Le contó y cortó la llamada.

Jyushimatsu y Todomatsu estaban ahí en la sala de espera, mientras atendían a Choromatsu. Seguro se pondría bien, aunque no sabían cómo terminaron ahí.
Todomatsu estaba temblando ligeramente, pero debía ser fuerte; por su hermano.

De pronto, escuchó cómo unas pisadas más marcadas hacían eco en las paredes del hospital, haciendo rechinar la goma de los zapatos. Estaban aproximándose...

Todomatsu estiró el cuello y enfocó la vista. Era su mamá, Matsuyo. Había salido de su trabajo y corrió tan rápido como pudo para llegar ahí.

— ¡Mamá! — Todomatsu se puso instintivamente de pie.

Jyushimatsu hizo lo mismo, y al ver a la mujer, hizo una reverencia. Ésta le correspondió.

— ¿Todomatsu? ¿Qué sucedió? ¿Y tu hermano? — Preguntó tomando de los hombros a su hijo.

— Aún está adentro.

Matsuyo miró hacia la puerta del consultorio. En cuanto la recepcionista la vio, le indicó que entrara.

La mujer al estar adentro miró a su hijo mejor, con una venda en el rostro. Dio un suspiro.

— Jyushimatsu... Gracias, de no haber sido por ti...

— No — Sonrió y negó con la cabeza. — Osomatsu-kun ha sido quién llamó a la ambulancia, yo sólo hice estorbo.

— ¿Fue así? — Abrió mucho los ojos. Jyushimatsu asintió. — Aún así, gracias... Si quieres ya puedes volver a casa. Choromatsu nii-san parece estar bien, y al parecer tardaremos un poco.

— De acuerdo. Nos vemos mañana en clases, Todomatsu-kun.

Se despidieron y se fue.

Mientras tanto en el consultorio, Choromatsu tocaba el vendaje con la mirada perdida al suelo.

— Doctor, ¿está bien mi hijo?

— Si, sólo han sido daños leves. No se preocupe — Dijo el médico. — Choromatsu-kun, puedes salir.

Choromatsu asintió y así lo hizo.

Cuando estuvieron en casa, en la sala, su madre checó cuidadosamente la herida de su hijo. Éste sólo hizo un mohín.

— Choromatsu, ¿cómo pasó esto? — Preguntó la mujer preocupada, un poco histérica.

— No lo sé, yo estaba caminando y... sentí un mareo. Sentí como si mis piernas no pudiesen moverse por unos segundos...

— ¿Qué dices? — Se asustó la mujer.

— Mamá, esto ha pasado otras veces antes. No te preocupes tanto — Intentó tranquilizarla Todomatsu.

— ¿Por qué no reaccionaste? — Preguntó, ignorando al menor. Estaba muy preocupada, de verdad. Tomó la mano de Choromatsu por la muñeca, con la palma hacia arriba. — Normalmente cuando alguien se cae, mete las manos para detener la caída. Pero tus manos no tienen ni un raspón, ni una marca; nada. ¿En qué estabas pensando? Tu cara impactó en el suelo directamente, y si lo hace de esta manera, tú...

Escucharon pisadas.

— ¡Ya llegué! — Dijo su padre, Matsuzo, entrando a la casa.

— ¡Bienvenido! — Dijo Choromatsu intentado olvidar el tema.

Sólo había sido un simple accidente, ¿no?

Matsuyo suspiró.

— ¡Ah! Lo siento... ¿Hoy era mi turno de preparar la cena, verdad? — Dijo Todomatsu, apenado. — ¡Voy enseguida!

El hombre rió.

— ¿Eh? ¿Por qué tan de repente? — Cuando miró la cara de Choromatsu se sorprendió. — ¡Oh! ¿Por qué ese vendaje? ¿Quieres estar a la moda, eh?

Choromatsu rió.

— Sólo me caí hoy.

— ¿De nuevo? Deberías de ser más cuidadoso, Choromatsu... Tu atractivo se irá si sigues cayéndote como un niño pequeño.

— ¡No le digas eso, papá! — Dijo Todomatsu desde la cocina.

Matsuyo se levantó del sofá y se dirigió hacia Todomatsu para ayudarle.

La cena estuvo lista. La sirvieron, se sentaron, y comenzaron a comer.

