Old Fashioned

Karin bajó la mirada. Se sentía tan extraña. Había terminado con Sasuke, diciéndole las cosas claramente, sin embargo, la sensación de estar haciendo algo incorrecto no se había alejado de ella en todo el día.

¿Por qué no había sentido el impulso de correr detrás de Sasuke? ¿Porque él había aceptado resignadamente que todo terminara?

Sasuke no le rogaba a nadie, evidentemente, tampoco a ella.

Por la mañana, luego de bañarse y hacer todo lo posible para que no se vieran las bolsas bajo sus ojos, provocadas por haber llorado hasta dormirse, se dio cuenta de que Genma le había mandado un mensaje desde la noche, preguntándole si todo estaba bien, y dos horas más tarde, uno más, disculpándose si había hecho o dicho algo que la incomodó.

Se dejó caer bocarriba en la cama, con ganas de ponerse la almohada en la cara para gritar. Pero no había hecho eso desde la preparatoria, cuando la sobrepasaba la frustración y el sentimiento de no poder controlar su propia vida, y ya no era esa chica.

Tras descartar varios borradores, finalmente pudo escribir algo coherente: "¿Podemos almorzar?".

De lo que tenían que hablar, los mensajes de texto eran la peor manera. Y aunque cabía la posibilidad de él estuviera incómodo con la idea de hubiera terminado una relación estable de años para lanzarse a sus brazos, y prefiriera tomar distancia, de momento, Genma tardó solo un minuto con veinte segundos en responder.

"Paso por ti en media hora. ¿Tienes algo en mente?"

Dejó el teléfono en su pecho, estirando los brazos tanto como pudo.

Claro que tenía opciones, su lista de lugares por visitar en Konoha apenas se había reducido, pero no se sentía de humor para elegir. En ese momento, incluso le importaría más bien poco si iban a alguno de los puestos callejeros que había visto a las afueras del bullicioso centro, lo que necesitaba realmente era verlo.

Se quedó tumbada un rato más hasta que la inevitabilidad de vestirse para bajar se sobrepuso a sus sentimientos.

Nada demasiado formal, nada demasiado llamativo, aun así, quería verse bien.

Miró el reloj con angustia. Aún faltaban quince minutos, pero su cerebro simplemente no conectaba con nada, aun cuando sus opciones estaban reducidas a las cosas que recién había comprado y no su guardarropa completo.

Incluso se cambió dos veces la ropa interior.

"No me voy a acostar con él", pensó, mientras se ruborizaba al ver en el espejo, que el conjunto de satén burdeos resaltaba muy favorablemente sus caderas.

"Pero si no me voy a acostar con él, entonces no debería importar lo que lleve debajo", aun así, se sintió avergonzada por la forma en la que el sostén de media copa de encaje negro daba la ilusión de que era más voluptuosa.

Apretó los labios, debería ponerse unos jeans desgastados y una camiseta ceñida, incluso unas deportivas sucias e irían a desayunar panqueques con tocino y huevos fritos, y sería a Genma al que verían raro porque él llevaría un traje de dos o tres piezas con corbata.

"Madre mía", pensó, "con lo bien que se vería con una camiseta ajustada y el pelo revuelto"

Sacudió la cabeza enérgicamente, volvió a tomar el vestido sencillo que había descartado al principio. No era más que un tubo elástico, justo del tipo que hacían a Sasuke enarcar una ceja mientras preguntaba si no era una manga, o peor aún, si era posible que cualquiera entrara en eso.

Apretó la prenda con fuerza.

¡Sasuke no tenía sentido del aprecio de la moda femenina!

El vestido se ajustó perfectamente a su cuerpo y las aplicaciones de cristal en su pecho no hacían más de destellar bellamente. Era increíble la diferencia en niveles de elegancia que podía dar la simple diferencia entre el acrílico de las prendas baratas y el cristal de verdad. Sin embargo, como no era una cena formal ni nada parecido, tomó la única chaqueta de mezclilla que tenía, con las mangas cortas y unas aplicaciones en de encaje en los bordes, lo suficientemente cursi como para mitigar el efecto estilizado del vestido.

El teléfono sonó justo cuando cerraba el broche para el cabello. Solo medio recogido, para que lucieran los pendientes.

—Llegó —dijo en un susurró. Se disculpó por la tardanza, pidiéndole que esperara en la entrada solo el tiempo que tardaría en bajar el ascensor.

Poco antes de que las puertas se abrieran, se llevó las manos a la cara, estrujándose un poco para quitarse la sensación de estar entumecida.

