Totty y Choromatsu siempre fueron muy unidos desde pequeños.
Su relación siempre fue la mejor, y a pesar de que mayormente estaban sólo ellos dos juntos, también pasaban momentos felices junto a sus amigos y padres. Eran una familia muy alegre y ejemplar, y aunque no les sobraba, tampoco les faltaba nada. Tenían todo lo que deseaban para vivir felices...
Y como todas las familias, reían, compartían dolor, peleaban, hablaban, se abrazaban, hacían cosas juntos, se molestaban, se preocupaban, cometían errores, pero siempre salían adelante juntos. Púes no existía ni un sólo día en el que saliera el sol, y algún miembro de aquel hogar se sintiera desamparado.

Choromatsu y Todomatsu al ser gemelos, eran aún más cercanos de lo que los hermanos habitualmente suelen ser.

Acababan de cumplir quince años el 24 de mayo de aquel año. El tiempo se les pasó más rápido de lo normal, y así seguía siendo en la secundaria, durante los últimos días.

— Es increíble que pronto vayamos a entrar a preparatoria — decía Choromatsu muy entusiasmado. — Me siento un poco más responsable ahora...

Choromatsu soltó una risita.
Todomatsu lo miró con gracia, y sonrió al ver el rostro de su hermano mayor, que estaba muy emocionado.

— Así es, Choromatsu nii-san — contestó Todomatsu con voz dulce. — Me pregunto cómo será. Espero que nos acepten en el mismo instituto — Terminó la frase con preocupación.

— Es verdad — asintió. — Aunque seamos gemelos la probabilidad de que estemos juntos de nuevo es muy poca — Caviló.

— ¿No pueden inscribirnos juntos de nuevo? — preguntó el menor.

— No porque tengamos la misma cara nos pondrán donde mismo — dijo con una sonrisa, mostrando sus hoyuelos.

Todomatsu lo pensó, y le dio la razón.

— Hagamos lo mejor — dijo.

Choromatsu puso una de sus manos en el hombro de su hermano, siguiéndole el paso.

— Esforcémonos juntos, ¿bien?

— Si — sonrió Todomatsu.

Aquella tarde estudiaban juntos. A pesar de que no podían hacer mucho, querían mantener sus notas muy altas. El menor de los gemelos era un chico de lo más común, que pasaba su tiempo en redes sociales, charlando con amigos, saliendo con chicas, o pasando el tiempo con su hermano. Todomatsu no destacaba mucho entre los alumnos estrella del grupo o de la escuela, pero Choromatsu era otro caso. Siempre era impecable con todo lo que hacía: trabajos limpios, agilidad de palabra, siempre ayudando a quién podía, y un aura tan agradable que hacía que todos los chicos y chicas lo apreciaran bastante. Eso sin contar sus destacables notas altas, que mantenía al margen. Y aunque no era muy bueno en deportes, no se le daba del todo mal, y eso hacía que algunas chicas se sintieran interesadas por él. Profesores lo adoraban, e incluso los senpais lo consideraban casi como uno de ellos. Tampoco era muy sociable, y era considerablemente tímido, pero al no hacer mala cara a nadie, era un ser fantástico. Era el total ejemplo de alumno a seguir, y Todomatsu deseaba ser como él. No podía hacer todo lo que su hermano hacía, pero como mínimo quería intentar ser tan bueno en el estudio como él. Por eso, durante las tardes le pedía que lo ayudara a estudiar, y ahora que los exámenes de ingreso a la preparatoria estaban cerca, era el mejor momento.

"Quizá también así sea en la preparatoria"

— Se están esforzando demasiado — decía Matsuyo, su madre, con una sonrisa; mientras dejaba en la mesa frente a sus hijos un plato con peras peladas y partidas. — Tomen un descanso... Está bien que estudien, pero hacerlo de esta manera hará que les duela la cabeza.

— Gracias, mamá — dijeron los gemelos al unísono, con una ligera sonrisa y ojos cansados.

Las vacaciones de verano llegaron, y también presentaron el examen de admisión. Para suerte de ambos, quedaron en el mismo instituto, aunque en diferentes clases.

Matsuzo, su padre, los felicitó con una sonrisa enorme y los abrazó gustosamente. Aquella noche tuvieron una cena especial.

— Esta noche habrá de cenar algo que les guste — decía su madre, con una sonrisa y mejillas sonrosadas.

Pasaron las semanas.
El primer día de clases ambos bajaron demasiado animados a la cocina para desayunar junto a sus padres. Extrañamente, Todomatsu se levantó primero que Choromatsu. Para cuando el mayor bajó, ya estaba su hermano en la mesa comiendo.

— ¿Qué tal se me ve el uniforme, mamá? — dijo Choromatsu muy animado, con una enorme sonrisa.

