Flashback en cursiva
ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO
Capítulo 7: Chocolate por San Valentín:
Dos Navidades atrás, los agentes Aizawa, Mogi y Matsuda estaban trabajando en casa de Misa y Light. Este último y su padre habían salido de viaje tras una supuesta pista de Kira, así que los otros tres hombres estaban en su puesto de trabajo por si ocurría algo.
-Bueno, me marcho. Le he prometido a mi mujer que hoy estaría toda la tarde con ella y los niños – anunció Aizawa poniéndose en pie – Iremos al centro a ver las luces.
-Entonces, yo me quedaré un poco más – se ofreció Mogi.
-¡Ni hablar, Mogi! – exclamó Matsuda – Venga, vete. Seguro que también te espera tu familia.
-¿Y qué hay de ti, Matsuda? – le preguntó Aizawa.
-¿No ves que yo no tengo pareja para pasear bajo las luces navideñas? – contestó el joven – Venga, yo me quedaré un rato más. ¡Trabajaré por todos vosotros!
-No sé yo… – murmuró Aizawa.
-¿Es que no confiáis en mí? – preguntó Matsuda un poco dolido – Consideradlo como un regalo navideño de mi parte.
-Muchas gracias. No te sobreesfuerces, ¿vale? – le pidió Mogi poniéndose en pie.
-Vendremos si hay alguna novedad urgente – le prometió Aizawa.
Los dos hombres entonces se despidieron y se fueron, dejando solo a Matsuda.
-Qué Navidad más divertida… Muchas gracias, Kira – murmuró sarcástico mirando hacia el techo.
Pero, al fin y al cabo, como no tenía grandes planes para ese día, tampoco le importaba demasiado realmente eso de quedarse a trabajar más tiempo que los demás. El único plan que tenía era ir a cenar con sus padres, y para eso aún quedaba un buen rato.
-Estoy deseando probar el asado de mamá – dijo en voz alta, relamiéndose solo de pensar en el festín que iba a darse.
Como no tenía vigilancia aprovechó para ponerse a revisar sus redes sociales, hasta que se le abrió la boca del aburrimiento de ver tantas fotos de amigos, conocidos y familiares pasándolo en grande durante aquellos días festivos.
Miró por la ventana, un anochecer de colores grises y marrones anunciaba seguramente una noche helada y, posiblemente, hasta con nieve. Daba frío tan solo con verlo.
-¡Ya sé! Me haré un café calentito – se le ocurrió entonces a Matsuda.
Salió al pasillo y se dio cuenta de que todo estaba muy tranquilo.
-¿Hola? ¿Misa-Misa? – preguntó el chico sin obtener respuesta – ¡Qué raro! Pensaba que ella estaba por aquí. ¿Habrá salido?
Se encogió de hombros y se pasó a la cocina a prepararse un café. Al fin y al cabo, no era la primera vez que tenía aquella cocina a su entera disposición. En las largas noches de investigación solía ser él el encargado de preparar bebidas para el resto. Inconvenientes de ser el más inexperto del grupo…
En ese momento, Matsuda escuchó la puerta principal abriéndose y se asomó al pasillo.
-Oh, buenas tardes, Misa-Misa – saludó a la chica al verla pasar – No sabía que habías salido.
-Buenas tardes, Matsu – contestó ella dejando en el suelo unas cosas que traía – ¿Qué haces aquí todavía? No deberías estar trabajando en un día como hoy.
-Estoy vigilando por si ocurre algo – respondió el policía.
-No te preocupes por eso, ya te avisarán si hay algo urgente, ¿no? – contestó Misa y entonces se pasó una mano por la cara para secarse una lágrima.
-¿Te ha ocurrido algo? – preguntó el chico con preocupación al ver aquello.
-No es nada – negó ella rápidamente.
-¡Pío! – se escuchó entonces.
-¡Anda! ¿Qué es eso? – preguntó Matsuda acercándose – ¿Te has comprado un pájaro?
-Sí, me he hecho un regalo de cumpleaños y Navidad – le explicó – ¿Te gusta?
-Sí, me encantan los animales – asintió el chico – Son más leales que la mayoría de personas.
-Eso creo… – murmuró ella – Por cierto, ya le he puesto nombre, ¿quieres saberlo?
-Claro – asintió con curiosidad.
-Se llama Ryuzaki.
