Actualizado al (11-2022)

RESUMEN

Los planes de Rin Taisho se ven arruinados cuando su padre le dice que han heredado un titulo nobiliario y deben trasladarse a la propiedad de inmediato. La casa vieja mantiene a Rin recelosa hasta que su hermana hace un escabroso descubrimiento; la antigua condesa es idéntica a ella, tanto en nombre como en apariencia. Intrigada decide buscar información sobre sus antepasados descubriendo un pasado oscuro al rededor del matrimonio con el antiguo conde Sesshomaru Taisho. Para su mortificación pronto se ve obsesionada con un retrato del conde e inconscientemente la noche de navidad pide un peligroso deseo.

"—Sesshomaru Taisho, como deseo haberte conocido"

SEIS

Eres demasiado romántica, tus ideales de la vida son inverosímiles, tienes demasiados pájaros en la cabeza.

Consideraba que sus ideales eran realistas, para nada inverosímiles, tenía que ser de esa forma si quería sobrevivir en la profesión que había escogido. Era segura, inteligente y no se dejaba amedrentar por nadie.

Ella no era romántica, o por lo menos no moría por un príncipe azul, tenía muy claro lo que significaba tener una relación amorosa, por ello solía huir de las mismas. Siempre se decía que una vez que terminara su carrera pensaría buscar a alguien en serio, no estaba segura si seria Matthew o alguien mas. Mierda, Mat. En toda la semana no había pensado ni un poquito en él. Tampoco habia pensado en su vida de Londres, sus clases. Mierda, al paso que iba tendría que volver a repetir el año y perdería su trabajo. Claro, eso contando con que podría regresar. Pero ella no había pensado un solo día en ello, solo estaba patéticamente pensando en una mujer que nunca había conocido y que, muy probablemente, ya estuviese en el más allá.

— ¿Por qué te comparas a ti misma con ella?

Se hizo un ovillo en el sillón, sus ojos se perdieron en el fuego.

— Extraño la calefacción — Miro hacia alrededor de la habitación sumida en la obscuridad —. Extraño la electricidad en general — gimió. Ni siquiera sabía qué hora era. No quería encender una lámpara de gas o un candelabro. Probablemente eran más de las 3 am y ella seguía sin poder dormir.

Los recuerdos de ese día se negaban a abandonarla y, se preguntaba una y otra vez, qué clase de trampa había utilizado Sesshomaru para comprometerla. Ahora entendía un poco porque lady Rin lo odiaba, por así decirlo. Si era cierto que era una chica inocente, probablemente había caído en la manipulación de Sesshomaru mansamente y, él no había dudado en aprovecharse de ella. Pero Rin también se preguntaba hasta qué punto la había comprometido para que la única salvación fuese casarse con él. O peor aún, que artimaña había utilizado el conde para hacer que aceptara casarse con él.

Soltó un suspiro y se abrazó a sus piernas.

Ese día cumplía exactamente una semana en ese lugar, se sentía preocupada por su familia y lo que pudieran estar pensando sobre ella a esas alturas. La noche de fin de año que ellos tanto amaban se vería empañada por la tristeza.

¿Qué era exactamente lo que había sucedido?

No es como si las personas viajaran todo el tiempo al pasado a vivir las vidas de sus otros yo. Tampoco creía tener una semana soñando, había demasiada realidad en eso. Había llegado a pensar que la hipotermia le había causado un coma y que todo aquello no era más que un sueño profundo de su subconsciente.

Eran demasiadas cosas en las que pensar.

Se quitó la bata y se metió en la cama solo con un fino camisón de lino que rasgaba en lo transparente.

Tenía que intentar dormir al menos.

Se cubrió con el edredón, cerró los ojos y trato de dormirse.

A la mañana siguiente Rin se despertó por los alaridos de los sirvientes. Parecía como si algo muy grave estuviera ocurriendo. Asustada, toco la campana para hacer subir a Megumi. La chica entro con su cara llena de preocupación.