Era una mujer adulta, tenía que ser clara respecto a lo que quería.

Levantó la mano moviendo los dedos en un tipo de saludo que, justo cuando lo estaba haciendo, se le antojó demasiado infantil.

—Buenos días...

—Y bien, ¿pensaste a dónde quieres ir?

Karin desvió la mirada. Fue lo último en lo que podría haberse ocupado esa mañana.

—La verdad... no creo que el sitio sea importante. ¡Es decir! ¡Lo importante es que tengo que hablar contigo!

Genma aguzó la mirada, como intentando adivinar sus pensamientos, aunque sin ser capaz de deducir algo más que podría tener relación con lo que había pasado la noche anterior.

Asintió una única vez y le abrió la puerta del lado del copiloto, con tal naturalidad que parecía parte de su rutina diaria.

Karin apretó los labios.

Por supuesto que lo era. Genma era un profesional del sector restaurantero, y uno muy enfocado en mujeres.

El sonido de su corazón empezó a parecerlo tan molesto como la voz en su cabeza que no hacía nada más que llenarla de dudas.

¿Solo era atento con ella porque así era en general su personalidad?

¿Tan acostumbrada estaba al carácter parco de Sasuke que cualquier estándar normal de atención le parecía una declaración de interés?

No lo sabría hasta que planteara la situación directamente, algo que, por principio, no podría hacer estando aún en una relación con Sasuke. No era como una entrevista de trabajo, cuando uno puede no renunciar a su puesto sino hasta que completa el proceso de selección del nuevo trabajo.

En todo caso, si la rechazaba, tendría que aceptarlo con dignidad.

Y en cualquiera de los dos panoramas, tenía también que decidir qué iba a pasar con Taka.

Se tragó el gemido que estuvo a emitir, y se limitó a mirar de soslayo a Genma.

¿Y si lo soltaba en ese momento? Podrían evitarse arruinar el almuerzo si solo estaba intentando ganarse una amiga.

¿Una amiga?

Dejó escapar un suspiro.

Sería más fácil si estuviera familiarizada con el proceso normal para ser amistosa.

—¿A dónde vamos? —preguntó, cuando dejó de reconocer el entorno.

—A un lugar que suele quedar primero en las revistas de vida y estilo.

Aún con el intento de iniciar una conversación, realmente no dijeron nada más hasta que, lo que parecía una finca muy occidental apareció frente a ellos.

La vista del edificio blanco con sus tejas rojas, con las flores rosa intenso cumplió con el objetivo de despejar su mente, al menos por unos segundos, casi enseguida la confusión volvió con más fuerza, y es que no podía ser tan mala interpretando señales de coqueteo, porque eso a todas luces era una cita.

—Terminé con mi novio anoche.

Lo había soltado sin más, como un botón de pánico, para que antes de compartir té de jazmín, antes de dejarse encantar por la torre de sándwiches y panecillos, antes de imaginarse que en la siguiente cita podrían hablar sobre si se quedaría en Konoha con él...

Genma no dijo nada al momento, sin embargo, al apagar el motor, se giró hacia ella, con ese gesto suyo tan confiado.

Karin frunció el ceño, ¿esperaba que hiciera eso?

—Tengo que reconocer que, intentaba convertirme en un affaire.

Karin sintió que se le iba el aire, sintiéndose tan estúpida e ingenua, porque ya en esa perspectiva esa era también una respuesta válida, solo ella había polarizado a un todo o nada, quizás porque no era la clase de chica que engañaría a su novio y luego podría vivir como si nada hubiese pasado.

—Pero, para serte honesto —agregó antes de que ella pudiera decir una palabra —. Anoche que intenté cruzar el límite, y saliste corriendo, supe que no iba a pasar, por eso te pedí vernos hoy.

Ella imaginó el sonido de la saliva pasando por su garganta como algo ensordecedor y grotesco, sin embargo, no parecía nada más que una imaginación suya.

—Yo no... no podría. Sasuke tiene bastantes peculiaridades que frustran a la mayoría de las personas, incluso a mí al principio, pero es solo una apariencia. Él tiene una sonrisa cálida, y lo último que querría en este mundo sería lastimarlo...

Genma sonrió, extendiendo su mano para tocar con la punta de sus dedos su mentón, de modo que la hizo girar levemente para que lo mirara.

—En serio amas a ese tipo.

Karin sintió que los ojos que le llenaban de lágrimas.

—Aun así, yo...

Genma dejó escapar un suspiro.

