PISTA 5
El incesante timbre del celular la despertó y enojó, pues Trea sabía que aún no era hora de que sonaran las alarmas para levantarse. Abriendo los ojos con furia, miró el único reloj de su cuarto en su mesa de noche, notando que aún faltaba hora y media para que tuvieran que levantarse a trabajar.
Su molestia no venía directamente del tiempo sobre ella, ya que tenía la grandiosa facilidad de dormirse en el instante en el que lo deseara. El problema era Kayn, quien una vez despierto, no volvía a dormir sino hasta que fuese la hora indicada en su reloj biológico. Era un desafortunado resultado de ser un agente y haber pasado la disciplina a mano dura, y a golpe duro de Noxus, y Trea trataba de no molestarlo para que durmiera sus ocho horas diarias.
Jaló el celular con poco cuidado, desconectándolo agresivamente del cargador, cayendo el cable detrás de la cama. Contestó con rapidez enviando el teléfono a su oreja, sintiendo a Kayn removerse detrás de ella, quejándose en voz alta.
― ¡¿Qué?! ―susurró molesta.
― ¿En dónde está Qiyana?
La voz de Yasuo al otro lado, frenética y fuerte, no ayudó a que se despertara, pero sí a que se confundiera. Con los ojos algo desorbitados por las lagañas, Trea se enderezó sobre su pecho, estando acostada anteriormente boca abajo.
― ¿De qué hablas? Debe de estar en su casa ―contestó.
―No está ―contestó Yasuo―. Los muebles están cubiertos por fundas, el refrigerador vacío, los cuartos cerrados con llave. Su auto no está, ni sus llaves. Las cortinas cerradas, y no me contesta el teléfono.
Cada una de las cosas listadas comenzaron a levantar alarmas en la cabeza de Trea, quien poco a poco se enderezó hasta sentarse en la cama, desperezándose y mirando hacia un punto incierto en su pared.
― ¿No sabes si se quedó con Evelynn? ―preguntó Trea.
―Ella ignora mis llamadas ―contestó Yasuo.
Trea tomó aire, imaginándose a dónde iba la extraña desaparición de Qiyana.
―Espera, déjame intentar contactarla. Te llamaré en el día si tengo noticias.
―Gracias.
Trea colgó la llamada, bajando su celular y saliendo a su aplicación de chat.
Envió un mensaje rápido a su conversación con Qiyana, siendo directa con la pregunta.
Bajó el teléfono al ver que el mensaje ni siquiera había llegado, por lo que decidió que quedarse a esperar por la confirmación sería una pérdida de tiempo. No era ignorante, sabía qué podría estar pasando y porqué Qiyana no contestaba, pero estaba lejos de ser quién para cuestionarle algo a la mujer.
Cuando escuchó a Kayn quejarse detrás de ella, suspiró molesta.
.
.
.
.
.
Yasuo volvió a checar su celular, encerrado en la cabina del auto que Ekko le había prestado. Eran ya las ocho de la mañana, tenía dos horas y media que había llamado a Trea para preguntarle por Qiyana, y no había recibido respuesta de ella. Había intentado con Akali, pero tampoco contestó, y a Senna no podía ni marcarle. Estaba harto de que todos le ignoraran.
No se había movido de la casa que compartió con Qiyana, pues había ido a recoger algunas cosas de su estudio cuando notó todo lo que le había contado a Trea, y decidió quedarse ahí por si, de pura casualidad, la latina volvía.
Pero horas pasaron, y comenzaba a dudar, al mismo tiempo que las suposiciones ocupaban su imaginación.
Se marchó para siempre, se mudó, se ha vuelto novia de un millonario, empresario, con una enorme mansión, un montón de perros y latino, y se había ido a vivir con él… Muchas cosas podrían pasar, no había que descartar nada.
Y mientras las cosas que venían a su mente le nublaban el juicio, el auto pequeño de Rakan se estacionó delante del suyo, alumbrándolo con las luces levemente para avisar de su llegada. Yasuo hizo parpadear sus faros para que notara que lo había visto y desactivó los seguros del auto.
Envuelto en una muy esponjosa y grande chamarra color ladrillo, el joven rubio bajó corriendo de su auto y llegó hasta el del compositor, abriendo la puerta rápidamente y entrando con una nube de humo entre el ambiente del interior y el del exterior.
