Corazón de Melón (Amour Sucré) y todos sus personajes son propiedad de ChiNoMiko.


SHOWTIME

Capítulo 7

El sonido del agua cayendo por la regadera me ponía de nervios.

¿Qué demonios habíamos hecho?

Aunque mi mente trataba de recapitular todo lo acontecido en la última hora, sigo sin creer que aquella absurda idea que surgió en momentos de genuina necesidad tuviera resultados que podrían ser catalogados como positivos. Y también me es difícil creer que yo, que soy conocido –y hasta criticado– por sobrepensar cualquier cosa antes de tomar una decisión, haya decidido actuar de esa manera tan impulsiva.

En resumidas cuentas:

1. Una horda de fans enloquecidas rodeó a Castiel.

2. Por seguridad de Castiel, huimos de ahí. Aunque la definición «correr despavoridos tomándonos de la mano por las calles neoyorkinas» sería más acertada. Por todos los cielos.

3. Tenía que encontrar un lugar para proteger a Castiel. Y él único lugar disponible era el que menos quería que él conociera.

Por un instante, mi improvisado plan de huída parecía perfecto, pero pronto me tragué mis palabras. Ingenuamente estaba seguro que, al vernos corriendo de aquella situación, las fans se dispersarían rápidamente, pero bastó girar mi cabeza por unos instantes para darme cuenta que las CastAddict eran cosa seria. Nos estaban siguiendo con cámaras grabando el momento en una mano y, en la otra, marcadores indelebles rogando por un autógrafo de él.

Las celebridades, por lo general, aman ese tipo de acciones. Sentirse queridos o reconocidos por el público es una muestra de su gran popularidad; lo que se traduce en mejores ventas o contratos y por tanto mayores ganancias.

Pero no Castiel Eyheralde.

Inmediatamente reconocí su incomodidad cuando la tercera o cuarta fan le tomaba una fotografía, pero visiblemente se estaba conteniendo para no dar una imagen más mala de la que ya tenía.

Las situación poco a poco se estaba saliendo de control, y si continuaba evolucionando tan desorganizadamente podrían ocurrir tragedias entre aglomeraciones como aquella. Debía buscar un lugar seguro para no arriesgar a Castiel.

Los automóviles quedaban descartados en primera instancia, se habían perdido rápidamente entre el gentío.

¿Las oficinas de TRE? Fácilmente podríamos quedar atrapados si rodeaban el edificio. Cerca de ahí solo había negocios locales, por lo que tampoco podríamos ingresar a cualquier lugar y causar más alboroto.

¿En qué lugar nos refugiaríamos, lo suficientemente desapercibido para no levantar sospechas y esperar a que la multitud se calmara?

Mi departamento ubicado en un anticuado edificio que fácilmente podría pasar inadvertido llegó como respuesta.

Le grité y logró descifrar mi mensaje en fracción de segundos. Corrimos sabrá-dios-cuántas-calles pero llegamos en tiempo récord. Varias veces creí que me desfallecería por la falta de aire y Castiel por el contrario, demostraba que aquellos músculos marcados no eran solamente apariencia.

Me siguió sin siquiera hacer una pregunta, tampoco es como si hubiera tiempo de hacerla. Al llegar, subimos las escaleras —pude escuchar al esposo de la arrendadora gritar que no se debía correr por los pasillos—, y cerré la puerta con todos los seguros que tenía disponibles.

Me dirigí hacia la ventana para observar a algunas chicas con camisetas con la cara de Castiel corriendo confundidas. Por el momento, había logrado nuestro cometido. Cerré las cortinas para llamar menos la atención, pero no me moví de la ventana.

Porque estaba consciente de que estamos solos Castiel y yo en un espacio muy reducido.

Un día estaba tratando de huir de su departamento y al siguiente lo tenía en el mío.

Traté de calmar mi respiración, aún agitada por la carrera, antes de hablar.

—No sé si lo que acaba de suceder es bueno o malo— dije, bromeando a medias. Por un lado, era genial que la popularidad de Castiel siga dando de qué hablar, y sin embargo… me estaba dando cuenta que las CastielAddict eran bastante intensas—. De lo que estoy seguro es que lo de hoy no se debe repetir. No de esta manera tan peligrosa. Necesitamos conseguirte seguridad.

Esperé la respuesta de Castiel ya fuera para negarse rotundamente o para acceder. No contestó y aquello me preocupó así que me alejé de la ventana para encararlo.

