Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.


"Las pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo, aunque a menudo sean causa de huracanes."

-Bernard Le Bouvier De Fontenelle


《2》

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—Siento hacer que te preocupes —murmuró Shinnosuke, inclinándose ligeramente hacia adelante para llamar la atención de su compañero. Arashi y él se encontraban sentados a los laterales de la gran mesa comensal.

El esperado banquete que Taro y la futura Señora de Furumoto prepararon, en vísperas de su unión marital, presumía una enorme variedad de delicias locales y exóticas. La habitación era enorme, siendo amueblada con una larga mesa principal, en forma rectangular, ubicada al centro del espacio. Dicho lugar lo compartían las más importantes familias aliadas y amigos cercanos de ambos prometidos, junto con sus guerreros de mayor confianza. Los laterales del recinto presumían mesas de menor tamaño para el resto de los soldados que escoltaban las comitivas de las familias invitadas. Sin embargo, la cantidad de personas era tanta que la sala comensal pronto se vio saturada, obligando a Rouge a instalar al resto de los guerreros en la sala común y el vestíbulo. Incluso algunos incautos terminaron comiendo en el patio de armas, con mesillas y asientos improvisados, pero igual parecían disfrutar la ocasión. La comida, por otro lado, no paraba de agotarse y abastecerse nuevamente. Los sirvientes iban y venían como almas penitentes, siempre bajo la atenta supervisión de la prometida de Taro. De hecho, era la tercera vez que surtían la mesa central con una decena de platillos diferentes cada vez. Y pese al apetitoso desfile de viandas, su coronel poco parecía interesado en ingerir los alimentos.

—¿Qué? —cuestionó desubicado, girando el rostro en su dirección.

—Sobre Ranma —aclaró—, siento haber sido tan imprudente, no pensé en las consecuencias.

El gesto de Arashi ante sus palabras reflejaba verdadero desconcierto, al parecer, el buen raciocinio de su coronel se encontraba trastocado y su atención entera parecía vagar en el limbo.

—¿De qué estas habl…?

—Dime —interrumpió asentado el codo izquierdo sobre la mesa para recargar el peso de su cabeza en el puño, quedando su torso encorvado y ligeramente inclinado hacia la derecha—, ¿Ranma te hostigó mucho en los establos? —preguntó en tono condescendiente.

Los párpados de su coronel se extendieron de la sorpresa, e inmediatamente Shinnosuke supo que Arashi por fin comprendía a lo que se refería. Desde que el hombre entró a la sala comensal: ruñendo murmuraciones y con un gesto graciosamente ceñudo, Shinnosuke sospechó que sus dos buenos amigos, Arashi y Ranma, habían tenido algún tipo de confrontación en las caballerizas. Era una ley natural que estando cerca uno del otro, y en el mismo lugar, el desarrollo de una simple conversación terminase en una disimulada disputa de orgullos. Tal vez no tan disimulada en ocasiones.

—¿Cómo lo sab…?

—Soy muy observador. —Se vanaglorió con aire travieso, deteniendo por segunda vez las interrogantes de su amigo.

—¿A sí? —inquirió enarcando su perfecta ceja. Los ojos caoba figuraron centellar con un fulgor parecido a la diversión mientras le desmentían con la mirada. Ambos sabían lo despistado que podía llegar a ser.

Finalmente la atención de Arashi había regresado al presente.

Shinnosuke sonrió, enderezando su postura.

—Sabes que sí —respondió orgulloso, carraspeó ligeramente y continuó—. Lo siento —confesó serio—, no pensé adecuadamente en las consecuencias de mis palabras. Tampoco fui capaz de fraguar alguna respuesta adecuada a sus preguntas. Y supongo que sólo aumenté su curiosidad.

Shinnosuke conocía muy bien la actitud obcecada que podía tomar el azabache ante su ambiciosa curiosidad o, peor aún, frente a sus -casi nunca equivocas y famosas- corazonadas. Ranma llegaba a ser bastante suspicaz en ocasiones, más si el hecho incluía lo que fuese de su interés personal. Y si algo le picaba la intuición, no descansaba hasta revelar el misterio.

Así que ciertamente le sorprendió encontrarse a sí mismo despotricando tan valiosa información, mínima pero importante, a los oídos del ojiazul. Probablemente la emoción de volver a ver a su buen amigo después de dos largos inviernos le adormeció la funcionalidad de sus neuronas.

La verdad sea dicha, con Ranma siempre se le antojó muy fácil bajar la guardia. El Señor de Nerima era una persona bastante confiable y leal, instintivamente te decantabas por confesar a él tus más persistentes tribulaciones, como si el hombre tuviera el poder divino de resolver a tu favor cualquier dificultad.

Y hacer aquello era un impulso contra el cual llevaba años luchando.

—No es como que me guste que le mientas a tu mejor amigo. O le omitas verdades en su defecto —habló con el gesto sutilmente entristecido. Arashi regresó su atención a los alimentos, sin indicios de desear probar alguno.

—Lo sé. A mi tampoco me gusta, pero fue mi decisión Arashi, no es tu culpa —aclaró por incontable vez en su vida.

Arashi y él compartían importantes secretos. Misterios que decidió reservar sólo para ellos y los pocos habitantes del castillo de Ryugenzawa. Nadie más conocía las desventuras de sus infantes vidas, ni siquiera el Emperador.

El hombre asintió con la cabeza, pero sus pensamientos volvieron a ausentarse, y su rostro persistió ensombrecido.

—¿Te digo como lo supe? —insistió juguetón, deseando perpetuar la conversación para ayudar a su compañero a disipar las asperezas de su ánimo.

