ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO
Capítulo 5: Intentando avanzar:
Un nuevo día nublado y bastante frío amanecía en Tokio, aunque era exactamente el tipo de clima que podía esperarse para principios de febrero. Sin embargo, a Misa y a los demás les daba igual el frío, dentro del cuartel de investigaciones la calefacción cumplía su cometido a la perfección manteniendo una temperatura ideal constantemente.
-Te explico, Misa – dijo Mogi mientras se sentaba en un sofá al lado de la rubia – Acabo de actualizar tus redes sociales aclarando a tus fans que vas a tomarte un descanso tras lo ocurrido a tu novio. Por supuesto, no he mencionado que su muerte está relacionada con el caso Kira. Y tú tampoco debes decir nada a nadie externo bajo ningún concepto – le recordó.
-Lo sé, lo sé – asintió la artista – Sabes que soy muy discreta para estas cosas. Nunca me he ido de la lengua y he divulgado algo que no debía, ¿verdad?
-Bueno, eso es cierto – admitió su manager y ella lo miró con satisfacción – El asunto de… tu huida no ha trascendido a los medios por suerte – siguió explicando – Si alguien te hubiera reconocido aquel día y el incidente se hubiese hecho público, nos podríamos haber metido en problemas con la prensa y esto podría haberte causado mala imagen. No quiero ni pensarlo…
El hombre la miró con preocupación y tristeza. Ya llevaba varios años trabajando con ella y le tenía cariño. A veces le daba problemas o era caprichosa, pero para él era una especie de hermana pequeña.
-Misa-Misa, ¿realmente ibas a… suicidarte? – le preguntó con miedo.
-Lo estuve dudando un rato… – contestó ella mirando hacia el suelo.
-Pero siempre hay algo por lo que luchar – le aseguró él – Puede que ahora mismo no lo veas claro, pero ya encontrarás nuevos motivos para continuar.
-Tranquilo – respondió mientras ponía una mano sobre la del hombre – Light me pidió que siguiera adelante y, si ese es su deseo, ese será mi motivo para luchar.
El hombre asintió. L ya les había informado que con esa historia le hizo entrar en razón, y todos debían apoyarlo.
La chica entonces se levantó del sofá en el que estaban conversando y se dirigió hacia un rincón de la habitación en el cual había puesto una foto de Light como homenaje. Una vez allí, se arrodilló delante de la imagen del chico.
-¿Verdad que estás orgulloso de mí? – preguntó la rubia a la foto – Estoy cumpliendo lo que pediste, Light.
Misa entonces se quedó en silencio observando la imagen del chico durante unos minutos. Ya llevaba viviendo en aquel edificio unos días, y aquello empezaba a formar parte de su nueva rutina. Si no podía ver al Light auténtico, al menos vería una imagen suya para darse fuerzas y recordarse su nuevo propósito.
Aún se sentía muy débil, pero costase lo que costase, estaba dispuesta a comenzar una nueva etapa de su vida. A escribir un nuevo futuro para sí misma.
Mogi se rascó la nuca nerviosamente ante aquella imagen de Misa "adorando" a Light. Aún no se creía del todo que ese chico les hubiera engañado de esa manera tan cruel… Pero, por supuesto, no diría ni una palabra a nadie y seguiría fingiendo que Light era inocente.
-Qué guapo era, ¿verdad? – murmuró Misa embobada pasando una mano por la foto.
Light era justo como siempre se había imaginado que serían los príncipes de los cuentos de hadas. Todavía recordaba que apenas pudo creerse que existiera alguien así cuando lo vio por primera vez. Por no decir que apareció poco después de haberse quedado completamente sola tras la muerte de sus padres, devolviéndole parte de su felicidad perdida. En el momento en el que más necesitaba a alguien a su lado.
"Seguramente era el destino, así que no pienso permitir que esta historia de amor tan perfecta termine aquí, lo querré por siempre" se prometió a sí misma.
-¡Buenos días, Misa-Misa! – gritó Matsuda abriendo la puerta de golpe, asustando a la chica y haciendo que se le cayera la foto al suelo.
-¡No me des esos sustos, Matsu! ¡Vas a hacer que se rompa la foto! – se quejó ella mientras recogía el retrato y comprobaba que el marco y el cristal estuvieran intactos.