Al darme la vuelta desearía no haberlo hecho.

Se estaba quitando su camisa. Y todo su torso estaba bañado en sudor.

Dioslosmúsculosdelabdomenresaltantodavíamásynodeberíaestarfijándomeeneso.

El calor producto del ejercicio aumentó de golpe.

¿Mi cara? Roja, por supuesto.

—¿Q…qué haces?

—Ducha.

—¿Qué? —parpadeé confundido.

—Necesito una ducha.

—Ah sí claro.

Lo tomé más bien de lo que debería.

Una celebridad nunca, NUNCA debería verse mal. Muchas, incluso, contratan asistentes para que cuiden únicamente de su aspecto físico. Desde cosas tan simples como cerciorarse de que cada cabello no esté fuera de lugar, hasta ir tras ellos con algún ventilador para evitar que derramen una sola gota de sudor.

Sin embargo, no creía que Castiel le diera tanta importancia como para tomar una ducha cuando está en un sitio donde nadie puede verlo.

Lo que me lleva a preguntarme ¿qué tanto ha cambiado?

-showtime-

Traté de ignorar todos aquellos absurdos pensamientos sobre Castiel (junto al sonido de la ducha) haciendo una llamada a Arthur.

No fue necesario entrar en detalles, había presenciado todo el revuelo desde las oficinas de TRE.

Twitter está que explota. Están dado diferentes direcciones donde fue visto por última vez —me dijo una en particular—. ¿No es cerca de tu departamento?

Vaya, en esos momentos agradecía tener como compañero de trabajo a un experto en redes sociales.

—Sí, lo es.

Demonios.

—Escucha, necesito tu ayuda.

Arthur accedió a cada una de mis peticiones sin cuestionarme, lo cual agradecí infinitamente. A pesar de la primera impresión que tuve de él, tenerlo como colega no estaba tan mal.

Encendí mi laptop para seguir monitoreando las noticias sobre Castiel.

#CastielEyheralde en NY!

El famoso cantante #CastielEyheralde fue visto en las calles neoyorkinas…

Muchas noticias de #CastielEyheralde ¿Se viene comeback?

Estoy segura que vi a #CastielEyheralde! Sobre las calles…

Me sorprendió ver como #CastielEyheralde se había vuelto tendencia muy rápido. Tendría que ingeniármelas para aprovechar estos pequeños momentos de fama para impulsar su carrera.

Sin embargo, después de un rato mirando post e hilos, algo que no me cuadraba era que no mencionaban ninguna de sus redes oficiales. ¿Acaso el no tenía algo parecido? Conociendo la personalidad un poco apática de él, era posible que la idea de interactuar con sus fanáticas le pareciera un fastidio, pero alguna red oficial tendría que haber, ¿no?

Recurrí al sitio de costumbre para buscar respuestas. Tecleé la url que sabía de memoria y la página comenzó a cargarse cuando una voz me tomó de sorpresa a mis espaldas.

—¿Qué rayos es eso?

—¡Ah mierda! —exclamé asustado—. ¡Qué demonios! Casi me da un infarto.

Le reclamé enojado por la repentina interrupción, pero Castiel hizo como si no hubiera pasado nada. Tenía la mirada fija en la pantalla de la laptop; más una sonrisa, una ligera sonrisa, tan solo la comisura de sus labios levantada, delataba que estaba disfrutando su cometido.

Cómo odio esa sonrisa.

—¿Castiel-Enciclopedia?—dijo levantando una ceja y después volteó a verme—. Si quería saber algo podías preguntar ¿sabes? Te lo habría contado. Todo.

—¿No tienes respeto por la privacidad de otras personas?

—¿Y lo dice el que se tomó la libertad de entrar en mi departamento? —se cruzó de brazos.

Justo con ese gesto recién me di cuenta que estaba usando mi bata de baño, y de su cabello aún escurrían gotas de agua.

Dios santo. Arthur por favor, ¡apúrate!

—Yo velo por tu seguridad, es diferente —dije con firmeza, tratando de no pensar en qué había (o no había) debajo de la tela. —El conserje me dio permiso de entrar lo cual es una malísima señal. Cualquiera podría escabullirse dentro del edificio. Y fácilmente descubrí la contraseña.

—Tú y tu maldita buena memoria —en lugar de enfadarse, se rió. ¿Por qué tenía que reírse en ese preciso momento?

