Han pasado diez años. Heiji vuelve a Japón. Kazuha no sabe como reaccionar. Un caso complicado, sentimientos encontrados y una atracción sin precedentes. ¿Podrán dejar atrás el pasado y empezar de cero?

Fic categorizado como M por escenas sexuales explícitas. Si no te gusta este tipo de contenido, ya estás avisado.

Los personajes de Detective Conan son propiedad de Gosho Aoyama.

CAPÍTULO 17

Todo ha pasado muy rápido. Desde que ingresé no sé nada del caso, pero por las caras de mis compañeros intuyo que algo no va bien. Después de que me hayan dado el alta Heiji me ha pedido que me quede con Saori unos días ya que él necesita ir a Tokio para acabar de atar cabos. No me da ninguna información de lo que está sucediendo y casi no me comunico con él. Me siento rara… parece que los días que he estado ingresada hayan sido un espejismo. Heiji ha estado conmigo todo el rato, hemos hablado mucho y nos hemos permitido procesar la situación. Aun cuando lo llamaban de comisaría se negaba a dejarme, pero ahora está desaparecido de nuevo.

- Kazuha… ¿cenamos?

Saori se acerca a mí y me tiende la mano. La verdad es que las dos estamos un poco hechas polvo. No ha sido una situación nada sencilla. Algunas noches la oigo llorar y tiene pesadillas. Saori no es una chica dura, ella no está preparada pare este tipo de situaciones. Me siento fatal por ella y culpable por haberla puesto en peligro de esta manera.

- ¿Qué te apetece? - tomo su mano y me levanto del sofá donde llevo postrada desde hace más de tres días.

- Creo que quiero salir de aquí… ¿Te ves con fuerzas? - La verdad es que me apetece tomar un poco de aire fresco, así que asiento a mi amiga y me dispongo a prepararme.

- Si no tenemos pruebas sólidas que demuestren su culpabilidad tendremos que dejar que se encargue de él el hospital psiquiátrico, Hattori. - El inspector Nagoya me mira con cara de resignación.

- Sé que estamos cerca, tenemos todas la pruebas que cohesionan la historia, solo nos queda encontrar la pieza que demuestre que él es la persona que ha perpetuado los crímenes. ¿No puede darme solo dos días más?

- Lo siento chico, el abogado ya ha hecho los trámites para derivarlo a la institución y es probable que si se lo llevan no podamos realizar más investigaciones, visto su historial y su enfermedad…

Me siento derrotado. Hace apenas una semana creía que ya lo teníamos todo ligado, pero resulta que no somos capaces de encontrar el punto de unión entre el tipo que atacó a Kazuha y los asesinatos. Sabemos que la primera víctima fue Mia Kutto, nieta de Aya Uekusa. Encontramos su cadáver en el área de Kansai que estábamos investigando. Su cuerpo apareció enterrado debajo de un arce y su autopsia reveló que había muerto de un golpe en la cabeza que le abrió el cráneo, nada de veneno. Hemos descubierto, también, que todas la víctimas encontradas en Tokio han sido asesinadas en el mismo lugar donde encontramos el cuerpo de Mia puesto que hemos hallado restos biológicos que así lo demuestran. Sé que solo necesito encontrar el maldito coche del loco que ha hecho esto y que vi con mis propios ojos el día que le seguí para poder cerrar el puto caso, pero parece imposible.

El presunto asesino es Kaede Nagano, esquizofrénico que había estado viviendo durante más de veinte años con su abuelo, que resulta que trabajaba para Yusuke Kusakabe. Hacía tres meses que el anciano había muerto y probablemente este fue el detonante para que Nagano dejara le medicación y matara de nuevo. Además y por más inri, el señor Umeda, la primera víctima aparecida en Tokio, se encargada de repartir comida a domicilio a casa de los Nagano. Todo encaja a la perfección, pero solo tenemos pruebas circunstanciales.

- Un día, deme un día más y le prometo que voy a traerle la prueba que demuestra que el asesino es Nagano, aunque después la justicia no pueda actuar en su contra y se le derive a una institución psiquiátrica.

- Voy a ver que puedo hacer, pero no te prometo nada.

Caminar me ha venido bien. Después de cenar en Roppongi Hills Saori y yo hemos dado una vuelta por el barrio, y a pesar del frío, nos hemos sentado en un banco para hablar de cosas triviales. Hacía mucho tiempo que no me distraía tanto de mis preocupaciones. De camino a casa nos hemos parado en algunos templos, hemos comprado amuletos y hemos rezado entre risas para que el año que viene sea más tranquilo que el que estamos dejando atrás. Al llegar a la entrada de nuestro edificio hemos visto que Heiji nos esperaba apoyado en su moto. Al vernos llegar se ha incorporado y ha levantado su mano a modo de saludo.

