Actualizado al (11-2022)
RESUMEN
Los planes de Rin Taisho se ven arruinados cuando su padre le dice que han heredado un titulo nobiliario y deben trasladarse a la propiedad de inmediato. La casa vieja mantiene a Rin recelosa hasta que su hermana hace un escabroso descubrimiento; la antigua condesa es idéntica a ella, tanto en nombre como en apariencia. Intrigada decide buscar información sobre sus antepasados descubriendo un pasado oscuro al rededor del matrimonio con el antiguo conde Sesshomaru Taisho. Para su mortificación pronto se ve obsesionada con un retrato del conde e inconscientemente la noche de navidad pide un peligroso deseo.
"—Sesshomaru Taisho, como deseo haberte conocido"
OCHO
Kagome Higurashi
He sido doncella y dama de compañía de lady Rin Matou desde hace cinco años. Al principio trataba con las dos hermanas, al casarse la mayor, quedamos solo ella y yo. Lady Rin era por mucho lo más cercano a una familia para mí, por eso estaba tan preocupada por su paradero.
Dos en punto, me había dicho Rin.
Saque mi reloj del bolsillo de mi falda, 3 con 23. Eso era un retraso de más de una hora. Arrugue el ceño tratando de ver a través del oscuro camino.
Nada.
Tenía un mal presentimiento sobre esto, igual que como lo había tenido tres años atrás.
Aun recordaba esa mañana de diciembre de 1824.
Ese día los carruajes desfilaban en caravana por la entrada de Holly Sword. Era impresionante la cantidad de invitados, esto era, por mucho, la fiesta de navidad más grande a la que iba a asistir. Bueno, a la que asistiría la familia Matou y yo en consecuencia.
Lady Rin iba distraída leyendo, Shakespeare.
— Cariño, estamos por llegar — esa fue lady Hitomico, su voz era cálida y suave, como siempre entonaba para dirigirse a su hija —. ¿Por qué no te arreglas un poco?
— Estaba en una parte interesante — replicó lady Rin con desgano. Sabía que ella no estaba interesada en lucirse ante nadie que estuviese en la propiedad.
—Kagome, por favor, ayúdala — esa orden fue todo lo que necesite para ponerse manos a la obra.
Al llegar, Hitomiko se entretuvo con los respectivos saludos. La condesa Irasue, supo por el distintivo cabello plateado característico de los Taisho. Lady Rin aprovecho, la caravana de carruajes y sirvientes. Maletas iban y venían y, Lady Rin desapareció en una de esas. Cuando Hitomiko hubo reaccionado, se encontró con que su hija ya no estaba. Me ordeno ir tras ella, por supuesto, pero ¿Qué podía hacer en una propiedad que no conocía? Nada. Así que solo me quede por ahí a esperarla, en algún momento tendría que volver.
Lady Rin apareció dos horas después, tenía el vestido de paseo lleno de barro. El moño se le había soltado por un lado y— ¿Qué era eso que traía en las manos? Si Lady Hitomiko veía a su hija de esa manera se desmayaría al instante. Era una suerte que se hubiera ido a cotillear. Lord Naraku también se escandalizaría, gracias al cielo no llegaría hasta dentro de tres días.
Me quite el abrigo y se lo puse a Lady Rin, de alguna forma tendríamos que conseguir llegar a las habitaciones sin que nadie lo notase.
— Gracias.
— No me agradezcas, es algo egoísta. Si tu madre te ve así, me despide.
— No lo hará, absolutamente.
Ladeo la cabeza, su voz me puso en alerta, algo había pasado en ese paseo.
— Tengo que contarte algo — susurró lady Rin —. Vayamos rápido adentro.
— ¿Vas a contarme por qué tenemos un hurón de mascota? —Sonreí ante la caricia del pequeño roedor, a lo sumo tendría unos seis meses de vida.
Nos habíamos escabullido adentro por el área de los sirvientes, por suerte una chica amable nos había guiado.
— Es complicado — respondió lady Rin con una mueca —. Digamos que solo apareció y se me lanzo encima.
— ¿Esta pequeña bola de pelos te lanzo al suelo? — el hurón estaba acomodado en mi regazo, no existía una cosita más tierna para mí que esta delicada bolita.
—No, ese fue el conde — dijo como si nada.
— ¿Qué conde? — pregunté al no saber a quién se refería.
— El conde — repitió la joven lady con énfasis.
—Conocemos demasiados condes.
—Takahashi — soltó.
— ¿El que tu mamá quiere cazar? — el uso de la z no era un error.
— El mismo.
— ¿Cómo rayos—? — me quede en silencio apenada por soltar un juramento.
— Bien, no lo sé. Yo estaba caminando cerca del bosque, entonces nuestra amiguita me saltó encima, pensé que estaba perdida así que me puse a buscar alguna madriguera o algo así. No encontré nada. Quise dejarla cerca de los árboles y no me fije que me atravesé en el camino. Cuando reaccione sentí el relinchar de un caballo, un segundo después, estaba en el piso.
— ¿Se disculpó?
Lady Rin se quedó en silencio por un largo rato.
—Supongo que si — dijo como si estuviera considerando su respuesta —. La verdad es que fue algo extraño, al principio me confundió con alguien de la propiedad. Luego se dio cuenta de que no me conocía y se ofreció a traerme a la casa.
— ¿Qué le dijiste? — lady Rin se había dado la vuelta haciendo que fuese imposible para mi leer cualquier reacción en ella.
—Lo rechace, no quiero que se haga un escándalo en nuestro primer día en la propiedad.
Lady Rin tenía razón, si ellos hubiesen llegado juntos, con ella en ese estado, las habladurías durarían semanas.
— Hizo bien.