Yasuo miró a Rakan con poca preocupación, pues sabía cuán acostumbrado estaba su amigo al clima cálido en comparación con las recientes heladas de la mañana.
―Buenos días ―saludó el rubio.
Yasuo le saludó enarcando una ceja.
―Gracias por venir ―le dijo el asiático―. Lamento haberte despertado por esto.
― ¡No te preocupes! ―respondió Rakan con una sonrisa, volteando su cuerpo hacia Yasuo―. Estuvo bien que me contactaras porque te tengo la información que necesitas.
Yasuo de inclinó hacia Rakan con ojos expectantes.
― ¿Qué sabes?
Rakan se acercó a él como si estuviese compartiendo un secreto.
―Qiyana está en-
.
.
.
.
.
Qiyana sentía la mirada de atención que los demás visitantes le dirigían, y sabía que era esa reacción la que buscaba. No por nada se había puesto su mejor atuendo de temporada, y de marca.
Un vestido ajustado de seda color crema con destellos cálidos de brillo naranja y dorado, tan diminutos y finos que parecían parte de la suave tela. Le llegaba a mitad del muslo, corte a la cintura, con un leve drapeado en esta en el lado izquierdo. Un escote grande que llegaba poco antes de su ombligo, mangas largas y ajustadas, unas ligeras hombreras que estilizaban la parte superior, y un cuello delgado que rodeaba tapando por detrás, pero desaparecía al frente con el escote. También traía una apertura en el centro de las piernas, que partía desde el drapeado izquierdo de la cintura hasta la pierna derecha, y el otro pedazo de vestido se mantenía liso en la pierna izquierda. Sus sandalias de tacón eran del mismo tono que el vestido, opacas, y con unas cintas delgadas que subían por sus piernas hasta la mitad de las pantorrillas.
Para finalizar con el atuendo del día, los accesorios eran la parte clave: lentes de sol grandes cuadrados color naranja, estilo espejo, con una cadena dorada para colgarlos. Sus ojos no se veían detrás de ellos, y era toda una táctica para que, al quitarlos, su maquillaje fuera el principal protagonista. Traía dos aretes medianos de oro con forma de sol, tres tiras de cadenas doradas detrás de ellos colgando debajo. Traía unos anillos muy delgados, tres en cada mano, dos en ambos dedos índices, uno en el dedo anular izquierdo, y uno en el dedo meñique derecho. Su cabello estaba recogido en un chongo alto, y su fleco había sido peinado hacia el lado derecho. Coronando su rostro, sus labios estaban pintados con un labial mate naranja cubierto con un gloss dorado brillante. Su bolso de mano de tamaño grande, que estaba hecho para parecer un sobre y ser parte del conjunto del vestido, era el mejor punto de atención cuando estaba quieta.
Sí, definitivamente se sentía en una pasarela.
Estaba siendo guiada por el gerente del hotel y el que sería su asistente personal en su estancia, ambos hablándole de los servicios que le ofrecían y lo que era libre de disfrutar, gracias a que era acreedora de una Membresía Hextech, un privilegio que obtenían únicamente las personas más importantes del espectáculo y la alta sociedad, como el reconocido Profesor Heimerdinger, el famoso presidente Jarvan IV, la conocida matriarca del norte, Ashe, o la mismísima Ahri. Había mucha gente acreedora de la membresía, que era una que funcionaba en diversos hoteles y negocios del mundo, pues todas trabajaban en la misma asociación bancaria.
Y Qiyana iba a disfrutar de ella ahora que la tenía.
El ambiente cálido y húmedo la estaba relajando mucho, y el sonido del ambiente era fresco. Había mucho espacio a su alrededor, y genuinamente estaba disfrutando de las atenciones. Le habían ofrecido una bebida fría apenas llegó, así que su mano contraria al bolso era ocupada por la gran copa mientras caminaba. Detrás de ella estaba el botones con un carro llevando sus maletas, y poco más atrás, tres guardaespaldas, dos mujeres y un hombre, que la cuidaban de los fans que se comenzaban a notar alrededor.
El hotel contaba con habitaciones dentro del edificio principal, o las casas privadas alrededor, y Qiyana había conseguido una alejada de la zona de recepción, así que contaba con un servicio completo de toda clase de necesidades para ella sola.
El gerente la llevó hasta el gran balcón que se vislumbraba desde la entrada del edificio, y ella pudo sentir una relajación instantánea en el momento en que se recargó contra el cemento de la barandilla y miró hacia el panorama.