Choromatsu pensaba que debería agradecerle a Osomatsu por ayudarles, una vez que Todomatsu le dijo en el camino que él llamó a la ambulancia.
Él fue amigo suyo y de su hermano en el anterior instituto. No era un alumno mediocre, pero tampoco figuraba en el cuadro de honor. Simplemente hacía lo mejor que podía sin esforzarse demasiado, y se volvió muy popular gracias a que estaba en clubes de deportes. Algo simple, sin conflictos... Además, su personalidad abierta y graciosa le ayudaba de mucho.

— ¡La comida está deliciosa! — Decía Matsuzo. — Creo que Todomatsu tiene el toque de su madre — Comentó.

— Todavía necesito mejorar. La cocina aún no se me da muy bien — Dijo el mejor, con las mejillas sonrojadas.

— Yo no creo que sea así — Le dijo Choromatsu, intentando sostener la comida con los palillos. Aquel día andaba un poco torpe, ya que le era difícil hacerlo, pero no le prestó atención.

Su madre se dio cuenta de esto, y con aspecto cavilante, apartó la mirada.

— Es verdad, Todomatsu — Dijo la mujer. — Podrás hacerlo mejor en poco tiempo — Sonrió, intentando desviar su preocupación.

Hablaron el tiempo restante de la comida, y los chicos subieron a la habitación cuando acabaron. Al día siguiente fueron a la escuela de nuevo.

Jyushimatsu siempre esperaba a los hermanos en el portón de la escuela fielmente. Se alegró al ver que Choromatsu estaba bien.

Choromatsu, Jyushimatsu y Todomatsu le agradecieron a Osomatsu por la anterior ayuda.

"¡No ha sido nada!", decía el mayor mientras movía las manos de lado a lado, con una sonrisa.

Choromatsu se miraba un poco extraño con el vendaje, y sus compañeros lo miraban de forma extraña también, pero se sentía mejor. Aunque aún estaba un poco mareado.

Tocó el timbre. Choromatsu se levantó e intentó sostener su mochila, pero no calculó bien la distancia y su mano pasó de largo. Su brazo no se estiró bien cuando lo intentó hacer.

— ¿Eh?

Meneó la cabeza.

A la hora de la salida, Jyushimatsu y Todomatsu salieron juntos del aula (ya que iban en la misma clase, diferente a la de Choromatsu) y se reunieron con el chico de ojos verdosos.

Hablaban por el pasillo, riendo, y de repente Todomatsu sintió cómo una mano se aferró rápida y bruscamente a su hombro. Volteó anonadado a su lado, y lo vio. Era Choromatsu, que acababa de trastabillar y se sostuvo de él para no caerse.

— ¿Estás bien, nii-san? — Preguntó despacito.

— Eh... Si, estoy bien — Dijo Choromatsu. — Sólo me he tropezado de nuevo.

Jyushimatsu le extendió una mano para ayudarlo a erguirse.

Los días siguieron pasando. Prontamente se acercaban los exámenes una vez más, y debían estudiar mucho. Casi se cumpliría un mes desde el primer día de preparatoria.

Una tarde, nuevamente la familia merendaba en el pequeño comedor, mientras su padre contaba chistes malos o hacía alguna burla hacia sus hijos. Como siempre, hacían gestos raros y reían.

De nuevo Choromatsu intentó tomar los palillos, pero con algo de dificultad apenas y pudo sostener correctamente la comida. Era extraño en él.

— ¿Qué sucede, Choromatsu? — Preguntó su madre.

— ¿Eh? — Preguntó. Su madre con gestos le indicó acerca de los palillos, y entendió. — Ah... — Asintió varias veces. — Creo que es porque estoy algo cansado... Todomatsu y yo hemos estado estudiando mucho, y como estamos en distintas clases es difícil ponernos al corriente juntos en horas de estudio. Mi pulso ha empeorado — Rió nervioso.

Su madre bufó.

Como todos los días, hicieron las tareas y se fueron a dormir.

Al día siguiente fueron a la escuela y volvieron. Tomaron su almuerzo de la tarde y una vez más volvieron a la habitación.

Todomatsu estaba abajo ayudando a hacer algunos quehaceres domésticos. Matsuzo no estaba.

Matsuyo aprovechó para hablar con Choromatsu. Subió a la habitación y ahí estaba su hijo, el mayor de los gemelos; planchando su uniforme.

— Choromatsu, ¿cómo te has sentido?

— ¿Hm? — Al escuchar la dulce voz de su madre, volteó. — Yo diría que muy bien.

— Yo no lo veo así...

Choromatsu frunció el entrecejo.

— Si, he estado muy cansado, pero eso pasará pronto. Sólo me ha estado quitando energía por un tiempo. Pasará — Sonrió.

