No sé con qué careta vengo yo aquí ahora a escribir este capítulo, pero bueno, vamos a ver qué hostias sale de aquí JAJAJAJA. Vamos allá, a regalar un poco de soft después de tanto sufrimiento de mis bebitos~

Nerumi: para desgracia de todo el mundo, aquí está tu respuesta, casi un año después el siguiente capítulo, akjydsgaydagisduyasd, lo siento tanto :'(.

NenyaIdril: IUHSIUDFHAASODHASD, no sabes cómo me alegro de que mi historia te gustara *llanto*. No sé si seguirás por aquí, pero he vuelto para mostrar un poquito más de ese lado de Law que tanto nos gusta, que después de tanta pupa, hace falta un poco de amor 3. Espero que lo disfrutes~

Black D. Megumi: No sé con qué cara responderte después de CASI UN AÑO pero lo haré igual. Asiudhas, creo que debo corregir un poco el tema de los nombres, tienes toda la razón, la he liado un poco jajajajaja. Me pareció buena idea meterle un toque macabro al abrigo favorito de nuestro flamenquito puto jeje. Espero que este capítulo al menos te guste tanto como el resto, sin más, me despido bonica3.

Capítulo 16: Déjame cuidar de ti

Cabe decir que se pasó más de lo debido en la ducha, pero ahora que estaba sola, tenía muchas cosas que asimilar. Cosas a las que no quería enfrentarse, pero de las que tampoco podía huir. Y no ayudaba el hecho de sentir el agua caliente de la ducha paseándose por todo su cuerpo, relajándolo... Excepto allí donde se unía con las marcas que había dejado le metal que le pusieron en el Inframundo. Allí donde el agua caliente tocaba aquellas heridas, un escalofrío la recorría de arriba abajo, seguido de una punzada de dolor y escozor. Mantenía los ojos cerrados, concentrada en no apartarse del chorro del agua caliente por el dolor producido. Pero con los ojos cerrados, las pocas imágenes que había en su cabeza respecto a lo sucedido aquella noche, la golpeaban como mazos de piedra. No sabía que era peor: si el dolor físico, o el dolor emocional. Respiraba profundamente, intentando calmarse, abrazada a sí misma debajo de la ducha, pero su cabeza no paraba de darle vueltas a muchas cosas: ¿cómo la había encontrado? ¿qué pasaría ahora con la tripulación de los Hearth? ¿por qué un simple contacto con un metal la había dejado en aquel estado? Eran muchas las preguntas sin respuesta que se atoraban y venían a su mente a trompicones, pero no quería pasar más tiempo sola con sus pensamientos, o empezarían a torcerse de mala manera. Cerró el grifo del agua y salió de la ducha lo más rápido que sus heridas se lo permitían, ya que, al apoyar los pies en el suelo, sus tobillos gritaban de dolor. Pero los ignoró, o al menos, intentó pensar que, si aún le dolían, es que seguía viva.

