que, al perder la conexión, la pelinegra se daría cuenta, primero al dejar de sentir el movimiento de caderas de parte de Yasaka y luego dejar de sentir esa particular presión producto de la conexión entre ambas por medio del dildo en sus intimidades, dejar de sentir ese empuje contra su vagina y no solo eso, una libertad de movimiento que previamente no tenía a la hora d mover su trasero le hizo entender que la rubia se había separado de ella por completo y eso le causo desesperación, quería a su Onee-chan de nuevo junto a ella, llegar al orgasmo juntas y así como estaba no podría ser.
Yasaka le tomo un momento reponerse lo suficiente como para realizar su movimiento y cuando finalmente se sintió con las suficientes fuerzas se levantó par girarse y encarar a su amante, solo para encontrarse con una muy particular escena que dicho sea de paso la excito por lo lascivo de la misma y le animo a proceder con sus planes para con la pelinegra.
Después de todo, como no sentirse tentada a la perversión cuando ante sus dorados ojos, se presentaba la deliciosa vista de un carnoso culo de redondas y tersas nalgas de tono cremoso, alzadas en todo su esplendor, dibujando el perfecto contorno de ese trasero de melocotón que la joven se cargaba y aun mejor, estaba ahí, meneándose de un lado a otro como rogando por un poco de atención, deseando ser abusado por ella, todo mientras de ese estrecho coñito suyo pareciera que la pelinegra estuviera dando a luz una enorme polla que se movía al compás de esas deliciosas caderas, insinuándose e invitándola a disfrutar de su longitud.
Y por supuesto que iba a aceptar esa invitación, es decir, desde el principio ese era su plan, solo que no era su plan disfrutar de esa longitud una vez más con su vagina precisamente, al menos no de momento y con ello en mente se acercó a su bella y ansiosa pelinegra lista para ejecutar su idea.
Mientras tanto Akeno continuaba desesperándose, no parecía que la conexión con su Onee-han se fuera a reestablecer pronto y al paso que iba, no iba a soportar más tiempo ese vacío, por lo cual ya estaba considerando simplemente llevar sus manos entre sus piernas, tomar ese falo de goma y enterrarlo con rabia dentro de su coño por completo solo para acallar su creciente necesidad, aunque no era lo que deseaba realmente, quería que fuera su Onee-chan quien la hiciera acabar y si tenía que rogar eso haría, aunque tal cosa nunca llego a ocurrir cuando antes de poder siquiera pronunciar palabra alguna sintió a la rubia tras ella, devorándola con la mirada y un segundo después, las delicadas manos de la mujer sujetándola de sus caderas, cosa que con lo sensible que estaba, ese simple contacto de piel con piel la estremeció de gusto.
- Juju, Akeno-chan, eres tan linda - fue el primer comentario que hacía mientras sus manos ya empezaban a pasearse por su culo, amasando sus nalgas, magreandolas y disfrutando de la sensación de sus dedos hundiéndose en la magra carne de ese trasero, - tan sexy, tan hermosa, tan erótica y tan, pero tan... degenerada - la voz de Yasaka se iba tornando más profunda y lasciva conforme continuaba dedicando adjetivos que a ojos de la rubia describían a su joven amante y no solo eso, pues conforme hablaba, pronto mudo una de sus manos al falo aun enterrado en el coño de Akeno y empezó a moverlo de adentro hacia afuera, no con fuerza pero si con constancia, cosa que hacía gemir a la pelinegra.
Akeno lo estaba disfrutando, por muchas y muy diversas razones que bien podrían ir desde su condición bisexual, su amor por la rubia, el deseo que la mujer le generaba, incluso bien podría ser causal de su propia lujuria y ninfomanía, pero en ese momento preciso, lo que más primaba en su placer, era su innato y bastante bien marcado a últimas fechas masoquismo.
No lo podía evitar, estaba, por decirlo de alguna manera, en su naturaleza y que desde que se hizo mujer de la mano de Issei solo se había acentuado, de hecho, bien podría acusarse al castaño de haberla hecho una chica masoquista o cuando menos haberse aprovechado de esa parte de la pelinegra, aunque nada más lejos de la realidad si se consideraba que fue la misma pelinegra quien le insto a dominarla.
Pero eso no venía al caso en ese momento, el hecho era que, en ese preciso instante, Akeno simplemente no paraba de disfrutar y gemir de gusto mientras su amada Onee-chan jugaba con su culo, magreando sus nalgas o incluso nalgueándolas a placer mientras al mismo tiempo profanaba su gruta del amor de una manera desesperantemente dulce dado su actual estado y para colmo, todo eso ocurría mientras la rubia cada vez le dedicaba palabras más soeces que la denigraban y humillaban, teniendo por toda respuesta, que su coño solo chorreara cada vez más y en mayor abundancia, cosa que se dejaba saber por los cada vez más fuertes sonidos de chapoteo saliendo de entre sus piernas.
- Eres una linda zorrita Akeno-chan, un total y completa pervertida que no dudo en aprovecharse de una mujer enamorada para violarla a cambio de una oportunidad con su amado - se lo decía con convicción, pero con lascivia, burlándose de ella en todo momento mientras continuaba atacando el coñito de la pelinegra que solo chillaba de placer.
La verdad sea dicha, lo de ser una sádica nunca se le había dado bien, pero por alguna razón con Akeno era como si simplemente quisiera molestarla dese el fondo de su ser, le producía un placer insano verla retorcerse mientras ella le decía esas cosas, al parecer algo de "ella" se le había pegado para estas situaciones y al mismo tiempo solo demostraba lo mucho que Akeno se le parecía.
- Pervertida provocadora, tratas de seducirme y corromperme con ese cuerpo de golfa que tienes - le dijo esta vez con dureza en su voz y retorciendo un poco el falo en el coño de la pelinegra, - ¿acaso no te da vergüenza?, usar esas gordas tetas tuyas, esta cinturita estrecha, este carnoso culo y ese rosado coñito para conseguir lo que quieres, ¿Qué diría tu madre? - la reprocho mientras sonreía al verla retorcerse y no pudo evitar usar el nombre de su amiga en esto solo para dar mayor impacto, pero al final, claro que sabía lo que diría, ella mejor que nadie la conocía.
Akeno hace ya un rato que no atendía a razones, las palabras de su Onee-chan calaban hondo en lo profundo de su ser y eso la estaba excitando más de lo que podría cualquiera imaginarse, sí, definitivamente su lado masoquista había tomado el control, ese lado que solo le mostraba a Issei, por culpa de ese masoquismo ahora estaba hecha una fuente de jugos mientras internamente pedía que la rubia abusara más de ella, verbal, física o como se le diera la gana, pero que no dejara de molestarla.
- Mírate, ahora que estas expuesta ni siquiera intentas defenderte - dijo Yasaka con sorna mientras notaba a Akeno reducida a una masa de carne ahogada en su propia lujuria y ya no pudo soportarlo más, ya había jugado lo suficiente, - oh Akeno-chan, verte tan indefensa y frágil, me dan ganas de devorarte por completo, es más... eso es lo que voy a hacer - su control se había acabado, su propia lujuria estaba explotando y sinceramente, tenía el orgasmo a flor de piel, así que no dio más tiempo por perdido y se puso manos a la obra.
Contrario a lo que Akeno se esperaba, lo que ocurrió un segundo después no fue que la rubia afianzara el agarre contra el falo de goma y con él masturbara, martillara y destrozara su necesitada vagina, ni siquiera fue que volvieran a conectarse con ayuda del dildo y volver a follarse entre sí hasta correrse, no, para sorpresa suya, todo lo que sintió fue como Yasaka la soltaba una vez más, dejándola confusa y perpleja ante los actos de la madura mujer.
Sin embargo sabía que algo se traía entre manos la rubia y que lo que fuera que tenía planeado iba a terminar ocurriendo, después de todo, sentía como la mujer se movía a sus espaldas, como el peso se asentaba sobre la cama y como el cuerpo de la mujer se movía, casi como si reptara por la misma y entre sus piernas, cosa que solo elevaba la curiosidad de la chica respecto a lo que pudiera tener en mente la MILF y presa de esa curiosidad, a como pudo se levantó sobre sus manos para volver a su anterior posición en cuatro patas una vez sintió que la mujer se dejaba de mover y más importante aún, la sintió de nuevo entre sus piernas, sin embargo nada la preparo para la visión que se encontraría cuando miro hacia abajo y entre sus colgantes tetas.
Ahí entre sus piernas, una dorada melena se habría paso cuan larga era, regándose en todas direcciones mientras unos bellos ojos del mismo e intenso dorado que aquellas hebras le miraban con diversión y coquetería además de dedicarle una hermosa sonrisa ante su rostro perplejo, luego simplemente le dio un guiño con su ojo izquierdo y volvió su atención a lo que estaba frente a ella, bueno, sobre ella en realidad, pero, eso ya era una cuestión de semántica.
La rubia una vez más y ahora plenamente consciente de la fija mirada violeta que tenía sobre ella y sus acciones, llevo una de sus manos hacía arriba y tomo con sutileza, pero convicción el extremo saliente del falo y tras unas pequeñas ministraciones, simplemente llevo el objeto justo frente a su rostro, más concretamente justo frente a su boca la cual tras un beso a la punta de goma, decidió hacer lo que desde un principio tenía planeado, - ¡ITAdAKIMASU! - fue o ultimo que dijo antes de meterse el falo a la boca por completo y empezar a chuparlo.
Eso fue todo lo que Akeno necesito ver, en ese momento, mientras sus ojos se abrían a mas no poder ante la escena que veía, su mente se rompió si es que no lo estaba ya, sus deseos se desbocaron y cualquier cosa que no fuera entregarse a la lujuria paso a segundo plano dentro de su lista de prioridades, en ese momento, lo único que quería era placer y lo quería de la mano o bueno, de la boca de su rubia amante.
Por su parte Yasaka solo estaba centrada en continuar su felación, ajena a su entorno y al descontrol en el que se había sumido la pelinegra para ese momento, solo le importaba lo que tenía entre sus labios o al menos así fue hasta que sus dorados cabellos se vieron sujetos por las manos de su compañera en un firme y poderoso agarre que llamo la atención de la rubia quien antes de poder siquiera entender lo que pasaba, se vio presa de un poderoso asalto contra ya no solo su boca, también contra su garganta.
En algún momento mientras continuaba sumida en su acto de felación, la pelinegra con algo de esfuerzo enderezo su cuerpo todo lo que pudo para tener una mejor vista del rostro de succión de la mujer entre sus piernas y nada le pareció más sublime que esa imagen tan morbosa que ahora estaba segura quedaría grabada para siempre en lo profundo de su mente.
"¿Acaso esa es la expresión que yo le muestro a Issei?", ese fue su pensamiento antes de que sus manos, como poseídas, simplemente se dirigieran hacia esa hermosa cabeza entre sus piernas, porque, aunque la vista era espectacular, no era suficiente, quería más, más depravación, más descontrol, más perversión, más rudeza, en esencia, simplemente quería aún más placer.
Fue por eso que tomo a la rubia de su cabeza, enredo sus dedos entre sus hermosos cabezos buscando un mayor y mucho más firme agarre sobre ella y una vez lo logro, sin siquiera dudarlo un segundo, se entregó a sus pasiones y deseos por aquella lasciva y erótica mujer, que en ese momento no se traducían en otra cosa que simplemente violar, abusar y marcar esa boquita chupadora como suya y con eso, empezó a dar fuertes enviones contra el rostro de la rubia, introduciendo hasta el fondo el falo tanto en la garganta de Yasaka como en su propio coño, todo a una velocidad vertiginosa y desalmada en su trato hacia la MILF que solo producía gorjeos y arcadas con cada agresiva penetración de parte de su compañera.
Y no es como si aquello en realidad le molestara a la rubia, de hecho, solo la emocionaba más, especialmente porque pese al rudo trato, no solo por la forma en que era penetrada oralmente, sino por como la pelinegra se aferraba a su cabeza marcando el ritmo que su felación debía llevar, no, había un componente más que no es que lo tuviera previsto en su momento pero que no le molestaba para nada, el coñito profanado de Akeno estaba realmente húmedo, los jugos que manaban de él eran abundantes y no solo se podía percibir aquello gracias al sonido, también era porque en los pocos momentos que tuvo para apreciar como ese falo de goma entraba y salía de ambas, pudo notar el lujurioso brillo que lo cubría y que tenía su origen en la intimidad de la joven, la abundancia era tal, que llegaba al punto que dichos flujos se desbordaban y chorreaban por el falo que a su vez y gracias al efecto de la gravedad, solo tenían un destino en su dirección hacia abajo y ese destino no era otro que su sedienta boca.
Ver como esos lascivos jugos escurrían en dirección a su boca era perversamente atractivo, pero sin duda, lo que más turbo sus sentidos fue cuando esos mismos jugos hicieron contacto, primero con sus labios y luego con el interior de su boca, porque sí, a como pudo se aseguró de que ese sucio liquido continuara su viaje al interior de su cavidad oral y en cuanto los probo, dada la situación, ya no se contuvo más o simplemente dejo de fingir que no quería hacerlo y simplemente lo hizo.
Ya enceguecida por su lujuria ella también, decidió aplicar sus manos en una tarea más interesante, por ello las llevo primero a sus pechos que empezó a exprimir sin el menor cuidado solo para gemir de gusto cuando sentía su leche materna escurrir fuera de ella en perversos chorros y luego de aquello, no siendo suficiente, bajo una de sus manos hasta su intimidad donde sin recato alguno, sin remilgues o sin dar vueltas, enterró ansiosa sus dedos en su intimidad para masturbarse con fuerza y necesidad, buscando igualar con sus dedos el ritmo con el que las caderas de Akeno se movían mientras se penetraba ella misma y violaba su boca al mismo tiempo.
Akeno por su parte no se enteraba de nada, en ese momento no era diferente a cualquier pervertido que solo buscaba su propio placer, su mente estaba enfocada solo en ello y el hecho de sentir tan cerca su orgasmo no ayudaba a que se centrara lo suficiente como para siquiera tener consideración de la rubia, su rostro era clara prueba de su estado, sus ojos perdidos en la nada, ensombrecidos por la lujuria, volteados hacia arriba mientras disfrutaba de las sensaciones de tener su coño revuelto, su respiración era pesada y profunda, cualquiera creería que era debido a que el mismo esfuerzo le robaba el aire y por eso le costaba respirar, pero nada más lejos, la realidad es que se estaba ahogando en el pestilente aroma a sexo y a zorra en celo que ahora impregnaba el aire de aquella habitación, ese aroma dulce y seductor resultante de la mezcla de la esencia de ambas mujeres era intoxicante y ella quería percibirlo en todo momento y luego estaba su boca, que se marcaba en forma de una o bastante obscena que denotaba puro placer y que junto a la punta de su lengua de fuera le daba un depravado aspecto a pervertida en celo, cosa no muy alejada de la realidad, aunque esa expresión se intercalaba con una expresión de puro éxtasis donde una torcida sonrisa donde apretaba sus dientes con placer mientras babeaba de puro gusto ante lo que sentía en lo profundo de sus entrañas, todo mientras desesperada buscaba aumentar la velocidad de sus caderas, ansiosa de llegar finalmente al orgasmo en esa y solo en esa posición, después de todo, le daba demasiado morbo el darle a su Onee-chan un primer plano de como su vagina se chorreaba sin consideración alguna justo encima de ella.
La escena como todas las que habían protagonizado en esa velada el par de mujeres no podía ser más explícita y perversa, una joven pelinegra de excelentes proporciones y hermosas facciones, deformada en una perra ninfómana con rostro de pervertida profanando "a la fuerza" la boca de una zorra lujuriosa y madura que se masturbaba con furia sus pechos y vagina al compás de las brutales estocadas de la pelinegra en su boca que irónicamente, si no fuera por lo mucho que estaba chorreando sobre aquel falo de goma, habría dejado el mismo sin lubricación alguna dificultando la garganta profunda que estaba forzando sobre la rubia MILF.
Pero claro, a ese cuadro le faltaba algo, un pequeño detalle que sería la rubia quien terminaría dando y que inevitablemente haría que ambas se corrieran, aunque no por las mismas razones, pero que si sería el detonante definitivo de un nuevo clímax para las dos fogosas mujeres que en ese momento en sus mentes todo lo que quedaba era el deseo de correrse por enésima vez en ese día.
Aunque le costó llevar a cabo su idea, esto debido a que, para hacerlo, debía de soltar una de sus manos de su cuerpo y ciertamente no tenía intención de que dicha mano fuera la que estaba entre sus piernas y, aun así, dejar de, básicamente, ordeñarse sus propios senos le termino resultando una tarea más difícil de lo que esperaba, sin embargo, luego de un último estrujón y liberación de su leche materna, finalmente pudo soltar sus pechos dejando tras de sí, unos enhiestos y desolados pezones.
Ya con su mano libre se dirigió justo al lugar que buscaba y que rápidamente encontró para empezar a acariciar con mimo y cuidado, causando más de un gemido de parte de la pelinegra ante la sensación de magreo que le daba la rubia antes de que la misma alcanzara el objetivo final, el cual ataco sin consideración alguna, quizás un tanto en perversa y morbosa venganza al rudo trato que estaba recibiendo la mujer en su boca por parte de la joven.
¡UGYAAAAAA!
Fue un solo chillido el que salió de los labios de la pelinegra al tiempo que detenía sus movimientos producto de la sorpresa que acababa de recibir de parte de la rubia, sorpresa que pronto se tornó en un placer inenarrable que le hizo mover nuevamente sus caderas con aun más ímpetu mientas su rostro se distorsionaba en el más primitivo de los placeres producto de esta vez, tener perforado su ano con los dedos de su hermosa Onee-chan.
Yasaka estaba más que satisfecha del resultado, es decir, podía sentirla derritiéndose de placer, como de manera increíble pareciera como si su culo quisiera devorar los dedos medio y anular que ahora estaban alojados todo lo profundo que podía dentro de su recto, incluso podía sentir como si su ano se cerrara con fuerza sobre esos dedos en un desesperado intento de no dejarlos escapar, cosa que ciertamente no estaba dentro de sus planes y sonriendo, al menos mentalmente ya que la polla en su boca no le dejaba demostrarlo, decidió volver a disfrutar de su propia vejación oral, mientras con una mano taladraba su coño y con la otra hacía lo mismo en el carnoso culito de la pelinegra.
No iba a mentir, si llego a preocuparse un poco respecto al momento en que decidiera encular con sus dedos a la pelinegra, es decir, bien pudo haberle hecho daño con su intrusión, sin embargo no llego a considerar detenerse debido a esto, después de todo, tenía muy presente el hecho de que tras tantos orgasmos, tantos jugos liberados de parte y parte y que ahora bañaban sus cuerpos, una parte de los mismos debían de haber cubierto su entrada trasera y con suficiente suerte, eso sería suficiente para permitir una entrada lo más indolora posible y claro está que si eso no era suficiente, aun así tenía su dedos previamente "lubricados" por decirlo de algún modo gracias a su leche materna, no era el plan pero se alegraba de que lo estuvieran, resultaba un buen seguro para ella.
Menuda sorpresa se acabó llevando cuando al penetrar el ano de la pelinegra no solo resulto no encontrar resistencia alguna, además la escucho chillar de placer y por si fuera poco, casi podía jurar que sentía las paredes de su ano acomodarse perfectamente para alojar sus dígitos sin problema, algo que no debería de ser posible a no ser...
