Actualizado al (11-2022)

RESUMEN

Los planes de Rin Taisho se ven arruinados cuando su padre le dice que han heredado un titulo nobiliario y deben trasladarse a la propiedad de inmediato. La casa vieja mantiene a Rin recelosa hasta que su hermana hace un escabroso descubrimiento; la antigua condesa es idéntica a ella, tanto en nombre como en apariencia. Intrigada decide buscar información sobre sus antepasados descubriendo un pasado oscuro al rededor del matrimonio con el antiguo conde Sesshomaru Taisho. Para su mortificación pronto se ve obsesionada con un retrato del conde e inconscientemente la noche de navidad pide un peligroso deseo.

"—Sesshomaru Taisho, como deseo haberte conocido"

TRES

Durante las horas siguientes en todo lo que Rin pudo pensar fue en el calor. Titiritaba de frío a pesar de sentir el fuego cerca, las mantas que la envolvían se enfriaban demasiado rápido y en su mente se preguntaba por qué no le ponían una manta térmica. Escucha voces a lo lejos cada vez que venían a cambiar las cobijas, también fue obligada a beber una sopa de algo.

El resto del día lo dedico a soñar que era rescatada por el condenado del retrato, después de salvarla él la llevaba a la casa y le daba un baño caliente. También soñó que alguien muy fuerte la abrazaba y calmaba sus temblores, era tan real que instintivamente buscaba pegarse a su calor fuere quien fuere.

Estaba todo tan caliente cuando por fin despertó, tenía los músculos pesados y también tenía hambre. Pero su sabana estaba caliente y ella no quería levantarse de su cama, su cama... un momento. Esta no era su cama.

Dio un brinco.

Este ni siquiera era su cuarto, ni su casa y probablemente tampoco era su tiempo.

No había sido un sueño, lo confirmó cuando los ojos dorados la miraron fríamente. Tal y como lo hacía desde el cuadro.

—Parece que viste un fantasma — le dijo. En sus sueños el jamás le había hablado.

Rin estuvo a punto de decirle que, de hecho, para ella, él era un fantasma. En cambio cerró la boca. Él estaba vestido solo con unos pantalones y su cabello estaba recogido en una cola. Le llamó la atención que tenía parte del torso vendado y el brazo izquierdo en un improvisado cabestrillo. La habitación estaba ligeramente iluminada, cosa que el cambio enseguida descorriendo las ventanas.

La visión de su torso la hizo tragar grueso. Había visto abdominales masculinos interminables de veces, pero nunca los de un espécimen tan amenazante. Esto superaba con creces sus sueños, donde nunca alcanzaba a distinguir las líneas de su cuerpo.

—¿Por qué... —reunió valor —por qué me trajo aquí? — preguntó temiendo la respuesta.

—Porque te guste o no eres mi esposa y no permitiré que ensucies mi nombre. Así que será mejor que comiences a obedecer de una buena vez.

Su esposa, su esposa repitió en su mente una y otra vez. La estaba confundiendo con Lady Rin.

Tras un suave toqueteo a la puerta una doncella entró a la habitación con un edredón en los brazos.

—Traigo sábanas caliente para mi Lady — él asintió.

La doncella se dispuso a cambiar el cobertor.

—Mi lady, por favor entrégueme ese para que arrope con este. Ha sido calentado antes de traerlo aquí.

Reviso lo que llevaba puesto y al ver que era aceptable asintió. La joven cambió el cobertor y ella se sintió en la gloria. Al haber enfriado su temperatura por tanto tiempo el calor era lo mejor que podía encontrar.

Sin embargo había algo que estaba pasando por alto. Cuando llegó y la metieron en el agua caliente.

— ¿Quien... quien cambió mi ropa? —balbuceo una vez que la mujer estuvo fuera.

Él le dio una sonrisa cínica.

— ¿Tiene importancia? — ella trago grueso —. Mi madre y sus doncellas.

—Tú estabas ahí cuando me desmaye — eso no había sido una pregunta.

—Si lo que quieres es saber si te vi desnuda. La respuesta es; no, no vi mucho más que unos destellos de tu cuerpo.