Después de eso nos dedicaros a hacer otras cosas hasta que se hizo la hora de bajar a tomar el té. Aproveche para terminar de desempacar, aunque solo estarían dos semanas, Hitomiko había traído ropa como para tres meses. Las Matou se quedaron abajo hasta que se hizo la hora para prepararse para la cena. Fue esa noche, cuando estaba ayudando a lady Rin a cambiarse para ir a dormir, que lo note. Ella estaba retraída, mecánica, como si algo le hubiese sucedido. Por más que intente preguntarle, lady Rin se mantuvo hermética.
Esa noche me acoste a dormir con una cierta desazón en el estómago.
Los días siguientes se volvió evidente la atracción del conde Taisho por lady Rin. La primera vez que lo había visto fue después del desayuno. El conde había llegado a la terraza donde madre e hija estaban sentadas platicando y el lugar de solo saludar e irse a cazar con el resto de los hombres, él se sentó a hablar con ellas.
Hitomico estaba por las nubes.
Durante la conversación me dio tiempo de detallarlo, era joven, muy joven. Tenía entendido que su padre había muerto cuando él era solo un adolescente, por eso había heredado tan pronto. Tenía el cabello largo, plateado, recogido en una cola. Era atractivo, asquerosamente rico y con el título más antiguo del condado. Todo un premio para la mujer que lo conquistase, había pensado en ese momento.
Después de charlar un rato con Hitomico e intercambiar unas vagas palabras con lady Rin dejó una promesa de ir a pasear en trineo al día siguiente, después, se fue con el resto de los hombres que lo esperaban a cazar.
Ese día lady Rin mencionó que el conde le parecía un hombre demasiado extraño, después solo se metió en la cama con el hurón alegando que estaba cansada.
El tercer día en Holly Sword estaba planificado dar un paseo en trineo, por ser abierto las parejas que lo quisieran podían tener cierto tipo de intimidad. Hitomico aprovecho eso para embarcar a su hija en una aventura a solas.
—Madre, ni siquiera sabes si él querrá ir solo conmigo en un trineo— se había quejado la joven ante la insistencia de su madre.
— Tonterías, habría que ser un tonto para no darse cuenta de que le gustas — las mejillas de la chica se habían enrojecido a mas no poder — Además, él mismo te invito.
— Bien. ¿Qué pasa entonces si la que no quiere ir soy yo?
— Pasaría que serias una completa tonta lord Takahashi es— — Hitomico enumero todas las razones por las que Taisho era un buen partido — como regalo es bastante apuesto — culminó como si estuviera colocándole la cereza a un pastel.
— Yo he oído cosas muy diferentes a eso, madre.
— Ah sí, ¿Cómo cuáles? — exigió saber lady Matou.
Dude de que lady Rin hubo escuchado algo. Yo en cambio me había enterado de que; el conde era el perfecto ejemplo de un par ingles. Los sirvientes lo idolatraban, no había quejas sobre su comportamiento. Modales exquisitos. Se decía que la fiesta había sido organizada para encontrarle esposa, los sirvientes creían que escogería a una jovencita fina, de alta alcurnia, la hija de alguien con título, con excelentes modales, hermosa, sumisa— en fin, alguien criada para ser la esposa de un hombre importante.
Lady Rin se adaptaba perfectamente a esa descripción.
— Pu-pu-pues— tartamudeó la joven —. Escuche decirle a lady Hoshi que lord Takahashi es un excelente partido si quieres que te rompa el corazón o tu reputación.
— Claro. Eso se debe a que nunca ha demostrado interés en ninguna mujer más que para— — Hitomico enmudeció a causa del pudor — para pasar el rato. Contigo es diferente. Además nadie está hablando de boda, solo es un paseo en trineo.
En eso también tenía razón, el lord jamás se había visto cerca de alguna jovencita debutante, en las conversaciones solo mencionaban que era discreto con su vida privada y que nunca se había visto involucrado en ningún escándalo pasional.
— Un paseo al que no quiero ir.
— Oh, no Rin. Sin berrinches. Ahora termina de vestirte.
Hitomico abandono teatralmente la habitación.
Vi la cara de resignación de lady Rin y, de nuevo, aquella preocupación en el rostro juvenil. Como desee poder evitarle aquel pesado deber de obedecer a sus padres.
Fue al paseo de trineo, por supuesto, la observe desde la terraza ya que Hitomico no me permitió acompañarla. Aunque el comportamiento del conde fue impecable y sus modales dignos de utilizar para ejemplo, me di cuenta de lo incomoda que lucía lady Rin. Incluso mucho tiempo después de acabar el paseo seguía contraída.
No fue hasta unos días después, cuando se preparaba para la cena de navidad que me lo dijo.
—Kagome, tengo un miedo terrible,
— ¿De la cena o de la fiesta?
— No, nada de eso— se levantó de la silla y fue a buscar algo en el escritorio, saco un sobrecito cuadrado —. Necesito que envíes esto mañana en el correo, pero nadie debe saberlo. Ni siquiera mi madre.
Abandone la actitud relajada y mi rostro tomo un tono serio.
— ¿Puedo saber por qué? — aunque la quisiera mucho, quienes me pagaban era lord Naraku Matou, si lady Rin se metía en un problema por enviar esa carta, mi cabeza o bueno, mi empleo seria cortado.
— Es para el señor Kohaku. Necesito que se apresure a pedir mi mano.
— Pensé que esperarían hasta volver a High Stone después de las fiestas.
—No puedo esperar, no lo entiendes — se debatió, su ceño estaba fruncido. Nunca había visto tal expresión en ella —. Lord Takahashi me ha dicho esta mañana que— quiere casarse conmigo.