"Menuda zorra, al parecer alguien ya ha estado siendo entrenada por su puerta trasera... que niña tan precoz resultaste ser Akeno-chan", no había otra explicación, sus pensamientos solo derivaban a eso, esa pervertida pelinegra ya había probado en el pasado el sexo anal con su novio y para la facilidad con la que entro, el cómo sus paredes se movían alojando sus dedos, el placer que se notaba estaba sintiendo, era evidente que lo había probado en más de una ocasión, "jujuju, me gusta... me pregunto si aún te queda algún reducto virgen en ese obsceno cuerpo", la verdad era que eso último no quería averiguarlo, bueno una parte de ella sí, pero de averiguarlo, se encontraría peleando contra ella misma y su deseo de ser quien robara esa primera vez de las manos de su legítimo dueño, aunque por otro lado, quizás podría arreglárselas para estar presente cuando la perdiera.
Pero eso ya era adelantarse a los hechos, todo tenía un orden y en ese momento el orden era disfrutar lo máximo posible de toda aquella situación tan sucia y obscena, disfrutar de su forzada felación, de masturbarse mientras bebía jugos de perra ninfómana, disfrutar del escozor en sus pezones ahora que estaban desatendidos y reclamaban cariño y sobre todo, disfrutar de estar jugando con el culo de la pelinegra que desde ya quería saber los límites del supuesto entrenamiento que ya había recibido esa parte de su cuerpo.
Ante esa idea, conforme pasaban los segundos, Yasaka decidió probar su hipótesis y la única y más placentera manera de hacerlo, no era otra que ir introduciendo poco a poco, lentamente más de sus dedos dentro de lo que ya estaba empezando a considerar, sería un ano insaciable y ciertamente, la evidencia le demostraría no estar del todo equivocada en ese aspecto.
Iría lentamente con su experimento, después de todo, no había prisas y el placer estaba en tomarse las cosas con calma, además no es como si la pelinegra fuera a irse a algún lado como para necesitar apresurarse y quería disfrutar de todas y cada una de las reacciones de esa depravada adolescente mientras perforaba y ensanchaba su ano en busca del límite del mismo.
Primero fue su dedo índice quien acompañaría a los dos dedos ya alojados en el trasero de la pelinegra y como ya se lo esperaba, dicho dedo entro sin problemas, cosa que no era sorpresa si consideraba que por lo que había dicho la chica, Issei la tenía de buen tamaño, por no decir que bastante gorda, así que si ya la había enculado en el pasado y en más de una ocasión, bueno, entonces tres dedos delgados y finos como los suyos no deberían de ser un problema para la pelinegra, cosa que solo le daba vía libre para seguir introduciendo dedos y probando el límite de la resistencia de esa pervertida pechugona.
Por su parte, Akeno se estaba derritiendo de placer, como no hacerlo si dos de sus agujeros estaban siendo perforados por su rubia Onee-chan, su coñito destrozado por el falo que, según ella, la rubia empujaba usando su boca, una percepción bastante distorsionada de la realidad sobre quien empujaba que en quien, pero que no cambiaba el hecho de que tenía su entrada vaginal llena hasta acariciar la entrada a su útero y luego su culito que estaba siendo profanado por los dedos de la rubia la cual empezó con dos y para su placer ya había unido uno más a la fiesta y por como lo percibía, no sería el último, cosa que solo la emocionaba más.
"Solo falta mi boquita", dijo soñadora la pelinegra mientras continuaba martillando sus caderas contra el dildo y a su vez empujándolo en la indefensa cabeza de Yasaka, todo al mismo tiempo que se imaginaba que para completar ese cuadro solo faltaba Issei ofreciéndole su caliente verga para que la chupara hasta correrse manchando de su caliente y espesa lefa todo su rostro, sí, definitivamente tenía que probar eso cuando regresara de su viaje y su novio ya hubiera reclamado a esta MILF rubia bajo ella como su mujer también, aunque no tuvo tiempo de pensar en nada más cuando su culo fue víctima de un nuevo y delicioso asalto.
Yasaka obviamente no se estaba quedando quieta, sí, le daba tiempo a la chica para que se fuera acostumbrando al nuevo intruso, pero en el proceso bombeaba tanto en ese obsceno y carnoso culo como en su ansiosa y estrecha vagina, irónicamente y si era consciente de ese hecho o no, resultaba que estaba bombeando al mismo ritmo y con la misma cantidad de dedos ambos conductos, cosa que estaba dándole mayor estimulo e instándola a buscar más, por lo cual en cuanto sintió que ya había dado suficiente tiempo a la pelinegra para acostumbrarse, procedió a insertar el cuarto dedo de su mano dentro del culito de Akeno, esta vez era el turno de su dedo meñique, cosa que replico sobre su propia intimidad, sacándole un gemido de gusto a las dos.
El recato ciertamente no era lo de ninguna de las dos pues con la llegada de un nuevo dedo a sus juegos, la fuerza con la que se movían, no solo Akeno, también Yasaka, se incrementaba en un acto desesperado de alcanzar nuevas cotas de placer ya fuera con la masturbación en caso de la rubia o con la extraña mezcla de felación penetración que estaba viviendo Akeno.
Y eso no fue el final, después de todo, como ya se estaba temiendo la mujer, esa jovencita tenía un culo insaciable, era obvio que su novio le había dado un muy buen entrenamiento y repaso en esa área, así que para enorme placer de ella, iba a poder jugar con sus cinco dedos metidos entre esas carnosas nalgas, cosa que le estremecía por lo que se le ocurrió después.
- ¡EEEEKKK! - Akeno chillo una vez más, esta vez cuando tras sentir como los cuatro dedos en su culo salían, justo en la entrada de su ano se reacomodaban y al volver a entrar, un nuevo integrante se unía a la fiesta dentro de sus entrañas, uno un tanto más gordito que sus cuatro amigos previos a él pero que venía con las mismas intenciones, una deliciosa fiesta anal.
Yasaka estaba maravillada, era increíble que la pelinegra pudiera contener dentro de su ano sus cinco dedos, claro los recogió para que pudieran entrar, pero aun así era algo increíble, para ser una chica tan joven ciertamente ya tenía muchos kilómetros recorridos con su puerta anal, ciertamente era una chica muy proactiva y curiosa cuando se trataba de sexo según lo que estaba viendo y eso la alentaba a jugar un poco más rudo, metiendo y sacando de su puerta trasera sus dedos sin mayor problema y como no podía ser de otra manera, acompañando a su amante en su placer con sus propios cinco dedos dentro de su intimidad.
Pero claro, eso no iba a acabar ahí, es decir, a estas alturas, sería un completo desperdicio no continuar y realmente probar los límites de la pelinegra, ¿cierto?, es decir, ya pudo resistir tener cinco dedos metidos dentro y llevaba un rato ya con ellos perforando y dilatando sus paredes intestinales, así que lo que seguía no tenía por qué ser un problema o algo que la joven no fuera capaz de manejar, ¿verdad?
- ¡Ugghhh!... ¡Haaaaa! – Akeno simplemente pudo gemir esta vez de esfuerzo, justo antes de lanzar un jadeo de pura satisfacción y alivio cuando Yasaka dejo de moverse tras su última jugarreta dentro de su culo, una jugarreta que ciertamente la estaba enloqueciendo, así como lo hizo durante cada jodido segundo que duro dicha acción sobre ella.
En cuanto a que era lo que había ocurrido, bueno, solo bastaba decir que a ojos de Yasaka, no había problema si seguía empujando un poco más dentro de la pelinegra, había logrado soportar sus cinco dedos y tras un poco de jugueteo en la zona, podía sentirla más dilatada y en capacidad de soportar un poco más de abuso, así que, ¿Por qué no?
Y con eso en mente, lenta, pero con constancia, fue empujando su mano dentro del culo de la chica que solo gemía ahogada conforme sentía esta nueva intrusión que dicho sea de paso no se detuvo hasta que su mano había sido tragada hasta la base por aquel rosado ano, en otras palabras, literalmente ese sucio culo de la pelinegra se había tragado su puño entero con sorpresivamente más facilidad de la que se esperaba, sin parar hasta devorarla por completo y solo entonces se permitió respirar, de ahí el jadeo lanzado al final por Akeno.
Claro que en esta nueva y depravada aventura no estaba sola, después de todo, Yasaka replicaba todos los juegos dentro del culo de la pelinegra sobre su propio coño, así que de manera similar, simétrica y acompasada como metía sus dedos en el ano de Akeno, sin parar en ningún momento hasta que ese carnoso culito se tragara su mano entera hasta la base, su otra mano lentamente se fue insertando hasta estar totalmente dentro de su propio coño, con lo cual ahora ambas gozaban de un maravilloso y placentero fisting que las estaba ahogando en el éxtasis sexual.
Ciertamente era una experiencia única y maravillosa, pero lo que realmente la maravillaba de todo esto era la capacidad de ese culito respingón frente a ella de incluso lograr no solo resistir la intrusión, sino devorar completamente su mano, de sí misma no le sorprendía, no sería su primer fisting, ni hecha por ella misma ni por otra persona, pero de una chica tan joven como Akeno, la verdad era de admirar y estaba segura de que si pudiera ver lo que ocurría en esa zona, no sería capaz de despegar su vista de esa imagen.
"Pero que culito más tragón", fue lo que se le ocurrió en ese momento a la rubia aun sorprendida de lo que acababa de ocurrir, aun así, le causaba diversión ver que esa pelinegra escondía aun una o dos sorpresas, ciertamente la joven y su novio no habían perdido tiempo una vez llegaron a la cama y según parecía, ese castaño de rostro inocente y lindo tenía un lado oscuro, lado que al parecer se había encargado de entrenar muy bien el obsceno cuerpo de la pelinegra.
Si no fuera porque su boca estaba muy ocupada en ese momento, bien podría haberse lamido los labios con deseo ante las oportunidades que presentaba tal revelación, pero por el momento, solo debía concentrarse en disfrutar y considerando que ya había pasado un tiempo más que prudencial para dejar que su sucia amante se acostumbrara a su mano metida en su culo, no veía problema en empezar a bombera tanto en ese gordo trasero como en su encharcada almeja.
¡EEEEKKK! ¡UGHFUUU!
Lo siguiente que se escucho fue un nuevo chillido de Akeno al sentir esta vez sí como literalmente le estaban revolviendo las entrañas antes de soltar un jadeo de satisfacción y placer total, antes de ella también reanudar la marcha de sus caderas para seguir profanando la boca de la rubia, la cual dicho sea de paso no estaba en mejores condiciones que la pelinegra, después de todo ella también tenía una de sus manos enterradas en su intimidad retorciendo sus paredes internas, estaría chillando como zorra en celo del puro placer, pero esa no era una opción evidentemente, es decir, su boca estaba bastante ocupada en ese momento divirtiéndose a su modo.
Se quedaron de esa manera un rato más, con Akeno encontrando el ritmo perfecto para sincronizar su movimiento de caderas de tal manera que, al levantarse, de su coño el dildo retrocediera tomando impulso y del mismo modo ocurriera con el fisting de su Onee-chan y al dejar caer sus caderas, con bastante fuerza, dicho sea de paso, se enterrara hasta lo profundo tanto el dildo en su chocho como la mano de Yasaka en su recto, cosa que a su vez empujaba el otro extremo de aquel consolador en el interior de la boca de Yaska profundizando su incursión al interior de la garganta de la mujer, la cual ante el abuso solo respondía revolviendo aún más su coño con su mano metida en él.
Cada vez eran más brutales en su trato la una contra la otra, pero eso lejos de molestarles, asustarlas o incomodarlas, solo hacía que arreciaran con mayor fuerza en sus movimientos sobre la otra, un simple y perverso ciclo sin fin de depravación donde el fin último era simplemente sentirse bien con cada fibra de su ser y por los sucios chapoteos que se escuchaban, el potente hedor a sexo y los fuertes y desgarradores chillidos y jadeos de placer que resonaban en esa habitación, el objetivo se estaba cumpliendo.
Era increíble el ritmo de sus acometidas, tanto las de Yasaka como las de Akeno, donde esta última no tenía la más mínima consideración ni con la garganta de la rubia, ni con su propio coño, martillando ambos agujeros con todas sus fuerzas, empujando el falo de goma todo lo adentro que podía y en el caso de su vagina, llegando hasta amenazar su útero, pero eso era lo más lejos que le dejaba llegar, solo a una amenaza, dentro de su retorcido proceso de pensamiento actual, más allá de esa pared era imposible pasar, en su mente, el único que tenía permiso de atravesar la barrera y profanar su útero con su polla era Issei y solo su Issei, un morboso acto de fidelidad se podría decir, al menos si se lo veía desde un punto de vista donde el termino fidelidad había sido retorcido a conveniencia para encajar con la actual situación, pero a ojos de la pelinegra, su útero era como una zona VIP solo reservada para su novio, después de todo, a futuro sería el cuarto del bebe que tendrían juntos y nadie más que Issei podía "decorarlo" según se le viniera en gana.
Por lo demás, ambas se estaban profanando sin recato ni reparo y aunque lo más seguro es que cuando todo esto acabara, les doliera hasta zonas que ni sabían que tenían, en ese momento en particular no podría importarle menos a ninguna de las dos, especialmente estando a las puertas de un nuevo y poderoso orgasmo que prometía y amenazaba con dejarles hecho el cerebro puré de lo duro que se iban a correr.
En ese momento, en que finalmente sintieron como las puertas del nirvana se les presentaba frente a ellas, simplemente se olvidaron de todo lo demás y movieron caderas, manos, lo que fuera con tal de alcanzar su ansiada liberación y con ello, el acto se volvió más violento e intenso, todo en aras del placer que se les prometía una vez llegaran al final del camino.
Yasaka en ese momento maldijo no tener más manos para usar, con su mano derecha perforando su coño sin piedad y con la izquierda amenazando perpetrar un prolapso anal sobre la pelinegra producto del intenso fisting que le practicaba, se había quedado sin que usar para magrearse sus propias tetas, ordeñarlas hasta mas no poder, también no podía retorcerse su clítoris como tanto se moría por hacer y ese pequeño botoncito le pedía que hiciera, por no mencionar que movida por una mezcla de celos, lujuria y necesidad, le habría encantado tener una mano más para perforarse el culo como lo hacía con la chica.
Y hablando de ella, movía sus caderas como una demente, su rostro era digna del más grande de los pervertidos o viejos verdes, era el rostro de una degenerada que no buscaba más que su propio éxtasis sin importarle nada más y por ello estaba violando y nunca mejor dicho, la garganta de la rubia que por toda respuesta solo gorjeaba desesperada por un poco de aire que la chica no le daba, por el contrario, conforme sintió sus músculos internos cerrarse alrededor de la morada circunferencia solo profundizo y mantuvo más tiempo a la mujer pegada contra su pelvis.
Quería más, se sentía demasiado bien, poder estar con su Onee-chan era demasiado placentero, quería hacerlo más, quería probarla más y que ella la probara también, estaba enloquecida por el placer, el morbo y el amor, porque sí, pese a que esto solo era un par de degeneradas metiéndose mano una y otra vez, buscando fundirse los sesos a punta de orgasmos, aun así ella amaba a su Onee-chan con todo su corazón como siempre lo había hecho incluso antes de desarrollar esta insana lujuria hacia ella y podía poner las manos al fuego a que la rubia se sentía de igual manera con ella.
Por eso es que sentía que, pese a todo ese placer, a lo profundo de la conexión que ahora podían compartir, simplemente no era suficiente, quería todo de la rubia, porque sin esperarlo la complementaba, no, quizás era verse a sí misma en esa MILF, especialmente en la depravación, era una versión madura de sí misma y eso le encantaba, se entendían incluso sin verse, porque aunque nunca lo dijo y no estaba segura en su momento si decirlo o no, una parte de ella quería que su Onee-chan rascara la comezón sexual que sentía desde hace un rato entre sus nalgas y su amorosa rubia, como si leyera su pensamiento había no solo atendido su pedido, lo había llevado a un rictus de placer como ningún otro al practicarle un fisting mientras ella perforaba su garganta y no solo eso, la acompañaba en tamaña locura practicándose uno a si misma también.
Quería sentirse más cercana a ella y por ello termino enterrando el didlo en la garganta de la mujer hasta el fondo, le realizo una garganta profunda que llevo el rostro de Yasaka justo frente a su propia rosada e inundada intimidad, le dio un perfecto primer plano de su lujuria y no solo eso, en su perversión, mientras la retenía en aquella posición desde sus cabellos, empezó a hacer lo que solo podía describirse como restregarle el coño por la cara a la rubia, bañando cada centímetro al que podía acceder dada su posición, de ese hermoso y terso rostro con su esencia femenina, algo que la enloqueció a ella al marcar a su Onee-chan como suya y a la rubia por sentir esa pegajosa sensación humectando su perfecto cutis mientras la impregnaba en el lascivo aroma de una adolescente salida.
Estaban fuera de control y con este último acto, todo recato que aun quedara en ellas desapareció por completo, el resultado, sus movimientos aceleraron a todo lo que daban, a este punto ya no era otra cosa que una violación de parte y parte mientras su orgasmo estaba a las puertas de ocurrir y eso era todo lo que les importaba en esta instancia.
Para la pelinegra pese a todo ese descontrol seguía sin ser suficiente, quería más de la rubia, quería sentirse más unida a ella, era inevitable, no se había sentido así con otra mujer, ni siquiera con Rias y con esta última ya había compartido muchos momentos en el pasado, pero con la rubia era diferente, se sentía demasiado identificada, ella era de sus más grandes fantasías, su cuerpo la estaba enloqueciendo, en otras palabras, Yasaka era su mujer ideal.
Por eso continúo penetrándola, siguió desgarrando su garganta con su enorme polla, dejo que jugara con su hambriento culo a placer, lo que fuera con tal de sentir un mayor grado de unión con esa mujer mientras en su mente además del deseo de más que le dirigía a la rubia, una idea particular se instalaba y que con cada segundo que pasaba solo le gustaba más.
Entonces finalmente llegó el momento, ya no podían ni querían prolongarlo más, tampoco es como si sus cuerpos fueran capaces de soportarlo por más tiempo, por eso cuando cruzaron el umbral y cada musculo en sus cuerpos se contrajo en deliciosos espasmos, especialmente en las zonas que estaban siendo abusadas, simplemente se dejaron ir y que aquel orgasmo que estaba por explotar, lavara y arrasara con toda la lujuria que tenían en el cuerpo.
- ¡KYYAAAAAA!/¡HMMMGGUHHH! - cuando finalmente alcanzaron el punto de no retorno solo pudieron chillar de placer, bueno, al menos la pelinegra que sin reparo alguno solo dejo salir su voz en forma de gritos y alaridos de puro y primitivo placer, mientras en el caso de la rubia, bueno, incluso ahora seguía con la boca obstruida así que aun si deseaba y vaya que deseaba gritar, lo mejor que podía hacer era soltar gemidos guturales y ahogados que hacían cimbrar la polla alojada en su garganta y transmitían esas vibraciones a la vagina de la adolescente para mayor placer suyo.
- ¡Oneeee-chaaaan, me corrrrooooooooo! – fue el último comentario de la pelinegra antes de, ahora sí, dejarse ir con todo sobre la rubia bajo ella, explotando en un brutal orgasmo del que ciertamente, Yasaka iba a tener el mejor asiento para ver tal espectáculo, - ¡Yasaka Onee-chan, bébelo todoooooo! – y con eso dicho, simplemente dejo que la naturaleza siguiera su curso, perdiendo fuerza en sus músculos, especialmente en los de su esfínter.
