Actualizado al (11-2022)
RESUMEN
Los planes de Rin Taisho se ven arruinados cuando su padre le dice que han heredado un titulo nobiliario y deben trasladarse a la propiedad de inmediato. La casa vieja mantiene a Rin recelosa hasta que su hermana hace un escabroso descubrimiento; la antigua condesa es idéntica a ella, tanto en nombre como en apariencia. Intrigada decide buscar información sobre sus antepasados descubriendo un pasado oscuro al rededor del matrimonio con el antiguo conde Sesshomaru Taisho. Para su mortificación pronto se ve obsesionada con un retrato del conde e inconscientemente la noche de navidad pide un peligroso deseo.
"—Sesshomaru Taisho, como deseo haberte conocido"
SIETE
Calma, respira.
— Lord Naraku Matou, lady Hitomiko. Es una sorpresa tenerlos aquí. No esperábamos su visita — esa fue la condesa que había llegado en el momento justo a salvar el día.
— Nos vimos obligados a venir, ya que, se nos informó de una noticia, a todas luces, alarmante — respondió el lord notoriamente irritado.
— ¿Puedo saber qué ha sido? – preguntó la condesa. Rin sintió como la mano del conde se tensó en su cintura, tal y como si fuere una advertencia.
—No tiene importancia – respondió lady Matou —. Ya hemos comprobado que es falso. Al decir eso miro hacia la chica del fondo.
Rin se sintió mal por ella, muy probablemente, había dicho la verdad.
—Por favor, vayamos a un lugar más íntimo — repuso la condesa —. Deben estar cansados por el viaje.
La condesa dijo unas cuantas cosas más al sirviente, era todo un protocolo el asunto de la bienvenida a los visitantes, más si eran sus padres. Al cabo de un rato las pertenencias de los progenitores ya estaban emplazadas en una de las habitaciones de Holly Sword. El asunto por el que habían venido estaba aún sin responder. La condesa, haciendo alarde de sus habilidades como anfitriona, los traslado del salón de recibo a uno de los salones privados que les permitía más intimidad.
Como siempre sucedía, Rin se maravillaba al ver que, el salón feo y descuidado que ella vio por primera vez junto a su hermana, pudiese ser tan bonito. Al saloncillo entraron; los padres de Lady Rin Lord y Lady Matou, Lord Sesshomaru, la condesa Irasue, la doncella Kagome y ella. .
— Oh mi Rin — la madre le dio un cálido abrazo llevándola con esto a sentarse a su lado -—. Estaba tan preocupada — su voz se volvió un susurro — Kagome vino a High Stone y nos contó que—
— ¿Qué—? — inquirió Sesshomaru con su típico tono gélido. Lady Hitomiko dio un brinco por la sorpresa de que la hubiese escuchado.
Oídos infernales que tiene.
— Nos dijo que nuestra hija había desaparecido — respondió Lord Naraku, que también la había escuchado, sin darle tiempo a su esposa.
— Desaparecido — repitió ella por inercia. Eso era lo que había sucedido después de todo. Lady Rin desapareció y nadie pudo encontrarla. Ella se había perdido en el caos ¿Podría ser que…?.
—La señorita Higurashi estaba tan alterada que pensé que había pasado lo peor — se apresuró a decir la madre —. Encontrarte sana y salva ha sido un alivio. La señorita Higurashi tendrá que explicarnos por qué ha dicho tal mentira.
—Yo no mentí — la doncella salió de la esquina —. Lady Rin desapareció después de que… — Kagome la miró directo a sus ojos, como si buscase su aprobación para contar lo que sabía.
Rin no hizo nada más que quedarse como una estatua. Si se la comparaba, podría decir que, estaba experimentando alguna imitación del rigor mortis. El estado no le permitía siquiera voltear a ver al conde que estaba bastante segura, que, en estos momentos, quería asesinar a esa chica y, probablemente, también a ella.
A ella, a mí. A lady Rin.
¿Querría el conde asesinar a su esposa?
El rigor mortis se unió con hiperventilación, maldito corsé que le apretaba los pulmones y no dejaba que entrara el aire correctamente.
—Mi lady, usted tenía dos días perdida. Todos en la casa la estaban buscando, incluso el conde — le dijo a ella.
— Ya no nos sirven de nada las mentiras — dijo lady Hitomiko —. Resulta obvio para todos nosotros sus intenciones.
— ¿Mis intenciones? — cuestiono la doncella, en sus ojos se veían claramente las amenazas de las lágrimas.
—Por supuesto, quiere causar una discusión entre...
— Un momento, madre — Rin la interrumpió al darse cuenta de lo que le esperaba a la chica si ella no hacía algo —. La señorita Higurashi no mintió, yo… — al decir esto sintió que los ojos del conde la atravesaba, lo vio de soslayo para encontrarse con su peor mirada de: «te voy a matar si cuentas la verdad» Si tan solo él supiera que su verdad era muy distinta a la de él —… me perdí en el bosque — continuo, la mujer que decía ser su madre le devolvió una mirada confundida. Probablemente estaba metiendo la pata, pero, no podía dejar que la doncella cargara con un castigo cuando su único crimen había sido el ser leal a lady Rin.
— ¿Cómo se pierde una mujer de tu edad en el bosque? – inquirió esta vez lord Matou.
Sesshomaru no le quitaba la vista de encima.
Cálmate y repite. Mientras más parecido a la verdad, más fácil es de sostener.