—Eso es— como— apenas se conocen hace cinco días. Si ese fuese el caso, necesitan un poco más de tiempo para conocerse antes de hablar de algo tan radical como el matrimonio
— Es lo que yo pienso, pero él me dijo otras cosas más— — me quede esperando mientras que ella abría y cerraba la boca como si tratase de ordenar las cosas que le había dicho el conde —. Él ha— Está loco — concluyó sin más. Me pareció que Rin se estaba guardando una parte importante de la historia —. Necesito que Kohaku venga y hable con mis padres antes de que Taisho lo haga.
— ¿Te dijo que hablaría con tus padres? — lady Rin asintió con un gemido —Válgame Dios.
—Yo le dije que estaba enamorada de otro — se me cayó el cepillo de las manos —. Respondió que él podía cambiar eso.
—Ahora entiendo porque has estado tan preocupada.
—Si mis padres hablan con él no dudaran en aceptar, me obligaran a casarme así yo no quiera.
— ¿Quién obligara a quién? — habló Hitomico, seria, desde la entrada.
Lady Rin se puso del color de la tiza.
— Mi pequeña, en verdad crees que te obligaré a casarte con alguien a quien no quieras.
—Madre yo— amo intensamente a otra persona — sollozo lady Rin, tenia los puños apretados colgando en sus caderas —. Lo conocen, de hecho, es—
— El señor Kohaku — termino su madre por ella.
—¿Lo sabias? — pregunto lady Rin incrédula.
—Se todo sobre ti. Aguardaba la esperanza de que no fuere más que un encaprichamiento juvenil, considero que es demasiado joven para ti. Pero si tú dices amarlo y él está dispuesto a pedir tu mano, no pondré objeción. Estoy segura de que tu padre tampoco lo hará.
— Oh madre, me quitas un peso enorme de encima. Además me lleva 3 años, es adulto, conoce de poesía, es un caballero que aunque no sea un conde algún día heredara...
— No discutiremos sobre la edad en este momento —la interrumpió con cariño —. Ahora vas a quitar esa cara, límpiate las lágrimas. Kagome, ponle polvos y déjala hermosa. Nadie va a obligarte a nada, le diremos al conde que eres tu quien tiene la decisión, en cuanto al señor Kohaku— Lo discutiremos cuando esté presente. Vamos cariño, arréglate, disfrutemos la fiesta. Ah, Kagome, dame eso. No es necesario que lo envíes.
Toda la preocupación del rostro femenino desapareció. Ambas sabíamos que Hitomico no mentía.
El cartón de baile de lady Rin estaba repleto, había bailado ya cinco piezas con esta. Estaba alegre, la felicidad se le notaba a leguas. Desde donde me era posible, la observé moverse al compás de la música, como su doncella y en algunos momentos, como ahora, dama de compañía, era mi deber acompañarla en todo momento. Como deseaba haber cumplido eso al pie de la letra. Pero no, tenía que haberme distraído, al igual que gran parte del género femenino presentes en la velada, mirando a los recién llegados. No los había visto antes. Eran tres; dos morenos y uno albino, tenía el cabello exactamente como el del conde. Debían ser parientes ya que la condesa Irasue salió enseguida a su encuentro. Varias personas, se congregaron alrededor de los tres desconocidos, lord y lady Matou incluidos, seguramente más tarde me enteraría de quienes eran. Me quedé viendo por un rato la atípica escena. La música dejó de sonar. Un vals comenzó, las parejas comenzaron a formarse. Lady Rin debía venir a descansar durante esta pieza ya que no había reservado ningún vals.
No vino.
Comencé a buscarla en la pista de baile. No estaba. Salí con cuidado a la terraza. Tampoco. El salón contiguo donde descansaban algunas mujeres, nada. Estaba asustada. Me asomé al salón de los hombres para comprobar una sospecha. Santísimo fuese el cielo, el conde tampoco estaba. Estaba helada, donde fuere que lady Rin estuviese, estaba segura de que el conde también estaría. Tenía ganas de vomitar, sentía la piel fría y sudorosa. Necesitaba encontrarla antes de que alguien más lo hiciera.
— ¿Se encuentra bien? — me preguntó alguien.
No, no estoy bien.
— Si, lo siento. Yo tengo prisa — respondí sin mirar a la amable voz masculina.
— Lo siento, pero usted parece que está a punto de devolver los pastelitos. Déjeme ayudarle no sea terca.
Levanté el rostro para observar al hombre que le hablaba. Era uno de los tres que habían llegado hace rato.
La respuesta quedo en el aire cuando un grito femenino se escuchó en otra sala. El hombre desvió su atención, como todos en la sala, hacia la multitud que se había formado. Los murmullos comenzaron enseguida. Desee morirme. Aquello era lo que había temido.
Más tarde lady Rin estaba hecha un mar de lágrimas.
— Voy a matarlo, como se atreve a comprometer a mi hija de esa manera — estaba diciendo Lord Naraku hecho una furia —. Le exijo un duelo.
Hitomico chillo en ese momento. Se habían ido a un salón en la parte alta, lady Rin, lord y lady Matou, la condesa Irasue, el conde Sesshomaru, el recién llegado, que ya era obvio que era un Taisho y ella.
— Estoy segura que hay una explicación para esto — intervino, con calma, lady Irasue.
—Su hijo claramente sedujo a mi hija — bramó Naraku —. No hay ninguna otra explicación.
—No hay necesidad de llegar a un duelo — habló Sesshomaru —. Me casaré con lady Rin, si ella lo desea — agregó con voz sedosa.
Si ella lo desea, como si lady Rin tuviese otra opción. Esto era casarse y olvidar el escandalo unos meses después o negarse, ir a un duelo y ser rechaza por la sociedad por el resto de su vida.