El dolor como anclaje al mundo real. Así había acabado Alexia. Sonrió tristemente mientras se vestía con sumo cuidado: hacía calor, pero decidió ponerse unos pantalones anchos largos y una camiseta de manga larga. Le avergonzaba llevar esas heridas a la vista de sus compañeros, no eran más que un signo de debilidad y sumisión. O al menos, así las veía ella. Cometió el error de mirarse al espejo antes de salir, y el poco buen humor que le había quedado desde que Trafalgar abandonó la habitación, desapareció de golpe: frente a ella, una imagen de una Alexia con el cuello completamente marcado, como si le hubieran puesto una correa y la hubieran apretado demasiado. Las comisuras de sus labios no tenían mejor pinta, pero no eran las peor paradas ni mucho menos. Gracias a Dios tomó la decisión de taparse el resto de piel que podría ser visible. Esto era lo que significaba haber sido encontrada por Doflamingo... Y si no hubiera sido por Trafalgar y su tripulación, quizá ahora mismo ni si quiera estaría respirando. Tragó saliva y apartó la mirada rápidamente, utilizando su pelo largo para tapar la máxima cantidad de piel del cuello visible con este, y sin darse una mirada de más salió de la habitación, respirando hondo y caminando realmente sin rumbo por el submarino. El ambiente estaba especialmente tranquilo, y de momento no se había cruzado con nadie, así que decidió ir lentamente hacia la cafetería: su estómago rugía por hambre, aunque realmente sus ganas de comer no habían hecho acto de presencia. Según se acercaba al lugar, empezó a escuchar voces de varias personas, entre las que distinguió a Trafalgar, Penguin y Sachi. Hablaban entre ellos de forma pausada, y mientras la chica se acercaba a la puerta, a la par que un rico olor la golpeaba, también la empezó a golpear un sentimiento de ansiedad. Sus pasos se hicieron más lentos mientras la chica comenzaba inconscientemente a respirar de forma más agitada, hasta que tuvo que detenerse a unos metros de la entrada de la cafetería. ¿Y si la juzgaban? ¿Y si la odiaban por todos los problemas que les había traído? Y si después de todo lo que había pasado, de haberles contado su historia... la trataban... ¿diferente? Alexia empezó a angustiarse, dio un paso hacia atrás, alejándose ligeramente de la puerta y llevándose la mano al pecho. Un terrible sentimiento empezó a invadirla, y estaba a punto de darse la vuelta y correr a encerrarse a su habitación...

- ¿Alexia-chan? ¡Buenos días bella durmiente! ¿Has descansado?

La voz de Bepo la sobresalto, literalmente pegó un brinco sobre ella misma y se giró en redondo. Y allí estaba aquel adorable oso mirándola con una sonrisa de oreja a oreja, como si nada hubiera pasado: ni rastro de duda en sus ojos, ni rastro de una mala mirada, ni rastro de que algo hubiera cambiado. Alexia se quedó mirándolo mientras recuperaba el ritmo normal de su respiración, fijamente, como si le hubiera salido un tercer ojo. Bepo se preocupó, por lo que arrugó el ceño.

- ¿Te encuentras bien?

Alexia carraspeó y miró hacia otro lado, avergonzada.

+ S-Sí... Perdón Bepo, es solo que me pillaste desprevenida.

- ¿Por qué no has entrado ya? Estábamos preparando algo para comer, ya que ni tú ni el capitán habéis comido nada, ¡y eso no puede ser!

Mientras Bepo hablaba se acercó a Alexia haciéndose la madre enfadada a la par que la empujaba con mucha delicadeza hacia la puerta. El oso venía observándola de lejos, y ya le sorprendió bastante que la chica no se diera cuenta de su presencia... Algo no estaba bien con ella, y no solo debido a lo que había pasado, si no que seguramente Alexia estaba haciéndose ideas equivocadas en su cabeza, y sería él el que se encargase de quitar todas esas estupideces de su mente. Vio como ella se dejaba llevar, aunque aún estaba algo reticente a entrar, pero tampoco se negó. Ambos entraron juntos en la cafetería, y los primeros en cruzar miradas fueron Trafalgar y ella. No entendió muy bien que pasó en ese momento, pero en el instante en el que miró a los ojos a su capitán, su cuerpo entero se relajó, y todas las dudas salieron disparadas de su cabeza. Él le mantuvo la mirada, preguntándole con la misma si se encontraba bien mientras ladeaba la cabeza. La chica sonrió levemente en señal de afirmación, y luego se dio el placer de mirar al resto de sus compañeros de tripulación, los cuales habían sido testigos de toda la escena, dándose cuenta de cada detalle.

+ Vaya, vaya, mira quién se ha dignado a venir y ser alimentada por la comida hecha por estas manos divinas.

Ese era Penguin juzgándola en tono de broma, mientras todos rodaban los ojos, incluida Alexia. El mayor miedo de Alexia es que, después de todo lo que había pasado, la trataran de forma diferente. O la trataran como alguien débil, alguien completamente prescindible, alguien que había hecho que su tripulación estuviera en peligro... Pero entre todos, se encargaron de demostrarle que había estado angustiándose las últimas horas para absolutamente nada. O al menos, de momento.