—Yo estaba en el salón... El que tiene la gran chimenea, y vi a una mujer afuera, me causó curiosidad y quise ver si algo le había pasado. No vi a nadie, cuando iba a volver dentro la vi, estaba parada en la entrada del sendero que va al invernadero. Pero también estaba un lobo, uno muy grande, entonces la mujer me dijo que corriera. Corrí hasta que me caí, por suerte la nieve amortiguo la caída. Cuando desperté el lobo no estaba, moría de frío, ahí fue cuando vi la cueva y me metí dentro a esperar a que alguien me ayudara. Lord Sesshomaru me encontró un día después.
— Si eso es cierto ¿por qué no se nos notificó? — disputó Matou molesto.
— Como el asunto no transcendió a mayores, no lo consideramos necesario — intercedió la condesa Irasue. Claramente, estaba tratando de calmar la pesadez que se estaba formando.
— No consideraron necesario el informarnos que mi hija menor estuvo a punto de morirse de frio en una cueva. Pensé que la familia Taisho sería más responsable y, usted… — apuntó a Sesshomaru, sus miradas se cruzaron e inmediatamente después cerró la boca. Tal y como si entre ellos existiera algún tipo de pacto secreto. Después de una larga pausa, agregó —. Me informará de cada cosa que suceda con mi hija — a Rin se le erizaron los vellos con esa declaración.
— En el futuro, lo haremos — manifestó Irasue.
—Ya que va a enterarse pronto… — habló Sesshomaru, al fin.
En ese momento sonó la puerta, la condesa Irasue abrió el cerrojo dejando pasar a un lacayo que les informó que podían pasar al comedor a desayunar. El ambiente pareció relajarse, solo un poco. La señorita Higurashi, por órdenes de lady Hitomiko, abandono el salón junto con los sirvientes. Se trasladaron al comedor casi de inmediato.
Rin vio como Sesshomaru hizo una ligera mueca cuando se levantó, también estaba un poco más pálido de lo normal, sin embargo, eso no le impidió ofrecerle su brazo a ella y a lady Irasue para escoltarlas al comedor. Lord Matou hizo lo mismo con su esposa. Cuando sirvieron el desayuno habría jurado que lo escucho soltar un pequeño gemido de satisfacción, no por nada llevaba varios días tomando solo caldos y una que otra fruta.
Por la próxima hora, dejaron la discusión a un lado y se dedicaron a conversar sobre trivialidades. Se llegó a mencionar la fiebre de Sesshomaru de los últimos días, aunque, no se dijo cuál había sido la verdadera razón. También se mencionaron algunos cotilleos de la ciudad, no conocía a absolutamente nadie de los nombrados, ella solo se dedicaba a asentir y seguir la corriente. En verdad esperaba que Dios la ayudara. Rin sabía perfectamente que el asunto de la desaparición no había terminado, lo veía en los rostros de ambos progenitores. También sabía que Sesshomaru y lord Matou tendrían una discusión a solas, una en la que hablarían sobre cosas que no se mencionaban frente a las mujeres en esa época. También sabía que tenía que hacer algo por la doncella.
Una hora después un lacayo vino a informar que las habitaciones estaban listas. Lady Irasue los invito a irse un rato a descansar. Rin le agradeció internamente, la situación ya se estaba sobrepasando de estresante.
Lady Hitomiko la tomo del brazo con sutileza. Su intención, claro estaba, era que ella la acompañase. Quería hacerlo, por supuesto. Necesitaba averiguar que era exactamente lo que la doncella de lady Rin, Kagome, le había dicho. Estaba comenzando a sospechar algo que había pasado por alto, o que mejor dicho, no había recordado hasta ahora. Sin embargo Sesshomaru no tenía intenciones de dejarla ir.
—Lady Matou, permítame llevarme un rato a lady Rin. Necesito ponerme al día con algunas cosas de la propiedad— aunque fue dicho con sutileza, el lenguaje corporal del conde Taisho no dejaba huecos a negarse.
— Por supuesto — respondió la progenitora con decepción —. Por favor, ve a verme en cuanto termines.
—Seguro, madre.
En cuanto desaparecieron de la vista de los «invitados» todo rastro de caballerosidad abandono al hombre que ahora la llevaba casi a rastras hacia el despacho.
Maravilloso.
El conde cerró la puerta con llave. Rin se quedó sin aire por dos razones, la primera; porque estaba mirando hacia el escritorio de roble donde él la había besado el otro día y, la segunda; porque su cerebro no paraba de repetirle las palabras de Shippo.
"—Incluso algunos dicen que estaba embarazada de su amante y por eso Lord Taisho la dejó dentro, otros dicen que ella misma huyó—"
Ella sacudió la cabeza ante ese recuerdo, él no la había acusado de adulterio, solo de haber besado a otro porque besaba diferente. Además, en muchas ocasiones se habían quedado a solas y, lo más resaltante, fue él quien la salvo de morirse de hipotermia. No, no podía él ser quien «desapareció» a lady Rin. No podía, ni quería, pensar en esa posibilidad.
— No quiero verte cerca de esa mujer — lanzó él detrás de ella. Por supuesto, debió suponer que eso era lo que él quería; mantenerla lejos de la mujer que la ayudo a escapar.
¿Estaba lejos o cerca?
Necesitaba calmarse o él descubriría que algo estaba mal.
— No tengo intenciones de que se quede — respondió despacio —. Solo me gustaría despedirme. Y quiero que se le dé una carta de recomendación para que pueda encontrar un trabajo en el futuro — agregó recordando que las mujeres en esa época necesitaban cartas de recomendación para encontrar nuevos trabajos.
