ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO
Capítulo 4: Funeral por un enemigo:
Bastantes años atrás, caía una fuerte tormenta durante la noche sobre la Wammy´s House, un orfanato situado en Inglaterra. La pequeña Yuko se despertó sobresaltada por uno de los truenos. Aquel ruido le resultaba terrorífico, así que se bajó de su cama y se metió bajo las sábanas de la otra cama que había en aquella habitación.
-Hermano – llamó a L mientras lo movía un poco de un brazo para despertarlo.
-¿Qué pasa? – preguntó él frotándose los ojos – ¿Te siguen dando miedo los truenos? – adivinó al ver a través de la ventana cómo se iluminaba el cielo una vez más.
-Sí – asintió ella sin parar de temblar allí debajo de las sábanas, mientras se tapaba los oídos con ambas manos para intentar no escuchar aquel espantoso ruido.
El niño se metió también allí debajo para acompañarla.
-Ya te he dicho que no debes temerles – le dijo L mientras la abrazaba para tranquilizarla – Verás, ¿recuerdas el pararrayos que hay en el tejado?
-¿Ese palo de metal tan alto? – preguntó Yuko destapándose un poco los oídos para seguir mejor la conversación.
-Sí, el mismo. Pues él se encargará de enviar los rayos bajo tierra, donde no podrán hacer daño a nadie.
-¿Por qué ahí no podrán hacer daño a nadie? – preguntó ella sin entenderlo del todo.
-Porque la tierra no conduce la electricidad – le explicó su hermano – Digamos que la elimina, para que lo entiendas mejor.
-¡Cuánto sabes, hermano! – exclamó, pero en ese momento un nuevo trueno resonó por todo el edificio – De todas formas, déjame dormir contigo por esta noche – pidió aún con miedo, abrazándose fuertemente a su hermano mayor y escondiendo su cara contra el pecho de este.
-Claro – accedió él y en ese momento se le abrió la boca con un bostezo – Que descanses – le deseó, para después darle un beso en el pelo.
-Tú igual – murmuró la niña cerrando los ojos.
Apenas unos minutos más tarde, la puerta de aquella habitación se abrió despacio, sin hacer demasiado ruido. A Wammy le era de sobra conocido el temor de Yuko hacia los truenos, así que acudió preocupado por si la niña estaba asustada o llorando.
Primero miró hacia la cama de la pequeña, y se alarmó cuando se dio cuenta de que estaba vacía. A continuación, dirigió su mirada hacia la otra cama y observó que había un bulto bajo las sábanas. El hombre lo descubrió con cuidado y se encontró a los dos niños durmiendo abrazados.
-Tendría que haber traído la cámara de fotos… – se lamentó el hombre, pensando que la escena era muy tierna.
OoOoO
Aquel 30 de enero también había amanecido tronando y lloviendo a mares sobre Tokio. Aún estaba bastante oscuro, pero entre tanta nube empezaba a adivinarse que estaba amaneciendo.
-Creo que Amane por fin se ha dormido – dijo Yuko en voz muy baja.
-Eso parece – contestó L en el mismo tono – Ya va siendo hora de que me ponga en marcha. Quédate aquí por si se despierta, ¿vale? – le preguntó y ella asintió – ¿Me dejas usar tu sala?
-Claro.
-Genial. Ahí tendré más tranquilidad para llamar.
El detective se levantó del sofá, salió de aquella habitación y se dirigió hacia una sala aparte llena de pantallas que normalmente usaba su ayudante. Una vez allí, se sentó con los pies en alto en una silla giratoria y se dispuso a hacer una llamada telefónica a la Wammy´s House. Le contó a Roger, el encargado, que quería hablar con el doctor Smith, un psicólogo especializado en casos de niños huérfanos que trabajaba allí. L confiaba mucho tanto en Roger como en ese doctor, habían sido muy buenos amigos de su tutor.
-Así que, en resumen, has rescatado a una damisela en apuros – le dijo el doctor Smith después de escuchar la historia – La primera vez que te vi eras solo un renacuajo, y ¡fíjate! Ahora eres todo un héroe, ¿eh?