Había elegido un buen lugar.
.
.
.
.
.
― ¡¿Cancún?! ―exclamó Trea con asombro, mirando a Yasuo delante de ella.
El asiático asintió, con el rostro lleno de sentimientos allegados a la pena y la tristeza.
― ¿Por qué Cancún? ―preguntó Trea con incertidumbre.
―Porque es un lugar que jamás he visitado ―comentó él con naturalidad―. Supongo que ella imaginó que jamás buscaría ahí, porque no es un lugar donde hemos estado y tenga referencias de ella sobre su calificación.
― ¿Necesitas una referencia? ―preguntó Trea confundida.
―Cuando Qiyana califica del uno al cinco un lugar, uso esa información para decidir a dónde iremos en nuestras citas en base a lo que le gusta. Así descarto lugares, como los bares, los restaurantes fríos y la comida rápida de baja calidad ―contestó―. Probablemente creyó que haría lo mismo para poder dar con el lugar al que ella iría.
Trea asintió.
― ¿Y cómo es que obtuviste esta información? ―preguntó curiosa.
—Rakan tiene contactos en el mundo de la fama. Antes de dedicarse a lo mismo que su pareja, él estaba en el mundo del espectáculo. Pudo conseguir la información por medio de otras personas —explicó Yasuo.
Trea asintió, asimilando la información.
Miró a su alrededor, notando cómo los bailarines de la empresa estaban comenzando a calentar.
Estaban en uno de los salones de baile donde los artistas solían practicar las coreografías, y Trea había sido llamada únicamente para estar alerta por si ocurría algún accidente. Fue temprano cuando Yasuo le comentó que tenía la información del paradero de Qiyana, y como no podía abandonar su puesto, le pidió que fuera a la empresa.
—Tienes un plan para recuperarla, ¿verdad? —preguntó Trea con una mirada firme.
—Sí, ¿Kayn no te contó nada? —preguntó curioso.
—No me dice mucho cuando son cosas personales de nuestros amigos y conocidos —contestó ella—. Pero me gustaría saber un poco de lo que se hará, si no te molesta.
Yasuo negó con un gesto de cabeza desestimando su preocupación, sonriéndole un poco.
—Voy a compensar todos los días que falté. Haré todas las fiestas y citas acordadas, será todo un mes para pedir disculpas.
Trea asintió. La toalla alrededor de sus brazos giró cuando ella la acomodó, pensando en la información que le dio el hombre.
Qiyana era una mujer a la que le encantaba la atención, y aunque no necesariamente reclamara por ella (en especial luego de todo lo que había cambiado desde que se conocieron), todos sabían cuánto repercutía en ella y su ánimo toda esa importancia que le daban.
El que Yasuo intentara recompensar todo el tiempo que no le prestó atención era un movimiento sencillo pero inteligente, pues todas esas citas y fechas importantes perdidas para Qiyana, representaban una falta de atención a ella de parte de la persona más importante en su vida. Iba a ser un evento laborioso, pero si Yasho quería recuperarla, debía poner todo su material sobre la mesa.
— ¿La buscarás para que vuelva? —preguntó con incertidumbre.
No le parecía correcto que Yasuo fuera por Qiyana cuando la mujer apenas estaba comenzando a tomar su tiempo. Veía más contras que pros en ello.
—No, la dejaré por ahora. Usaré el tiempo que ella estará fuera para poder trabajar en mi plan —contestó, mirando pensativo hacia el piso—. Tengo mucho que hacer y no quiero descuidarla a ella mientras estoy en ello.
—Usa este tiempo para reflexionar para ti también. No te vendría mal, como ella, canalizar todo en ti un segundo —comentó Trea.
Yasuo la miró de reojo y torció la boca, pues no pensaba en eso como algo principal a tratar.
.
.
.
.
.
—Y que sea yogurt natural, sin fruta —dijo Qiyana.
El mesero a su lado, con una tableta digital en el brazo izquierdo, pico algo sobre esta en la pestaña de la orden de comida de la latina. Sería la primera comida ordenada por ella tras su llegada, así que le otorgaban un postre gratis, y ella podía elegir lo que quisiera y como lo quisiera.
Así que Qiyana eligió un pastel de yogurt natural con dulce, pero sin fruta, pues no disfrutaba de la combinación del caramelo con el sabor frutal.