—No soy tan generoso milady – La piel de Rin se erizo ante el tono sardónico de su voz.
—Ella no tiene la culpa — se giró. Mala idea, se dio cuenta inmediatamente después. Estaba muchísimo más cerca de lo que ella había creído. Era como un depredador a punto de cazar a su presa. Dicha presa, por supuesto, era ella. Tragó grueso antes de seguir —. Fui yo quien decidió huir, no tiene por qué castigarla. — Si no fuese porque ella había decidido quedarse, los padres de Lady Rin se habrían encontrado con el escenario descrito por Kagome. Si el futuro de esa chica cambiaba, sería solo por culpa de ella.
—No hay ningún beneficio para mí en cumplir tu deseo — de una forma camaleónica cambio de amenaza a seducción.
Beneficio para él, por todos los cielos. ¿A dónde se había ido el aire y por qué le costaba tanto respirar?
— ¿Qué clase de beneficio quiere? — le siguió el juego, elevando su rostro para mirarlo a los ojos. Estaba tan cerca que podía sentir el calor que emanaba.
— ¿Qué estas dispuesta a darme? — susurró cerca de sus labios, examinando el terreno.
Eso es lo que quieres.
—Le ofrecería un beso —musitó acercándose, inclinó ligeramente la cabeza rozando con sus labios, por menos de un segundo, la barbilla masculina. Lo sintió respirar profundo —. Pero ha dejado claro que no le gusta mi manera de besar. — Se giró tan rápido como los molestos trapos que llevaba puestos que se hacían llamar vestidos la dejaron —. Así que le ofrezco la paz. Si no la quiere, mis padres bien pueden hacerle dicha carta y despedirse de ella por mí — desde donde estaba Sesshomaru, no podía ver su sonrisa.
— ¿En qué consiste esa paz? — le pregunto él más de un minuto después.
— Por lo pronto — cruzó su mirada con la dorada desde la distancia —, en llevarlo a acostar. Si no guarda el debido reposo la herida puede abrirse e infectarse nuevamente.
—No me voy a ir a dormir mientras tú te vas a hacer planes con tu alcahueta — declaró tajante.
— Bien, no hay paz. No hay nada. Muérase de septicemia — estalló. Ese hombre no podía ser más cabezotas. Había muchísimas cosas más allá que estar vigilando a una mujer que no lo quería. Porque Lady Rin, a la que él quería, estaba enamorada de otro y, estaba segura, que había hecho cuanto estuvo en su poder para huir con otro hombre.
En cambio ella, había pasado una semana entera cuidándolo como su enfermera particular, luchando con la fiebre, las bacterias y todas las carencias de la época... Había tenido que coserlo con una agua incomoda, preparar ungüentos, infusiones con plantas que en su vida pensó en usar, despertar de madrugada para bajarle la temperatura y lo más resaltante era que había elegido quedarse por un tiempo en lugar de irse a la cueva a intentar regresar a su hogar. Por él, porque viviera. Sin embargo a este individuo no le costaba nada tirar todo su esfuerzo por la borda a causa de celos.
A ella no le interesaba si dichos celos eran justificados o no, el hecho de que su trabajo no fuere valorado la indigno.
— ¿De qué? — cuestionó el conde extrañado.
Ay, rayos Rin. Por qué no puedes controlar los términos que usas.
— Digo que al doctor Suikotsu le costó mucho aplacar la infección — aunque fue por muy poco, Rin vio un atisbo de sarcasmo en su mirada. Estaba comenzando a tornarse molesto el cargar con los pecados de otra persona. Además el trabajo no había sido del doctor, fue ella quien limpió su herida, quien se quedaba en vela bajándole la fiebre, quien sosiego sus pesadillas.
Pase unos días infernales pensando que se iba a morir.
— ¿Cargo de conciencia o te preocupaba tú futuro?
— ¿Eh?
— Acabas de decir que pasaste unos días infernales pensando que iba a morirme.
Demonios. No dije eso en voz alta. ¿O sí?
—O quizás… — él acabo con el espacio que quedaba entre ellos, una de sus manos la cogió por la barbilla. Rin se electrifico, todas y cada una de sus terminaciones nerviosas sintió esos dedos acariciándola. En consecuencia, ella no pudo hacer nada más que dejarse guiar a sus ojos —. ¿Debo aguardar alguna esperanza de ser yo lo que preocupaba? — ¿por qué tenía que preguntarle eso? Sus ojos exigían una respuesta.
Quería decir que si, que lo único que le preocupaba era él. Que moría por corresponderle.
—Nunca dije que no me gustase – agrego él, respiraba lentamente con los labios entreabiertos.
— ¿El qué? — balbuceó ella al ver que se quedaba en silencio.
— Tu manera de besar.
Sin darle tiempo a responder, la besó. Lento y despiadado. La saboreo como a un dulce exquisito. El calor inundo a Rin, el clima en habitación se sentía como un día en un trópico en el caribe, en lugar de un frio invierno en algún paraje de Hampshire.
— Te deseo — admitió él con un gruñido. Sus manos recorrieron toda la longitud de su espalda, pegándola a él.
Yo también lo hago.
La ropa le molestaba, el corsé no le permitía sentir las manos masculinas como ella quería. En su necesidad por mas, Rin profundizo el beso, dejándose llevar por sus instintos. Sesshomaru gruño en su boca y empujo sus caderas hacia ella. Rin sintió su erección y todo el calor que emanaba, a pesar de los metros de tela que los separaban. Si podía sentirlo de esa manera, ¿cómo sería estando completamente desnudos? ¿Que se sentiría estar piel con piel? Quería tocarlo, sentir sobre sus pezones su pecho desnudo. Él la estaba devorando y ella se ofrecía a su degustación.