—Ya le dije que quiero casarme con otro — gritó Rin.
Me encogí ante el dolor en su voz.
¿Quería casarse Kohaku con una mujer que ha sido comprometida por otro? Esperaba que sí, quería creer que el amor de esos dos podría superar cualquier cosa.
— ¿Querrá el casarse contigo? — habló Sesshomaru planteando la pregunta que todos en ese momento se estaban cuestionando.
Hijo de—
Lady Rin se quedó sin palabras, tal parece que, hasta ahora, no había considerado que el señor Kohaku, ya no la querría. Estaba marcada, la sociedad ya no la vería jamás como una joven virtuosa. Su reputación había sido mancillada.
—Mantendremos el asunto con discreción — intervino políticamente lady Irsue —. Démosle tiempo a la chica.
— No hay tiempo — repuso Hitomico —. Mañana, todo el condado sabrá que mi hija— — la mujer se interrumpió incapaz de terminar su frase.
— Mientras estén en mi propiedad, nadie hablará de esto — replicó Sesshomaru quien estaba extremadamente calmado. Como si estuviera siguiendo un guion memorizado.
— Permítame hablar con él padre —suplicó la joven de ojos llorosos —, en unos días tendré su respuesta, estoy segura de que—
—Lo mejor para ella, en este momento, es anunciar el compromiso—intervino Sesshomaru hablándole a Naraku —. El asunto pasará a menores para cuando se celebre la boda.
Cual fuese el resultado, esto ya era un escándalo. La única salvación para ella era la que proponía Sesshomaru, anunciar el compromiso de inmediato. Por la mañana el asunto seria romantizado y, muy a su pesar, el conde tenía razón, nadie señalaría a Rin mientras estuvieran en su propiedad. Las fiestas continuarían como si nada hubiese pasado. Hablar con Kohaku en ese momento sería extender la agonía, darle pie a los chismes. Todos dirían que fue culpa de lady Rin, en estos casos nunca se culpaba al hombre.
Jamás olvidaría la mirada se suplica que le dirigió Rin a su padre, había tanto dolor dentro de esos ojos azabaches. Naraku negó con la cabeza en ese instante.
— El compromiso será anunciado, Rin – declaró tajante —. Sécate las lágrimas y levántate.
Con esto Naraku dio por terminado el asunto. Le ofreció el brazo a su esposa y salió junto con ella. Sesshomaru hizo lo mismo con Rin, por el contrario de su madre, esta rechazo el brazo que le ofrecían.
— Te odio — le dijo ella. El conde hizo caso omiso, se mantuvo impasible con su brazo extendido.
Rin dio un último suspiro antes de cogerlo. Ambos desaparecieron por la puerta. Me quedé sola en la sala, desde allí, escuche como anunciaron el compromiso. Hubo gritos, aplausos, risas y un brindis. Un baile fue dado en honor a la pareja. La velada se extendió por horas. Cansada, decidí subir a las habitaciones.
Cuando Rin volvió a su habitación Hitomico estaba esperándola. Yo sentía un gran remordimiento por no haber cuidado mejor de su hija y era incapaz de mirarla a los ojos.
— ¿Te obligó? — fue la pregunta que hizo Hitomico. Lady Rin le devolvió una mirada confundida, acababa de entrar y se había sentado para quitarse los zapatos —. El conde, ¿te obligo a—? — el pudor pudo más que ella impidiendo que terminase la frase.
Claramente estaba preguntándole que si Taisho la había obligado a hacer lo que sea que estuvieran haciendo dentro del salón de los instrumentos hace unas horas.
— No — musitó lady Rin, nuevas lágrimas de deslizaron sobre su mejilla. El alivio se apodero del rostro mortificado de Hitomiko —. Kohaku jamás me lo perdonará — agregó en medio de un sollozo. .
— Oh querida mía, no tengo palabras para consolarte en este momento.
Madre e hija se unieron en un abrazo. No hubo más palabras, ni lamentos. Esa noche Rin no dijo ni una sola palabra.
Un mes después fue celebrada la boda. Aunque Rin permanecía hermética, sabía que aun aguardaba las esperanzas de que Kohaku apareciera y la rescatara. Tres cartas habían sido enviadas al joven moreno, ninguna de ellas había sido respondida.
— Era de esperarse que algo así ocurriese — le dijo la joven bajo el traje de novia —, el rumor había sido que Lord Sesshomaru y yo fuimos encontrados en una situación comprometedora, indecente, escandalosa— para un hombre el orgullo lo era todo, y aquello, sin duda, era un terrible golpe para el orgullo de cualquiera que estuviera en su lugar. No quiero justificarle, solo trato de entenderlo. Sin embargo, si yo leyera sus cartas dudaría, yo aceptaría hablar con él y exigiría una explicación.
— Es un tonto por no darte una oportunidad de explicarte.
— ¿Lo es? Digo— yo no estaría segura sobre nada si estuviera en su posición.
— No es mas que un hombre con el orgullo herido, ¿por qué los hombres tienen libertad de— tener un encuentro con alguna mujer sin que su reputación sea comprometida?
— Takahashi me dijo que a él no le importaba lo que hubiese pasado entre el señor Kohaku y yo.
—Algo sorprendente para el carácter que se gasta.
— Supongo que así es.
Más tarde le ayude a cambiarse el pesado vestido blanco. Fui consciente de que ella lloraba al observar el ajuar para su noche de boda. No había nada que impidiese lo que estaba a punto de suceder.
La puerta que daba a puerta contigua fue abierta, Sesshomaru apareció a través de sus marcos. Estaba vestido solo con el pantalón y la camisa, estaba sosteniendo la corbata en una de sus manos como si se la acabase de quitar, en la otra tenía un vaso de vidrio con algún tipo de bebida alcohólica.