-Perdona – se disculpó – Pero es que alguien quería saludarte – añadió mostrando una jaula con un pequeño pájaro de color verde y a Misa se le iluminaron los ojos.
-¡Ry…! – empezó a exclamar ella mientras se levantaba de un salto, pero al momento se tapó la boca – Esto… ¡Cariño! – se corrigió y después fue corriendo a ver al periquito – ¿Cómo estás?
-Estoy bien – respondió el chico poniendo voz rara, supuestamente la voz del pájaro – Pero he echado mucho de menos a Misa-Misa.
-Yo a ti también – contestó la chica como si realmente el periquito le hubiera dicho eso – Ya no volveremos a separarnos, ¿vale?
-Claro que no.
Mogi sonrió ante la escena del reencuentro de la artista con su mascota.
-Misa-Misa, ¿es que no quieres que se sepa… eso? – preguntó el hombre divertido.
-¡Por supuesto que no! – exclamó ella agitando los brazos nerviosamente – Así que no quiero que digáis ni una palabra – añadió sonando avergonzada.
-Pero, ¿por qué? – preguntó Matsuda – Quiero decir, yo creo que fue un bonito detalle por tu parte…
-Porque seguro que él se enfada – lo cortó la chica – ¿Qué pensarías tú en su lugar?
-Pues… sería un poco raro, la verdad – admitió el joven.
-¿Lo ves? Por eso no quiero que digáis nada de nada – les pidió – Y… también me gustaría que os aseguréis de que Ide y Aizawa tampoco lo mencionan.
-Tranquila, no creo que ellos dos estén pensando en ese detalle – le restó importancia Mogi.
-Por si acaso – respondió Misa.
"¿En qué mal momento se me ocurriría esa idea?" se regañó la chica mentalmente.
-Vale, entonces este será nuestro secreto – propuso Matsuda tendiéndole el dedo meñique – ¿Qué te parece?
-Perfecto – contestó la chica estrechándoselo con su propio meñique, a modo de sellar la promesa – Venga, Mochi. Tú también.
-Está bien – accedió el hombre un poco avergonzado por hacer algo tan infantil.
-¡Muy bien! – exclamó Misa dando palmas.
-Por cierto, Misa-Misa – llamó su atención de nuevo Matsuda – En realidad, este solo ha sido el primer porte. Ide y yo acabamos de venir de tu casa, así que hemos aprovechado para traer al cuartel tu ropa y todo lo que nos pediste – le explicó.
-¡Genial! – contestó la rubia con una sonrisa. Por fin iba a tener a su disposición todas sus prendas, y no tendría que estar pidiéndoselas prestadas a Yuko.
"¡Vaya! Parece contenta con lo que le he dicho" pensó el chico sintiéndose animado.
-Tú tranquila – dijo Matsuda agravando un poco la voz para intentar sonar más "genial", como un protagonista de algún anime de acción haría.
-Pero si no estaba nerviosa… – comentó Misa.
-Las cajas están en el parking, así que te las iré subiendo poco a poco a tu habitación – continuó explicándole en el mismo tono – Déjame a mí el asunto – añadió poniendo una V de victoria con los dedos.
Matsuda estaba dispuesto a demostrarle a la rubia que podía confiar en él y que en un futuro no muy lejano se convertiría en alguien digno de ser su novio.
La puerta volvió a abrirse en ese momento.
-Ya estoy aquí – anunció Ide – ¿Dónde te habías metido, Matsuda? – regañó al chico – Has desaparecido y me ha tocado a mí solito cargar todas las cajas en el ascensor una a una.
-¿Ah, sí? Lo… lo siento – se disculpó el chico riendo nerviosamente.
-Venga, ayúdame a sacarlas de aquí al menos – le pidió Ide desapareciendo otra vez por la puerta.
-Cla… claro – respondió Matsuda.
El chico se dio un momento la vuelta antes de ir tras Ide. Misa y Mogi estaban negando con la cabeza.
-Nunca cambiarás, Matsuda – comentó el hombre.
-Este es nuestro Matsu – opinó también Misa.
"¡Jo! ¿Por qué siempre tengo que meter la pata?" se preguntó el pobre chico sintiéndose avergonzado. "Aunque ya deberías saber que yo no me rindo tan fácilmente, Misa-Misa" pensó con decisión.
