Marahai.

Un día bonito y resplandeciente, el sonido de las olas, la espuma de éstas al dar contra la playa, una que otra gaviota, era algo que usualmente lo hacían relajar, entrar en un trance…pero últimamente no hacían nada por calmar su ansiedad. Mucho menos ese día.

Se alejó de la baranda, regresando a la celebración en la que estaba con sus compañeros de trabajo, y se unió a dos de los amigos que había hecho aquí en Marahai. Mientras se tomaba un sorbo de cerveza, se sonrió ante el comentario que escuchó. Más ese deslumbre de gracia, felicidad, fue efímero al ella regresar a su mente.

Todo el tiempo estaba pensando en ella.

Todo se lo recordaba a ella, desde el sonido de las olas de aquel mar cristalino, hasta el color azul brillante de ese cielo.

La encontraba sin querer hasta en lo más mínimo.

Algunas veces era horriblemente doloroso.

La mayoría del tiempo prefería centrarse en los recuerdos de todo lo bueno que habían pasado.

Trastorno reactivo de apego. Lo habían diagnosticado de niño gracias al abandono de su mamá, no tener padre y unos tíos hacer lo mínimo por cuidarlo. Ese trastorno vino a despertar en su adultez, manifestándose con Sansa en un apego que ambos sabían no era del todo saludable, pero ella se lo alimentaba, se lo devolvía, y a su vez se beneficiaba de éste.A ninguno de los dos, ni a la relación aquello la había venido a afectar, antes al contrario, la había hecho más fuerte. Pero ahora, en algunos momentos de cinismo se preguntaba si su despecho era eso, solo despecho…o si había algo más allí sin diagnosticar.

Ciertamente antes nunca había estado despechado porque alguna novia terminara con él. Pero tampoco había vivido, ni durado tanto con alguien como lo había hecho con Sansa.

Nunca había amado a nadie tampoco.

Y por el momento una parte suya no podía creer que ¡por fin! sabía su paradero exacto, y que le habían otorgado cinco días libres de los que tenía de descanso acumulado. Estaba lleno de tensión; volverla a ver sería la hora de la verdad. Había pasado los últimos meses esperando ese momento.

Y lo temía tanto ahora como había hecho en un inicio de toda esta puta situación.

Pero el tiempo apartado le había servido para dejar las dudas de lado. Los impedimentos que aun él mismo se colocaba en el camino. Ahora sabía con seguridad absoluta que quería una vida junto con ella. Que estaba más que listo para tomar ese paso. No quería volver a pasar más tiempo peleados y apartados.

…No que brincar a un matrimonio después de un rompimiento se le hiciera sensato…pero ya no le quedaba ni una pizca de dudas de que eso era lo que quería. Hacía años que estaba al tanto de que Sansa era la mujer de su vida, pero sólo ahora sabía con total certeza que unirían sus vidas cuando ella quisiera.

Si las cosas salían bien. Lo que aún no sabía.

Las cosas tenían que salir bien, se dijo para no volverse a desinflar.

Se despidió de sus compañeros a mitad de celebración a la cual tan solo había venido por quedar bien y hacer acto de presencia. Minutos después tomando un taxi hacia el aeropuerto, viendo como dejaba atrás el lugar paradisiaco en que había estado viviendo y al cual no le había podido sacar gusto gracias a la depresión en que mantenía.

Tras unos minutos y desde la parte de atrás del carro notó como el día resplandeciente se empezó a oscurecer, la neblina gruesa empezó a bajar rápidamente de una loma hacia la carretera, lo que lo sorprendió y emocionó pues nunca había visto algo así. Y tras unos segundos no le encontró sentido, era un lugar paradisiaco, playas, calor, no era normal ver neblina sobre todo a esa altura… Se lo preguntó al conductor mientras eran rodeados, nada siendo visible delante de ellos. Sería peligroso continuar, así que sintió el carro siendo detenido, miró al reloj y vio que aún tenía tiempo…

¿Pero tiempo para qué? ¿A dónde estaba yendo?

En su confusión no notó la neblina blanca tomar un tono más grisáceo y oscuro.

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Le pareció escuchar el eco de la voz de Sansa, y de inmediato levantó la mirada, buscándola entre la gente que había alrededor, pero ella no estaba por ningún lado. Tomó un sorbo de su whiskey y de repente dos de sus compañeros vinieron a sentarse junto con él. "Bonita casa." Le dijo a uno de ellos quien le asintió, prosiguiendo a hablar del buen gusto del jefe de los tres, o mejor dicho, de su esposa o el diseñador contratado.