- Penguin, la última vez que comí algo preparado por ti estuve sentado en el váter dos días y medio.

+ ¡H-Hey! ¿¡Qué culpa tengo yo de que no sepáis apreciar las delicias culinarias que os preparo!?

- Menos mal que nuestro Capitán sabe de medicina, si no hubiéramos muerto todos varias veces.

+ Penguin-ya, tienes que admitir que la comida no es tu punto fuerte.

- Por no mencionar la vez que intentaste hacer una ensalada para Bepo y quemaste media cocina... y aún seguimos sin saber cómo narices sucedió aquello.

A cada frase que decían, Penguin se llevaba la mano al corazón y ponía cara de dolor, como si realmente le estuvieran apuñalando con cada frase, hasta acabar tirado dramáticamente en el piso, haciéndose le muerto. Una pequeña risa se escapó de entre los dientes de Alexia mirando la escena. No podía evitar que con ellos todo fuera tan... normal. Sí, esa era la palabra. Normal, pacífico, no había ni un gesto ni una palabra forzados. La sonrisa de todos los allí presentes se amplió, aunque no era la risa de Alexia a la que estaban acostumbrados, aquello era mejor que nada después de todo lo que acababa de pasar.

+ Y esa es la razón por la que hoy he cocinado yo.

Sachi sí que tenía unas manos milagrosas: todo el mundo vio como dejaba la mesa llena de manjares para todos los allí presentes. Alexia sonrió tiernamente, sintiendo ganas de llorar por un motivo tan absurdo como el hecho de darse cuenta de la comida que había hecho... Había cocinado los platos favoritos de cada uno de los allí presentes. ¿Desde cuándo era tan sentimental? Todo el mundo se había dado cuenta de un detalle: su capitán no quitaba el ojo de encima de todas y cada una de las reacciones de la chica. Cosa que para ella por algún motivo estaba pasando desapercibida.

- ¡Vamos, vamos, que se enfría!

Bepo apuró a todos, que se fueron sentando alrededor de aquella mesa. Por supuesto que Law se sentó al lado de Alexia, inconscientemente moviendo la silla para estar más cerca de ella y sentir su presencia. La cena transcurrió sin mayores acontecimientos, Bepo hablaba sobre la cantidad de ropa sucia que había tenido que lavar, quejándose como una madre cuando sus hijos vienen de jugar un partido de fútbol en el barro, mientras los demás reían divertidos ante lo expresivo que era aquel oso. Mágicamente, Penguin se había recuperado de aquel ataque a traición y estaba devorando la comida como si no hubiera un mañana. Charlas banales, en las que Alexia no participó, pero las cuales escuchó con alegría, pues gracias a la presencia de aquellos chicos su cabeza había dejado de dar vueltas sobre sí misma y estaba consiguiendo distraerse de los pensamientos tóxicos que la atemorizaban. Law no paraba de mirarla de reojo, cada reacción, cada gesto. No quería que se sintiera incómoda en ningún momento, ni que se sintiera forzada a nada. Por supuesto que para él no pasó desapercibido el detalle de que había tapado cada milímetro de su piel marcada con su ropa o su pelo, pero decidió no decir nada. No era el momento ni el lugar. Ni tampoco era necesario. El tampoco participó prácticamente en las conversaciones, pero agradecía la presencia de todos ellos en ese momento... Se notaba a leguas que Alexia necesitaba esto. Normalidad. Conociéndola como la conocía, seguro que se había puesto a pensar en que iban a rechazarla, o a juzgarla... Ella misma parecía no ser consciente de que ya era parte de la tripulación para ellos, ya formaba parte de la familia, y jamás serían capaces de juzgarla por nada. Es como si no quisiera creérselo, o como si su pasado no se lo permitiera... Y esperaba ser él el que cambiara eso. Poco a poco, todos fueron abandonando la mesa, no sin antes darle un beso de despedida a Alexia... Gesto que hizo que sus ojos empezasen a humedecerse poco a poco, aunque aguantó las lágrimas como pudo, para que nadie se diera cuenta del detalle. Bepo quizá se emocionó un poco más, y le dio tal abrazo que parecía que le partiría las costillas a la chica, haciendo que soltara todo el aire de golpe y una pequeña risilla entre dientes.

