DISCAIMER: LOS PERSONAJES NO SON DE MI AUTORÍA. SOLO LA HISTORIA. .
Capítulo 1
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El dolor en su cabeza y la dificultad para abrir sus ojos le alertó que algo estaba mal. Trató de mover sus manos y en la derecha sintió una punzada. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué le pesaban los ojos? Escuchaba ruido, pero no podía identificarlo. Había cierto olor molesto en el aire el cual no conocía, un pitido constante molestaba en sus oídos y un calor adormecedor en su mano izquierda le indicó que alguien la sostenía ¿Sería su padre?
El ruido cesó, pero el pitido seguía, al igual que el calor en su mano. Pronto la sensación de que alguien acariciaba su cabello se volvió relajante llevándola nuevamente a la inconciencia.
La próxima vez que se despertó, logró abrir sus ojos con dificultad, el lugar donde se encontraba brillaba demasiado y eso le hacia doler la cabeza y los ojos, estaba recostada en una especie de cama, mucho más pequeña e incomoda a las que estaba acostumbrada, tenía barras a los lados, como si fuera una cuna grande, giró su cabeza lo más cuidadosamente que pudo, cualquier movimiento brusco hacía que su cabeza palpitara dolorosamente, pero a su costado se encontró una caja con luces y sonidos era aquella caja la responsable del pitido ensordecedor.
Levantó su mano derecha, aquella que le dolía llevándola hasta la altura de sus ojos, logrando ver una pequeña manguera transparente conectada a través de su piel por lo que parecía ser una aguja en el dorso de su mano. Trató de no asustarse, algo había dentro de esa manguera que estaba entrando en su cuerpo ¿Era eso lo que provocaba su dolor de cabeza y su cansancio? Lentamente siguió el recorrido de la manguera de su piel, hacia el otro extremo, encontrando otra "caja" más pequeña que la anterior de donde salía la manguerita.
Era suficiente, si aquello era lo que causaba su dolor, lo estaba quitando de su cuerpo. Ayudada de su mano izquierda, quitó con cuidado la "aguja", fue más doloroso quitar el plástico transparente que cubría dicha aguja que sacarla, lo que era raro, esa cosa que penetraba su piel era otro pequeño y delgado plástico y no una aguja como había supuesto. Sea lo que sea que le estaban metiendo en su cuerpo con eso, siguió saliendo derramándose sobre la cama, la pequeña "caja" comenzó a emitir un pitido constante, encendiendo una pequeña luz roja. Trató de sentarse sobre la incomoda cama, cuando escuchó una puerta abrirse, un jadeo escapó de quien hubiera entrado, llamando su atención. Allí parada en la puerta había una mujer vestida de blanco, la mujer tenía un semblante aliviado, como si estuviera feliz de que hubiera despertado, con una sonrisa volvió a salir, dejando la puerta semi abierta.
Ella volvió a lo que intentaba. Sentarse. Estaba siendo muy difícil, su cabeza palpitó y dejó de intentar lo que hacía para llevar una mano a su cabeza, encontrando una venda cubriéndola. No completamente, podía sentir su cabello, más cortó de lo que hubiera recordado llevarlo jamás.
La puerta volvió a abrirse, dejando entrar a un jovencito ansioso que se apresuró a su lado, lucía asustado y aliviado a la vez. Sus ojos marrón verdosos no dejaban de mirarla.
-¡Mamá! Estaba tan asustado de que no despertaras nunca-. El niño la abrazó con sumo cuidado provocando que se tensara.
¿Mamá había dicho?
-Creí que te perdería para siempre, el abuelo estaba como loco buscando al responsable del accidente para encerrarlo por hacerte esto-. Las lágrimas se derramaban a borbotones de los ojos de muchacho y ella lo único que tenía en mente era: ¿quién carajo era él y por qué le decía mamá? -¿Mamá?-. Le llamó él al ver que ella no le respondía, no lo tranquilizaba, no le hablaba, solo estaba ahí mirándolo, como si no lo conociera.