Podrick quiso refutar aquello, la arquitectura era opulenta y llamativa, pero Sansa que era diseñadora diría que la forma como estaba decorada no tenía nada de especial, algo hasta chapucero y no de buen gusto. Y una vez más decidió sacársela de la cabeza, a ver si por fin empezaba a disfrutar de la vida de nuevo.

Aquello no duró, pues no pasó mucho para sentir a Michael hacerlo caer en cuenta de una rubia hermosa que lo miraba, y quien le inclinó la copa al obtener su atención. Pod le evadió la mirada tras unos momentos.

Años atrás se le habría apróximado de inmediato.

David habló, "Ojos que no ven corazón que no siente. Tu novia en Desembarco del Rey no tiene por qué enterarse de nada."

Nunca había hablado de Sansa, pero sí había dado a entender que alguien lo esperaba, suponía que más burla sería que ellos se dieran cuenta que se abstenía gracias a una relación para ahora inexistente, pero algo que no perdía eran las esperanzas de regresar con ella.

Donde ella tan solo lo escuchara, donde lo escuchara la convencería, ella lo perdonaría.

Una relación como la de ellos no se podía echar a la borda por un malentendido, "Yo lo sabría," murmuró. Y esta insinuación, la situación, la culpa que sentía definitivamente era la razón por la cual no le gustaba reunirse con sus compañeros de trabajo, pero sabía que el socializar era importante, lo que talvez le ayudaría a abrir puertas más adelante.

"Pues tu novia tiene que ser divina si ni siquiera te dignas a mirar a una mujer como aquella."

"Sí es divina." Les contestó, un toque de satisfacción llegándole momentáneamente, pero desapareciendo casi tan rápido como llegó.

"Nah, no te creo, a ver, muéstranos una foto de ella."

Pod se sonrió, negándose, y prontamente los escuchó decir que se estaba inventando a la mujer, o que talvez era gay reprimido que no salía del closet todavía, lo que de nuevo lo hizo vislumbrar algo de gracia a la vida.

"Estoy seguro que esa rubia te haría olvidar a tu novia por unos minutos."

¿Olvidar? La palabra de repente causó una chispa en su cabeza.

Olvidarla. Lo haría por unos minutos si se le acercaba a la mujer. ¿Pero después? ¿O durante? Más culpa. Más ansiedad y desespero.

"Pues si no vas a ir por ella, yo me arriesgo."

"Toda tuya." Pod contestó sin duda ni emoción. Olvidar.

"No, ni lo creas. Yo la vi primero."

Olvidar. Ausentemente Pod los escuchó colocándose de acuerdo en quien iría a tratar de conquistarla. Pero su mente de un momento a otro se sintió obsesionada con la palabra olvidar.

¿De qué se estaba olvidando? Obviamente era algo importante que tenía que recordar, pero no podía. ¿Una cita médica? ¿Una cuenta sin pagar? ¿Dejó las luces y el aire acondicionado encendido en su apartamento? ¿Algo de trabajo que había pasado por alto y tenía fecha de entrega para la mañana siguiente?

No, era algo más importante, sino porqué esta angustia…

Miró el vaso de whiskey, ¿ya estaba bebido tan solo con unos tragos? ¿Había olvidado comer algo para que el alcohol no le hiciera efecto rápido?

Olvidar…Olvidar…Olvidar…¡Maldita sea! ¿Qué era eso que se le estaba olvidando?

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El celular no dejó su lado mucho menos cuando llegó a Marahai, siempre estaba pendiente de éste. Siempre cargado. Siempre en su bolsillo y con el volumen al máximo. Más pendiente estaba del aparato que de las instalaciones que le mostraban, el lugar donde estaría trabajando y viviendo.

Se sentía como un zombie, hacia las cosas por hacerlas. Tenía uno de los sueños de su vida enfrente y no podía disfrutarlo por pensar a ir a perder una llamada de ella…llamada que no llegaba.

Creyó que nuevos aires y un par de semanas calmarían la situación, pero con el pasar de los días notó que no fue así, prontamente se dio cuenta que de ella no le llegaría llamada, y con desespero quiso dejar todo tirado, ir a buscarla y explicarse con ahínco, que lo escuchara y entendiera; él nunca la engañaría, ella lo sabía

Pero realistamente no podía dejarlo tirado todo…esta era una meta en su vida, su futuro, y no lo podía arruinar por un gesto romántico de disculpas, así lo deseara.

Si dejaba ir la oportunidad y se devolvía a Desembarco del Rey, o al Norte, sería prácticamente botar a la basura los últimos ocho años de su vida. Y era una zozobra no poder actuar.