Arashi emitió un bufido de risa contenida, y la comisura izquierda de sus labios se elevó en una mueca. Fingiendo fastidio reincorporó su atención hacia él.

—Júzgame loco, pero siento que estas de un humor bastante hablador. Igual me lo dirás si me niego. Así que… —El hombre hizo un ademán con la mano, invitándolo a continuar la charla.

Shinnosuke no perdió oportunidad.

—Bueno, primero que nada, Ranko me dijo que estabas en los establos recién llegamos al castillo. Y adivina quién se encargó de instalar a mi corcel en las caballerizas —mencionó sonriente.

Arashi irguió la espalda y se cruzo de brazos.

—No me digas… —murmuró suspicaz, sin dejar de mirarlo a los ojos.

—Ya te digo —afirmó divertido—. Número dos. —Shinnosuke enfatizo sus palabras al exponer sus dedos medio e índice—. Recién se anuncio el banquete entraste a la sala comensal haciendo pucheros y hablando entre dientes. Y la única persona en esta vida que te hace perder la templanza de ese modo se llama Ranma Saotome. Así que uniendo las dos premisas, supuse que habían discutido por la pequeña indiscreción que le solté a Ranma durante nuestra breve cabalgata.

—Pudimos discutir por cualquier otra cosa, ¿sabes? —comentó inquisidor—. Al hombre se le da bastante bien.

«Sólo contigo», mencionó Shinnosuke para sí, al recordar la facilidad con la que Ranma solía enervarse por un simple comentario o mirada reprobatoria de Arashi. Carácter aparte, ellos dos eran incapaces de tolerarse por mucho tiempo. Entre ambos existía una especie de perpetua tensión. Y por alguna extraña razón, despreciarse el uno al otro parecía ser el alivio más eficaz. Aunque, si le preguntaban a él, se le ocurrían mejores cosas para calmar las hostilidades entre ellos.

El castaño espabiló sus pensamientos y se aclaró la garganta.

—Pero minutos antes lo dejé bastante picado con todo el asunto de las medidas que tomó mi padre después del alboroto que cause por la muerte de Peng. Y estoy seguro que Ranma no perdió la oportunidad de indagar contigo pese a mi negativa de dar explicaciones.

Las facciones de su coronel se endurecieron y apretó los labios hasta tornarlos pálidos.

—Siento lo de Pen

—Y tercero —interrumpió deliberadamente el discurso de su amigo. Shinnosuke sabía que Arashi aún se culpaba sobre ese viejo tema—. Desde que Ranma se apostó frente a nosotros no deja de mirarte como si le hubieses negado los secretos más profundos del cosmos.

Instantes después que Arashi llegara de los establos, y tomara lugar a su derecha, Ranma entró al recinto en las mismas condiciones que su coronel: enojado y frustrado. Y dado que la disposición de la mesa fue asentarlos frente a la familia Saotome, el ojiazul no perdió oportunidad de mirar a Arashi con intenso resentimiento. Incuso también había probado poco la comida.

—Quizás te está mirando a ti —dijo un tanto cohibido, dirigiendo su atención nuevamente hacia las viandas.

—Sabes muy bien que no, y esa es la razón por la que no has querido despegar tus ojos de la comida.

El puchero que Arashi dibujó en su rostro le confirmó que había dado en el blanco.

—Es bastante entrometido. —Se quejó jugueteando con las verduras.

—Es verdad.

—Lástima que no cuando se le necesita —reprochó incrustando el tenedor en la tierna carne de cordero aún sin probar.

—No tenía manera de enterarse sobre eso. De enterarse sobre nada, en realidad —habló con suavidad.

—Es tu amigo, debería haberlo notado. Debería haber notado todo —murmuró con un rastro de rabia, girando el rostro hacia él. Shinnosuke observó en sus pupilas toda la frustración guardada de sus recuerdos.

Pese a logran convertirse en adultos, las heridas que el destino y su padre, Daigo Hiiragi, causaron en ellos aún permanecían abiertas en sus corazones… en sus memorias más dolorosas. Sin embargo, para él, la mejor manera de sanarse a sí mismo era perdonar y olvidar. Llevaba más de una década trabajando en ello, era una lucha constante contra la mitad más sórdida de su alma. Pues la naturaleza humana no es poner la otra mejilla, sino regresar con mayor fuerza el golpe recibido. Atacar violencia con violencia, perpetuar venganza.

Y para Arashi, esa venganza insatisfecha y el rencor contenido le estaban consumiendo la vida. Cada noche rogaba a TianRyū que alguien, quien fuera, alcanzara el corazón de una de las personas que más le había querido, que le ayudara a sanar… a soltar el pasado. Y es que, a pesar de todo lo vivido juntos, existía una parte del alma de Arashi a la que él no podía llegar.

—Fue mi intención que no lo hiciera —respondió conciliador.

—Lo sé —contestó derrotado.

Las facciones dolidas de su coronel, ante la aceptación de tal verdad, le constriñeron el corazón.

—Pero tu estuviste ahí para mí. —Intentó consolarle. Como acto reflejo y sin dejar de mirarle, Shinnosuke tomó la mano izquierda de Arashi entre la suya, regalándole suaves caricias con su pulgar.

Los hipnotizantes ojos caoba de Arashi se cristalizaron levemente y mordió su labio inferior como si contuviera un sollozo.

El hombre tragó saliva antes de responder.

—Pero no fue suficiente. —La voz liberada de su boca sonó rota, vencida, impotente.