La mujer suspiró.

— Eres muy joven para que ya estés pasando por algo así. Mareos repentinos, caídas constantes, dificultad para sostener cosas... Además apenas vas comenzando con los cursos — Sonrió gentilmente y tomó aire. Miró a los ojos al muchacho, y habló. — Por favor, hagámos un chequeo.

Choromatsu guardó silencio dejando de hacer lo que hacía. Meneó la cabeza y sonrió.

— No hay de otra — Dijo sonriendo. — Si lo hago dejarás de estar preocupada, ¿verdad, mamá? Está bien, hagámos un chequeo.

La mujer sonrió con ternura y asintió, tocando la mano del chico.

— Gracias, hijo.

Al día siguiente después de clases Matsuyo y Choromatsu fueron al hospital.

Jyushimatsu acompañó a Todomatsu hasta su casa, y más tarde Matsuzo llegó a ésta, hambriento.

Comieron ellos dos juntos.

— ¿A dónde ha ido tu madre con tu hermano? — Preguntó el hombre mientras comía parte del pescado ahumado.

— Choromatsu nii-san no se siente muy bien últimamente. Es por eso que han ido a hacerse un chequeo.

— ¿Ya habían hecho uno antes, no?

— Si, después de la caída. El doctor dijo que estaba bien y que sólo habían sido daños superficiales...

— Menos mal. Tu hermano es fuerte, ¡estará bien! — Lo animó.

— Pero a pesar de ello Choromatsu nii-san sigue comportándose extraño — Tomó un bocado. — Está distraído y anda cayéndose mucho últimamente. La verdad es que si terminase loco con tantos golpes y jalones no me extrañaría...

— ¿En serio?

— A causa de ello también ha terminado con las piernas llenas de raspones. ¡El informe a quedado lleno de marcas! — Dijo, más que preocupado, molesto.

— Seguro sólo está ido. En esta edad los muchachos suelen preocuparse mucho por cosas que no importan mucho — Sonrió.

Hubo silencio.

Todomatsu infló sus mejillas, que tenían un tenue color rosa. Con sus ojos entrecerrados y el ceño ligeramente fruncido, suspiró.

— Pero, Choromatsu nii-san no es así...

Llegaron al hospital.
Esperaron unos minutos en el pasillo y después entraron a la consulta.

— Buenas tardes — Saludó el médico.

— Buenas tardes — Contestaron madre e hijo, al unísono.

Contaron acerca de los síntomas, y las experiencias anteriores. El doctor asintió varias veces.
Le hizo una serie de preguntas al muchacho, que éste contestaba con plena tranquilidad, tratando de recordar cada instante.

En medio de todo aquello, el hombre le hizo varias pruebas a Choromatsu.

Tales como:
*Tratar de pararse en un sólo pie con ambos brazos extendidos a los lados, que por cierto, mantener el equilibrio le era muy difícil.
*Intentar tocar su nariz con los ojos cerrados, aunque no daba en el blanco correctamente.
*Seguir un bolígrafo en movimiento de lado a lado con la vista, aunque sus ojos se desviaban.
*Intentar atrapar algún objeto en plena caída, aunque sus movimientos eran lentos y no lo lograba.
*Conseguir caminar en una línea recta sin desviarse o tambalearse, que le era casi imposible.

La mujer observaba cuidadosamente, preocupada.
El hombre le indicó que se sentara.

El doctor escribió algo en unos papeles.

— Procederemos a hacer algunas radiografías.

— ¿Eh? — Balbuceó Matsuyo. — ¿Es necesario?

— Necesitamos reafirmar qué tiene su hijo exactamente.

Choromatsu miró a su madre.

— De acuerdo — Dijo decidida.

Las radiografías se hicieron y el doctor les dijo que podían volver cuando los resultados ya estuvieran. Agradecieron y se fueron. Matsuyo confiaba en que su hijo estaría bien, aunque... Choromatsu se veía cansado.

— Perdón por traerte hasta acá cuando deberías estar estudiando con tu hermano — Dijo la mujer.

— No hay problema, mamá. Verás que todo estará bien. No me siento cansado, sino que mi mente divaga por ahí y termino chocando con todo... — Sonrió.

Al ver la sonrisa de su muchacho, Matsuyo sonrió también. Su corazón se llenó de calidez. Por alguna razón, se sintió aliviada...

Llegaron a la casa.

— ¿Cómo les fue? — Preguntó Matsuzo.