Su estado mental y de ánimo no fue el mejor en esas primeras semanas en que una buena presencia era indispensable. Y mientras su vida laboral en el lugar se iba dando se hizo hacer una prueba de sangre para ver si había drogas presentes en su sistema, en teoría debió habérselas hecho cuando todo esto se dio en un inicio, pero aquello en el momento no se le había ocurrido. Lo único presente en aquel momento fue interceptar a Sansa, hablar con ella.

Los resultados de los exámenes llegaron sin trazos de ninguna droga, lo que era de esperarse.

La secretaria del laboratorio le pasó una tarjeta con los datos de un psicólogo de víctimas de abuso sexual al que enviaban a las personas que se hacían hacer ese tipo de pruebas. Mientras la muchacha decía que era bueno visitarlo si habían dudas Pod solo vino a caer en cuenta en ese momento en que talvez debió haber visitado a la terapeuta que los atendió a él y a Sansa hacía dos años en vez de estar tres días completos sentado ante el apartamento de la familia de ella. La psicóloga lo hubiera podido ayudar tan solo con una llamada a Sansa. Volvió a la realidad y miró la tarjeta nuevamente, respiró profundo ante la realización y se aclaró la garganta antes de marcharse, no sin antes dejar la tarjeta de nuevo sobre el escritorio.

Así que se conformó con ignorar eso, y continuar llamándola todo el día, todo los días, dejándole mensajes, pidiéndole disculpas, explicándose, declarándole su amor nuevamente, comentándole de sus planes de en cuanto pudiera hacer una salida larga se pondrían en contacto para encontrarse, podía ser en Braavos donde Arya, en Desembarco del Rey, en el Norte, donde ella quisiera él iría tan solo para que lo escuchara.

Le decía que él no la había engañado, no sin estar consciente de ello, y ella muy en su interior también debía saber eso. Lo conocía. Y él entendía su escepticismo, comprendía su enojo, pero también sabía que en algún punto ella estaría lista para escucharlo.

Y así continuó, inundándole el celular con mensajes. Incluso contactando a Margaery para ver si le podía hacer llegar un recado pues ella una vez lo ayudó con éxito de manera similar. Pero ésta vez Margaery ni le contestó.

Un día de repente Arya lo hizo. Escuchando molestia en su voz mientras le decía que dejara a Sansa de una buena vez en paz, y que a ella no se molestara en llamarla de nuevo. Colgándole nuevamente.

Pero incluso con esas palabras no desistió, empezó a llamar a la hermana menor desde números diferentes para que no se negara a contestarle.

Trató con Rickon, pero éste tampoco le contestó sus llamadas ni mensajes.

Era persona no grata, ni por las amistades de ella, ni mucho menos por su familia, pero aquello no lo hizo desistir.

Podrick había arreglado con el portero de su edificio que lo llamara si Sansa llegaba a aparecerse por el apartamento que compartían. Casi un mes después de estar en Marahai aquella llamada le llegó.

Una empresa de mudanzas había ido, le dijo el hombre, lo habían empacado y recogido todo, un abogado diciendo que la familia de ella había decidido terminar el contrato de arrendamiento. A él, Podrick, le habían dejado una llave con la dirección de una unidad de almacenamiento donde le habían dejado todas sus cosas. Todo lo otro, decían, sería donado a la beneficencia.

El piso abriéndose bajo sus pies en ese momento. Su corazón dejando de latir por un instante. Sus emociones atormentándolo.

Sansa no podía hacerle eso, ¿verdad?

Ella no había hecho eso.

Sansa había colocado esmero en ese apartamento, en encontrar algo que se ajustara a los dos, en amueblarlo, arreglarlo a gusto de ambos…

Fue ella quien lo tuvo que convencer para que vivieran juntos…

Sansa no tiraría todo lo de ellos por la borda así nada más…

Al menos no sin haber sido influenciada…

¿Su mamá? No había de otra. Catelyn Tully la había convencido para que por fin terminara con él.

Mierda, era ella quien lo estaba tratando de sacar del camino, seguramente.

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Desembarco del Rey.

En desespero y no estando en sí salió a buscarla al apartamento familiar, sintiéndose en su cuerpo pero a la vez que otra persona era la que se movía, la que pensaba, la que actuaba.

El portero y dos…guardaespaldas u hombres de seguridad recibiéndolo, interponiéndose ante él, y no dejándolo cruzar de la portada. Pod hizo un escándalo, luchando en vano con ellos y gritando el nombre de ella aunque sabía que sería imposible que lo escuchara desde el rellano; el apartamento familiar quedaba en el doceavo piso. Lo único que lo hizo desistir fue un empujón fuerte y su cabeza estrellándose contra el pavimento en un golpe seco, y el portero conocido aproximándose y mientras lo ayudaba a colocarse en pie diciéndole bajamente que llamarían a la policía sino se calmaba.