-¿Qué? – preguntó sorprendido – ¿Como… L? – añadió en apenas un susurro y ella asintió.
-¡Fíjate! ¡Tiene la misma mirada extraña que tenía aquel muchacho! – exclamó Misa y él se empezó a reír, ya que realmente le recordó un poco aquellas expresiones indescifrables de L – ¿Lo recuerdas?
-Cómo olvidar a alguien tan peculiar… – respondió con algo de nostalgia, recordando a aquel extraño detective – Será un bonito homenaje.
-Sí…
Los dos se quedaron un momento en silencio, recordando otros tiempos.
-Matsu… – murmuró Misa entonces.
-Dime.
-Yo creo… que Light no me quiere – se sinceró ella.
-¿Por qué dices eso? – preguntó sorprendido.
-Es mi cumpleaños y no está aquí conmigo – le explicó – Me prometió que estaría…
-Misa-Misa, ha surgido un imprevisto – contestó el policía – Ya sabes que se ha tenido que marchar con su padre en busca de una pista…
-Pero… él no es cariñoso… – lo cortó Misa – Nunca lo es.
-No digas eso – negó él – Yo sé que te quiere mucho – dijo prácticamente sin pensar.
Para Matsuda, Light era un chico genial, un modelo a seguir. Seguramente no se mostraba cariñoso simplemente porque le daba vergüenza. Pero, ¿aprovecharse de una chica? Estaba completamente seguro de que el castaño jamás haría algo así.
-Entonces, ¿has oído a Light decir que me quiere? – preguntó la rubia esperanzada.
Misa miró de tal manera a Matsuda que este sintió que no era capaz de decir la verdad.
-Sí… – murmuró él entonces sintiéndose vencido.
-¡Oh, Matsu! ¡Me hace muy feliz escuchar eso! – exclamó abrazándolo – Gracias, no volveré a dudar de él.
"¿Habré hecho bien en mentirle?" se preguntó Matsuda entonces. "Aunque… ella parece feliz realmente".
OoOoO
Mientras recordaba esa escena, Matsuda paseaba nerviosamente por uno de los múltiples despachos del cuartel. En ese momento no se encontraba en la sala central porque le había dicho a Aizawa que tenía que consultar algo en otro ordenador, aunque en realidad lo que le pasaba era que no quería ver a Misa discutiendo con el psicólogo a través de las pantallas.
-Oh, Misa-Misa. Perdóname por mentirte en aquella ocasión – murmuró el chico sintiéndose arrepentido.
Si aquel día de Navidad le hubiera dicho la verdad a la rubia, es decir, que nunca jamás había visto que Light tuviera interés en ella, tal vez ahora la chica no estaría sufriendo por culpa de aquel desgraciado, el cual había sido capaz de dejar morir incluso a su propio padre.
A Matsuda aún le dolía la muerte de Soichiro Yagami. Ese hombre había sido prácticamente un segundo padre para él, ya que en el trabajo siempre había estado pendiente del muchacho, y había demostrado tener una gran paciencia ante los múltiples errores y la torpeza de Matsuda. Haber descubierto que su jefe había muerto traicionado por su propio hijo le causaba una rabia insoportable al joven policía.
Aquel demonio con cara de ángel llamado Light los había estado utilizando a todos para sus planes egoístas…
-Siempre soy el último en darme cuenta de todo… – se lamentó Matsuda – En fin, sé que no se puede cambiar el pasado, pero aún puedo conseguir hacer feliz a Misa-Misa. Eso es, ¡todavía es pronto para rendirse! – exclamó tratando de animarse.
En ese momento sus ojos dieron con un jarrón lleno de flores que decoraba el centro de la mesa de aquel despacho y eso le dio una idea.
-Para empezar, debería disculparme con ella por enfadarle antes – se dijo mientras sacaba el ramillete del jarrón y se lo llevaba con él.
El chico salió del despacho y, tras recorrer varios pasillos y subir a toda prisa unas escaleras, pronto se vio frente a la habitación de Misa.
-¡Misa-Misa! – exclamó mientras abría la puerta de golpe – Quería decirte que… ¿eh?
Matsuda se quedó un poco cortado al darse cuenta de que la chica no estaba sola, sino que estaba hablando con L. Ambos se giraron un poco sorprendidos por su llegada y el policía percibió que Misa parecía mucho más tranquila que antes, aunque por algún motivo había varias almohadas tiradas por el suelo.