- Buenas noches Alexia-chaaaan~- canturreó el oso.- Buenas noches capitáaaan

Siguió canturreando mientras salía de la cafetería, y de nuevo, quedaron aquel par solos. Trafalgar suspiró profundamente mientras se levantaba: no hacía falta preguntarle a Alexia si quería, sabía que ella jamás le diría que no a un café bien amargo después de comer semejante cantidad de comida. Vio por el rabillo del ojo a Alexia mirar un punto fijo de la mesa, sin moverse, sin pestañear, y cuando por fin ambos cafés estuvieron listos, dejó el suyo al frente, y el otro delante de la chica. Al estar ya solos, le daba exactamente igual que se diera cuenta: giró a medias la silla para quedarse de frente mirando a la chica mientras sostenía el café con una mano.

+ Qué tanto piensas Alexia-ya.

La nombrada parpadeó varias veces, como saliendo de una ensoñación. Se había olvidado completamente de la presencia del chico, se había abstraído por completo. Cuando alzó la mirada se encontró con el moreno mirándola fijamente por encima de la taza de café, con una intensidad abrumadora. Lo que ella no sabía, es que esa intensidad era la preocupación que había dentro del chico, al ver que la propia mirada de ella estaba más apagada que de costumbre: aquellos hipnotizantes ojos azules que tenía parecían haber perdido dos o tres tonos de brillo, y eso le preocupaba más de lo que le gustaría, y le provocaba una sensación terrible en el pecho que no era capaz de identificar. Ella seguía sin responder a esa pregunta, mientras se perdía en los ojos del otro. ¿Cómo era capaz de mirarla ni siquiera a la cara? ¿Cómo era capaz de no odiarla? ¿Cómo podían todos actuar como si nada hubiera pasado después de haberles mentido, después de haberles expuesto ante tal peligro? Se dio cuenta de que había empezado a llorar de la nada porque Trafalgar parpadeó sorprendido y dejó la taza encima de la mesa en un santiamén. Ella, como desconcertada por darse cuenta de que estaba llorando, se llevó las manos a la cara para separarlas y ver que, en efecto, estaban húmedas... de verdad acababa de ponerse a llorar, y ni siquiera se había dado cuenta. Se miró las manos como si le hubieran salido escamas en ellas, sin entender ni ella misma todo lo que estaba pensando y sintiendo. Law se acercó a ella por automatismo, y con una dulzura que no sabía que tenía y sin separar la mirada de la cara de ella, cogió las dos manos de la chica y tiró ligeramente de ellas para llamar su atención. Por fin volvió a alzar la mirada y enlazar sus ojos con los de él, pero la veía perdida, desorientada, sin saber muy bien cómo reaccionar.

+ Alexia-ya...

- ¿No te doy asco?

La pregunta pilló al otro por sorpresa. Abrió los ojos de par en par, no podía creerse que alguien como Alexia estuviera preguntando eso de forma tan sincera y con tanta desesperanza tiñendo su voz.

- ¿Por qué no me odias?

Trafalgar no respondía, sus palabras no salían, estaba impactado con la situación. Nunca, jamás en la vida, pensó que vería a Alexia mirarlo con unos ojos tan vacíos, pero tan serios a la vez. No había un atisbo de mentira en aquellas preguntas. Ni en aquellos ojos, de los cuales seguían cayendo lágrimas. El chico tragó saliva, e hizo algo por puro automatismo: alzó la mano despacio, muy despacio, para que la otra no se asustara, y con la mayor delicadeza del mundo, quitó las lágrimas de las mejillas de Alexia, las cuales estaban marcadas ya por unas líneas rojas que bajaban desde sus ojos hasta perderse por su barbilla a causa de su propio llanto. Ella cerró los ojos ante el contacto cálido de la mano del chico en su mejilla, y la dulzura con la que la estaba tratando no ayudaba en lo más mínimo.

