¡AL FIN! LO SÉ, ME TARDÉ DEMASIADO EN PUBLICAR Y ES QUE ME HE QUEDADO SIN INSPIRACION, SIN GANAS Y SIN TIEMPO LIBRE. ESPERO PUEDAN PERDONAR CUALQUIER ERROR. Y GRACIAS A TODOS POR LEER Y DARSE EL TIEMPO DE DARLE LIKE, KUDOS Y COMENTAR. AH SI... Y ACOSARME, PERÓN, RECORDARME NO HABANDONAR LA HISTORIA.

Capítulo 9

Podía sentir en sus oídos el palpitar de su corazón y la forma en que chocaba contra sus costillas de lo nervioso y emocionado que se sentía al estar ahí parado, esperando ver a la hermosa mujer con la que en minutos se uniría en matrimonio como tanto había soñado desde hace casi un año cuando se lo propuso. Ese día fue el hombre más feliz de la tierra cuando ella le dijo que sí, y no creyó que se sentiría igual o más feliz en su vida, pero meses después descubrían que ella estaba embarazada, y a pesar de las dudas fueron inmensamente felices, todo para que esa felicidad fuera eclipsada por el accidente. Pero se había recuperado y ahora caminaba con Henry por el pasillo, vistiendo un hermoso vestido que acentuaba sus curvas perfectas y luciendo la sonrisa más hermosa que haya visto jamás.

Regina vibrando de emoción cuando Kathryn le reveló el vestido, le agradeció por el maravilloso regalo y el que lo hiciera de Marfil y no de blanco, la rubia le ayudó con el maquillaje como una verdadera amiga haría entre broma y broma. Al salir del pequeño remolque que usaron como camerino se encontró con Henry vistiendo impecablemente un esmoquin listo para acompañarla por el pasillo hacia el altar, Regina casi arruina su maquilla al derramar un par de lágrimas al ver a su pequeño vestido así. Henry reía mientras hablaba evidenciando lo emocionado que estaba por esta boda y de ser participe de la misma. Ella misma soltó una pequeña risita al llegar al pasillo y ver a David parado en el altar esperándola. Lucía tan divinamente guapo y gallardo que ella no podía apartar sus ojos de encima que ni cuenta se dio cuando quedaron frente a frente, ni siquiera escuchó lo que habló David con Henry. Solo sentía las irremediables ganas de besarlo hasta quedar sin aliento.

Un suspiro fue lo único que salió de David antes de tomar su rostro entre sus manos y atraerla a un beso lleno de sentimientos que la hizo gemir bajito.

-¡Aun no han dicho que la beses muchacho!-. Exclamó Granny haciéndolos reír a todos.

-¡Espérate a la noche de bodas papá!-. Se unió Emma a las burlas, le encantaba molestarlo.

Ambos sonrieron sin poderlo evitar, estaban nerviosos y ansiosos pero sobre todo enamorados.

La oficialización de la boda se llevó a cabo sin demora y pronto llegó el momento de los votos y la postura de las argollas.

-"Con estas palabras y todas las demás que guardo en mi corazón me ofrezco a ti como compañero de aventuras y para hacerte feliz el resto de nuestras vidas"-. Comenzó David a recitar sus votos, mirando en todo momento a su preciosa novia –"Porque mi vida se ha convertido en el centro de la tuya, porque nuestras vidas no son vida si no estamos juntos. Por eso te pido hoy que te quedes a mi lado y seas mi amiga, amante, confidente eterna y mi reina malvada"-. Terminó de decir colocándole el anillo junto con un giño de ojo y una sonrisa divertida que provocó una igual en Regina.

