Okay, repito mis palabras señores.

La historia y los personajes no son míos, ya leyeron el pequeño resumen del inicio, jejejej.

Si, le cambie el nombre a Harry, ocupaba que tuviera un nombre escoses.


Casa Hogwarts, Hertfordshire, Inglaterra

Noviembre de 1737

El cielo derramaba sus lágrimas de otoño, perfectas para enterrar a los muertos. Hermione Granger agradecida que las costumbres prohibieran a las mujeres asistir al entierro, porque le habría sido imposible simular serenidad mientras ponían a su padre bajo la tierra mojada.

Como siempre, fue a buscar refugio en la biblioteca de lord Dumbledore. Richard Granger, su padre, había sudo el bibliotecario casi treinta años, y ella se había criado entre esos preciados libros.

Paso ligeramente las yemas de los dedos por los lomos de piel labrada y los títulos estampados en oro de la sección "memoria de viajes". Su padre siempre le diecia que una mente bien amueblada es a prueba de soledad. Esperaba que tuviera razón, por que en esos momentos necesitaba ese consuelo.

Mientras iba avanzado a lo largo de la pared sur, vio su imagen reflejada en el espejo de encima de la repisa del hogar. Al instante desvío la mirada, para no ver su figura excesivamente alta ni su pelo de color marrón tan desordenado y tan poco elegante.

Que lastima no haber heredado ni el poder de su padre ni la belleza de su madre. Tal vez salir a cabalgar a todo galope por las colinas de Hogwarts le calmaría ese angustioso desasosiego, pero eso no era posible, puesto que muy pronto la llamarían al salón de abajo para actuar de principal doliente en la solemne ceremonia que se celebraría en honor a su padre. Por el momento necesitaba una actividad, por lo que giro la llave y abrió la puerta que daba a la galería que albergaba la biblioteca secreta y el despacho de su padre.

Una leve, casi imperceptible, sensación de energía revoloteo por su piel cuando entro. La larga sala de cielo raso elevado contenía la mejor colección de libros y manuscritos de magia de Gran Bretaña. Esos libros representan también la historia y la sabiduría de las antiquísimas familias de Custodios de las Islas Británicas.

Custodios se llamaba el clan de su padre. Seres humanos, pero dotados de poderes mágicos, vivían entre la gente común y corriente desde épocas inmemoriales practicando clandestinamente su magia. A ella la habían educado como custodio gracias a la sangre de su padre, aunque no tenía ningún poder. Agradecería formar parte de las familias , ya que en el reino de la magia las mujeres poseían poderes que igualaban o sobrepasaban a los de los hombres.

Los custodios debían su nombre al juramento que hacían todos de emplear sus poderes para proteger y servir a sus prójimos al máximo de sus capacidades. Debido a esta misión, veneraban la historia, con la esperanza de que esta les impidiera repetir los errores del pasado.

De tanto en tanto, sí lo impedía.

En calidad de "Guardian de las Tradiciones", el conde Dumbledore era el responsable de esos preciosos libros y manuscritos. A los seis años ella había empezado a ayudar a su padre en el cuidado y mantenimiento de los libros. Su primera tarea fue quitarles el polvo, sosteniéndolos y manejándolos con sumo cuidado, como si fueran de porcelana fina. Después aprendió a copiar en pergaminos nuevos los textos de pergaminos en vías de desintegración, y aprendió los secretos de la conservación.

Pesarosa, contemplo los armarios, pensando cuanto echaría de menos lo libros si se marchaba de esa casa. Dada la importancia de la colección, muy pronto tendrían que nombrar a un nuevo bibliotecario, por lo tanto, debía preparar el cambio recogiendo las cosas personales de su padre.

Por lo menos no la arrojarían al mundo sin un céntimo; los custodios cuidaban bien de los suyos. En algún lugar le encontrarían un puesto a la sosa hija de Richard Granger. Con suerte ese puesto seria en Hogwarts, el único hogar que conocía. Algo más que eso, no se atrevía a esperar.

Emitiendo un suave sonido felinos, Crookshanks, su regordete gato, salto sobre el escritorio y se echó allí hecho un ovillo. Consolada por la presencia del gato, Hermione se instaló ante el escritorio de su padre y comenzó a revisar los cajones en busca de objetos personales. Mantenerse ocupada era esencial si no quería sumirse en lamentos por el pasado o cavilaciones por su fututo.

Cerrado los ojos para contener las lagrimas que le brotaron cuando vio el medallón de su madre en el pequeño cajón del medio. Dentro del medallón ovalado estaban los retratos en miniatura de sus padres el día de sus espósales. Se veían jóvenes y muy enamorados. Sin duda su padre guardaría ahí el medallón para mirar el retrato de su mujer y soñar con épocas más felices.