El sonido de pasos fuertes y apresurados dirigiéndose hacia la habitación hizo que ambos miraran hacia la puerta, cierto rubio que ella conocía muy bien hizo su entrada. El miedo la invadió cuando el se movió apresurado a su lado, ella estaba indefensa y débil, lo único con lo que podía defenderse de alguna manera era su magia, y la sentía, la tenía a su disposición, pero estaba tan débil que no podía llevarla a la superficie para usarla, haciéndola sentir impotente.
-Regina-. Soltó el rubio en medio de un suspiro llevando sus enormes manos a su rostro. Tomó todo lo que tenía para evitar encogerse ante el leve miedo que le dio que la tocara ¿acaso venía a matarla? –No tienes idea el susto que nos diste-. ¿Eran lágrimas aquellas en sus ojos? De pronto sus labios estaban sobre los suyos en un suave beso, que terminó de sacarla de su aturdimiento y sacando fuerzas de donde sea que las tuviera, lo empujó quitándoselo de encima.
-¡¿Quién te crees que eres para besarme así, pastor?!-. Su voz salió en un potente rugido profundo y peligroso. Sus ojos furiosos echando chispas queriendo solo matarlo con la mirada.
-¿Regina?-. Pronunció su nombre susurro temeroso y vacilante, mientras trataba identificar que era lo que le ocurría.
-Mamá-. La voz asustada del jovencito le llamó nuevamente la atención y esta vez no se quedó solo mirándolo.
-¿Quién eres y por qué me dices mamá?-. Tanto el rostro de Encantador como el del joven, cambió radicalmente a un terror profundo y sorpresivo -¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar tan raro?-. Exigió saber, ignorando la mirada de los dos, intentó volver a sentarse, solo que esta vez no la detuvo el dolor de cabeza, sino el extraño y totalmente aterrador movimiento en su vientre. Logró sentarse, solo para descubrir algo que no había notado antes. -¿Qué es…? ¿Cómo es esto posible?-. Preguntó en voz alta, completamente asustada al descubrir que el movimiento no era otro que el de un bebé, un bebé dentro de la inmensa panza de embarazada que tenía.
La caja más grande a su izquierda comenzó a sonar enloquecida y más personas comenzaron a entrar a la habitación. Logró reconocer al doctor Frankestein y su miedo creció aun más.
-¡No! ¡No te me acerques!-. El terror en su voz hizo que David reaccionara y alejara rápidamente al medico sacándolo de la habitación. Henry se acercó a Regina que luchaba con las enfermeras para que no la tocaran.
-De… déjenla, déjenla tranquila-. Les pidió Henry, pero al ser un niño, no le hicieron caso.
El estrés de toda la situación estaba sobrepasando a Regina, y las enfermeras trataban de sujetarla para inyectarle algo. Su miedo y su magia actuaron por si mismas enviando a volar a las mujeres lejos de ella, le dio una última mirada al jovencito y escapó de ahí en una nube de humo.
David volvió a entrar a la habitación al oír el ruido y luego ya nada. Observando a las enfermeras tratando de ponerse de pie, a Henry en estado de shock parado a un lado de la cama y la misma cama en la que había estado Regina, ahora vacía.
-¿Dónde está Regina?
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HORAS ANTES
Esa mañana había sido tranquila. Regina había despertado temprano gracias al bebé moviéndose, y lo había despertado también a él, porque el embarazo la tenía siempre caliente. Habían disfrutado de hacer el amor, como siempre que lo hacían. Se ducharon juntos jugueteando nuevamente en la ducha, desayunaron entre risas con Henry, dando ideas para el nombre del bebé, y es que Regina no quiso descubrir el sexo para que fuera una total sorpresa, pero no se decidía aún por ningún nombre de niño, ni de niña. Y es que sentía que ningún nombre se ajustaría hasta que viera su precioso milagrito en sus brazos.