-"No me diste tiempo a preparar un discurso, de la misma forma que no me diste tiempo a prepararme para recibir el amor que me has dado desde el inicio"-. Le dijo con falso reproche –"Aún cuando me enfadé, aún cuando lo olvidé y te lastimé. Nunca nadie se había quedado y luchado por hacerme ver cuánto valía y lo mucho que era merecedora de recibir amor. Tú haz hecho mis sueños realidad, esos sueños que por muchos años tuve que esconder debajo de la reina malvada, porque todo el que los conocía los usaba contra mí. Pero tú no, tú fuiste diferente siempre. Aunque no pueda cambiar el pasado, sí puedo prometer que estaré en tu futuro para celebrar tus triunfos como si fuesen los míos y sujetarte fuerte si en algún momento llegas a tropezar. Te entrego este anillo para que cada día en que lo veas, recuerdes todas y cada una de las promesas que te he hecho y como lucho a diario para cumplirlas, pese a cualquier obstáculo que surja. Por eso te pido hoy que te quedes a mi lado y seas mi amigo, amante, confidente eterno y mi pastor rey.

Desde el público se podía ver a alguno que otro secándose las lágrimas, en especial Granny.


-Aquí está tu comida "Blancanieves"-. Se burló el enfermero dejando la bandeja de comida cerca de la cama. –¿Qué te ocurre?-. Preguntó al verla hincada en el suelo mirando hacia la pared.

Solo un momento le bastó a la ex bandida para dejarlo inconsciente y escapar de su celda en el psiquiátrico. No dejaría que Regina fuera feliz con quien se suponía era SU amor verdadero. Primero la mataba.

Corrió por el pasillo directo hacia la pequeña recepción. No había nadie, ni siquiera la enfermera Ratched, subió las pequeñas escaleras y observó el pasillo, vacío de gente, como siempre. Escabullirse lejos del hospital fue fácil, solo le tomó menos de cinco minutos robar un auto y emprender camino a donde fuera que se estuviera llevando a cabo esa boda. No podía ser muy lejos ¿o si? De todas formas se desvió hacia la casa de Franklin, el tipejo al que envió para que chocara el auto de Regina. Ese inútil, pensó. Si quieres algo bien hecho tienes que hacerlo tú.

Forzó la puerta de la casa y se dirigió directo a la habitación que conocía muy bien, sacando el arda del pequeño escondite en la pared detrás de la cajonera. Había más munición, pero con un cartucho le bastaría, esta vez no fallaría.


La fiesta estaba en todo su apogeo, el baile de los novios había sido precioso y guardado en video para la posteridad, sin faltar las innumerables fotografías que había tomado Henry con su cámara.

-Mi hermanita tiene que verlas cuando sea más grande porque ahora no recordará nada-. Había dicho el niño, jugando con las manitos de la bebé que estaba en brazos de David.

-Es cierto, y puedes mostrarle a tus futuros hermanitos también-. Respondió David.

-¿Hermanitos?-. Preguntaron al unísono Regina y Emma.

-¿No es muy pronto para pensar en otro hijo?-. Dijo Emma divertida por la cara que tenía David al notar que Regina lo miraba con el ceño fruncido.

-Demasiado-. Respondió Regina.

-Bueno… no digo que ahora ya… solo…

-¡Claro! Como no serás tú el que sufra los dolores del parto, pues que vengan niños ¿verdad?

-¡No! dios no he dicho eso.

-Permíteme-. Dijo Emma tomando en brazos a la bebé -Nosotros los dejaremos para que tengan su primera discusión como esposos-. Henry la siguió reprimiendo una risita.

-Regina…

-¿Qué?-. La morena se había cruzado de brazos y su mirada estaba fija en el lugar por donde estaba Emma, Henry y Annette. La verdad es que no le importaba volver a pasar por un nuevo embarazo, todo el embarazo de Annette lo había pasado increíble, excepto las últimas semanas, pero eso no significaba que se iba a embarazar de inmediato y David tenía que saberlo.