— ¿Qué ocurre?

— Oh milady, es el conde. Está ardiendo en fiebre, el medico apenas acaba de llegar.

— ¿Esta en su habitación? —La doncella asintió —. Ayúdame a cambiarme.

Como la puerta principal estaba cerrada con llave, Rin entro por la puerta que conectaba su habitación con la de ella. Sesshomaru estaba acostado en la cama, el medico más ciego que un topo estaba a su lado revisando su herida.

— ¿Tiene remedio? — pregunto la condesa. Estaba justo detrás de Suikotsu, parecía que se lanzaría a vomitar en cualquier momento.

— No lo sé milady, si la herida fuera en una pierna o un brazo podríamos cortarla pero, al ser en su abdomen, no es mucho lo que pueda hacer.

La condesa ahogo un grito.

— Por favor, será mejor que espere afuera. La mejor opción es realizar un sangrado.

—No — mascullo Sesshomaru, su voz se escuchaba lejana.

—Milady el conde no está pleno juicio, la única manera de eliminar...

—¡Sobre mi cadáver! —Intervino Rin —Aleje esos cuchillos de mi esposo.

— No eres quien para venir a opinar — espetó la condesa —. Te agradezco que vuelvas a tu habitación y dejes el asunto de mi hijo a quienes de verdad nos importa.

—Sangrarlo lo matará —replico herida. En cierto sentido la entendía, lady Rin fue la culpable de esa herida.

—Si mi hijo muere tú serás libre. ¿No es eso lo que querías?

No, no es eso lo que quiero.

—Retírate.

—No, y no van a sangrarlo.

— ¿Qué otra opción hay? —escucho preguntar a Sesshomaru, respiraba pesadamente.

—Ninguna más que un milagro.

—Esperaré por el milagro entonces.

Suikotsu mascullo un par de cosas, la condesa le dio un extendido regaño. A Sesshomaru no le quedo de otra que escucharlos. Al final, el medico se quedó "curando" la herida, por al menos una hora. Necesito alumbrar con varias lámparas. Salió diciéndoles que pidieran a Dios por un milagro, la condesa salió junto con él dejándola sola.

Ella sabía los sentimientos que estaban pasando por su cabeza, pero no por ello iba a dejar que arremetiera contra ella. Fue lady Rin la que le clavo la espada, no ella. Además, si Sesshomaru la hubiera dejado casarse con el otro, ella no habría tenido que verse obligada a escaparse de él. En esta situación, ambos tenían el mismo nivel de culpa.

—¿Por qué me miras como si estuvieras a punto de regañarme? — preguntó él. Incluso agonizando por la fiebre se fijaba en ella.

— Megumi — llamó a la doncella ignorando a Sesshomaru —. Necesito que vayas a la cocina y me traigas agua hirviendo y un puño de sal, también tráeme unas tijeras, aguja e hilo, alcohol wisky o brandi, paños limpios de esos que no botan pelusas — se mordió los labios pensando en más opciones —. Creo que eso es todo, ah, trata de que no te vean y si lo hacen inventare cualquier cosa. Entra por el lado de mi habitación.

Mientras esperaba, se quitó el corsé, las medias, y otra sarta de artilugios más, se recogió en cabello en una cebolla y se calzo con una botas bajas. Se quedó solo con la tela gruesa del vestido y el abrigo. Descorrió por completo las cortinas para tener una mejor visión. Megumi volvió con su encargo media hora después. Para que la dejara sola, le entrego un papel con unas instrucciones, varias plantas que sabía que tenían propiedades antibióticas fueron anotadas, si encontraba por lo menos una seria de gran ayuda. Megumi se fue no muy convencida.

Fue hasta la mesita y promedio en una taza la cantidad de opio que dormiría al conde, si se equivocaba, por lo menos estaría lo bastante ido para no percatarse del dolor.

— No beberé esa cosa — se negó con un gruñido.