OoOoO
Mientras tanto, L, Yuko, Near y la agente Halle Lindner estaban de visita en aquel hospital de Tokio donde estaban ingresados Mello y Matt. Después de unos días tan agitados e intensos en el caso Kira, ya era hora de hacer una visita en persona a los chicos.
L pulsó el botón y el ascensor no tardó en abrirse. Ellos cuatro entraron los primeros, pero detrás pasaron varias personas más apretujándose y haciendo que aquello pareciera el metro en hora punta.
Tras un par de empujones, Yuko y Near quedaron situados uno frente al otro y ella sintió su corazón a mil por hora.
"¡Estamos demasiado cerca!" pensó la morena llena de vergüenza. "Sí, ya sé que Near significa "cerca" precisamente…".
Aunque la chica le sacara varios años, el albino había estado ahí cuando más lo necesitaba, así que desarrollar sentimientos por él simplemente había sido un proceso natural.
No obstante, Yuko era demasiado tímida y nunca le había hablado de lo que sentía al muchacho y, por supuesto, no iba a sacar la conversación ahí en el ascensor. Más bien usaría el "comodín del hermano mayor" para salir de aquella incómoda situación, así que se giró como pudo hasta ponerse frente a L.
-¿Qué pasa? – le preguntó el moreno al notar que lo buscaba.
-Sobre el pastel de esta mañana, se me está ocurriendo que podría probar a hacer otro igual, pero cambiando el chocolate con leche por chocolate blanco – improvisó Yuko – ¿Qué te parece?
-Me lo comería también – contestó él sin pensárselo dos veces.
-Entonces lo intentaré – le prometió la chica. Cuando iban justos de tiempo para la investigación los encargaba, pero al final hacer dulces caseros era una parte muy importante de su trabajo.
El ascensor por fin emitió un pitido indicando su llegada a la planta de cuidados intensivos, así que L y los demás pudieron escapar de aquella lata de sardinas.
-Seguidme – les pidió el moreno.
Las visitas estaban bastante restringidas, así que el detective tuvo que usar su don de palabra para que el médico encargado de la zona les permitiese pasar a ver a Matt.
-Está bien. Cinco minutos – les dijo seriamente aquel médico mientras les abría la puerta – Ni uno más.
-Muchas gracias por su comprensión – contestó L.
Los cuatro pasaron dentro y ante ellos apareció la estremecedora imagen de Matt allí postrado entre tubos y más tubos.
-Matt… – murmuró Yuko sintiendo un nudo en la garganta.
El chico siempre había estado lleno de vida, y ahora… eran varias máquinas las que lo mantenían en este mundo de manera artificial y frágil.
-Al final lo logramos, en parte gracias a ti – susurró Near.
Entonces todos se quedaron observándolo en silencio, sintiéndose impotentes al no poder ayudarlo. Antes de que se dieran cuenta, los cinco minutos ya habían pasado y el estricto médico abrió la puerta como indicación de que debían salir de ahí. Sin cruzar una palabra ni protestar, los cuatro fueron saliendo de la habitación, deseando que la siguiente visita fuera algo más alegre.
En esta ocasión, en lugar de utilizar de nuevo alguno de los ascensores, decidieron simplemente caminar por los largos pasillos. Ahora tocaba visitar a Mello.
Yuko se quedó atrás un momento. Observó a su hermano y a la agente Halle, los cuales iban hablando junto con Near sobre Matt y Mello. La chica rubia era muy bonita y elegante en su opinión y además había demostrado ser digna de confianza, pero ni ella ni L parecían querer abandonar aquella cordialidad con la que se trataban en el trabajo. Se podía decir que no estaban interesados el uno en el otro más allá de su relación laboral.
"Son un poco sosos, ¿verdad?" pensó Yuko sintiéndose decepcionada. Aquella chica podría haber sido una buena novia para su hermano.
En ese momento, L se giró al ver que la morena se había quedado un poco detrás.
-Te preocupa Matt, ¿verdad? – le preguntó el chico volviendo sobre sus pasos.
-Claro – contestó la chica mirándolo con cariño. Sabía que L se preocupaba fácilmente por ella, aunque estaba segura de que era incapaz de imaginarse que había pensado en emparejarlo unos momentos atrás.
-No te preocupes, aquí lo cuidarán bien – la animó rodeándola por detrás con un brazo y empujándola suavemente para caminar juntos – Ya verás, pronto lo tendremos dando guerra de nuevo.
-Eso sería estupendo – respondió ella con una sonrisa, que él también le devolvió.