-Oh, Matsu – dijo ella sorprendida – ¿Qué haces aquí?
-Quería disculparme por haber traído esos moldes antes – contestó el chico mientras avanzaba hasta ella para tenderle las flores – Creo que no tuve en cuenta tus sentimientos.
-En realidad, no hacía falta que te disculparas. Ya no estoy molesta – respondió ella aceptando el regalo – Ryuzaki me ha hecho ver que en realidad no hay nada de malo en repartir chocolate de San Valentín – agregó mirando al otro.
-Vaya. Gracias por intervenir, entonces – Matsuda se dirigió también a L.
-Solo le he dicho las opciones que tenía – le restó importancia el detective.
-Por cierto, Matsu… Estas flores son de tela – comentó Misa al olerlas y después toqueteó los pétalos para comprobar la textura – Sí, parecen como de terciopelo.
-¿Eh? – preguntó el policía fijándose mejor y entonces se puso rojo por su torpeza – No… ¡no me digas!
-¿Son las flores de alguno de los despachos? – intervino L – Por supuesto que son artificiales, no puedo perder el tiempo regándolas todos los días. Bastante tengo ya que hacer.
-Es que están tan bien hechas que no me he dado cuenta… – murmuró el otro avergonzado.
-Vaya, Ryuzaki. No me imaginaba que estuvieras pendiente de estas cosas de decoración – dijo Misa dándole par de codazos amistosos.
-Por supuesto que no fue idea mía – se defendió él – A Watari le gustaba tener todo bien presentado. Fue él quien las trajo en su momento.
-El señor Watari era tu antiguo ayudante, ¿verdad? – preguntó la chica y L asintió – Entonces creo que lo mejor es que estas flores vuelvan de nuevo al sitio donde estaban. Hagámoslo por él – añadió mientras le devolvía el ramillete a Matsuda.
-Eh… De acuerdo – accedió él recogiéndolas de nuevo.
En ese momento, Misa se fijó en la oscuridad nocturna que se veía tras la ventana y después miró el reloj de su teléfono.
-¡Oh, no! ¡Voy muy, muy tarde! – comentó la rubia entrando en pánico.
-¿Qué ocurre? – preguntaron los dos chicos a la vez.
-Hoy es día 13 de febrero… Ya es por la tarde y, bueno, lleva un tiempo preparar chocolates – les explicó – ¡Si no me doy prisa no van a estar listos para mañana!
-¿Por qué no los compras simplemente? – propuso Matsuda.
-¿Qué? ¡Ni hablar! – exclamó Misa mirándolo mal – Cuando se entrega un chocolate de San Valentín, le estás dando tus sentimientos a la otra persona. ¡Comprarlos no sería lo mismo!
-Calma. Si eso te preocupa, estoy seguro de que Yuko puede ayudarte – intervino L.
-¿De verdad? – preguntó esperanzada.
-Pues claro – asintió el detective – Ella sabe preparar todo tipo de dulces.
-¡En ese caso tengo que hablar con Yuko ahora mismo! – chilló la chica – ¿Dónde está?
-Supongo que debe de estar en su sala – contestó L.
-¿Y dónde está su sala? ¡Llévame hasta allí! – exclamó Misa tirando del brazo de él hacia afuera, sin saber que su contacto estaba poniendo al chico un poco tenso.
-Sí, sí, de acuerdo – respondió él desviando un poco la mirada – A veces eres demasiado entusiasta, ¿no crees?
-¡Y tú demasiado calmado! – contraatacó ella.
Matsuda los siguió, teniendo la sensación de que esos dos se habían olvidado de su presencia, y todos ellos continuaron hasta llegar a un pasillo en el que Misa nunca antes había estado. Al final del todo había una puerta que parecía blindada.
-¿Es aquí? – preguntó la chica mirando a todas partes con curiosidad.
-Sí – asintió L.
-¡Vaya! Este edificio realmente tiene muchos rincones – se sorprendió Misa y en ese momento sus ojos dieron con un panel con números que había justo al lado de la puerta – ¿Qué es esto? – preguntó con intención de toquetearlo.
-¿Te sabes la contraseña? – le preguntó el detective y entonces ella se detuvo.
-Eh… No – admitió.
-Yo sí sé cuál es – intervino Matsuda en un intento por llamar la atención – A los agentes se nos dijeron algunas de las contraseñas de este edificio – añadió con orgullo.