Tras darle una última mirada a Lady Rin salí de la habitación.
Por la mañana me sorprendió no encontrar las sabanas manchadas de sangre. Lady Rin estaba vestida exactamente como la había dejado. El decoro me impidió preguntarle qué había sucedido. Jamás pude hacerle aquella pregunta tan íntima, aunque al final, comprendí que el matrimonio no había sido consumado. Cada uno dormía en su propia habitación. Lady Rin se negaba a compartir cualquier cosa con él, eso incluía comidas, fiestas— los Taisho estaban recluidos en lo que, la sociedad creía que era una luna de miel, y los habitantes de Holly Sword sabíamos que era un infierno.
Las semanas siguientes fueron catastróficas, tanto así que el resto de los Taisho ahuecaron el ala. El hermano menor del conde se marchó a un viaje por el continente y la condesa junto con su hija se mudaron a la casa de la capital.
La mañana después a la partida de la condesa fueron sobresaltados por unos gritos. Yo había estado desayunando en la cocina junto con los demás sirvientes, cuando de repente un objeto de cristal se estrelló contra el piso.
Lady Rin estaba en el pasillo que iba a biblioteca, un lacayo se apresuró a ir tras la condesa, Sesshomaru lo fulmino con la mirada. El lacayo retrocedió de inmediato. El efecto también funciono conmigo, puesto que no me atreví a acercarme a la pareja.
Situaciones parecidas continuaron, cada vez más frecuentes. Para nadie en Holly Sword era un secreto que sus patrones no se hablaban. La condesa salía muy poco de su habitación y cuando lo hacía, el conde había ordenado que se le mantuviese vigilada. A veces se escuchaba como ella le gritaba lo mucho que lo odiaba por arruinar su vida.
Después de un año el conde comenzó a salir, a veces llegaba en la madrugada, otras no llegaba hasta varios días después. Los únicos visitantes a la propiedad eran el duque de Kingston y su peculiar compañera Yura, de resto ningún miembro de la sociedad los visitaba y ellos tampoco aceptaban invitaciones.
No había nada que pudiese hacer.
Nada.
Dos años y medio después la condesa Irasue y su hija Kanna llegaron para las celebraciones de navidad. Al contrario de años anteriores al matrimonio del conde con lady Rin, se había llegado al acuerdo de que no habrían invitados, solo la familia estaría presente.
Fue exactamente el 19 de diciembre de 1826 cuando de repente, todo cambo.
Ese día había ido al pueblo a comprar algunas cosas para lady Rin. Fue allí donde lo ví. Kohaku estaba parado en la esquina cercana a una taberna, en seguida se acercó a mí.
— Señorita Higurashi, al fin logro verla – el hombre estaba enfundado en un abrigo tipo poncho. Tenía los ojos ojerosos y sus pómulos se veían muy marcados. Tal parecía que había perdido una gran cantidad de peso.
— Señor Kohaku — soltó sorprendida — ¿Qué está haciendo aquí?
— Necesito su ayuda para hablar con lady Rin, como verá no puedo simplemente enviarle una carta. Temo ponerla en un aprieto con su esposo – esta última palabra la dijo con cierto desdén.
— No sé si ella quiera hablar con usted — respondí. Ya habían pasado casi dos años desde que él se había negado a contestarle.
— Debo explicarle lo que sucedió, por favor, entréguele mi mensaje.
Más tarde al entregarle las compras a lady Rin sentí el abrumador peso del remordimiento. Yo era la única que podía ayudarla a encontrarse de nuevo con su antiguo amor.
— Milady— Rin...
— ¿Si? – Rin estaba entretenida comiendo algunas frutas que le había traído.
Decidí ser directa.
— He visto hoy al señor Kohaku. Quiere reunirse con usted.
El rostro níveo de la joven no mostro expresión alguna.
— Dice que quiere explicarle— —continué.
Lady Rin soltó un resoplido.
— Explicarme después de dos años — la ironía marcaba la voz que acostumbraba a ser dulce —. ¿Menciono dónde? – negué con la cabeza.
— Al no conocer la propiedad dijo que lo mejor es que tú— usted decida.
— ¿Alguien más lo vio o te vieron a ti hablando con él?
— No.
— Bien, si lord Takahashi lo ve, no me quiero imaginar lo que podría pasar.
— Milady— ¿Aceptará?
— Mañana, durante el desayuno, en el claro que va a la cueva. Kagome, ni una palabra de esto a nadie.
Diligentemente había entregado el mensaje, también me había cerciorado de que la familia Taisho estuviera tomando el desayuno. Deliberadamente dejé caer un cesto con frutas cerca de la puerta trasera de la casa. Los lacayos que estaban cerca se apresuraron a ayudarmr. Fue suficiente distracción para permitirle a lady Rin salir.
Hora y media después volvió.
Tenía las mejillas rosadas y se veía cansada.
— ¿Dónde demonios estabas? — el conde había salido no sé de donde provocándome un brinco del susto al oír su voz.
La joven sin embargo lo miro de frente.
Los sirvientes de la concina se asomaron al ver la escena. Aquí vamos de nuevo, me pareció leer en sus expresiones a Kagome.
—Fui a dar un paseo con Kirara — habló la joven a la que el conde había cogió del brazo. El hurón que iba sobre su hombro, salto de alegría ante la mención de su nombre.
— Sube — le ordeno estoico el conde.
— Si milord — respondió ella con obediencia fingida.
Los observé perderse en las escaleras.
Mas tarde lady Rin alegó que estaba cansada y se fue a dormir enseguida.
Los días siguientes entregué y recibí dos cartas, la última de ellas fue quemada en la chimenea. Lady Rin no hizo el ademan de responder. Tal y como parecía la conversación había llegado a su fin.