-Vayamos al grano, por favor, doctor Smith – pidió L rodando los ojos. Aquel hombre siempre había sido igual, hacía bromas a cada ocasión que tenía.
-Sí, sí. Perdona – se disculpó – La situación de esta chica es complicada, sin duda. Pero cuanto más complicado es algo, más satisfacción al solucionarlo, ¿verdad?
L sonrió, sabía perfectamente a qué se refería. Él sentía exactamente lo mismo resolviendo crímenes difíciles.
-Sé que tendrá mucho trabajo, pero me veo obligado a acudir a usted – dijo el moreno – Como ya le he dicho es un caso bastante especial. Ella es famosa, así que necesito la máxima discreción posible. No me interesa que se creen rumores extraños a su alrededor, y mucho menos que se la relacione con el caso Kira.
-Tranquilo, puedes contar conmigo – respondió el hombre – Efectivamente, como has adivinado tengo mucho trabajo y no puedo ir en persona allí a Tokio. Hace un par de semanas llegaron al orfanato un par de niños procedentes de una zona conflictiva. Ya te puedes imaginar que han visto cosas difíciles de olvidar – le explicó – Pero tendré el gusto de atender a Amane por videollamada.
-Mi ayudante se ha asegurado de que este canal sea muy seguro – explicó L – Viviendo aquí, tendrá acceso a usted a cualquier hora y además será prácticamente imposible espiar la comunicación con el orfanato.
-Perfecto – contestó el doctor Smith – ¿Entonces te harás cargo de ella? Creo que esa Amane tiene mucha suerte de haber dado contigo – añadió y después se rio un poco.
-¿Qué quiere decir? – preguntó extrañado, sintiéndose un poco nervioso por aquella afirmación.
"¿Estoy actuando raro?" se preguntó L, pero al momento negó con la cabeza.
Incluso antes de llamar a los tíos de Misa, en el fondo él lo sabía. Sabía que nadie querría hacerse cargo de ella después de lo sucedido la tarde anterior. Y entendía aquella negativa, después de todo con medios normales era difícil garantizar su seguridad.
Pero él no tenía medios normales, él tenía una verdadera fortaleza a su disposición. Y, le gustase o no, aquella extraña situación no dejaba de formar parte del caso Kira. Así que no, no estaba haciendo nada raro ni exagerado al preocuparse un poco por Misa.
-Te sigues preocupando por la gente, ¿eh? – adivinó entonces el doctor Smith.
-Cállese – contestó L avergonzado. Odiaba que adivinaran lo que había en lo más profundo de su corazón.
-Tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo – respondió el hombre con algo de diversión – Le daré unas sesiones y cuando considere que está en condiciones de poder volver a casa, lo sabrás – añadió algo más serio.
-Bien – asintió L conforme mientras se echaba a la boca unas galletas con virutas de chocolate – Me parece un buen plan.
OoOoO
Misa abrió los ojos despacio y bostezó. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que seguía en el cuartel de investigaciones propiedad de L.
"Entonces… era verdad" pensó tristemente. Era todo tan surrealista… Su novio se había marchado para siempre, pero a cambio L había vuelto del más allá, donde ella creía que estaba.
Se incorporó lentamente, se notaba muy, muy cansada y tenía los ojos bastante secos. Entre llantos y lágrimas la noche se le había hecho eterna, pero de alguna manera al final había logrado dormir un rato.
-Buenos días – le saludó Yuko al verla moverse – ¿Cómo estás hoy?
-Pues… mal – respondió ella sin mucho ánimo – ¿Para qué te voy a mentir?
La rubia se levantó como pudo y se dirigió al baño caminando como los zombies de las películas.
-¿Necesitas ayuda? – ofreció la morena al verla tan inestable.
-No, gracias – murmuró, pero en ese momento tuvo que sujetarse con un mueble para no caerse – O a lo mejor sí… – añadió en el mismo tono.
-De acuerdo. Venga, vamos – respondió Yuko acercándose a donde estaba Misa para después pasarse un brazo de ella por detrás de su cuello para ayudarle a caminar.
