Pues es 7/7 y la tradición continua. Honestamente, no pensé que podría actualizar nada este año, pero lo logree de alguna forma. Como algunos ya saben por mi Instagram, estoy trabajando en publicar novelas de mi autoría, eso consume muchísimo tiempo, sin contar el trabajo que financia todo. Me disculpo por la tardanza, pero no me es posible actualizar como me gustaría, pero con Dios y salud, seguiré actualizando como pueda. Muchas gracias por la comprensión, espero poder seguir cumpliendo más años con ustedes por aquí y que, cuando mis novelas salgan, puedan disfrutarlos tanto como los fics. Un abrazo.


Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.


La joven Arendelle se sentía nerviosa. Era el día previo a su operación y trataba de hacerse la idea al respecto. También era el día donde se cumplía otro mes desde que Jack y ella se habían distanciado. No era la mejor situación del mundo, no se sentía de ánimos y lo único que tenía en mente es que lo extrañaba a más no poder. Al día siguiente, enfrentaría una de las experiencias más aterradoras de su vida y le encantaría tenerlo a su lado para atravesarla. Jackson ha sido siempre la solución de sus problemas y de sus cuestionamientos.

A través de Ana, se enteró de que se había cambiado de carrera, a medicina ni más ni menos, el gran Jackson Overland se estaba preparando para salvar vidas bajo un título, en vez de hacerlo de manera empírica como hasta el momento. Porque sí, Jack había salvado su vida en varias ocasiones, a veces de manera literal, otras salvándola de sus propias creencias. Si no fuese por él, ella no estaría donde está y posiblemente, estaría con su salud más violentada de lo que suponía su estado actual, quien sabe si en estado crítico.

Si no fuese por él, no tendría la mejora en la relación con su abuelo. No ha pasado tanto tiempo, pero comenzó a confiar de verdad en el hombre, quien ha encajado en el hogar como si siempre hubiese sido parte del mismo. Anna y Brian lo adoraban y resultaba mucho más sencillo para ella tener a otra persona vigilando a sus hermanos. El hecho de tenerlo, le generaba alivio en el caso del apoyo y de que, cualquier cosa, existía un segundo individuo que podía velar por ellos.

En cuanto a su futuro, su trabajo y ella en específico, nunca se había sentido tan…tranquila. Con todas las preocupaciones, capítulos incompletos y el acontecimiento que cambiará las cosas, su mente nunca había estado tan clara. Deseaba vivir, quería ser feliz. Dejar el pasado atrás para forjar un futuro donde pudiese ser genuinamente feliz. Tratando de ser lo que creía debía ser, perdió el foco de lo que era importante y por eso, ni ella, ni sus allegados, podían decir que habían disfrutado al máximo el tiempo invertido. Planeaba cambiar aquello y para eso, necesitaba recuperarse.

–¿Elsa? – la dulce voz de Brian inundó la tranquilidad de la habitación. La joven rubia observó la figura de su hermano menor en el umbral de la puerta. El pequeño parecía estar dudando sobre algo.

–¿Qué haces despierto? Es bastante tarde.

–Es que… ¿puedo dormir esta noche contigo? – No era la respuesta que esperaba, le extrañó bastante, teniendo en cuenta que el niño era bastante orgulloso y pocas veces admitía cuando algo le preocupaba o le generaba miedo.

–¿Todo en orden? – el niño asintió en automático.

–Solo quiero dormir contigo hoy, ¿no se puede? – Dio un paso al frente, haciendo que Elsa pueda ver su expresión de manera más clara. Puede ver preocupación en él.

–Ven aquí. – no lo dudó, cerró la puerta y corrió entre la oscuridad hasta llegar a la cama. Elsa sintió el rebote del colchón al recibirlo. Se acomodó lo suficiente como para que el niño pudiese entrar bajo las cobijas. Pensó que simplemente quería su compañía hasta que lo sintió aferrarse fuertemente a su figura. Allí lo terminó de entender del todo lo que pasaba por la mente del pequeño. Le devolvió el abrazo, tratando de infundirle la seguridad que no sentía por el momento. – Estaré bien, ¿sabes? – el pequeño no respondió de inmediato.

–¿Me lo prometes?

–¿Acaso no confías en mi palabra?

–No es eso, es solo que…

–Lo sé, pero tienes que tener fe, ¿sí? Todo lo que he estado haciendo es para estar aquí con ustedes; no pienso irme a ningún lado. ¿Está claro? – dijo con la voz más suave que pudo, pero tratando de infundir la seriedad de sus palabras.