Se habían despedido para volver a verse a la hora del almuerzo, cuando David se lo llevara a la oficina, porque Dios sabe que esa mujer es tan terca como hermosa, y no había dejado de trabajar hasta ahora, lo mismo pasaba con usar esos altísimos tacones y conducir.
Por lo que él hacía hasta lo imposible para evitar que ella hiciera demasiadas cosas, la llevaba y la traía de regreso a casa desde la alcaldía, sólo para evitar que ella condujera su auto. Le llevaba la comida y cualquier antojo que se le ocurriera durante el día, lo único que aún no podía cambiar era que dejara de usar esos endemoniados tacones. Aunque estaba creyendo últimamente que ella no estaba renunciando a sus tacones, por el hecho de que él le hacía masajes que terminaban siempre en sexo. Como si no fuera a ocurrir lo mismo si no usara aquellas cosas.
Regina tenía una pequeña reunión con la directora del colegio de Henry, por lo que ella lo llevaría ese día en su auto. Le prometió mil veces a David que conduciría lento y con cuidado para que los dejara ir. Y eso hizo. Llevó a Henry, charló con la directora y siguió su camino hacia la alcaldía, conduciendo de la misma forma cuidadosa y a la defensiva, pero eso no evitó que otro conductor se estrellara directamente de frente a ella cuando iba llegando a la alcaldía.
Emma y David llevaban una mañana relativamente normal haciendo papeleo, cuando todos los teléfonos comenzaron a sonar simultáneamente asustando a la rubia por el inesperado ruido. Cogió el de la oficina, mirando a David hacer lo mismo con su celular, apenas escuchó a la persona que llamaba reportando un accidente, cuando David se puso de pie tirando algunos papeles de su escritorio.
-¡¿Qué?! ¿Dónde está ella? ¿Está bien?-. Rugió el rubio al celular y trató de enfocarse en lo que le decían a ella misma al teléfono, y solo reaccionó cuando escuchó; choque, alcaldía y Regina en la misma frase para comprender lo que ocurría. Colgó la llamada colocándose de pie, viendo a David ya salir corriendo de la estación.
Al llegar a la escena todo era un caos, la ambulancia ya estaba ahí al igual que los bomberos, quienes acababan de cortar la puerta del destrozado auto de Regina, dando paso a los paramédicos quienes se encargaron de sacar a la alcaldesa lo más cuidadosamente posible, evitando causarle más lesiones. Su cabeza sangraba, manchando su rostro y su ropa. Se encontraba inconsciente y era imposible saber por el momento si el bebé había sufrido algún daño.
Emma trató inútilmente de tranquilizar a David, que se encontraba desesperado y buscando responsables, mientras les gritaba a los paramédicos que tuvieran cuidado. Al ver que no lograría nada con él, se concentró en hacer su trabajo para investigar qué había sucedido.
Habían reportado un choque de autos, pero en la escena solo había uno solo, el Mercedes de Regina, por lo que era correcto deducir que el otro se había dado a la fuga. Escuchó el testimonio de los testigos que habían visto todo, pero nadie había logrado ver quién conducía la camioneta que impactó con Regina, todos ellos aseguraban que la camioneta había acelerado y girado directo para chocar del lado del conductor. El mercedes, que había estado girando para entrar al estacionamiento de la alcaldía había quedado atrapado sin poder esquivar la camioneta, y siendo arrastrado un par de metros quedando empotrado en un poste de luz por el otro lado, quedado aplastado de ambas puertas.
Las pruebas corroboraban el testimonio de los testigos, no había ninguna huella de neumáticos que diera indicios de que la camioneta intentara frenar, salvo solo las marcas de los neumáticos de Regina cuando fue arrastrado. Y encontrando a unos metros más alejados de la escena, desde donde los testigos aseguraban había aparecido la camioneta, las marcas irrefutables de neumáticos acelerando.
