Pues es 7/7 y la tradición continua. Honestamente, no pensé que podría actualizar nada este año, pero lo logree de alguna forma. Como algunos ya saben por mi Instagram, estoy trabajando en publicar novelas de mi autoría, eso consume muchísimo tiempo, sin contar el trabajo que financia todo. Me disculpo por la tardanza, pero no me es posible actualizar como me gustaría, pero con Dios y salud, seguiré actualizando como pueda. Muchas gracias por la comprensión, espero poder seguir cumpliendo más años con ustedes por aquí y que, cuando mis novelas salgan, puedan disfrutarlos tanto como los fics. Un abrazo.
Naruto y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Valió la pena
El sol comenzaba a hacerse presente en la habitación cuando Temari abrió los ojos. Para su sorpresa, Shikamaru no estaba a su lado. La idea de preocuparse pasó por su cabeza, teniendo en cuenta que era sábado y su esposo no tenía trabajo. Se desperezó como pudo, arreglando su pijama para averiguar qué pasaba en esa atípica mañana. Cuando se preparaba para ponerse de pie, la puerta se abrió. La atención de la antigua Sabaku No se concentró en la acción. Unos segundos después, escuchó una carcajada que le llenaba el corazón de júbilo. El pequeño humano que ella ayudó a crear entró gateando a toda marcha a la habitación. Shikadai, de 11 meses llegó hasta su madre y se impulsó de las piernas de su madre para incorporarse. Sonrió abiertamente con los dientes de leches que ya se asomaban orgullosos.
–¡Mamá! – la alegría que el niño demostraba cada vez que la veía, era algo que nunca pensó experimentar en su vida. Desde que supo de su embarazo, trató de ser la mejor versión de sí misma, augurando que ser madre le costaría bastante. No sabía cómo serlo, no tenía una referencia cercana al respecto, más allá de Yoshino cuando Shikamaru se convirtió en una constante en su vida, pero consideraba que para ese punto era tarde. Todas sus preocupaciones se adormecieron cuando lo tuvo en brazos. En automático, toda su fuerza de voluntad se concentró en el niño. Volviendo al presente, tomó a su adorado bebé en brazos y le sonrió.
–Buenos días, mi Dai. ¿Cómo llegaste hasta aquí?
–Mamá, umple – ante la declaración del pequeño, Temari recordó la fecha de ese sábado en particular.
–Quería ser el primero en felicitarte. –la voz de Shikamaru le obligó a ver hacia la puerta donde llegaba con una bandeja en mano. –Eso sí, tuve que despertarlo especialmente temprano, gracias a que su madre es una madrugadora por excelencia. Ese niño tiene un temperamento… – sonrió, sabiendo que era cierto. Shikadai mostraba unos arranques que no dejaban lugar a dudas en cuanto a su herencia Sabaku No. – Feliz cumpleaños, Tem. – declaró mientras los acompañaba en la cama. – También traje mi desayuno y el biberón de Shikadai para que no digas que comerás sola.
–Me conoces tan bien. – Temari se acomodó en la cama para apoyarse de la pared cercana. Le entregó el biberón a Shikadai, quien de inmediato comenzó a comer. Con su mano libre, degustaba el sustancioso desayuno que su esposo se había encargado de preparar. –Es increíble que tenga hambre tan temprano. A penas son las seis.
–Seguro gastó muchísimas energías en las diferentes rabietas que hizo a lo largo de esta media hora porque lo desperté y le prohibí ir con mamá. – respondió con notorio cansancio en su voz. - Ese niño tiene mucho ímpetu en cuando a las cosas que no les gusta.
–Claro que no, mira lo tranquilo que es.
–Ustedes se entienden y haces que él también juegue con mi mente.
–Es un deporte de madre e hijo. – sonríe derrotado. Podría ser masoquista de su parte, pero no lo querría de otra manera. – Gracias, Shika, fue muy dulce de tu parte.
–Sabes que lo hago con gusto. Es uno de los días más importantes para mí. – respondió con una sonrisa que le llenó de paz. – Come para que puedas ir a arreglarte. Sospecho que las chicas vendrán a mediodía a almorzar. Shikadai puede entretenerse con los demás niños.
–¿Ellas te lo dijeron?