Lo siguiente que ocurrió es que Akeno empezó a orinarse de puro placer en una lluvia orgásmica que rociaba sin control y justo sobre el rostro de una maravillada MILF que no podía hacer más que maravillarse ante la capacidad squirter de su joven amante, que al parecer no tenía ningún recato ni consideración en ese momento pues literalmente estaba bañando su rostro con sus jugos y como si eso no fuera suficiente, no dejaba de mover sus caderas para empalarse el chocho mientras se corría, cosa que solo prolongaba su orgasmo y dicho sea de paso, la hacía orinarse aún más.
Obviamente Yasaka no se quedó atrás y víctima de su propio orgasmo, la lascivia de todo el acto y la lluvia que asolaba su rostro, pronto termino acompañando a su pelinegra amante con su propio squirt, claro que a su propio modo, es decir no era solo su vaina la que ahora estaba chorreando y regando las sabanas con su orina orgásmica, también sus pechos cuyos pezones estaban enhiestos empezaron a chorrear leche en todas direcciones sin control y sin deseo alguno de la rubia de detener el placer que sentía en sus pechos, todo mientras mantenía su mano metida en un delicioso fisting sobre su coño y al igual que Akeno, no dejaba de masturbarse prolongando el efecto de su clímax.
Ambas sentían sus cuerpos deshacerse producto del clímax, uno tan poderoso, tan intenso, tan... único, y aunque ambas lo sentían en gran intensidad, al compararlos, el de Yasaka palidecía ante el de Akeno, pero era normal si considerábamos la situación y el motivo de dichos orgasmos, sí, Yasaka estaba siendo violada en su garganta con fuerza mientras tenía clavado su propio puño en su coño y al mismo tiempo la pelinegra le regaba la cara con sus pegajosos jugos, pero Akeno, Akeno bien podría no ser capaz de sentir ni las piernas ni el trasero para cuando aquello acabara, después de todo ella se estaba encargando de molerse el coño con el dildo alojado en el mismo con violencia mientras perforaba la garganta de la rubia y al mismo tiempo tenía metida la otra mano de Yasaka enterrada en sus entrañas siendo dicha mano sujetada golosamente desde la muñeca por su ano, al final el movimiento combinado de aquel dildo en su coño y la mano en su culo estaba destrozándola en mayor medida respecto a la rubia.
Y por si fuera poco, ninguna de las dos se había dejado de mover, como podían hacerlo cuando moverse se sentía tan bien, cada movimiento enviaba una corriente eléctrica que enervaba sus sentidos y los inundaba con una sensación de júbilo y gozo demasiado grande como para dejar de sentirla, eso las llevaba a moverse desesperadas, revolviendo sus agujeros sin parar, lo que a su vez se traducía en que sus propios orgasmos solo se prolongaran más de lo esperado, aunque ninguna de las dos se veía particularmente molesta por ese hecho.
Continuarían así hasta que prácticamente se quedaron sin fuerzas para seguir y sin jugos para expulsar, solo entonces se detuvieron quedándose en la posición en la que estaban por lo que pareció una eternidad, solo estuvieron ahí en total silencio disfrutando de los últimos choques a su sistema post orgasmo antes de finalmente regresar a la realidad y una vez más desplomarse en la cama, bueno, al menos en el caso de la pelinegra que era la única que aun en ese momento estaba erguida, pues en el caso de la madura mujer, esta estaba al borde del mundo de la inconsciencia tras ese último orgasmo e incluso ya había retirado la mano de su coño dejando una peculiar vista del mismo totalmente ensanchado y dejando ver todo su rosado interior que palpitaba como loco.
Akeno solo se dejó caer, pero no fue hacia el frente, no, en realidad se fue de espaldas en dirección opuesta a la rubia, dejando que su cuerpo simplemente cayera sin preocupaciones hasta ser amortiguado por el suave cochón que la esperaba, curiosamente en su viaje hacia atrás, la mano de Yasaka que aún permanecía en su culo, por un momento pareció hundirse un poco más en su cavidad anal, antes de finalmente abandonar las entrañas de la pelinegra, quizás de una manera más violenta de la necesaria.
POP
Fue todo lo que se escuchó en el momento en que aquella mano abandonara la carnosa región trasera de la hermosa joven pelinegra, un sonido como si de un tapón liberado se tratara, un sonido tan lascivo como fuerte que no solo tuvo repercusiones acústicas, el movimiento, tan imprevisto como imprudente y violento llevo a la ahora tirada sobre la cama y sobre la rubia muchacha, porque sí, su posición relativa respecto a la mujer no cambiaba, el rostro de esa hermosa y deshecha MILF aún estaba entre las piernas de Akeno, como fuera, al ser, a falta de mejor palabra, descorchada analmente, esto causo un estremecimiento en la pelinegra que dado su actual estado de alta sensibilidad, causo que un pequeño mini orgasmo la sacudiera y con ello los pocos flujos que aun podían quedar en su interior se derramaran una vez más bañando de nuevo el rostro de Yasaka, mientras que Akeno solo se quedaba ahí, tendida en su posición, desmadejada pero eso sí, completamente feliz.
Se le veía en el rostro, era una pervertida feliz y lo de pervertida era debido a esa expresión de estúpida satisfacción y gozo luego de haber acabado con tanta fuerza, la sonrisa torcida, la saliva fluyendo de esos labios abiertos, unas fosas nasales abiertas de par en par tratando de recuperar aire, las mejillas ya no de tono rosa sino un intenso tono carmín, los ojos vueltos hacia atrás mientras lagrimas caían de sus hermosos ojos violeta, todo al tiempo que su cuerpo no dejaba de sufrir espasmos por correrse tanto y nunca mejor dicho, a manos de su adorada Onee-chan, pero lo peor de todo, es que pese a todos esos orgasmos, pese a todo ese placer, pese a lo débil y satisfecha que se sentía, aun quería más.
Por desgracia así era, sentía que si paraban ahora estaría feliz pues ciertamente había disfrutado de cada segundo de aquello, pero no estaría satisfecha, no, la verdad es que había algo más que quería de la rubia y aunque en un principio no estaba segura de lo que era, ahora era plenamente consciente de que era lo que quería y la respuesta era simple, la quería a ella, quería a su Onee-chan en todas las implicaciones que tenía esa afirmación y más importante, quería seguir haciéndolo con su Onee-chan, en ese momento, mañana, la siguiente semana, el resto de su vida, en fin, la quería a su lado.
Fue entonces que, a su campo de visión, el cual estaba un tanto borroso pero que aun así le permitía identificar sus alrededores, entro un objeto en particular que cuando lo vio, en un principio no causo mayor revuelo, sin embargo, no podía apartar su vista de él y tras unos segundos viéndolo, a su mente llego la respuesta al porque a modo de recuerdo de lo que había en el mismo.
Era su bolso, ese que había traído desde casa y que había perdido toda relevancia desde hacía un muy bien rato, perdiéndose entre las prendas que ambas desesperadas se terminaron quitando, por no decir que casi arrancando una a la otra cuando decidieron mudar su diversión al cuarto de la rubia, ahora y solo ahora, regresaba para recordarle su importancia a la pelinegra.
Y no era el bolso en si lo que era tan importante, más bien era su contenido, algo que trajo con miras a que esto pudiera ocurrir, algo para continuar su diversión y porque no, darle un pequeño adelanto de lo que iba a probar más adelante a la rubia, aunque con todo lo que ocurrió hasta ahora, casi que lo había olvidado, pero ahora, al parecer regresaba a su vista y su mente para recordarle su existencia y que quizás era el momento adecuado para usarlo.
El problema era que sus piernas, sus brazos, todo su cuerpo no le respondía como quería, bien podía dejar las cosas de ese tamaño, había disfrutado de todo hasta ahora, pero no quería dejarlo así, sentía que eso era lo que le faltaba, lo que necesitaba para poder quedar ahora sí, completamente satisfecha, por eso fue que usando cada gramo de fuerza que pudiera reunir y que aún le quedara en el cuerpo, procedió a retirar el dildo de su coño, cosa que le saco uno que otro gemido y luego dirigirse hasta su bolso en busca de su ansiado objeto para el gran final de esa velada, el postre de esa cena depravada que habían tenido juntas y nada le iba a evitar lograr su cometido.
Fue gracioso verla en su recorrido que, aunque corto no estuvo exento de uno que otro accidente, de entrada, fue toda una odisea para Akeno levantarse de la cama, en primera porque fuerzas no le sobraban y en un ámbito más morboso, no quería perder ni la comodidad ni la calidez que el cuerpo suavecito y esponjoso de Yasaka le brindaba, pero cuando finalmente lo logro y pudo ponerse en pie, llegar a su bolso fue tono un viaje, si no era porque sus piernas flaqueaban y le costaba Dios y ayuda no caer de culo contra el piso, estaba el detalle que todos esos orgasmos habían convertido el piso de la habitación en una mala rutina de payasos donde si no pisaba bien terminaba pisando sobre un charco de sus flujos y resbalando para entonces sí, caer de culo contra el piso haciéndole soltar más de un improperio en el proceso.
La única testigo de tal acontecimiento fue una casi desvanecida Yasaka que pese al cansancio y agitación que sentía, no pudo evitar ni dudo en dirigir su vista a la pelinegra una vez que la sintió levantarse, movida por la curiosidad de a donde se dirigía la chica fue la única espectadora de la divertida rutina de caídas y tropezones de la joven en su camino a quien sabe dónde, fue hasta tierno verla trastabillar y verla ofuscarse porque sus propias piernas estaban en su contra y estuvo muy tentada de decirle que regresara a la cama para que su Onee-chan la abrazara contra su prominente pecho lechero y llenarla de muchos mimos, sin embargo se abstuvo al ver la determinación de la joven por llegar a lo que fuera que quería llegar, cosa que logro tras un buen rato de problemas y entonces se inclinó, dándole en el proceso una buena vista de su carnoso culo el cual aún no se cerraba por completo tras su intrusión anal dándole un buen vistazo de sus dilatadas entrañas.
Mientras tanto Akeno, ajena a la diversión que acababa de darle a su Onee-chan, diversión distinta a toda la que ya habían tenido hasta ahora, se alegró y auto felicito cuando llego a su bolso y se inclinó con sus piernas extendidas para revisar el contenido del mismo, en busca de aquello que había traído y que era la razón de que se molestara en atravesar tantos problemas.
Desde el punto de vista de Yasaka, Akeno de repente empezó a moverse de manera extraña, moviendo sus piernas una después de otra mientras se enderezaba y parecía ajustar algo en determinadas partes de su cintura, cosa que solo aumentaba su curiosidad por lo que podría estar tramando la chica y por alguna razón se estremeció ante las posibilidades que eso representaba.
Del lado de Akeno, como ya era obvio, encontró aquello que había estado buscando y sin perder el tiempo decidió prepararse para usarlo, por ello empezó a colocarse los aditamentos necesarios, correas, cinturón y demás cosas hasta estar erguida y finalmente coloca la pieza central en su lugar de honor, todo mientras continuaba dándole la espalda a la rubia que ahora estaba un poco más repuesta sobre la cama mirándola curiosa sin que esta se diera cuenta.
- Ne, Onee-chan, dime una cosa... aún tienes energía para seguir, ¿verdad? – cuando estuvo lista llamo la atención de la rubia con esa simple pregunta mientras aun le daba la espalda, solo girando su rostro para que viera en el mismo la sonrisa lasciva que adornaba sus facciones y sus ojos de nueva cuenta cargados de lujuria.
No tuvo tiempo de responder pues el estremecimiento ante la dulce y seductora voz de Akeno la desconcertó y lo siguiente que vio fue a su pequeña hermanita girarse quizás más lentamente de lo necesario revelando que era lo que tenía escondido entre sus piernas, cosa que cuando la vio sintió su coño removerse de expectación mientras la boca se le hacía agua y sus pezones se endurecían de nuevo ante la vista.
"Pero que...", fue todo un espectáculo cuando la pelinegra se giró y su mente por un momento se quedó un tanto en shock para formular una oración completa, aunque como culparla si ante ella estaba su hermosa hermanita, con sus enormes globos de carne erótica al aire mientras en sus caderas, adornadas por correas de cuero negro bastante bien cuidado cabe resaltar, se veía un arnés el cual en su centro contaba con una poderosa herramienta, larga, gruesa y venosa de color verde la cual dicho sea de paso vio como la chica se escupía en la mano antes de bajar la misma hasta esa cosa y empezar a menear su mano arriba y abajo usando su saliva como lubricante para masturbar esa cosota.
Se quedó viendo a la pelinegra en su acto, era extraño, considerando todo lo que ya habían hecho, porque debería de sentirse así solo por estar viendo ese nuevo falo, es decir, acababa de tener toda una fiesta con uno hace cosa de nada, no debería de sorprenderle, pero por alguna razón, no podía apartar la vista de ese objeto y mucho menos cuando Akeno lo meneaba como masturbándose solo para seducirla y hacerla desearlo.
- Onee-chan, ¿te gusta?, es tan grande, tan gorda... cada que la veo me recuerda a la suya – la escucho y al hacerlo un estremecimiento nuevo le recorrió la espalda una vez que proceso sus palabras, algo que ciertamente la dejo sorprendida por la connotación de las mismas y al ver nuevamente esa cosa, trago duro y pesado ante la posibilidad de lo que las palabras de la pelinegra podían significar.
"Acaso esa es la de...", no pudo evitar la pregunta, aunque no la pudo completar, aun no podía creer las palabras de la chica si es que significaban lo que significaban, una parte de ella se negaba a creerlo, no porque él no la pudiera tener así de grande, más bien era lo hecho por la chica para hacerse con ese, llamémoslo duplicado, pero al ver nuevamente a la pelinegra, en su rostro noto un sonrojo soñador, unos ojos que miraban lo que estaba entre sus piernas casi que con devoción, como si aquello representara el mayor de los tesoros, así que tal vez la chica no mentía con sus palabras, lo cual le generaba otra duda, "¿Cómo le hizo para sacar un molde de la suya?", sentía que la cabeza le daba vueltas.
- Claro que la suya no es del mismo tamaño que esta - la pelinegra dijo una vez más, como si aquello fuera un comentario casual sin importancia, aunque la rubia no llego a registrarlo, no cuando sus ojos no eran capaces de despegarse de esa enormidad entre las piernas de la muchacha, - fufufu, en realidad... es más grande - fue lo último que dijo, con una mano contra sus labios mientras su rostro se contorsionaba de deseo imaginando la real y lo bien que se sentía.
El ultimo comentario de la chica le termino de volar la cabeza, ¿había oído bien?, la simple idea, el solo imaginarse eso le causo un violento estremecimiento que erizo su piel por completo, su lasciva hermanita acababa de decir que la suya era aún más grande que eso que le mostraba en ese momento, estaba siendo tan mala con ella, ahora deseaba más que nunca poder probarla, poder sentirla, poder ahogarse de placer con esa cosota que ya se imaginaba haciéndola chillar de placer, si esa era la intención de Akeno, hacerla desesperarse de deseo y hacerla ansiar ese momento, lo acababa de lograr, ya no sería capaz de sacarse esa idea de la cabeza hasta satisfacer su curiosidad y libido.
- Fufufu, Ara Ara, dime Onee-chan, ¿no te gustaría probarla? ¿no quieres un pequeño aperitivo antes de probar la cosa real? - tan ensimismada estaba en su mundo de fantasías donde cierto castaño le hinchaba el vientre primero con leche y luego con otra cosa, que el comentario la tomó por sorpresa una vez más haciéndole dar un violento respingo en cuanto reacciono y vio a su sonriente y perversa hermanita.
Ya conocía la respuesta a esa pregunta, lo vio cada segundo desde que le revelara la verdad sobre su novio de esa manera, según ella, tan sutil, la vio como sus ojos se perdían en sus fantasías y como se oscurecían tintados por el perverso deseo de ser amaestrada por medio de una varonil y fuerte polla, lo supo todo el tiempo y por eso la tentó ofreciéndole follarla con esa replica casi exacta de esa polla, sabiendo que al dejarle la decisión a la rubia la obligaría a abrir las piernas y extender sus labios vaginales para rogar por un poco de eso y lo que más rabia le daba, era que pese a que era tan evidente lo que su hermanita le hacía, pese a ver la burla en su rostro, pese a permitirle disfrutar de su ansiedad y su lujuria, en ningún momento considero ni como una simple posibilidad, la idea de negarse a tal propuesta, menos si la chica para asegurarse de convencerla se pajeaba a lo largo de toda su esmeralda longitud con movimientos suaves pero precisos que demostraban un control de la presión que sus dedos ejercían, cosa que solo hacía ver esa polla aún más gorda de lo que ya era, algo malo para su coño que se desesperaba más y más conforme enraba de nuevo en calor.
Como todo resultado y ante la complacida y maravillada vista de una pelinegra que ahora se masturbaba como una posesa, enloquecida y deseando que aquella polla fuera real y fuera suya para poder sentir el interior de la rubia, la mujer lentamente fue abriendo sus piernas al tiempo que las recogía hacía arriba y pasaba sus manos bajo sus carnosos rozando su portentoso trasero antes de alcanzar sus labios vaginales y con cuidado, extenderlo ante la vidriosa vista de la chica que no perdía detalle de esta "sumisión" de parte de su Onee-chan hacia ella.
- Por favor, Akeno-chan... destroza la vagina de Onee-chan... con tu gran, gorda, larga y deliciosa polla – por supuesto que rogo, eso era lo que quería su pequeña hermanita, que le rogara que la follara, eso la excitaría y porque no admitirlo, jugar a la chica ansiosa y urgida con su pelinegra la excitaba a ella también, - por favoooor... no tortures más a Onee-chan, no la hagas esperar – para como le puso un rostro afligido y ansioso, digno de un ruego desesperado que sabía que solo emocionaría más a la pelinegra, de hecho movió sus caderas de manera lastimera y necesitada solo para darle un toque más de picante a la escena, solo como un seguro para "convencer" a la joven de que la tomara e hiciera chillar de placer.
La respuesta no se hizo esperar, Akeno estaba maravillada y enloquecida, era un espectáculo que se grababa a fuego en su mente, ver a su hermosa y madura Onee-chan, con las piernas recogidas hacia arriba, aplastando sus enormes tetas lechosas, al tiempo que las mantenía abiertas de par en par y con sus brazos las aseguraba en esa posición y con sus manos abría su rosada y húmeda intimidad todo lo que daba, ofreciéndosela mientras le rogaba que la penetrara, su lado más sádico en ese momento estaba chillando de la emoción, cosa que se transmitía en su cuerpo.
La saliva le corría por la barbilla a causa del hambre que le generaba ver a la rubia en una posición tan sumisa con ese cuerpo perfecto, brillante por el sudor y otros fluidos que solo le aportaban un mayor toque exótico, los pechos le dolían, los sentía tan sensibles que el simple hecho de dejarlos colgar por efecto de la gravedad era un fuerte estímulo para ella, por no mencionar sus pezones que estaban duros y erguidos al punto que incluso el aire que les golpeaba enviaba corrientes eléctricas por su espina desde aquel par de duros botones, botones que inevitablemente empezó a pellizcar, retorcer y estirar a la par que se magreaba a si misma las tetas.