Era claro que esto no era un accidente, y alguien había atentado contra la vida de Regina, y la vida de su pequeño medio hermano o hermana. Se juró a si misma encontrar al responsable y hacerlo pagar por aquello, comenzó a moverse rápidamente para encontrarlo, la poca magia que había estado aprendiendo con Regina no le servía para poder sanarla, y David acababa de irse en la ambulancia con ella. Sacando su celular, llamó a Ruby para que la ayudara, abarcarían más terreno con su nariz de lobo.
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En cuanto llegaron al hospital, médicos y enfermeras se abalanzaron sobre Regina, checando una y otra cosa. Una doctora traía consigo una pequeña pantalla, David la reconoció inmediatamente, era la ginecoobstetra que había estado atendiendo el embarazo de Regina.
La mujer descubrió el vientre de la morena, aplicó el conocido gel y presionó el transductor sobre la piel. Era un ecógrafo portátil. Lo sabía porque Regina había estado hablando de ello durante semanas hace unos meses cuando le contó que había seleccionado nuevos artefactos en su reunión con el director del hospital. La camilla seguía avanzando por el pasillo mientras esto ocurría y David corriendo detrás de ellos, hasta que una enfermera lo detuvo una vez llegaron frente a las puertas que los conducían hacia otro pasillo. Nervioso y asustado intentó seguirla sin querer dejarla sola un minuto más. Y fue la misma doctora la que se acercó a él, y le aseguró que el bebé estaba en perfectas condiciones, pero que necesitaban ahora encargarse de Regina. El saber que su milagrito estaba bien, lo alegró, pero no quitó el miedo de perder a su reina, entendió que debía dejar a los médicos hacer su trabajo, y con un suspiro resignado fue a sentarse en la sala de espera.
No pasó mucho tiempo para que escuchara la voz asustada de Henry. Caminaba a paso apresurado con Snow pisándole los talones, sus grandes ojos marrón verdosos llenos de lágrimas lo miraron en busca de buenas noticias y con dificultad el rubio tragó el nudo que se formó en su garganta, tomó la mano del niño y lo miró a los ojos.
-Dicen que el bebé está bien-. Susurró con la voz afectada.
-¿Y mi mamá?-. Dejó salir en un tembloroso susurro el niño y un suave sollozo escapó de sus labios al ver a David negar con su cabeza antes de hablar.
-No lo sé.
Ambos se sentaron uno junto al otro esperando noticias, Snow les dio ánimo y se sentó al otro lado de Henry.
Los minutos pasaban y David cada segundo se volvía más nervioso, se paseaba como león enjaulado, se sentaba, se levantaba y se volvía a sentar, su pierna subía y bajaba ansiosamente, poniendo nervioso no solamente a Henry, sino también a Snow. Se volvió a levantar y entonces se congeló girándose al escuchar abrirse las puertas dobles, por donde se habían llevado a Regina. Salieron las enfermeras y una se acercó a él.
-Los doctores, piden que entre a la habitación-. David miró a Henry que se había parado a su costado y la enfermera le aclaró –Solo usted.
Él no perdió tiempo y siguió a la mujer hasta una habitación. El alma se le cayó al piso al verla aun inconsciente, se veía tan pálida, débil y pequeña en la cama, tenía una venda cubriéndole la cabeza, donde antes había estado sangrando, una vía intravenosa, y monitores cardiacos y fetales, se acercó a su lado cogiéndola de la mano y acariciando cuidadosamente su cabello.
-Le hemos hecho un examen exhaustivo y pruebas varias. Pero todo parece apuntar que logró de alguna manera protegerse con su magia, pero aun así sufrió un traumatismo craneal. Hicimos una resonancia magnética en cuanto llegó-. David lo miró con enormes ojos asustado –¡Es seguro durante el embarazo!, no dañará de ninguna manera al bebé-. Aseguró el neurocirujano en la habitación -Aun así el mejor examen es una tomografía computarizada, la cual no podemos realizar por el riesgo de los rayos x en el bebé. Hemos descartado hemorragia subaracnoidea, hematoma intracraneal y lesión axonal difusa-. Para David el hombre había comenzado a hablar en chino y lo único que entendió es que Regina no sufría de nada de eso que mencionaba.