—Lo fue para mí —confesó afianzando el agarre con un apretón contundente y protector. Sin mayor dilación o vergüenza, Shinnosuke llevo el níveo dorso de la mano de Arashi hacia sus labios, y selló las palabras con un casto beso—. Además, yo tampoco pude protegerte de mi pad...

—¡Oigan ustedes!, ¡dejen de coquetear! —Un estruendoso golpe seco, sobre la mesa, acompañó las enervadas palabras. Tras el trastazo, algunas copas de hidromiel se desbalancearon, vertiendo su contenido en la pulida superficie de madera.

La sala comensal quedó enmudecida, y todos los presentes volcaron su atención hacia la fuente emisora de tal rabieta.

Ranma se había levantado de su lugar, y miraba con intenciones asesina en dirección de Shinnosuke y Arashi.

—¡Malditos desvergonzados! —increpó sumamente cabreado—. ¿Eres estúpido? —cuestionó con rabia y veneno, en dirección de Arashi, mientras encorvaba la espalda, recargando todo el peso del torso en sus palmas. El crujido de la mesa retumbó doloroso entre las paredes silenciadas de la habitación—. ¡Estas humillando a tu Señor! —bramó golpeando nuevamente la mesa con furor desmedido.

—¡Controla tus modales, Ranma Saotome! —Una voz autoritaria retumbó en toda la sala. El fervor de su reclamo congeló cualquier dejo de calidez en la sangre de los invitados. Ni siquiera el suave susurro de una exhalación se atrevió a perturbar el abrumador silencio. La tensión que inundó el aire caló hasta la médula de los huesos.

Ataviada en un tradicional kimono de color azul ópalo, Nodoka Saotome, madre y esposa del clan Saotome, se había puesto en pie, confrontando a su hijo desde el flanco derecho. Su porte elegante e imperiosa presencia obligaba a cualquier vasallo o Señor Shoyū a rendirle los honores y respeto que recelosamente se reservaban para los hombres de alto rango. Se rumoreaba incluso que el mismo emperador Ryuusuke pedía sus consejos.

—Estos asuntos no te incumben, madre —comentó el ojiazul entre dientes, vibrando la atención hacia Nodoka.

Como si hubiese sido un acto ensayado, todos los presentes extendieron al máximo la elasticidad de sus párpados, y sus ojos corrieron peligro de salir de las oquedades. La gran mayoría, si no es que la totalidad de las personas, concluyeron que el joven cabecilla de los Saotome había perdido la cordura. O tenía un coraje de acero… o era muy estúpido. Tal vez un poco de ambos. Despreciar con tal brío las palabras de Nodoka Saotome, ciertamente no era un tema menor, y mucho menos inteligente.

—Estas avergonzado a nuestra familia —declaró serena casi comprensiva, sin embargo, el rictus de su rostro reflejaba el enojo refrenado.

—¿Yo los estoy avergonzado? —preguntó indignado—. ¡Ese maldito afeminado es quien está avergonzado a Shinnosuke! —Ranma señaló con dedo acusador al receptor de su enojo.

Tras la injuria, la atención comunal se concentró en Arashi y Shinnosuke. Todas las miradas presentes los observaron con asombro, los analizaron con meticulosidad, los juzgaron en silencio.

Shinnosuke carraspeó por lo bajo, deseando darle un buen mamporro al ojiazul por ser incapaz de controlar su mal genio y frustración. Y dicho sea de paso, su coronel no había hecho absolutamente nada para avergonzarlo. Fue él, en cambio, quien no midió sus acciones frente al encendido temperamento de su amigo, frente a todos mejor dicho. Otro maldito descuido en menos de veinticuatro horas. Ese día si que andaba sumamente distraído, probablemente estaba agotado.

—Miserable malnacido… —murmuró Arashi al tiempo que se ponía de pie para enfrentar tal ofensa, pero antes que pudiese reclamar nada, la inconfundible voz de Taro se alzó voluntariosa.

—¡El único afeminado aquí eres tú! Ahora aplasta tu trasero, ¡y deja de arruinarme el banquete! —ordenó el Señor de Furumoto quien, al igual que Arashi, se encontraba de pie.

—¡¿Cómo puedes permitir tal desviación de comportamiento en tu presencia y frente a todos los Señores?! —pregonó iracundo, en dirección de Taro.

—¡¿Cuál maldita desviación?!, ¡tú eres el maldito desviado! —atacó.

—¡¿Por qué estás insultándome?! ¡Te estoy evitando la vergüenza que el maldito sarasa de Arashi termine revolcándose con todos los hombres de este castillo!

Fue un mísero segundo de tregua antes del caos. Tras la imputación lanzada por Ranma, el silencio y el desconcierto duraron lo que un parpadeo, y todo lo acontecido después figuró moverse en una danza lenta y letal.

Shinnosuke sometió Arashi de los brazos, antes que su leal coronel cometiera homicidio. Hacía años que no veía a Arashi tan fuera de sí como en esos momentos, fue incluso capaz de observar la segura promesa de la muerte, en el fulgor de su mirada, cuando Ranma soltó el veneno de su rabia contra él. El azabache ciertamente sobrepasó los límites, y al igual que con Arashi, habían pasado años que no se comportaba tan irracional. No que él supiera. ¿No le había dicho su buen amigo, hace poco más de una hora, que respetaba a Arashi como igual guerrero? ¿Y qué estaba haciendo ahora? ¡Humillándolo ante los representantes de media Nación! Entonces comenzó a preocuparle seriamente lo que Arashi y Ranma habían discutido en los establos. ¿Qué demonios pasó entre ellos?