Rin se aferró a las sábanas con mortificación.

Un momento, ¿él no la había visto desnuda nunca? ¿Nunca había visto a Lady Rin? Si eso era así... Era imposible, ella era su esposa y en esta época de 1800 y tantos él hombre tenía el completo control sobre su mujer. Negarse a tener relaciones no era algo aceptable sin embargo Sesshomaru le estaba diciendo que no la había visto desnuda.

Rin sacudió la cabeza y decidió que era momento de comenzar a actuar, necesitaba saber que era lo que estaba pasando y para ello tenía que recopilar información solo tenía un problema, a parte del espécimen masculino que la fulminaba con la mirada, moría de hambre.

—Quisiera comer, por favor.

La mirada derrite oro se posó sobre ella.

— Pensaba que querías morir de hambre — dijo con ironía.

En ese momento Rin recordó las palabras de Shippo. "Sus peleas eran catastróficas" "Desapareció en la cueva" "Nunca la encontraron"

— ¿Vas a levantarte o quieres que te saque de ahí?

— ¿Ah?— ¿le había dicho algo?

—La comida, está en la mesa— ella miró hacia donde el señaló y asintió. Varios platos tapados estaban sobre la mesita de la esquina.

Sin pensarlo salió de las sábanas. Ella vio como el dejó de respirar. Instintivamente se miró, no encontró nada de malo. Tenía un camisón de lino, un poco transparente, pero tenía más cosas debajo que la tapaban y llegaba al medio de los muslos. El cabello le cayó en cascadas sobre los hombros. Definitivamente ella había llevado ropa más reveladora en el pasado.

Luego recordó que este era el pasado y sentándose frente a la mesa se dio cuenta de que estaba en ropa interior y que el hombre en cuestión, que había dicho hace un momento que no la había visto desnuda, estaba respirando como si tuviera una enfermedad pulmonar.

Si sus suposiciones eran ciertas, él la estaba confundiendo con su esposa. La mujer del baño la había llamado Lady Rin y a él Lord y luego Sesshomaru. Destapó una de las bandejas, olía delicioso. En lo que estaba, recordando la historia de los hermanos, ellos dijeron que Lady Rin desapareció en la cueva. Entonces... Tenía que ser eso, la cueva era la clave. Tenía que regresar allí. Pero primero comería. Ningún cirujano trabaja con la panza vacía.

—Haz decidido dejar de matarte de hambre— dijo él.

¿Qué se supone que debía de responder? No tenía idea de cómo fuera la relación entre el conde y la condesa. Al parecer ella no comía mucho, pero... Eso era, las personas después de ciertos traumas podían presentar algunas lagunas mentales.

—No entiendo lo que quiere decirme — respondió ella con inocencia, debía ser dócil si quería que se tragara el cuento de que había perdido parcialmente su memoria, por no decir toda.

—Hace unos días estabas resuelta a morir de hambre — aclaró él.

—No recuerdo muy bien lo que pasó estos últimos días — comentó ella dejando los cubiertos en la mesa —. A decir verdad mi cabeza es un caos.

— ¿Recuerdas como llegaste a la cueva?

Rin pensó su respuesta y decidió decir la verdad. Así sería más fácil recordar lo que había dicho si alguien preguntaba de nuevo.

— Si, aunque es algo confuso. Yo estaba en el salón... El que tiene la gran chimenea, y vi a alguien afuera — él se tensó, ella comprendió enseguida que él estaba pensando que ese alguien era su antiguo novio así que aclaró —. Una mujer, me causó curiosidad y quise ver si algo le había pasado. No vi a nadie, cuando iba a volver dentro la vi, estaba parada en la entrada del sendero que iba, va — corrigió — al invernadero. Pero también estaba un lobo, uno muy grande y la mujer me dijo que corriera. Corrí hasta que me caí, por suerte la nieve amortiguo la caída o gran parte de ella — agregó tocando la venda que tenía a un lado de la cabeza —. Cuando desperté el lobo no estaba, moría de frío y lo único que podría salvarme de morir de frio era el calor dentro de la cueva.

—Tu historia es bastante entretenida, pero es falsa.