Sesshomaru comenzó a guiarla hacia algún lugar, tras unos cuantos pasos cayó sobre el sofá de cuero. Rin estaba reclinada y él apoyaba sus brazos a ambos lados para no dejarse caer sobre ella. Él conde comenzó a bajar por su garganta, Rin separo sus piernas para permitirle acomodarse entre ella. Ahora estaba arrodillado, sus manos buscando debajo de su falda y su boca hundida en el medio de su pecho.
Rin estaba a punto de perder la razón.
— Milord le he traído los informes que me pidió — a Rin casi le da un infarto. Estaba tan absorta que no se había percatado de los toques a la puerta.
— Los veré después — respondió Sesshomaru, su voz no sonaba como de costumbre. Él apretó los cojines a sus costados y se detuvo para mirarla a los ojos.
— Pero milord— el hombre tras la puerta parecía no querer rendirse —. Los inquilinos esperan una respuesta.
— Maldita sea — masculló Sesshomaru. Solo ella pudo escucharlo.
Rin trago grueso en el momento en que Sesshomaru se levantó. También se percató de que a él le costó ponerse de pie y, muy probablemente, de manera inconsciente, él se había llevado una mano al lugar donde tenía la herida. Si seguía así podría conseguirse una hernia. Todavía no estaba completamente curado.
— Bájate las faldas — le ordenó con dureza.
Rin se ruborizo al ver que tenía un montón de tela arrebujada en sus muslos. Podría ser descarada y no obedecer, total, no estaba mostrando nada indebido. Para ella, claro estaba. Pero él no era alguien común, no era cualquier persona que hubiese visto sus piernas, o las de cualquier otra en una foto. No. Este hombre la estaba atravesando, devorando, quemando y cualquier otro sinónimo de esas palabras, con la mirada. Así que ella le hizo caso, se acomodó el vestido, como pudo, y se levantó.
— ¿Quiere que abra? — consiguió preguntarle después de oírlo decir que en un momento abriría.
—Por supuesto que no — espetó.
—Pero dijo que— milord no debería beber — él conde la miro como si estuviera loca. Ella no le prestó atención y detuvo la ascendida del vaso lleno de algún licor caramelo. Se arrepintió enseguida de haber establecido de nuevo un contacto entre ellos.
— Mírate — hizo que se girara y empujo su rostro hacia abajo. Ella se relajó al ver el espejo que servía de bandeja para la botella de licor —. Tu piel esta roja, tus labios henchidos — al decir eso le pasó un dedo mojado de lo que saboreo como brandi, lo introdujo en su boca. Rin no se resistió a mordisquearlo y acariciarlo con la lengua. Él bramo detrás de ella, la atrapó por el vientre y la pego a él. Ella sintió de nuevo como empujo su erección esta vez en su trasero. El dedo de Sesshomaru aún estaba en su boca, aprovechándose de eso, él hizo que estirase el cuello, recargando su cabeza en alguna parte de su pecho —. Todo en ti dice lo que te acabo de hacer — su mano libre ahora estaba sobre su pezón, Rin gimió en el momento que lo apretó — Mírate —volvió a empujarla hacia el espejo, ella estaba concentrada en, las ahora dos manos, que atormentaban sus pezones —. Abre los ojos — lo escucho ordenarle, su mente empañada por el placer se reusó a hacer cualquier cosa que la distrajese — Abre los ojos de una maldita vez.
Rin separó de golpe sus parpados. La mirada dorada brillaba en el distorsionado espejo de la bandeja. Había algo en su expresión, algo en él, Rin no podía distinguir que era. No era la mirada de alguien enamorado, era mucho más que eso, más que pasión o deseo. Era algo que le contraía el estómago, que aterraría a una chica con la descripción que conocía de Lady Rin.
—Quien te posee soy yo — no quería verlo —. No — la mano en su garganta la devolvió al frente del retorico espejo —. Quieras o no a quien le perteneces es a mí. Así que no trates de cometer ninguna tontería o haré que te arrepientas.
Esa manera de hablar, esa posesividad.
—Sesshomaru — pronunció su nombre en un jadeo —. Me estas lastimando. —Si decirle eso no lo hacía reaccionar, comenzaría a tener miedo.
Como si de romper un hechizo se tratase, el cuerpo del conde se aflojó a la mención de su nombre. La dejó libre inmediatamente después. Lo sabía, pensó ella. Eso era lo que lo molestaba, celos. Al pensar que ella, con los ojos cerrados se estaba imaginando a otro. Sin embargo aquello no la tranquilizaba. ¿Hasta donde era capaz de llegar Sesshomaru por celos? Esa mirada que había visto hace un rato, le causaba un desazón en el estómago. Era como si de alguna forma mostrara una parte perversa de si mismo. Una parte oscura que mantenía a raya y solo salía con lady Rin.
A lo largo de su vida había escuchado un sinfín de casos de mujeres asesinadas por sus parejas en un ataque de celos. Crimen pasional, solían decir en las noticias. A menudo, el atacante declaraba que lo había hecho cegado por la rabia provocada al descubrir a su pareja con otro. Los allegados comentaban que eran una pareja modelo, que el atacante era un esposo ejemplar y sinfines de cosas parecidas.
Esta persona que tenía frente a ella era completamente capaz de asesinarla, si quería. La triplicaba en fuerzas, era ágil e inteligente. Pero perdía la cordura en cuanto a lady Rin. Muchos amantes se declaraban obsesionados antes de la fatalidad.