Juntas llegaron hasta el baño. Misa giró la cabeza y en el espejo vio que su aspecto era bastante lamentable. Tenía los ojos rojos e hinchados de haber llorado bastante, y además tenía ojeras por no haber dormido bien, aunque comparada con L sus marcas eran de principiante. Y para rematar, llevaba puesto un pijama prestado de Yuko que le quedaba un poco grande, ya que la otra era más alta que ella. Sin duda, sus fans se habrían llevado una gran decepción si la hubiesen pillado en ese estado…
-Creo que me daré una ducha rápida – decidió Misa tras observarse.
-Está bien. Entonces te traeré algo de ropa mientras – contestó la morena y después salió de allí.
Misa entró a la ducha y dejó que el agua cayera sobre su cabeza. Suspiró, en ese momento la rubia sentía que nunca antes había caído tan bajo de ánimos ni de fuerzas…
-Pero he hecho la promesa de salir adelante como sea y por Light que la cumpliré – se recordó en voz alta mientras cerraba los puños con decisión – Si eso es lo que él quiere, lo haré.
Cuando se sintió algo más relajada, Misa salió de la ducha y se puso un albornoz blanco que había allí colgado y que olía como recién sacado de la lavandería.
-He dejado de oír el agua, ¿has terminado ya? – preguntó la voz de Yuko desde fuera.
-Sí. Puedes pasar si quieres – contestó Misa y la otra abrió la puerta.
-Toma, te he traído algo de mi ropa – le explicó la morena mientras dejaba una pila de prendas sobre el lavabo – Ponte lo que más te guste.
La rubia observó el montón. Varios pantalones vaqueros y también algunas camisetas básicas y sudaderas, todas blancas o de colores muy claros. Todo muy fuera de su estilo habitual, pero parecía ir en línea con el de L.
-Lo siento, no tengo otra cosa – comentó Yuko con seriedad al no verla demasiado contenta con las opciones que le daba.
-Bueno, trataré de apañarme con esto – respondió Misa intentando poner buena cara y la otra rodó los ojos.
-Bien – contestó la morena y después volvió a salirse del baño.
Yuko se dirigió entonces a un carrito lleno de dulces y empezó a extenderlos por una de las mesas. Ayudaría a esa chica, pero socializaría lo menos posible con ella.
"No merece la pena tratar de entablar amistades. Todo el mundo piensa que los chicos de la Wammy's House somos unos bichos raros" pensó la morena.
Un par de minutos después, Misa salió del baño. Se había vestido con unos vaqueros y una camiseta básica de color azul claro.
-¿Qué tal? – preguntó la rubia no del todo segura. Se veía tan… normal, que irónicamente se sentía rara.
-Parece que te está bien, no te preocupes – respondió la otra – Por cierto, puedes sentarte aquí, Amane – añadió indicándole un sofá – El desayuno pronto estará listo.
-Uff, ahora mismo no creas que tengo demasiado apetito… – se quejó ya que, al igual que la noche anterior, sentía que tenía el estómago cerrado.
-Pero mi hermano le prometió a tu novio que saldrías adelante – respondió Yuko lanzándole una mirada seria como las de L, de esas que daban un poquito de miedo – Lo recuerdas, ¿verdad?
-Sí, sí, tienes razón – contestó algo intimidada – Lo recuerdo y lo tengo muy en cuenta. Intentaré comer algo.
-Eso ya me gusta más.
Misa observó a la otra chica terminando de extender el desayuno por la mesa. Ya sin aquella extraña indumentaria de la noche anterior parecía otra persona completamente distinta. Ahora llevaba una sudadera de un rosa muy claro, con una capucha atrás y un bolsillo grande en la barriga, unos pantalones vaqueros y unas zapatillas deportivas blancas. Todo muy parecido a la ropa que le había prestado, así que a la rubia le quedó bastante claro que a Yuko también le gustaba lucir el mismo estilo cómodo que L.