-¿Qué? ¿Y entonces a qué esperas para abrir? – le apremió Misa.
-No te preocupes, ya voy – contestó él – Si Ryuzaki me deja los honores, claro – añadió mirando al otro chico.
-Está bien – respondió L rodando los ojos.
Matsuda introdujo un número en el panel y entonces una luz roja se encendió encima de la puerta mientras que una alarma daba varios pitidos seguidos.
-¿Qué pasa? – preguntó Misa un poco asustada.
-Se ha equivocado – contestó L con tranquilidad.
-¿Qué? ¿Es que no era esa la contraseña? – preguntó Matsuda algo confuso.
-No – negó el detective – La que has introducido es la del archivo de la décima planta.
-Oh, vaya… Permíteme probar otra vez – pidió y de nuevo el destello rojo y los pitidos inundaron el pasillo – ¿Tampoco?
-Almacén de equipamiento – respondió L sin perder la calma.
-Bueno, no importa. Dicen que a la tercera va la vencida, ¿no es así? – trató de animarse el policía y de nuevo pulsó una serie de botones, para hacer que otra vez saltaran las alarmas – ¿Cómo? No puede ser… – agregó algo desesperado al ver que había vuelto a equivocarse.
-Esa contraseña era la de las mazmorras del sótano – dijo el detective tratando que su tono no delatara que en el fondo le estaba divirtiendo un poco que el intento del otro por impresionar a Misa no estuviera saliendo demasiado bien.
-¿Mazmorras? Aquí hay de todo… – se sorprendió la rubia – Bueno, si Matsu no acierta tendré que intervenir yo.
Misa entonces se acercó con decisión a la puerta e intentó abrir sus dos mitades tratando de introducir sus uñas en la ranura que quedaba en el centro, aunque no parecía ceder ni un milímetro.
-¡Oye, Yuko! – la llamó – Estamos aquí, ¡ábrenos! – agregó y justo entonces la puerta se abrió de verdad, con lo que la rubia perdió su punto de apoyo y empezó a inclinarse hacia delante – ¡Uah!
En ese momento L la sujetó por un brazo y tiró de ella hacia atrás, evitando que se cayera al suelo.
-Gracias… – murmuró la rubia un poco avergonzada, apartándole la mirada.
-Siempre igual de impulsiva – comentó él soltándole el brazo – ¿Es que no podías imaginarte que yo sí me sabía la contraseña?
-¿Eh? ¡Es que ya sabes que tengo prisa! – trató de justificarse Misa.
-Cinco segundos – respondió L mostrándole ese número de dedos – No iba a haber tardado más.
Yuko salió en ese momento de su sala y miró a ambos con curiosidad. Parecían estar discutiendo como una parejita…
-Oh, siento haber abierto la puerta en el peor momento – intervino la morena entonces – He escuchado que veníais hace un poco a través de las cámaras, pero estaba terminando de redactar un documento y ya quería dejarlo hecho antes de empezar con el chocolate – añadió mientras le entregaba una carpeta llena de folios a su hermano.
-Oh, Yuko. ¿Eso significa que vas a ayudarme? – preguntó Misa con los ojos brillantes.
-Sí, claro – asintió la otra – De todas formas, tenía pensado preparar algunos dulces.
-¡Eso estupendo! Entonces colaboraremos las dos, ¿vale? – contestó la rubia tomándole a la otra una mano sin previo aviso y agitándosela con fuerza – Ya verás lo útil que puedo ser.
-Va… vale – respondió algo agobiada por la efusividad de Misa. No estaba demasiado acostumbrada a tratar con gente así de intensa…
-En ese caso, no perdamos más tiempo – dijo la artista tirando de Yuko para llevársela de allí – Nos vemos, chicos.
-Hasta luego – se despidieron también tanto la morena como los dos chicos.
Misa y Yuko desaparecieron de la vista al doblar por uno de los pasillos y entonces L también se puso en marcha rumbo de nuevo a la sala de control.
-¡Eh, espera! – reaccionó Matsuda siguiéndolo – Jo, Ryuzaki. Esta tarde has actuado tan genial que parece que intentas robarme a la chica – se quejó él medio en broma y el otro se sobresaltó un poco.