No solo con la cabeza a reventar la llamó por teléfono todo ese día, pero sus llamadas no fueron contestadas, tampoco en los siguientes días. Con su viaje inevitablemente aproximándose decidió hacer vigilancia; en algún momento ella dejaría el apartamento, y entonces hablarían.

Pero Sansa se desvaneció, dos días completos ante su puerta y no entraba ni salía, peor, las luces del doceavo piso ni siquiera se encendían, los ventanales del balcón no eran abiertos. La señora del servicio que venía varias veces a la semana no apareciendo.

Talvez fue que uno de los porteros le tuvo piedad, pues al tercer día y mientras lo pasaba de lado se detuvo, pasándole un vaso plástico con café y comentándole que perdía el tiempo. Hasta donde tenía entendido madre e hija se habían marchado en un afán hacia el Norte nada más dos horas después de llegar del aeropuerto. Por lo que decían los inquilinos que las habían visto en su partida apurada, la hija iba echa un mar de llanto y la madre una furia.

Podrick se quedó inmóvil, aun no creyendo lo que escuchaba, pero aquello teniendo sentido.

El piso abriéndose de nuevo ante sus pies pues esa tarde partía su vuelo hacia Essos, y no hizo más que quedarse hasta el último momento en aquel rincón, continuando mirando hacia el doceavo piso. Llamando a Arya, Rickon, e incluso Jon.

Estos dos últimos contestándole, con pocas palabras y silencios alargados.

Rickon confirmándole que Sansa estaba en el Norte y que estaba desconsolada. Pod lo escuchó molesto con él. Rickon se negó a pasársela; no quería afectarla más de lo que estaba. Ya ella lo llamaría cuando quisiera.

Le sorprendió que Jon le contestara, éste escuchando en silencio su versión de lo ocurrido. Tan solo para responderle que no tenía de otra que darle tiempo a Sansa.

Estando seguro de que Sansa no seguía en Desembarco del Rey, regresó al apartamento que compartían, el portero allí diciéndole que ella no se había ni asomado y que por eso no lo había llamado en los últimos días, como habían quedado. Cuando entró al apartamento lo encontró tal cual lo había dejado; el reguero de vidrios y sangre seca, la cama nauseabundamente destendida. Corrió hacia esta, tirando los tendidos a la basura, recogió el reguero, colocó nuevos tendidos, se bañó y se sentó a una mesa a escribirle una nota que entre lágrimas, enojo y culpa, casi no le salió, finalmente dejándola con un imán en la puerta de la nevera donde la podría encontrar fácilmente.

Con la maleta ya estando lista desde hacía días recogió varios ítems que antes no había pensado llevarse consigo, incluido el álbum. Ella le había puesto empeño y corazón a ese álbum, lo había incluso hecho ella misma, no algo que había comprado. Era la única persona que conocía que continuaba imprimiendo fotos. Y algo en su interior le dijo que se lo llevara, que ella lo querría de vuelta.

Llenó una caja pequeña con el álbum, unas fotos, y documentos personales que podía necesitar en Marahai y que Bronn fácilmente le podría mandar.

Se detuvo ante la puerta, dándole una última mirada al apartamento y, respirando profundo, cerró la puerta.

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El tacto, el calor de otro cuerpo encima suyo, el peso, mareo, sentía y no sentía, su pulso no tan acelerado, cosquilleos de besos y caricias que le eran dejados en el hombro, el interior de la otra persona. A la lejanía escuchaba los sonidos que dos cuerpos unidos hacían. Algo no estaba bien, pensó con nauseas. Sus ojos se abrían por unos momentos antes de que estos giraran en sus cuencas y se le cerraran por cuenta propia. Sansa se tenía que detener. En la oscuridad al alcanzar a notar cabello rubio corto y no rojizo largo sintió un tirón de pánico, sus brazos no se movieron bien cuando trató de quitársela de encima, los 'no' que daba saliendo demasiado apaciguados, sin ganas. No tenía fuerzas ni aliento de nada.

Y de repente calma, oscuridad.

Nada.