-Aun hay que esperar que a despierte, si es que… -. Comenzó a decir Whale, pero se interrumpió cuando el rubio le dio una mirada dura que le caló hasta los huesos –Solo así sabremos si hay alguna secuela, aun hay ciertas lesiones que no pueden ser detectadas con pruebas de diagnóstico de imagen como la conmoción cerebral. Por eso nos preocupa que aun no despierte. Debemos realizar pruebas de respuesta verbal y motora, y esto solo se puede hacer cuando esté despierta.
-Por otro lado, el bebé no sufrió ningún tipo de lesión, ni trauma. Ni el cinturón de seguridad ni el volante del automóvil provocaron daño alguno, asumo con toda certeza que en cuanto notó a la camioneta acercándose lo primero que protegió fue a su bebé, esta suele ser una respuesta innata de las gestantes, pero conozco a Regina desde hace años y su forma protectora para con Henry, que protegiera al bebé primero es una respuesta natural suya, no se dejaría rendir fácilmente si la vida de sus hijos está en riesgo-. Le aseguró la Doctora Forbes, la ginecoobstetra de Regina.
David les agradeció enormemente la ayuda y preguntó si Henry podría entrar a ver a su mamá, el doctor Hawkins, el neurocirujano, le aseguró que el estímulo de ambos podría despertarla más pronto, por lo que dejó que el niño entrara. Ambos se sentaron a cada lado de la cama, sosteniendo sus manos y hablándole, tanto a ella como al bebé. Este último era el que se encontraba despierto y reaccionando a sus voces, siempre se movía enérgicamente al escuchar a Henry y esta no fue la excepción. El niño continuó hablando, mientras David recordaba como había cambiado su vida, desde que tuvo la dicha de conocer a la mujer debajo de la mascara de la reina malvada.
Todo había comenzado cuando irrumpió en su casa en busca de Henry; estaba tan furioso con ella por llevárselo, por ser la responsable de que Snow y Emma cayeran por el portal tratando de salvarla, que no notó la tristeza de sus ojos, la caída desanimada de sus hombros y la forma en que su voz se tambaleaba cuando habló con Henry.
Pero todo cambió, cuando ella le habló de Daniel y de como Whale lo había traído devuelta a la vida. La ilusión de volver a verlo y el miedo de perderlo, tocó algo en su interior que no reconoció enseguida. Pero el tiempo no estaba en comprender aquello sino en evitar que el hombre lastimara a Henry. Y al llegar al lugar y rescatar a Henry… dejándola brevemente con Daniel, no pudo evitar quedarse y espiar. Snow le había contado breve y escasamente de como era Regina antes y de Daniel el chico del establo. Él jamás había visto a alguien sonreír tan brillante y hermosamente como lo hizo Regina al ver a Daniel, y no pudo evitar pensar que Snow nunca le había sonreído así. Salió de sus pensamientos al darse cuenta que el hombre la estaba estrangulando e iba a salir de su escondite y defenderla, pero Daniel se detuvo, con solo una palabra, un "te amo" de Regina y él volvía a ser su chico del establo, claro que no duró demasiado y volvió a ser el monstruo de Frankestein. Sintió su corazón romperse cuando escuchó su llanto desgarrador al tener que matar a su prometido, perdiéndolo por segunda y definitiva vez.