—Bueno, ya te diste cuenta que la seguridad de tu edificio no sirve.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Me mudo? No tengo otro lugar. ¿O quieres que me venga a vivir aquí?

Abrí la boca para responder pero no salió mi voz.

Siempre había sido igual.

Él encontraba fácilmente una manera de hacer que bajara la guardia, hacer que tuviera esperanzas, aunque lo que acabara de decir no guardara ningún significado oculto.

No era el momento adecuado, entonces ¿por qué tenía que insinuar el sueño del Nath adolescente de algún día llegar a vivir juntos justo en ese instante?

Para evitar la respuesta a aquella horrible broma recurrí al siempre confiable cambio de tema.

—¿De verdad me hubieras dicho todo? —pregunté entrecerrando los ojos, aludiendo al comentario anterior. Castiel solo asintió como respuesta—. ¿Incluso si te pido una lista detallada de todas tus aventuras amorosas, como ahí?

—¿Tienen eso escrito?

—Por orden cronológico y alfabético.

Sin añadir algo más, Castiel tomó mi laptop e inmediatamente comenzó a buscar entre los apartados de su propia enciclopedia el tema que acababa de sugerir, con la esperanza de que se negara y terminar la conversación.

Cuando lo encontró no dudó ni un segundo en entrar en él, pero yo repentinamente recordé el primer nombre que se hallaba en la lista.

Drebrah Mackenzie.

Creí que habría alguna respuesta furiosa de su parte al ver el nombre de una persona claramente indeseable, pero eso no pasó.

Pasó de largo aquella línea, y se concentró en el resto.

—Wow —más que enojado, se veía sorprendido al ver la gran lista de nombres bajo el título de Relaciones personales. Por un instante, parecía que se estaba divirtiendo con el tema, pero no tardó en arrugar el entrecejo—. Eh, yo no salí con esa chica. Solo la saludé una vez. Con ella tampoco. Y honestamente, a ella no la recuerdo.

—Por supuesto —le dije, dejando ver con mi sarcasmo que no le creía. Él, por el contrario, se rió.

—¿Qué, celoso?

No podía dejar que nada de eso me afectara. No tendría por qué, en primer lugar es solo una broma. Una pésima y terriblemente desconsiderada broma.

—Es tu vida privada. Mientras no afecte tu carrera no puedo entrometerme. Yo también tengo la mía.

—Y, sin embargo, te dedicas a investigar como un stalker.

—Detective —corregí.

Castiel siguió analizando la lista murmurando lo absurdo que eran las parejas que le habían adjudicado sin detenerse o siquiera mirar el primer nombre.

Podría ser por los malos recuerdos que le causaba, porque no quería rememorar su relación o simplemente porque ya la había olvidado.

Parecía como si no le hubiera afectado en absoluto, ni hubiera cambiado su vida de manera tan drástica.

Si ya no era un tema relevante para él… ¿de verdad sería capaz de contarme todo? Nunca pregunté porque no me atrevía. No tenía ganas de hurgar en un pasado con una persona que nos distanció. Aunque él no lo habría visto así.

Yo también tenía muchas dudas. No solo como su manager si no como alguien con quien tuvo una extraña relación que no podía catalogarse de alguna manera. Éramos esto y aquello, sin llegar a serlo completamente. No me sentía con el derecho de seguir pensando en aquello cuando la otra parte de aquella relación sinsentido nunca se le habría cruzado por la mente la misma opinión.

Sin embargo, había un pequeño tema que tan solo quería confirmar. A fin de cuentas era la razón por la cual el gran artista llamado Castiel Eyheralde estaba en aquella situación actual.

—Entonces señor Eyheralde —retomé la palabra—. ¿Contestarás todas mis preguntas? ¿Incluso si son temas difíciles de hablar?

—Con una condición.

Qué infantil.

—¿Qué cosa?

Castiel alejó la vista de la pantalla y me miró.

—No me digas Señor Eyheralde. Suena horrible. Llámame Castiel.

Reafirmo lo infantil. Di un largo suspiro antes de dar mi respuesta. Era poco lo que estaba pidiendo a cambio de la bomba que estaba a punto de lanzar.

—…Bien. Castiel —quizás fue imaginación mía pero me pareció ver que sus ojos con sorpresa al escuchar su nombre de mi boca. Tomé aire antes de soltar la pregunta—. ¿De verdad engañaste a Debrah?