Agua helada en la espalda despertándolo, un golpe seco entre cabeza y cuello. En el primer movimiento que hizo su cabeza palpitando, corrientazos por ésta como los que nunca había sentido traspasándolo. A la lejanía y con eco Sansa gritando y cuando levantó la cabeza, vio que no estaba a la lejanía sino en la misma habitación, caminando de lado a lado y discutiendo sola…aunque no lo hacía sola, lo hacía con él. Y azarada. Y llorando. La vio señalando al otro lado de la cama, y confundido se giró para encontrarse con una mujer evidentemente desnuda bajo las cobijas que lo miraba, tapándose pudorosamente, lo que lo hizo reaccionar de inmediato con horror y se alejó, tirándose al piso y escuchando rodar y desquebrajarse el florero que Sansa seguramente le había tirado encima.

Se paró como pudo, "…No es lo que crees." Dijo con la boca seca y arenosa, confundido, mareado y con ganas de vomitar, dio unos pasos hacia ella, pero se detuvo al sentir dolor al enterrarse vidrios en la planta del pie. Del florero.

"¿Entonces qué es?"

Pod no sabía que estaba pasando, azarado y evadiendo los vidrios caminó con dificultad y empinado, sintiendo la sangre dejándolo. "No sé. No sé Sansa. No sé qué pasó. Que está pasando. Creo que me dieron algo."

Pujó llorando, "Sí, claro. ¡No puedo creer que me hicieras esto!"

"No lo hice. ¡Sabes que nunca lo haría!" Y confundido trató de calmarla, de explicarse, aunque ni el mismo sabía qué estaba sucediendo. Sansa echa una fiera y llorando, ardor en su mejilla ante la cachetada que de repente recibió al haber tratado de tomarla del brazo.

"¡No me toques! ¡Vete a la mierda!"

No la escuchó y trató de acercársele de nuevo, lo que fue recibido con un forcejeo y terminó con un empujón de los hombros que no se vio venir. Gracias a la sangre el piso estaba resbaloso y se cayó al piso, rápidamente y con dolor se colocó en pie, siguiéndola desnudo al verla dejar el apartamento.

Atravesó la puerta en un afán, encontrándose con oscuridad. Después de unos pasos se detuvo confundido. ¿Para donde iba? Se preguntó, no recordando de donde venía ni qué iba a hacer. ¿Cuál era su afán?

Estudió sus alrededores, solo oscuridad, ¿Sansa? ¿Había estado soñando con Sansa?

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El Norte.

Muestras de aprecio en público era algo en lo que Sansa no participaba mayormente, sobre todo aquí en el Norte. Pero en el aeropuerto no le importó pues esperaban en una antesala privada y allí eran los únicos; y Sansa no debería de estar aquí, pero con tan solo ser una Stark la habían dejado pasar.

Estuvieron pegados del otro, disfrutando de los últimos minutos juntos. Besándose y abrazados. Los abrigos pesados y abultados no dejando sentir el calor del otro como normalmente lo harían, pero continuaron abrazados hasta el último momento que pudieron.

Podrick con las manos en la cintura de ella se separó, "Te voy a extrañar."

"Yo también."

Y otro abrazo, prolongado, demasiado.

"Recuerda; puedes ver, pero no tocar."

Las palabras murmuradas contra su cuello lo hicieron reírse, "Como siempre." Los pasajeros a su vuelo siendo llamados nuevamente y ambos compartiendo un último beso, "Lo mismo para ti, ¿eh?"

"Te amo." Dijo, devolviéndole la sonrisa.

"Yo también te amo." Pod contestó fijándose por última vez en sus lindos ojos azules. Y otro beso, más fuerte y prolongado antes de por fin soltarse de ella y esta vez si dejarla, pero en cada oportunidad mirando por sobre su hombro.

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Presente.

El Norte.

Sansa se despertó en una habitación que hasta hacía unas horas había sido desconocida.

El mareo ya habiéndosele pasado. El calor del cuerpo detrás de ella y que le pasaba un brazo por sobre la cintura se le hizo bienvenido, la calmaba.

La calmó hasta que lentamente miró detrás suyo y se encontró con el rostro apacible de Petyr, y de repente malestar la volvió a golpear, el saber estar cometiendo un error…

Aunque si de algo quedaba era que el error no había sido cometido.

Ella no había podido.

Después del desastre del restaurante había ido con Petyr a su hotel, quedándose en el restaurante. Y después se había encontrado en el cine con Rickon. Sólo que la película fue algo en lo que no se pudo concentrar. La molestia y recelo que el amigo de Tyrion había incitado en ella no dejándola tranquila. Haciéndola mirar sobre su hombro a cada oportunidad imaginándoselo de acosador detrás de ella. Por una vez maldiciendo pasajeramente su decisión de no usar guardaespaldas cuando estaba en Las Inviernas…aunque entre más lo pensaba más se sentía exagerando su paranoia.