"Definitivamente está más pendiente de mí que de la agente" pensó Yuko. "Bueno, no pasa nada. Seguro que algún día aparecerá alguien perfecto para él" le restó importancia.
Siguieron avanzando por los interminables pasillos, hasta llegar a su destino.
-Aquí es – anunció Near mientras abría la puerta.
Mello estaba mirando con cierto interés el vuelo de una bandada de pájaros a través de la ventana, pero al oír el ruido se giró.
-Buenos días – lo saludaron los recién llegados.
-Buenos días – contestó el rubio.
-¿Cómo estás? – le preguntó L.
-Sigo sin poder moverme apenas – explicó Mello – Es bastante molesto.
-Es por tu bien – le dijo Near – Si te dejaran moverte podrías romperte algo más.
-¡Eso ya lo sé! ¿Crees que soy idiota o qué? – preguntó el rubio enfadado y a Yuko le dio por reír un poco – ¿Y tú de qué te ríes? – se dirigió a la chica, pero al momento notó un escalofrío al ver la mirada furiosa que le estaba lanzando L.
-Perdona, pero es que me parece que a veces sigues siendo un crío – explicó Yuko.
-¿Cómo? – contestó el aludido molesto.
-Ella tiene razón – la apoyó la agente Halle – Pensé que habías madurado un poco al colaborar con nosotros.
-No os confundáis, paso de ser amigo de Near o colega o lo que sea – contestó Mello sin mirar a ninguno de ellos – Accedí al plan porque ese papel era mío y nadie más lo hubiera hecho bien.
-Sigue siendo un crío – comentaron las dos chicas a la vez.
-¡Oye! – protestó el rubio mirándolas mal.
-Sabes que tienen razón, Mello – colaboró Near.
-¡Callaos todos! – exclamó el aludido bastante alterado, con lo que consiguió que los demás se rieran un poco.
Mello miró desesperado de un lado a otro hasta cruzar su mirada con la de Yuko, la cual le sonrió un poco. La morena sabía que ese chico simplemente se mostraba brusco para que nadie más pudiera ver en su interior, pero desde luego no era una mala persona.
A Mello, por su parte, esa chica le ponía de los nervios. Tenía la sensación de que Yuko podía ver a través de él, ya que no era capaz de intimidarla gritándole ni enfadándose. Era como una especie de Matt, pero en femenino.
La chica se giró un poco para fijarse en Near en ese momento. A Mello le pareció que acababa de dibujársele en la cara una expresión un poco… ¿estúpida?
"¿Por qué le haces esa cara al idiota de Near?" se preguntó el rubio molesto.
-¿Verdad, Mello? – le preguntó L en ese momento.
-¿Eh? – contestó despistado.
-Lo que te dijo el médico – aclaró el moreno.
-Ah, sí – asintió él, aunque no tenía mucha idea de lo que realmente iba la conversación.
Por suerte para Mello, L siguió hablando sin preguntarle más y pudo engancharse a aquella charla de la que, por algún motivo, se había despistado.
OoOoO
Misa terminó de sacar el contenido de la última caja que le habían llevado los agentes. La mayoría eran ropa y complementos, los cuales fue colocando en los armarios de esa gran habitación que le habían asignado en el cuartel de investigaciones.
-Terminé – dijo satisfecha en voz alta tras colgar el último vestido.
Después eligió una camiseta negra de tirantes, una falda roja a cuadros y unos calcetines altos de color negro y se lo puso todo.
-Este sí es mi estilo – le dijo a su reflejo en el espejo mientras se ajustaba en las orejas unos pendientes plateados con forma de cruz – ¡Atención! ¡Misa-Misa ha regresado! – exclamó como si se estuviera presentando ante un público.
A continuación, la chica se puso a doblar cuidadosamente la ropa que le había prestado Yuko. Total, aún tenía algo de tiempo hasta que empezara su primera sesión con el doctor Smith, el psicólogo que le había asignado L. Debido a la diferencia horaria con Inglaterra, al hombre le venía mejor tener las sesiones cuando en Japón ya era por la tarde.
"Inglaterra… Ryuzaki debe conocer gente en todo el mundo" pensó sintiendo un poco de envidia. "Aunque sea joven, debe de haber hecho muchísimos viajes y visto cantidad de cosas".