Ella había quedado arrodillada, aun conmocionada sobre el suelo de tierra de los establos y cuidadosamente él se acercó evitando asustarla, se hincó a su lado con una mano acariciando su espalda, y ocurrió lo que menos se esperó, ella lloró, lloró aferrada a su pecho hasta quedarse dormida. Fue difícil para él tener que explicarle a Henry el por qué llevaba a su madre dormida en sus brazos hasta la camioneta y asegurarle que Daniel no la había lastimado cuando tenía los hematomas de sus dedos marcándose en el delgado y frágil cuello de la morena. La llevaron a la mansión y mientras dormía preparó la cena. El niño no quiso dejarla sola y francamente él tampoco. No se imaginaba lo que sería perder a alguien a quien amas, menos perderla dos veces. Pero sabia que tener a Henry cerca la mantendría animada, por lo que los días posteriores dejó que pasaran tiempo juntos, mientras él se encargaba del pueblo, ella cuidaba de Henry y poco a poco ellos comenzaron a compartir más entre ellos, hasta que se puso bajo la maldición del sueño para poder advertir a Emma y Snow sobre Cora. Recordaba los últimos momentos antes de caer en la maldición del sueño, el temor en sus hermosos ojos marrones y la forma en que sostuvo su mano entre las suyas, tenía la impresión de que quería decirle algo, pero ella nunca lo hizo. Y estando ahí, en la habitación en llamas fue que descubrió la sensación que tuvo en el hospital aquel día. Eran celos. Tan simple y tan complicado a la vez.
Se suponía él era el amor verdadero de Snow y no debía gustarle nadie más. Pero la verdad es que aunque quisiera ocultarlo con odio, no podía negar que Regina le había atraído desde la primera vez que la vio en el patio del palacio de George, cuando irrumpió y detuvo su ejecución. Había mantenido esa atracción escondida durante tanto tiempo, hasta que, durante la maldición ella intentó besarlo y él la rechazó. Una mirada a sus decepcionados y hermosos ojos tristes, lo tuvo tentado a lanzársele devuelta y besarla hasta dejarla sin aliento, pero ya la había herido y no era justo meterla en sus problemas.
Aun vagaba por la habitación en llamas cuando escuchó una voz casi inaudible que le llamaba, volteó a mirar a todos lados pero estaba solo. Y fue entonces que sintió un extraño tirón. Lo estaban despertando.
Y grande fue su sorpresa al abrir los ojos y encontrarse con el bello e impresionado rostro de la morena que le robaba el aliento y en la que había estado pensando desde que se durmió. Observó su rostro por unos segundos, nunca había tenido la dicha de estar tan cerca de ella, pero entonces fue consiente de lo que había ocurrido y de lo que aquello implicaba.
Regina lo había despertado de la maldición del sueño, lo que implicaba que eran amores verdaderos. Pero aun más importante… ¡Ella lo amaba también!
Abrió sus ojos enormes al darse cuenta de aquello ¡eso era lo que ella no se atrevía nunca a decir!
Regina había visto su reacción, interpretándola equivocadamente, pensando que él estaba molesto, e intentó levantarse y poner distancia inmediata entre ellos, pero la gran mano del príncipe la tomó suavemente de su brazo atrayéndola nuevamente a su posición y besando sus labios como tanto había querido besarla desde hace tanto, tanto tiempo.
Aquél había sido el día en que se sinceraron el uno con el otro, a pesar de que Snow había estallado en cólera y había despotricado contra Regina, asegurando que había hechizado a David para que se enamorara de ella. Por supuesto que Henry le creyó porque para él el príncipe encantador solo debía estar con Blancanieves, y que se enamorara de Regina le parecía un total error. Ese día le dio la espalda nuevamente a su madre para irse a vivir con Emma y Snow, sin importarle todo el sacrificio que estuvo haciendo Regina desde el día que lo dejó ir con David.
David se sacudió esos malos recuerdos de cuando su preciada reina estuvo tan triste y trató de alejarlo, pero él no se dejó amedrentar con su filosa lengua y sus desplantes. Ahí estuvo insistiendo hasta que ella no pudo más y lo dejó traspasar sus muros; le dejó consolarla, conquistarla y mimarla. Demostrándole que él no estaba solamente de paso y que no dejaría que ella se hundiera nuevamente en la oscuridad. Y logró sacarla de esa depresión, igual que logró que Henry se acerara nuevamente a ella, que confiara en ella pero más que nada que asumiera que el amor que ambos se tenían era puro y verdadero.