+ Jamás podría odiarte. Es más, no hay, ni hubo ni habrá una razón para que te odie.

La chica soltó una carcajada tremendamente irónica, y abrió sus torturados ojos para clavarlos en su capitán.

- ¿Qué no hay ninguna? ¿Qué te parece el hecho de que os mentí desde el minuto uno que os conocí? O mejor, ¿el hecho de que pudierais haber muerto en el Inframundo? ¡O mejor aún! ¿el hecho de que ahora, por mi maldita culpa, os están buscando los mejores asesinos de todo el mundo por todo el puto Grand Line?

+ Alexia-ya, basta.

- ¡No Trafalgar, no "basta"! ¡ Todo esto es por mi culpa!

La chica estaba empezando una berborrea que sería difícil de parar, estaba descargando todo lo que tenía, todo lo que sentía, de golpe y sin filtros. Mientras hablaba se levantó de la silla sin romper el contacto visual con el otro, que la miraba impactado. Su respiración, agitada; sus manos, temblaban; sus ojos, parecía que de un momento a otro romperían en llanto de nuevo; aquella era la faceta de Alexia de la desesperación más pura que había visto en mucho tiempo. El chico se levantó lentamente, ya que veía como la otra estaba teniendo una crisis de ansiedad, y no quería hacer ningún movimiento que la asustara. En cambio, ella en su cabeza tenía imágenes, unas reales, otras completamente ficticias. Las peores eran en las que veía a Doflamingo hacerle a los chicos lo que le había hecho a su madre, a su hermano... Veía como a Trafalgar le atravesaban la garganta de lado a lado en frente de su maldita cara. Hiperventiló, mirando al suelo y llevándose ambas manos al pecho.

- Debería haber muerto aquel día con el resto de mi familia... Si eso hubiera pasado, podría haber evitado todo esto.

Aquel fue el click que Trafalgar necesitaba para enfadarse. Su mirada se ensombreció mientras luchaba por controlarse a sí mismo, pero se le hacía complicado después de haber escuchado aquellas palabras salir de la boca de Alexia... Hasta que estalló. Cogió a Alexia de la muñeca, quizá con más fuerza de la necesaria, ya que por el rabillo del ojo la vio componer una mueca de dolor, pero siendo claros: le importó una mierda. Que ella pensara que estaría mejor muerta acababa de tocar la fibra del capitán de una manera que hacía muchos años que no le pasaba. La arrastró fuera de la cafetería, importándole bien poco las heridas que ella tenía en ese momento. Sabía que le estaba haciendo daño, pero total, qué importaba, según ella estaba mejor muerta, ¿verdad? El hecho de que no se quejara en todo el camino no hizo más que enfadarlo más, pues sabía que en ese paseo sus tobillos estaban gritando de dolor, y la muñeca por donde la tenía agarrada más aún. Rechinó los dientes y aceleró el paso, tirando de ella por los pasillos del submarino. Gracias a Dios que no se cruzó con nadie, pues a saber qué pensarían de él en ese momento. También hay que destacar que le seguía importando una mierda. Llegó a donde quería sin mediar palabra con ella: la puerta que daba al exterior. Sí, estaban navegando por la superficie, así que sin dudar ni un solo segundo, abrió la puerta de par en par para descubrir la tormenta que estaba cayendo en ese preciso momento. La obligó a salir y a los pocos segundos, ambos estaban empapados. No se giró ni si quiera a mirarla, ni si quiera tenía muy claro lo que iba a hacer a continuación. La soltó y Alexia se tocó la muñeca dolorida: se lo merecía. Eso y más. Aunque no entendía por qué su capitán estaba actuando así, quizá había caído en que tenía razón y decidió que era mejor prescindir de ella. Y lo que vio cuando alzó la mirada fue muy distinto: Trafalgar caminaba impasible hacia la barandilla del submarino, la que lo separaba del mar en el cuál si caía, se ahogaría a causa del kairoseki. Se quedó petrificada mientras veía como se subía al trozo de metal y saltaba al mar.