Hombre reservado y erudito, Richard Granger llevo una vida tranquila en la casa Hogwarts. Su único acto de rebeldía fue casarse con Jean Wells en contra de los deseos de las dos familias. La familia de ella la desheredo, mientras que los Granger aceptaron el matrimonio, aunque a regañadientes. A los custodios les recomendaban casarse entre ellos, y Jean era una persona corriente. Aunque hermosa y de naturaleza dulce, no tenía ni un ápice de magia en su alma.

Pero el matrimonio fue feliz, y la muerte de Jean de una fiebre hace dos años dejos destrozada a su pequeña familia y ahora que Richard acababa de morir, ella quedaba sola. Que pena no tener ni un hermano o hermana para compartir el dolor.

El ultimo cajón estaba casi vacío cuando se abrió la puerta secreta. El golpeteo de un bastón en el suelo le indico que se acervaba Albus, lord Dumbledore. Se levanto al ver su delgada figura espléndidamente ataviada. Alto y distinguido, tenía el pelo tan abundante y naturalmente blanco que no necesitaba empolvárselo. El conde era el centro en torno al cual giraba Hogwarts. Su cortesía y erudición eran legendarios, y siempre había sido bondadoso con la niñita a la que le gustaban lo libros. Al verla, el dijo en voz baja:

-Ya está, querida mía.

-Ahora mis padres están juntos y en paz dijo ella.

Mientras decía eso, la verdad de sus palabras resonó en su interior. De vez en cuando tenía relámpagos de conocimiento absoluto, su única traza de poder custodio, que no era lo mismo que llamar a los vientos, ver el futuro o curar a los enfermos.

-A los dos nos aguardan en el salón azul, pero espero que no te importe si tomo un descanso aquí, un rato antes de que bajemos.

Sopla un viento frio

El conde se sentó cansinamente en el sillón de orejas de piel junto al fuego de carbón.

-Me alegra la lluvia. Un día hermoso habría estado mal para un funeral.

-No hay días buenos para un funeral dijo el. Su mirada se posó en el cesto de mimbre que ella haba llenado con la variopinta mezcla de apuntes y objetos de su padre. Has sido diligente, veo. La biblioteca quedara más pobre cuando te marches.

O sea, que la iban a mandar lejos. La conmoción que le produjo oír eso la impulso a atreverse a hacer una petición que era la única posibilidad de lograr hacer realidad su sueño secreto:

-Simpre me ha gustado trabajar en la biblioteca. En realidad, milord, tenia… tenia la esperanza de que me dejara aquí para hacer de bibliotecaria en lugar de mi padre. Aunque no tengo su educación formal, el me enseño muy bien. He trabajado con libros toda mi vida. Mi padre decía que nadie era mejor que yo para la conservación, y escribo con buena letra cuando copio los manuscritos frágiles o si no, en el puesto de bibliotecaria. ¿Tal vez podría continuar aquí como ayudante?

-Solo tienes diecisiete años, hija dijo el conde, sorprendido Eres demasiado joven para enterrarte entre libros. La vida hay que vivirla, además de estudiarla entre paginas polvorientas.

Ella casi se rio a carcajadas. Seguro que su señoría nunca la había mirado detenidamente si la creía apta para casarse. No poseía ni fortuna ni belleza, y pocos de los muchachos de la localidad haba notado siquiera su existencia.

-No he conocido a ningún joven que me interese tanto como un buen libro o un caballo, milord.

El funcio sus espesas cejas.

-Habia pensado tener esta conversación después, pero al parecer este es el momento. ¿Qué planes y deseos tienes para tu futuro?

Ella alzo un poquitín el mentón.

-Nada esta fijado aun, pero no se preocupe, no me quedare aquí para ser una carga.

-Como si pudieras serlo. Hogwarts es tu hogar, Hermione, y siempre eres y serás bienvenida aquí, aunque si prefieres marcharte…

-Un primo de mi padre me escribió hace poco para ofrecerme su casa – titubeo un momento y al fin optó por se sincera, puesto que eso decidiría su fututo –. No me importa trabajar para mantenerme, pero prefiero ayudar al nuevo bibliotecario aquí q w34 una niñera sin suelo de los hijos de mi tío.

-Mereces mucho mas que ser una criada o enterrarte entre libros. Los ojos azules claro la contemplaban con incomoda intensidad . Aun no estas preparada para casarte. Es demasiado pronto.

Captando el sentido mas profundo de sus palabras, ella le pregunto ilusionada:

-¿Ha visto mi fututo?

-Sólo en sus aspectos generales. Tu camino esta nebuloso, con muchas probabilidades. Pero tanto mi hermana Ariadna como yo presentimos que te aguarda un magnífico y difícil destino.

Un "Magnifico destino".

-¿Cómo puede ser cierto eso cuando no tengo ningún poder?