-¿La quieres? Por mi parte es toda tuya – respondió molesto – Yo solo estoy intentando reparar lo que has hecho con tus estupideces. Si no la hubieras puesto de mal humor, no tendría que estar haciendo esto – le recordó y el comentario hizo que Matsuda agachara la cabeza sintiéndose un poco triste de nuevo.
-Lo siento… Siempre termino metiendo la pata – murmuró el policía desanimado – Y es precisamente por eso por lo que me gustaría ayudar a Misa-Misa a pasar página. No dejo de pensar que todo podría haber sido muy diferente si aquel día le hubiera dicho la verdad – añadió arrepentido.
-¿De qué hablas ahora? – preguntó L sin saber a qué se refería.
-Oh, es cierto. Tú no estabas en aquella ocasión – respondió – Es que un día encontré llorando a Misa-Misa porque decía que Light no la quería… – le explicó y el otro abrió sus ojos aún más de lo normal por la sorpresa.
-¿Estás seguro de que escuchaste bien su problema? – lo cuestionó el detective intentando disimular que esa información le había causado cierto interés – Eso no es lo que ella suele decir.
-Por supuesto que escuché bien lo que me explicó – protestó Matsuda – El caso es que… yo no me atreví a contarle la verdad. Como un idiota le dije que siguiera confiando en Light – añadió apretando los puños con rabia – Si no hubiera sido tan cobarde aquel día… puede que ahora ella no estuviera en esta situación. Puede que ahora ella fuera feliz.
L se quedó pensativo ante esa afirmación. Quizás no tenía mucha idea sobre relaciones amorosas, pero eso que le estaba contando el otro chico le sonó a un problema totalmente diferente.
-Creo que ya lo entiendo todo – dijo el detective entonces – ¿Es posible que te arrepientas de aquella mentira y por eso ahora quieres, digamos… "compensarla" para quitarte esa culpa? – le preguntó haciendo el gesto de las comillas con los dedos.
Matsuda lo miró impresionado. Esa parecía otra de las brillantes deducciones del mejor detective del mundo. Quizás tan solo quería una oportunidad de arreglar su pasado y quedarse en paz consigo mismo diciéndole la verdad a Misa…
-¿Eso crees…? – murmuró Matsuda pensativo.
-Solo digo que es una posibilidad. La mente a veces es complicada – contestó L – Pero si eso fuera así, lo más seguro es que no estés enamorado de Misa.
-¿Qué? – se sorprendió el otro – Pero… yo siempre he pensado que Light era muy afortunado por tener a una chica tan guapa a su lado. Me daba envidia…
-Eso no quiere decir nada – negó – ¿O acaso cada vez que una chica te parece guapa es que te has enamorado de ella? Aunque simplemente la hayas visto en una película o en una foto.
-Eh… No, claro – le dio la razón Matsuda – Pero Misa-Misa…
-¿Es un caso especial porque la conoces en persona? – adivinó L.
-Sí… Justo lo que iba a decir… – respondió el policía frustrado – Oh, no. Ahora estoy un poco confuso, ¿qué debería hacer?
-Muy fácil. No estás enamorado de ella, así que no la molestes más con tus tonterías – concluyó el detective con satisfacción – A mí me haríais un gran favor, ya que no tendría que estar mediando entre vosotros por estupideces como hace un momento.
Matsuda se quedó en silencio sintiéndose completamente perdido. Puede que hubiera estado malinterpretando por completo sus sentimientos… O puede que L, por una vez, no tuviera razón. Al fin y al cabo, no se trataba de un caso en el que hubiera que señalar un culpable…
-Voy a llevar esto a su sitio… – murmuró el policía al llegar a un cruce, alzando un poco las flores artificiales que aún llevaba en la mano.
-Vale – contestó L y ambos siguieron entonces un camino distinto.
OoOoO
Las chicas llegaron a la cocina e inmediatamente a Misa le llamó la atención ver encima de la mesa aquella caja que le había intentado regalar Matsuda un rato antes.
-¡Un momento! ¿Qué hacen aquí los moldes que ha traído Matsu? – preguntó la rubia sorprendida – Oye, oye, ¿acaso tenías pensado hacer chocolate de San Valentín para alguien especial? – añadió con curiosidad y Yuko se puso algo nerviosa al ver que habían adivinado sus intenciones tan fácilmente.
-No, claro que no – mintió tratando de hablar con tranquilidad para que sonara más creíble – Me he quedado esos moldes porque pueden utilizarse cualquier día del año. Además, la caja está un poco abollada y Matsuda no quería devolverla en ese estado a la tienda. Me he ocupado de pagarle, por supuesto.