- Kazuha, yo voy a subir, creo que deberías hablar con él... - Saori se despide con la mano y antes de entrar al edificio vuelve a girarse. - Voy a llamar a Shin, así que no te preocupes por mí!

Camino hacia Heiji y un sinfín de emociones se acumulan en mi garganta: enfado porque no me ha llamado en tres día, rabia porque soy incapaz de ignorarle, alivio al ver que se encuentra bien…

- ¡Al fin te dignas a aparecer! ¡Creía que ignorarías mis llamadas para siempre! - Estoy enojada y bastante molesta, pero Heiji se acerca a mi con la mirada seria, me tira de un brazo y me abraza tan fuerte que no soy capaz de seguir recriminándole nada.

- Perdóname, Kazuha… - Con mi cara en su pecho todo parece más sencillo. - ¿Te vienes a casa conmigo? Creo que te debo una explicación.

- ¿Cómo te encuentras? - Heiji cierra la puerta tras de si y se gira para encontrarse con la mirada verde de Kazuha clavada en la suya.

- No hablemos ahora, te he echado mucho de menos… - Los labios de la chica se posan en los de él y empieza a besarlo con anhelo.

Heiji sabe que no es el momento, pero tenerla tan cerca y saberla a salvo hace que mande a la mierda la sensatez y que continue con el juego. Entre besos y caricias van despojándose de sus ropas y al llegar al salón ya no tienen nada que les cubra el cuerpo. El hombre acaricia la espalda de Kazuha y la abraza por detrás, susurrándole al oído:

- ¿Quieres hacer el amor con la ciudad a tus pies?

La chica gira su rostro hacía el de su amante y le besa apasionadamente. Entonces Heiji se separa de ella, apaga las luces y abre las cortinas del ventanal del salón. A continuación guía a Kazuha hacía una butaca que está posicionada de espaldas a las vistas de la ciudad y hace que se arrodille de tal manera que el pecho de ella quede recostado en la butaca, sus piernas ligeramente abiertas y su mirada hacía la ventana. Desde allí se puede ver perfectamente la torre de Tokio, roja y eternamente iluminada, igual que muchos rincones de una ciudad completamente despierta, ajena a la sorpresa de Kazuha al verse expuesta delante de aquel paisaje lumínico.

- Súbete aquí... - Heiji ayuda a la mujer para que se posicione sobre a los reposabrazos del sillón y se coloca detrás de ella, con la piel de su pecho en la espalda de la chica y con el sexo rozando sus nalgas.

- Te quiero dentro, Heiji.

El hombre no se hace de rogar y rodea la cintura de Kazuha con sus brazos mientras le besa el cuello. Con una mano acaricia sus pechos y con la otra empieza a jugar con su clítoris. Los jadeos de ella, la humedad de su sexo y el roce de su culo en el pene de Heiji hacen él que pierda el control sobre sus actos, y tirando de la cintura de su amante hacia él, la penetra con una necesidad abrumadora, casi violenta. El hombre vuelve a apretar los senos de la mujer y a besarla en los labios mientras ella se acompasa a sus embestidas, primero lentas y firmes, después rápidas y profundas. Las manos de Kazuha abandonan el reposa-cabezas del sillón y se posan en la nuca de Heiji, que sigue con el vaivén de sus caderas, haciendo jadear a su compañera, sintiéndola estrecha a él.

- Ah… Heiji… Ah… Déjame hacer algo...

Ante el orden de Kazuha el hombre sale de ella y la mira extasiado mientras la mujer gira el sillón hacia la ventana.

- ¡Siéntate!

Heiji hace caso a lo que se le indica y ve, excitado y hambriento de ella, como Kazuha se sienta encima suyo, de cara a la ventana, haciendo que entre de nuevo en su interior y comienza a moverse acompasadamente. El cristal de la ventana muestra el reflejo de la escena, que provoca en ambos la necesidad de más. Heiji coloca a Kazuha en cuclillas y la ayuda a subir y bajar, haciendo que se deslice completamente a través de él. Los movimientos de cada vez son más rápidos, los jadeos más fuertes, el éxtasis más próximo. Cuando nota que Kazuha está a punto de llegar al clímax, Heiji la agarra de las nalgas, hace que se ponga en pie y, sin salir de ella la penetra más duro contra la ventana. Kazuha chilla de placer, aplasta exhausta su pecho contra el cristal y gira su cara para ver como Heiji clava sus dedos en su cadera, guiándola al orgasmo al mismo tiempo que él se vacía dentro de ella con un gemido ronco.

Si has llegado hasta aquí, gracias por leer.

Si te ha gustado el capítulo, déjame un review ;)

Natsu