En cuanto a su entrepierna, había dos hechos fundamentales que había que resaltar, el primero era su coño que a esta altura era una vez más un desastre húmedo que sin reparo ni vergüenza liberaba sobre las sabanas una cascada de jugos producto de su actual estado de excitación, sería una cuestión de tiempo antes de que necesitara atender su gruta para evitar enloquecer.
En cuanto al otro detalle digo de mencionar, ocurría en la intensa danza que ocurría entre su mano y el falo de goma unido a su entrepierna gracias a un arnés, después de todo, a esta altura, tras ver a su amada Onee-chan rogar por su falso miembro para que destrozara su coño, el frenesí en el que entro había llevado a la pelinegra a masturbar aquel consolador verde con tal intensidad y rapidez que de haber sido una polla real la que tenía entre sus piernas en ese momento la pelinegra, bien ya se habría corrido un par de veces y aun así no se detendría hasta hacerlo un par de veces más o bien podría haberse roto el pene para estos momentos, lo que ocurriera primero.
Como fuera, a ese punto nada le impediría cumplir su deseo y también el de la rubia, que eran de hecho uno y el mismo, así que, con eso claro en su mente, se fue acercando hacía la ansiosa rubia que desde el primer momento que la vio acercarse empezó a temblar, no de miedo sino de excitación y anticipación por lo que se venía.
Para colmo de males, conforme avanzaba, Akeno en ningún momento dejo de pajear ese falo de goma, ansiosa de enterrarse en lo profundo de su Onee-chan con él, lo más irónico de todo, es que en determinado punto se detuvo un momento solo para volver a aplicar lubricación al largo pene, solo que esta vez ya no solo era su saliva, esta vez la combino con los jugos de su coño que recogió previamente y que al llevar a su boca no pudo evitar saborear, antes de unirlo a su saliva y cual loción, aplicar la sucia mezcla a lo largo de la herramienta por protección, después de todo, no estaba dentro de sus planes que la fricción contra su polla le quemara la mano, es decir, la seguridad es primero.
Fue un lento y tortuoso acercamiento, para ambas partes de hecho, pero finalmente luego de lo que se les hizo una eternidad, Akeno llego con su Onee-chan que la esperaba ansiosa y con las piernas completamente abiertas solo para ella y no hubo necesidad de decir nada, Yasaka le comunico todo lo que necesitaba por medio de sus dorados ojos, algo a lo que Akeno solo asintió con una enamorada sonrisa, antes de agacharse con ella, intercambiar un beso donde sus lenguas se reencontraban tras un buen rato, para luego la pelinegra separar sus labios de los de la mujer y volver a erguirse en su puesto, lista para llevar a cabo su cometido final, penetrar y profanar a su MILF Onee-chan.
No la penetro de inmediato claro está, se deleitó un momento fastidiando el ansioso coño de la rubia, primero repasando su contorno con la punta verde de su pene de goma, haciendo circunferencias alrededor de sus hinchados labios color rosa, fingiendo que la iba a penetrar para solo empujar hasta que la primera parte de la punta se metiera en ese coñito húmedo y luego retirar el miembro sacando gemidos de frustración de parte de Yasaka, luego decidió que tenía una lasciva mezcla de hambre y sed que la llevo a agacharse entre las piernas de la mujer y besar la zona, devorarla con avidez y beber los jugos que de esa gruta del amor se desbordaban con total deleite y solo cuando estuvo satisfecha volver a erguirse, para continuar molestando la entrada de la rubia que se desesperaba cada vez más y más por el abuso de su pelinegra.
- Mooooo, Akeno-chan no seas mala - tal fue la desesperación a la que la llevo que Yasaka termino protestando con un lindo puchero el que su linda y pervertida hermanita no se la estuviera follando ya pese a que se le estaba ofreciendo en bandeja de plata, cosa que divirtió a la más joven de las dos, - Onee-chan ya no puede resistir, por favor hazlo ¡y-EEEEEP! –no termino su oración por una simple razón, se acababa de correr.
Akeno no lo había soportado más, verla tan indefensa y a su merced le producía una sensación tan intoxicante y adictiva que no podía controlar, con cada segundo que pasaba molestándola se sentía más pletórica, es decir, estaba sometiendo a una mujer madura a su completo capricho y cuando la escucho rogar porque se la metiera de una vez, ya no pudo controlarse más, por lo cual, cumplió su deseo y sin miramientos, antes de dejarla terminar su reproche, sin contemplación alguna, solo empujo con fuerza sus caderas enterrando su falo ahora alineado con su entrada hasta el fondo de la chillona mujer a la que vio retorcerse y temblar bajo ella ni bien termino de ensartarla.
Se corrió, eso era un hecho, en cuanto la sintió dentro de ella completamente, no pudo evitar que el orgasmo la atacara y ganara dicha pelea, no lo iba a negar ni se iba a avergonzar de lo fácil que se corrió esta vez y ojalá pudiera decir que el hecho de que se corriera tan fácil fuera por lo sensible que estaba, que vaya que lo estaba, por la estimulación que le causo el coqueteo de Akeno sobre su entrada vaginal, que ciertamente había dejado aún más hinchados de necesidad sus ya de por si regordetes labios vaginales, que era el producto de estarse corriendo tantas veces a lo largo de quien sabe cuánto tiempo, que a juzgar por la poca luz que entraba por la ventana le confirmaba que en efecto la noche había caído hace un buen rato ya, quería convencerse de que podía ser alguna de esas posibilidades si no es que una mezcla de todas las anteriores las causantes de ese orgasmo, pero la realidad era muy diferente de sus expectativas.
Todas las razones previas, algo tenían que ver, pero en el estricto orden de las cosas, representaban el menor porcentaje de la causa de su último orgasmo, si fuera necesario expresar la participación de estos factores en s actual estado de éxtasis de manera numérica, lo más seguro es que solo fuera el 10% de la causal de su euforia, bueno, quizás 20% como máximo, porque al final, aunuq e se tratara de engañar y no estaba intentando hacerlo, en el fondo sabía que la principal razón de que en el momento en que fuera penetrada, terminose corriendo con tal facilidad, respondía a motivaciones diferentes y que, por suerte jamás lo iba a saber, lejos estaba de tener algo que ver con la pelinegra que a esta altura empezaba a moverse para poseerla y reclamarla como suya.
La principal razón, era el morbo que sentía, el deseo que la doblegaba y el anhelo que regía su corazón en aquel momento, en otras palabras y para resumir el motivo real de que se corriera ni bien fuera penetrada, radicaba en la idea de que de algún modo, sería profanada por la verga del castaño, que aun sin estar ahí, ese lindo y gentil muchacho que viera crecer para convertirse en el maravilloso hombre que era hoy día, la estaba seduciendo, profanando y reclamando, que iba a saborear los primeros indicios del pene de ese chico que según su perversa hermanita, era todo un semental en la cama y la sola idea de que era el chico y su enorme polla los que la penetraban ahora y no la chica, fue lo que la llevo al orgasmo tan fácil, la simple expectativa que le generaba, si eso la hacía una mujer fácil, lo aceptaba con orgullo bajo la promesa de hacer de ese castaño tan adicto a su cuero como ella sin probarlo aún, ya era adicto al suyo.
Después de eso, la única definición plausible de lo que paso sería que acabaron follando como dos conejos en celo o dos completas ninfómanas enfermas, se movían desesperadas, cada una buscando aumentar su placer, moviendo sus caderas en el caso de Akeno o tratando en lo posible de no dejar que se separara de ella en caso de Yasaka, simplemente follaron olvidándose de todo lo demás, demostrando que toda la actividad previa les había dado pleno entendimiento de su amante, de sus puntos débiles, de sus gustos y placeres, cosa que ahora las hacía delirar mientras se compenetraban as y más en esa danza horizontal que por más que lo hicieran simplemente parecía no terminar se satisfacerlas.
Quizás los dos hechos a destacar en esta nueva ronda, venían de hecho de parte de la misma mujer, que como no podía ser de otra manera, su principal protagonista terminaba siendo Akeno, ya fuera porque iniciaba la acción o porque era quien lo pedía mientras en el proceso no dejaba de empujar sus caderas y por consiguiente de martillar en lo profundo de la vagina de la hermosa y madura rubia.
El primero y haciendo gala de toda la perversión que llevaba por dentro la pelinegra, no podía ser otra cosa que un acto que aumentara su placer y el de su amante, mientras al mismo tiempo las hacía ver más como un par de zorras pervertidas, unas putas degeneradas, unas cerdas totalmente salidas, como se quisiera ver, el hecho era que evocaba la propia, por decirlo de algún modo, enorme curiosidad sexual de la más joven, curiosidad que estaba más que dispuesta a saciar con su par, su hermosa e igualmente lasciva Onee-chan quien al parecer, no solo no tenía reparo en acceder a sus juegos, sino que muy por el contrario, respondía a ellos más que gustosa.
Como tal, dicho acto se podía resumir en el hecho de que aun mientras movía sus caderas, martillando sobre la rubia, Akeno seguía sintiendo que faltaba algo, la tenía a su merced, verla tan sonrojada, tan sudorosa por tan intensa actividad, liberando de su cuerpo ese aroma a mujer que la estaba enloqueciendo, simplemente saber que el éxtasis que ahora sentía Yasaka era debido a ella le llenaba de un orgullo particular y muy gratificante cabe aclarar y aun así, seguía faltándole algo, algo que era necesario para completar el cuadro y fue mientras cavilaba en lo que podía ser, que al bajar la mirada lo vio y fue como una revelación para ella.
Hasta lo había olvidado de lo concentrada que estaba en penetrar a la rubia, lo cual resultaba irónico y hasta insultante considerando todo el placer que les había dado tanto a ella como a la rubia hace tan solo unos momentos atrás, y sí, estaba hablando de ese morado, largo, grueso, venoso y con doble cabeza, juguete que se habían estado metiendo en el coño y otros lugares en busca del más básico y puro de los placeres hedonistas y al verlo entendió que era lo que faltaba, más a ella que a la rubia, después de todo, ahí estaba ella, meneando sus caderas sin parar, adelante y atrás, adelante y atrás, perforando, martillando, excavando en esa gruta del placer cuyo mayor tesoro estaba en el orgasmo que liberaba una vez alcanzado el cenit de la resistencia y justo ese era el problema, que simplemente no era justo, pero para nada justo, es decir, Yasaka Onee-chan se divertía y disfrutaba mientras le penetraba el coño como una posesa hasta hacerla acabar y mientras tanto, su propio coñito estaba solo y desatendido, llorando por no ser consentido del mismo modo que el de la rubia, no, de verdad que no era justo.
Y eso le basto para, sin demora o preámbulo, tomar el largo falo plástico con una idea muy clara de lo que quería hacer con él, "después de todo, no es justo que solo Onee-chan disfrute", fue lo que pensó lista para llevar a cabo su nueva idea, todo sin dejar, en ningún momento, de agitar sus caderas furiosamente para placer de una rubia que, a estas alturas, una vez más se había convertido en un compendio de gritos, chillidos y gemidos, casi como una banshee, ahogada en el puro placer y fue entonces que se topó con un nuevo problema con el cual no contaba pues en un principio no lo había considerado en primer lugar.
Con el coño de la rubia ocupado con "la polla de Issei", ¿cómo iba a hacer con el falo de Yasaka? Fue la pregunta que la asalto y centro sus pensamientos en resolver ese problema, mientras increíblemente, incluso aun ahora no dejaba de mover sus caderas para penetrar a la rubia que mantenía los ojos cerrados por todas las emociones que la asediaban, de lo contrario, habría podido ver la rara escena de una pelinegra viendo con atención a un falo de goma morado con dos cabezas, como filosofando sobre la existencia y propósito de tal artilugio, mientras con su mano libre amasaba una de sus lechosas tetas y no dejaba de empujar sus caderas contra ella como tratando de penetrar su último bastión.
"Esto si es un problema", no pudo evitar pensar al darse cuenta de que si bien ella podía fácilmente empalarse con aquel falo morado, no era lo mismo en el caso de Yasaka, es decir, ella ya estaba siendo empalada en ese momento y con ello eliminaba la posibilidad de usar esa puerta para lo que deseaba hacer la pelinegra, al menos por ahora, "fufufu, pero, no es como si no existiera un plan B", claro que se trataba de una pervertida del calibre de Akeno Himejima, no se iba a rendir tan fácil, menos cuando se trataba de sexo, así que si la entrada frontal no estaba disponible, siempre podía optar por un asedio por la retaguardia, después de todo, las mujeres tenían cuatro agujeros.
Lo siguiente que ocurrió y que Yasaka sintió, fue como por un momento su joven amante se detenía y al abrir sus ojos para ver el motivo de que lo hiciera, se encontró con el rostro sonrojada y deformado por el placer de Akeno, que sonreía con éxtasis y exhalaba fuerte al tiempo que soltaba pequeños gemidos, la razón, aunque no la supiera en ese momento, la pelinegra se estaba empalando a si mismo con una de las puntas del largo falo morado en su coño yendo bastante profundo en el proceso y lo siguiente que la rubia supo, fue como un intruso cuya forma ya conocía, empezaba a merodear por su culo, más precisamente en la entrada de su ano y antes de siquiera poder decir algo, protestar o tratar de detener a la chica, sintió como dicho ariete perforaba su pasaje trasero sacándole el aire mientras se enterraba en su recto.
- U-Ugghhh - fue el gemido que dio Yasaka al sentir como las paredes de su ano se distendían para aceptar al nuevo intruso hasta que entro todo lo que daba en su cavidad anal y enviaba su mente a los confines del placer, borrando de su mente cualquier cosa que no fuera lo que ocurría en ese preciso momento en su tren inferior.
"E-Estoy recibiendo una doble penetración... y me la está dando la misma mujer", fue de los últimos pensamientos lúcidos de la mujer, que no podía con la sorpresa que aquello representaba, una doble penetración en toda regla y no sabía en ese momento que era lo que le causaba mayor placer y conmoción, la polla en su coño, la polla en su culo o el hecho de que ambas pollas, vinieran de la misma persona, una joven y pervertida pelinegra que por el rostro de placer que mostraba, estaba en el mismo éxtasis que ella pese a que era evidente que no estaba tan "ocupada" como ella en ese momento, quizás fuera una mezcla de todo lo anterior lo que le causaba tal maravilla, pero siendo sincera, que importaba eso en ese momento.
Akeno no perdió el tiempo, una vez que estuvieron empaladas y una vez más conectadas por sus sexos, bueno, algo así, y de que encontró la manera de lograr cierta comodidad con el nuevo lazo entre ambas, bueno, simplemente dejo de prolongar más ese estado de quietud y una vez más empezó a mover las caderas, dando a ambas mujeres en el lugar, un nuevo, más intenso y muy superior sentimiento de placer, la pelinegra en su rosado y ya muy sensible coñito y la rubia en su culo, en su coño y como plus de aquel combo destructor que ahora le aplicaba la joven, en sus ordeñadas tetas.
La escena era tan increíble como imposible, después de todo, ahí, entre sus entrepiernas, el espectáculo más obsceno se estaba suscitando sin reparo alguno entre dos lujuriosas y curvilíneas mujeres, un espectáculo que cualquier hombre daría lo que fuera por ser capaz de atestiguar y que poco a poco estaba corrompiendo a ambas mujeres por las sensaciones que se transmitías por sus sudorosos cuerpos.
Era difícil de explicar en palabras para alguna de las dos ese sentimiento de conexión tan particular que tenían en ese momento, incluso más que cuando estuvieron empaladas solo con el enorme dildo morado, es decir, Akeno estaba ensartando a Yasaka con fuerza y desesperación con su polla color de jade, empujando como una sucia pervertida sus caderas para profanar el coño de su Onee-chana, al tiempo que su propio coño era profanada por la rubia con cada movimiento de cadera que hacía para perforar a la rubia, ¿Dónde estaba lo exótico de tal escena?, la respuesta era simple, mientras Akeno penetraba, perforaba, profanaba y violaba el coño de Yasaka usando sus caderas, Yasaka estaba perforando, penetrando, profanando y violando el coño de Akeno usando su culo, el cual sobra decir, también estaba siendo destrozado en lo profundo de sus entrañas por el mismo palo de goma que destrozaba el interior de la pelinegra.
Por suerte ese falo morado era así de largo, era un pensamiento que cruzaba de alguna manera la mente de ambas, porque sí, Yasaka ya se había hecho una idea de lo que pasaba luego de procesar los últimos acontecimientos donde vio a la pelinegra detenerse y hacer aquellos gestos antes de sentir su culo perforado, por lo cual, al parecer, su joven y creativa amante había encontrado un buen uso para su juguete y uno bastante especial, pues al igual que la pelinegra, no podía evitar el pensamiento de estar follando el coño de Akeno con su culo y que Akeno le follara el culo con su coño, algo que solo la enloquecía aún más.
El único lamento de Akeno con todo esto era que no se había preparado adecuadamente para este encuentro y con ello se refería a que no tenía nada a la mano para grabar lo que en ese cuarto estaba ocurriendo, porque estaba segura de que le habría gustado tener un buen primer plano de su coño perforando el orto de Yasaka y viceversa y sus caderas moviéndose enardecidas violando la encharcada cueva de la rubia, sería material de primera clase para masturbarse o para masturbar a Issei, "oh bueno, ya será para la próxima", fue lo que dijo resignándose a no tener registro de su primera vez con su Onee-chan, pero, ya tendría más oportunidades en el futuro, quizás la próxima vez incluso Issei pudiera participar.
En cuanto al segundo evento a remarcar, este término ocurriendo un buen rato después de cometido el primero, con ambas disfrutando de las sensaciones, con sus coños y en el caos de Yasaka, también su culo, completamente dilatados gracias a la fricción y constante bombeo al que habían sido sometidos, ambas estaban perdidas en un mundo donde solo ellas existían, donde solo el placer importaba y donde solo el cuerpo de la otra imperaba en sus deseos.
Akeno no dejaba de mover las caderas, bombeaba obsesionada contra el coño de Yasaka, sentía la batalla tan intensa que ocurrí entre su encharcado coño y el goloso culo de la rubia y, por si fuera poco, se había prendido una vez más a las masivas tetas de Yasaka, apretándolas, estrujándolas, magreandolas, ordeñandolas y lo que no hacía con sus manos, lo hacía con su sedienta boca que no soltaba el pezón lactante de Yasaka, a no ser que su intención fuera empezar a amamantarse del otro.
Yasaka por su parte estaba también en trance, un delicioso trance en el que una idea se repetía en su mente una y otra vez, "estoy amamantando a Akeno-chan mientras me folla el coño y el culo al mismo tiempo", se iba a hacer adicta a esa sensación, bueno, en realidad ya lo era, solo que nunca espero que una chica tan joven como la pelinegra pudiera enviciarla aún más a ese fetichista placer y por ello es que mientras era profanada por casi todos sus agujeros, estaba consintiendo a la joven prendida a sus pechos, dándole ligeros mimos y caricias en su cabeza mientras la chica se bebía cada gota de leche que saliera de sus pechos.
El conjunto de todo lo que había pasado, estaba pasando y ya suponía que iba a pasar más adelante una vez todo ocurriera como debía ocurrir, le dejaba en la mente muy clara una cosa a la pelinegra, "Onee-chan y yo... somos almas gemelas", fue lo que pensó cuando giro su cabeza a ver a la jadeante rubia que se retorcía de placer mientras ella atacaba todos sus puntos débiles y mientras lamía sus pezones, ambos a la vez, el pensamiento llego a su mente con total naturalidad, como una epifanía, una perversa y lasciva epifanía, pero epifanía a fin de cuentas y la sola idea le encantaba.