Después de la película sacó excusas de encontrarse con Jayne y y convenció fácilmente a Rickon de dejarla marchar sola.

Salió a buscar a Petyr con el propósito de dejarlo sacarle de la mente todas sus preocupaciones, él estaría dispuesto.

Y estaba muy al tanto del error que hacía mucho se había reafirmado no volver a cometer, pero en el momento solo se quería quitar la angustia de encima, su mal estado de ánimo de los últimos días, dejar de pensar así solo fuera por unos minutos.

Y francamente, Petyr era un error insignificante mientras nadie se diera cuenta. Y arriesgaba demasiado en acostarse con el aquí en Las Inviernas, era algo que siempre había evitado, pero se sabía no estar pensando claramente.

No importaba. Sabía que no solucionaría nada acostándose con él…pero necesitaba algo, y entre drogas o Petyr, lo menos inconsecuente era Petyr. Drogas siempre le caían pesadas cuando estaba de mal genio, antes la sumían más en desespero cuando el efecto pasaba. Aunque pensándolo bien, un Xanax, o mejor, un Ambien no le caería mal.

Hacía tanto que no metía nada, ¿tres años? ¿Su segundo semestre de universidad? que no quiso arruinarlo...tampoco sentía necesidad.

Petyr la recibió, con la sonrisa maliciosa que una vez le había llamado la atención, pero que ahora le proporcionaba era cierto malestar. Cada uno en un mueble, música suave y compartiendo varios tragos, bastantes de hecho, mientras hablaban de todo y de nada. Y cuando por fin se decidió a acercársele y se empezaron a besar y a desnudar –con afán por parte de él– Sansa se sintió separándolo de los hombros, rompiendo a llorar por alguna razón.

No notó si a Petyr le molestó o no, no creyó que lo hiciera pues él siempre era entendible, y sintiendo que era la única persona que no la juzgaría empezó a tratar de hablar en medio del llanto. Volviendo al mueble y tomando de nuevo, tratándose de controlar explicándole como de un tiempo para acá no se entendía; que emocionalmente nada se sentía bien, no sentía más que confusión y decepción, pues no sabía porque sentía que algo importante le faltaba. Para colmo de males tampoco sabía que hacer de su vida profesional, y toda esa mezcolanza de emociones y preocupaciones se habían confabulado contra ella en esos últimos días.

Petyr a su lado en silencio, abrazándola y tratándola de consolar, pero aquello no sirviendo de mucho.

Y Sansa continuó tomando, copa tras copa, no revelándole que el encuentro en el restaurante también le había colocado los pelos de punta, que no sabía explicar lo que había sucedido pero que sentía aquello como un detonante mayor para sus emociones. No había razón para ello, se le hacía ridículo. Más bien le contó que había estado donde el psicólogo esa misma mañana… "¿Qué hay mal conmigo?"

"Escucha, no hay nada malo contigo." Le dijo, sentándose en la mesa enfrente de ella, y viéndola como estaba sintió lastima, "Eres una mujer maravillosa. Pero eres joven…y obviamente estás en un punto crítico en tu vida en la que no sabes qué hacer de ésta. Eso te está afectando." Le apretó una rodilla desnuda, "Pero no deberías de dejarte llevar por esas emociones. Tienes todas las oportunidades y puertas abiertas delante de ti, un futuro asegurado no solo por tu apellido, sino también por tu talento. Estás en una posición que casi todo el mundo desearía, no deberías dejarte abrumar por dudas pasajeras."

Lo miró fijamente, ¿Cuándo se empezaban a ver las falencias de las personas mayores a las que de niño uno admiraba?

Notó que lo que dijo no era algo que a ella le ayudara, "¿Qué quieres?"

Desaparecer. No pensar. No sentir. Sansa exhaló y se colocó en pie, caminando hacia la cama, tirándose en esta boca abajo y quejándose contra la almohada. Creyó que hablarlo sería darse un respiro, pero antes se sintió fue abrumada de nuevo. Como con el psicólogo esa mañana. El colchón a su lado se hundió y sintió a Petyr acariciándole la espalda sobre su saco. Lo que la hizo notar una vez más que estaba sin pantalón.

Petyr frunció el ceño, nunca habiéndola visto o imaginado de esta manera. ¿Acaso lo de esa droga para olvidar no hacía todo desaparecer? ¿Estaba así por Payne? Se preguntó si Catelyn estaba al tanto del estado emocional de su hija...y decidió que era mejor dejárselo saber, pero a primera hora de la mañana. A estas horas sería sospechoso. Con cada segundo ella sollozando más duro, e incomodándolo.