-El destino es muy independiente del poder. Personas corrientes sin una partícula de magia han hecho la mayor parte de la historia del mundo y no es que carezcas de magia, Hermione. Igual que una rosa de invierno, simplemente eres lenta en desarrollarte.

-Espero que tenga razón, milord.

Cerro los ojos un momento para contener las lágrimas que tenia tan a punto de brotar ese día. Cuando era niña soñaba con ser una fabulosa maga, poseer magia. Desde que se hizo mujer cada día despertaba ansiosa por ver si había germinado el poder en ella, pero siempre en vano. Solo tenia el tipo de intuición de la que puede alardear cualquier persona corriente.

-Con o sin magia eres un ser excepcional y precioso. Nunca olvides eso.

Ya pasando los setenta años, el idealizaba a la juventud, supuso ella. Pero sus palabras la consolaron un poco.

-Usted me ha enseñado que toda vida humana es excepcional y preciosa, custodio y gente corriente por igual. Nunca lo olvidare.

El entrelazo los dedos sobre la empuñadura dorada de su bastón, con el entrecejo fruncido, con una expresión indecisa que ella nunca le había visto.

-Hay una posibilidad que no se me va de la cabeza por mucho que trate de desecharla. A primera vista parece absurda, y sin embargo me parece correcta.

La idea de que el señor de Hogwarts hubiera estado pensando en ella y en su futuro le resulto gratificante.

-¿Sí?- pregunto, alentadora.

-He pensado la posibilidad de pedirte que seas mi esposa.

Ella retuvo el aliento, muda de asombro.

-La idea te horroriza- dijo el, sonriendo un poco irónico. - Y bien que debe. Nos separan mas de cincuenta años. Un matrimonio entre nosotros seria escandaloso. Las mujeres me despreciarían por aprovecharme de tu inocencia. Muchos hombres me envidiarían, y con razón. Si la idea te repugna…

Se apoyo en el bastón para levantarse y ella cayo en la cuenta de que se sentía avergonzado, incluso inhibido. Se apresuro a detenerlo con un gesto:

-¡No!, la idea es sorprendente, pero no… nada repugnante. - Miro su conocida cara con otros ojos, sorprendidos. - Usted ha sido como el sol, las estrellas y los cielos sobre Hogwarts, y yo no mas que un gorrión. Me cuesta creer que no esté bromeando.

-Esto no es broma. Necesitas aprender algo mas del mundo andes que el destino te coja. - Volvio a pasar las manos por su bastón. - No será un matrimonio convencional. No viviré muchos años más, así que pronto serias una viuda joven, rica e independiente.

Ella peso en los tres hijos adultos del conde. Eran simpáticos con ella como miembro sin importancia de la casa, pero la idea de que la joven Hermione Granger como su madrastra era francamente ridícula.

-Me imagino que sus hijos podrán objeciones a que se vuelva a casar. Lo considerarían un insulto a su madre, y les ofenderá cualquier legado que pueda dejarme.

-Sigo siendo el señor de la casa Hogwarts y puedo hacer lo que quiera - dijo el secamente. - Pero una vez que haya hablado con ellos no pondrán objeciones. Casarme contigo serviría a los intereses de los custodios, si tu estuvieras dispuesta a aceptarme.

Ella trato de ocultar su desilusión.

-¿Me propone matrimonio porque es su deber hacia los custodios, lord Dumbledore?

-Si bien prepararte para tu destino beneficia a nuestra gente, podría hacer eso sin casarme contigo. Yo siempre… he encontrado un inmenso placer en tu compañía, Hermione -dijo titubeante-. Los años transcurridos desde la muerte de Charlotte han sido solitarios. Tu inteligencia, afecto y bondad serian mucho mas de lo que merece un anciano. Me sentiría muy honrado y agradecido si aceptas ser mi esposa.

Lo decía enserio, comprendió ella. Ese hombre maravilloso, poderoso y sabio deseaba sinceramente que ella se casara con él. Por primera vez en su vida sitio la presencia del poder, no del poder de la magia sino del poder mucho mas antiguo de una mujer para agradar a un hombre.

Radiante de placer, se levanto y le tendió las manos.

-El honor que me hace supera todo lo que podría haber imaginado en mi vida, milord. Si de veras lo desea, estaré feliz de ser su esposa.

Con una sonrisa que a ella le quito el aliento, el le cogió las manos.

-esto es lo correcto para los dos, Hermione, lo sé.

Ella también lo sabía, con una certeza que trascendía la razón. Impulsivamente levanto las manos de los dos unidas y deposito un beso en los dorsos de sus nudosos dedos. Ya la entristecía saber lo corto que seria el tiempo que estarían juntos. Pero ella se encargaría de que el no lamentara su decisión. El destino podría cuidar de si mismo. Por ahora ella se consagraría a ser una buena esposa.