Verla en tal estado la emocionaba, saber que ella lo provocaba la enorgullecía, pero por sobre todo, a sus ojos, era verse a sí misma reflejada en la rubia, era como una versión madura de la mujer depravada y lujuriosa que era ella misma, alguien que entendía su lado más sucio, claro fuera de Issei, algo así como su compañera de crímenes perfecta, porque sentía que ella le seguiría el juego en todo lo que le propusiera, sin importar cuando perverso, sucio, degenerado o lascivo llegara a ser y por ello, decidió tomar cartas en el asunto y asegurarse de que su relación fuera todo lo fuerte que podía ser y para ello, solo bastaban unas pocas pero más que precisas palabras.
- Onee-chan... Onee-chan... Onee-chan - la llamaba una y otra vez, encantada de ver a la sonrojada rubia gemir con cada empuje de sus caderas, quería que la viera y también, necesitaba llamarla una y otra vez para no perderse en su lujuria ante el pervertido lazo culo-coño que ahora compartían, por eso cuando logro captar su atención, cuando logro que esos hermosos orbes dorados la miraran a través de aquella bruma de placer, no tardo un segundo en decir lo que quería decir, - Onee-chan... ¡SE MI NOVIA! – finalmente disparo su declaración mientras una vez más ensartada, con fuerza y decisión, su coño, el de la rubia y también el culo de esta última.
- ¿E-Eehhhh? - En cuanto Yasaka registró sus palabras, no pudo evitar sorprenderse, aunque la sorpresa se veía opacada por el hecho de que incluso en ese momento, su cuerpo se agitaba al compás de las embestidas de la más joven y claro está, sus propios e incesantes jadeos y gemidos producto de lo anteriormente mencionado.
Pero no era como si no fuera plenamente consciente de las anteriores palabras de la pelinegra, entendía muy bien lo que le estaba diciendo, lo que le acababa de pedir, pero aun así no se la creía, especialmente porque estaba bastante segura de que la chica acababa de decir aquello más por el calor del momento que otra cosa, aunque igual no es como que le hubiese disgustado que una jovencita tan hermosa como lo era Akeno la deseara tanto al punto de querer hacerla su pareja, pero tenía que centrarse y hacerle ver las cosas.
- A-Akeno-chan... no, ughh, no bromees c-con eso - le reprochó como pudo mientras la pelinegra no dejaba de empujar en su contra y como era de esperar, el que ella no creyera en sus palabras, no parecía haberle hecho mucha gracia, aunque, que como supuesta prueba de su seriedad empujara más duro contra su intimidad, no era un argumento precisamente convincente, por placentero que se sintiera.
- Estoy hablando en serio - fue todo lo que dijo antes de aplicarse una vez más contra la rubia que acababa de desestimar sus palabras tan fácilmente que hasta le resultaba grosero, - muy, muy en serio - y como si ayudara a validar su declaración se aplicó más a llevar al orgasmo a la rubia que empezaba a perder capacidad de raciocinio.
Podía sentir la intensidad de los "sentimientos" de Akeno, eso era precisamente lo que estaba aletargando su mente, especialmente porque ya sentía construirse un nuevo orgasmo en u bajo vientre y prefería dejar ese tema resuelto antes de que su clímax le lavara las ideas del cerebro.
- N-No puede ser... ¿entiendes lo que estas, hmmm... diciendo? - no es que no se sintiera alagada, pero es que no parecía real, necesitaba asegurarse de que esto no era un error, un delirio o una fantasía provocada por su propia inconsciencia luego de estarse corriendo tanto esa noche a manos de su linda y pervertida hermanita, - ¿p-por qué... por qué yo? - quería saber, necesitaba entender y por eso no dudo en preguntar.
- Onee-chan es hermosa... tan dulce y gentil... haaa, siempre dispuesta a ayudarme a mí y a Okaa-san - empezó a decir mientras empujaba a Yasaka con sus dos falos, ahora ella también esforzándose en no correrse antes de tiempo, - me cuidabas, me protegías y me diste consejos cada que lo necesitaba... Onee-chan es una maravillosa mujer, además tiene un cuerpo tan lascivo, que exuda erotismo, es tan lascivo y desprende un aroma a perra necesitada que me enloquece - de un momento a otro se empezó a emocionar y a describir ya no las cualidades de Yasaka como persona y empezó a describirla como una mujer, una hermosa y necesitada mujer que la volvía loca, - me he masturbado cientos de veces pensando en Onee-chan, robaba sus bragas para olerlas mientras me metía los dedos hasta el fondo soñando con tener a Onee-chan en mi cama - ya entraba en el terreno de o extraño, pues ahora mientras hablaba estaba prensando uno de sus pechos y molía sus caderas contra las suyas, - por eso es que quiero a Onee-chan para mí, es mi mujer ideal, la novia perfecta para una pervertida como yo y no aceptare un no como respuesta - estaba ahora si desatada, en sus ojos estaba ese brillo perverso y lascivo que la había acompañado todo ese tiempo que habían estado compartiendo aquella velada, la idolatraba como ser humano y la deseaba como mujer y aunque sonara extraño, pese a la forma tan soez en la que la describió en determinado momento, aquella extraña confesión le gustó.
- N-No puede ser... Akeno... chan - esta vez su desconcierto era diferente, sus mejillas estaban sonrosadas y no por el exceso de actividad carnal, este era un sonrojo diferente, más puro, más emocional y dado lo que lo causaba y el momento en que lo causaba, también más enfermo, - y-yo no... - estaba superada por sus emociones, al punto que no pudo evitar llevar sus manos a su rostro ahora hirviendo de la vergüenza sin poder creer las "lindas" palabras que le acababa de dedicar su hermanita, aunque claro, su último comentario no llego a salir completamente pues Akeno no lo permitió cuando malinterpreto lo que estaba por decir.
A oídos de la pelinegra, parecía como que la mujer estaba por rechazarla, así que antes de que pudiera hacerlo, realizo su movimiento en pro de persuadirla y convencerla de que aceptara, por lo cual solo impulso con mayor frenesí sus caderas contra las de la rubia, haciéndola chillar de placer, se prendió de sus tetas y empezó a chupar, por no decir que se dedicó a ordeñar a la mujer que sentía su consciencia desvanecerse por el brutal trato que solo disminuyo un poco cuando Akeno soltó sus ahora si que hinchados pezones, aunque no porque no quisiera continuar amamantándose, más bien era porque necesitaría su boca para otra cosa.
- ¡SE MI NOVIA! ¡SE MI NOVIA! ¡SE MI NOVIA! ¡SE MI NOVIA! ¡SE MI NOVIA! - repetía una y otra vez, como si de un mantra se tratara, uno que tenía intención de hacer calar en lo profundo de la mente de la rubia que se sentía superada por las emociones y el placer haciendo que fuera cada vez más difícil centrarse en cualquier otra cosa que no fuera esa jovencita que perforaba su coño con desesperación mientras se le declaraba.
- ¡Noooooo! S-si Akeno-chan me dice cosas tan lindas, Onee-chan no... – estaba increíblemente sorprendida, halagada, sonrojada, no era una confesión típica, de eso no había duda, pero considerando el par de zorras que resultaban estar hechas en ese momento ambas mujeres, no es que desentonara en lo más mínimo, por el contrario, solo hacía que Yasaka se sonrojara más, era como una propuesta ideal en su turbada y retorcida mente en aquel momento, es solo que jamás se esperó que dicha "idílica" propuesta viniera de una mujer y mucho menos de una mucho más joven que ella.
Para la pelinegra, aquella vista de Yasaka sonrojada, abochornada, mientras al mismo tiempo gemía sin control, su cuerpo estaba perlado por el sudor, sus pechos rebotaban sin control mientras ella la penetraba, era una vista demasiado hermosa a sus violáceos ojos y lo mejor, estaba segura de que podría hacer que su Onee-chan aceptara su amor, solo debía presionar un poco más y sí que tenía un chantajista as bajo la manga para lograr su objetivo.
Claro que no lo haría de inmediato, por dos simples y sencillas razones, la primera, quería llevar a Yasaka al punto de no retorno para que ya no pudiera negarse a amarla y en segunda, sinceramente porque para ella también sería un martirio hacerlo, así que se aseguraría de llenarse de fuerzas para soportar lo que esperaba fuera solo un instante, en otras palabras, iba a martillar a fondo en el sucio coño de la MILF, iba a profanar ese obsceno y carnoso culo, se iba a devorar ese enorme par de jarras lecheras que Yasaka llamaba tetas y solo cuando fuera el momento iba a soltarla.
Lo que siguió fue un conjunto de chillidos de parte de Yasaka, berridos ahogados de parte de Akeno, la cual no soltaba los pechos de Yasaka a no ser que fuera para apretarlos con fuerza en pro de que la mujer expulsara más de esa cremosa y cálida leche materna directo a su boca y como no podía ser de otra manera, la sucia y obscena sinfonía de chapoteos causados cada vez que las entrepiernas de ambas mujeres se encontraban, y cuando finalmente llegaron al punto, fue entonces y solo entonces que Akeno actuó, no sin cierta dificultad.
- ¿E-Eh? – fue todo el sonido que expulso de su boca la rubia cuando de un momento a otro, su joven amante no solo soltó sus doloridos y lactantes pechos, sino que además tuvo el total descaro de dejar de mover sus caderas y con ello dejar de follarla de esa manera tan deliciosa con la que la follaba hace solo unos instantes y por ello no pudo evitar buscar su rostro como queriendo una explicación.
Akeno respiraba pesadamente y cada fibra de su ser le pedía que volviera a follarla, no, más bien que regresara ahí a violar ese sucio y maduro cuerpo hasta saciarse, sus pezones dolían de lo enhiestos que los tenía, su cuerpo empapado de sudor, su propio coño podía sentir como lloraba de dolor por atreverse a parar, pero debía hacerlo, era ahora o nunca, lo notaba en la mirada de su Onee-chan.
- Onee-chan... si quieres que siga... entonces acepta ser mi novia - sí, ese era su plan, básico, simple, burdo, pero dadas las condiciones, la verdad era que estaba muy confiada de su efectividad, por eso lo dijo sosegada, tan tranquila como podía estar dada su agitación por el deseo y con cierto aire burlón, como si fuera plenamente consciente que tenía la ventaja, - de lo contrario, no seguiré violándote – un poco de amenaza no iba mal tampoco, aunque era una carta peligrosa, más cuando estaba a solo una simple palabra de empujar sus caderas de nuevo y entonces sí, no detenerse hasta haber desecho el coño de Yasaka y el suyo propio por completo.
Era tan injusto, simplemente era injusto, de verdad que esa niña no jugaba limpio, llevarla al borde del abismo, hacerla desearlo y justo antes de caer, detenerse para sobornarla, todo luego de esas dulces palabras, de verdad que no era justo, más cuando la respuesta era clara para la rubia, tan clara como el cristal y tan sencilla como o era el respirar.
"Akeno-chan es una tramposa, no juega limpio", protesto en su mente, mientras miraba a la pelinegra frente a ella, la tenía donde quería y ella lo sabía, estaba sudada, con la respiración entrecortada, la mente nublada, el corazón acelerado y un ardor del infierno entre las piernas ahora que su amante había decidido dejar de follarla, solo debía hacer una cosa, y ese delicioso martirio se acabaría y ella lo sabía.
- Moooo, no estas siendo justa con Onee-chan, Akeno-chan - finalmente hablo la rubia mientras en el proceso hacía un lindo puchero ante la burla de la pelinegra, - ¿cómo una mujer podría negarse cuando le dicen cosas tan hermosas mientras le destrozan la vagina con tanto amor?, es simplemente imposible - de repente dijo la rubia mientras ante la sorpresa de Akeno, su amada Onee-chan llevaba sus brazos tras su cuello y entrelazaba sus manos tras el en un abrazo, abrazo que complemento con el homónimo sobre sus caderas realizado por sus esbeltas piernas, dejándole sentir la gloria de esos carnosos y eróticos muslos que se cargaba, pero por sobre todo, lo que más llamó su atención era lo que estaba implícito en las palabras de la rubia, palabras que no creía haber escuchado y que por lo tanto merecían una confirmación.
- E-Entonces... Onee-chan acepta... - fue todo lo que alcanzo a decir aun sumergida en la sorpresa antes de que la rubia con una sonrisa traviesa interrumpiera la más que obvia pregunta que estaba tratando de formular la más joven antes de asegurarse de contestarle más directa y agresivamente a su requerimiento.
- Fufufu, así es mi amor, Onee-chann acepta ser la novia de Akeno-chahmp - no llego a terminar lo que estaba por decir pues un instante después de escuchar lo que deseaba, luego de ver esos carnosos, besables y profanables labios moverse para pronunciar esas confirmantes palabras, dejo de prestar atención a todo lo demás para lanzarse en un beso cargado de deseo, lascivia y sobre todas las cosas, una euforia que no podía controlar al ver su deseo con la rubia realizado.
Y como no podía ser de otra manera, seguido a aquel beso que no detuvieron ni siquiera para respirar, cosa bastante curiosa considerando la misma necesidad del aire para ambas, como fuera, a la mitad de aquel beso, Akeno decidió que era hora de mover nuevamente sus caderas y con ello, ahora sí, enviarse a sí misma y a la rubia, al fondo del oscuro abismo hedonista en el que se habían sumergido desde que iniciaran hace ya un par de horas.
Traducción, empujo sus caderas como una completa bestia salvaje contra las de la rubia, penetrando en el proceso tanto su coño, como los dos apretados, húmedos y cálidos agujeros de la madura mujer que como toda respuesta se abrazó con más fuerza contra la joven pelinegra mientras dejaba que sus lascivos gemidos murieran en la boca ajena.
Durante los siguientes minutos, el desenfreno de ambas era total, simple y llanamente dos monos en celo, dos zorras depravadas, dos ninfómanas desbocadas, como quisiera verse, el hecho era que, para todo propósito, en esa cama, solo existían dos mujeres cuya mente solo podía pensar en sexo y sus cuerpos solo ansiaban el cuerpo de la otra a un nivel posesivamente aterrador, todo en busca del máximo placer posible.
¡UGYAAAAA! ¡AAAAKEEEEENOOOOO!
DE un momento a otro solo los alaridos de Yasaka se escuchaban en aquella habitación junto a berridos apagados de parte de una hermosa y descontrolada pelinegra que no dejaba de mover sus caderas de manera peligrosamente incesante.
La razón, era bastante simple de hecho y al mismo tiempo compleja, después de todo, aunque era un sexo animal, simple y llana fornicación con nada más que el fin de saciar la lujuria de cada quien, igual no dejaba de ser un ejercicio intenso y desgastante que llevaba al límite la resistencia personal, más si consideraban el furor de sus movimientos, entonces, como no podría ser de otra manera, era solo una cuestión de tiempo antes de que sus cuerpos demandaran atender otro tipo de necesidades además de la que suponía follarse una a la otra hasta olvidar inclusos sus propios nombres.
Tenían sed, cosa que resultaba obvio si consideraban que tras tanto sudar y más importante aún, tras estarse orinando de placer durante tanto tiempo, sus cuerpos pronto demandarían reponer fluidos, rehidratarse, todo para no colapsar, el único problema radicaba en que ninguna de las dos estaba particularmente interesada en detenerse por algo tan banal como ir por un vaso de agua a la cocina.
De ahí venía el chillido de Yasaka mientras nombraba a voz en grito a la pelinegra sobre ella, la causa era precisamente que al menos en el caso de la joven muchacha, tenía fácilmente una buena fuente de líquido que podría saciar su sed, una que era suave, esponjosa, llena y que para la pelinegra, no podría ser mejor para que saciara su necesidad en ese momento, en otras palabras, Akeno se prendió, una vez más en aquella noche, de las enormes tetas de Yasaka y chupo de las mismas para beber tanta leche como su cuerpo y su corazón deseasen.
El único problema era que, en su desbocado estado, no solo estaba bebiendo la leche de Yasaka, la estaba ordeñando como si no hubiese un mañana, como una bestia salvaje que no había probado una gota de agua en mucho, de verdad muchísimo tiempo y por consiguiente sus actos eran mucho más agresivos y demandantes, aunque no por ello la rubia se iba a quejar.
Akeno, chupo, estiro, retorció e incluso llego a morder con bastante más fuerza de la que uno creería los pechos de la rubia, todo con el único y lascivo propósito de que esas enormidades que Yasaka llamaba tetas manaran toda la leche que tuviesen en su interior por ese par de erectos, duros y adictivos pezones invertidos suyos y la derramaran en su boca y obviamente, todo aquello lo hacía mientras sus caderas no dejaban de moverse, cada vez más duro, más intenso, más profundo, tanto dentro de su intimidad, como en la vagina y el culo de la rubia.
Yasaka por su parte solo chillaba, gemía y se retorcía en brazos de su joven amante, ansiosa de más al tiempo que se sentía celosa de no poder amamantarse como lo hacía Akeno, porque sí, podría beber la leche de uno de sus propios pechos, pero para eso, Akeno debía dejar de monopolizar ambas carnosas jarras y más importante aún, ella misma debía dejar de desear amamantar a la pelinegra.
"¿Qué voy a hacer?... eso de seguro me dejara marcas", fue el único pensamiento que le atravesó la mente cuando vio como Akeno una vez más mordía con fuerza e imprudencia una de sus tetas, devorando no solo su pezón sino también toda la rosada areola en el proceso, todo al mismo tiempo que succionaba y estiraba a mas no poder su glándula mamaria como si se la quisiera arrancar y sentía como la leche materna se disparaba a chorros dentro de la hambrienta boca femenina.
Sí, seguramente la marca de esos perfectos dientes se quedaría grabada en sus tetas por un buen tiempo, recordándole este encuentro cada vez que saliera del baño y viera su reflejo en el espejo, esas violáceas maras que dejaría la intensidad de las emociones de la pelinegra serían el recordatorio de su propia caída en la lujuria y lo peor, se moría de ganas de que ocurriera otra vez.
Akeno solo soltó los pechos de Yasaka cuando luego de tragar durante un buen rato el dulce y cremoso néctar que de ellos manaba, se llenó la boca con ese líquido para ver con sus mejillas hinchadas a la desconcertada rubia antes de en un beso darle de beber a la mujer como ella lo había hecho previamente para calmar su sed y mientras lo hacía le quitaba el aliento a unta de un intenso martilleo contra su abdomen bajo.
No dijeron nada y no hacía falta que lo hicieran tampoco, a estas alturas las palabras sobraban y solo el pecaminoso acto que cometían era lo que necesitaban para comunicarse, por eso repitieron el hecho de que la pelinegra llenara su boca de leche antes de alimentar con la misma a la rubia bajo ella.
Sus mentes se derretían a cada segundo que pasaba y eso les encantaba, por eso cuando termino ese momento de "rehidratación" cortesía de Yasaka y sus ubres lecheras, ambas solo se quedaron viendo mientras gemían y disfrutaban del cuerpo de la otra y los estragos que estaban causándose mutuamente en sus coños.
- Onee-chan... Onee-chan... fufufu, Onee-chan es mi novia - Akeno simplemente no cabía en su propia felicidad, por eso repetía una y otra vez aquellas palabras como si tratara de asegurarse de que nada de aquello fuese un sueño, cosa que enterneció a la rubia en una forma muy retorcida si considerábamos que estaba follando con la pelinegra de una manera tan salvaje y depravada, pero claro... eso no significaba que dadas las circunstancias no pudiera aprovechar el momento para imponer una o dos de sus propias condiciones a su nuevo noviazgo.