–Sí…– percibió la inseguridad en su voz, pero está consciente de que no puede hacer mucho al respecto.


Debía estar en pie a las 4 de la mañana, pero no aplicaba a ella porque no había dormido nada. Desde el asalto violento que sufrió, Ana se había sorprendido experimentando ansiedad y estrés. Las pesadillas no la dejaban en paz y le costaba cada vez más disimularlo. La policía no parecía estar cerca de atraparlo y temía volver a encontrarse al nefasto cara a cara. Sospechaba que Kristoff pensaba lo mismo pues era su guardaespaldas en básicamente todos los momentos. Sabía que la situación se le estaba escapando de las manos, por lo que, ponderaba de manera seria agendar una cita con la terapeuta escolar para desahogarse.

Elsa no estaba al tanto de su dilema. Lo prioritario era la salud de su hermana. En pocas horas, el transparente por fin se efectuaría y necesitaba enfocar su mente en esa buena noticia. Su hermana no solo se dirigía a la salud física., también veía mejoras en su salud mental. La versión de su hermana que se instauraba cada vez más, le llenaba de satisfacción. Para que todo volviera a su cauce, solo faltaría que volviera con Jack, para lo cual, dudaba que faltara mucho. Ambos se extrañaban y con lo que está por pasar, sabía que sería el último punto de acercamiento, aunque no supiera exactamente cómo. Se sienta en la cama, tomando su teléfono. Estaba consciente de que no volvería a dormir. Se extrañó al ver un SMS de un número desconocido. Presa de la curiosidad, decidió abrirlo.

Fue sencillo conseguir tu número. ¿Qué tanto me costará encontrar tu hogar?

El comentario envió una sensación fría por todo el cuerpo, llenándola de un sentimiento de intranquilidad agobiante. Se acercó a su ventana, observando al exterior en busca de algún movimiento extraño, pero no encontró nada. Cabía la posibilidad de que el mensaje no fuera para ella, tal vez alguien lo envió a un número equivocado, pero su mente paranoica no dejaba de gritarle que se trataba del sujeto. Si fue capaz de agredirla para poder robarle, ¿que podría detenerlo de ubicar su casa y vengarse como corresponde? Estaba asustada, pero no sabía a quién acudir. Hasta el momento, solo parecían paranoias suyas y que alguien más lo entendiese. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía sola.


Eran las 6 a.m., cuando el equipo médico la había dirigido a la habitación. Le entregaron todo para que se cambiara. En automático, obedeció las directrices de las enfermeras mientras seguía en preparación mental para lo que se viene. Se suponía que se trataba de un procedimiento que no debería salir mal, pero, aun así, se sentía intranquilo. Era un procedimiento, al fin y al cabo, la probabilidad, aunque fuese mínima de que algo saliera mal, existía. Aún tenía muchas cosas pendientes, mucho por vivir, mucho por hablar…con Jack. Él le escribió la noche anterior, preguntándole cómo estaba y cómo se sentía respecto a lo que se avecinaba. Tuvieron una conversación al respecto. Elsa se contuvo en cuanto a los temas tratados. Estuvo a un clic de pedirle que fuera a su hogar. Necesitaba verlo ante la ansiedad que le invadía, pero al mismo tiempo, no creía que fuese apropiado tener la conversación en base a su desespero.

Mientras se acostaba en la cama para observar el techo por quien sabe cuánto tiempo, las vivencias con Jackson se repetían en su mente. Temió que ir a terapia le hiciese cambiar lo que pensaba y sentía por su exnovio, lo único que hizo fue aclarar aún más el panorama en cuanto a él. Le amaba, incluso más de lo que pensó y quería que todo lo del procedimiento pasara para poder concentrarse en otra cosa que no fuese aquello. Cerró los ojos, tratando de efectuar una especie de meditación, de aquellas que la terapeuta le había enseñado para ocasiones donde necesitaba relajarse y tranquilizarse. Escuchó el sonido de la puerta abrirse, pero lo ignoró, suponiendo que eran las enfermeras. Cuando terminara su momento de desconexión, le prestaría atención. Al menos, esa era la idea. Al sentir como alguien le acariciaba la mejilla, se sobresaltó.

–Perdón, no era mi intención asustarte. – definitivamente, no esperaba escuchar aquella voz. Abrió los ojos, dirigiendo su entera atención al joven que le observaba con una pequeña sonrisa. – ¿En serio creíste que no vendría? Vamos, me conoces mejor que eso. – ante el comentario, Elsa se contagió de su sonrisa.