—No creo que, porque haya conseguido llamar tu atención, realmente tus sentimientos por él se hallan apagado. Supongo que llegaron a la parte en la que todo parece rutina, y como dices que trabajan juntos, la línea entre lo profesional y lo personal de desdibujó. ¿Te acuestas con tu jefe o trabajas para tu novio? Aunque ambas son verdades, tienen implicaciones diferentes que los pusieron en el punto donde están ahora.

Abrió la puerta de su lado, saliendo del auto, pasando por el frente para abrirle la puerta a ella.

"¿Solo estaba aburrida?", se preguntó.

—Ven. El lugar es muy agradable, y un té te vendrá bien.

Aceptó su ayuda para salir. Era el rechazo más raro que había experimentado en su vida, y eso que solo se le había declarado a un par de chicos, incluido Sasuke.

Para esa mañana, Genma no había hecho reservación, algo que le pareció extraño ya que siempre parecía estar dos pasos por delante de todo. Si se dedicara al mismo giro que ella, sería bastante exitoso. Sin embargo, al cabo de unos minutos, una joven los hizo pasar, conduciéndolos a una pequeña mesa para dos.

Todo el sitio era verdaderamente grande, con mesas de distintos tamaños y gabinetes ocupados, casi estaba segura de que les consiguieron el sitio por casualidad, de lo contrario tendrían que esperar un par de horas. Les dejaron las cartas y tras ponerse a sus órdenes, Genma pidió algo, un trago supuso, mientras que ella solo necesitaba agua, de preferencia helada.

Por un momento, Karin pensó que ya no dirían nada, que se quedarían flotando en la incómoda situación que se había generado entre ambos, pero él volvió a extender su mano, apenas toándola en el dorso para que bajara la pantalla del teléfono que pensaba poner como un muro simbólico entre ambos.

—La chica con la que estaba comprometido, terminó conmigo un par de días después de que abrí el bar —dijo, sin romper el contacto —. Ella había ingresado sus papeles para una pasantía en Suna, y le llegó la respuesta de aceptación.

—¿No te contó sobre eso?

Genma se encogió de hombros.

—Dijo que realmente no creyó que la fueran a aceptar, en todo caso decidió terminar conmigo porque no creía que funcionara una relación a distancia. Dos años puede ser difícil de manejar para muchos, pero lo habría intentado, y ¿sabes qué?

Karin notó la forma en la que su mirada se perdía, como si viviera de nuevo el momento.

—Me hubiera ido con ella. Claro que tomaría un rato traspasar el bar, liquidar o alquilar mi departamento, pero lo hubiera hecho.

Genma sonrió para sí mismo.

—Lo pensé hasta el momento en que solo se dio la vuelta y se fue sin mirar atrás. Entonces comprendí que, no era que no creyera que la aceptaría, es que ella había hecho sus planes sin incluirme.

Ella no pudo evitar el enlazar sus dedos, algo que pareció hacerlo reaccionar, sacándolo del recuerdo en que se había sumido.

—No me malinterpretes. Jamás le negaría el derecho a tomar sus decisiones, a pensar en su futuro profesional por si misma, es solo que, como habíamos estado juntos desde la preparatoria... no sé... pensé que...

Volvió a encogerse de hombros.

—¿Y solo así? —preguntó Karin —¿No la llamaste? ¿Nada?

—Oh sí, un par de veces, pero mandó decir con nuestros amigos en común que la dejara en paz.

—Así que solo me quedó pedir perdón por incomodarla, y seguir.

—El amor no debería ser algo incómodo —dijo Karin, mirando los vasos que la camarera acaba de dejarles.

Genma la soltó para tomarse el suyo, de un vaso pequeño, con una rodaja de naranja y una cereza, aunque primero lo levantó a modo de brindis incompleto.

—Un Old Fashioned. Para los nervios —le dijo —. Te juro que no desayuno con alcohol. No lo hice ni siquiera en esos días.

Karin se rio, y con eso, todo había vuelto a la normalidad, a ese estado feliz, aunque extraño en el que estaban desde que se conocieron.

¿Y eso qué implicaba?

—Genma —susurró Karin, sintiéndose más serena, y considerablemente más valiente, pero antes de que pudiera preguntar si podían intentarlo, el corazón le dio un vuelco cuando se vio bruscamente levantada de su sitio.

Si no fuera por la diferencia de alturas, habría quedado cara a cara con Sasuke, la última persona en todo el mundo a la que esperaba encontrar.

¿Acaso sí la había seguido?

—Perdón por interrumpir —dijo, con su manera brusca y casi grosera, aunque sus palabras habían sido cordiales —, pero tenemos que irnos, ahora.


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