- Ara... creo que, hmmm, alguien se está adelantado... mucho - no pudo evitar la mofa en sus palabras, cosa que no pasó desapercibida por la pelinegra que la veía confundida por el significado de las mismas, aunque por extraño que parezca, en ningún momento dejo de empujar contra la rubia que la veía sonrojada y jadeante.
- ¿Eh? P-pero Onee-chan dijo... - no llego a completar su réplica pues la rubia reclamo sus labios en un beso, beso que, pese a la confusión y desconcierto, la más joven respondió con gusto y afecto hasta que sus labios y sus lenguas se separaron dejando tras de sí un ya muy conocido hilo de saliva conectando ambas bocas.
- Jujuju, yo dije que aceptaba ser la novia de Akeno-chan, pero no dije que sería de inmediato - lo decía como si aquello hubiese sido lo más obvio y el que lo dijera sonrojada, con una mirada traviesa y mientras la abrazaba, formando un extraño cuadro que la más joven no llegaba a entender.
Mientras tanto Akeno intentaba procesar todo aquello, acababa de sentirse en las nubes para luego ser regresada a la tierra de una manera tan abrupta y enfrentar una realidad para la que no estaba preparada, después de todo, eso de sí pero no, la verdad no se lo esperaba y por consiguiente no tenía ni la más remota idea de cómo reaccionar a ello, cosa que al parecer noto la rubia quien rio por el rostro que estaba haciendo en ese momento la chica y decidió explicarse mejor.
- Me encantaría ser la novia de Akeno-chan, pero... - hizo una pausa dramática que solo acrecentaba la ansiedad de la chica, ansiedad que irónicamente se veía reflejada en la forma en que la penetraba, siendo esta mas errática, aunque no por ello menos placentera, aunque ese no era el tema en esta ocasión, así que mejor continuaba – solo me convertiré en la novia de Akeno-chan, luego de que Issei me convierta en su amante – termino de decir, extrañamente más sonrojada que antes y la verdad era poco probable que tuviera que ver algo con el hecho de que la pelinegra aun ahora le seguía reventando el coño a pollazos.
Esa sí no se la esperaba, le soltó una bomba bastante particular y sin ningún tapujo, cosa que la dejo desconcertada pues no esperaba que la condición para que la rubia causante de muchas noches de masturbación fuera a ser que primero debía volverse la amante de su novio, menos considerando lo que estaban haciendo actualmente en aquella habitación que ya estaba impregnada con un deliciosamente dulce aroma a sexo y femineidad.
La rubia por su parte consideraba que había sido bastante prudente, es decir, se acababa de autodenominar como la futura amante de cierto castaño, creía estar siendo prudente, después de todo pudo admitir que lo que esperaba que ocurriera era que el chico la convirtiera en su novia al igual que las dos jóvenes que tenía ya ocupando esa posición o incluso llegar más lejos, pero, prefirió no alterar innecesariamente las aguas, al menos hasta que concretara su misión.
Por su parte Akeno estaba alucinada, la amante de su Issei, así acababa de llamarse su Onee-chan hace solo unos instantes, la amante de su Issei, era curioso, en cualquier otro contexto eso podría haber asustado, espantado o incluso enojado a quien lo oyera, pero con ella, bueno sería hipócrita de su parte cuando ella misma se había autodenominado así en el pasado también, claro que más por fastidiar a Rias que otra cosa, pero igual lo había hecho y como tal, sabía perfectamente lo que escondían esas palabras, el anhelo que ocultaban.
La amante de Issei, en realidad no era eso lo que quería decir la rubia, estaba segura de eso, casi podía jurar que el verdadero significado detrás de esas palabras era que la rubia aspiraba a ser una más de las novias de su amado Issei y contrario a lo que se podría esperar, la idea no le molestaba en lo más mínimo, más bien era todo lo contrario.
De pronto se empezó a imaginar escenarios nada santos donde las protagonistas eran las dos bellas novias, una pelinegra y otra rubia, satisfaciendo la enormidad de su novio compartido, devorando sus penetrados coños, bañándose en la leche de macho de su hombre, amamantándolo con su leche materna, incluso siendo preñadas juntas, básicamente una vida sin salir de la cama, amándose hasta que doliera y más y eso fue todo lo que necesito la pelinegra para amar aún más la idea que estaban por ejecutar al día siguiente y por la cual estaba dispuesta a renunciar a ser la niña mimada de Issei por tanto tiempo.
¡UGYAAAAA!
Esa simple idea, fue el último detonante para ambas, lo siguiente que ocurrió es que Akeno había vuelto a aprisionar los voluminosos senos de Yasaka con su boca, bebiendo con incluso más fuerza que antes la leche que de ellos salía, todo mientras el pistón en que se habían convertido sus caderas, martillaba con fuerza y sin compasión contra la rubia que solo chillaba de placer ante tal abuso, abuso que pronto tuvo su recompensa cuando incapaces de sostenerlo por más tiempo, finalmente llegaron al orgasmo, orgasmo que se intensifico cuando las puntas de los falos de goma que se alojaban en sus respectivos coño decidieron acariciar las entradas de sus úteros enviando con ello una descarga por sus columnas amenazando con fundirles el cerebro con tremenda carga de éxtasis sexual.
Junto con aquel orgasmo vinieron chorros interminables de jugo femenino que fluía sin parar y sin control alguno, estrellándose contra l pelvis de su pareja mientras Akeno mordía con más fuerza las enormidades que Yasaka llamaba senos y esta última intentaba no olvidar como respirar luego de que su orgasmo le fundiera hasta las ideas y el que Akeno incluso en ese momento continuara ordeñándola no ayudaba en lo más mínimo a recomponerse.
Para colmo y como si todo aquello no fuera suficiente para ninguna de las dos, conforme su orgasmo continuaba, sus caderas no se detuvieron en ningún momento, sí, mientras se orinaban de gusto y placer, continuaban follandose la una a la otra, insertando los penes plásticos todo lo profundo que podían, especialmente Akeno quien era la que controlaba el acto en sí misma, abandonada a las sensaciones que asolaban su cuerpo, solo empujo con mayor fuerza y violencia sus caderas contra las de la rubia, como si quisiera destrozar sus caderas y las de su amante si con ello obtenía más placer, placer intensificado por el beso uterino que aquel juguete le daba con su punta sobre la entrada de su útero, sensación que de hecho compartía con una rubia que solo rogaba porque aquello no parara prontamente.
Aquel orgasmo que compartieran fue el más dulce de toda la noche, delicioso en todas sus formas y aunque intenso y avasallador, termino más raído de lo que ellas habrían querido, eso sí, en sus mentes, esa sensación duro toda una deliciosa eternidad, donde sus cuerpos simplemente fueron ahogados por el placer y la euforia desde el primer segundo desde su liberación.
Para cuando termino, las dos mujeres se derrumbaron, bueno, principalmente la pelinegra quien era la que llevara la voz cantante en esta última sesión con su nueva y futura novia, la cual dicho sea de paso recibió con los brazos abiertos a su joven amante, agradeciendo de paso que, al caer desmadejada por el cansancio, dejo de morder y estirar sus pezones y los soltó de su boca, dejando como toda evidencia de su jugueteo sobre ellos el enrojecido color a su alrededor, junto a la hinchazón propia de tal asedio durante su lactancia.
Se quedaron así un rato, sudadas, agitadas, con la respiración pesada y abrazándose, mientras sus piernas se entrecruzaban, todo mientras sus sexos seguían conectados por aquellos falos de goma, era una posición particular pero que para ambas resultaba placentera, se sentían muy a gusto así y solo mejoro cuando al verse a los ojos, se encontraron con un aura rosa inundando los irises de la mujer frente a ellas y eso solo las incentivo a buscar una conexión ya conocida pero n por ello menos apetecida, en otras palabras, buscaron los labios ajenos en busca de un nuevo y amoroso beso.
Les tomo un tiempo separarse y al hacerlo, finalmente se separaron completamente cuando la pelinegra simplemente se dejó caer hacia un lado, retirando no solo el peso de su cuerpo del de la rubia, sino que, también liberando ambos orificios de la madura mujer, así como sobre sí misma cuando retiro la intrusión fálica que en ellas se alojaba, quedando ahora ambas mujeres tendidas y sudorosas sobre la cama mientras respiraban agitadas recuperándose de todo el ajetreo previamente vivido.
Estaban sonrientes, como no estarlo luego de ser satisfechas tanto y de tantas maneras, ahora era más que merecido un buen descanso, al menos eso era lo que pensaba la sonriente pelinegra quien sentía su cuerpo vibrar con cada respiración y su coñito abusado palpitar incluso con el más leve roce del aire que llegara a circular por la habitación, pero claro, la rubia tenía otros planes que dejo de manifiesto al levantarse y girarse sobre ella.
Así, en un movimiento repentino, termino esta vez con las posiciones en la cama invertidas, esta vez ella boca arriba y la hermosa rubia sobre ella, sosteniéndose sobre sus cuatro extremidades, con sus enormes globos de carne erótica agitándose dulcemente sobre sus propios senos, enviando una dulce sensación sobre los mismos, pero al mirar a su rostro, lo encontró impávido, con sus ojos ocultos tras su alborotada melena dorada y así se quedó un rato que pareció eterno.
Le parecía extraña su actitud pues solo estaba sobre ella, sin mover ni un musculo ni emitir sonido alguno, sin embargo, para cuando estaba por preguntar lo que podría estar ocurriendo con su Onee-chan, esta finalmente se movió, aunque solo para realizar acciones que ciertamente no se esperaba que ocurrieran y presa de la sorpresa y el cansancio, solo se dedicó a ver los movimientos de la rubia que continuaba con su labor sin emitir sonido alguno.
Ante su atónita mirada, vio las manos de Yasaka subir hasta atrapar su rostro y ya ahí, delinear con sus preciosos, finos y delicados dedos el contorno de sus bellas facciones juveniles, sus ojos, sus pómulos, su nariz, hasta llegar a sus carnosos labios que inconscientemente se abrieron para recibir los dígitos, besarlos incluso, justo antes de que los mismos continuaran su camino, bajando por su mentón, deslizándose por su fino cuello y continuar su viaje hacia abajo hasta alcanzar sus pechos grandes y esponjosos.
Ahí se detuvo un momento y desde el minuto uno sus manos dejaron claro que no tenían otra intenció de magrearlos a base de bien, con la misma lasciva obsesión con la que ella masajeara los de la mujer arriba de ella, cosa que causo tal estremecimiento que no tardó en hacerse visible cuando sus pezones se irguieron poderosos y duros una vez más tentando a la rubia con el rosado color de ese par de cerezas, si es que la lengua paseándose sobre sus labios era indicativo de algo.
Los masajeó, apretó, estrujo estiro y en el caso de los pezones pellizco al contenido de su corazón como buscando algo en específico, algo que obviamente no podía darle, aunque eso no la detuvo de continuar intentándolo por medio del mas lascivo de los masajes sobre las esponjosas ubres de la pelinegra, que a esta altura ya se hacía una idea de lo que la mujer quería y nada le daría más gusto que dárselo, pero claro aún no podía hacer tal cosa y aún más evidente, cando pudiese hacerlo, era claro que el primero en probarla debía ser su novio.
Para cuando continuo con el viaje de sus manos por su cuerpo, la chica estaba agitada una vez más, solo que no por las mismas razones previas a aquel masaje y su estremecimiento solo fue a más cuando sintió las delicadas caricias de la rubia sobre su vientre enviando una agradable pero cosquillosa sensación alrededor de la zona afectada, aunque no es como que le molestara en realidad.
Continuó bajando y por alguna razón evito sus caderas, de hecho, bajo hasta sus muslos los cuales toco y repaso a gusto un rato, apretando aquí y allá según se le antojara, subiendo cada vez más hasta que finalmente, alcanzo la zona de sus caderas la cual resultaba ser de hecho su objetivo principal, cosa que descubrió por lo que pasó a continuación, solo que la rubia evito la zona y la dejo para lo último luego de darle un buen repaso al resto de su cuerpo.
Para cuando finalmente alcanzo la zona de sus caderas, se recreó en ellas con sumo placer, pasando sus manos por cada rincón de la regia zona erizando su piel con cada toque de sus finos dedos, cosa que causo que emitiera ligeros gemidos producto de lo sensible que sentía ya no una zona sino todo su cuerpo, incluyendo su mismísima piel, y tan ensimismada estaba en esa sensación, que jamás se llegó a percatar de a que se debían esas caricias hasta que sintió algo separarse de su cuerpo y al ver hacia la zona, ya no encontró cierto artilugio que previamente estaba sobre su bajo vientre y con el cual había poseído el cuerpo de su amada y madura Onee-chan, de hecho, si veía un poco más arriba, se encontró con la vista de que ahora quien lo poseía era la susodicha MILF rubia.
Sí, el arnés, aquel arnés que envolvía su cintura y sus caderas, aquel que se ajustaba a su femenino cuerpo y portaba orgulloso aquella enorme polla, gruesa y venosa que representaba la longitud de su novio y con la cual se había follado a la rubia al contenido de su corazón, ahora estaba en manos de susodicha rubia, bueno, en sus propias caderas en realidad, como fuera, el hecho era que ahora había sido despojada de su "virilidad" y aún más increíble, estaba siendo amenazada con ella.
Curioso, no se dio cuenta de absolutamente nada, ni de cuando fue que desato las correas que sujetaban muslos y caderas para aferrarse a su anatomía, incluso se avergonzaba de admitir que no percibió cuando la presión del objeto contra su carne desapareció, indicativo inequívoco de que el mismo abandonaba su cuerpo, no, solo podía recordar las caricias de la rubia y lo placenteras que habían resultado.
Y ese había sido el punto, mientras la pelinegra solo se centraba en el placer de las caricias que recibía de la rubia, esta última se aseguraba de esconder finos y delicados movimientos de sus dedos, tan sutiles e imperceptibles que la más joven nunca se llegó a percatar de nada que ella no quería que se percatara, y así, lentamente fue liberando el cuerpo de la joven de sus ataduras, correa por correa, nudo por nudo, hasta que finalmente y con movimientos que hicieron a la pelinegra mover sus caderas como le indicaba, finalmente sustrajo el arnés de su cuerpo con un único fin, usarlo ella esta vez.
Por eso y ante la vista de una atónita pelinegra, fue colocándose el arnés, tomándose un deliberadamente largo tiempo en ajustar cada punto a sus curvas, todo a sabiendas de que la chica la veía y que su tardanza solo acrecentaría el furor y estremecimiento en su compañera, por no mencionar en ella misma que a estas alturas sentía su corazón desbocado ante el hecho de ser observada con tal fijación por parte de la más joven mientras se preparaba para lo que deseaba hacer con ella.
Y como si eso no fuera suficiente, una vez termino de acomodar el objeto en su lugar, llevo su mano hacía atrás para tomar el último detalle que completaría el cuadro, algo que increíblemente se había quedado alojado sobre su puerta trasera, pese a que el otro extremo del mismo hace mucho que había abandonado su respectivo, húmedo y cálido hogar.
Saco el dildo alojado en su culo, soltando un jadeo no precisamente de molestia cuando sintió la cabeza de esa polla revolviendo sus entrañas al salir y casi amenazando con voltear hacia afuera su ano cuando llego a la entrada y un segundo después lo tenía en su mano izquierda exhibiendo el lubricado objeto con orgullo mientras con su otra mano masturbaba su nueva y muy lubricada con sus propios jugos, polla todo ante la vista de la pelinegra.
Era excitante, para ambas de hecho y en el caso de Yasaka, era difícil contenerse por más tiempo, por lo cual levantando finalmente su cabeza lo suficiente como para que su amante lograra ver sus ojos, finalmente volvieron a reencontrarse, el rostro sonrojado de Akeno con el degenerado rostro teñido por la lujuria de Yasaka.
- Jujujuju, oh Akeno-chan, espero que no estés cansada ya... después de todo, la noche aun es joven y Onee-chan aun quiere jugar un poco más – lo dijo divertida mientras su mirada se fijaba sobre la joven mujer y en ella expresaba esa mezcla de lujuria, lascivia, burla y travesura, todo mientras no dejaba de masturbar su falo de goma creciendo entre sus piernas y como un ligero plus, llevando el dildo que ante estuviera enterrado en su culo para empezarlo a lamer con perversión mientras veía a su joven amante.
Akeno estaba revolucionada, de verdad no se esperaba tan clara provocación de parte de su madura Onee-chan, ni de lejos pensó en tal oferta de su parte, que la mirara como si claramente la quisiera devorar completamente, como si no quisiera dejar un solo rincón de su cuerpo sin probar, sin profanar y reclamar y para colmo, el espectáculo perverso, sucio y lascivo que era verla lamer ese dildo de doble cabeza, porque sí, fuera que lo hiciera a propósito o porque era el lado que le quedaba más cerca, la rubia en ese momento, ante sus violetas ojos, estaba recorriendo con su húmeda sin hueso, con mimo y necesidad, la longitud de ese falo plástico que, para fines prácticos, era el extremo que previamente estuviera usando para escarbar las profundidades del recto de la MILF.
Estaba probando el sabor de su propio culo mientras se comportaba como una desvergonzada pervertida a la que no le importaba masturbarse delante de ella solo para seducirla y lo peor, estaba celosa, celosa de que esa lengua recorriera ese tonto trozo de plástico y no cada rincón de su nívea piel, celosa de no ser ella quien recorría el falo y pudiera degustar el adictivo sabor del estrecho ano de la mujer, en simples palabras, ella estaba simplemente celosa con toda la situación.
Entonces analizo todo lo ocurrido, lo que ocurría y lo que faltaba por ocurrir, una vida al lado de su amado Issei y su Onee-chan, vivir juntos, dormir juntos, tener sexo de todas las formas posibles, todos los días, durante horas, formar una familia juntos, sí, de verdad que era un brillante futuro el que se le presentaba, donde podría tener todo lo que quería y a todos los que quería a su lado, solo debía esperar un poco más, bien valdría la pena, pero hasta entonces, un buen abrebocas no estaría mal, especialmente considerando todo el tiempo que estaría fuera, sin Yasaka y más importante aún, sin Issei.
- Ara Ara, como podría negarme si Onee-chan me lo pide de esa manera – decidió seguir con el juego de la rubia y dejándose ahogar una vez más en la lujuria, cosa que dejo ver en sus ojos, como pudo abrió sus piernas a todo lo que daba, las recogió contra su pecho y las sujeto con sus brazos antes de llevar sus manos contra sus labios vaginales para abrirlos y ofrecer todo de sí a la mayor, en una clara invitación a que la poseyera a gusto y placer, invitación que gustosa acepto la rubia quien se abalanzo sobre ella sin pensarlo ni un solo segundo.
Lo que siguió no era difícil de imaginar, tan pronto Akeno hizo su contra oferta, Yasaka no tardo en enterrarse tan profundamente en la pelinegra como esta lo hiciera antes con ella, se detuvo un segundo para alinear el falo contra el culo de la joven y su propio coño y tras ensartar ambas cavidades, se lanzó al abandono del placer junto a su amante en un frenesí sexual en el que usurparon cada agujero de sus cuerpos, jugaron con aquellos consoladores a placer e incluso llegaron a probar algunas sorpresas extras traídas por la más joven y que en su momento sacara de su bolso, cosa que solo aumentaron el deseo que las corroía y que continuo durante horas, por no decir que llego a alcanzar las primeras horas de la mañana del día siguiente donde ya con sus caderas hechas polvo, sus coños enrojecidos a mas no poder, sus anos dilatados, por no mencionar los hinchados pezones tras tantos chupones, las marcas de besos, mordidas, nalgadas, bofetadas y demás que exhibían sus cuerpos, finalmente se permitieron descansar, al menos una o dos horas antes de que su sueño se viera interrumpido por una alarma y el recuerdo de cierta jovencita sobre que debía regresar a casa para prepararse, después de todo, hoy era el gran día.