–Tienes razón; debí verlo venir. – el joven Overland estaba vistiendo bastante formal para lo que se esperaría de él. – No esperaba que fuera tan temprano.

–Quise pasar antes de llegar al trabajo. Y pasaré luego del mismo también.

–Ya hiciste demasiado con estar aquí.

–Insisto. – respondió de inmediato. – El momento por fin ha llegado.

–Así es.

–Luego de esto, todo irá mejor. – Elsa no quiso decir demasiado para no caer en la vorágine de sentimientos que le embargaron ante su presencia y sus palabras. –Todo saldrá bien. – siempre tenía las palabras justas para el momento, era como si leyera su mente al instante. – Y cuando eso pase, tu y yo podremos…hablar. – la pausa que hizo antes de terminar su oración fue indicativo de que no era la palabra que su consciente quería que confirmara. – ¿Bien? – ¿Qué otra respuesta a parte de; 'sí' podría darle? No tenía dudas de que sería así.


North decidió pasar por la habitación donde su hijo esperaba por el procedimiento. Por obvias razones, estaba solo, pero el como padre, al menos con la pizca que quedaba de su paternidad, se adelantó al lugar para verificaré cómo estaba. Debía admitir que se sentía tranquilo de que el día del trasplante había llegado y su hijo no se había escapado. Llegó a la hora, realizó el proceso correspondiente y no se quejó en lo más mínimo. Aunque en honor a la verdad, después de sus errores en el pasado no tenía otra alternativa. Entró a la habitación sin tocar, encontrándose a su único hijo sentado en la cama.

–Vaya, no esperaba verte aquí.

–¿Cómo te sientes? – preguntó, sin inmutarse ante la intervención de Asdgar. Lo dijo antes y lo seguía pensando: un chequeo sin compromiso. El padre de los Arendelle se mantuvo en silencio por unos segundos.

–Solo viniste a cerciorarte de que sigo aquí.

–En parte…

–Ya te dije que haré esto. Elsa se recuperará.

–Y luego… ¿qué? Espero que no insistas en quedarte.

–Brian es mi hijo.

–Elsa y Anna también lo son, y, aun así, decidiste irte.

–Y es un error que estoy tratando de remediar, y que no repetiré con Brian.

–¿Tengo que creerte?

–Padre, no quiero discutir esto ahora, pero si no me lo permiten, tendré que luchar por ese derecho.

–Perdiste cualquier tipo de derecho al relegar tu responsabilidad de tal manera que tu hija tuvo que tomarla. – ante el comentario de North, no era mucho lo que pudiera debatir. – Si crees que eso es lo que va a pasar, parece que no será necesario aplicarte anestesia. Ya estás adormecido y delirando. – no esperó por la respuesta. Simplemente salió del lugar, dejando ese sin sentido detrás.


No podía negar que Elsa lo tenía a sus pies. Con todo y el tiempo "separados", el simple hecho de verla revolucionaba todo su ser. Le encantaría quedarse hasta el final de la operación, pero sabía que mucho había hecho con visitarla dadas las circunstancias y no quería faltar al acuerdo, por más estúpido e irrelevante le parezca. Por lo menos no tres veces al día porque estaba claro de que volverá más tarde. Por los momentos, se concentraría en sobrevivir el día laboral hasta que aquello ocurriese. Pronto sería la hora de entrada, por lo que, tomó uno de los caminos alternativos que no tenía semáforos y pocas intersecciones.

Manejaba en automático, pensando en todo lo que era su vida en ese instante. Entre la universidad y su nuevo empleo, su tiempo era limitado y tenía que hacer malabares para tener tiempo de esparcimiento. El que tenía, de alguna forma, era ocupado por Elsa y todas las acciones que ambos están llevando a cabo para una nueva oportunidad. Con todas sus fuerzas, se auto convencía de que volverían. ¿Por qué no sería así? Estaba claro que ambos se habían extrañado por cómo se comportaron previo al suceso. Era obvio y él quería hacer hasta lo imposible para suscitarlo. El primer cruce peatonal se hizo presente lo que lo trajo del todo a la realidad. Presionó el freno, pero nada pasó. Lo hizo de nuevo y el auto seguía su marcha. La gravedad del asunto le paralizó por milisegundos. Al visualizar personas por cruzar la calle, giró el volante como pudo y en su mente, o al menos eso entendía, aplicó el freno de emergencia. Sinceramente, no estaba seguro de nada de lo que hizo luego del giro en el volante. El impacto al chocar con una superficie contundente, lo desubicó por quien sabe cuánto. Cuando volvió en sí, observó el humo que salía de la parte delantera del auto. Un gran tronco le recibía mientras un líquido caliente recorría su rostro. La bolsa de aire se accionó, pero supuso que no le ayudó de mucho a su rostro.