— Yo le recomiendo que lo haga.

Él negó con la cabeza, Rin farfullo una maldición. No había en la tierra un hombre más terco que este.

— Bien, no lo beba.

Dentro de poco se va a desmayar o por la fiebre o por el dolor.

Como supuso, él se había quedado dormido. Acomodando mejor los paños que tenía para bajarle la fiebre, descubrió su herida. Estaba fea, bastante fea. Lo primero que hizo, después de lavarse debidamente las manos, fue mojar un paño limpio con la solución salina que había preparado, luego limpio la herida. Al contacto Sesshomaru abrió los ojos, la maldijo con las peores palabras que conocía.

Ella permaneció regia.

— ¿Quieres el opio? — el negó con la cabeza, su mirada era la de un asesino —. Bien — Dejo caer otro chorro de agua salada.

El conde quiso levantarse, ella no lo dejo, al ver sus intenciones lo hundió contra la almohada. Si se puso así por el agua no quería ni imaginar cuando le colocara el brandi.

Comenzó a frotarlo con el paño.

— ¿Qué demonios me estás haciendo? — era más un delirio que otra cosa.

— Salvarte la vida. Cuando te limpie con el brandi y comience a cortarte la piel necrótica vas a ver a los mil y un demonios así que te sugiero que te bebas la maldita anestesia — más tarde se reprendería a si misma por decirle eso.

Rin mojó el paño con brandi, Sesshomaru gruño en cuanto lo toco.

— Dame la maldita cosa — Rin sonrió satisfecha.

Durante las próximas horas se dedicaría a limpiar y desinfectarle la herida. Trato de cortar solo lo necesario y tratarlo con el máximo cuidado posible. Era sabido que el post operatorio siempre era más llevadero si las manos del cirujano eran gentiles. Utilizo la aguja para suturar, al ser recta le dificultaba un poco el coser los puntos. Fueron 16 en total. Ahora solo necesitaba que Megumi trajera algo que pudiera ayudarle a mitigar la infección.

Rin cubrió la herida con una tela liviana de la misma forma que lo había hecho Suikotsu, lo baño con paños y agua no muy fría y le descubrió los pies y otras partes del cuerpo. De esa forma la fiebre tendría un lugar por donde salir.

Bajo al invernadero a buscar por ella misma algo que pudiera ayudar, se encontró con que había mucha gente, no podía ir y robarse alguna planta así como así. No quería que pensaran que ella era una bruja o algo por el estilo. Volvió a su habitación para encontrarse con su almuerzo frio. Se le había olvidado comer. Se sentó a comer y se dio una ducha.

Regreso después a la habitación del conde para notar que la fiebre ya no era tan alta, el ayuda de camara de Sesshomaru, Jaken, se había encargado de cambiar los paños y estaba repitiendo la acción en ese momento. El único problema es que le había tapado de nuevo los pies. Disimuladamente se sentó eng la cama y le saco ambos pies debajo de las mantas.

El hombre continúo haciendo su trabajo como si ella no estuviera, poco a poco el hombre bajito fue descubriendo partes del cuerpo del conde para lavarlas. Ella se llevó una sorpresa al ver que lo había desnudado, su vista lo recorrió entero. Grandísimo Dios, debería ser un pecado estar tan bien dotado. Se reprendió a si misma por la dirección que habían tomado sus pensamientos. No podía reaccionar así con el cuerpo de un hombre, era una simple anatomía masculina, nada más. Controlando su respiración ayudo al Sr Jaken a terminar su labor.

Mas tarde, en la madrugada, se vistió con unos de los abrigos a media pierna de Sesshomaru, se puso unos botines altos y se escabullo al invernadero. Cruzo a oscuras la casa, ella agradeció la luz de la luna una vez que estuvo afuera. Hacia un frio doloroso. Abrió con sumo cuidado las puertas francesas, por suerte, no solían cerrar con llaves. El cambio climático fue instantáneo, encendió la lámpara a gas y echó a andar. A simple vista, no había mucho que pudiera usar, si estuvieran en un clima más cálido las probabilidades serian mejores. Rin gimió arrugando la frente, no podía darse por vencida. Siguió su camino por un nuevo pasillo y en ese momento se percató de una planta un tanto marchita.