— Igual que a tu hermano — dijo Matsuzo de manera juguetona, riendo.

— ¡No te burles! — dijo Choromatsu inflando las mejillas.

Su madre reía.

— Se te ve bien, nii-san — afirmó Todomatsu riendo, tomando los palillos y metiéndose un bocado de arroz blanco a la boca, sujetando el tazón con su otra mano.

— Te ves muy guapo — dijo la mujer. — Anda, siéntate y come, o llegarán tarde.

— ¡Está bien! — dijo su padre. — Se han levantado algo temprano. ¿No quieren que los lleve en el auto?

— Está bien, papá. Tomaremos el metro — dijo Todomatsu. — El instituto está más lejos que la escuela anterior, pero no será mucha molestia...

Choromatsu sonrió, al igual que Todomatsu, que parecía atragantarse sin dejar de mover los palillos.

Comieron (Choromatsu más rápido a falta de tiempo) y se fueron al recibidor a ponerse los zapatos. Su madre los abrazó, y su padre les dio unas fuertes palmadas en la espalda.

— ¡Buena suerte, muchachos! — decía el hombre.

— ¡Cuídense mucho! — la mujer los animó con sus mejillas coloradas.

Los chicos se despidieron y se dieron la vuelta para llegar pronto a la escuela. Todomatsu aceleró el paso, y Choromatsu intentó alcanzar a su pequeño hermano, pero al intentarlo tropezó.
No cayó al suelo, pero alcanzó a recuperar el equilibrio a tiempo para tan sólo tocar el piso apenas con una mano. Se reincorporó.

— ¡Cuidado! — dijo su padre aún en el patio de la casa, riendo. — No tropezarás cuando veas a las chicas, ¿o sí?

— Cariño... — espetó la mujer.

— ¡Ja, ja! No lo haré — Choromatsu alzó la mano, despidiéndose.

— ¡Nii-san, apurate! — decía Todomatsu trotando en su mismo lugar. — ¡El metro no nos esperará!

— ¡Voy!

Llegaron a la estación, tomaron el metro, y llegaron al instituto. Estaban a tiempo.

— ¿Lo ves? ¿Qué te dije? No hay porqué preocuparse mucho...

— Aún así... — Todomatsu no terminó la frase. — ¡Ah! ¡Mira quién está ahí! — Apuntó hacia el portal del colegio.

— ¿Osomatsu-kun?

Los dos se acercaron. El chico de mirada marrón con tonos carmesí los saludó desde lejos, con una pícara sonrisa.

— ¡Hey, chicos! — decía Osomatsu animado. — Miré sus nombres junto a las personas que ingresaron aquí. ¡Estuve esperándolos!

— Lo siento — Choromatsu sonrió con pena — por no decírtelo antes.

— ¡Osomatsu-kun! Cuánto tiempo. Este...

— Me sorprende que estén juntos incluso en preparatoria — rió Osomatsu.

— Nos esforzamos — exclamó Choromatsu. — Aunque hemos quedado en diferentes clases.

— Oh, ya veo.

— De hecho, ¿podrías ayudarnos a encontrar nuestras aulas? La escuela es enorme. Por favor — dijo Todomatsu con una tierna sonrisa.

— Claro que si, Totty — aceptó el chico. — Aún hay tiempo. Después podré enseñarles el resto del campus.

— Nos gustaría mucho — sonrió el chico de ojos (perceptiblemente) esmeraldas.

Osomatsu los guió yendo por delante. Como no los escuchaba, Todomatsu aprovechó para acercarse al mayor.

— Creí que se había olvidado de nosotros — susurró el menor al oído de su hermano.

— No lo haría. Sólo ha pasado un año desde que se graduó de la otra escuela, después de todo. Sólo es un año mayor que nosotros...

— Eso lo hace nuestro senpai, ¿no? — dijo Todomatsu muy bajito.

— Si, lo hace — rió.

Llegó cada quién a su salón. Se llevó a cabo la primera clase y el día se pasó más rápido de lo previsto. Osomatsu durante el receso les mostró los lugares del instituto, y los gemelos muy gustosos le seguían fascinados. Le agradecieron al mayor por acompañarlos y se despidieron; la hora de la salida llegó.
El sol se metería pronto.
Choromatsu y Todomatsu caminaban hacia la estación de trenes para poder dirigirse a su casa. De venida venían algo lento, púes la mochila pesaba.

— ¿Cómo ha estado tu clase? — preguntó Choromatsu.

— Fue muy tranquila. Parecía que nadie iba con ánimo...

— ¿Ah, sí? — miró al cielo. — Conmigo fue igual, ahora que lo pienso...

— ¿A qué club te unirás?