-Cariño…-. Le dijo mientras la abrazaba por la espalda, si ella no quería mirarlo a la cara, no la obligaría –Lamento haber dicho eso, sé que sufriste mucho durante el parto. También sé que quieres una familia grande, no podemos dejar que Annette se sienta solita cuando esté creciendo-. Le susurró suavemente cerca del oído, viendo de cerca como se le erizaba la piel –Además… lo bien que lo pasaremos practicando hacer uno.

-O sea que me quieres como una vaca productora de bebés follable.

-¿Qué? ¡No! Claro que no… dios…-. Respondió afligido y de pronto sintió a Regina temblar –Por favor no llor…-. Su pánico quedó a medias cuando la escuchó lanzar una gran carcajada. –¿Estuviste bromeando todo este tiempo?

-Hay encantador, es muy fácil molestarte-. Dijo girándose en sus brazos y sujetándose a su cuello –Claro que quiero más hijos contigo. Pero no pronto-. Terminó de decir acariciando su nariz con la suya provocando que David cerrara sus ojos disfrutando de tenerla entre sus brazos así.

-Está bien, tampoco hay apuro.

-Cierto, hay que practicar mucho para que nos quede igual de perfecto que Annette-. Susurró con una sonrisita pícara.

-Mhm lo que usted diga majestad-. La iba a besar cuando Emma los interrumpió entregándoles la bebé.

-Lo siento

-¿Que te ocurre Swan?-. Preguntó la morena al notar su nerviosismo.

-Yo…

-¿Emma?-. Indagó David al notar que se había quedado muda y parecía más pálida de lo normal.

-Acaban de llamarme del hospital. Mary Margaret se escapó y ha tenido un accidente con el automóvil en el que escapaba.

-¿Qué?-. Dijeron ambos -¿Cómo está?-. Esta vez fue Regina quien preguntó.

-Aún no lo sé. Iba de regreso al hospital en la ambulancia. Yo… tengo que ir-. Dijo disculpándose.

-Claro, ve. No te preocupes.

-Rumple-. Le llamó Belle al verlo entrar en casa -¿Dónde estabas, la cena está casi lista?

-Fui a darle mi regalo a Regina-. Respondió el hombre.

-Si querías ir debiste decirlo, podríamos habernos divertido.

-No, está bien. No quería arruinarle su día a Regina. Además ¿Para qué ir, si podemos divertirnos nosotros aquí?

-¿Qué dijeron porque les diste un regalo?-. Preguntó curiosa, era conocedora de la complicada historia de su marido y la reina. Aunque cualquiera de ellos lo negaría rotundamente se tenían cariño y respeto entre si.

-Nadie me vio dejarlo, y no le puse tarjeta-. Respondió sonriendo y encogiéndose de hombros. El hecho de haber provocado el "Accidente" de Blancanieves se lo llevaría a la tumba, claro que sí.


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-¡Mami, Mami, Mami!-. Fue lo primero que escuchó Regina nada más cruzar el umbral de su puerta -¡Te extrañé mucho mami!

-Solo salí un momento corazón-. Dijo Regina hincándose para ver a la pequeña Annette de seis años a los ojos. Los hermosos ojos azules que había heredado de su padre.

-Es que haz tardado un chingo-. Exclamó la pequeña acentuando el tiempo con sus bracitos.

-¿Un "chingo"?-. Preguntó entre divertida y molesta -¿Quién te enseñó esa palabra?

-Henry…-. Respondió y de pronto soltó un jadeo sorprendido -¿Es una mala palabra?-. Susurró asustada llevando dramáticamente sus pequeñas manitos a su boca -¿Henry está en problemas?

-No es una palabra que pueda decir la pequeña princesa de papá y tampoco tu hermano. Hablaré con Henry, no te preocupes tu secreto se queda conmigo-. Dijo guiñándole un ojo.

-Okay mami-. Dijo la pequeña imitando el gesto de su madre y haciéndola reír por su intento fallido al cerrar ambos ojos.

-¿De qué me perdí?-. Se escuchó la voz de David asomándose desde la cocina.