Misa le dio la vuelta a la caja y vio que había sufrido algunos daños donde se había golpeado.
-Es verdad… Creo que me he pasado un poco – reconoció la artista rascándose la nuca – Bueno, ¿tú crees que nos daría tiempo a hacer unos bombones de chocolate rellenos de crema?
-La verdad es que yo también estaba pensando en preparar eso mismo – admitió la morena cruzándose de brazos con cara pensativa – ¿Qué te parece esto? Podemos dejar preparada la cobertura para que se endurezca durante la noche y mañana por la mañana hacemos el relleno – propuso – Calculo que para después de comer los bombones deberían estar listos.
-De acuerdo, me parece un buen plan – contestó Misa.
-En ese caso, iré preparando los ingredientes y el material necesario – respondió Yuko y acto seguido comenzó a sacar cosas de los cajones.
-¿Puedo ayudar en algo mientras? – ofreció la rubia al verse sin nada que hacer – ¿Qué tal si lavo los moldes para que estén limpios?
-Me vendría bien – reconoció la otra – Toma uno de estos – añadió lanzándole un mandil.
-¡Vaya! Esto me recuerda a cuando participé junto a otros famosos en un concurso de cocina en la tele – contó Misa mientras se ataba el mandil – Pero me eliminaron enseguida por no saber hacer "esferaciones" de esas… – comentó inflando los mofletes con rabia.
-¿Esferificaciones? – le corrigió la morena.
-Sí, eso, como se diga – respondió – Oye, Yuko. ¿Cuántos moldes más o menos preparo? – preguntó echándole un vistazo al interior de la caja.
-Todos los que haya – contestó con tranquilidad.
-¿To… todos? – repitió Misa sorprendida – ¡Aquí dentro hay muchos! ¿No sobrarán bombones?
-¿Sobrar un dulce? Jamás me ha ocurrido eso.
-Ah, claro… Supongo que esto solo sería un aperitivo para Ryuzaki… – comentó la rubia mientras se lo imaginaba comiéndose un bombón tras otro sin parar, no cansándose nunca, ni engordando tampoco.
Misa entonces llenó el fregadero de agua y después vertió todos los moldes dentro, y Yuko la miró de reojo con curiosidad. La morena a veces tonteaba con la idea de emparejar a L, pero le había sorprendido un poco ver que su hermano realmente podría tener interés en alguien…
La morena deseaba que él pudiera encontrar a esa persona que le hiciera feliz. Pero, aunque imaginarlo era bonito, en realidad no era tan sencillo. Incluso antes de abandonar el orfanato, ambos hermanos habían asumido que su vida era muy diferente a la de los demás. Ellos se movían en la oscuridad, usando nombres falsos, y según los organismos oficiales ni siquiera existían.
Pero casualmente Misa era de las pocas personas que conocía el secreto de ese chico, e incluso había demostrado cierta lealtad no revelando por ahí nada que pudiera ponerlos en aprietos…
-¡Me encanta! – chilló la rubia emocionada en ese momento, dándole un buen susto a Yuko y sacándola de sus pensamientos de golpe.
-¿Qué pasa? – preguntó la morena girándose y entonces vio que la otra sostenía un molde bastante grande con forma de corazón.
-¡Es perfecto para hacer un chocolate por amor! – exclamó Misa – ¡Qué bonito! Seguro que a Light le encantará. ¡Tengo que usarlo!
Yuko parpadeó perpleja mientras volvía su vista de nuevo a los instrumentos de cocina. Estaba claro que también había varios inconvenientes al posible amor de L, siendo claramente el más obvio la obsesión de Misa con su novio…
Aunque el problema más gordo era ese noventa y nueve por ciento de probabilidad de que la rubia hubiera sido en algún momento el segundo Kira… Sin duda, esa sería una barrera que impediría que, el ya de por sí desconfiado L, quisiera confiar en ella. Eso por no hablar de que una relación entre el detective y su archienemiga sería bastante irónica…
"Definitivamente, la balanza de pros y contras no parece estar muy a favor de esa relación…" pensó Yuko algo frustrada mientras terminaba de sacar los ingredientes para los bombones. A ese paso, jamás encontraría una buena pareja para su hermano…
-Ya tengo todo listo – anunció la morena en ese momento.