–Ino me lo dijo, por lo que sé que vendrán. – tomó un bocado de su porción antes de proseguir. – Quieren celebrar tu día especial. – Su decisión de que vivieran en Konoha al casarse, nunca fue fuente de arrepentimiento. Extrañaba a sus hermanos y a su aldea, pero su nueva vida, con sus amigos y familia, era mucho más de lo que creyó que necesitaba. Momentos como aquellos, le llenaban de satisfacción. Observó a su pequeño, quien estaba próximo a terminar su desayuno con agradecimiento, sintiéndose bendecida por este nuevo año que tenía la dicha de ver.
Como Shikamaru le informó, las chicas tenían unas horas pautadas para ella. Llegaron un poco más temprano, una hora antes del mediodía. Trajeron comida, postres y por supuesto, a sus respectivos hijos para que entretuvieran a Shikadai. Fue agradable y se divirtió como siempre ocurría en dichas reuniones. Era incluso más reconfortante ver a su hijo compartir con los demás mientras ella se divertía. Alrededor de las 2 de la tarde, la familia Nara volvió a compartir su espacio en soledad. Como el día era tan precioso, Shikamaru sugirió una caminata en familia por el bosque, pero a último momento, Shikamaru recibió una llamada que le obligó a quedarse. Prometió acabar con el asunto urgente que había llegado en lo que ellos disfrutaban de la naturaleza. Temari obedeció, transitando el ya familiar lugar con su hijo, viendo a los ciervos y cervatillos que siempre les recibían con gusto. Una hora después, a la hora de la merienda volvieron a su hogar. La joven Nara abrió la puerta de su residencia con el pequeño en brazos.
–Feliz cumpleaños, Temari. – ante las voces que no esperaba escuchar, su vista se enfocó en los hombres que le sonreían a su manera mientras sostenían un pastel entre los dos.
–¿Cómo? – Observó a Shikamaru en busca de respuestas.
–Ellos fueron la emergencia inesperada porque se retrasaron, se supone que llegarían ayer.
–Pero como adultos responsables, todo se complicó.
No dijo mucho antes de envolverlos en un abrazo, aun con Shikadai quien colaboró aferrándose a su tío Gaara. Esas eran las cosas sencillas y simples que le hacían feliz. Sus hermanos, sus amigos, su esposo e hijo eran su mundo y tenerlos en este momento era preciado. No pudo evitar recordar todo lo acontecido años atrás, lo que realmente la llevó a Konoha permanentemente: Shikamaru. El Nara se enfrentó a todo para asegurarle esta vida a su lado y regalarle la más grande de las dichas. Mientras compartía con sus hermanos lo que quedaba de la tarde, no pudo evitar la nostalgia que representaba su presencia en ese momento. Su vista viajó hacia Shikadai quien jugaba con uno de sus juguetes. El niño estaba cercano a cumplir el año y no conocía Sunagakure. El trámite de la nacionalidad se llevó a cabo a distancia, sin tomarle la foto ni la huella de su pequeño pie. Por alguna razón, ese hecho le comenzó a molestar. Cuando sus hermanos se fueron a dormir luego de la cena, Temari decidió que sería en su mejor interés sincerarse con su esposo.
–Espero haberte brindado el mejor de los días.
–Muchas gracias, Shika. – se inclinó para besar sus labios. Su vista volvió a las estrellas que se observaban desde el cielo. – Me sentí…especial.
–Trataré de que sea un sentimiento constante.
–Ya lo haces. –respondió en automático a través de sus sentimientos. Shikamaru podría ser un vago, pero cuando se trataba de las personas que amaba, era insuperable en los detalles. –No sabía que extrañaba tanto a mis hermanos; fue nostálgico. Me dieron ganas de ir a Suna.
–Pues vamos. – le tomó por sorpresa la soltura con lo que le dijo. –Shikadai cumplirá un año pronto, es justo que conozca su segundo hogar.
–¿En serio? – sonrió con ternura.
–Para mí, es prioridad que sigas teniendo tus conexiones con Suna. Te recuerdo que me ofrecí a mudarme contigo. – Su esposo nunca terminaría de sorprenderla. – Además, podemos hacer oficial su ciudadanía en Suna mientras le restregamos a los ancianos nuestra dicha.
–Y dices que la terrible soy yo.
–Lo eres, solo soy una imitación. – El joven padre atrajo a su esposa y le abrazó por completo. Claro que haría lo que fuese por ella.
El 23 de septiembre al amanecer, la familia Nara llegó a Sunagakure. Era el primer cumpleaños del pequeño Nara y lo celebrarían en la aldea natal de Temari, para el deleite de los hermanos de la rubia. El itinerario comenzó temprano; a las nueve, estaban en el registro civil para tomarle la foto de ID al bebé y tomar sus huellas. Los padres no pudieron evitar la risa al ver como su primogénito observaba a todos lados con el ceño fruncido, para nada feliz con lo que pasaba a su alrededor y la cantidad de personas que le daban órdenes. Era un bebé muy aventajado para su edad, por lo que, no les sorprendería que entendiera cierto nivel de los que decían las personas a su alrededor.