-Nada papi, un secreto de chicas-. Dijo Annette colocando su dedo índice frente a sus labios.

-Ouch, eso dolió-. Dramatizó el rubio llevando su mano a su pecho sobre su corazón. -¿Oyes eso?-. Le dijo a la pequeña agachándose a su nivel cuando ella y Regina se acercaron de la mano -Es mi corazón, creo que no funciona muy bien, necesito la ayuda de mi princesa para seguir viviendo-. La pequeña corrió a abrazarlo y besar su mejilla -Oh gracias mi dulce princesa, no sé que hubiera sido de mi si usted no me salva-. La pequeña se rio de las cosquillas que le propinó su padre -¿Me dirás el secreto?-. La pequeña solo negó con la cabeza aun riendo -Cielos, ¿Qué haremos Benjamín? solo somos tú y yo-. Le dijo al pequeño niño de año y medio sentado en su sillita para comer.

-¡Mamá!-. Exclamó el pequeño en cuanto Regina estuvo a la vista, extendiendo sus bracitos para que lo levantara.

-Ven aquí precioso-. Dijo la morena besando sus mejillas regordetas. El pequeño era una pequeña copia en miniatura de David y era la adoración entera de su hermana mayor y viceversa. Eran inseparables.

-Pequeña sabandija traidora-. Le dijo David a su hijo jugando con la pancita del bebé provocando que soltara una risita contagiosa –Majestad-. Saludó seductor a Regina antes de besarla castamente, y es que sino la besaría hasta quedar sin aliento y eso siempre terminaba con resultados sexuales, pero con los niños despiertos y a punto de cenar no era posible de momento -¿Qué tal tu día?

-Agitado-. Respondió sentándose en un taburete aún con el pequeño Benjamín en sus brazos, el pequeño estaba entretenido jugando con el fino relicario de su collar. Un Regalo de David y los niños para el día de la madre, dentro estaba una diminuta fotografía suya junto a sus tres hijos sonrientes y una pequeña inscripción Para la mejor madre del mundo -Fui a visitar a Snow-. Dijo llamando inmediatamente la atención de su esposo quien dejó lo que estaba haciendo para observar su rostro –Sigue igual-. Respondió con tristeza.

-Cariño…

-Lo sé, sé lo que dijeron los médicos, Rumple y hasta la polilla. Pero odio que la más afectada por esto sea Emma, recuperó a su familia solo para que su madre tuviera un accidente y quedara tetrapléjica.

-No es tu culpa que ese día escapara del psiquiátrico para intentar matarnos-. Susurró puesto que Annette estaba en el comedor dibujando.

-Lo sé, pero…

-Nada de peros, Regina. No es tu culpa las decisiones que ella tomó que la llevaron a esto. Pudiste haber sido tú si no hubieras reaccionado a tiempo para proteger a Annette. Y no estoy siendo hipócrita respecto a que tú también intentaste vengarte de ella hace años, pero la diferencia es que ella tuvo una red de apoyo para evitar que cayera en la oscuridad y aun así eligió lastimarte a ti y a nuestra hija, tu jamás intentaste lastimarnos mientras ella esperaba a Emma, solo lanzaste la maldición que si bien nos haría olvidar, nosotros decidimos enviar a Emma a este mundo, soy quien la puso en ese armario y vivo cada día con esa decisión que si bien al principio me dolía ya no lo hace más porque de esa decisión nos llevó a tener a Henry y de él me llevó a ti. Y en definitiva si pudiera volver en el tiempo no cambiaría mi vida actual contigo y nuestros hijos. Porque te amo infinitamente-. Terminó de decir secando las lágrimas de su esposa. Había repetido esto varías veces a lo largo de los años que Snow llevaba en dicha condición de Tetraplejia. Y es que Regina se culpaba por lo sucedido, era inevitable que no lo hiciera, había aun un lugar en su enorme corazón para la chica que destruyó su vida e intentó quitársela cuando fingía estar de acuerdo con su felicidad. –Además… Emma tiene la mejor madrastra del mundo-. Dijo bromista provocando una sonrisa acuosa.