24 de diciembre de 1926
La mañana fue terriblemente fría, esa noche había caído una fuerte nevada. El paraje de Holly Sword era completamente blanco. Había pensado seriamente no levantarme de la cama, quería fingir alguna enfermedad y quedarme por siempre bajo las cobijas.
Lady Rin ya estaba despierta cuando fuí a su habitación. Ese día habíamos hecho la rutina de siempre, cambiar de ropa, peinado y desayuno dentro de la habitación.
La noté distraída, me dije que solo estaba paranoica con la visita y las cartas con el antiguo ex novio.
Hubo una cena a las 7pm, entre el conde, la condesa madre y lady Kanna. Yo habia subido a la habitación de lady Rin para cenar junto a ella. La joven a penas probó bocado.
—Kagome— Necesito tu ayuda — pidió de repente lady Rin.
—Por supuesto — respondí de inmediato.
—Hablaré de nuevo con Kohaku dentro de un rato, cuando la cena termine. Se que es algo arriesgado pero necesito hacerlo. El conde probablemente se va a encerrar a beber en su biblioteca, los sirvientes estarán ocupados con su propia fiesta. Esta es mi oportunidad para salir de esta casa.
— ¿Hablas de salir para siempre o—?
—No lo sé — le interrumpió —. Quiero que me esperes en la caseta de las mariposas, a las dos en punto estaré allí. También necesito que me cubras por si alguien pregunta por mí. También quiero que ordenes tus cosas de valor sentimental. No sé si abandonemos esta casa para siempre.
—Como tú digas — había respondido.
Esa era la última cena que habíamos compartido juntas. A las 12 en punto la joven dejó la habitación. La había esperado en mi propia recamara hasta la una y 30. A esa hora me había puesto el abrigo y había salido rumbo a la caseta de las mariposas.
Ahora eran justo las 4 am, más de dos horas de retraso. Sin poder contener la ansiedad que se había formado en su interior, comencé a caminar hacia el sitio donde sabía que daría la reunión; cerca del límite este de la propiedad.
No hubo necesidad de caminar tan lejos.
— Señor Kohaku — lo ví parado frente a la entrada del bosque perteneciente a Holly Sword.
—Señorita Higurashi — exhaló alterado —. Lady Rin, ¿la ha visto usted?
—No, yo pensaba que estaba con usted.
— Ella nunca llegó a nuestro encuentro — le dijo el joven señor con extremada preocupación—. Me temo que algo le haya sucedido.
— ¿Algo como qué? — pregunté aunque ya sabía que ese algo estaba relacionado con el conde. Si él se había dado cuenta de ese encuentro entonces Rin podría estar en problemas.
—Creo firmemente que el conde nos descubrió y no solo eso, me lo acabo de encontrar frente al claro que está detrás de las caballerizas — pronunció, su rostro estaba serio, su frente levemente fruncida — El bastardo estaba allí, habían dos espadas, una en el piso y otra en su mano. Oh, yo no debería contarle esto a una dama.
— No soy una dama, recuerde — le anime a continuar.
—Habia sangre en el pasto y en la espada que él llevaba. Temo que haya hecho algo para lastimar a mi amada Rin.
Instintivamente me llevé las manos a la boca, aquello era impensable.
17 de enero de 1827.
— Después de eso, te busque por el bosque y los jardines. — Continuó la doncella respondiendo la pregunta de Rin—. Todos los lacayos, mozos de cuadra, sirvientes de Holly Sword estaban buscándote. Incluido en conde. Nadie creía haberte visto. Era como si la tierra te hubiese tragado. Más tarde, a mitad de la mañana, el conde me ordenó que me fuera. Yo no quería puesto que aguardaba la esperanza de que aparecieras, sin embargo por la noche seguíamos sin noticias. El conde en un ataque de rabia me echo de la casa. Kohaku me dio cobijo por esa noche, fue allí cuando se le ocurrió que avisáramos a tus padres. Lo demás ya lo sabes. Quedamos de vernos mañana. ¿Desea verlo milady?
Y que me asesine Sesshomaru, no gracias.
—No, no lo considero prudente. El conde está demasiado alerta en estos momentos.
— Comprendo. Sin embargo, ha sido de gran alivió ver que el conde no le hizo nada.
Cantas victoria demasiado rápido, yo estoy aquí, tu lady no.
Pero Sesshomaru era quien la había encontrado en la cueva, si él le había hecho algo, aunque fuere un rasguño, lo habría notado en ese momento. No obstante se había mantenido en un silenció absoluto.
¿Por qué?
Era obvio que él se había dado cuenta de que lady Rin intentaba huir, el mismo le había dicho que ella se escaparía con su amante cuando le cortó con la espada. Tal vez a la joven le había dado tiempo de correr en ese momento— Shippo había dicho que se perdió cuando todos estaban interesados en la herida de Sesshomaru.
¿Dónde rayos se había metido esta chica?
— No te preocupes por mí, al contrario, soy yo quien debe preocuparse por tu futuro. Has perdido tu trabajo por mi culpa.
— No milady. Yo estaré bien si me prometes que tendrás cuidado del conde. Yo siento que...
Su frase quedó en el aire pues como una vil aparición, de esas dignas de triller de terror, llegó el conde. Su mirada contenía un toque de burla, tal y como si se estuviera riendo de ella.
— ¿Terminaron su charla?
Kagome se quedó de piedra. La pobre de verdad le tenía miedo.
Yo también debería tenerle miedo. Es probable que haya asesinado a su esposa y ahora este jugando conmigo.
— De hecho no y antes de que ponga alguna objeción, déjeme decirle que no me dejó otra opción, temprano le advertí que quería despedirme de ella — sus nervios desbocados la hicieron decir todo aquello.