El rubio salió de sus pensamientos con el leve golpeteo en la puerta que lo hizo apartar la mirada de Regina, para ver a su hija asomar su cabeza por la puerta.
-Hey… necesito hablar contigo-. Le dijo Emma y volvió a salir de la habitación.
David besó sus nudillos y acarició su pancita antes de besar también ahí. Sentía al bebé moverse y eso lo tranquilizaba, su preciosa Regina había hecho hasta lo imposible para mantener a salvo a su milagrito y ansiaba que abriera sus bellos ojos para que fuera testigo de que lo había logrado. Le susurró un "vuelvo luego" y salió de la habitación para hablar con su hija.
La rubia estaba sentada en la sala de espera, tratando de tranquilizar a un nervioso Henry cuando él llegó allí. El niño se puso de pie en un salto y se acercó rápidamente.
-¡¿Cómo está mi mamá?! ¡¿Y el bebé?!
-Tranquilízate Henry, ella y el bebé están bien… al menos físicamente. Aun falta que despierte, los doctores le harán otras pruebas cuando eso pase para saber si está todo bien.
-¿Puedo pasar a verla?-. Preguntó el pequeño con ojos ilusionados. David asintió y le dio el número de habitación.
-¿Y bien?-. Le dijo a su hija, mientras veía a Snow acercándose con un par de cafés.
-Ha… Hay pruebas de que el coche que impactó contra ella lo hizo a propósito-. Le soltó y fue testigo del cambio en el rostro de David.
-¡¿Quién sería tan hijo de puta para lastimar a propósito a una mujer embarazada?!-. Exclamó el rubio.
-¡David!-. Le reprendió Snow, pero se encogió un poco ante la mirada furiosa que David le dio –Estamos en un hospital, modera tu lenguaje, no es propio de la realeza-. Tanto él como Emma la miraron como si le hubiera salido otra cabeza. La rubia negó con la cabeza y se dispuso a contarle todo lo que sabía a su padre.
-Con la ayuda de Ruby estuvimos buscando al responsable, pero solo nos dirigió al muelle. A menos que hubiera alguna barcaza para transportar esa camioneta en Storybrooke, yo digo que trataron de deshacerse de esa evidencia lanzándola al mar. Y de paso, hacer que perdiéramos el rastro.
-¿Qué hay de las cámaras de seguridad? Alguna debió captar el rostro del conductor de esa camioneta.
-No hay nada, estaban muy legos y lo único que captaron fue el choque-. Dijo la rubia con pesar, había visto esas imágenes y eran tan impactantes, que estaba tan feliz de que Regina pudiera reaccionar a tiempo y protegerse. Aun no aceptaba del todo que David dejara a Snow, pero se había ilusionado con la idea de tener un hermanito, por raro que pareciera.
-Demonios…-. Gruñó, pero luego su atención fue captada por una enfermera que apresurada traspasaba las puertas del pasillo que dirigía a donde estaba su preciosa reina, y el miedo de que le ocurriera algo mientras no estaba le caló como agua fría en la columna vertebral y antes siquiera darse cuenta caminaba a paso rápido a la habitación.
El alivio que sintió cuando la vio ahí sentada y despierta se esfumó rápidamente cuando él la besó y ella lo alejó tratándolo como tantas veces hizo en el bosque encantado, entonces vio sus ojos. Asustados y cautelosos, identificó su miedo, le temía a él y trataba de ocultarlo con su afilada lengua. El miedo se arrastró como agujas por su piel, cuando ella no reconoció a Henry, ni mucho menos el lugar donde estaba, su expresión de sorpresa y horror al ver su panza de embarazada, lo dejó descolocado por un leve momento del que fue sacado por el grito de terror y furia de su amada morena cuando Whale intentó acercarse a ella. A lo único que atinó el rubio, fue a tomar al medico y sacarlo de la habitación. Sabía por la propia Regina el porqué no le agradaba Whale, por eso mismo él no era quien la atendía en su embarazo.