—¡Suéltame, Shinnosuke! ¡No pienso permitir que mancille tu nombre de ese modo! ¡No él! —demandó Arashi mientras se retorcía de su agarre.

Shinnosuke sabía que su buen coronel no estaba así sólo por los agravios hacia su propia persona, sino porque aquella acusación, de una u otra manera, también lo involucraba a él. Y Arashi era bastante aprensivo si de procurar su bienestar y reputación se trataba. Desde que eran niños, Arashi le hizo la honorable promesa de cuidarlo y protegerlo. Y si algo había aprendido durante su convivencia juntos, es que era una persona de palabra.

—No —respondió estoico, afianzando la aprensión de sus manos.

—¡Pero…!

Mientras él hacia entrar en razón a Arashi, Taro abandonó su privilegiado lugar de Shoyū, para dirigirse con intenciones asesinas hacia donde Ranma. Rouge le siguió el paso, y en un acto de desesperación para evitar una pelea entre los hombres, la futura Señora de Furumoto se colgó del cuello de su prometido, desviando el bien dirigido golpe a la bonita cara del gobernante de Nerima. Por otro lado, Genma Saotome, quien hasta entonces había permanecido como un callado espectador, tuvo que intervenir para controlar a su mujer, pues le había robado la espada y disponía una mortal estocada al pescuezo de su hijo.

—¡No me detengas, Genma! —gritó la matriarca blandiendo la espada.

—¡Contrólate, querida!

A este punto, todos los soldados de las familias habían abandonado la labor de comer y se encontraban de pie, estáticos en su lugar, sin estar muy seguros de cómo proceder. Los guerreros de Furumoto y Nerima se miraban unos a otros tratando de decidir si debían atacarse por el sagrado nombre de sus Señores. Y el resto de los nobles comenzaron a discutir o cuchichear entre ellos. Era todo una locura.

Justo cuando una manda de alertados guerreros entró a la sala comensal, provenientes del patio de armas, la vocecilla clara y aguda de una mujercilla pelirroja le ganó la contienda al estruendoso alboroto de gritos y bravuconadas.

—¡Ryoga y yo nos vamos a casar!

Fue como magia, como un hechizo paralizador infalible. La habitación entera quedó enmudecida, los presentes quedaron privados de su capacidad de moverse o razonar, abrumados por todas la delicadas revelaciones que estaban saliendo a luz.

Ryoga Hibiki, que hasta entonces permaneció inmutable en la deliciosa tarea de comer, lanzó con ruidosa presión, por la boca y nariz, el trago de hidromiel que recién había tomado.

—¡¿Qué?! —preguntó histérico, volviendo su atención a Ranko; sus ojos expresaban verdadero terror.

—¿Disculpa? —inquirió Ranma con mortal pronunciación, observando a su hermana con los ojos casi desorbitados.

—Lo que oíste —respondió altiva, poniendo los brazos en jarra y levantando su desafiante barbilla.

El azabache resopló con coraje, giró hacia el heredero Hibiki y lo agarró de la solapa, levantándolo abruptamente de su asiento.

—¡¿Qué demonios significa esto?! —demandó histérico.

—Más vale que te expliques, niña —exigió el patriarca Saotome, habiendo soltado a su mujer.

—Pero… hija… ¿por qué tan de repente? —habló alarmada la Señora Nodoka, quien había perdido sus ganas de forcejear; como gesto involuntario de sorpresa, la mujer dejó caer la frondosa espada de su marido. El sonido del metal azotado, resonó como un trueno en la tormenta.

—Ranko, niña… ¡Felicidades! —congratuló con terneza la madre de Taro, aún sentada al lado izquierdo del lugar del Shoyū. Esa mujer verdaderamente tenía la paciencia de un sabio iluminado.

—¡Mi Señora Ranko, estoy tan feliz por usted! —declaró Rouge, sin soltar el cuello de su prometido.

—¡¿Pero por qué con ese idiota?! —reprochó Taro.

Por su parte, Shinnosuke y Arashi permanecieron atónitos, no les llegaba a la cabeza nada ecuánime que conjeturar.

—¡Exactamente!, ¿por qué elegirías a este maldito desorientado? ¡No creí que fueras tan estúpida! —recriminó el ojiazul sin soltar a su presa.

—¡Cállate!, ¡un bruto como tú no tiene derecho a reprocharme nada! ¡Y suelta a mi futuro esposo! —contraatacó la mayor de los mellizos Saotome, pisoteando el suelo con su pequeño pie.

—¡No voy a permitir que te cases con este inútil! —Ranma zarandeó a un perturbado Ryoga que parecía haber entrado en trance. Su mirada se dirigía hacia la nada, y el color de su morena piel había palideció.

—¡Tú no puedes prohibirme nada!

—¡No tienes ninguna razón para desposarte con él!.

—¡Claro que si! ¡Yo le entregué mi virtud!

Un jadeo comunal de incredulidad fue la respuesta natural ante aquella confesión y la temperatura del recinto figuró disminuir hasta el punto de congelación. Ya nada podía decirse para subsanar aquello. El destino de Ranko Saotome y Ryoga Hibiki quedó sellado para siempre.

Shinnosuke observó transmutar el rostro de Ranma en la encarnación pura de la ira. El fuego febril de su furia comenzó a subir desde su cuello hasta colorear de un rojo intenso la piel de su rostro, y los finos labios de su amigo parecieron prepararse para la erupción.

—Oh, cielos… —murmuró angustiado. El castaño presintió el grito de guerra abriéndose paso.