— No ha estado mal — Dijo Choromatsu.

— Nos darán los resultados mañana — Contestó Matsuyo.

Todomatsu permaneció callado, viendo aquella escena.

Al día siguiente, Todomatsu fue a la escuela junto a Choromatsu. El transcurso en el metro pareció rápido y no hablaron mucho entre clases.

Matsuyo se encontraba en el trabajo, al parecer acabando con el.

— Matsuno-san — Una mujer robusta llamó a la madre de los gemelos, con un teléfono en la mano. — Han llamado, preguntando por ti.

Matsuyo asintió, tomando el teléfono.

— Gracias, contestaré.

La otra mujer sonrió y se fue.

— ¿Hola?

— Señora Matsuno, buenas tardes — Era el doctor. — Los resultados ya están.

— Ya veo. Iré a recogerlos en unas horas — Hizo una pausa y se atrevió a preguntar. — ¿Cómo ha ido?

El hombre detrás de la línea guardó silencio, y prosiguió.

— Prefiero que hablemos en persona.

La mujer guardó silencio. Pasó saliva y acercó más el teléfono a su oreja.

— ¿No es algo que se pueda aclarar por teléfono? — Preguntó preocupada, teniendo cuidado con no tartamudear.

El doctor guardó silencio y habló tranquilamente.

— Venga, por favor. Necesitamos hablar algunas cosas. Si es posible, me gustaría que su esposo venga con usted.

Matsuyo guardó silencio.

— Entiendo. ¿Deberé llevar a mi hijo?

— Eso depende de usted.

Lo pensó.

— Voy en seguida.

— La estaré esperando.

Cortó la llamada.

Se quedó pensativa. ¿Qué podía tener su hijo?

Llamó a Todomatsu y a Choromatsu haciéndoles saber que iría al hospital y llegaría más tarde a casa, y ellos se lo dijeron a su padre.

— Choromatsu nii-san, me uní a un club hoy.

— ¿Eh? ¿De verdad?

— Si. Fui al departamento de arte. Incluye música, pintura, y fotografía. Esos clubes suelen tener aulas muy juntas, así que fue fácil. Estoy en el club de fotografía — Sonrió. — Suelen colaborar entre ellos a veces.

— ¡Menos mal!

— Estaba preocupado respecto a eso porque no sabía si le agradaría a los demás. Ahora estoy bien.

— ¿Deberíamos preocuparnos por eso?

— La unión al club es necesaria para unir puntos.

— Ya veo.

Se quedaron en silencio, y Todomatsu rompió éste.

— Supongo que tendré que comprar una nueva cámara — Rió.

— Te ayudaré a comprarla.

— ¿De verdad, Choromatsu nii-san? — Preguntó con brillo en sus ojos.

— Claro que si. Creo que tienes talento con eso — Sonrió.

Matsuyo llegó al hospital un poco apresurada. No había porqué, pero se apresuró. Estaba ansiosa por saber qué debía decirle el médico. Esperaba de todo corazón que no fuera algo por lo cual debiera preocuparse. Entró a la sala de espera y después entró a la habitación. Saludó al doctor y éste a ella.

— ¿Y su marido? — Preguntó el doctor.

La mujer negó con la cabeza, sin quitarle los ojos de encima.

— He venido sólo yo.

El hombre miró su regazo y asintió. Le indicó a la mujer que se sentara y eso hizo. Sin saber porqué, sus manos comenzaron a temblar.
Ahora, iban a hablar. La mujer esperó a que el hombre comenzara a hablar primero.

Mientras tanto en casa, Matsuzo, el padre de los gemelos, terminaba algunos asuntos del trabajo. Confiaba en que todo estaba bien.

— Choromatsu nii-san, ¿tú no te preocupas por cosas así?

Sonrió.

— No creo que deba hacerlo. Tomaré mis decisiones con calma, sin apresurarme. Quiero que el instituto resulte un lugar agradable.

— ¿Siempre has pensado así?

— No quiero esforzarme al límite y terminar odiando la escuela, Todomatsu. Me acostumbraré poco a poco. Quiero pensar con cuidado sobre mi futuro; cuando vaya a la universidad.

— ¿Por qué? — Admiraba la manera de pensar de su hermano.

Choromatsu sonrió, y miró por la ventana con un brillo especial en sus ojos. Respiró el aire fresco, y miró a Todomatsu a los ojos, con sus mejillas coloradas, sin la menor preocupación, con toda la sinceridad del mundo.

— Porque aún me queda mucho tiempo por delante.