-¡Dame un segundo! – pidió Misa mientras terminaba de poner todos los moldes a escurrir sobre varias bayetas – Ya está. Por mí podemos empezar a calentar el chocolate cuando quieras.
Yuko colocó una olla bastante grande sobre la cocina y después echó dentro el chocolate para fundir.
-¿Me dejas que le dé vueltas para derretirlo bien? – pidió Misa con ojos brillantes.
-Está bien… – se encogió de hombros Yuko apartándose un poco para dejar a la otra cocinar.
-Ya verás. Esto va a estar hecho en un momento – contestó con decisión mientras le daba al botón para aumentar la temperatura de la cocina.
-¡No, no, no! ¡Le estás dando demasiado fuego! – le advirtió la morena mientras le quitaba potencia de nuevo – Hay que tener mucho cuidado con la temperatura, o si no el chocolate podría perder algunos matices de sabor, ¿sabes? – le explicó con seriedad.
-Entiendo… Supongo que por eso algunas veces me salía un poco… raro – reflexionó Misa acordándose de los años anteriores y Yuko suspiró – Mejor encárgate tú de la temperatura entonces, ¿vale? Yo simplemente le daré vueltas para que se funda.
Ambas se centraron en su respectiva tarea y pronto el chocolate fue volviéndose líquido.
-¿Cómo lo ves? – pidió opinión Misa.
Yuko metió un dedo en la olla con cuidado para no quemarse y después se chupó el chocolate.
-Bastante bien – comentó la morena con la boca llena – Enseguida estará. Mientras terminas de darle vueltas, yo iré poniendo en fila los moldes sobre la mesa.
-Vale – asintió la otra conforme.
Yuko entonces extendió todos los moldes sobre una mesa bastante grande que ocupaba el centro de la cocina.
-Voy a parar el fuego – anunció Misa al ver que la otra ya había terminado su tarea.
-Perfecto – asintió la morena mientras se dirigía a por una manga pastelera para cargarla de chocolate – Esto es solo la cobertura del bombón, así que no rellenes los moldes en exceso, ¿vale? – le recordó mientras le tendía a Misa el artilugio.
-Entendido, mi capitana – contestó la rubia y después cada una empezó a rellenar moldes por un lado distinto de la mesa.
Cuando terminaron, ambas extendieron mejor el chocolate por las paredes de los moldes con un pincel especial para dulces, asegurándose de que no quedaban burbujas.
-¡Ya está! – exclamó Misa con alegría al acabar.
-Ahora debemos dejar que se endurezca durante toda la noche – explicó Yuko – Mañana continuaremos con el relleno.
-Pero… los moldes ocupan toda la mesa y eso que es enorme – observó la rubia – Si alguien viene a cenar no va a tener espacio, así que no creo que sea buena idea dejarlos aquí, ¿dónde los ponemos?
-No hay ningún problema – le restó importancia la otra – Sígueme – indicó mientras se daba la vuelta.
Una puerta trasera conducía a una enorme despensa en la que había muchas estanterías que podían dar cabida a una gran cantidad de comida. Pero, aun así, tras llevar todo lo que habían preparado varias repisas quedaron completamente llenas de moldes con chocolate enfriándose.
-Vigila bien los bombones, porque si a tu hermano se le ocurre comérselos me lo cargo – amenazó Misa entonces.
-Diciendo esas cosas sí que pareces Kira… – comentó la morena.
-¡Ya he dicho un montón de veces que yo no tengo nada que ver con eso! – se quejó la rubia agitando los brazos – No empieces tú también con el tema.
-Vale, vale – contestó Yuko alzando las manos en son de paz – Pero estate tranquila. Ya ves que mi hermano tiene dulces suficientes para pasar la noche – añadió señalando otras estanterías repletas de tartas y pasteles – No debería tocar unos bombones a medio hacer.
-Sí, la verdad es que este es el paraíso de Ryuzaki, ¿eh? – comentó Misa – Sus favoritas son las tartas de fresa, ¿verdad? – agregó señalando una.
-Eh… Sí – asintió la otra sorprendida de que se hubiera fijado en ese detalle.
-¡Lo sabía! – exclamó la rubia triunfalmente – Aunque le guste cualquier tipo de dulce, las tartas de fresa son las que más se come.
"Bueno, si ella se fija en lo que él hace… puede que tengan alguna posibilidad" pensó Yuko de nuevo de forma traviesa.