Por otra parte, en lo referido al físico se veía unos años más joven que su hermano. A diferencia del detective, ella parecía que al menos sí conocía el significado de la palabra "peine", ya que su pelo suelto que llegaba hasta la mitad de su espalda no parecía tan desordenado como el del chico.
-Ya está todo – anunció Yuko entonces – Puedes empezar a comer cuando quieras.
La morena se sentó en el sofá de enfrente de Misa con los pies encima, como no, aunque ella adoptó una posición con las piernas cruzadas, y sin mediar más palabra empezó a comer dulces con bastante apetito. La rubia también se dispuso a comer algo de fruta, que era lo que más sano le pareció de todo lo que allí había, pero no pudo evitar observar a Yuko con curiosidad. A ella apenas la conocía, pero tenía la sensación de que ambos hermanos siempre estaban comiendo y nunca engordaban…
"Si alguna vez encuentro una lámpara mágica con un genio dentro, mi deseo será poder comer todo lo que quiera sin engordar" se prometió la rubia a sí misma.
En ese momento se abrió la puerta y aparecieron L y Near. Este último había pensado que, si iban a tener que convivir un tiempo con Misa, lo mejor era presentarse cuanto antes.
Las chicas se giraron al oír el ruido y entonces las miradas de Near y Yuko coincidieron durante un breve instante, lo cual hizo que ella se volviera inmediatamente hacia la mesa de nuevo.
-Buenos días – saludaron entonces ambos chicos.
-Bu… buenos días – murmuró la morena sintiendo el corazón acelerado.
-¿Se puede saber cuántos hermanos sois? – preguntó Misa observando a los recién llegados. Ese chico de pelo blanco en cierto modo era muy similar a los otros dos hermanos.
-Oh, él no es familiar nuestro – le explicó L.
-¿No? Pues… os parecéis un poco – respondió la rubia observando al joven detective de pelo blanco – Los tres tenéis el mismo estilo, supongo…
-Me llamo Near – se presentó el chico entonces – Encantado, Amane.
-¿Near? ¡Tú eres el que me ha tenido retenida un montón de días! – exclamó dándose cuenta de que ya había escuchado ese nombre antes.
-Lo siento, el desarrollo del caso lo requería – respondió el del pelo blanco tranquilamente – Pero llevémonos bien, ¿vale?
-Está bien. No me trataste mal, al fin y al cabo – contestó la rubia en son de paz.
Los dos chicos se sentaron alrededor de la mesa. Yuko se dio cuenta de que ya hacía muchísimo tiempo que no se había sentado junto a Near en un rato de relax, y eso la hizo sentirse aún más nerviosa.
-¿Te pasa algo? – le preguntó Near a la morena al verla bastante rígida.
-Oh, no. Pensaba que… de pequeña me daban miedo los truenos – se le ocurrió al ver un relámpago a través de la ventana.
-Ah, sí. Lo recuerdo – le respondió L – Creía que lo habías superado. No me digas que vuelves a tenerles miedo – añadió mirándola con algo de preocupación.
-¡Claro que no! Vencí ese miedo – le aseguró Yuko haciendo un gesto de fuerza con el brazo.
-Me alegro – contestó el moreno – Por cierto, Misa. Tengo que hablar contigo sobre algo importante – le comunicó entonces a la otra chica.
-¿De qué se trata? – preguntó Misa con curiosidad.
-Verás, me he puesto en contacto con un conocido mío que es psicólogo y está dispuesto a atenderte, aunque…
-¡¿Un psicólogo?! ¡¿Crees que estoy loca o qué?! – lo interrumpió poniéndose en pie para protestar.
-Misa, intentaste suicidarte. No estás en posición de quejarte demasiado, ¿no crees? – le preguntó L con seriedad – Verás, como te iba diciendo, el hombre del que te hablo está trabajando en Inglaterra y no puede venir personalmente, pero se ha ofrecido amablemente a atenderte por videoconferencia. Y hasta que él dé permiso estarás viviendo aquí vigilada, ¿entendido?
-¿Qué? ¿Entonces tengo que quedarme aquí? – preguntó visiblemente decepcionada.