-¡No te le acerques!-. Le gritó y con la intención de alejar a todo el mundo de su reina, entró nuevamente a la habitación al escuchar un estruendo, solo para ver a las enfermeras en el piso, un Henry asustado y una cama vacía sin su amada.
-¿Donde está Regina?
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Su magia había funcionado, se alegró por eso. El peso extra en su frente la llevó a sostenerse de algo y lo que su mano tocó fue la corteza de un árbol. ¿Estaba en el bosque encantado? Otro movimiento en su vientre la llevó a poner su mano ahí. Dios… aquello dentro suyo parecía un parásito. ¿Era en verdad un bebé? Dejó esos pensamientos de lado antes que comenzar a sufrir un ataque de pánico. Observó a su alrededor, no había nada que le asegurase que estaba en el bosque encantado, menos la vista que obtuvo cuando caminó un poco. Un conjunto de edificios que parecían funcionar como casas. Tomó un camino que la alejara de allí, seguramente era ahí donde había estado antes. Y mientras más distancia pusiera del maldito pastor que la había besado, mejor.
Caminó por el bosque buscando algún tipo de refugio, tenía la magia para curarse, pero al estar tan débil, sabía que si lo hacía probablemente se volvería a desmayar y necesitaba un lugar seguro donde hacerlo. Un bulto tirado en el suelo más allá de donde estaba le llamó la atención, no parecía un animal, si era una persona probablemente sabría donde encontrar algún lugar donde pasar la noche. Se acercó cautelosa, y logró verlo, era un hombre. Jamás lo había visto en su vida, pero al parecer él si a ella, su rostro al reconocerla era el mismo de terror que todos tenían cuando ella estaba cercea.
-M.. Majestad-. Logró dejar salir el hombre, tenía tres flechas clavadas en su cuerpo y Regina se preguntó brevemente cómo había ocurrido eso –Está viva-. Aquello captó nuevamente la atención de Regina.
-¿Por qué no lo estaría?
-C… creí que te había matado… es... es decir, me enviaron a matarte y que pareciera un accidente-. Eso enfureció a Regina, que intentaran matarla a ella no era una sorpresa, los aliados de Snow lo habían intentado varias veces. Pero intentar matarla cuando tenía al parecer, un bebé en el vientre era algo muy rastrero, ni ella se atrevió a tanto. Con su mano cogió una flecha y con fuerza la removió del cuerpo del hombre haciéndolo gritar.
-¿Quién?-. Le preguntó, aunque ya tenía una sospecha con el simple hecho de ver como habían intentado silenciarlo, tenía una de las pruebas irrefutables en su mano.
-Su majestad ya sabe quien… tenga-. Dijo el hombre entregándole un aparatito negro, que se iluminó cuando presionó un botón. Lo tomó con cautela, aquello no pesaba nada
-¿Para qué me das esto?
–Grabé un video contando todo, déselo a la salvadora, con eso y la flecha tienen pruebas suficientes para arrestar al culpable, pero… si su majestad le mata sería mucho mejor.
-¿Quieres que mate por ti?
-No… pero estoy muriendo, y llevarme a ahgg… al infierno conmigo sería bueno-. Había aguantado lo más que había podido, rezando para que al menos la salvadora pudiera rastrear su olor con la loba, pero era inútil, él mismo se había asegurado que de no fuera así, lanzando la camioneta al mar y luego lanzarse él para terminar saliendo por un costado alejado a la orilla de la playa, llegar a este punto de encuentro solo para ser recibido con flechas. Pero nadie más que la propia reina lo había encontrado y si podía vengarse de una u otra forma lo haría. Lo ultimó que vio fue a la reina, sana y salva aun con su pancita, antes de que sus ojos se empañaran y sentir que sus entrañas le quemaban mientras se ahogaba en su propia sangre.
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