Por supuesto, la planta moribunda de Irasue era nada más y nada menos que una planta de aloe.

Rin sonrió incrédula ante su suerte, o bueno, la suerte del conde. Estaba un tanto fea, pero serviría, por lo menos para mitigar la infección y mantenerla libre de bacterias, claro, eso si es que ya no tenía miles de bacterias dentro por las "maravillosas" técnicas de Suikotsu. En fin, como fuera, ya tenía en sus manos algo que podía y, seguramente, ayudaría a salvar al conde. La recogió tal y como estaba, la escondió dentro de su abrigo, apago la lámpara y se fue.

Al cruzar las grandes puertas vio la luna en lo alto, las estrellas inundaban el cielo. En su tiempo jamás habría podido apreciar una noche como esa, las luces de la ciudad le impedían si quiera alzar la vista al cielo, en ese momento, una estrella fugaz se ilumino por un instante, deseaba poder volver a su casa. Al cerrar los ojos con anhelo, se dio cuenta de una cosa; podía irse si quería. En este momento no había nadie vigilándola, Sesshomaru estaba inconsciente, los sirvientes de la casa estaban preocupados por su amo, el ayudante de cámara y su doncella pensaban que ella estaba en el habitación del conde. Podría simplemente salir corriendo hacia el bosque camino a la cueva. Su hogar, sus padres, su hermana, sus amigos, su vida. Podía recuperarla si tan solo corría. Camino varios metros hasta la intercepción, a la derecha; Sesshomaru, a la izquierda; su hogar. Tenía que hacerlo, esta era su única oportunidad.

¿Por qué sus pies no se movían?

Le había hecho una buena cura a Sesshomaru, si la mantenía así, probablemente sobreviviría, en su registro no había muerto por esa herida, murió por escarlatina.

"Lord Sesshomaru murió unos meses después por razones misteriosas"

Eso era lo que le habían dicho los hermanos, murió unos meses después, no a los días. Unos meses después. En ese momento comprendió algo de lo que se había olvidado.

¿Cuánto tiempo le quedaba en realidad al conde?

Cerró los ojos y dejo que una lágrima cayera. 1827 el año donde él había muerto a los 31 años. Justo el año al que entraron esa madrugada.

Si se iba, él moriría. Si ella no lo salvaba— Se dio la vuelta sin pensar en nada más. No podía irse, no todavía.

Una vez en su habitación, escondió la planta dentro de una gaveta. Pelo el cristal en el baño y trato de cubrir el olor con aceites. Después de lavarla bien, hizo una pasta como la abuela le había enseñado. Con esta cubrió la herida. Volvió a colocarla como la dejo Suikotsu y se acostó a dormir a su lado.

Esa noche, la próxima y la siguiente durmió con él.

Por algunos momentos él se despertaba llamándola, ella lo calmaba con palabras suaves y le decía que todo estaría bien. La frustración que Rin sentía como médico era insuperable, quería administrarle algún medicamento que le bajara la fiebre y otro que contrarrestara la infección, pero no tenía ninguno. Ni una píldora. Sesshomaru deliraba mucho. Decía cosas sin sentido. Hablaba con sus hermanos y su padre.

En una ocasión cuando estaban en medio de la noche comenzó a hablarle a ella, le decía cosas sin sentido y otras tan reveladoras como; "no voy a dejar que te cases con él" "vas a ser mía" "él es un idiota que no luchó por ti". Por suerte se calmó al cabo de un rato. Tenía momentos leves de conciencia en los que Kaede lo obligaba a comer, ella aprovechaba esos momentos para tomar un baño, comer o cualquier cosa alejada de él, a decir verdad, temía que el conde le dijese algo acerca de porqué tenia conocimientos de medicina.