— ¿Algo más que desee, señorita Qiyana? —preguntó el mesero con voz tranquila y una sonrisa amable.
Qiyana alzó los lentes oscuros y miró la carta.
Se encontraba en la terraza de la casa que rentó, sentada en una silla de madera de la mesa de comedor exterior. Se había cambiado por un traje de baño verde esmeralda de una pieza con la cintura, la espalda y una parte del estómago descubiertos, sin mangas. Se ataba detrás de su cuello en un moño, y no tenía escote. Las piernas las cubría con un pareo transparente de color negro, y su cabello estaba recogido en un chongo alto. A su lado, en el piso, descansaban unas sandalias doradas sin tacón, con una plataforma alta. Sus accesorios no los había retirado, decidiendo que seguían viéndose bien con su nuevo conjunto.
—Sí, tráeme un Cóctel de frutos rojos —indicó, soltando la carta sobre sus piernas—. Que ese llegue antes que la comida.
—Por supuesto, señorita. ¿Alguna otra cosa que guste añadir?
Qiyana bajó sus lentes de nuevo, acomodándolos en su lugar mientras se recostaba sobre el respaldo.
—No, gracias. Puedes retirarte —ordenó.
El joven hizo una reverencia rápida y asintió, dando media vuelta y saliendo de la terraza rumbo a la salida de la casa.
Qiyana miró hacia el océano delante del acantilado donde estaba su casa. Bien, no estaba precisamente al borde del acantilado por las regulaciones de seguridad del hotel y de las autoridades, sino que ella estaba ubicada en una zona alta del acantilado, mientras este era rodeado por una construcción grande que tenía vigilancia las veinticuatro horas del día. Esta construcción era un camino grueso con una reja alta por el que pasaban guardias cada media hora, todos en autos especiales para revisar que no hubiese accidentes por parte de los inquilinos.
Esto se llevaba a cabo para evitar que hubiese gente que cayera al mar, muriera o desapareciera en el acantilado, pues, el hotel en especial, solía tener entre sus clientes a muchas celebridades y personas de alta sociedad que realizaban fiestas de forma continua, y podían llegar a salirse de control. Para evitar que la popularidad y reputación de la empresa cayera por accidentes con los antes mencionados, el hotel había alzado una construcción de guardia alrededor del acantilado, y así mantenían a todos seguros.
Así que, prácticamente hablando, Qiyana veía el océano desde el borde del acantilado.
Su primer día quería pasarlo dentro de su casa, disfrutando de la vista, su piscina privada, y todas las comodidades que pudiera. Inclusive tenía un cuarto de entretenimiento con consolas de videojuegos, un billar, máquinas, y karaoke. Tenía una sala de cine, un gimnasio privado y dos bares, uno con una pista de baile para fiestas. Un cuarto entero de spa, una alberca techada y una externa, un jacuzzi, un sauna, y unas regaderas al aire libre.
Tenía todo lo que necesitaba para consentirse todo el tiempo que ella quisiera… pero no se sentía bien.
Inevitablemente, su mente estaba dando vueltas alrededor del asiático que había dejado sin información en su hogar.
Quería alejarse de él bastante tiempo, pensando que darse su espacio, comodidad y cuidados la harían recordar cuán cómoda y bien podría encontrarse sola, pero sus sentimientos aun estaban palpitando en las preguntas que habían ido en evolución conforme su relación iba en caída: ¿él pensará en ella? ¿Estará con Cassiopeia? ¿O le importará algo de la relación?
Sus ganas de informarse eran fuertes, y sabía que en cualquier desliz iba a tomar el teléfono, llamar a Trea y pedirle que le diera todos los detalles de lo que ocurría con Yasuo, como si de una espía se tratase. Pero eso era dejarle el control de su vida a la inmadurez y la desesperación, y no podía permitirse volverse así de salvaje con ella misma.