Por la expresión de Castiel me arrepentí al instante del preguntar.

—Si no quieres hablar…

—No lo sé —vaya, eso sonaba mal.

—¿Qué no lo sabes?

—No lo recuerdo —eso sonaba mucho peor.

Castiel escribió algo en el navegador y pronto le arrojó como resultado varias fotografías, distribuidas en cientos de sitios. Las identifiqué inmediatamente. Eran las mismas que habían dado vuelta por todo Internet, revistas y programas de chismes tiempo atrás, mismas que fueron la causante de la ruptura de Castiel y Debrah.

Todas las imágenes pertenecían a páginas de chismes de la farándula que incluían titulares del tipo El escándalo del siglo, Castiel y Debrah se separan por infidelidad del cantante.

Las fotografías, tomadas desde distintos ángulos, mostraban a un hombre de la misma complexión de Castiel 'abrazando' a una mujer bastante atractiva saliendo de un edificio bastante lujoso. Aunque aquel abrazo era bastante extraño, parecía más bien que la chica sostenía todo el peso de Castiel, como si apenas pudiera mantenerse de pie.

—Estoy seguro que la persona de las fotografías soy yo —dijo señalando la pantalla—. Pero no tengo muchos recuerdos de aquel día.

Alguien vertió un balde de agua fría sobre mí. ¿De qué otra manera podría sentir aquel escalofrío recorriendo la espalda al escuchar las palabras de Castiel? No quería seguir indagando al respecto, pero todo me daba muy mala espina.

—¿Qué es lo que sí recuerdas?

Castiel tardó en responderme.

—Tuve una discusión con ella, lo cual no era novedad, peleábamos muy seguido realmente. Pero ese día fue la peor discusión de todas, por una estupidez. Quería que escribiera varias canciones para ella y grabáramos un álbum juntos. En ese tiempo estaba algo ocupado por muchos proyectos por delante y solo le dije que lo veríamos después. Se enojó por 'no darle la importancia que se merece' y juró que me arrepentiría de mi decisión —dijo, riéndose con sarcasmo—. Después me fui a un club y bebí demasiado. Y al día siguiente despierto con que mi carrera se terminó.

—¿Y la mujer de la foto?

—Si supera quién es ya habría ido a buscarla para pedir explicaciones —dio un gran resoplido de frustración—. Carajo. Yo estoy seguro que no la engañé, no soy ese tipo de persona.

Yo, más que nadie, lo sabía. Jamás intentó nada conmigo después de que comenzó su relación con Debrah, ni siquiera me volvió a buscar, y tampoco traté de hacerlo por más sentimientos que guardara en mi pecho.

No sé en qué momento tenía los puños apretados, llenos de rabia. Al escuchar la versión de Castiel, no podía sentir más que impotencia ante aquella extraña situación.

—Castiel, espero que entiendas que estoy convencido que ella te tendió una trampa y te inculpó. Y luego montó todo ese escándalo para tener atención y vengarse.

—Lo sé, no soy idiota— contestó con mucha seriedad.

—Entonces debiste defenderte. Debiste contraatacar ¡no sé! Mostrar tu inocencia.

—¡No podía hacerlo! —gritó—. Ella dijo que si abría la boca… —no quiso decir más al respecto—. Bueno, ahora ya no importa.

Se calló.

Un montón de sensaciones me estaban recorriendo de pies a cabeza y terminaban en mi estómago creciendo como un odio inconmensurable que me hacía querer vomitar.

¿Cómo se atreve esa maldita perra a arrebatarle a Castiel toda su vida después de que él dejó todo atrás por sus caprichos?

—Castiel, hay como un millón de delitos que hicieron en contra tuya ¿y lo vas a dejar sin más?

No obtuve respuesta.

¿Por qué Castiel no se defendía? Habían pasado más de dos años desde aquellas fotografías, y él nunca salió a decir su versión. Su relación estaba más que arruinada y no tenía contacto con ella… ¿Entonces qué más tenía que perder? ¿Qué le impedía hacerlo?

¿Por qué tenía que seguir sufriendo las consecuencias de un acto que nunca ocurrió?

Su teléfono comenzó a sonar nuevamente. Castiel lo tomó y dudó al ver otro número desconocido en la pantalla. Justo como el día anterior.