Para el sexto día, la fiebre había mitigado lo suficiente para permitir que él recobrara la conciencia por más tiempo. Rin había salido huyendo del cuarto, Jaken y Kaede tomaron sus puestos, se tuvo que obligar a volver a usar el corsé debido a que Suikotsu vendría esa mañana a verlo, se sentía ahogada, agotada y un tanto nerviosa puesto que estaba escuchando a Sesshomaru dar órdenes a por doquier.

Al cabo de un rato decidió ir a verlo, Sesshomaru permanecía recostado a la almohada, el ama de llaves, la sra Kaede, le había traído un caldo y estaba empecinada en hacérselo tomar. Él parecía un niño negándose a beber algo tan asqueroso. La discusión parecía la típica entre una abuela y su nieto. Ella sonrió al ver la escena desde la puerta que conectaba con su habitación. El conde enseguida se giró a verla.

— Veo que ha amanecido con mejor humor, milord — dijo ella con diversión.

— No tanto como lo desearía.

— Debería comer, pasó 6 días sin probar más que unos sorbos de caldo.

— Y ahora entiendo por qué.

Kaede logró a la fuerza hacerle tomar la mitad del tazón. Rin se quedó observando la tormenta por la ventana. Sesshomaru volvió a quedarse dormido presa del cansancio.

Suikotsu llegó por la tarde, la tormenta fue la culpable de su retraso. El hombre subió a la habitación esperando encontrarse con un Sesshomaru a punto de morir. Para su sorpresa lo vio discutiendo con su ayuda de cámara, al parecer quería levantarse.

—Milord — exclamó asombrado —. Esto es un milagro.

— Nada de eso, ha sido usted un excelente médico — dijo la condesa — el trabajo que hizo fue asombroso.

Rin se llenó los pulmones de orgullo.

Un incrédulo Suikotsu descubrió la herida cubierta por la tela que Rin se había encargado de mantener siempre limpia y cubierta con ungüento. El medico abrió los ojos con asombro. Rin lo vio abrir y cerrar la boca varias veces. Ni siquiera se atrevió a tocarlo. Tal y como esperó, no dijo nada. Se iba a atribuir su trabajo, en realidad eso era lo que quería, pero eso no quería decir que no le molestara.

— Por favor, continúen con mi último tratamiento.

Casi entre llantos, dejaron ir al médico.

Más tarde la escena entre Kaede y Sesshomaru se repitió. La anciana estuvo a punto de darse por vencida cuando Rin intervino.

— Si quiere puedo dárselo yo — sugirió ganándose la mirada inquisitiva del conde — No voy a envenenarlo.

La mujer le soltó la taza aliviada.

Rin le extendió la cuchara, él abrió la boca a regañadientes.

— Buen chico — se rio por lo bajo —. ¿Mejor?

—Me siento como un inútil.

— Si comes, te pasará la debilidad — ella estiró la mano para tocar su frente —. Ya no tienes fiebre, con suerte, en un par de días volverás a la normalidad.

Rin retiró su mano o por lo menos, eso fue lo que intento hacer antes de que él la atajara. Su tacto la electrifico, él se llevó su mano a la boca dándole un suave beso. Ella se estremeció con su contacto, después de soltarse, se llevó la temblorosa mano al pecho.

Se quedaron en silencio por un largo rato.

Rin se preguntó si le iba a decir algo de lo que ella había hecho. Al parecer él o no recordaba nada o pensaba dejar pasar el asunto. Viéndolo bien, ahora lucia tan diferente a unos días antes, hace unas horas se veía tan vulnerable, como alguien alcanzable. Sin embargo, sabía que la estaba mirando de esa forma confundiéndola con otra mujer, se sentía bien con ella por quedarse a su lado. Si tan solo ella pudiera ser la dueña de sus sentimientos.