No dudó, a partir de ahí actuó por automatismo. Gritó con todo el aire que tenía en sus pulmones el nombre de su capitán y, sin pensar en sus heridas, ni en la tormenta, ni en su miedo al agua, ni en nada más: se lanzó de cabeza directamente donde había caído, o más bien, dónde se había tirado el chico segundos atrás. Nadó desesperada, pues veía como se hundía hacia el fondo del mar y como poco a poco iba cayendo en la inconsciencia. Un flashback hizo que la imagen de su familia mirándola la golpeara como una baldosa de piedra. A ellos no había podido salvarlos. Los tenía frente a su cara, y no había podido hacer nada. ¿Tampoco iba a poder salvar a Trafalgar?

¿Se podía llorar debajo del mar? No tenía una respuesta clara, pero lo que si tenía claro es que la desesperación hizo que nadara a una velocidad inhumana. Su cuerpo entero chillaba de dolor, pero la adrenalina del momento opacaba todo lo demás. Después de unos segundos que le parecieron horas, consiguió alcanzar la mano de su capitán, prácticamente inconsciente. Gritó debajo del agua, mientras tiraba de él y comenzaba a nadar hacia la superficie. Sus pulmones pedían a gritos oxígeno, pero los ignoraba mientras rezaba porque Law estuviera bien. Pocos segundos más tarde ambos emergieron a la superficie. Alexia comenzó a toser como si fuera a escupir un pulmón, y el chico estaba más bien inerte. Nadó hacia el submarino arrastrando al otro, rezando porque estuviera bien, porque hubiera cogido su mano a tiempo. Primero subió ella a la plataforma, y después, con un esfuerzo titánico debido al estado físico que tenía, consiguió sacar al otro del agua y tirarlo bocarriba en la plataforma. Respiraba agitada, dos segundos para coger aire y ya estaba encima del chico. La tormenta caía implacable sobre ambos.

- ¡Trafalgar! ¡Maldita sea, abre los ojos, por favor!

Cogió la cara del chico con ambas manos mientras lo zarandeaba de un lado a otro para que reaccionara. Acercó su cabeza al pecho de él, pero solo oía los latidos de su propio corazón en los oídos. Comenzó a llorar desesperada.

- ¿¡Por qué coño has saltado!?

Acercó la cara a la cara del chico para ver si respiraba, pero no sentía nada. Y como su instinto de supervivencia estaba tomando el control de la situación, comenzó a hacerle la reanimación. Primero el pecho, luego exhalar en su boca, y luego vuelta al pecho.

- ¡Vamos, vamos, VAMOS, ¡POR FAVOR!

La desesperación la invadía a cada segundo que pasaba y el chico no reaccionaba. Una última exhalación y el chico seguía sin reaccionar. Ella entró en pánico, comenzó a temblar de arriba abajo y apoyo la frente contra el pecho del chico.

- No me dejes... Tú también no... Por favor... Law...

El chico escuchó esa última frase, pues estaba en un estado de semi inconsciencia. Una pequeña contracción bajo ella y se apartó por automatismo, viendo como el chico se giraba hacia un lado y vomitaba toda el agua que había en sus pulmones. Alexia cayó hacia atrás sentada con el culo en el piso. Sus manos y sus piernas temblaban mientras veía como el chico tosía toda el agua y finalmente se dejaba caer de nuevo hacia atrás, bocarriba. Ella lo miraba sin poder creerse lo que acababa de hacer. Él se tomaba su tiempo para expulsar toda el agua y cambiarla por oxígeno en sus pulmones, mientras caía en la cuenta de lo que realmente acababa de hacer. Se incorporó lentamente, quedándose sentado de cara a Alexia, mientras esta lo miraba aterrorizada: el temor absoluto decorando sus ojos azules. Todo su pelo empapado pegado por la cara. No lo pensó mucho en el momento, lo único que quería, era...

+ ¿C-Cómo te has sentido, A-Alexia-ya?