Luego de aquello, se dedicaron a pasear por la aldea, donde las personas recibían a la princesa y el pequeño príncipe con brazos abiertos. Cercano al mediodía, decidieron visitar la tumba de Karura para presentarle de manera formal a su nieto. Shikamaru observó en silencio, enternecido a más no poder por la escena. Cuando le dijo que era importante para él que mantuviera su esencia de Sunagakure, lo dijo totalmente en serio. Al principio, con el tema de las aldeas, el noviazgo y el estúpido Consejo de Ancianos, odió todo lo que conllevaba la situación. En ese instante, estaba orgulloso de que su hijo pudiese ser ciudadano de ambas aldeas, representando la prueba viviente de la paz que se esforzaron en construir y el amor que se tenían entre ellos.
El resto de la tarde, se la pasaron en la fiesta de cumpleaños que Gaara y Kankuro habían armado para Shikadai. El pequeño, vestido para la ocasión en una de sus mejores atuendos, sonreía ante la algarabía que se suscitaba a su alrededor. Era una fiesta sencilla donde solo se encontraban los de confianza de Sunagakure, como Baki y Matsuri. Por eso, cuando a media fiesta, el matrimonio Nara vio aparecer a dos de los ancianos en el lugar, fruncieron el ceño. Por supuesto que ellos no estaban dentro de la lista de invitados. Tratando de controlar el momento más tenso del que existía con su presencia, dejaron al festejado con sus tíos y salieron al pasillo para enfrentar a las figuras.
–Es bueno verla en la aldea, princesa Temari. – la joven no respondió. Sonrió de manera sutil como respuesta. Carraspearon ante el gesto. – En fin, el pequeño Shikadai ha cumplido su primer año, creo que es momento de que hablemos…
–No, no permitiré que hagan el mismo proceso con Shikadai. Él no será prometido al mejor postor, él no tendrá responsabilidades que no entiende y mucho menos, será lo que ustedes quieran que sea. Si algún día quiere ser una nube, pues eso será. – Shikamaru contuvo la sonrisa que estuvo a punto de escapar.
–El niño tiene la sangre del Kazekage, tiene que…
–Nada. No tiene nada que hacer. Él decidirá su destino y ustedes no van a intervenir. –La expresión de los ancianos valía hora. – Ahora, si nos disculpan, volveremos a la fiesta de cumpleaños de nuestro hijo a la que no son admitidos. – Shikamaru ni siquiera tuvo que intervenir; Temari les proporcionó un K.O con poco esfuerzo. Obedeciendo a su esposa, volvieron al lugar de los acontecimientos. El Kazekage y su mano derecha les observaron ante su regreso, pero la rubia se encargó de tranquilizarlos. Shikamaru volvió la atención a su hijo, quien clamaba por su tacto.
Mientras jugaba con su pequeño, repetía una y otra vez que había valido la pena. Shikadai era la mejor prueba de aquello. Temari era para él en todos los sentidos y estaba feliz de haber pasado por todo el calvario ante este momento de paz. Su esposa apareció poco después con el pastel de cumpleaños y una vela. Los presentes le cantaron al festejado, el bebé aplaudía tratando de seguir el ritmo; luego replicarán en Konoha la misma fiesta para Yoshino y todos sus amigos. Cuando el canto terminó, los tíos tomaron el momento de la familia en innumerables fotos. Fotos que Shikamaru llevará a todas partes, recordándose a sí mismo que nada que tuviese que ver con este par, sería un problema para él. Sí, sabían que los consejos de su clan y de Subagakure seguirían rondando sobre sus vidas, pero se sintió tranquilo de saber que estarán juntos para defender a su hijo y preservar la felicidad de la familia que habían creado.
Ta-dan. Historia completada. Tengo otra en mente, sobre la familia más a fondo, per y leo mi situación actual no me lo permitiría. Gracias a Abigail Del Rosario Sanez Rimachi y SangoSarait por sus reviews. No he podido responderles, pero créanme que los leí y agradezco que digan presente. Gracias, me alegro de que les esté gustando. Solo pude revisar una vez, así que espero que no se me haya ido algo.
Muchas gracias, y espero que se encuentren súper bien.
¡Cuídense, bye!