¿Qué clase de pensamientos eran esos?

Por primera vez ella se sentía posesiva acerca de alguien.

¿Qué diablosle estaba pasando? Presa de la confusion se levantó. No posia seguir asi.

— ¿A dónde vas?

— A mi habitación, ya es tarde.

— Quédate.

Rin casi se cae con la silla.

—Sesshomaru— no creo que—

—Soy inofensivo. — Se encogió de hombros — Por esta noche, quédate, aunque solo sea para cuidar que no vuelva la fiebre.

Rin se encontró a si misma asintiendo, en su mente se convenció de que lo que quería era seguir cuidándolo de la fiebre.

— Voy a cambiarme y vuelvo.

Regreso a la habitación cubierta por un albornoz de algodón, al quitársela dejo ver una bonita camisola a juego, esta le llegaba a la mitad de los muslos. Toda la luz que había era la de la chimenea y la que entraba por la ventana. Se metió a la cama sin prisa, él acarició su cabello suelto.

—Me gusta ser el único que te ha visto de esta manera.

No lo eres, en realidad, siempre llevo el cabello suelto y he ido muchas veces a la playa— También, una noche me pase de tragos y termine con un topless.

Ella se mordió los labios con mortificación. Si Sesshomaru pisaba el 2019 se moriría de un infarto. Sin darse cuenta, ella termino relajándose. El conde había estado jugando con su cabello, no le había tocado un solo centímetro de piel y al cabo de un rato, se quedó dormido. Rin también se permitió dormirse, por primera vez en todo el tiempo que llevaba en el pasado, descansó.

Por la mañana, pequeños golpes a la puerta la sacaron de su letargo. Escucho gruñir a Sesshomaru detrás de ella. Eso hizo que sus ojos se abrieran de golpe. Tenía un brazo fornido rodeándola por la cintura y otro más sobre su cabeza, sus piernas estaban entrelazadas de alguna manera. Rin casi dio un salto cuando Jaken entro.

— ¿Qué haces aquí? — gruño el conde. Por poco la hace desaparecer debajo de las sabanas. Rin se rio por lo bajo, definitivamente se infartaría si la hubiese visto en una playa usando un traje de baño.

—Disculpe milord, sucede que hay un asunto muy importante abajo.

— ¿Qué asunto?

Rin bajó la escalera, obligada.

—Rin— Oh mi Rin ¿Estas bien? — la mujer en cuestión la abrazo, un hombre de unos 50 estaba parado detrás de ella mirándola con reprobación.

— Estoy perfectamente — respondió ella.

—Kagome nos dijo lo que sucedió. Por eso vinimos a buscarte — aclaró la mujer.

—Sabía que esto era una pérdida de tiempo — declaro el hombre tras ella —. Nuestra hija está perfectamente bien, al lado de su marido — recalco con fuerza.

— ¿Es eso cierto?— pregunto la mujer que se suponía que era su madre.

—Por supuesto madre.

— Estaba tan preocupada de venir y no encontrarte.

— Ya ha comprobado por usted misma la salud de su hija — la voz profunda de Sesshomaru retumbo en la sala.

— ¿Qué haces levantado? Te dije que me esperaras en la habitación.

Él se puso a su lado antes de que ella terminase su frase.

Saludo con una inclinación de cabeza a su padre y su mirada se perdió al fondo, justo donde estaba parada una mujer de cabello azabache. La chica lo veía desafiante y él, no se quedaba atrás. Parecía como si estuvieran teniendo un duelo de voluntades.

La joven no llevaba ropas tan finas, pero tampoco eran las de una criada, se vestía más bien como Megumi— Megumi su doncella, entonces si se vestían igual, era posible que esa chica fuera— No, no solo era posible, más bien era seguro. Esta chica no era otra que Kagome, la doncella de lady Rin, aquella que la ayudo a escapar y, muy probablemente, a rebanar al conde.

¡Santo Cielo! ¿Qué voy a hacer ahora?