—No estoy mintiendo — replicó en un tono más alto del que había querido.

—No estabas en esta casa.

—Si est... ¿Qué?

—Llevamos dos días buscándote, Rin — él percibió la duda en su rostro — ¿Vas a decirme la verdad ahora?

—No tengo nada más que decir — espetó. No tenía idea de que aquella mujer tuviese dos días desaparecida. Tal vez y ella también, por Dios su familia debía estar preocupada por ella.

—Nunca tienes nada que decir. Pero da la casualidad de que soy tu esposo y te exijo que me digas donde estuviste.

En esta casa, con mi familia, muchos años en el futuro.

—No lo recuerdo, preguntaste como llegué a la cueva y te dije lo que recordaba —si hubiera sabido que tenía dos días desaparecida se habría inventado algo mejor.

— ¿Quién te dio la ropa que llevabas?

La compre en una tienda por departamentos cerca del consultorio.

—No lo recuerdo.

Él se levantó. Ella se echó atrás en la silla.

"Nadie sabía lo que pasaba dentro de las puertas" Bien Shippo, ella estaba a punto de comprobarlo.

Sesshomaru estaba inclinado frente a ella con su mano derecha apoyada en la silla, la otra estaba dentro de la venda y su abdomen estaba sangrando. ¿No lo habían atendido ya? ¿Qué clase de herida tendría? No podía ser mucho ella recordó que él la había cargado en la cueva.

— ¿Estabas con él?

— ¿Con quién?

—Con Kohaku.

— ¿Quién es Kohaku? — preguntó y se dio cuenta de su error. Kohaku debió ser el antiguo novio de Lady Rin.

Por un momento pensó que Sesshomaru rompería la silla o cualquier parte de ella. No se sentía tan en desventaja, si el intentaba algo ella le clavaria el tenedor justo donde estaba sangrando, eso le daría tiempo de huir a algún lado.

— Él también te estaba buscando, yo mismo fui a su casa y deje a mis hombres a su alrededor por si aparecías.

— Yo no… no recuerdo donde, te juro que te dije la verdad.

La ira de sus ojos pareció disiparse, ¿le creía? Y, entonces volvió a mirarla, de forma diferente; con fuego, con pasión, con todo el amor que sentía por ella. Y Rin no pudieron evitar mirarlo, aun sabiendo que esa mirada era para otra mujer.

— Tu abdomen, está sangrando —señaló cuando el calor comenzaba a hacer estragos en su cuerpo.

El soltó el aire y dijo:

—No es nada.

— ¿Qué clase de herida es? — preguntó dejando que su lado médico saliera a flote.

El la desafío con la mirada, como diciéndole que ella debía saber exactamente como era la herida.

—Ya te dije que no recuerdo bien del todo.

—Solo recuerdas lo más importante —dijo con ironía luego de que ella diera un brinco cuando sus dedos la tocaron.

—Sesshomaru... Yo... —santo Dios, ¿y ahora que había hecho? Él tenía la cara de haber visto la tierra girar al revés.

—Mi nombre — mencionó como si eso lo explicara todo, al ver que ella seguía sin entender agregó —. Es la primera vez que dices mi nombre.

Ella se ruborizo.

Se quedó mirándolo y en ese momento no pudo entender cómo Lady Rin había rechazado a este hombre. Ella simplemente no podía resistirse a él.

Cómo si se diera por vencido se apartó de ella, y Rin ya no pudo volver a concentrarse en su comida.

Más tarde ese mismo día Rin tenía ganas de salir, quería hablar con las personas de Holy Sword y si era posible encontrar al abuelo Shippo, si estaba en lo cierto sería un jovencito de las caballerizas.

Solo tenía un problema, no tenía idea de cómo ponerse el vestido. Todos los trajes del vestidor femenino eran demasiado intrincados, demasiados botones y tiras. Estuvo a punto de darse por vencida cuando encontró una sección de vestidos más ligeros. Escogió uno amarillo de chiffon, con unas sandalias de tiras, se puso un gancho para recoger la mitad de su cabello y dejo el resto de cayendo en su espalda.

Salió de la habitación rumbo a las escaleras de servicio por donde podría salir y llegar a las caballerizas.