Dejó la ropa de Yuko doblada cuidadosamente encima de una silla para que ella la retirara cuando quisiese y después Misa se sentó frente a una pantalla enorme que había en su habitación. Normalmente se utilizaba como televisión, pero en esa ocasión vería al psicólogo a través de ella.
-El canal número 200, ¿no? – se preguntó en voz alta, mientras revisaba de nuevo un papelito que L le había dejado con las instrucciones que debía seguir para conectarse.
Justo a la hora acordada apareció la imagen del doctor. Se trataba de un hombre de unos sesenta años, con bigote y pelo ya blancos, lo que le daba apariencia seria, aunque los que lo conocían mejor ya sabían que en realidad le gustaba mucho hacer bromas.
-Buenas tardes, señorita Amane – le saludó el doctor con una sonrisa amable.
-Buenas tardes igualmente, señor – contestó la chica – Quiero decir, buenos días para usted – se corrigió al darse cuenta de la diferencia horaria.
-Te iba a decir que el día se me había hecho bastante corto – le contestó el hombre entre risas – Soy el doctor Max Smith, especializado en psicología. Encantado de conocerte, Amane.
-Misa Amane, artista bastante conocida en Japón. Muchos me llaman Misa-Misa – se presentó también mientras adoptaba una pose estilo fotografía – Un gusto conocerle, señor. Espero que nos llevemos bien.
-Yo también lo espero – contestó el hombre con una sonrisa – Bueno, ahora que ya nos hemos presentado ambos, ¿qué te parece si para situarnos mejor me cuentas algo más sobre ti? – propuso.
-Vale – asintió la chica conforme y a continuación empezó a hablarle sobre Light, sobre su carrera como artista y sobre otros temas que también le interesaban.
En realidad, L le había mandado un informe sobre Misa, así que el doctor Smith estaba al corriente de todo, pero quería hacerse una idea de cómo se veía a sí misma.
-Oh, y también me gusta mucho cantar – siguió contándole Misa tras un rato – Así que no tuve ningún problema en apuntarme al coro en el instituto.
-Ya veo. Eres una chica activa – comentó él mientras hacía algunas anotaciones.
-Desde luego – asintió la chica – Por cierto, ¿sabe ya más o menos cuánto tiempo durará la terapia en total? Es decir, ¿cuándo podré volver a casa?
-Bueno, ahora mismo es muy difícil saberlo – contestó el doctor pensativo – Dependerá en gran medida del desarrollo de las sesiones y de tu progreso, claro está. Pero en un caso como el tuyo, estimo que necesitaremos como mínimo varios meses.
"Eso siendo optimistas" matizó el hombre mentalmente.
-¿Qué? ¡Eso es mucho tiempo! – se quejó Misa infantilmente – Verá, si por mí fuera, volvería al trabajo cuanto antes para reanudar mi vida anterior. Después de todo, Light me pidió que siguiera adelante.
-A veces está bien frenar un poco y tomarse las cosas con más calma, ¿sabes? – le aconsejó el doctor Smith – Podrás volver a tu casa y al trabajo cuando sea el momento apropiado. Te lo prometo.
-¿Y cómo vamos a saber cuándo es el momento apropiado? – insistió ella.
-Créeme, ya llevo muchos años en esto. Esas cosas se saben – le contestó con una sonrisa.
-¿En serio? – preguntó Misa no del todo segura – Si usted lo dice…
-Claro que lo digo – insistió el doctor mirándose un momento el reloj – Amane, por hoy lo dejaremos aquí. Sin embargo, ¿puedo pedirte un favor? Me gustaría que hicieras una cosa a partir de ahora.
-¿El qué? – preguntó la chica con curiosidad.
-Quiero que hagas una lista donde cada día apuntes al menos una cosa buena que te haya sucedido – le explicó el hombre.
-¿Una cosa buena cada día? – repitió ella – No creo que eso sea posible… – negó con tristeza.
-No digas eso. Me vale cualquier cosa que te haya hecho sentir bien – respondió él – Puede ser algo simple como, por ejemplo, escuchar tu canción favorita.
-Bueno, si algo así es válido entonces lo intentaré – le prometió Misa.
-Así me gusta – contestó el hombre.
Ambos se despidieron entonces y la imagen del doctor desapareció de la pantalla de la televisión.
OoOoO
Esa misma noche Misa bajó hasta la sala de control. En aquel momento solo estaban allí L y Near, el primero sentado frente a uno de los ordenadores y el segundo jugando con un circuito de coches en el suelo.