—¡Hijo de perra!

Y el infierno se desató.

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—¿Cómo resultó todo? —preguntó Arashi mientras entraba a la habitación que Shinnosuke siempre ocupada cada vez que visitaba el castillo de Pansuto.

—Rouge canceló la boda. Prácticamente todo el castillo quedó arruinado después de la trifulca —informó el Señor de Ryugenzawa, al tiempo que se apostaba en el lecho y restregaba su rostro con las manos. El agotamiento estaba pudiendo con él.

Aquello pareció una verdadera guerra civil. Los guerreros de la familia Saotome se levantaron en armas contra los hombres de Hibiki, por el honor mancillado de su Señora Ranko. Los soldados de Taro prefirieron repartir golpes a diestra y siniestra sin escoger ningún bando. Lo nobles debiluchos corrieron despavoridos a resguardarse en las habitaciones, y Ryoga casi es asesinado por Genma, Ranma y Taro, de no ser por la intervención de él, la Señora Nodoka, la madre de Taro y la mismísima Rouge. Fue un verdadero milagro que el castillo siguiese de pie.

—Siento mucho escuchar eso —murmuró Arashi, recargando el peso de su cadera en el macizo mueble de madera frente a la cama. El hombre cruzó los brazos y esperó por la narración de lo acontecido.

—Jamás había visto a Taro tan desesperado en su vida —confesó—. Cuando la muchacha Ashura gritó aquello, juro que vi su alma salir del cuerpo. Él, Ranma y las demás mujeres están ahora mismo tratando de hacerla recapacitar. Pero la chica parece decidida a permanecer recluida en su habitación —finiquitó con un suspiro pesaroso.

—Me sorprende que no estés metido en la empresa —comentó astuto, alzando sus perfecta e inquisidora ceja.

Shinnosuke supo inmediatamente que Arashi había notado su cansancio, sin embargo, como era costumbre, el hombre quería que lo confesara a viva voz. Pero el castaño no estaba listo para admitir la derrota. Apretó los labios y le dirigió a su interlocutor la misma mirada escéptica que éste le ofrecía. Tras un fugaz duelo enmudecido, Shinnosuke habló.

—Acabo de tranquilizar al abuelo. Los aullidos de hostilidad lograron alterarlo un poco. —Sus palabras no eran mentira, en efecto, el abuelo Hiiragi salió de su habitación atacando a cualquiera que se le pusiera enfrente, creyendo estar en tiempo de guerra y jurando matar al invasor en nombre del quinto emperador. Si no hubiese sido por la ayuda de Ranko, Shinnosuke no estaba seguro de haber podido controlar el breve ataque de demencia del abuelo. Mas la completa verdad era que, la naturaleza de su enfermedad, le reclamaba descanso.

—Lo siento, yo… no escatimé en lo que pudiese provocar en el abuelo todo el tumulto. No debí…. No debí haberme marchado —habló ansioso.

—No tienes nada de que disculparte. Hay más de una persona en este lugar que puede ayudarme si las cosas se ponen feas con el abuelo. —Prácticamente todos aquellos a los que consideraba familia estaban reunidos en el castillo de Pansuto.

Pero, pese a la veracidad de esas palabras, Arashi no desdibujó el gesto de preocupación de su rostro. El hombre podía llegar a ser bastante aprensivo respecto al viejo Hiiragi y él.

—Deja de darle vueltas al asunto —ordenó—. Si es el destino que una calamidad suceda, lo hará así estés tú presente o no. No puedes jugar a ser mi sombra por siempre, Arashi. Existen voluntades más grandes que la tuya —concluyó terminante, cual fiel creyente de la sacra aquiescencia del Gran Dragón Creador.

Y aunque jamás le alcanzaría la vida para agradecerle a su compañero de infancia, todo lo que le había procurado y cuidado, pero sobretodo amado: con un amor fraternal inquebrantable; Shinnosuke creía, desde hacía ya varios años, que era tiempo que Arashi buscase su propia felicidad. Sin atarse a él o a cualquier vivencia dolorosa que siguiera lastimándolo. Deseaba que fuese libre… libre para vivir lo que alguien de su naturaleza debiese vivir, para que fuese tratado como realmente merecía: con ternura y devoción incansables.

Sin embargo, tan cabezota como el mismo, Arashi se aferraba al pasado, a la culpa, al honor de un juramento nacido del suplicio. Un tormento que pudo ser evitado si jamás se hubiesen conocido.

Los ojos caoba fulguraron con una luz rebelde, desafiante… indómita. Como queriendo retarlo a él, Shoyū de Ryugenzawa, y al mismo dios TianRyū a atreverse a socavar sus calculadas decisiones y previsoras acciones. Dispuesto a luchar hasta el último aliento por hacer su voluntad, a dejarse la vida por reivindicar su orgullo. Shinnosuke entonces preparó su mente para la larga y filosófica disputa sobre el límite de la capacidad humana para forjar su propio camino y la cuestionable pero presente intervención de la buena o mala fortuna, llegando a la contienda de la inexplicable, pero única y absoluta, voluntad divina. Mas, ya fuese por la notoriedad de su fatiga o por lo tedioso que resultaba tener la misma rebuscada discusión una y otra vez, Arashi desistió en hacerle retractarse de sus anteriores palabras. Su coronel prefirió navegar en temas más neutros y Shinnosuke lo agradeció.

—¿Cómo estuvo esta vez? —preguntó cauteloso, Arashi abandonó su postura y se sentó a su lado.