¿Obsesión?
Podría ser que lo que él sentía fuese obsesión.
¿Estaba obsesionado a tal punto de intentar asesinar a su esposa?
Podría ser que la dejó en la cueva y luego se arrepintió, o que había ido allí porque sabía que había dejado a lady Rin en otro lado y al encontrarla a ella, amnésica, revivió su locura de posesión, creyendo que eso era como una segunda oportunidad.
Dos cosas retumbaban en su mente ahora mientras veía al administrador de la propiedad sentarse frente al escritorio de roble y Sesshomaru, de forma extremadamente camaleónica, cambiaba su actitud. La primera de ellas apenas ahora emergía como una interrogante en su cabeza; ¿Dónde demonios estaba lady Rin? Y la segunda era aún más espeluznante; si Sesshomaru había realmente atentado contra la vida de su esposa, significaba eso entonces que ¿él sabía que ella era una impostora?
Necesitaba hablar con la doncella, de inmediato. Solo ella podía darle las respuestas que necesitaba.
Lady Hitomiko Matou era mujer dulce, lo había sabido con su cálido abrazo de madre. Su preocupación y alivio habían sido transmitidos hacia ella con tanta genuinidad que le resultaba imposible relacionarla con la típica madre frívola que solo quería emparentar por conveniencia.
—Mi pequeña Rin — le había dicho cuando estuvieron solas en el carruaje —. Espero que al regresar podamos tener un momento para nosotras.
Por otro lado, Sesshomaru no tenía nada de dulce, era calculador en todos los sentidos. Sin embargo no sería más inteligente que ella.
—Lo tendremos — respondió ella antes de que su doncella, Megumi, subiese con ellas. Lady Irasue subió varios minutos después.
El vehículo emprendió su marcha.
Rin suspiro ante la blancura del paisaje. En algunas partes parecía como si el tiempo no existiera como si fuese un día más de su época. Después de unos 20 minutos de viaje hicieron la primera parada.
Era parte de los deberes de la condesa llevar cestos con comida a los inquilinos que la pasaban mal en invierno. Era eso lo que justamente estaba haciendo en compañía de Lady Irasue y Lady Hitomiko. Por supuesto, Sesshomaru lo vio perfecto para ese día, cuando el administrador le menciono que varias familias necesitaban de su ayuda, en seguida, lo vio como una oportunidad para mantenerla ocupada y la envió a preparar las cestas con alimentos mientras que él ordenaba que les preparasen el transporte. Claro está que no la dejaría ir sola, así que se fundamentó en que lady Irasue siempre lo hacía y por eso ella también debería ir. La madre de lady Rin también quiso ir y, por último, Sesshomaru le encaletó a la doncella que, ahora pensaba, tenía para vigilarla.
Era probable que cuando volviera ya hubiese volado a Kagome de la propiedad.
Con su mejor sonrisa bajó del carruaje, estas personas no tenían la culpa de embrollo en el que ella está metida.
Al finalizar la tarde Rin había conocido al menos a cinco familias, todos habían sido amables y corteses con ella. Los primeros eran una pareja de ancianos con un niño de unos 14 años, su madre había muerto hace algunos años y el joven era el único familiar que tenían. Los demás eran parejas con demasiados hijos y ancianos con ellos. No obstante, los últimos que visitaron eran una pareja joven, sin hijos. La chica era quien más le había llamado la atención, lucia sombría, infeliz. Aunque se había esmerado por sonreír sus ojos delataban el dolor que sufría. Más adelante, en su conversación conoció que tenían unos cuatro años de casados y que en todo ese tiempo no había sido capaz de concebir. Era frustrante no poder hacer algo para ayudarla.
Hitomiko le había dejado un par de recetas de remedios para aumentar la fertilidad, Rin sabía que nada de eso le funcionaria, aun así no intervino más que para darle palabras de aliento a la mortificada mujer.
De cualquier forma, lo más llamativo había ocurrido después, justo cuando estaban abandonando la casa, una jovencita, de unos once años, salió de la nada espantando a Hitomiko, esta última había pegado un alarido que no encajaba con la definición que tenia de una dama. Aun así, después de la impresión, quien tenía cara de espanto no era Hitomiko sino la jovencita.
En el rostro infantil no había otra cosa que asombro y confusión, como si algo de lo que estaba viendo le resultase sorprendente. Alguien la llamó por su nombre, Mio, escucho gritar a un hombre. Mio dejó de mirarla para regresar por donde había salido.
¿Por qué esa chica, Mio, había reaccionado de esa forma al verla?
Hitomiko e Irasue sin prestarle atención al suceso se fueron hasta el carruaje. Rin se vio obligada a seguirlas, pero antes de que pusiera el pie sobre la madera del vehículo, la joven esposa le susurro algo que la dejó helada.
"Gracias milady. Su secreto estará siempre a salvo conmigo."
No tuvo tiempo de preguntarle a que se refería o a indagar alguna cosa. Solo se grabó su rostro y su nombre en su memoria.
Ayame.
Llegaron a la propiedad una hora antes de la cena. La condesa Irasue se encargó de enviarlas a ella y a Hitomiko a sus respectivas habitaciones con el pretexto de estar listas para la cena. Al tener como invitados a sus padres sería algo más formal.
Al entrar a su habitación escucho una discusión que se estaba llevando a cabo en el cuarto contiguo, o sea, en la habitación de Sesshomaru. Lo oyó pelear con alguien. Movida por la curiosidad asomo las narices. El ayuda de cámara se espantó al verla.