Aunque le hubiese gustado estar acompañada con amigas en esas pequeñas vacaciones, no pudo encontrar con quién hacer el viaje: Evelynn había vuelto a la gira de KDA tan pronto como ambas salieron del restaurante ese día, pues la mujer solamente había viajado de vuelta al país para arreglar un viaje de estilistas que acompañarían el resto de la gira del grupo. Su participación en ese viaje no era contada. El resto de KDA, obviamente no. Trea trabajando. Caitlyn habría sido una muy buena compañía, pero estaba ocupada con sus deberes de… ¿policía? Aun no lograba entender bien el cargo o posición de su puesto. Gwen talvez hubiese querido, pero ella había sido llamada por Evelynn para ayudar con el vestuario del tour. Fiora y Sona habrían sido también muy buenas compañías, pero la interacción con ambas siempre había girado en torno a hablar de temas relacionados con lo social dentro de sus familias, siendo tres herederas de grandes legados familiares.
Bueno, Qiyana no podía quejarse de no tener amigas, tenía muchas y muy trabajadoras, y ella también llegaba a estar ocupada cuando la invitaban a eventos, salidas o fiestas. Talvez aun no era temporada de reuniones, así que podía aguantar un rato sola.
Miró hacia la izquierda a la mesa a su lado, notando su cartera junto a su celular.
Esta noche había una fiesta en el bar del hotel, talvez podría darse una vuelta para bailar un poco.
.
.
.
.
.
Miró al interior de la octava caja, checando que los últimos dos botes fueran pintura fueran del mismo color que las últimas ocho. Junto a esas dos pinturas había cuatro rodillos grandes que podía agregarlos a un palo largo para alcanzar a pintar grandes alturas, y esos palos estaban junto a las otras cajas junto a la puerta del apartamento de Ekko.
El último mencionado estaba sentado en el piso delante de Yasuo, mirándolo de vez en cuando mientras revisaba unos paquetes de todo lo que habían comprado.
Yasuo se había mantenido en silencio desde que salieron del centro comercial, visiblemente inmerso en sus pensamientos. Ekko había conducido todo el camino para dejar en paz al asiático, pero el silencio comenzaba a molestarlo.
—Entonces, ¿me ayudarás a elegir el nuevo departamento? —preguntó el joven a Yasuo, sacándolo de sus pensamientos.
Yasuo levantó la mirada hacia él de inmediato, completamente perdido del tema y asimilando la sencilla pregunta. Sacudió la cabeza un par de veces y asintió, volviendo a meter el bote de pintura y acomodándolo todo para volver sellar la caja,
—Sí. Solamente dime qué días quieres que te acompañe, porque ando ayudando con unas producciones en la disquera —contestó, inclinándose para tomar la caja y poniéndose de pie.
Ekko lo observó ir a dejar la caja con el resto, contemplativo de cuán preocupado estaba Yasuo acerca de su problema con Qiyana.
Desde que la latina se había marchado, él se había dado cuenta de que Yasuo tuvo la mente en las nubes y un rostro lleno de miedo.
Cuando ambos le habían marcado un "hiatus" a su relación, Yasuo se había mudado con él, pero no había perdido contacto con la mayoría de situaciones de su vida diaria. Los contactos en común con su "pareja" jamás perdieron la relación con ambos, así que el asiático estuvo muy al tanto de lo que pasaba en la vida de la cantante, aunque no se hablaran, así como sabía que ella estaba al tanto de su vida.
La simple constante de que ambos siguiesen, de alguna forma, atentos al otro, no les había permitido preocuparse por algo mayor que se saliera de sus manos, como lo fuese una ruptura definitiva decida por el otro.
Ahora que Qiyana se había marchado sin decir nada, Yasuo empezó a presentar ciertos nervios que iban desde el "¿se habrá ido por mi culpa?", hasta el "¿y si se enamora de alguien más y acaba con esto?".
Ekko no quería preocupar más a su amigo, pero él sabía que Qiyana estaba tan lastimada que buscaría cualquier situación viable para sentirse mejor, aunque eso no llegaría a la búsqueda de otra pareja, algo que tenía claro de la mujer. Qiyana estaría en todo su derecho de terminar con Yasuo, y Ekko no iba a refutar nada, siendo consciente y uno de los espectadores del problema que llevó a su relación al declive.
Pero, aun sabiendo esto, él quería a su amigo, y verlo en ese estado tan inestable le llevaba a cuidar mucho qué ocurría alrededor de su vida.
—Oyeee… hammm… Rakan llamó hace un rato, mientras terminabas de bajar las cajas —comenzó a contar Ekko, sonriéndole cuando volteó a verlo desde su lugar—. Dice que nos invita a comer mañana, para que hablemos de un par de cosas que está arreglando de tu plan.