-Debes saber que también he hablado con el resto de agentes y están de acuerdo con este plan – le siguió explicando el moreno – Sé que no te agrada la idea, pero quiero que sepas que a mí tampoco. Yo tengo cosas muy importantes que hacer, así que, por favor, no me lo pongas más difícil con tus berrinches.
"¡Qué irritante!" pensó Misa rodando los ojos. "Empiezo a recordar por qué a veces me resultabas tan insoportable".
-Ya verás, voy a curarme enseguida y así no tendrás que volver a verme, no te preocupes – contestó la rubia desafiante.
-Eso espero. Esto ha surgido así, así que vamos a aceptarlo y a intentar llevarlo lo mejor posible, ¿de acuerdo? – preguntó el moreno.
-Está bien. De acuerdo – asintió ella.
-Cambiando de tema, nos han comunicado hace unos minutos que el entierro de Light será hoy mismo. Querrás ir a despedirte, ¿verdad? – preguntó L.
El detective había consultado con el doctor Smith si era buena idea avisar a Misa, ya que era obvio que ella querría ir a despedirse de su novio. El hombre le había advertido a L que podía ser un momento muy dramático para la chica, pero que a la larga iba a ser peor no dejarla decirle adiós a Light como era debido.
Además, la presencia de Misa en el funeral aportaría cierta imagen de normalidad a la situación y evitaría que se crearan rumores indeseados sobre ella.
-¿Tú qué crees? – contestó la modelo rodando los ojos – Átame con unas esposas o lo que quieras, pero déjame asistir, por favor.
-Pues prepárate. Mi hermana y yo iremos contigo – le dijo el moreno. Necesitaría ayuda para vigilar que la rubia no hiciera nada raro.
-Vale, llevadme en cuanto podáis – pidió Misa poniéndose en pie – Es que ni siquiera me importa ir con este tipo de ropa – añadió mirándose – La verdad es que no quiero llamar la atención. Solamente quiero estar al lado de Light una última vez.
OoOoO
Tal como le habían prometido, un rato más tarde L y Yuko llevaron a Misa en coche al lugar en el que se despediría a Light. A diferencia de temprano por la mañana, ahora el sol lucía tímidamente a través de las nubes.
-Oh, aquí estáis – los saludó Mogi que estaba esperándolos en la puerta – Por favor, Misa. Dime que estás bien – añadió preocupado acercándose hasta su representada.
-No lo estoy. No puedo estarlo, Mochi – negó Misa a su manager empezando a llorar.
-Bueno, ya verás cómo algún día volverá a salir el sol en tu vida – trató de animarla el hombre – Pasad por aquí, por favor – les indicó y todos lo siguieron.
Todos ellos pasaron dentro. En una amplia sala había una foto en grande de Light a modo de homenaje. Por expreso deseo de Sachiko Yagami, la madre del muchacho, aún no se debía decir ni una palabra a los medios de comunicación sobre que el novio de la famosa Misa-Misa había muerto, la mujer no quería prensa ni cotillas en el funeral de su hijo.
Aun así, estaba acudiendo bastante gente que lo había conocido personalmente. Desde siempre Light había mostrado buena presencia y educación ante todos, así que eran muchos los que de alguna manera se habían sentido atraídos hacia él y lo admiraban.
En ese momento, Matsuda y Aizawa vieron pasar al grupo y se acercaron.
-¡Misa-Misa! De verdad, nos asustamos un montón cuando desapareciste – le dijo el policía más joven – Yo… ¡inmediatamente pensé lo peor! – exclamó poniéndose a llorar – Si hubieras muerto por un descuido mío, yo… yo… ¡jamás me lo hubiese perdonado! – añadió y después la abrazó sin parar de soltar lágrimas.
-Lo siento, Matsu – se disculpó ella – Me sentía desesperada. No sabía qué hacer…
-Pero esa no es la solución – opinó Aizawa – No puedo creer que seas tan cobarde.
