Actualizado al (11-2022)

RESUMEN

Los planes de Rin Taisho se ven arruinados cuando su padre le dice que han heredado un titulo nobiliario y deben trasladarse a la propiedad de inmediato. La casa vieja mantiene a Rin recelosa hasta que su hermana hace un escabroso descubrimiento; la antigua condesa es idéntica a ella, tanto en nombre como en apariencia. Intrigada decide buscar información sobre sus antepasados descubriendo un pasado oscuro al rededor del matrimonio con el antiguo conde Sesshomaru Taisho. Para su mortificación pronto se ve obsesionada con un retrato del conde e inconscientemente la noche de navidad pide un peligroso deseo.

"—Sesshomaru Taisho, como deseo haberte conocido"

DOS

Dos

Los siguientes días una especie de embrujo invadió a Rin, todo lo que podía hacer era buscar información sobre el conde y su esposa. La biblioteca albergaba varios libros históricos, ninguno con información relevante acerca de los Taisho. Rin, que en su vida se había interesado por la historia de su familia, ahora se sentía obsesionada con ello. Sin embargo todo lo que pudo encontrar fue su fecha de nacimiento y muerte, nació en 1796 y murió en 1827 a la edad de 31 años, demasiado joven. La causa de muerte fue diagnosticada como escarlatina, una enfermedad común de climas fríos que en ese entonces era bastante mortal.

Su hermano nació en 1800 y murió en 1868 a la edad de 68 años, justo un año después de la muerte de su esposa, dejo a una hija de 38 años. Ella no tuvo descendientes. A la muerte de Inuyasha el título paso a un primo, luego esta rama de la familia mantuvo el título hasta 1987 donde paso a Mioga Taisho quien al parecer tenia gustos peculiares, se casó y tuvo un hijo, el muchacho se fue un día de viaje a la edad de 19 y nunca volvió, fue declarado muerto un par de años atrás. Mioga tuvo el título hasta ese año, cuando paso a ser de su padre.

Cansada de la lectura, Rin fue a su habitación.

Esa noche se quedó dormida mirando al hombre del retrato.

Esa noche también soñó con él.

Se despertó sudando a pesar del frio, ¿Cómo era posible soñar con alguien que no conocías? No ¿Cómo era posible tener un sueño tan real con una persona a la que solo habías visto en pinturas? ¿Por qué?

Las sensaciones eran tan reales, si tocaba sus labios aun podía sentir la intensidad del beso, incluso más porque ella no había soñado solo con un beso, su intimidad mojada y dolorida por el placer no recibido se lo recordaba.

Mordio su labio inferior y encendió la lámpara de su derecha. Mirando fijamente el cuadro frente a ella se llevó su mano debajo de su pijama. Trazando círculos con su dedo en su sexo. Se imaginó que era él quien la tocaba y se encendió aun mas. Su mano se movio mas rápido, la otra fue a sus pezones, aumento mas el ritmo. Metio un dedo, luego otro. Adentro afuera, adentro afuera. Su talones clavados en el colchón, sus ojos centrados en el retrato. Adentro afuera. El orgasmo llego fuerte, de golpe. Un suspiro se le escapo.

Definitivamente se estaba volviendo loca, acababa de darse placer mirando una pintura de alguien que nunca en su vida había conocido, ni conocería jamas.

Los días siguientes pasaron como una ráfaga y la noche de navidad estaba encima de ellos. Las preparaciones por parte de sus padres eran exageradas, habían invitado a todo el pueblo. La casa, que había sido "acomodada " se veía hermosa con la decoración navideña.

—No entiendo cómo puedes dormir con ese hombre mirando a tu cama — dijo Rubby mencionando el cuadro en su pared.

—Es solo un cuadro — respondió haciendo menos la próxima suposición de Rubby.

—Creo que está casa está hechizada, y creo que el espíritu del conde te confunde con su esposa y te ha atrapado con su retrato.

—Rubby, ves demasiadas novelas de ficción — repuso tratando de parecer tranquila, tenía la sensación de que su hermana podía ver a través de ella y que si titubeaba aunque fuera un poco se daría cuenta de su nivel de obsesión por el cuadro. Incluso podría ver qué pasaba todas las noches soñando que le hacia el amor y cuando despertaba se tocaba observándolo.

— Piénsalo, lo que digo tiene sentido.

— Sabes que, fuera. Necesito terminar de arreglarme para la cena. La mayoría de los arrendatarios y sus familiares estarán aquí y no voy a parecer una pordiosera.