Y eso era lo último que Sansa recordaba antes de despertarse. Con Petyr detrás de ella y abrazándola. Se tensó de nuevo, y lentamente trató de quitarle el brazo de encima, pero lo sintió despertándose. Dejándole un beso en el hombro para desenredarse de ella, sin ella pedírselo. Sansa se giró, y se quedó mirando al techo tal cual él también lo estaba haciendo.

"¿Estás mejor? …He escuchado que llorar siempre ayuda…"

"Sí." Al menos por ahora. Su cuerpo brincó cuando sintió la mano de él posándose en su muslo, y había pasado tanto desde la última vez que estuvo con alguien que ni siquiera lo recordaba, ¿Cómo era eso posible? "Esto es un error."

"…Eso no nos lo ha impedido antes."

Era verdad, Sansa exhaló con culpa. Recordando como en un inicio había sido divertido y emocionante estar tras las espaldas de todos con Petyr, pero como a medida que maduró se dio cuenta que todo esto solo era un lío. Que incluso fue él aprovechándose de ella y de la situación cuando lo buscó dándole indicios de que lo deseaba. No le había importado en aquel momento. Y francamente, tampoco le importaba ahora; se habían divertido y pasado bien, él no se aprovechó más de lo que ella lo dejó. Y lo dejó bastante, porque con él fue que vino a saber qué tan bien el sexo se podía sentir. Y con esos recuerdos y ese pensamiento se sonrió y no le dijo nada al verlo incorporarse, no se negó cunado la empezó a acariciar en la entrepierna, y después de unos momentos metió la mano dentro de sus interiores.

"Esto es para lo que viniste. Déjame tratar de hacerte sentir bien por un rato."

Tratar. Como si él no supiera o se le hiciera difícil complacerla, pensó con cierta gracia. Sansa le devolvió el beso que él se agachó a darle, tocando su lengua con la de él, y ambos jugando de esa manera por unos segundos, pero lastimosamente ni aquello mezclado con las caricias en su centro la hacían sentir algo. Había perdido su deseo por él hacía mucho.

"Déjame ayudarte a olvidarte de todo."

"Ok," Sansa se dijo, con duda levantando sus caderas cuando él prosiguió a bajarle su ropa interior. Y sí, necesitaba conseguirse a otra persona para esto, alguien más efectivo, un amigo con beneficios que no le trajera tantas culpas, que le significara absolutamente nada, pero por el cual sintiera al menos atracción. Abrió las piernas para cuando él situó su cara entre estas.

Y tratando de bloquear sus emociones contradictorias y concentrarse en las sensaciones miró hacia el techo. Petyr sabía exactamente como le gustaba, que la hacía responder, temblar y enloquecer y aunque lo sintió trabajando en ello, no se sintió emocionando. Así que empezó a fantasear, situaciones similares de su pasado, con él, con otros.

¿Y por qué no recordaba ningún enredo durante su paso por la universidad y después de esta? Se volvió a preguntar.

Y continuó fantaseando con algo que hubiera visto en alguna película. Con hombres al azar…y de repente la imagen del amigo de Tyrion hizo corriente y calor esparcirse por ella al ritmo de cada pasón de la lengua de Petyr, sus muslos temblando y de inmediato quiso apartarlo de su mente, pero con curiosidad volvió a pensar en él momentos después, pues funcionaba. ¿Cuál era su nombre? Tyrion sí lo había mencionado… Recordó la extraña atracción que sintió por el hombre desde el primer instante. Su forma tosca y ordinaria de ser…probablemente eso se traduciría a este tipo de momentos, y sería tosco y querría ir al punto, lo cual se le apeteció en ese instante. Los dos borrachos. Un hotel. Un par de cogidas rápidas e intensas a lo largo de la noche, probablemente sin mucha satisfacción para ella, pero brusquedad que no le diera ni un minuto para pensar era lo que necesitaba y deseaba. Si él venía a hacérselo disfrutar tan solo sería un bono.

¿Brodrick? ¿Rodrick? ¿Podrick?

Sí, él probablemente la besaría sin dejarla respirar, la estrecharía y la manosearía sin parar por encima de la ropa. O de inmediato la pondría en manos y rodillas, y Petyr decidió que ese era el momento para empezar a hablar.

A darle ánimos.

A no dejarla concentrar.

A devolverla a la realidad.

A fastidiarla.

La fantasía y sensaciones pasando, de nuevo el desaliento, pero decidió no detener a Petyr de pronto y se venía a emocionar de nuevo.