—Llegaste— dijo como si nada Sesshomaru — ¿Qué tal les fue? — se estaba burlando de ella.
—Muy bien, los inquilinos están agradecidos con su generosidad — respondió ella traspasando el umbral.
—No soy generoso milady.
—Yo lo sé, ellos no — pico ante su burla—. Así que se muestran en agradecimiento.
Sesshomaru le hizo una seña al hombre para que se fuera. Jaken se desapareció del área, aliviado.
¿Debería tener miedo por quedarse a solas con él?
— Milord, su baño está listo — dijo uno de los sirvientes que salió del cuarto de baño, tras decir esto, también se esfumó.
Rin vio la tina dispuesta en el medio del lugar. Ella también debería perderse, pero no, tenía que preocuparse por su salud.
—Milord, no debería sumergirse en una bañera — sugirió cuidadosamente. Debía esperar por lo menos un mes más antes de sumergiese en el agua.
Como cosa rara la ignoró y comenzó a desvestirse. Rin se quedó plantada mirándolo fijamente con el ceño fruncido.
No vas a intimidarme con eso.
—Por lo que veo, no va a hacerme caso — espetó ella al verse olímpicamente ignorada.
—Necesito bañarme. Me siento como un campesino en medio de una jornada laboral en pleno verano — sorprendente, era la primera vez que le daba más de una oración para responder una pregunta.
— Puede hacerlo sin sumergir la herida — le propuso, de nuevo.
Él, después de tirar la camisa al suelo, la miró ladeando ligeramente la cabeza.
Rin pasó por alto su mirada y lo siguió hasta el cuarto de baño. Con cautela tomo el extremo de la venda y comenzó a desenrollarla. Estaba preparada para que en cualquier momento él saltara y se la quitara, a ella, de encima. Pero no lo hizo. Sorprendentemente dejo que ella le descubriera la herida.
— No se ve mal — musitó Rin. Fue hasta los cajones de ropa limpia, con los que se había familiarizado en su combalencia, y saco un pedazo de tela de algodón. Volvió con el trapo, lo mojo en agua caliente y lo paso por el abdomen del conde, repitiendo así lo que había estado haciendo toda la semana —. Debe guardar reposo si quiere que sane por completo, tampoco se puede sumergir en la bañera.
— ¿Quién te dijo eso? — pregunto él. Rin juraría que estaba conteniendo una mueca.
Ciertamente no el doctor topo.
— El doctor Suikotsu, por supuesto — mintió.
— ¿Qué debería hacer entonces?
Rin casi se cae con su pregunta. El lord amante de dar órdenes preguntándole que debería hacer. Cediendo ante ella. No, cediendo ante lady Rin. El sentimiento de amargura la atravesó.
— Sacarle agua para que no cubra la herida cuando este sentado — respondió ignorando sus sentimientos y concentrándose en lo que era necesario.
— Llamare a Jaken para que—
—No hace falta — lo cortó —. Yo puedo hacerlo — necesitaba hacer algo para olvidarse del amargo sabor en su estómago.
Antes de que pudiese alcanzar la palangana para sacar el agua, él la cogió del brazo.
— No eres una sirvienta para hacer ese tipo de cosas.
Ojalá mis padres pensaran lo mismo que tú.
— El señor Jaken —dijo por respeto —, o cualquier otra persona que quiera hacer venir están en la planta baja. Me parece una tontería hacerlos venir para algo que puedo hacer perfectamente.
— Para eso les pago.
Rin lo ignoro.
— Puedes lastimarte — agregó él.
Rin arqueo una ceja. A él no le quedo de otra que soltarla y dejarla vaciar bañera.
Lastimarse vaciando una bañera, ¿Qué seguía? ¿Quemarse haciendo una ensalada cruda?
— Creo que así está bien, intente entrar.
Se dio la vuelta para permitirle quitarse el resto de la ropa, escucho la tela caer al suelo y también el sonido del cuerpo entrando al agua. En su mente la imagen del cuerpo masculino completamente desnudo se proyectó a pantalla grande.
— ¿Y ahora? — lo oyó preguntar.
¿Y ahora qué Rin?
No había pensado en ello.
— Ahora— — vaciló —. Ahora— tiene que echarse el agua con una vasija o— — busco con la vista algo que pudiese servir.
— ¿Sirve la esponja?
La esponja, por supuesto.
— Si. Eso servirá.
— Esta frente a ti — le informo él
En efecto estaba en la mesita frente a ella, la esponja junto con los jabones para el baño. Destapó dos frascos antes de dar con la fragancia a sándalo a la que olía Sesshomaru. La cogió junto con la esponja y un banquito. Se sentó junto a él, de caras a su rostro. Trato de no ver lo que tapaba o más bien transparentaba el agua. O eso era lo que quería hacer antes de que la curiosidad matara al gato, para su alivio-desdicha descubrió que no se había quitado la ropa interior, sus partes nobles seguían cubiertas por tela. Una cosa era verlo desnudo y bañarlo, dormido y, otra totalmente distinta era hacerlo con él despierto.
Mojó la esponja y la exprimió sobre su pecho, repitió el proceso hasta dejarle el torso mojado. Sesshomaru, simplemente cerró los ojos y se recargó sobre el espaldar, era tan grande que tuvo que doblar las piernas para poder acomodarse. Con la vasija le mojó el cabello. Ahora estaba sentada detrás de él. Empapo la esponja con el jabón y la paso por su cuello y hombros con movimientos circulares. Se veía tan diferente a esa mañana, estaba completamente relajado.