Rin empujó a su hermana fuera, tras cerrar la puerta, como si de un embrujo se tratase fue hasta el cuadro. Los ojos dorados la miraron.

¿Eras tan malo como decían o solo fuiste víctima de tus propios sentimientos?

Si yo hubiera sido ella, no te habría rechazado. No sé por qué, solo sé que tengo la necesidad de cambiar esos ojos tristes y poner una sonrisa en ese ceño fruncido.

Sesshomaru Taisho, como deseo haberte conocido.

La velada transcurrió con tranquilidad, las personas en Holy Sword eran alegres y disfrutaban el compartir. Después de la cena un grupo se reunió para cantar y otros a bailar, Rubby se veía feliz junto con un grupo de su edad, sus padres hablaban con los más adultos.

Los Kanzaki también habían venido, Rotten en seguida desvió su atención a ella.

—Hermosa noche, hacía mucho que no pasábamos una navidad como esta — menciono ofreciéndole una copa. Ella la acepto y pasaron el resto de la velada entre chistes y anécdotas de sus vidas.

Más tarde algo cansada por bailar Rin se apartó de los invitados y se quedó sentada en una esquina del salón. Observo la notificación entrante en la pantalla de su móvil. Matthew le había escrito de nuevo, durante la semana se había apoyado en la excusa de que aun no instalaban el servicio de internet y la señal no estaba funcionando muy bien para responderle lo menos posible. No se sentía bien mentir, pero tampoco creía que tuviera mucho que decirle. No estaba lista para embarcarse en una relación y no había ninguna manera bonita de decirlo. Al apagar la pantalla su mirada se desvió a través de las ventanas francesas, la sombra de una persona la alertó, sin querer llamar la atención, ella misma salió a investigar de qué se trataba, era demasiado tarde para estar fuera y había demasiado frio.

Mala idea salir sin abrigo, se dijo unos minutos después.

Parecía que era solamente su imaginación, estuvo a punto de regresar cuando unos dientes filosos la amenazaron.

Un lobo gigante gruñía frente a ella, busco a su alrededor algo que pudiera ayudarla y en ese momento la vio. Una mujer de cabello negro y piel como la leche.

"Corre" gesticulo en silencio.

El lobo se abalanzó sobre ella y todo lo que Rin pudo hacer fue correr por su vida.

No supo por cuánto tiempo corrió ni tampoco por qué el lobo no la mordía, parecía más bien como si intentará jugar con ella, como si estuviera tratando de agotarla antes de comérsela. Supo que era su fin en el momento que trastabillo, su cabeza dio vueltas y sus ojos se cerraron con fuerza.

Cuando reacciono tenía los músculos entumecidos, miró hacia arriba y vio la pendiente por la que había caído, no había rastro del lobo. Rebusco en el discreto bolsillo de su vestido, no estaba su teléfono. Maldijo en silencio, no tenía idea de en cual punto pudo haberlo perdido y no tenía las fuerzas para buscarlo. Necesitaba calor o iba a morir de frio. Como pudo se levantó y lo que vio la dejó sin aliento.

Una cueva.

Tal vez era una mala idea entrar, pero era una mala idea quedarse afuera. Se tocó la frente para palpar el líquido rojizo que salía de alguna parte. Probablemente necesitaría puntos. También le dolía la cadera y el hombro izquierdo. Titiritando de frío se internó en la caverna, el cambio de temperatura la recibió de forma agradable. Busco un lugar donde sentarse, no muy alejado de la luz, pero tampoco tan cerca del frío. Con suerte por la mañana saldrían a buscarla y la encontrarían. Solo necesitaba mantenerse a salvo esa noche.

La luz del día le dio de lleno en el rostro. Perezosamente abrió los ojos, estaba cansada y no había podido dormir por el miedo a morir de hipotermia. Hizo el intento de levantarse pero sus músculos abarrotados ejercieron fuerza. Soltó una maldición y se resignó a tener que calentar primero. Le dolía cada parte de su cuerpo y el frío se había metido en sus huesos. Si no la encontraban pronto, las consecuencias del frío comenzarían a dejar huellas permanentes en ella.

Escucho unas voces y el relinchar de unos caballos afuera.

Estaba salvada, habían venido por ella.

Una figura oscura se coló a contraluz impidiéndole ver quien era.

—Rin.