Yasuo asintió, enarcando una ceja ante ello.
—Rakan tiene una de las tareas más grandes. Debo pagarle una buena cantidad por todo el trabajo que está haciendo —comentó, apoyando su mano sobre una de las cajas.
—Mira, a todos lo que menos nos importa es el dinero que nos des —dijo Ekko poniéndose de pie. Con facilidad sacudió sus pies dentro de sus pantuflas, mirando a su amigo—. Queremos que esta situación mejore, tanto para ustedes como para nosotros: Primero.
Levantó un dedo y se acercó a Yasuo.
—No me gusta que dos de mis mejores amigos estén peleados. Yo vi su relación nacer, se cuánto amor se tienen, y es horrible el ver como todo eso se nubla por problemas de comunicación —explicó. Yasuo abrió los ojos con sorpresa—. Dos: Quiero mucho a Qiyana, y sí, tienes mucha culpa de que su relación esté así, sabes que yo opino eso, pero no me gusta que sufran. Quiero a mi Qiqi feliz. Y quiero que te hagas responsable de lo que hiciste.
Bueno, la opinión de Ekko siempre le había venido bien, pues con él jamás había que tener dudas de que era honesto. Si tenía que decirte en la cara cuán mal le caías, si habías cometido un error, o si eras el ser de luz mas brillante del universo, lo iba a hacer.
Por ello no se enojaba con su comentario.
—Tres: No quiero que True Damage se separe si es que esto acaba mal. Me gustaría que, al menos, tu fueras un poco más comprometido con nuestro grupo, pues lo abandonaste bastante cuando ayudabas a Cassiopeia, y el mentirnos acerca de ello no ha sido tu mejor jugada —explicó, cruzando los brazos—. No estoy enojado contigo por ello, entiendo que todos buscaremos colaboraciones o expandir nuestro trabajo, tal como lo hizo Akali con venir a nosotros. Pero, al menos, dinos que estas en ello, no sólo te desaparezcas y le dejes a alguien la tarea de cubrirte: en este caso, Qiyana.
Cuando ocurrió su enfrentamiento con Qiyana, Yasuo había estado tan enojado con ella, y tan cerrado, que el escuchar las mismas quejas de Ekko pero desde su novia, no había sido tan perturbador de escuchar. Se había enfadado más, comportándose aun peor y respondiendo como si no hubiese hecho nada realmente malo, pues a su parecer, así había sido.
Sin embargo, el recibir ese argumento desde palabras de Ekko, lo estaba haciendo entender cuán reales habían sido las críticas de Qiyana. Le había fallado a sus amigos a través de fallarle a su relación, y todo eso estaba poniendo en duda su credibilidad de tanto como integrante de un grupo, como persona individual.
Le pesaba todo ello, pues se había caracterizado por ser una persona altamente cotizada en su área de trabajo gracias a que cumplía con todo, se apasionaba en ello y se comprometía. La clara falta de todo ello durante los últimos meses era suficiente para que todo su panel de contactos laborales comenzara a tener dudas sobre él y su desempeño.
— ¿Qué te llevó a volver con Cassiopeia? —pregunt Ekko, confundido.
Yasuo levantó la mirada hacia él, enarcando las cejas con sorpresa.
—No volví con ella —contestó con disgusto—. Es sólo que… ah.
El suspiro cansado que salió de él hizo que Ekko pensara que había formulado mal la pregunta.
—Cassiopeia vino a mí tratando de que me uniera a ella en dueto en una gira de conciertos por el mundo, pero me negué desde el inicio. No me interesa estar con ella de la forma en la que lo sugería, y a pesar de que insistió mucho en que sería meramente laboral, no le creí ni un poco —respondió, cruzándose de brazos—. Luego de ello, localizó a mi agente personal y mi abogado, y les entregó a ellos un contrato que los engatusó completamente en su plan de que colaborara con ella.
— ¿Cómo? —preguntó Ekko con intriga. Le hizo un gesto con la mano y ambos se fueron a sentar al sillón de dos plazas de la sala, uno al lado del otro—. ¿Qué tenía el contrato que los dejó tan enamorados de lo que Cassiopeia traía entre manos?
—Ningún vacío legal, así de fácil —explicó Yasuo—. Beneficioso para mí en todos los sentidos: derechos sobre obra, créditos correspondientes, nombramiento permanente al mencionar el trabajo, pago adecuado y posible puerta abierta a que recibiera una remuneración cada que la canción se presentara en vivo. Revisaron juntos el documento y luego me contactaron, y aunque en un principio les repetí la negativa, ellos me convencieron de hacerlo.