La chica lo miró perpleja. No podía creerse la situación.

- ¿¡A qué viene esa puta pregunta!? ¡POR QUÉ NARICES HAS SALTADO! ¡PODÍAS HABER MUERTO!

El chico la miró, aún enfadado, pero su mirada ya se había suavizado al ver el estado en el que estaba la chica.

+ La p-pregunta es fácil... ¿c-cómo te has sentido?

Habló con dificultad mientras aún recuperaba el ritmo normal de sus respiraciones.

- ¿¡Qué cómo me he sentido!? ¡ATERRORIZADA! ¿¡Cómo crees que me puedo llegar a sentir si te llego a perder en frente de mi maldita cara sin poder hacer nada, Trafalgar Law!? ¿¡crees que me haría feliz tu muerte o algo por el estilo!? ¡Eres un completo capullo!

La respuesta del chico fue sonreír, lo cual hizo que la mandíbula de Alexia se cayera prácticamente hasta el suelo. Finalmente había recuperado el ritmo normal de su respiración. Su mirada se suavizó del todo antes de decir la última frase. Y a partir de este momento, lo único que hablaron fueron los corazones y los sentimientos de cada uno.

+ Bien... Ahora piensa en lo que he sentido yo cuando has dicho que estarías mejor muerta.

Alexia cerró la boca de golpe. Lo miraba fijamente, incluso había dejado de respirar unos segundos.

+ Piensa por un segundo, cómo me sentí cuando te vi indefensa en aquella plataforma al lado de ese asesino.

La chica intentaba asimilar todo a medida que el otro iba hablando. Se miraban directamente a los ojos, directamente a las almas de cada uno. La tormenta a su alrededor no cesaba, pero era lo que menos les importaba en ese momento.

+ Y piensa también por un segundo cómo me sentí cuando Vergo-san te secuestró en mi maldita cara, y yo no pude mover ni un solo dedo. No sabía dónde estabas, no sabía dónde te habían llevado, y ni siquiera sabía si estabas viva. Y yo fui el que permití que te fueras con él.

El submarino se tambaleó ligeramente.

+ Si piensas por un segundo que tu muerte arreglaría las cosas, o que cualquiera de nosotros piensa que estarías mejor muerta, entonces quizá debas volver a plantearte por qué tú te has sentido así cuando yo he saltado.

A ese punto, agradecía a la tormenta el hecho de que escondiera todas las lágrimas que caían por su cara, mezclándose con el agua de la lluvia.

+ Y quizá deberías plantearte que el resto tenemos el mismo derecho a sentir eso contigo. No eres nadie para decidir lo que el resto de personas sentimos hacia ti, Alexia-ya. ¿De veras crees que tus padres o tu hermano hubieran querido escuchar eso de ti? ¿de veras crees que Bepo estaría feliz si se enterara de que has muerto, o cualquiera de la tripulación?

Alexia cerró los ojos. Aquel había sido navajazo final que había hecho que su corazón estallara. Trafalgar sabía que, si no hacía algo drástico, la chica no atendería jamás a razones. No se arrepentía ni de lo que acababa de hacer, ni de ninguna de las palabras que habían salido de su boca. Y volvería a hacerlo si con eso conseguía que Alexia volviera a valorar su vida como se merece. Lo último que dijo el chico antes de que ella se rompiera en mil pedazos, se deslizó casi como un susurro, unas palabras que la tormenta no tardó en llevarse rápidamente.

+ ¿De veras crees que sería tan fácil para mi borrar tu presencia de mi tripulación, de mi submarino... de mi vida? Estás muy equivocada, Alexia-ya. Y si hace falta que vuelva a saltar del submarino para hacerte ver lo equivocada que estás, que no te quepa la menor duda de que volveré a hacerlo.

Alexia enterró la cara en ambas manos, agachando la cabeza. En este punto, ya temblaba de arriba abajo. Lloraba como hacía mucho que no lloraba, a lágrima viva, a grito desgarrador.

- Y-Yo... Lo siento... L-Lo siento tanto... Por todo...