-Cierto, es que ando sensible. Por cierto tengo un regalo para ti en mi bolso-. Le dijo la morena, llamando la atención no solamente de su esposo, sino también la de su hija.

-¿Es un regalo para mi mami?-. Preguntó la pequeña desde el umbral de la puerta que conectaba la cocina con el comedor, acababa de entrar y solo alcanzó a escuchar regalo.

-Quizás… ¿Quieres ir por mi bolso a la entrada?

-Claro mami-. Respondió apresurando su caminata, a mamá no le gustaba que corriera dentro de casa porque se podía lastimar, pero no había dicho nada de caminar rápido, en nada había vuelto con el bolso de su madre sobre su pequeño hombro –Aquí mami.

-Gracias amor-. Regina tomó su bolso de las manos de Annette dándole un golpecito en la nariz con su dedo- Cierren sus ojos-. Les dijo a ambos, Annette de inmediato hizo lo que le dijeron soltando una risita de ansiedad, mientras que David se sonrió por el actuar de su pequeña dándole una mirada de pregunta a su mujer antes de cerrar también sus ojos.

Regina con todo el cuidado de no dejar caer a Benjamín sacó el obsequio de su bolso dejándolo sobre la isla de la cocina.

-Bien… ya pueden abrir sus ojos-. Les dijo ansiando ver la reacción de sus amores.

-Eso es…-. Comenzó David ansioso y emocionado.

-¡Zapatitos de bebé!-. Anunció la pequeña con una sonrisa. No tenía idea de que significaba pero habían dos pares de zapatitos, uno rosa y uno verde en una cajita igual de pequeña que los diminutos zapatos -¿Son para mis muñecas?-. Preguntó con real curiosidad, eran muy grandes para sus muñecas, quizás mamá se había equivocado.

-No cariño, no son para tus muñecas-. Le aclaró Regina.

-¿Entonces?-. volvió a preguntar la pequeña morena.

-Vas a tener un nuevo hermanito o hermanita, princesa-. Le respondió David con la sonrisa más brillante.

-¿Otro hermanito? ¡Sí! ¡Que bien!-. Se alegró la pequeña emocionada de cuidar otro bebé y enseñarle cosas como hacía con el pequeño Benjamín.

-Si bueno… en realidad son… dos hermanitos nuevos-. Confesó Regina sonriendo ampliamente.

-¿Dos? ¡Oh por dios!-. Vociferó el rubio dando la vuelta a la isla de la cocina, con lagrimas de felicidad agolpados en sus ojos y una enorme sonrisa de felicidad. Y cómo no si estaban teniendo la gran familia que ambos habían soñado siempre –Dios… no sabes cuanto te amo-. La besó infinitamente en el rostro y luego capturó sus labios haciéndola suspirar de amor.

Definitivamente cuando lanzó su maldición esto fue lo último que se le había pasado por la cabeza que pasaría, tener una vida e hijos con el príncipe azul de su archienemiga jurada. Pero definitivamente como había dicho David, aunque pudiera volver al pasado no cambiaría su presente por nada del mundo.

-Y yo te amo a ti.

-¿Ves que si le estamos dando muchos hermanitos?-. Dijo David bromista recordándole aquella primer discusión siendo marido y mujer.

Regina soltó una risita y solo negó con la cabeza volviendo a besarlo, mientras sentía los pequeños bracitos de Annette envolviendo sus piernas y besando su barriga.

Esta era la mejor vida que pudo haber imaginado jamás.

Fin.


SOLO AGRADECER A TODAS LAS PERSONAS QUE LEYERON Y COMENTARON ESTE FIC. Y ESPERO PODER TENER TANTO LA INSPIRACION COMO EL TIEMPO PARA TERMINAR MIS OTRAS HISTORIAS.