Ekko torció la boca.
—Luego, cuando me reuní con Cassiopeia en la disquera, ella iba con su agente, y discutíamos el trabajo en mesa. Al inicio no había insinuaciones de nada, simplemente trabajo, así que iba a casa sin nada más que un proyecto que terminar. Todo cambió cuando el agente dejó de acompañar a Cassiopeia —explicó, arrugando las cejas—. En un principio ella respetó el límite de convivencia que puse, y luego empezó su plan: empezó a hablar casualmente de nuestro rompimiento, como si tuviera que ver con las canciones. Decía cosas como "esta canción me recuerda a cómo me sentí cuando terminamos", o "me inspiré en los tiempos de nuestros últimos días de relación para escribir esta", cosas así. Cada vez me metió más curiosidad de lo que decía. Cuando terminamos, ella no me dio respuesta alguna de porqué lo hizo, simplemente acabó conmigo sin darme respuesta o explicación. Por ello, me quedó mucha curiosidad, y cuando comenzó a ponerlo, sobre todo, me intrigó. Caí ahí.
— ¿Y qué te dijo? Porque estaba aprovechando totalmente el momento para hacerlo —comentó Ekko convencido.
—Decía que no estaba segura de nosotros por el futuro. Ella vio que me uní a True Damage, y dijo que fue extraño para ella el que, de la nada, los dos nos alzáramos a un nivel en el que ella estaba. Que le aterraba que la relación se fuera al diablo por los medios, y que por eso me dejó. Que estaba confundida, tenía miedo, muchas cosas que, honestamente, no me las creí —contestó con decepción, arrugando un lado de la nariz—. Cuando terminamos, aprendí cuán mentirosa podía ser ella, así que no me tomé seriamente su explicación. Aun con eso, ella siguió insistiendo, y me pidió que pusiera de mi parte, que explicara más nuestra relación en las canciones. Pero no era honesto con ella, no del todo.
— ¿Porqué? —preguntó Ekko, confundido.
—No quería que se creara ideas tontas de nosotros dos volviendo, así que no me metí en el tema —contestó—. Pero, bueno, en ese entonces ya estaba faltando mucho a la casa y a Qiyana, que no importaba cuanto rechaza a Cassiopeia.
—Porque Qiyana no sabía lo que estabas haciendo —formuló Ekko, colocando una mano en su barbilla—. ¿Por qué no le dijiste?
—Qiyana odia a Cassiopeia, y no quería decirle para no molestarla. Pero, empezamos a tener problemas y discusiones, y… bueno… me bloqueé de todo, y decidí no decirle nada por coraje.
Ekko negó de nuevo, sintiendo que, si volvía a hacerlo, la cabeza se le iba a desatornillar de la cabeza.
—Cassiopeia es todo un caso, ¡eh! —exclamó, sorprendido por toda la información revelada— Supongo que has cortado contacto con ella.
—Totalmente, aunque sigue insistente en que vuelva a grabar con ella. Terminé el contrato y todo fue entregado, y me retiré. Ella no tiene cuentas que rendirme, sino la disquera, así que me desentendí del resto —se puso de pie—. Pero es terca, se que no se detendrá. Lo único que no se es qué piensa hacer después.
.
.
.
.
.
Eran las nueve de la mañana cuando Yasuo entró trotando por la puerta abierta de la oficina, tocando con los nudillos en el marco de esta mientras se asomaba.
—Hol-
—Interrumpiste mi horario de sueño, no te quiero ver —se quejó Kayn, echado sobre el pecho en el escritorio y leyendo unos documentos entre sus manos.
Traía la corbata un poco floja y los dos botones superiores de la camisa estaban abiertos, con el cuello arrugado y el saco mal puesto. El cabello, normalmente pulcro en una trenza, tenía varios mechones salidos por toda la extensión de la misma, y su rostro mostraba mucho cansancio. Además de que traía un extraño parche en el ojo izquierdo, color café y cuadrado, por lo que se veía raro.
— ¿Qué te pasó? —preguntó Yasuo metiendo las manos en las bolsas de su chamarra, acercándose al escritorio a paso lento.