+ Ven aquí.

Ver a Alexia en estado fue una de las cosas más duras que el chico había visto. Había sido muy duro para él llevarla a este extremo, pero si no la hacía reaccionar, y más conociéndola, era capaz de hacer una estupidez. Tragó saliva mientras se deslizaba ligeramente hacia a ella, y ella se dejaba caer agotada contra el cuerpo del chico, el cual la abrazó completamente contra su pecho.

+ Lo siento, Alexia-ya... Yo solo... Yo solo...

Cogió aire antes de soltar la última frase en un susurro casi inaudible.

+ Déjame cuidar de ti, por favor.

Acariciaba la cabeza empapaba de la chica mientras la apretaba contra su pecho con fuerza, cerrando los ojos y apoyando su cabeza en el hombro de ella. Sabía que había sido duro. Pero situaciones desesperadas, requieren medidas desesperadas, y esta era una de ellas. Solo con la frase de Alexia, él mismo se dio cuenta de que nada en su vida sería lo mismo si perdía Alexia. Hacía años que no sentía las cosas que sentía. Hacía años que no se reía como se ríe con Alexia. Hacía años que ese sentimiento de calidez en su pecho había dejado de existir. Y Alexia le había recordado lo bonito que era ser... Feliz. Simplemente. Y no estaba dispuesto a perder eso, ni a perderle a ella, solo porque ella pensara que no debía pertenecer a ese mundo. Él se encargaría de hacerla cambiar de parecer, costara lo que costara. Ambos se fundían bajo la lluvia en el abrazo más sincero que habían tenido los en décadas, y ninguno de los dos estaba por la labor de separarse. Alexia se acurrucó contra el pecho del chico, sintiendo de nuevo el latido de su corazón, uno de los sonidos que era capaz de transmitirle la mayor paz que había sentido en mucho tiempo. Algo dentro de ella cambio. Un cálido sentimiento comenzó a inundar su pecho, sentía que le faltaba el aire, y de pronto dejó de escuchar la lluvia. Dejó de escuchar el mar. Dejó de oír todo a su alrededor, a excepción del pausado ritmo del corazón del chico. Y ahí, supo que no había vuelta atrás. Todos estos meses de riñas, de tira y afloja, de ver quién podía más, de protegerse el uno al otro, de pasar tiempo el uno con el otro, de compartir besos y momentos robados, solo de los dos, todos estos meses habían desembocado en eso... "Imprimación". La palabra la golpeó como un mazo. Nunca le habían explicado lo que se sentía exactamente cuando le pasaba eso a un Cambiaforma, y los pocos recuerdos que tiene son de cuando era muy pequeña. Pero cuando todo su alrededor desapareció por unos segundos, y lo único que existía en el mundo en ese momento era Trafalgar, confirmó su teoría. Era un sentimiento indescriptible, que por un lado la hizo muy feliz, y por el otro la asustó más incluso que su propia muerte. Pero estaba bien. O eso suponía. Porque era Trafalgar de quién estábamos hablando. El chico notó como dejó de temblar, y se separó ligeramente. Ya no hablaban, solo si miraban después de que el chico cogiera su cara con ambas manos para obligarla a mirarlo. Directamente a los ojos. Se miraron durante unos segundos que parecieron horas, para luego acercarse y fundir sus labios en un beso tan profundo, como sincero. Beso que, al menos por parte de Alexia, selló su destino para siempre.


QUE OS HA PARECIDO AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH YO ESTOY GRITANDO SOLA. No esperaba que el capítulo se desarrollara así, de hecho, tenía otra idea completamente distinta en mi cabeza, pero según me puse a escribir, las palabras vinieron solas. No es muy largo, pero no os preocupéis, el siguiente no tardará mucho en llegar. Os aviso de que hay que ponernos un poco soft antes de que venga lo gordo, porque se vienen dramones querd s mí s, así que aprovechad. Sin más, me despido, esperando que aún alguien le de una oportunidad a este fic, y esperando con ganas los comentarios. Besitos para tod s~