Era posible que las sospechas de algunos sobre él fueran ciertas, ¿era este hombre capaz de hacerle daño a la mujer que amaba? Inconscientemente lo toco con su mano, el pecho masculino dejó de moverse. Solo fue un segundo y reacciono de esa manera, Rin se preguntó qué pasaría si prolongaba el contacto, si en lugar de la esponja fuesen sus manos quienes recorrieran su torso.
Llevada por el deseo, lo hizo. Dejo caer la esponja y con ambas manos masajeo el cuello masculino. Un gemido salió de su garganta. Eso provocó una contracción en medio de sus piernas, el aire se volvió más caliente y su centro se llenó de humedad. Se aplicó más jabón en las manos y lo esparció, esta vez, por el cabello plateado, siguió con el masaje por el cuero cabelludo. Después bajó a los hombros trazando círculos con los dedos, empujando hacia abajo. Sesshomaru volvió a gruñir cuando ella alcanzó un punto sensible de la espalda, entre la columna y el omoplato. Cualquier persona ve al cielo cuando masajean esa parte, el conde no era la excepción y eso la lleno de orgullo. Rin continúo con sus técnicas variando entre las yemas de los dedos y los nudillos.
Era tanto el placer que él no podía disimularlo.
— ¿Le gusta? — tenía que preguntarlo. Necesitaba que afirmase que algo de ella le gustaba.
— Dios, solo por este momento puedo decir que vale la pena cada cosa que hice para casarme contigo— y el silencio se hizo inmediatamente después. Él porque se dio cuenta de que habló de más y ella porque se congeló ante tal afirmación.
No, ella no era lady Rin para saltar a reclamarle lo que hizo, pero tampoco podía evitar sentir júbilo por ser la protagonista de la razón por la que había valido la pena casarse.
— ¿Debo interpretar eso como un sí? — agregó ella con una sonrisa.
Rin no se dio cuenta de que él la estaba mirando.
—Si — respondió él con voz ronca — Deja de morderte los labios o vas a hacer que te bese.
Ella intento quitar sus manos y salir brincando como un gato, sin embargo él no la dejo. Tiro de su brazo haciéndola caer sentada en el borde de la bañera
Rapidez infernal.
— Milord…
— Ese no es mi nombre — reprendió él.
— Sesshomaru, vas a hacer que me caiga.
— No puedes irte, no has terminado.
Las mejillas de Rin adquirieron el tono del carmín.
— Yo creo que es capaz de terminar por sí mismo.
¿Por qué estaba tan nerviosa? Era por sus nuevas tontas sospechas de asesinato, o era por algo más.
Sesshomaru se incorporó ¿estaba conteniéndose por algo? Rin tragó grueso por su cercanía. Matar al tigre y después tenerle miedo al cuero. Esa expresión le venía perfectamente en este momento. Pero como no ponerse nerviosa con semejante espécimen. Inconscientemente volvió a morderse los labios.
Lo siguiente que sintió fue el agua en su trasero e, inmediatamente después, los labios de Sesshomaru sobre los suyos, atrapando el leve chillido que había dado al sentir que se caía.
Rin hizo el intento de protestar, de verdad quiso hacerlo, pero al ver el brillo de diversión que había en la mirada del rostro serio del conde, simplemente no pudo.
—Ahora ya no puedes irte —declaró él, triunfante. Sus manos enredadas en la cintura femenina.
—Esto es… — trampa, iba a decir antes de sentir como su vestido se aflojaba —. No — pero el vestido ya estaba en su cintura.
—Solo quiero que respires mejor.
—Que amable de su parte — murmuro sarcástica.
Lo que quiere es desnudarme para—
Todo su cuerpo palpito ante el pensamiento.
—Te ves hermosa sonrojada — el corsé ya no estaba en su cuerpo —. Deja que te quite el vestido — no era una orden pero tampoco una petición —. Me quedare quieto después.
Rin levanto la cadera para dejar que el vestido saliera. Ella misma se quitó los zapatos. Cumpliendo con su promesa, Sesshomaru volvió a reclinarse al espaldar, sus manos de nuevo en los posa brazos. La luz era cada vez más tenue, anunciando la entrada de la noche, en pocos minutos el lugar quedaría sumergido en la oscuridad.
Con osadía, Rin hizo algo de lo que probablemente después se arrepentiría, eso era; meter las piernas en la tina y acomodarse a horcajadas sobre él. La reacción que él tuvo la regodeo de satisfacción; una respiración profunda y sonora y, por supuesto, su miembro crecer bajo ella. Lo miro a los ojos brillantes, llenos de deseo. Se inclinó para recoger la vasija, la lleno de agua y la dejó caer sobre su propio cuerpo. En seguida la tela de lino se adhirió a su figura, los suaves brotes femeninos se marcaron como dos montañas en su pecho. Los ojos masculinos no se despegaban de ella, no queriéndose perder ningún detalle.
Rin continuo con su labor, sabia era peligroso, pero no podía evitar el deseo de seguir tocándolo. Sesshomaru ya no respiraba, no mientras los dedos femeninos lo acariciaban. Rin se sintió tentada a seguir las líneas marcadas en los oblicuos, las que se perdían en el pantaloncillo de lino, ese que amenazaba con no poder contener la erección.
La poca cordura que le quedaba la obligó a centrarse en la cicatriz aún viva del abdomen del hombre. A pesar del ajetreo que se había pegado el conde, no se había abierto ni soltado ningún punto. Con determinación empapó la esponja en jabón.