-¡Jefe! ¡Sea más amable! – le pidió Matsuda soltando a la chica del abrazo – Perdónalo, Misa-Misa. Es su manera de preocuparse por ti.
-¡Yo no estaba preocupado! – gritó el hombre alterado – Bueno, solo un poco… – admitió mirando para otro sitio.
-¿Lo ves? No puede disimularlo bien – dijo el joven policía secándose las lágrimas y poniendo de nuevo una sonrisa en su cara – Oye, creo que esta ropa también te queda muy bien – opinó entonces – No es a lo que nos tienes acostumbrados, pero te favorece un montón.
"¿Ahora se da cuenta de que a ella le queda bien todo?" pensó L al oír aquello.
-Gracias, pero no es mía – respondió Misa señalando a Yuko.
-¡Anda! – se sorprendió Matsuda – ¿Quién es? Se parece a Ryuzaki.
-Soy Yuko Ryuzaki – se presentó usando el apellido falso de su hermano – Por favor, cuidad bien de mí.
-Entonces, ¿sois hermanos? – preguntó Matsuda y ellos asintieron – ¡Qué divertido! – exclamó pasando la mirada del uno al otro para compararlos.
Misa entonces vio en otra parte de la sala a Sachiko y a Sayu, la madre y la hermana de Light respectivamente, y se dirigió corriendo hacia ellas para abrazarlas. Entonces las tres juntas lloraron durante un buen rato.
OoOoO
Tras la ceremonia en el templo, el cuerpo de Light fue llevado al cementerio que había justo detrás del mismo, y enterrado debajo del monolito familiar de los Yagami.
-¿Sabes? Me da mucha rabia enterrarlo como a un héroe – murmuró Matsuda en un momento en el que nadie externo al caso podía oírlo – Después de todo lo que ha hecho el desgraciado… – añadió con rabia.
-A mí también me la da – contestó L en voz baja – Pero esta es la mejor solución.
Matsuda miró desde lejos a la familia y solo viendo sus caras de desolación se dio cuenta de que ya era bastante malo así con una mentira. Si les hubiesen contado la verdad habría sido realmente horrible.
-Tienes razón, Ryuzaki – dijo algo más tranquilo.
En ese momento, vieron cómo la madre dejaba un ramo de flores frente a la tumba y la hermana encendía un incienso. Misa, por su parte, se puso de rodillas en el suelo.
-¡Hasta siempre! – se despidió la rubia – ¡Nunca te olvidaré, Light! ¡Nunca! – gritó escandalosamente.
L sintió que era momento de retirarse, así que avanzó entre la gente y cuando llegó hasta Misa le puso la mano en el hombro.
-Bueno, será mejor irnos ya – le dijo a la chica.
-¡No quiero! – chilló ella aferrándose con todas sus fuerzas al monolito de piedra.
-¿Quién es esa? Es la novia del pobre muchacho, ¿verdad? – escuchó que se preguntaban entre ellas unas mujeres que debían de ser amigas de la madre de Light.
-Pobrecilla, debe de estar destrozada – opinó otra de ellas.
-Vamos – insistió L viendo que eran el centro de todas las miradas.
-¡Que no! – gritó Misa.
"Sabía que daríamos algún tipo de espectáculo con ella" pensó el moreno rodando los ojos.
-Pero Misa-Misa… – empezó a decirle Matsuda, que también se había acercado – No puedes quedarte aquí. Tienes que venir con nosotros – añadió poniéndose más serio – Te arrancaré a la fuerza si es necesario – dijo dispuesto a tirar de ella.
-Espera – le pidió L al otro chico poniéndole una mano en el hombro para frenarlo – Misa, ¿así es como me piensas demostrar que te vas a curar? – le preguntó a ella muy serio, prácticamente regañándole – Esperaba más seriedad por tu parte.
Misa miró hacia el suelo, sintiéndose un poco avergonzada. Se dio cuenta de que estaba haciendo una tontería bastante grande. Agarrándose a la tumba de esa manera no podía solucionar nada, aunque se quedara así todo el día, o incluso mil años, Light ya no podía volver a la vida.