—Iba en la patrulla con otros dos policías, y frenaron de golpe en un alto. Me estrellé con el respaldo del asiento delantero —respondió con molestia, bajando los papeles y llevando una mano a su mandíbula, recargando su cabeza para prestarle atención al recién llegado—. ¿Qué haces aquí?
—Bueno, venía a hablar contigo de mi plan, pero no se si estés… dispuesto —comentó con una sonrisa apenada.
Kayn torció la boca.
—Siéntate —indicó, señalando la silla delante de él. Yasuo obedeció—. Habla. Si me duermo, tu plan no es bueno.
Yasuo sonrió.
—Ok. Pues, quería solicitar algo formalmente —comentó—. Es para Zed, pero quería entregártelo primero a ti para que me orientes en cómo debo hacerle llegar esto.
Yasuo levantó un folder, entregándoselo a Kayn. Este lo recibió con interés, abriéndolo al instante que lo tuvo frente a la cara.
Lo leyó en silencio, sin emitir pregunta ni comentario. Yasuo no podía verle la cara, pues estaba tapada por todo el folder abierto de par en par.
Transcurrieron un minuto. Dos minutos. Cinco minutos.
Kayn bajó el folder y lo miró. Yasuo estaba expectante.
— ¿Es broma? —preguntó Kayn.
Yasuo negó con la cabeza.
—Esta petición es casi ilegal —comentó Kayn, enderezándose en su asiento y carraspeando. Volvió a mirar el papel—. Tienes que hacer un par de correcciones, ¿qué quieres hacer ahí?
—Una cita. Pensaba que sería el mejor lugar, pero la prensa nos seguirá. Necesito este favor.
Kayn se mordió el labio por dentro, haciendo un puchero de lado y torciendo la boca. Se echó contra el respaldo, frotando los bordes de la hija entre sus manos, dejando caer el folder sobre la mesa.
—Esto podría meterme en problemas —susurró, pensativo.
—Si te genera mucho problema, no lo hagas. Sólo es una solicitud formal para conocer el limite del tema —dijo Yasuo.
Kayn soltó aire de golpe, guardando el papel en el folder.
—Veré qué puedo hacer. Te mandaré una corrección digital, y tienes que revisarla a más tardar el jueves, para que el viernes la presente a Zed —informó cruzando las manos por los dedos, recargándose con los codos en el escritorio.
— ¿Tan pronto? —preguntó sorprendido.
—Este tipo de peticiones deben hacerse con tiempo para que no se involucre en la agenda de trabajo de la organización. Mientras menos intervengas en nuestros movimientos planeados, más fácil tendremos equipo que prestar a tu situación, por ello tengo que apresurarme en obtener el permiso de Zed.
Yasuo cruzó los brazos y asintió.
—Bien, tendrás el documento el jueves en la noche.
—Y no vayas tu con Zed en ningún momento —indicó Kayn con seriedad—. Con los antecedentes de tu familia, no te tiene tanta estima. Si vas directamente se va a negar, así que déjamelo a mí.
Yasuo sonrió.
— ¡Ja! Las ventajas de ser tu amigo.
Kayn le sonrió malicioso.
—Sííí… me encanta que se aprovechen de mí para que luego se los cobre.
Yasuo se desinfló al darse cuenta de que su amigo tenía razón.
¡Hola a todos! Espero se encuentren bien. He vuelto de la temporada de pausa :'v Una enoooorme disculpa por ello. Acá por mi casa he estado demasiado ocupada, y han habido tantos asuntos que arreglar, que ni la inspiración ni las ganas de escribir tuve. Ahorita que me he vuelto a envolver con todo el ambiente de LOL, tuve algo de ánimo para continuar la historia.
Usualmente tengo planeadas mis historias de principio a fin con todo lo que va a pasar, y con esta historia fue completamente creada de mucho fanatismo sin idear ni línea temporal ni sucesos, así que estoy agregando todo lo que quiero de la mejor forma que no pueda hacer un revoltijo irreconocible, jajaja. Tengan algo de paciencia con mi cerebro, por favor, que quiere desarrollar todo de golpe y tengo que forzarlo a que divida todo en orden.
¡Espero disfruten este capítulo! No se cuándo vuelva a actualizar, pero espero sea pronto. Posiblemente a finales del mes que entra, así que intentaré apurar el paso.
Tengan una buena semana, ¡Nos vemos! :D