—Nada grave. —Aminoró—. Recién acabo de dejarlo dormido en su habitación. Fue un largo viaje, con un buen descanso seguro que mañana estará disponible para la boda.

Hace poco más de tres años, la salud del abuelo decayó drásticamente. Una mañana cualquiera, despertó abstraído de la realidad, experimentando los recuerdos pasados como si sucediesen en el presente. Pero no podían abandonarle, incluso si a veces no los reconociera… no podían abandonarle después de todo lo que hizo por ellos, después de todos los maltratos y torturas de los que los protegió, dentro de sus posibilidades.

—¿Crees que sí se efectúe la boda?

—Creo en la firme tozudez de Taro y la acertada intervención de las mujeres —confesó sonriendo de medio lado.

Arashi pareció meditarlo sin mucho interés.

—En ese caso, yo creo que ya debes descansar —sugirió el hombre, al tiempo que se arrodillada y comenzaba a desabrocharle el calzado.

—¡No es necesario que…!

—¿Cómo está Hibiki? —interrumpió Arashi, golpeando ligeramente la mano de Shinnosuke que le impedía continuar con su tarea—. Por como Saotome le azotó el primer golpe, supongo que ya no tiene cabeza.

Fue un trastazo muy glorioso que rememorar, admitió el castaño.

—Taro lo mandó encerrar al calabozo, pero las siervas le están atendiendo las heridas. Supongo que no lo dejarán salir hasta que los asuntos de Rouge y Ranko se aclaren. De todos modos, es un muchacho fuerte, sobrevivirá —aseguró. Shinnosuke conocía, de primera mano, los brutales entrenamientos a los que Ryoga se sometía, por propia decisión, en pos de vencer a Ranma en un duelo.

—¿Y cual fue la suerte de la Señora Ranko? —cuestionó curioso, liberándolo del botín derecho.

—El tío Genma la atrapó con la guardia baja, y la encerró en el último cuarto de la torre más alta del castillo —respondió abatido, dibujando en su rostro un gracioso e inconsciente puchero de descontento.

Justo cuando Ranko y él salían del cuarto del abuelo, una vez lograron apaciguarlo, Genma Saotome se abalanzó cual gran felino al acecho y cargó a su hija en hombros como si fuese un saco de patatas. No sin antes maniatarla, para evitar cualquier ataque. Fue una emboscada bastante rápida. Tanto así, que Shinnosuke reaccionó a conciencia una vez que los gritos y vituperios de Ranko se silenciaron en la lejanía.

—¿Tu sabías sobre la relación de la Señora Ranko y el Señor Hibiki?

—De hecho no sabía que existiese nada entre ellos. Aunque siempre me resultó muy obvio el interés que Ranko mostraba por Ryoga. Ella es igual que Ranma, hacen estupidez y media para llamar la atención del receptor de sus intereses amorosos —declaró con intensiones deliberadas hacia Arashi.

El castaño llevaba casi veinte inviernos tratando de hacerle ver a su coronel que los sentimientos que el Señor de Nerima albergaba por él estaban completamente fuera de la gama del odio y resentimiento, sino todo lo opuesto, pero el hombre de ojos caoba prefería hacer de oídos sordos. Aunque no entendía porqué de repente Ranma decidió exhibir a Arashi como si fuese un devorador de hombres. Shinnosuke estaba al tanto de las murmuraciones entorno a él y su coronel, señalándolos como amantes "prohibidos". En un principio, Arashi tomó la responsabilidad de desmentir aquella falacia, ya fuese por sus acciones o la fuerza de su puño. Mas a él no le importaba, de hecho le pareció gracioso, porque sólo ellos conocían la verdad de sus circunstancias. Y a pesar de la idea comunal, Ranma jamás apoyó aquello, por el contrario, siempre ponía en su lugar a todo aquel que osara perpetuar el cotilleo. Así que no comprendía el actuar de su buen amigo durante el banquete. Justo cuando Shinnosuke abrió la boca para formular la pregunta que saciara su curiosidad, Arashi le ganó la palabra.

—Sin embargo, Hibiki no parece especialmente encandilado por las virtudes de la Señora Ranko —murmuró mientras batallaba con el segundo botín.

—He de admitir que jamás pude entender el lado sentimental de Ryoga; nunca lo he sabido enamorado. Dudo que tenga una idea clara de lo que el amor de amantes significa. No parece interesado en esos menesteres. Ryoga es demasiado complejo en su simplicidad.

Arashi sonrió levemente ante sus palabras, dándole la razón a sus conjeturas. O quizá evidenciándole que él tampoco era muy diferente a Ryoga. La verdad sea dicha, a sus veintiocho inviernos, Shinnosuke tampoco se había enamorado.

—Pero, si es como dices respecto a los sentimientos de la Señora Ranko, me sorprende que actuase tan desesperada —caviló—. Confesar, frente a tan importante grupo de personas, que has estado con un hombre antes del matrimonio, o siquiera estar prometida, es bastante arriesgado. Cuanto más siendo una mujer de noble cuna como ella. No parece ser de las que actúan por impulso, algo en sus ojos me dice que es más astuta y calculadora de lo que nos deja ver.

Aunque no había tenido mayor contacto con Ranko que con Ranma, Arashi estaba acertado en sus observaciones. La mayor de los mellizos Saotome parecía ser una mujer caprichosa y revoltosa, sin embargo, sus acciones solían tener un motivo oculto.

—Tienes razón, aunque creo que eso fue parte de alguno de sus planes.

—¿En verdad? —preguntó sorprendido, desatendido su quehacer y enfrentándolo a los ojos.