-Oye, Ryuzaki – la chica se dirigió al moreno.
-Dime – contestó sin girarse mientras sacaba una galleta de una bolsa.
-Necesito una libreta – respondió Misa y entonces al chico se le cayó sobre la mesa el dulce que ya tenía en la mano por la impresión.
-¿Qué? Y, ¿para qué quieres eso? – preguntó L mirándola por fin, tratando de sonar igual de tranquilo que siempre.
Misa parpadeó confusa. Tal vez solo fuera su imaginación, pero le pareció que el moreno estaba un poco alterado. Hasta tuvo la sensación de que Near también la miraba con intensidad desde donde jugaba…
"¿Es que no me han entendido bien? Mira que son raros todos ellos" pensó la rubia rodando los ojos.
-Sí, una libreta – repitió ella – El psicólogo me ha pedido que escriba todos los días algo bueno que me haya pasado. Y necesito algo donde poder apuntar las cosas, porque desde luego no pienso tatuármelas en el brazo.
-Ah, entiendo – asintió L.
El detective se levantó de su silla giratoria y fue hasta un cajón lleno de material de oficina. De ahí sacó una libreta con pastas amarillas sujetándola con sus dedos a modo de pinza.
-¿Te vale con esto? – le preguntó él alzando el cuaderno en el aire para que Misa lo viera bien – ¿O prefieres algo más… sofisticado?
"¿Por qué tengo la sensación de que me está poniendo a prueba?" pensó la chica empezando a perder la paciencia.
-Pues claro que me vale – contestó ella – De hecho, es justo lo que necesito.
-Me alegro de oír eso – respondió L acercándose hasta Misa para entregarle al fin el cuaderno amarillo.
-¿Eh? Mira que eres extraño – comentó la chica.
-Precavido, diría yo – la corrigió él mientras se volvía a sentar a su manera en su silla giratoria.
Misa se encogió de hombros sin entender nada de lo que acababa de pasar, si es que acababa de pasar algo.
-Lo que tú digas – contestó la rubia dándose la vuelta para salir de la sala de control – Buenas noches, chicos – se despidió tanto de L como de Near.
-Buenas noches – le respondieron de igual manera los dos detectives.
Misa salió de la sala y L sorbió un trago de su azucarado café con tranquilidad.
"Parece que solo era una falsa alarma" pensó él mientras volvía a teclear algo en su ordenador. "Por sus expresiones realmente no parecía recordar esa maldita libreta".
Si había algo que a ese chico se le resistía sin duda era confiar en los demás. Para él no era exagerado poner a la gente a prueba varias veces si era necesario… No le abriría su corazón fácilmente a nadie.
Lo primero de todo, muchísimas gracias por vuestro apoyo durante todo este tiempo. De verdad. Saber que alguien se acuerda de la historia a través de comentarios, mensajes, me gustas, etc. me anima un montón a seguirla escribiendo :)
Bien, he decidido empezar los retoques más gordos desde este punto de la historia. Os prometo que tarde o temprano llegaremos de nuevo al punto donde estábamos (Misa preguntándole a L si es huérfano), pero antes de llegar a eso me gustaría que pasaran otras cosas.
Mi principal problema a la hora de escribir es que me cuesta un montón hacer que avance el tiempo. Tiendo a agrupar los eventos, pasan 800 cosas en 3 horas... y luego quiero avanzar 7-8 meses sin que pase nada porque el siguiente evento tiene que ocurrir sí o sí en verano o en Navidad. Bueno, lo he exagerado bastante, pero me pasa mucho a la hora de escribir y entonces el desarrollo de los personajes se queda un poco... extraño. Y en este fic es muy, muy importante que los personajes den los pasos bien. Por eso he decidido "retroceder en el tiempo" y tratar de hacer las cosas mejor esta vez (espera un momento, eso último me suena al argumento de mi videojuego favorito jajaja).
Como sea, también os pido perdón por volver a desmontar la historia, pero os prometo que trataré de mantener su mismo espíritu.
Postdata: Ha sido gracioso, hacía tanto que no publicaba que por un momento me he quedado bloqueada pensando cómo narices se actualiza una historia en este sitio (no es muy intuitivo, la verdad), pero si alguien puede leerlo significa que al final lo he hecho bien xD