No tardó mucho para notar que no funcionaba. Al menos no con Petyr. Trató de detenerlo, de alejarse, pero él no la dejó, no la dejó hasta que fue vocal e insistente de que no continuara, y ahí fue cuando él aflojó la fuerza con que la sostenía, mirándola, dejándole un beso en el monte de venus.

"Tan solo concéntrate en lo que te hago."

"Estoy tratando. Y no está funcionando." Y se conocía a si misma, su mente y emociones la estaban bloqueando. Petyr podía quedarse allá abajo por más de una hora que no le sacaría el gusto a esto y se sentiría más como una imposición. Haciendo de nuevo fuerza trató de alejarse, y él la dejó casi de inmediato. Sansa se salió de la cama, buscando por su ropa interior, "…Lo siento."

Petyr asintió, mirándola mientras se empezaba a vestir en un apuro, "¿Otro día?" preguntó, no queriendo hacerla sentir que la presionaba, pero sabía que lo hacía. La vio haciendo una pausa en medio de acabarse de subirse el jean.

"…No lo creo." Sansa decidió ser sincera mientras avergonzada caminaba hacia el baño a acabarse de arreglar, ante el espejo y manteniéndose la mirada maldijo venir a perder el tiempo. Molesta y de nuevo sintiendo el vacío se negó a llorar nuevamente, respirando profundo, se limpió, se echó agua en la cara y después de unos momentos hizo su salida, encontrándolo de pie y bebiéndose un trago.

Sansa caminó hacia su bolso y sacó su celular, mientras escribía se fijó de nuevo en si sus renuencias lo estaban molestado, pero otra vez no encontró nada. Sólo entendimiento, entendimiento que ahora sabía le gustaría obtener de cualquier otra persona que la ayudara, no de él. "No tengo, ni tenía ninguna intención de retomar lo nuestro…lo acabado de suceder fue…" sacudió la cabeza, ¿y cómo explicarse? "Lo siento…simplemente ya no tengo interés en esto. Hace mucho que no." Pero para ser incluso más sincera; tampoco tenía interés en nada.

Petyr asintió, manteniendo la distancia pues dudaba que ella quisiera que la cerrara. Sansa no era para él, eso muy bien lo sabía desde el inicio de todo esto, nunca siquiera lo había considerado seriamente. Y le deseaba lo mejor, sinceramente. Y lo mejor nunca sería él. Pero tampoco lo serían los Podricks Payne del mundo. Así que, con esto, con este rechazo ya la línea volvía a quedar delimitada como lo llevaba por la mayor parte de cinco años. "Déjame te llevo a tu casa."

"No. Estás tomado. Eso sería irresponsable." Sansa después de unos momentos pujó, "Y cómo explicarle a mi mamá y hermanos si se llegan a dar cuenta que me has dejado a las dos de la madrugada en la casa…" Le contestó simplemente sacudiendo la cabeza, "Ya llamé un carro, no te preocupes."

"Sansa…" le dijo antes de verla a punto de dejar la habitación, "Me preocupas…no estás bien." Y todo por culpa de Payne, quien no había sido un buen agüero desde un inicio. Y aquí estaba ella; finalmente sufriendo sin saberlo por el idiota ese. Tal y como se lo habían vaticinado él y Catelyn desde un inicio.

"Tampoco estoy tan mal."

"Nada de drogas." Le dijo, y la vio apretando la mandíbula. "No hoy ni mañana. Eres mejor que eso y lo sabes."

Sacudió la cabeza, "Lo sé. Francamente, mi mamá sacó de proporción todo ese aspecto de mi vida, creí queestabas de mi parte."

"Lo estoy." Le dio la razón, Sansa solo había estado experimentando y Catelyn demasiado preocupada por los andares de su inocente hija a miles de kilómetros de distancia, "Solo lo digo porque estando como estás no sería raro que lo tomes como una ruta de escape."

Sansa se negó a aquello.

"Un consejo; vete de vacaciones, uno o varios lugares que quieras conocer. Tómate tu tiempo. He escuchado que te ha ido bien en los trabajos que has tenido, invita a tu mamá contigo, convéncela de que te acompañe…o a tu amiga Jeyne, estando alejada de todo, pasándola bien la tensión te dejará. Te disiparás. Tu mente se aclarará."

"Acabo de llegar de Essos."

"…De estar con Arya." Añadió, "Hasta donde me has contado hay tensión entre ustedes."

"Mmmm…ya no tanta la verdad. Y pues...debería estar buscando trabajo en vez de irme de vacaciones…"

Le sonrió, "¿Y cuál es la prisa? No es como si tú, de todas las personas, te vayas a morir de hambre por un par de meses desempleada."

Pues no.