—Justo cuando te marchaste de la sala comensal, Ranko buscó mi atención, sonrió pícaramente y me guiñó un ojo. Como si hubiese cometido una deliberada travesura que nos involucraba. Acto seguido, se trepó a la espalda de Ranma y comenzó a morderle la oreja para zafarlo de Ryoga. No entiendo qué es lo que se trae entre manos esta vez, pero me inquieta.

—No quisiera tener que preocuparme por sus acciones también —murmuró receloso.

—Ranko no haría nada que nos ponga en riesgo. —La chica era tan leal como su buen amigo Ranma.

—Tu puedes confiar en cualquier persona que desees Shinnosuke. Yo me reservaré el derecho.

Las personas en las que Arashi confiaba plenamente se limitaban a él, el abuelo, Matos -su lugarteniente- y su propia persona.

—Confía en mí entonces, puedes quedarte tranquilo respecto a Ranko. Cualquier cosa que esté planeando seguramente no es nada malo. Sólo me impacienta lo alocado que pueda llegar a ser.

—Eso no me tranquiliza, Shinno. Lidiar con el loco de tu amigo Saotome es más que suficiente para mi —gruñó.

—No sé qué le dijiste en las caballerizas para que estuviese tan alterado, pero te aseguro que Ranma no te desprecia Arashi. Nunca lo ha hecho.

—¡Por supuesto!, porque gritar a los cuatro vientos que me acostaré con todos los hombres del castillo es la mejor muestra de mínimo respeto que puede brindar de su parte. Por si fuera poco, él debió estar más que consciente que decir aquello te involucraría directamente a ti. ¡Es un imbécil! —recriminó asentando las posaderas y cruzando los brazos.

—Bueno, es muy cierto que sobrepasó los límites de esa cariñosa aversión que se tienen…

—¿Cariñosa?

—…pero en su defensa, creo que todo fue a causa de la imprudencia que cometí contigo, al besar tu mano, aún viendo como se encontraba de alterado. Es bastante evidente que, desde que éramos niños, jamás le ha agradado particularmente nuestra cercanía.

—Ese estúpido hombre está pirado. ¿Cuál es el maldito problema que me consideres tu amigo? Ni que fuera a robarte de él. ¿Cuántos años tiene?, ¿cinco?

—No creo que el asunto sea por orgullo de amistades…

Ranma siempre miraba a Arashi con manía, como si hace mucho tiempo hubiese decidido que lo tomaría para él. Aunque ninguno de los dos parece tener conciencia de ello.

—Pues peor aún, por que es lo único que vagamente tiene sentido.

—No le des mucha importancia, ya sabes que se la va la lengua cuando está enojado. Y te aseguro que ya está pagando la penitencia por su arrebato.

En efecto, Taro le juró que le declararía la guerra si no convencía a la chica Ashura de celebrar el matrimonio el día de mañana; Nodoka Saotome le dio la reprimenda de su vida, sin mencionar que por poco le raja la cabeza por causa de esa extraña promesa de seppuku que Shinnosuke seguía sin entender.

—Pero jamás había jugado la carta del sarasa contra mi —meditó extrañado, casi dolido, como si le hubiese fallado en sus expectativas.

—Estaba bastante cabreado. ¿Qué le dijiste en los establos?

—Sólo le dije la verdad: que no se metiera en tus asuntos. Que no tenía caso preguntar por hechos pasados si era incapaz de remendar algo al respecto.

—Estuvo presionando por respuestas, ¿eh?

—No tienes idea. Al parecer cuando a ese hombre le pica la curiosidad se vuelve imparable.

—Eso es muy cierto. —Sonrió.

—Lástima que no cuando se le necesita.

—No empieces con eso de nuevo, Arashi. Te he dicho que yo me encargué que no notase nada —reprendió.

Tras el regaño, Arashi permaneció en silencio, sentado sobre sus rodillas… abstraído. Shinnosuke esperó en vano alargar alguna discusión al respecto, pero su coronel parecía estar falto de ganas para una buena contienda. Y aunque al principio lo agradeció, ahora que Arashi dejó escapar la segunda partida, realmente comenzó a preocuparse.

—¿A dónde fuiste de todos modos? —cuestionó cruzándose de brazos. Ansioso por romper el mutismo.

Arashi lo miró fugazmente, lanzó un suspiro, y poniéndose de pie, acomodó los botines en el banquillo junto a la cómoda.

—Al bosque, a rastrear el perímetro —contestó cortante, viéndolo de soslayo.

—¿Enemigos?

—No exactamente. Sólo una corazonada.

Arashi contestó su pregunta dándole la espalda, y Shinnosuke sintió como si estuviera tratando de evitar mirarle. La mejor parte de conocerse tan bien, es que no podían mentirse, no por mucho tiempo; bastaba con una sola mirada para reconocer las verdades que uno u otro deseaba ocultar. ¿O esa era la peor parte?

Sin embargo, Shinnosuke concedió darle tregua a su actitud evasiva, así como su coronel se la otorgó momentos antes.

—Las tierras de Furumoto han estado en paz desde que Taro se convirtió en Shoyū. Ni siquiera los más temidos proscritos se atreven a molestar al Gran Señor de las Tierras Altas del Oeste. Pero nunca está demás ser precavido.

—¿Quieres que vigile el bosque? —Finalmente, el hombre de ojos caoba giró hacia él.

—Sugiero que ambos lo hagamos. El emperador llegará mañana. No podemos arriesgar su seguridad. Apuesto que Taro y Ranma pensaron lo mismo, nosotros triplicaremos la defensa.