OoOoO
"La quiero, no la quiero, la quiero, no la quiero" pensó Matsuda mientras pasaba los pétalos de una flor artificial uno a uno, sin arrancarlos.
-Ahg, ese ya lo había contado antes – murmuró – ¡Esto es absurdo! Misa-Misa me gusta mucho, es tan mona y tan dulce que estaría mal de la cabeza si no me gustara. Probaré otra vez, seguro que ahora sí sale que la quiero.
Tras llevar las flores de nuevo a su sitio, Matsuda había decidido pasar el resto de la tarde meditando en ese despacho en el que nadie más estaba trabajando aquel día. En ese momento llamaron a la puerta y al instante la abrió Aizawa. Detrás de él también estaban Mogi e Ide.
-Nos vamos ya – le informó Aizawa – ¿Qué estás haciendo? – preguntó al verlo con la flor en la mano.
-Eh… Ah… – balbuceó Matsuda mirando primero al agente y después la flor – Es bonita, ¿verdad?
-¿Has estado admirando la naturaleza toda la tarde en lugar de hacer algo productivo? – le preguntó en un tono que más bien parecía un regaño.
-Claro que no, jefe, porque estas flores… ¡son artificiales! – exclamó el más joven intentando sonar gracioso y Aizawa rodó los ojos.
-Como sea, estoy cansado y quiero volver ya a casa. ¿Te vienes con nosotros en el coche? – le ofreció el hombre.
-Sí – aceptó Matsuda poniéndose en pie y recogiendo su maletín – Esto, ¿podéis esperarme un momentito? – les pidió y justo después echó a correr por el pasillo.
-¿Adónde vas ahora? – le preguntó Aizawa.
-¡Tengo que decirle algo a Ryuzaki! – exclamó el joven.
-Vale. Te esperamos en el coche – le contestó su jefe.
Poco después, Matsuda llegó a la sala de control y entró medio sofocado por la carrera que acababa de darse. Observó que allí dentro solo quedaba L.
-¿Todavía estás aquí? – le preguntó el detective extrañado al verlo entrar.
-Tengo… algo… que contarte – respondió mientras trataba de recuperar el aliento.
-Adelante – contestó L mientras tomaba su taza de café entre sus manos para darle un sorbo.
-Mañana es San Valentín, así que es el día perfecto para que me declare de una vez a Misa-Misa – anunció Matsuda, consiguiendo que L casi se atragantara con el café, con lo que tosió un poco.
-Pero… ¿es que no ves que no vas a lograr nada más que enfadarle de nuevo al igual que hace un rato? – preguntó el detective dándose un par de golpecitos en el pecho.
-¡Voy a demostrarte que te equivocas y que mi amor hacia ella es completamente verdadero! – exclamó el policía con toda la seriedad que pudo y el otro entrecerró los ojos.
-¿Y se puede saber por qué vienes a contarme todo esto? – preguntó L poniéndose aún más serio que Matsuda.
-¿Por qué? – se cuestionó el policía más bien a sí mismo, quedándose pensativo – Es posible… que te considere un rival.
-¿Rival? – repitió incrédulo – Ya te he dicho antes que no tengo ningún interés en ella.
-Pero… me siento inferior a ti, aunque actúes sin esa intención – contestó Matsuda – Y creo que es por eso por lo que siento que tengo que dar un paso más y adelantarte.
Ambos se miraron en un silencio incómodo durante unos segundos que parecieron eternos.
-Solo quería que lo supieras – dijo Matsuda finalmente, dándose la vuelta para marcharse – Hasta mañana.
-Bien, hasta mañana – se despidió también L.
El día de San Valentín aún no había empezado y ya prometía ser movidito…
¡Feliz año nuevo!
No esperaba poder terminar este capítulo antes de que acabara el año, pero me he puesto a escribir en serio esta tarde y parece que finalmente va a entrar justo al final de 2022.
Bueno, ¿qué les ocurrirá en San Valentín a nuestros queridos personajes? Me he entretenido un poco con este capítulo porque quería darle un toquecillo de rivalidad entre L y Matsuda y no terminaba de convencerme, espero que al final haya quedado bien.
Guest y Angelina, gracias por los reviews y me alegro que os guste la historia y la caracterización de los personajes, es imposible evitar que a veces se me vayan un poco, pero bueno... se hace lo que se puede :)