Sin respóndele, el conde la cogió por el brazo.
— Me lastima.
—Ya basta de tonterías — masculló él —. Y a ti será mejor que no vuelva a verte en mi propiedad, de lo contrario haré que te arrepientas — lejos de ser una amenaza, aquello era una clara advertencia de lo que él estaba dispuesto a hacerle si volvía a verla.
Resignada a su arrastre Rin le dijo: — Me sé el camino, puedo andar sola sin necesidad de que me esté zarandeando. Y tampoco era necesario que asustase de esa forma a Kagome, la pobre ya le tiene suficiente miedo.
— No perdiste el tiempo para aprovechar reunirte a escondidas con esa mujer.
—Lo habría hecho en el salón si no te hubieses puesto como una cabra ante la idea.
Él pareció querer responderle. Como siempre, se quedó callado.
Bendita manía de este hombre de nunca decir nada.
Llegaron al piso de arriba por las escaleras principales.
—Sin escándalos — le había advertido él después de soltarla justo en la entrada.
Por supuesto, esta vez estaban sus padres en la casa.
Él entro con ella a su habitación, la observo cuando se quitaba el abrigo y los guantes. Estar en el invernadero tan abrigada le había hecho sudar. El cuarto con la chimenea encendida mantenía una temperatura agradable. Sesshomaru avanzo hacia ella tal cual felino va hacia su presa.
— Así que el maravilloso concejo es que te cuides de mi — se burló él —. Como si te fuese posible hacerlo — la mano masculina del conde la cogió por la barbilla —. Eres mía y no hay nada ni nadie que pueda ayudarte— declaró tajante.
—Mi padre está en la casa, no importa que tanto te pertenezca legalmente, él no permitiría que me lastimes — o por lo menos eso era lo que le había dado a enterder Kagome, sus padres eran compresivos.
—Ese día no debí de haberme detenido — espetó el hombre que ahora la había cogido en sus brazos; uno en su cintura y el otro en su espalda con la mano descansando sobre su nuca —. Jamás debí permitirte guardar esperanzas.
¿Esperanzas de qué?
De nuevo estaba observándola como en la biblioteca, esa mirada obsesiva digna de un asesino. Lo peor era que el muy idiota no se había fijado que la estaba quemando no precisamente por deseo. De hecho, de nuevo, estaba teniendo fiebre.
— Milord— auch — el agarre del conde había desaparecido con un leve empujón que la hizo caer de nalgas sobre el mullido colchón.
Los ojos de Rin se abrieron de par en par cuando observo que él se quitaba el abrigo y ahora la camisa. Botón por botón hasta sacarla de su cuerpo y arrojarla al piso. Rin intento levantarse, pero él la atajo devolviéndola al colchón.
— Voy a acabar con esa estúpida idea tuya — masculló el conde al poner una de sus rodillas sobre el colchón. Su cuerpo se inclinó de inmediato hacia ella atrapándola en la prisión que ejercían sus brazos.
— No tengo idea de que hablas, milord.
—Deja de fingir conmigo —esto fue dicho con el aliento rozándole la garganta.
—No estoy fingiendo — intento zafarse en vano — Sesshomaru, por Dios, actúa como un hombre razonable.
— Y como un hombre razonable me aseguraré de que ese plan tuyo se vaya al infierno.
Mi plan, por amor al cielo. ¿Qué plan?
Sin éxito intentó huir del agarre del conde que, ahora, estaba trabajando en soltarle los botones al vestido.
— Después de esta noche… — empezó a murmurar él al bajarle el vestido a la cintura enmudeciendo al darse cuenta de que ella no llevaba corsé —. Ningún médico — continuó después de quedarse un rato mirando sus pechos desnudos —, afirmará que continuas siendo virgen. No importa que tan amigo de tu familia sea. Nadie declarará este matrimonio inválido.
Mierda. Era ese el plan. Lady Rin quería invalidar el matrimonio valiéndose de la excusa de que dicha unión no había sido consumada. Y ella había tenido la maravillosa idea de decirle que su padre estaba en casa. Él conde claramente creía que ella aún conservaba su plan de escapársele de esa manera.
El vestido continuó su camino fuera de su cuerpo. Se quedó solo con las calzas de cinta de encaje debajo de él.
— Milord, no tengo intenciones de— empezó a decir, quería razonar con él, que la escuchara — Por favor no — susurró, al ver que no la estaba escuchando sin dejar de sacudirse para que la solara — Sesshomaru, detente.
Él parecía estar en otro lugar. Con una mano la mantenía sobre él colchón y con la otra desabrochaba su pantalón. Rin pensó que esta no era la manera como quería que fuese la primera vez con él, así que tenía solo dos opciones, si la primera no funcionaba no tendría otra opción que lastimarlo.
Dejó de luchar, se quedó quieta mirando fijamente a los ojos dorados.
—Bien, si eso es lo que quieres, hazlo. Arruina por completo la única buena opinión que me queda de ti.
Él le devolvió la mirada. Por un instante a ella le pareció como si él pudiese leer su mente, incluso su alma. Él le deslizo una mano por el vientre. Se había quedado quieto a excepción de la leve caricia. Rin percibió el aroma del jerez en su aliento.
—Tu padre amenazó con llevarte a High Stone — menciono él —. Dijo algo parecido a que no soy apto para cuidar a su hija.
La caricia subió hasta rodear, sin tocar, uno de sus pezones. Rin se estremeció.
— No tengo otra opción que hacerte mía. Por más que hubiese querido que lo hicieras por voluntad propia, no voy a arriesgarme a que mancillen mi apellido al declarar que mi esposa, con la que me case hace dos años, sigue siendo virgen.