–Joven, ¿se encuentra bien? – solo sintió cuando la puerta se abría y alguien lo sacaba del asiento del conductor. Lo ayudaron a alejarse del vehículo, sentándolo en la acera. Todo le parecía tan confuso. – La ambulancia ya viene. – no respondió, tratando de esclarecer su tren de pensamientos ante lo rápido que cambio su situación. – ¿Qué pasó?

–Los frenos… no respondieron. – fue lo único que pudo decir ante el caos que se generaba a su alrededor. Las autoridades se hacían presente, al igual que los paramédicos. Al estar consciente, lo ayudaron a llegar hasta la ambulancia donde le revisaron por completo. Alli vio el desastre en su rostro y entendió por qué le dolía tanto la cabeza. Aprovechando que lo aseguraban para trasladarlo al hospital, verificó su teléfono para ver la hora e informarle a su superior que mucho no vería de él por ahora, posiblemente por días. Mientras lo hacía, vio un SMS, uno que llegó no hace tanto.

"Que tengas un lindo viaje"

El mensaje no hizo más que contrariarlo. El número desconocido volvía a atacar y por lo que intuyó, él tenía que ver con lo que acababa de pasar. Pero, ¿cómo? ¿Y cómo sabía en qué momento mandar el mensaje? Era grave. Si logró escabullirse supuestamente, para provocarle un accidente, ¿qué más podría hacer? ¿Y si lo próximo tenía que ver con Anna? Tenía que hacer algo, no sabía qué, pero tenía que accionar. La policía se enteraría sobre esto, pero seguro no harían nada al respecto. Se sentía impotente al identificar una situación de vida o muerte donde no podía detener al enemigo que se escabullía entre las sombras. Intentó matarlo, era obvio que no le importaban las vidas ajenas. Ese era el tipo de personas a la que se le tenía que tener miedo.


La joven rubia se encontraba en un estado extraño de dolor lejano. Era muy probable que fuese trabajo de la anestesia. Aun así, estaba lo suficientemente lúcida como para identificar sus alrededores y entender que no estaba sola. Giró la cabeza como le permitió la cánula en su nariz, la cual no entendía por qué tenía, pero ella no era médica para opinar. Alli, encontró a su abuelo, la vista enfocada en ella. No dijeron nada por unos segundos; él se veía expectante y ella no reaccionó del todo. Cuando le sonrió débilmente, el hombre volvió a su manera cotidiana. Arrastró la silla más cerca de la cama.

–¿Cómo te sientes? – preguntó, sin hacer ningún tipo de contacto directo, tanteando el terreno.

–Supongo que bien…– respondió con calma, era lo más que le permitía su estado actual.

–Me alegro. Los doctores dijeron que todo salió según lo planeado. – asintió, dándole a entender que lo escuchó. – Estoy muy aliviado de que así fuese. – la joven rubia encontró sinceridad en sus palabras, felicidad en su expresión.

–Gracias…por estar aquí. – pareció sorprenderse ante la simple, pero poderosa oración. Desde que se auto exigió darle una oportunidad a North, trataba de ser expresiva y agradecida en cada oportunidad que se le presentaba. Él había hecho demasiado por ellos, incluyendo con su intervención en el proceso del trasplante. Ayudó a salvarle la vida. – Lo aprecio.

–Para eso vivo, Elsa, por ustedes. – respondió en automático.

Ella sonrió mientras volvía la vista al techo. Escuchó que le explicaba que Anna había pasado hacía poco para ver cómo estaba, pero se retiró para ocuparse de Brian y todo lo que tenía que ver con el hogar. Su padre estaba en óptimas condiciones en una habitación cercana, recuperándose en la soledad. Al parecer, su novia y el misterioso hijastro del que escuchó hablar algunas a veces, no consideraban que fuese lo suficientemente importante como acompañarlo. Era final de tarde, quedaban cuatro horas de visita, por lo que, intuía que Jack no podría cumplir su promesa. Eso fue lo último que pensó antes de caer dormida, sin tan siquiera darse cuenta. Sus sentidos se activaron nuevamente ante la caricia gemela de la que recibió previo a la operación. Abrió los ojos, encontrando el lugar mucho más oscuro, pero al girar, no tuvo problemas para identificar a Jack…muy diferente a como lo dejó en la mañana.