Yasaka solo vio burlona a la chica como iba de aquí para allá por su habitación, tambaleándose y cayéndose cada dos por tres, en parte por el desorden con el cual se enredaba, en parte porque al parecer ni sentía sus piernas tras tanto "ejercicio" y en parte debido a su propia prisa la cual la hacía más descuidada de lo necesario, todo mientras ella retozaba en la cama, recreando la vista en el obsceno, desnudo y lleno de marcas de diferentes tipos, cuerpo que se cargaba la más joven, pasando su lengua por sus enrojecidos e hinchados labios deleitándose en el recuerdo de todo lo que hizo con esa chica y lo que pensaba hacer en la siguiente oportunidad.
Por su parte Akeno se vistió como pudo, la prisa y la debilidad que sentía no lo hacían una tarea precisamente fácil y por primera vez, peleo de forma patética para ponerse incluso su falda antes de finalmente arreglarse, tenía que regresar a casa cuanto antes, ya se bañaría al llegar a su hogar, ahora lo más importante era que se vistiera para salir de ahí antes de que se le hiciera más tarde y cuando finalmente se arregló lo suficiente, se dispuso a irse hasta que sintió algo particular.
Un cierto aire entre sus piernas, que, aunque fresco, le crispo todo el cuerpo gracias a lo sensible que estaba y entonces repaso en su mente antes de percatarse de que había olvidado algo, "¡no me puse las bragas!", fue todo lo que grito en su mente cuando en su repaso mental se percató de que, en su afán, ni siquiera recordó colocarse la parte baja de su ropa interior y ahora, debía gastar más tiempo en su búsqueda a lo largo de la habitación.
Yasaka ahora la miro curiosa, aun acostada en la cama, desnuda hasta la cintura pues sus piernas estaban cubiertas por la fina tela de una sábana, todo sin comprender que había pasado para que la ahora vestida pelinegra detuviera su marcha haciéndole preguntarse qué ocurrió, al menos hasta que la vio agacharse para tomar algo y comprendió una vez la chica se irguió nuevamente que era lo que había pasado, cosa que se le hizo sumamente divertido, antes de tener una mejor idea.
Akeno había tardado más de lo esperado en encontrar sus tontas bragas, pero una vez las encontró, decidió no perder más tiempo y colocárselas cuanto antes para poder salir de ahí y regresar a casa cuanto antes, al menos ese era su plan, aunque al parecer, alguien no estaba de acuerdo con eso y lo supo cuando cierta rubia en la habitación la sujeto de uno de sus brazos y la detuvo de colocarse la prenda, para que cuando la volteara a ver, se encontrara con su cabeza meneándose en clara negativa a que se colocara sus bragas, cosa que le pareció extraño.
- No, no, Akeno-chan, esas no son tus bragas - fue todo lo que dijo mientras sonreía divertida a una más que confundida pelinegra que simplemente no entendía el significado de esas simples palabras, es decir, era imposible no reconocer sus bragas, eran las que había traído puestas desde el principio, era el mismo color, el mismo estilo y aunque sonara pervertido, el mismo olor el cual perduraba en ellas luego de lo mucho que se empaparon luego de tantos orgasmos.
Pero, sus dudas se resolverían pronto cuando la rubia, no sin esfuerzo se levantó de la cama e irguiéndose por completo, empezó a moverse por la habitación quizás más lentamente de lo deseado, aunque era normal dado que su condición no era mejor que la de la joven, como fuera, se movió buscando algo hasta que lo encontró tirado en el piso y decidió agacharse a recogerlo, claro está, manteniendo sus piernas rectas, hecho realizado bajo el temor de la rubia de que de acuclillarse, lo más seguro es que no lograra volver a levantarse dado lo débiles que sentía sus piernas en ese momento.
Sin saberlo, termino dándole una vista a la pelinegra que trastoco su ser y casi la hace olvidar que debía irse, pues al seguir con curiosidad a la mujer por la habitación, cuando esta se agacho, termino realzando el carnoso culo que poseía y que había presentado en todo su esplendor a la muchacha al momento de agacharse y con ello, trayendo a su mente deliciosos y recientes recuerdos que a poco y nada estuvieron de hacerle olvidarse de cualquier cosa que no fuera volver a la cama con esa madura mujer.
Por suerte o desgracia, aquel seductor momento termino cuando la rubia regreso a su postura erguida y con ello no ocultando sus carnes, pero si disimulándolas lo suficiente como para sacar a la pelinegra de su letargo y en el proceso volviendo a prestar atención a la mujer como tal y a lo que fuera que había recogido y que al parecer era la causa de su previo comentario.
La rubia se giró para encarar a la muchacha y una vez frente a frente, la mujer aun con esa sonrisa dulce, cariñosa e incluso inocente que tanto conocía, presento ante ella que era lo que había tomado levantando dicho objeto a la altura de su prominente pecho para que la chica pudiera verlo sin problema, sacándole un gran asombro, dicho sea de paso.
- Jujuju, estas son tus bragas ahora cariño – fue todo lo que dijo la mujer mientras frente a ella, con sus brazos extendidos y sus manos estiradas, exhibía una prenda en específico, unas hermosas bragas de erótico diseño de encaje en color negro, todo mientras mantenía esa inocente y dulce sonrisa en su rostro.
Claro que estaba asombrada, como no estarlo ante la propuesta de su rubia Onee-chan, es decir, reconocería esas bragas donde fuera, eran las mismas bragas que ella amorosa y lascivamente había retirado antes de las caderas mujer para revelar su intimidad y exponer sus secretos a sus ojos, inconfundiblemente esas eran, las sucias bragas de su Onee-chan.
"Y quiere que yo... las use", fue el pensamiento que le llego cuando alcanzo el entendimiento de las intenciones de la rubia, quería que usara las bragas que el día anterior usara ella misma, aquella tela que gustosamente se había bañado en los cálidos jugos íntimos de la rubia, que había impregnado cada fibra de su existencia en el aroma a mujer de aquella MILF, ¿Cómo podía decir que no a semejante obsequio?
Y mientras ella empezaba a lubricar, presa del morbo que le producía la idea de vestir con la misma prenda íntima, sucia y desvergonzada que Yasaka usara la noche previa, la susodicha se acercó de regreso a la cama y a la joven que simplemente se mantenía estática en su lugar, procesando lo que estaba por ocurrir, permitiéndole a la mujer, sentarse al borde de la cama para mirar a la chica antes de llamar su atención nuevamente.
- Entonces, Akeno-chan... ¿me permites? - pidió finalmente a la chica que volvía a mirarla, mientras en sus manos aun sostenía sus bragas y las ponía en una posición que dejaba clara su intención, quería ser ella quien vistiera con la prenda a la joven mujer y claro está, Akeno gustosa complacería su capricho.
Lentamente, levanto una de sus piernas y con suavidad la desplazo hasta alcanzar el agujero en la prenda íntima por la cual viajaría la misma hasta alcanzar sus fértiles caderas para luego repetir dicha acción con su otra pierna, todo ante la mirada atenta y cálida que la rubia le dedicaba mientras esperaba paciente a que la pelinegra terminara su movimiento, recreándose en la cremosidad de aquellos muslos durante el tiempo que duro ese momento.
Se encargó de subir la prenda por esas piernas tan seductoras una vez estuvieron en la posición adecuada, y por supuesto que disfruto de cada segundo que tardaba para recorrer las mismas, besando, acariciando y admirando la suavidad y tersura que presentaban mientras subía y subía con un claro objetivo en mente, la zona intima de la más joven, la cual, como sus piernas, recibiría el mismo trato, dulce y amoroso de parte de la mayor.
Akeno por su lado disfruto de cada segundo, estremeciéndose y sintiendo como su piel se erizaba con cada beso que le daba la mujer allá por donde previamente pasara la prenda de Yasaka, ansiosa de más y al mismo tiempo, deseando ya sentir el dulce e indirecto contacto de su coño y el de la rubia por medio de esas obscenas bragas, aunque no por eso, dejando de disfrutar de las dulces caricias de esos carnosos labios que la seducían y provocaban para abandonarse una vez más al placer que aquella mujer le podía dar.
Cuando termino su recorrido y la íntima prenda llego a su destino, Yasaka tenía el deseo a flor de piel y no era la única pues Akeno estaba luchando contra la estremecedora necesidad que nacía en ella, cosa que solo empeoró cuando sintió un delicado beso sobre su monte de venus por sobre las bragas negras que ahora portaba y que ya empezaban a humedecerse producto de todo el juego previo y las delicadas caricias que percibió.
Sin embargo, Yasaka solo dio un beso antes de levantarse, dejando una sensación de alivio mezclada con desconcierto y decepción en la más joven, aunque aquello no duro cuando pronto sintió que la rubia aun no terminaba y así como con sus piernas, conforme se levantaba, la mujer decidió acariciar sus formas con delicada dulzura, estremeciendo nuevamente a la ya receptiva pelinegra que debió morderse un labio solo para evitar que un sonoro gemido surgiera de ella.
Quiso decir algo, pero para cuando se dio cuenta, Yasaka ya estaba totalmente erguida, cara a cara con ella y más importante aún, la razón principal de que no pudiera gesticular palabra alguna es que para cuando ambos rostros se encontraron, la rubia no tardo ni un segundo en reclamar sus labios en un apasionado beso que igualmente ella no dudo ni un segundo en corresponderle, tampoco es como si no disfrutara besar a la mujer.
El beso se prolongó más de lo necesario, para ambas resultaba adictivamente difícil separarse del sabor de los labios ajenos, pero al fin lograron separarse, solo para respirar pesadamente ante el rostro ajeno, sonrojadas a mas no poder mirándose con ojos vidriosos por todo lo que acababa de pasar, pese a lo simple del acto mismo, para un segundo después la rubia sonriera burlona y acercarse al oído de la chica y susurrar con un tono bastante sugerente.
- Esas braguitas son muy especiales mi amor, así que espero que las disfrutes - dijo de manera sugerente y en un tono bajo, asegurándose de que su compañera sintiera su cálido aliento contra su oreja, sabiendo que al hacerlo estremecería a la chica, - úsalas cada que te sientas con ganas y mastúrbate mucho pensando en la dueña de las mismas mientras te tocas - era clara la intención de la mujer mientras decía aquello, provocando la libido de la joven, la cual se estremecía incluso más ante esa perspectiva y sentía su cuerpo erizarse cuando la rubia mordió su lóbulo de forma traviesa al tiempo que lo estiraba un poco para placer de ambas.
Fue solo un instante el que estuvieron conectadas de esa manera, pero no por eso fue menos placentero, de hecho bien pudieron acabar de nuevo en la cama amándose, pero claro, alguien debía ser la responsable en este caso y esa persona, debía ser la rubia, que girando para ver el reloj en su mesita de noche y confirmar la hora y al ver que la chica estaba como ida tras sus palabras y acciones, sonriendo divertida decidió recordarle lo que debía hacer, mientras aun le quedara voluntad para no "secuestrar" a la pelinegra y violarla hasta que estuviera saciada.
- Jujuju, Akeno-chaaaan, deberías irte ya o no llegaras a tiempo cariño - fue lo que dijo con voz cantarina, "por no mencionar que si te quedas más tiempo no respondo de mí", pensó mordiendo el interior de sus mejillas ante ese último pensamiento antes de que finalmente terminara sacando a la pelinegra de su estupor de golpe y esta reaccionara de forma divertida y espantada ante la realidad que la golpeaba.
La vio apresurarse, aun sonrojada dirigiéndose torpemente a la puerta de su habitación antes de verla detenerse y regresar sobre sus pasos para sorprenderla con un beso en sus labios y un rápido "te amo" antes de sí, salir del cuarto y más tarde del apartamento de la mujer, dejando a la rubia sonrojada, sorprendida y obviamente, también, muy, muy caliente.
Se sentó entonces en su cama, tocando sus labios, repasándolos tratando de hacer perdurar la sensación de ese último beso a la vez que recordaba todo lo que habían hecho las últimas horas, calentándose incluso más al recordar lo último que acababa de hacer al darle esas bragas negras a la pelinegra.
- Si... de verdad que son especiales... más de lo que te puedas imaginar A-ke-no-chan - misma recordando de donde salieron esas bragas y el profundo y obsceno secreto que ocultaban y que ahora estaban en posesión de una lujuriosa adolescente y esa sola idea causo que su calentura amentara incluso más, necesitando desfogarse como fuera, empezando por solo manosear su cuerpo recordando las imágenes de lo que hiciera con la joven, antes de empezar a meter uno de sus juguetes en su coñito y cuando nada fue suficiente, tomar su teléfono y marcar un numero torpe pero rápidamente para poner el aparato contra su oído a espera de que contestaran, todo sin dejar de jugar con sus dedos sobre su intimidad, hasta que escucho el sonido que indicaba que contestaban su llamada, hablando sin rodeos ni tapujos sobre lo que quería, sin ni siquiera molestarse en ocultar lo que estaba haciendo mientras hablaba con la persona al otro lado de la línea - hola... t-te necesito... ¿en, hng c-cuánto puedes estar aaaquí? -.
- Y bueno, esa es básicamente la historia - dijo tranquilamente la pelinegra una vez que termino de contarle su relato a su pelirroja amiga, claro está, sin ser conocedora de lo que ocurrió luego de que saliera del hogar de la rubia, - fufufu, entonces... ¿te gustó? – fue lo que dijo ahora mirando a la pelirroja ante ella, con una expresión entre curiosa y divertida esperando saber que tenía que decir la chica luego de escuchar todo aquello.
"Aunque, si tuviera que decirlo, supongo que mi única queja fue no tener una amara en ese momento para grabarlo todo", al parecer incluso con aquel idilio, un pequeño rastro de inconformismo persistía en la joven pelinegra, aunque estuviera más ligado a su falta de previsión, "moooo, fue nuestra primera vez juntas, me habría gustado tenerlo todo en video para mis noches de soledad", una versión chibi de sí misma estaba pataleando en su cabeza por dejar pasar un evento único como ese, pero ya no valía la pena llorar sobre la leche derramada, ahora solo le quedaba prepararse para su próxima vez y así poder grabar su encuentro con la rubia como ya lo había hecho con su novio, incluso podría grabar su primer trío, sí, aunque no sería lo mismo, al menos esa idea ayudaba a mitigar un poco su mal humor y sacarle una lasciva sonrisa.
Por su parte Rias, ella solo estaba tratando de procesar todo lo que acababa de escuchar, de alguna manera no le sorprendía y era triste tener que admitir que de hecho hasta se lo esperaba, es decir, hablábamos de Akeno después de todo, solo no se esperaba un relato de tal magnitud y tan vivido, relatado por una de sus protagonistas, de una manera tan casual y despreocupada, pero una vez más, era de Akeno de quien se trataba.
- ¡T-Tienes que estar b-bromeando! - no quería sonar tan escandalizada, pero no pudo evitarlo, a duras penas podía esconder el sonrojo que le causo lo que escucho, el que la pelinegra estuviera tan calmada tras decirlo no ayudaba a controlarse, - c-como sé que eso es verd-ughh - no llego a terminar su cuestión sobre la veracidad de la historia escuchada.
El motivo era bastante sencillo, justo en ese momento, ambas adolescentes estaban a la mitad de una intensa sesión de sexo lésbico, frotando sus almejas entre sí mientras en su interior un consolador doble les revolvía las entrañas y en ese momento, Rias acababa de correrse como para poder continuar con su interrogatorio sobre la veracidad de las palabras de su amiga.
Se odiaba a sí misma en ese momento, odiaba el hecho de que se dejara manipular por esa pervertida, odiaba lo fácil que cedió a sus caprichos, odiaba lo mucho que se calentó escuchando aquel relato digno de una película porno, odiaba que ya era su sexto orgasmo desde que entrelazara las piernas con la pelinegra esa noche y por sobre todas las cosas, odiaba que aún no tenía suficiente y quería continuar follando con su mejor amiga hasta calmar ese furor.
Pero como culparla, ese relato fue tan vivido, desde el primer momento supo que se arrepentiría por su insistencia al querer saber sobre el supuesto soborno y no se equivocó, su amiga se aseguró de contarle con pelos y señales todo lo que ocurrió, ensañándose en darle particular atención al detalle al recrear el cuerpo desnudo de la MILF rubia con sus palabras, permitiéndole una más que clara imagen de las carnes que se escondían tras la holgada ropa de aquella mujer, por no mencionar lo emocionada que estaba mientras relataba la zorra en celo que se escondía bajo la superficie dulce y cariñosa de Yasaka, que dicho sea de paso fue lo que más la calentó pues termino imaginándose en la posición de Akeno, siendo devorada por tan lujuriosa mujer.
Y claro que Akeno se percató de como su amiga prácticamente se derretía en un mar de sus propios jugos por la excitación, cosa que aprovecho para, tomándola desprevenida y absorta en contener su propia excitación, asaltarla mientras le comía el coño, de forma tan rápida que para cuando se dio cuenta, las posiciones se habían invertido y era la pelirroja quien estaba boca arriba con su mejor amiga sobre ella, sonriendo lujuriosa y sonrojada, antes de bajar sus prominentes senos y aplastarlos contra el rostro de la joven mujer que como toda respuesta, solo pudo aspirar profundamente el dulce y pecaminoso aroma de la pelinegra, cosa que solo agravo su propia condición.
- Ara Ara, ¿Rias, te gustaría probar un poco de lo que hice con Yasaka Onee-chan? - esas fueron todas las palabras que pronunció la pelinegra mientras restregaba sus enormes pechos sobre el rostro de su amiga, solo esas sugerentes palabras, dichas en ese tono tan característico suyo, fueron lo que necesito para mandar todo al demonio, estaba frustrada, estaba caliente, estaba necesitada y sobre todo, estaba demasiado cansada de fingir que no quería esto como para seguir peleando con su amiga.
¡KYAAAAA!
Como toda respuesta se escucho el grito de Akeno cuando para su sorpresa, la respuesta a su oferta por parte de su amiga vino con un buen agarre sobre sus carnosas nalgas seguido de un intenso magreo al que pronto se unio una cabeza que a como pudo, salio de su dulce y esponjosa prisión para prenderse de uno de sus rosados y erectos pezones sin importarle nada mas en ese momento que saciar su propia hambre.
Cuando la peliegra se recupero, solo se mofo sobre la pervertida que era en realidad su amiga, aunque sus palabras cayeron a oídos sordos y pronto a ella dejo de importarle también si había molestado o no a la pelirroja y como ella, se abandono a su necesidad y deseo por su amiga en esa noche donde conforme la historia avanzaba y crecía en intensidad, también lo hacían ellas mientras follaban desesperadas ante el grado de obscenidad del relato de la Himejima.