— ¿Eh? No lo he pensado aún...

— ¿No crees que el club de baloncesto con Osomatsu-kun sería interesante? — sonrió.

— ¿Eso crees?

Todomatsu guardó un momento en silencio, y después recordó:

— ¡Ah! Hoy conocí un chico bastante agradable. Creo que quizá podría ayudarnos. Tiene un hermano mayor en el instituto, que está en el club de música y tecnología...

— Ya veo. Otro senpai...

— Él está en mi clase y es muy amable. Se sienta justo detrás de mí — decía. — Dijo que entraría al club de béisbol. Iría con él, pero ese club no forma parte del plantel...

— ¿Cómo se llama?

— Su nombre es Jyu... — no acabó la frase.

Choromatsu al parecer se tropezó con algo, y se cayó. Su pantalón se raspó al igual que su rodilla. Todo pasó demasiado rápido.

— ¡Agh! — se quejó.

— ¡Nii-san! — se apresuró para ayudarlo a levantarse.

Choromatsu a duras penas se dio vuelta, aún en el suelo.

— Agh... Me arde.

Todomatsu se acercó a inspeccionar la herida de su hermano. Había salido sangre, vaya raspón.

— Espera, quédate quieto — tomó su mochila y de ella sacó una curita. Con cuidado la puso en la rodilla del otro. — Ya está. Te dolerá un poco, pero esto hará que deje de sangrar. Te curaremos apropiadamente en casa.

— Gracias, Totty — sonrió. — A propósito, ¿no crees que esto es muy femenino?

— Cállate. Te he salvado.

Ambos rieron.

Al llegar a casa sus padres les preguntaron que cómo les había ido en su primer día de clases, a lo que respondieron muy gustosos que bien. Pero, cuando Matsuyo miró el pantalón rasgado de su hijo, se molestó.

— ¡Es el primer día de clases y ya rompiste tu uniforme! — protestó la mujer.

Todomatsu volteó a ver la rodilla de su hermano.

— Lo siento, mamá. Sólo me dio un mareo ligero y...

— Y nada. Tendremos que comprarte otro. Por lo pronto, usa uno de los de tu hermano.

— Si, mamá — apretó los ojos. — Iré arriba a cambiarme...

— Yo también — dijo el menor siguiendo a su hermano, subiendo por las escaleras.

En realidad ninguno de los dos se había puesto a pensar en el pantalón. Como sus dos padres trabajaban, pensaron que comprar uno nuevo no debería ser problema. Su padre en una oficina, como un simple asalariado más, y su madre haciendo limpieza en hogares por las tardes, además de cocinera en un restaurante.
Aunque habían decidido no ser tan egoístas...

Aunque, su madre se sentía extraña al saber que Choromatsu se había caído de nuevo. Él no solía ser torpe.

Como había sido el primer día no debían hacer muchas tareas, por lo que terminaron rápido y se quedaron viendo televisión.

Nuevamente la tarde se pasó. Matsuyo había asistido a su trabajo toda la mañana e hizo la comida. Bajaron a comer cuando su padre llegó del trabajo. Estaban animados y su padre los felicitó por asistir a aquella escuela tan prestigiosa.

La noche cayó y todos se fueron a dormir.

Al día siguiente, se levantaron y fueron a la escuela de nuevo. Tomaron el tren y llegaron lo más pronto posible, justo a tiempo. Cuando Choromatsu y Todomatsu se acercaron al portal de la escuela, pudieron ver a un chico bastante sonriente saludar desde lejos, levantando su mano.

— ¡Ah! ¡Todo-chan! — saludó el chico carismático.

— ¡Jyushimatsu, buenos días! — lo saludó. — Mira, Choromatsu nii-san, él es mi compañero, Jyushimatsu, del que te conté ayer.

— Mucho gusto — Choromatsu hizo una leve reverencia, con una sonrisa.

Jyushimatsu sonrió.

— ¡Vamos Totty, la clase va a empezar ya!

— ¡Vamos! — sonrió el mencionado. — Tú también, Choromatsu nii-san.

— Voy — dijo. Cuando Choromatsu intentó moverse, sintió un leve hormigueo en una pierna, y no pudo despegar el talón del suelo; aunque esa sensación duró tan sólo unos segundos — ¿Eh?

— ¿Qué sucede, nii-san? — preguntó Todomatsu.

— Eh, nada. Sólo me quiso dar un calambre — sonrió para no preocupar a su hermanito.

Siguieron. Cuando tuvieron que separarse de aula, sólo se despidieron alzando la mano. Pero, Jyushimatsu interrumpió.

— Me uní al club de béisbol ayer por la tarde y Todomatsu-kun irá a verme jugar. Aunque es después del horario escolar fuera de la escuela, Choromatsu-kun, ¡deberías de venir tú también! — dijo el chico con una enorme sonrisa.