— Respire — le sugirió antes de pasar la esponja con la suficiente fuerza para hacerle ahogar un quejido por el dolor —. Lo siento — se disculpó con sinceridad, en cambio ella solo vio el destello dorado de su mirada —. Si no aplico la suficiente fuerza no quedará limpia y podría volver a infectarse.
—Lo dijo el doctor — masculló Sesshomaru cuya erección se había ido a alguna parte que no era el cielo.
— Si — se limitó a responder Rin al tiempo que continuaba con su labor.
El conde se agarró de la bañera, a parte de eso, no hubo más demostración de dolor. O tenía una tolerancia al dolor demasiado alta, cosa que descartaba por el quejido que casi soltó al principio cuando lo cogió descuidado, además de que su erección se había esfumado, o tenía una capacidad de controlarse sobrenatural. Muy pocos pacientes tenían la habilidad de soportar las curas sin apenas demostrar dolor y este ejemplar masculino estaba ahí, recostado, dejándola limpiarlo como si fuese un masaje más.
Al terminar, se encontró con una expresión que no había visto antes, eso la dejo en shock. Él la estaba observando de una manera diferente, no obstante ella no podía descifrar que era aquello oculto dentro de esos ojos del color de un tigre.
—Lo siento — murmuró porque sintió la necesidad de disculparse por causar esa herida en él —. Yo… yo no quería hacerlo — no entendía porque decía esas cosas, solo sentía que él se merecía una disculpa por parte de lady Rin y, lady Rin, en estos momentos, era ella.
—Lo sé — respondió él acariciándole la mejilla —. No tienes por qué disculparte — su voz la arrulló como si un cumplido a una niña fuese.
Quería lanzarse a él, besarlo, que le hiciera todas cosas con las que había soñado en su habitación antes de conocerlo. Pero sabía que esa mirada no era para ella.
No es a mí a quien le harás el amor.
Ese sentimiento la mataba, la estaba carcomiendo por dentro, lo peor era que no entendía porque le afectaba tanto.
No se dio cuenta de que una lagrima se había deslizado por su mejilla hasta que sintió el dedo masculino retirarla...
Gracias al cielo, él no la detuvo cuando se levantó. Tenía que salir de allí, no podía soportar por un minuto más el ver cómo le demostraba amor a otra mujer.
Cada momento a solas con él la debilitaba, la hacía más vulnerable a sus deseos. Necesitaba recordarse a sí misma quien era ella; Rin Taisho, nacida en el nuevo milenio, no Rin Matou la condesa de Takahashi. Hasta no saber qué era lo que había pasado realmente con ella, no podía entregarle su confianza, ni ninguna otra cosa al conde y esposo de lady Rin Matou, no importaba cuan fuerte y peligroso fuere su deseo por él.
A lo largo de su vida Rin había aprendido que todos tenían un precio y que una mujer jamás se resistía a una hermosa joya. Por esa razón estaba ahora en el invernadero esperando por la señorita Higurashi. Sobornar a la mucama había sido la parte fácil, lo difícil fue escoger a la indicada, ¿Quién traicionaría las órdenes del conde por una joya? La elegida fue Rika una joven a la que regañaban a menudo por soñar de más. Un par de pendientes fueron suficientes para que accediera a entregarle una carta a Kagome. Si la mucama decidía traicionarla, Sesshomaru le retorcería el cuello. Sino, tendría la oportunidad de reunirse a solas con la doncella.
Justo a las 11, después de escapársele a la condesa y a Hitomico se encamino hacia el invernadero, vestida con unas medias gruesas que servían de pantalón, una camisa de Sesshomaru arremangada a más no poder y una capa muy ancha.
La chica de cabello azabache entro en su campo de visión.
—Mi lady — dijo la doncella.
—Kagome — respondió ella —. Siento mucho lo de esta mañana — se apresuró a disculparse.
— No se preocupe, sé que él la obligo a decir esas cosas — no había que ser un experto para saber que se refería a Sesshomaru.
— Kagome, necesito que me cuentes lo que pasó la noche que decidí escaparme.
— ¿Es cierto lo de tu memoria? Claro, por eso es que sigues con él. El señor Kohaku tenía razón en pensar que algo te había pasado — a Rin le sorprendió la familiaridad con la que le hablaba —. Él dijo que nunca llegaste a su encuentro, por eso te vino a buscar a Holy Sword — Pronto se dio cuenta que esta chica era mucho más que una doncella para lady Rin, era su amiga —. Entonces el conde estaba en el claro donde el señor Kohaku y tú se vieron la última vez, el que está detrás de las caballerizas — el claro donde ella se había detenido con Sesshomaru el día que montaron juntos a caballo, por eso la sacó de allí de esa manera —, dijo que había mucha sangre y que habían dos espadas en el piso — Los ojos de Rin no podían abrirse más.
Dos espadas, sangre. Sabía que lady Rin lo corto con una espada, lo que no sabía era que hubiese una segunda. Y si él también le había hecho daño a ella, ese claro estaba en el camino a la cueva, tal vez ella se había escondido allí de él. Era increíble, no podía ver a Sesshomaru sosteniendo una espada y sin embargo sabía que tenía una, no, dos espadas y que su esposa lo había cortado con una, para escaparse. La pregunta era ¿qué había hecho él después?
¿Qué demonios era lo que había pasado realmente? ¿Dónde diablos estaba metida lady Rin? ¿Seguía viva? Tenía que sacarle toda la información posible a Kagome, si Sesshomaru había hecho algo contra su esposa, tenía que averiguarlo.
— ¿Kagome, qué sucedió después?