Los pasillos de la casa eran irreconocibles, todos estaban pulcramente cuidados, la pintura intacta, los paneles, la madera, todo lucía hermoso. El piso reluciente, si no hubiera visto con sus propios ojos el esplendor de la casa jamás se hubiera imaginado que la vieja mansión que heredó su padre pudo ser un día tan hermosa.

Y en eso iba pensando ella cuando sintió el tirón en su brazo.

— ¿A dónde crees que vas vestida de esa manera?

Era Sesshomaru y su mirada no era muy amigable, de hecho su agarre le estaba escociendo.

—A... a cenar — fue su rápida respuesta.

Su rostro se volvió turbio y en menos de un segundo estaba siendo arrastrada por el pasillo directo a su habitación.

"Ella no paraba de gritarle y él se la llevaba a la fuerza a su habitación"

Pero ella no le grito y ni siquiera sabía que era lo que lo había enojado tanto.

— ¿Lo haces para provocarme? — mascullo con la respiración de un toro — ¿O es tal vez una forma de venganza?

—Mi Lord, no lo entiendo — trato de defenderse.

— ¿Qué no entiendes?

—Por qué me acusa y me trata de esta manera, yo solo quería ir a la cena.

—Si esa hubiera sido tu intención, te habrías vestido apropiadamente.

Ah, que tiene de malo mi vestido.

— ¿Qué tiene de malo? —pregunto porque realmente no sabía la respuesta.

—Tiene que no es un vestido para una cena, tiene que las mujeres de tu edad no andan con el cabello suelto. ¿Acaso es esta tu venganza por haberte visto?

— ¿Por qué me vengaría por eso?

—Una vez lo dijiste, que si alguna vez veía tu intimidad te aseguraría de mostrársela a todos los demás. Vi tu cabello suelto y pretendías que todos te vieran.

— ¿Es en serio? — dijo con ironía —. Todo esto es porque no recogí mi cabello.

—Tampoco llevas nada debajo de tu vestido.

— ¿Qué debería de llevar? —replicó sarcasmo.

Le parecía demasiado ridícula esta pelea, demasiado tonta. Más tarde su doncella, le recordaría que las mujeres adultas se recogían el cabello, la ropa interior era mucho más que pantis y por supuesto ninguna mujer salía sin corsé.

—Un corsé, por lo menos, ¿También se te va a ocurrir salir en camisón?

— ¿Un corsé? — ay, creo que se le había olvidado cuan estricta era la regencia inglesa con la vestimenta el decoro y esas cosas. Esta discusión iba para rato, o bueno, no tenía que ser así. Él no era más que un hombre celoso, porque eso era lo que estaba experimentado; celos. Así que tenía que ser ella la parte racional. Primitivamente los hombres necesitaban dos cosas para ser felices; sexo y comida. Definitivamente la primera no iba a dársela y estaba muy segura de que Lady Rin tampoco se la daba, pobre chico. La segunda en cambio, estaba al alcance de una disculpa y eso fue lo que hizo —. Lo siento, no recordé que tenía que llevar tantas cosas — hizo su mejor esfuerzo en parecer arrepentida, un hombre enamorado no debería poder resistirse a eso ¿o sí? —. Mi cabeza duele un poco, si gustas puedes escoger un vestido y un peinado adecuado para bajar a cenar —al decir esto bajo un poco la mirada. La táctica de la chica arrepentida era infalible con su padre.

Justo como pensó, él se quedó sin palabras. No esperaba una disculpa por su parte, más bien estaba preparado para una batalla campal que duraría horas.

—Llamaré a la doncella para que te ayude — dijo al fin a regaña dientes.

Y sin decir más, salió.

Rin se dejó caer en la cama, esto podría llegar a resultar algo difícil.

Durante la cena conoció a la condesa Irasue, quien estaba de visita en Holy Sword con Lady Kanna, la hermana menor de Sesshomaru. La condesa era bastante amigable, un poco snob sí, pero podría haber pasado la noche hablando con ella, claro si no hubiese temido meter la pata.