Como si se tratara de encender un foco, mi mente unió todas las piezas. La culpable de su situación actual seguía sin darle descanso, hasta que lograra cualquiera que fuese su cometido. Debrah Mackenzie seguía siendo muy astuta.

—¿Es ella? —pregunté. Castiel guardó silencio y dejó el teléfono de lado.

No pedí permiso, tomé su teléfono y oprimí para aceptar la llamada.

¿Gatito? —aquella jodida palabra dicha en un tono demasiado empalagoso hizo que se me revolviera el estómago aún más.

—Tanto tiempo Debrah —la enfrenté, hubo unos segundos de silencio antes de que volviera hablar.

No lo puedo creer. ¿Nathaniel? —Una gran carcajada que me heló la sangre se escuchó a través de la bocina y posteriormente cortó la llamada.

No pude sentir más que ira. Sabía que Debrah era muy peligrosa, lo había mostrado desde el instituto. Pero una cosa era hacer que tus amigos se pusieran en contra tuya y otra muy diferente es montar todo un espectáculo para manipular a las personas y acabar con la carrera de alguien por un simple capricho.

Desde el principio Debrah había sido así.

—Ni se te ocurra meterte en mis asuntos —me sentenció Castiel, con la voz más seria que jamás había escuchado—. Es mi vida.

—Demasiado tarde, tengo un contrato contigo —le recordé—. Cuidar tu bienestar hasta que…

—¡Al carajo con el contrato!

— Y aunque no lo tuviera, me inmiscuiría.

—¿Por qué insistes?

—Porque —comencé, sabiendo que estaba a punto de decir algo que quería seguir guardando dentro de mi corazón—, en primer lugar, jamás debí haberte dejado ir.

No quería contestarle de esa manera, pero las palabras salieron de mi boca con más honestidad de la que me hubiera gustado mostrar. Los ojos de Castiel se expandieron con sorpresa ante mi confesión.

En ese instante, Arthur tocó la puerta anunciando su llegada.

—Aquí está lo que pediste…

Inmediatamente arrebaté la bolsa con ropa que me ofreció y se la di a Castiel.

—Cámbiate. Y tú —le dije a Arthur—, llévalo a su departamento. Tengo que salir.

—¿A dónde vas? —me cuestionó extrañado, ajeno a la situación por la que Castiel y yo acabábamos de pasar.

—A acabar con una maldita perra.

Mi relación con Castiel podría haber sido extraña.

Quizás nunca se hubiera formalizado como yo tanto había querido. Quizás con el paso del tiempo habríamos querido seguir diferentes caminos. Y aún así, con todas las diferencias que teníamos, por lo menos Castiel estaba seguro a mi lado. Nunca le hubiera hecho daño ni hubiera dejado que nadie se aprovechara de él.

Castiel, tarde o temprano, triunfaría con todo su talento. Estaba convencido de ello.

Quizás no habría llegado a la cima de golpe como lo hizo con Nightmare Stars, y podría haber tardado más en adquirir fama, pero lo haría. Yo hubiera estado con él desde cero.

Ahora, Debrah había arruinado por completo la vida y la reputación de Castiel, y no ha estado satisfecha con eso. De alguna manera no descansará hasta verlo acabado por completo.

Y yo no lo permitiré.

Una llamada interrumpió mi apresurada caminata y, aunque quise dejarla pasar, al ver el nombre en la pantalla no pude evitar contestar.

—Increíblemente lo encontré —No pude evitar alegrarme al escuchar la voz de

Michael Kang que me llamaba para darme noticas sobre el favor que le había solicitado.

—¿De verdad?

—Escribió el guión de un par de episodios para una serie que se estaba grabando pero renunció al poco tiempo.

—¿Escribió? ¿No compuso canciones?

—No, lo revisé. No creo que haya muchas personas con el nombre de Lysandro Ainsworth que se dediquen a esto. Ahora mismo se encuentra en New York por asuntos de trabajo pero se irá en un par de días. Si necesitas contactarlo, podría proporcionarte el número y dirección del hotel en donde se hospeda.

—Muchas gracias, es una gran ayuda.

—No es novedad. Aunque debería ir cobrando todos esos favores.

—…Claro.


Ya saben que aquí subimos capítulo una vez al año, jé. Nocierto, ya no vuelvo a tardar tanto :c Por eso como regalo les traje más drama Casthaniel y la mención de un personaje muy importante :p . Gracias por leer y por toda su paciencia, los tkm.