–Dime que la anestesia es la que me está haciendo alucinar.

–Si ese fuese el caso, no dolerían como los mil demonios. – su ceño se frunció y Jack vio sus claras intenciones de removerse de su sitio. – Que te muevas, no hará que mejoren…

–¿Qué te pasó?

–Tuve un accidente en el coche. Me fallaron los frenos. – mintió porque él sabía que cuando revisaran el carro, sabrían que alguien los manipuló; el mensaje recibido era incriminatorio. Aun así, decirle a Elsa sus sospechas en el momento, no ayudaría al panorama general. – Pude maniobrar, pero choqué con un árbol.

–¿Estas bien? – preguntó para confirmar. Hablaba y articulaba normal, pero tenía varios moretones en el rostro y un gran vendaje comenzando en la raíz del cabello, sin contar que su muñeca estaba enyesada.

–Sí, me admitieron solo para tenerme en observación. Les pedí que me trajeran aquí, así podía escabullirme a verte. Tu abuelo está entreteniendo a la enfermera. Se supone que ya no estamos en horarios de visita. – dijo con esa sonrisa genuina que tanto le movía el piso a la rubia. – Pero no soy importante ahora, ¿Cómo te sientes?

–Como si me atropellara un camión y me cubrieran de pañitos tibios para adormecer el dolor. – rio por lo bajo.

–Es una interesante comparación. – respondió. Se mantuvo observándola antes de inclinarse y besar su frente, sin tan siquiera pedir permiso. – Estoy tan feliz de que esto se haya concretado; pronto estarás como nueva, saludable…tranquila. – no se atrevía a responderle, no confiando en sus adormecidos, despertados sentimientos en cuanto a lo que acababa de transmitir el joven Overland. Había pasado tanto tiempo desde que tuvieron un contacto tan cercano, que había sentido sus labios sobre su piel que lo sentía extraño, pero necesario y le entregaba esperanzas de que pronto, todo estaría realmente bien. – No quiero, pero tengo que irme. Cualquier cosa, estoy a un piso de distancia. Puedo entrar por la ventana.

–Por favor, no…– lo hizo de nuevo, le besó la frente tiernamente antes de irse de la habitación, haciendo que la joven rubia se sintiera mejor de lo que pensó con su tentativa, pero ya concretada visita.


Encontrar información para alguien como él, no era difícil, pero se sentía muy estúpido al no haber conectado a su "padrastro" con la tal Anna. El nombre de Asdgar salió en el acta de nacimiento y si está en la ciudad, era probable que tuviese algún contacto con ellas en la actualidad. Y él perdiendo tiempo con favores policiales…podría rastrear su residencia a través del padre. Si ya tenía su número, no era imposible visitarla para vengarse. Nadie tenía el derecho de delatarlo y mucho menos, te interponerse en su camino. El tal Jack era la prueba de aquello. Luego vería si logró desterrarlo de este mundo.

Siguiendo con la tal Anna y Asdgar, en su pequeña investigación, encontró las identidades de sus otros dos hijos. Un pequeño y otra joven que, en honor a la verdad, le pareció bastante atractiva. En su mente retorcida y creativa, estos dos podrían agregarse a sus planes de una forma u otra. Especialmente, el niño que sería muy fácil de atraer para los fines. Ya vería sus posibilidades, pero el hecho de tener esta información le ayudaba bastante para sus ideas. Le encantaba las conexiones y lo que podría sacar de aquello.

Por los momentos, iría por una hamburguesa y luego dormiría, para que el mundo de las pesadillas le entregue sus mejores artefactos para hacerle la vida imposible a sus enemigos. Nadie tenía permitido arruinar sus acciones, mucho menos defenderse, peor aún, darle alerta a la policía. Ellos podrían afectar su negocio, así que, él tenía el derecho de complicarles, arruinarles o terminarle la existencia. Era el precio a pagar por importunarlo y muchos de sus relaciones pasadas, lo sabían o, mejor dicho, se enteraron cuando se encargó de ellos. En fin, siguió con sus planes. Mañana sería otro día.


De vuelta por un ratito. Agradeciendo especialmente a Ash, Cass, gongville, Hanha Mackenzie y Alarzam por los reviews. Tomo en cuenta sus comentarios y trata de alinear lo que se pueda, pero las situaciones se dan, los momentos también, como responsabilidades y proyectos nuevos que, no me permiten actualizar como quisiera, pero espero terminar la historia.

Espero que les guste el capítulo, a pesar de que solo pasó por una revisión.

Cuidense,

Bye!