Por suerte nadie hizo preguntas incómodas y a parte del tiempo y una carta de Inuyasha, el otro hijo de Irasue, no hubo otro tema de conversación. Hasta que...

—Mamá, le he dicho que no me gusta que me toque —Kanna habló.

Irasue hizo una mueca de incredulidad.

—Kanna discúlpate con nuestra madre — Sesshomaru habló con un tono de voz inflexible.

—No he hecho nada malo —replicó la niña sin mirarlo.

Había algo raro en ella, la discusión se extendió por un buen rato, los mayores estaban molesto por el comportamiento de la niña, pero ella no parecía comprender que había hecho mal. No fue hasta el momento que trajeron el postre, cuando Kanna decidió ignorar la conversación y ensimismarse en lo que parecía ser su sabor preferido que entendió lo que le estaba pasando.

Ella sufría algún tipo de trastorno de la personalidad.

Al ver que Sesshomaru no planeaba dejarlo pasar, intervino con la táctica favorita de su madre, la había visto usarla muchas veces antes.

Sutilmente encontró la mano de Sesshomaru por encima de la mesa, dejó caer la suya provocando que el contacto detuviera todo lo que estaba a punto de decirle a su pequeña hermana. Toda la atención del conde se dirigió a ella y al contacto de sus manos.

—Por favor, mi lord — pidió recordando que era así como todos debían llamarlo —. Es solo una niña, más tarde podrá disciplinarla en privado.

Irasue la miró con incredulidad, luego miró a su hijo en una súplica silenciosa.

Rin apretó su mano dándose cuenta de cuánto lo estaba afectando, se sintió culpable por un momento pero no valía la pena castigar a una niña por algo de lo tenía idea que estaba mal.

Sesshomaru devolvió su apretón girando la mano y acariciando su muñeca, ella tuvo que controlarse para no morderse los labios. El cazador atrapado en su propia trampa. Sin embargo no retiró su brazo ni bajo su mirada hasta que el asintió y dijo:

—Sólo por hoy y porque es la primera cena de Lady Rin en la mesa.

¿La primera cena? Que esa mujer nunca se había dignado a bajar a cenar. Eso explicaba muchas cosas, la mirada de desconcierto de los empleados no fue por verla esa noche después de casi haber muerto, fue porque no ha habían visto nunca, la condesa también tuvo un atisbo de sorpresa y Kanna, gracias al cielo de que hubiera permanecido callada.

Después de la cena volvió a su habitación — la de la condesa Lady Rin— acompañada por una doncella. Estaba ayudándola a desvestirse cuando el conde entró. La chica se tensó y sus movimientos pasaron a tomar la rigidez de un palo Lo que se evidenció cuando las tiras del corsé se enredaron. Sesshomaru solo seguía parado, como si estuviera esperando una reacción por parte de ella.

Rin estaba comenzando a desesperarse, el corsé apretaba y comenzaba a faltarle el aire.

— ¿Podrías solo cortar las tiras? — pregunto con demasiada brusquedad asustando más a la jovencita.

—Puedes retirarte, yo ayudaré a mi esposa — escucho decir a Sesshomaru detrás de ella. Le había quitado las cintas de las manos a la doncella asustada. Ella salió de la habitación como alma que lleva el diablo.

Tras un tirón, el corsé cayó al suelo junto con el vestido, soltó las tiras de las enaguas y otra vez se quedó solo en camisón junto a él.

Nerviosa, Rin se apartó recogiendo la ropa con la excusa de llevarla al guardarropa.

Sesshomaru habló desde la habitación.

—No tenías por qué tratar de esa manera a Megumi.

Dios, este chico no sabía hacer otra cosa que no fuera pelear.

—Solo le dije que cortara las cintas—respondió desde adentro.

Se quitó las ligas y los molestos pantaloncillos o como se llamaran, que tenía en las piernas, busco algo más que ponerse y encontró un vestido de seda rosa palo con encajes bastante bonito, también habían unas calzas más modernas, bueno si eso podía llamarse moderno, por lo menos no parecían las de su abuela.

—A Kagome jamás le gritarías de esa manera —lo escucho replicar.

¿Quién diablos era Kagome?