La confirmación de lo que ya ella sabía salía ahora de sus labios. Él no había tenido sexo con Rin Matou, siendo su esposo y literalmente con derechos legales sobre ella, no lo había hecho. ¿Cómo podía entonces haberla lastimado? ¿Habría sido al enterarse de su plan? Por lo que entendía, lady Rin pensaba huir con Kohaku, entonces el plan era; ir a High Stone e invalidar el matrimonio alegando que nunca se había consumado, solo así ella seria libre para casarse con quien quisiera.
Eso habría sido un golpe grandísimo para el conde. El orgullo masculino quedaría destruido, sin hablar del peso que tendría tal acción para la reputación de la familia Taisho. ¿Quién quería juntar su linaje y sus negocios con dicha familia después de semejante escandalo?
— No me iré con él — se apresuró a declarar ella.
Ahora menos que nunca podía entregarse a él.
—Supongo que no te ofenderás si te digo que no confió en tu palabra.
— Confía entonces en mis acciones. Pude irme hace una semana, nadie estaba prestándome atención y, sin embargo, me quede contigo.
—No, no me des esperanzas, Rin. Sabes que eso no traerá nada bueno.
— Solo te digo la verdad —. Quería convencerlo.
—No puedo detenerlo, solo te prometo que romperé y me saldré.
Los hombres eran unos idiotas.
Si lo dejaba continuar era probable que la situación para ella empeorase, no tenía idea de hasta donde había llegado lady Rin con Kohaku, pero si sabía hasta donde había llegado ella con Matthew y la parala virgen no era exactamente la que la describía. No quería ni imaginar lo que pasaría en el momento que el ser primitivo sobre ella notase que no había sangre en la sábanas, o que su abertura no era lo suficientemente estrecha.
Sin embargo algo dentro de ella no quería detenerlo y tampoco quería cerrar los ojos, quería verlo. Saber hasta dónde sería capaz de llegar.
Él la sujetó para romper las cintas de las calzas, la desnudo sin la más mínima sutileza, acto seguido busco separarle las piernas. Se acomodó entre ellas y Rin se preparó para darle el golpe más duro de toda su vida en la aun roja cicatriz. En lugar de intentar penetrarla, él la beso, en la boca; duro y exigente.
— Entrégate a mi Rin — le pidió el conde con voz ronca besando ahora su sensible cuello. Rin gimió ante la sorpresa, a pesar de decirle que no iba a detenerse, estaba pidiéndole su consentimiento. Sintió el roce de su miembro sobre su ahora palpitante clítoris.
— Fue por esto — jadeo ella en medio del beso —. Fue por esto que te herí con la espada— Concluyó, el beso cesó.
Él se quedó quieto observándola.
No había otra explicación, Sesshomaru descubrió de alguna forma lo que lady Rin pensaba hacer y decidió dañarle el plan consumando el matrimonio.
El peso sobre su cuerpo desapareció.
Sesshomaru se había levantado de la cama.
—Me vuelves loco — bramo sin mirarla —. Maldita sea.
— ¿Por qué habían dos espadas?— Necesitaba saberlo todo — Respóndeme — se levantó de la cama y se paró a su lado exigiéndole una respuesta.
—Si no la hubiese tenido me habrías cortado más que un trozo del abdomen.
—¿Pensabas hacerme daño? ¿Me hiciste daño?
Rin vio la sorpresa en su mirada. Pensó que la ignoraría cuando lo observó recoger la camisa del suelo para colocársela, el abrigo que ella llevaba fue puesto de nuevo sobre sus hombros.
—En silenció — le ordenó él al abrir la puerta que daba al pasillo.
La condujo escaleras abajo. Entraron en el despacho. Él encendió una lámpara a gas, deslizó una puerta de una especie de gavetero pegado a la pared. Dos espadas descansaban una sobre la otra.
— Son katanas — no pudo evitar decir Rin que se llevo las manos a la boca y regañó por hablar sin pensar.
El conde las tomo por la vaina y las dejo sobre la mesa de roble.
—Examínalas.
Rin cogió la primera, solo le basto desenvainarla un poco para darse cuenta que tenía un filo excepcionante. Un corte con esa cosa podría fácilmente amputarte un miembro. Si esta katana había sido la responsable de la herida, el impacto había tenido que ser mínimo. La dejó sobre la mesa para coger la segunda, la de funda color azul. Esa la saco por completó, Rin vio con incredulidad aquella hoja metálica.
—No tiene filo — musitó
— ¿Responde eso a tu pregunta?
Él hizo que se girase, estaba parado frente a ella. Lo único que ella pudo hacer fue asentir.
— Bien, ahora sube y enciérrate en tu habitación porque en lo único que puedo pensar es en que estas desnuda debajo de ese abrigo.
Rin asintió y salió disparada hacia el pasillo.
***.
Ahora ella sabía que él no era capaz de tomar a una mujer por la fuerza, no importaba cuan afectado se viera su orgullo. Tambien sabía que la katana que él sostenía solo le servía de defensa ante la que llevaba lady Rin.
La pregunta era; ¿Sabría eso lady Rin?
Si lady Rin no sabia que Sesshomaru no le haría daño, tal vez pensó hacer lo mismo que ella; lastimarlo. Quizás ella pensó que Sesshomaru cumpliría su amenaza y por eso lo corto con la espada. La sangre que dijo ver Kohaku probablemente era de Sesshomaru, lady Rin quizás había huido pensando sabrá Dios que cosas.
Ella nunca llegó al encuentro con Kohaku porque el conde la descubrió. Pero era posible que él no pudiera hacerle daño. Era eso o estaba siendo participe del engaño de su vida.
¿A dónde fuiste Rin Matou? ¿A dónde?
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