— Iré — asintió. — Nos vemos después de clases.

Al terminar las primeras tres clases, salieron a comer. A visitar los alrededores...

Después se dirigieron a la cancha donde se llevaría a cabo el primer partido de béisbol de los novatos.

Jugaron durante el receso, tomando tiempo extra de clases, para que los estudiantes se familiaricen.

— ¡Wah! ¿No crees que Jyushimatsu es muy bueno jugando?

— Lo es — le contestó al menor. Choromatsu pensó unos momentos — Deberíamos intentar unirnos a un club lo antes posible también...

— ¡Creo que me gustaría estar en el club de ciencias o fotografía!

— Pero no tienen mucha actividad, ¿o sí?

Todomatsu sonrió y se encogió de hombros. De repente, Jyushimatsu bateó una pelota demasiado fuerte y salió volando. Justamente hacia dirección a Choromatsu.

— ¡Choromatsu nii-san! — Todomatsu intentó proteger a su hermano y lo jaló hacia él, haciendo que el mayor esquivase la bola. Choromatsu se dio cuenta de ello, pero por alguna razón algo no le permitió reaccionar. Se quedó helado al percibir la sensación de la pelota acercándose y yéndose, rozando su piel.

— ¿Eh? Otra vez...

— ¡Choromatsu-kun! — Jyushimatsu se acercó muy preocupado. — ¿¡Estás bien!? ¡Cuánto lo siento! — hizo varias reverencias.

— ¡No, no! Estoy bien — rió nervioso.

— ¡Choromatsu! ¿¡Qué rayos te pasa!? — Todomatsu se alteró. De verdad se asustó mucho — ¿Por qué no te moviste?

Choromatsu se sentía extraño. Él se dio cuenta de todo, pero parecía como si todo pasara en cámara lenta. Y aunque intentó hacerse a un lado, fue como si su cuerpo no lo hubiese obedecido.

— Lo... Lo siento.

Jyushimatsu volvió al partido. Había quedado encantado con las actividades del club, aunque era totalmente aparte del instituto.

Cuando el juego terminó tenían que volver a casa. Tomaron sus mochilas y se levantaron.

— Me habría gustado jugar más tiempo... — exclamó Jyushimatsu.

— Este deporte no se te da mal — elogió Choromatsu.

— Además los uniformes de béisbol son bonitos — dijo Todomatsu.

Jyushimatsu y Todomatsu se adelantaron un poco. Mientras caminaban, Choromatsu sintió un fuerte mareo.
No lo esperó, y cuando quiso levantar un pie para ponerlo de nuevo sobre el concreto y poder seguir caminando, su pierna flaqueó.

Todo pasó en unos segundos.

Cayó al suelo y se raspó la barbilla, haciendo una gran herida.

Todomatsu y Jyushimatsu se dieron cuenta de ello al escuchar el sonido de su cuerpo impactando contra el suelo. No había metido las manos...

— ¿¡Choromatsu nii-san?!

Muchos chicos se quedaron viendo aquella escena, curiosos, sin hacer nada.

— Ugh... — Choromatsu intentó reincorporarse y a causa del dolor, puso una de sus manos en su cara. Estaba saliendo sangre...

Jyushimatsu quedó anonadado.

Choromatsu cerró los ojos con fuerza intentado contener las lágrimas, pero era inútil. El dolor era horrible; no supo cómo sucedió.
Sólo algunas lágrimas se escaparon de sus ojos color miel.

Si estuviesen en el campus, ir a la enfermería sería más rápido, pero las actividades del club de béisbol eran otra cosa aparte de la escuela. Se jugaba por aparte, tan sólo en una cancha muy cerca...
Los maestros no tenían nada que ver ahí.

Ya no captaban la atención de nadie.

— ¡Rápido! Jyushimatsu... ¡Pide a alguien que llame a una ambulancia, o algo!

— Ahh... Todo... matsu... — sollozaba del dolor.

— ¡Lo haré! — salió corriendo, buscando a alguien.

Encontró a alguien.
Pronto llamaron a una ambulancia. Choromatsu estaba muy mareado...

No se explicaban qué pudo haber sucedido. Jyushimatsu decidió acompañar a los gemelos. Cuando ya estaban en el hospital, Todomatsu decidió pedir el teléfono de la recepcionista y llamar a su madre.

— Mamá...

— ¡Todomatsu! ¿Ya están en casa?

— Pues...

— ¿Eh? ¿Qué sucedió?

Efímero silencio.

— Estamos en el hospital...

— ¿¡Eh!? ¿¡Cómo...!?

Tragó saliva. No quería alertar a su mamá.

— Es Choromatsu nii-san...