Fingir demencia, sonrió ante el recuerdo de Rubby pronunciando esas dos palabras cada vez que aparecía algo con lo que no podía lidiar.

Terminó de cambiarse y se enfundo en el albornoz de seda a juego.

— ¿Podrías refrescarme quien es Kagome, no logro recordarla? —preguntó parada desde la puerta.

Toda la atención del conde se dirigió a ella. Las mejillas de Rin adquirieron un tono rosáceo en cuanto se dio cuenta del escrutinio que le estaba realizando el hombre.

— ¿Quién es Kagome? —volvió a preguntar con satisfacción al ver que el hombre se había quedado sin palabras.

—Tu doncella, la trajiste aquí desde High Stone — ¿Su doncella? ¿High Stone?

Debió prestar más atención al árbol genealógico de la familia de Rin, pensó mientras soltaba un quejido de frustración.

— ¿Dónde está ella ahora?

—No lo sé, supongo que devuelta con su familia o en algún lugar buscando un nuevo trabajo.

—La echaste, supongo —el no respondió— ¿Puedo saber por qué? —se arriesgó a preguntar, tenía la sensación de que fue por algo relacionado con el ex novio de Lady Rin.

Los ojos dorados se oscurecieron al responder: — Por desobedecer mis órdenes.

Sesshomaru sabía cómo cambiar de posición inofensiva a una completamente amenazadora, justo como estaba en ese momento. Pero ella no iba a dejarse amenazar por él. Levantó el mentón y cruzo los brazos cuando estuvo parado frente a ella. Le sacaba una cabeza de altura y eso que ella no era bajita, media 1,72 bastante para ser mujer, él debía estar en el metro noventa como mínimo.

— ¿No vas a pelear por tu alcahuete? —pregunto, demasiado cerca, demasiado peligroso.

¿Pelear por alguien que no conocía? Negó con la cabeza y el por un segundo pareció sorprenderse ¿Qué podría hacer ella por la chica? No tenía sentido ganar tiempo en ir por ella si lo que pensaba era regresar a su tiempo. Volvería a quedarse sola y quizás su castigo sería peor al pensar Sesshomaru que ella la volvería ayudar a escapar. Porque estaba segura de que esa fue la razón por la que la echaron, ayudó a Lady Rin a escaparse.

— No contradeciré sus órdenes — respondió ensimismada en sus pensamientos.

El lazo que mantenía cerrado el albornoz fue deshecho con un solo tirón, se había distraído pensando en la doncella y no se dio cuenta de lo que él conde estaba haciendo. La bata se abrió. Y en ese momento ella se arrepintió de haberse puesto aquella prenda.

Los ojos de Sesshomaru brillaron a la luz de las velas y su mirada bajo hasta sus pechos cubiertos por la delicada seda rosa. La halo por la cintura pegándola a él. Se quedó estático como si estuviera absorbiendo su esencia. Ella se quedó muy quieta. No era la primera vez que estaba así de cerca de un hombre, ella había tenido muchísima más cercanía, había sido besada y había besado, tocado, sentido la piel desnuda de un hombre sobre la suya. Con Mat había hecho unas cuantas cosas que la distanciaban de la palabra virgen, no era inocente y no sentía culpa por ello. A su edad había hecho unas cuantas cosas que estaba segura que escandalizarían a cualquiera de esta época y hasta en la suya. Pero allí estaba ella, experimentando sensaciones completamente nuevas con un simple abrazo.

— ¿Realmente no recuerdas nada? — preguntó con voz ronca acariciando su sien lastimada en el proceso.

Si recuerdo, mi vida no la de tu esposa.

Negó con la cabeza al tiempo que se dejaba llevar por las suaves caricias.

¿Había realmente realizado Sesshomaru todas las acciones de las que se acusaba?

¿Qué fue lo que hizo para separar a Lady Rin de Kohaku?

Durante el minuto siguiente en todo lo que pudo pensar fue en la proximidad de su boca y de cómo el poco a poco bajaba los labios por su rostro hasta finalmente unir sus bocas con un suave roce, como si temiera ser en cualquier momento rechazado.

Su más profundo deseo, se estaba haciendo realidad.