Si Rias llego a considerar algo sobre seguir con todo aquello, consecuencias, vergüenzas o lo que fuera, dejo de prestarles atención cuando le llego el primer orgasmo de mano de la dedeada de su amiga, que dicho sea de paso la hizo orinarse de placer cuando a medio climax apretó sus dedos contra su punto G, lo cual le borro todo pensamiento que no fuera continuar con aquella particular y excitante fuiesta que estaban teniendo ambas, ya se preopcuparía al día siguiente sobre lo bajo que había caído, de nuevo, gracias a las maquinaciones de su mejor amiga, por ahora, solo el placer importaba, solo ellas importaban y lo lejos que estaban dispuestas a llegar mientras el relato avanzaba en historia e intensidad.
Lo demás, no era difícil imaginarlo, ambas simplemente decidieron explorar sus cuerpos a placer y capricho, recorriendo hasta el último rincón de los mismos, no sería la primera vez en ese viaje que se desfogaran follandose la una a la otra, pero si la primera vez que lo hacían con tal abandono y necesidad, importándoles poco el bañarse en los jugos de la otra, beberlos directamente o lo que fuera que estuvieran dispuestas a hacer si ello les daba más placer conforme avanzaban en esa noche.
Curioso llegaba a resultar, habían limpiado sus cuerpos a conciencia, dejándolos impolutos y libres de cualquier contaminante que hubieran recogido durante el día, solo para terminar revolcándose en esa cama, dándole un nuevo tipo de "suciedad" a sus curvilíneos cuerpos, haciendo de sus cabellos un desastre, sus cremosas pieles un caos pegajoso, por no mencionar los mas que seguros moretones que aparecerían sobre ciertas zonas gracias a la cantidad de chupetones que se habían hecho, sin mencionar las mordidas causadas por tener fuertes orgasmos mientras degustaban la suave piel ajena.
Oh sí, esa sería una noche que ambas no solo disfrutarían, sino que recordarían por el resto de sus vidas, aunque posiblemente no por las mismas razones, y mientras bajaban del cielo de un nuevo orgasmo, solo se veían atentamente para un segundo después, volver a lanzarse la una sobre la otra en busca de más, después de todo, como Yasaka dijera en esa historia, "la noche aún era joven".
¡Hnnngggh! ¡Hmmmm! ¡Ugggggh!
Mientras tanto en otro lugar, cobijada por la seguridad de las sombras que la rodeaban, una figura se encontraba recostada sobre su cama, completamente desnuda, mientras una de sus manos se alojaba sobre sus prominentes y llenos pechos y sus dedos retorcían con violencia sus erectos pezones al tiempo que estiraba la obscena carne de esos deliciosos orbes, al tiempo que su otra mano alojada entre sus piernas hundía sus respectivos dedos dentro de la caliente y húmeda feminidad.
- ¡Me corrooooooo! - fue el grito de la mujer cuando en busca de más placer saco sus dedos de su vagina y de inmediato los traslado sobre su clítoris, el cual retorció bruscamente, hecho que fue suficiente para llevarla a un fuerte orgasmo que hizo a su cuerpo convulsionar y tensarse presa de tan violenta sensación.
Se dejó caer cuando el orgasmo termino y llevando la mano sobre sus pechos hacia arriba para con su antebrazo cubrir parcialmente sus ojos y al mismo tiempo llevar su otra mano, aun húmeda con sus jugos frente a su rostro, al ver lo húmeda que estaba, solo pudo suspirar pesadamente antes de dejar salir su frustración.
- Esto no es suficiente... desde el principio nunca lo fue - dijo con pesar en su tono pues pese a que era ya su enésimo clímax de esa velada, simplemente no podía apagar el fuego que ardía en su vientre y que hacía enardecer sus bajos instintos, - mis dedos ya no son suficiente para satisfacerme y los juguetes no bastan - se resignó a la cruda realidad que la asolaba en ese momento, aunque claro, no podía esperar otra cosa cuando llevaba horas encerrada en su cuarto dándose placer por sí misma, ya no era suficiente solo auto complacerse, deseaba verdadero contacto piel con piel.
Aun así, no desperdició el tiempo ni lo que tenía frente a ella y con necesidad, llevo sus empapados dedos a su boca para saborear con gusto su propia necesidad, estaba acostumbrada a tal sensación, el sabor de su propio coño, es decir, ya lo había probado muchas veces en el pasado, se sus dedos o los de algo o alguien más y si no era mojigata, admitía que le encantaba su propio y dulce sabor.
Termino de limpiarlos con su lengua, asegurándose de no dejar ni una sola gota de sus jugos sobe sus dedos, antes de reincorporarse sobre la cama un poco y considerar las circunstancias, especialmente las de su implacable e incesante necesidad que con cada segundo que pasaba e irónicamente, con cada nuevo orgasmo que se otorgaba a sí misma, solo crecía y crecía sin parar.
Por suerte para ella, las cosas estaban marchando como deseaba y esperaba, finalmente todas las fichas estaban en su lugar y finalmente podía, como se dice, tomar el toro por los cuernos, finalmente podría calmar su necesidad, aplacar su deseo y no tenía intención de esperar ni un día más.
- Jujujuju, finalmente... tras toda esta espera, finalmente, ES MI TURNO - dijo particularmente emocionada cuando dijo lo último, había sido una larga espera, alrededor de cuatro semanas ¿tal vez?, ciertamente había sido más tiempo del que ella se hubiera esperado o siquiera gustado, pero la espera bien había valido la pena, finalmente había llegado su momento anhelado y ahora, pensaba cobrarse con intereses la tardanza.
La sola idea de lo que pensaba hacer la emociono, en más de un sentido, especialmente a su cuerpo que dejo ver su emoción mediante sus nuevamente erectos pezones demandando atención, por no mencionar como sentía que su coño empezaba a escurrir de nueva cuenta con ardiente deseo, uno que no podía o siquiera quería, intentar contener.
- Hmmmm, supongo que solo por esta noche, puedo esperar un poco más - fue todo lo que dijo mientras se levantaba de la cama y se dirigía al mueble frente a su cama donde se agacho para alcanzar un aparato en específico y tras unos segundos de espera, sacar lo que había en el dispositivo e introducir uno diferente antes de regresar a su cama.
Una vez de vuelta en su cama, se acomodó en el suave y mullido colchón, sin molestarse en cubrirse, tampoco es como si fuera necesario, tomo el control a su lado y dándole al botón de reproducir, dejo que el disco en el reproductor empezara a correr y pronto ante la mujer, la tenue luz del televisor de pantalla plana de 65 pulgadas, única luz que daba algo de iluminación al cuarto y revelaba la exquisita y atlética forma de la mujer, empezó a reproducir lo que solo podía describirse como una película porno de alta intensidad.
- Tendré que conformarme con esto por ahora, pero mañana... ¡UGGGHH! – no llego a terminar la frase cuando gracias a lo sensible que tenía el cuerpo, especialmente su zona intima, empezó a gemir mientras una vez más, empezaba a masturbarse con frenesí, incitada por las obscenas y depravadas imágenes que se reproducían en pantalla y que tanto la calentaban.
Sí, definitivamente intentaría algunas de las cosas que había visto en esos videos, y que tan excitada la tenían.
Con eso en mente, se dejó envolver por la lujuria una vez más, para gustosa recostarse en la cama y tener mayor libertad y comodidad a la hora de masturbarse mientras sus ojos no se despegaban del obsceno espectáculo que le ofrecían los protagonistas del video y la hacían desear ser ella quien estuviera en una situación como esas, todo mientras alrededor de la cama y también en algunas zonas del piso, varios discos se encontraban desperdigados, evidencia clara de que la susodicha mujer, llevaba un buen rato en aquella actividad y que por cómo se veía, no terminaría pronto.
Oh sí, el mañana se pintaba increíble para ella, y no tenía intención de posponerlo por más tiempo.
- CONTINUARA -
Finalmente, tras un buen tiempo y mas de una complicación, este capítulo esta listo y la verdad jamas me imagine que llegaría a ser así de largo, de hecho hasta considere partirlo en dos, pero para ser honesto, nunca encontré el momento adecuado como para cortarlo, así que al final, lo quisiera o no, termino siendo así de largo, y mira nada más el largo de este capítulo, ni más ni menos que una extensión de casi 95,000 palabras, la verdad estoy hasta asustado de lo largo que termino saliendo, pero al mismo tiempo me da cierto orgullo saber que pude crear algo así de extenso, aunque si soy honesto, tratándose de Akeno llega a resultar hasta sencillo escribir este tipo de situaciones.
En cuanto al motivo de la tardanza en una actualización de alguna de las historias, que estoy seguro mas de uno debe de estárselo preguntando y lo digo por algunos mensajes al interno que llegaron a mi, bueno la razón es de hecho bastante simple, como sabrán, hace algún tiempo finalmente logre mi titulo profesional, logro del que estoy muy orgulloso, pero de igual modo, con esta nueva situación llegan nuevos retos, empezando por la búsqueda de un trabajo y si, algunos con esto ya se lo estarán imaginando, finalmente logre conseguir un trabajo y como es lógico, tal cosa lleva a que mucho de tu tiempo termina invirtiéndose para llevar a buen puerto tu trabajo y es eso justamente lo que ocurre en mi caso, con este nuevo trabajo, mucho de mi tiempo se enfoca en cumplir mis funciones lo cual reduce el tiempo que puedo dedicarle a escribir.
Ojo, no estoy diciendo que no vaya a continuar escribiendo o publicando, solo que dadas las nuevas circunstancias y el nuevo estatus quo en el que me encuentro, como ya se hará obvio par la mayoría, tardara un poco mas en que haya una nueva actualización de mis historias, pero quiero aclarar que en ningún momento he tenido la intención de detener ni mucho menos abandonar mis historias, solo que como dije, me tendrán que tener un tanto mas de paciencia con respecto a cuando serán las actualizaciones de cualquiera de las historias, que dicho sea de paso, es mi intención centrarme por un rato en la historia de "Lazos" la cual quiero avanzar mas y llegar al punto que deseo, así que las próximas actualizaciones salvo algún caso excepcional serán para esa historia.
Ahora si, ya centrándonos en el capítulo, la verdad como ya dije, no me esperaba esta extensión, de hecho la idea original era bastante mas corta, sin embargo conforme avanzaba, empezaba a pensar y si mientras pasaba esto, también incurrían en querer hacer aquello, de alguna manera se sentía orgánico como por mas que lo hicieran no tenían suficiente y querían mas y mas, la verdad sea dicha es un soborno al cual es muy difícil de resistirse y claro esta, también esta el hecho de que como dije, con Akeno resulta sencillo imaginársela siendo... ¿juguetona? y luego esta Yasaka que para todo fin y propósito, en esta historia es una MILF rubia y pechugona que es igual o incluso mas juguetona que la misma Akeno, de hecho si lo pienso bien, es como si Yasaka fuera la versión MILF de Akeno y quizás es por eso que se llevan tan bien, quien sabe.
Y luego esta Rias y su infinita curiosidad, al final se iba a terminar arrepintiendo claro, porque a fin de cuentas, termino cayendo justo en el juego de su amiga que aprovechándose de la curiosidad de su amiga logra hacer que "juegue" con ella, lo quiera o no, para eso se iba a asegurar de contarle la historia con lujo de detalles sobre la de marranadas que hizo con la rubia y bueno, lo demás caería por su propio peso, por desgracia para Rias, eso significaría meterse a la cama con su amiga, de nueva cuenta y satisfaciéndola a capricho, de hecho es curioso lo fácil que Akeno la manipula, tanto en esta historia como en el canon mismo, generalmente para seducir a Issei, aunque quien se queja.
Ya para terminar, espero que hayan disfrutado el capítulo, que no resultara demasiado pesado dada su extensión y solo por si las dudas, que sigan vivos si es que perdieron demasiados fluidos, independientemente de si dicho fluido es de color rojo o blanco, ya sabes, no quiero problemas legales por deshidratación con algunos de ustedes, pero deje muy claro una advertencia antes de comenzar el capítulo así que si llegaron hasta aquí, ya es cosa completamente suya y no me hago responsable legalmente, XD.
Ahora si, sin mas que decir, pasamos a los reviews y nos leemos en el próximo capítulo.
Reviews:
Magd305TLC
Gracias, aunque igual y me ausente otro tanto, pero... bueno solo digamos que la vida sigue y aun en tiempos oscuros puedes encontrar un rayo de esperanza.
De la sabrosura, eso estaba garantizado desde un principio, sobre lo de la broma, digamos que se torno inevitable cuando llego a mi mente y bueno, lamento las falsas esperanzas.
La verdad resulto un tanto complicado y a la vez divertido ver como se comportaban según las situaciones pero creo que al final funciono muy bien.
Saludos y nos leeremos en otra ocasión, respecto al delicioso entre Issei y su Onee-chan... la paciencia es un don mi amigo.
Fernando Murillo
Bueno espero que lo hayas disfrutado, al igual que este.
El angel de la oscuridad
Bueno, quería que fuera un momento madre e hija que fuera fácil de construir y a su vez era fácil de destruir una vez que se quisieran fastidiar la una a la otra y creo que funciono bien, hasta cierto punto resulto algo muy orgánico sin necesidad de llegar ni a lo cursi ni a lo simple en la interacción que las debía envolver en este caso.
Si bueno, en ese capítulo no creí que fuera del todo necesario la parte de las escenas yuri, pero para compensar el disgusto causado en este caso si deje como tu querías un yuri en exceso explicito, bastante morboso y emocionante, espero haberme reivindicado contigo y con todos los demas y si no, pues ya sera para la próxima.
Por lo demás, me alegra que te gustara.
zeta12345
Si, resulta bastante complicado cuando el tiempo no te sobra, pero con algo de esfuerzo se saca adelante un proyecto, espero que también hayas logrado avanzar con tu historia y hayas pasado de la introducción.
father of humanity
En cuanto a las motivaciones de cada una, no estas mal encaminado pero eso ya se vera mas adelante, en cuanto al momento actual, todas ya han decidido dar el paso, así que es solo cuestión de tiempo, en cuanto al orden en que irán cayendo, aunque a mi parecer las depredadoras son ellas no el castaño, como sea, prefiero no adelantarme a los hechos.
Bueno, que sea una historia de MILFs no significa que no haya espacio para las mas jóvenes, especialmente cuando ellas son las que para empezar acceden a esta situación, creo que es hasta importante que ellas cuenten su historia respecto a ese tema, ¿no crees? e igualmente no es como que en sus participaciones, las MILFs no estén inmiscuidas.
Si bueno, es una historia diferente y que como bien dices, ya tiene una experiencia previa para saber como llevar a cabo ciertos escenarios, ciertos acontecimientos y ciertas motivaciones, por no mencionar que en ese caso particular, fue una combinación de alcohol, afrodisiaco, frustracion y dos locas en necesidad buscando venganza, ya por lo demas, en cuanto a gustos, bueno, cada quien es libre de elegir sus propios gustos y sus motivaciones, aun así, respeto tu opinión y espero que termines de disfrutar esta historia.
LolFairy
Créeme que eso ha sido lo mas complicado, lograr una buena sinergia entre todos, el que guste la historia eso es lo que mas me emociona.
La parte ero, pues sí, creo que es mas que evidente, pero es que cuando encontré esa historia, era justo lo que quería plasmar en cierto sentido respecto a las personalidades de las chicas, así que, ¿por qué no?
Gracias, como dices, todos encontramos la inspiración de cualquier lado, solo espero poder mantener la calidad lo que resta de la historia.
chisa782911
Si, ya hacía falta verla actuar así tan divertida y hasta troll, da un aire de frescura que combinado con sus delirios eróticos causan gracia y otro tipo de reacciones involuntarias en el cuerpo, pero que te digo, con ella es tan fácil jugar ese juego que...
Bueno, respecto a tu duda, aquí tienes la respuesta, no se porque pero conforme lo escribía, sentía que era como si las tijeras fueran entre una Akeno joven y una Akeno MILF, eso solo mejoraba el asunto de alguna manera.
En cuanto a lo que podría haber llevado para no extrañar tanto a Issei, solo diré esto, ¿adivina donde los gasto?
No es como que no lo haya hecho, solo que eso si podría haber resultado siendo mucho mas difícil de disimular, especialmente si le aplica potencia máxima en ambos lugares.
DragonMN666
Sí, ciertamente lo es, solo espero que no mueran deshidratados, en cuanto a tu pregunta, sí, tengo pensado hacer uno de ellos, tal vez de la parte de los contratos, solo de algunas claro o ya tirar toda la carne al asador y que sea un popurri de vacas lecheras ordeñando a su macho 24/7, algunos spin-off o lo que sea, ya veremos.
Anonymous
Gracias me alegra que te gustara el capítulo y espero disfrutaras también de este.
Trato de que mas allá de la "trama" la historia si tenga pues... trama, así no se sienten las cosas forzadas.
Pues créeme que ya se salieron de control, solo que la única que aun ni por enterada se da, es precisamente esa hermosa peliplata. Pues si cuando se entero del doble noviazgo del castaño, básicamente amenazó a las dos jóvenes prácticamente de muerte si lo lastimaban, no creo que quieras ver lo que les hará a sus amigas por "profanar" a su lindo hermanito, sera interesante ver como salen de ese problema sin echarle mas lecha al fuego.
En cuanto a la platica madre e hija entre Venelana y Rias:
Bueno, esa era la idea, Rias actuando mojigata y Venelana queriendo saber detalles sucios, era para morirse de risa desde un principio, es decir, era obvio que Venelana se iba a aprovechar de esa información, tanto para fastidiar a su hija por lenta, como para adelantarsele a su hija en su cercanía con el castaño. Lo de si sabe o no sabe, creo que la respuesta es obvia, digo, cuantos tríos no han hecho, ¿no crees que sería raro si no sale a la luz ese detalle?, mas con alguien como Akeno de por medio.
Bueno no es como que no lo haya pensado, es solo que, como lo digo, incluso en eso quiere que sea un momento especial y no solo el calor del momento, ya sabes, un desvirgue anal romántico o algo por el estilo, claro, suponiendo que algo así sea realmente posible.
Gracias por el alago, la verdad como que te llena que te tengan en tan alta consideración, XD, bueno, he visto muchas historias donde lo último que se tiene es trama y luego de un tiempo como que te cansas de eso, así que aquí estoy, intentando cambiar el panorama a mi manera, claro que no todo es merito mío, es decir, los personajes aportan mucho con sus personalidades base, así puedes explotar esos detalles que enriquecen luego tu historia, solo hay que saber como jugar con ello. de verdad te lo agradezco, es bueno saber que tu esfuerzo de una u otra manera es reconocido.
Nos veremos la próxima y espero que el capítulo te haya gustado, ahí perdonaras si se me paso la mano en la extensión.
Ignacio365
Bueno lo importante es que ya comentaste, algo tarde pero lo hiciste, XD, en cuanto a tu predicción, acertaste en la mitad y te equivocaste en la otra, pero no comas ansias, ya llegar el momento de que el harem de MILFs continué en expansión, todo a su debido tiempo mi amigo.
natsuDragnnel
Gracias, me alegra que te gustara y que te pareciera bien donde termino, espero que hayas disfrutado de este también. Pues depende desde que punto de vista lo tomes, Issei lo mas seguro es que ese día necesite pañales para no hacerse encima, las MILF podrían estar mucho muy orgullosas de aun poder provocar tal deseo en un jovencito como Issei y en cuanto a Rias y Akeno... pues derecho a quejarse no tienen pues fue su plan, aunque quizás si compren unas cuantas cajas de condones para que se les retribuya todo lo que sus madres les robaron o algo así, ya veremos. Saludos y de nada, me alegra que te este gustando la historia.