L tenía razón, no le vendría mal un poco de ayuda profesional. Se soltó del monolito y empezó a llorar tapándose la cara con ambas manos.
-Misa, ¿estás bien? – le preguntó Sayu acercándose preocupada – Vuelve con ellos, tienes que descansar. Verás cómo mañana estás más tranquila.
-Sayu tiene razón – respondió Matsuda – Venga, vámonos de aquí.
Entre L y Matsuda la levantaron del suelo y empezaron a caminar para salir de aquel lugar. En la puerta de salida, Misa miró hacia atrás.
-Hasta siempre, Light – murmuró con lágrimas – Viviré, tal y como le pediste a Ryuzaki.
La rubia volvió de nuevo la cara hacia delante y continuó andando con la ayuda de L y Matsuda hasta el coche del primero, donde la subieron en la parte de atrás. Yuko se montó en el asiento del copiloto y justo cuando L iba a abrir la puerta del piloto para subirse también, Matsuda llamó su atención dándole con un dedo en el hombro.
-Ryuzaki, ¿puedo hablar contigo un momento? – le pidió haciéndole un gesto para que lo siguiera.
El detective lo miró con curiosidad por todo aquel secretismo y ambos se alejaron un poco del coche.
-¿Qué quieres? – preguntó L.
-Verás, he estado pensándolo detenidamente y creo que voy a pedirle salir a Misa-Misa – anunció el policía en voz muy baja y el detective se sorprendió de verdad, ya que esperaba prácticamente cualquier estupidez del otro menos esa.
-¿Salir? ¿De pareja?
-Pues claro, ¿de qué manera si no? – contestó el otro – De siempre he pensado que es muy guapa. Y ahora está sola y necesita más que nunca a alguien a su lado. ¿No crees que sería un desperdicio no aprovechar esta oportunidad?
-¿Y por qué me lo cuentas a mí si puede saberse? – preguntó L un pelín molesto.
-Porque tú eres el que más se está encargando de ella y creo que también te preocupa, así que quería saber tu opinión – respondió Matsuda.
-Misa y yo estamos atados por el caso. No lo hago por gusto, ¿vale? – quiso aclarar el detective – En cuanto a mi opinión, pienso que es demasiado pronto para que le hables de esas cosas. Lo último que necesitamos es la alteres aún más – agregó con ganas de desanimarlo.
-Imaginaba que dirías algo así. Sí, tienes razón, ahora mismo está demasiado reciente lo de Light – contestó mirando hacia el suelo – Pero, ¿sabes? Pienso ganarme a Misa-Misa poco a poco y pronto sentiré que puedo decírselo – añadió con decisión, fijando su vista en su interlocutor.
-¿Y para qué me pides opinión si al final vas a hacer lo que te dé la gana? – preguntó L con seriedad y un poquito enfadado.
-Pues ahí llevas razón – respondió el policía riéndose un poco – Supongo que simplemente tenía ganas de decírselo a alguien que también supiera todo lo que está sufriendo Misa-Misa. En fin, nos vemos en el trabajo, Ryuzaki – se despidió.
-Sí, hasta pronto – contestó y después cada uno se dirigió a su coche.
"No creo que pueda salir nada bueno de esto…" pensó L, pero al momento agitó la cabeza levemente. "En fin, no es mi problema, Misa y Matsuda pueden hacer lo que les dé la gana" trató de restarle importancia, pero por algún motivo sintió que aquello le molestaba.
¡Sorpresa! Tenemos nuevo rival, ¿os lo esperabais? Ya aviso que la trama que viene a continuación será 100% nueva, espero que os guste.
Contesto reviews:
InOuji: en serio, me dan ganas de escribir una historia anterior a esta sobre los dos hermanos jajaja, me gusta escribir dos historias a la vez, así que lo pensaré seriamente
LilSykesMixer: lo entiendo, si hace tiempo que la leíste es normal que se te olvidase. En cuanto al final de ese triángulo amoroso, realmente están abiertas todas las opciones de momento, no te descarto un nuevo final, la verdad xD