—Acordamos que te olvidarías de tus responsabilidades, de guerrero y Shoyū, durante el tiempo de nupcias. Yo me encargaré de todo.

—Sólo estaré montando a Kah de un lado a otro, no habrá nada de que preocuparse.

—No.

—Deja de ser tan cabezota —gruñó.

—Tu padecimiento cada vez empeora —argumentó.

—Él también es mi familia —excusó refiriéndose a Taro.

—Y tú eres la mía.

Tras decir esas palabras, Arashi detuvo su regañina. Lo miró con aprensión a los ojos y un gesto de ansiedad gobernó sus facciones, cuando comenzó a morderse la comisura izquierda de su labio inferior, Shinnosuke confirmó que algo andaba mal.

—¿Qué pasa? —inquirió serio.

—Quiero que descanses, eso es lo que pasa.

—No me refiero a eso.

—Entonces no entiendo tu pregunta.

—Sabes que te conozco muy bien, Arashi. Desde que salimos de Ryugenzawa algo ha estado molestándote.

—Entonces no te importará si duermo contigo esta noche, ¿verdad? —mencionó juguetón, viéndolo con suspicacia y un pícaro mohín en sus facciones.

Shinnosuke conocía muy bien ese gesto. Finalmente su coronel ansiaba una contienda y planeaba salirse con la suya.

—¡¿Qué?! —exclamó aterrado. Pues claro que le importaba, la ultima vez que durmieron juntos tenían once años. Además, Arashi era… él no…

—Como cuando éramos niños —defendió, encogiéndose de hombros.

—Pero…

—¡Bien!, está decidido —declaró acercándose a él.

—¡No!

—¡Oh, por favor! No te queda ser tímido conmigo. —Sonrió divertido—. Anda, te ayudaré a desvestirte para que tomes un baño.

Arashi se abalanzó sobre él, tirándolo de espaldas en la cama, e intentó desabrocharle el tahalí de los pantalones.

—¡Basta!, ¡no! —gritó histérico.

—¿De qué te avergüenzas ahora?, te he visto desnudo antes.

Arashi lo aferró por las caderas con sus piernas, y el pánico de Shinnosuke transmutó en un tornado de terror.

—¡Ahh!, ¡pero antes era diferente! —exclamó aferrándose a la indumentaria.

—Tal vez podríamos bañarnos juntos... —insinuó sugerente, justo cuando le soltó el tahalí.

Suficiente. Shinnosuke tuvo suficiente.

Antes que su coronel lo desnudara con alevosía, burlándose de su caballerosidad y pudor, el castaño se decidió a usar la definitiva arma infalible que lograba apaciguar las artimañas de Arashi, cuando éste fraguaba desviarlo en sus averiguaciones. Porque aquella repentina forma de actuar, no había sido espontánea, por supuesto que no. Tenían un motivo, el cual era distraerle de cualquier sospecha hacia el estado anímico de su coronel.

Sí, para infortunio del hombre, Shinnosuke lo conocía bastante bien.

Cuando Arashi se apresuró en atacar sus pantalones, lo tomó por las mejillas y lo obligó a observarle directamente a los ojos.

—¡Ya basta! —Y entonces se preparó para pronunciar la palabra prohibida, aquella que con sólo vibrar en el aire congelaba cada nervio en el cuerpo de su coronel—. Akane…

Los ojos de Arashi se expandieron como enormes círculos, sus traviesos movimientos se detuvieron de golpe y el sufrimiento que hubiese deseado evitar, se materializó en sus ojos en forma de lágrimas contenidas. El mundo entero pareció congelarse.

—¿Qu-qué…?, ¿qué dijis…?

—Siento interrumpir. —La voz de Ranma retumbó fuerte y profunda en la habitación.

Los ojos de Arashi se estiraron aún más, y Shinnosuke pudo jurar que el mismo espanto exteriorizado en el rostro de su coronel era un reflejo de su propia expresión. Incluso sus respiraciones se detuvieron.

En sincronía, Arashi y Shinnosuke giraron en dirección del intruso. El Señor de Nerima llenaba el umbral de la puerta con su complexión imponente. Estático al inicio de la entrada, el ojiazul lucía tenso, reprimido, con la furia contenida de un toro embravecido.

—Mierda...


N/A: Gracias a todos por darle una oportunidad a esta historia. Mi idea original era hacer un ligero y sencillo fic de romance histórico, como algunos de los que he leído, sin embargo, poco a poco fue tomando un tinte más profundo y crudo. Creo que necesito ayuda con esta tendencia al drama que tengo(?)

Como pueden percatarse, la historia no sucede en ningún intervalo histórico real, es algo así como otro universo, pero deseo darle un toque de los tiempos Shogunales, vikingos y hasta de la Edad Media y Victoriana. Toda una revoltura de épocas.

Más adelante iré dando algunos datillos curiosos de la historia, como por ejemplo que, en este relato, a los terratenientes de las provincias se les llama Shoyū, en lugar de Shogūn, como en el Japón antiguo durante la época del Shogunato. Es como una especie de referencia... creo. Según el traductor de Google "Shoyū-sha" significa algo así como "el dueño", así que escogí usar parte de ese término para referirme a los regentes de las tierras, para fines de la historia. Y así.

Eeeeeeeeen fin. También en el siguiente capítulo les responderé como se merecen. Pero estén seguros que me siento enormemente agradecida por todo su apoyo a pesar de lo "verde" que aún sigue la historia.

Gracias, gracias.

Buena vida.

°PenBagu°