Ella estuvo a punto de responder tal afirmación. Casi le decía que la abruma a su entusiasmo o que no era ella sino su espíritu, pero todas sus palabras quedaron atragantadas en el fondo de su garganta cuando vio quien era la persona que la tomaba en sus brazos.

—Estás congelada — dijo el hombre con el mismo tono barítono utilizado para decir su nombre. Ella entreabrió los labios mientras lo veía deshacerse de su abrigo y colocarlo sobre ella al tiempo que la despegaba del suelo. Un zapato se le cayó en el proceso. No dijo nada. El hombre la llevó cargada fuera de la cueva —. Agárrate a mí — ordenó. Ella lo miró confundida sin darse cuenta de que era lo que él quería —. Obedece, no estoy para tus tonterías.

La frialdad con la que hablaba hizo que su cuerpo temblara, como si fuera posible temblar más. Los ojos dorados la miraron exigentes y al no tener respuesta él mismo le cogió el brazo y se lo paso por el hombro. Rin vio en ese momento el caballo y se dio cuenta de que lo que quería era que lo ayudara a subirla. Como pudo se aferró a sus anchos hombros y dio un respingo cuando sintió el cuero de la silla en su trasero. Sin que él le dijera nada se agarró a su cintura, bien ella no quería caerse del caballo.

Con cada galope sus pulmones punzaban, el aire congelado aumentaba su dolor. Él la pego más a su cuerpo y ella no pudo resistir a su fuente de calor.

—Llegaremos pronto —le dijo con voz suave.

Su confundida mente buscaba una explicación tras otra sobre lo que estaba pasando.

¿Era Sesshomaru Taisho, antiguo conde Takahashi quien la llevaba sobre su caballo o era una muy mala broma de su familia?

¿Qué se supone que tenía que hacer?

Iba a matar a sus padres en cuanto llegarán a la casa.

Cuando llegaron a Holy Sword una multitud se abalanzó sobre ellos. Su salvador los apartó a todos con la mirada.

Ella trató de reconocer a alguien de la fiesta, pero fue en vano. Lo único que descubrió fue que las ropas de estas personas eran de una moda de hace más de un siglo.

Este debía ser solo uno más de sus sueños, solo que con un contenido diferente.

—Por dios está titiritando, mírale los labios — chilló una mujer —. Súbela, voy a ordenar que llenen la tina con agua caliente.

Si, calor. Eso era lo que ella necesitaba. Pero por algún motivo ella se negaba a abandonar los brazos de su fuente de calor y él no parecía tener intenciones de soltarla tampoco.

La habitación a la que entraron la reconoció como la del conde, la persona de la que cada vez estaba más segura que era Sesshomaru le quito el abrigo mojado y estaba buscando la manera de quitarle el vestido turquesa, tenía la mirada confusa.

—Puedo quitármelo yo misma dentro del baño — hablo por primera vez, tratando de que su voz saliera serena.

Si esto era un sueño, parecía aún más real que los anteriores.

Ella vio como el abrió y cerró los puños. Tras unos toques a la puerta dados por alguien, él volvió a cargarla, la bajo con cuidado dentro de la bañera. El calor se coloca por su piel y para su vergüenza gimió de placer. Ella misma, por practicidad, guio su mano hasta el cierre en su espalda. Tenía que quitarse esa ropa helada. Cuando él lo bajo sacó las manos de los tirantes y sostuvo fuertemente el corpiño en su pecho. No es que fuera pudorosa, en los baños de la facultad no tenía problemas para desnudarse frente a las otras chicas, el problema aquí es que había un hombre. Aunque muy probablemente esto no fuera más que un sueño o alguna alucinación provocada por el frío, tenía la mente lúcida y no iba a dejar que un desconocido la viese desnuda.

—Mi lord —llamó una mujer, él no se inmutó —. Sesshomaru, hijo. Será mejor que salgas y dejes que las doncellas ayuden a Lady Rin — el no respondió —. Por favor...

La mujer dijo otras cosas más que ella no escuchó. Todo lo que su mente procesaba a eran sus primeras palabras "Mi lord" "Sesshomaru" "Lady Rin"

Esto tenía que ser un sueño, una pesadilla. Tal vez y aún estaba en la cueva dormida titiritando de frío. Tal vez estaba muriendo.

Esas cosas no eran posibles, uno no viajaba en el tiempo. Eso era una fantasía, tenía que despertar que...

Su cabeza dejó de pensar.

Todo se volvió negro.

Rin, se desmayó.