— ¿Qué te gustaría hacer, Choromatsu nii-san? En el futuro — Preguntó Todomatsu con curiosidad.

— Quién sabe...

— ¡A mi me gustaría hacer algo para poder ayudar a los demás! Ser alguien que pueda ayudar a otros. Aunque, no creo ser mejor que tú — Dijo con un puchero, medio sonriendo.

Ante ese comentario, Choromatsu le dirigió una mirada de reproche. No le gustaba que su hermanito se hiciera menos ante él.
Después de pensarlo, sonrió.

— Quiero ser alguien que haga bien su trabajo, y que haga lo que le gusta. También me gustaría que otros pensaran que soy alguien que hace correctamente su profesión. Estoy bien tan sólo con eso. Aunque, decir "tan sólo" es extraño, porque estoy pidiendo demasiado — Rió.

El menor asintió y sonrió viendo hacia arriba, dejando que la luz y el color anaranjado y rosa del cielo bañaran su rostro.

— Volvamos a casa — Dijo Todomatsu caminando junto a su hermano, que se habían detenido en las gradas de la cancha junto a la escuela, viendo el partido de béisbol. — Tomemos el camión. El metro tardará en llegar.

Choromatsu asintió.
Se despidieron de Jyushimatsu con un rápido gesto desde lejos, que se quedaría en la cancha jugando hasta tarde.

Llegaron a casa.

En el hospital, el médico miró a la mujer con un rostro de preocupación. Hizo un gesto muy pensativo, y desvío la mirada.

Matsuyo vio que no iba a hablar, y ella se apresuró.

— Doctor, mi familia tuvo problemas de salud durante generaciones. Creo que puedo entender cualquier cosa que usted me diga... Durante mi juventud fui consultora de salud — Dijo con las manos entrelazadas, y el hombre la miró. — Pero sobre todo, soy una madre preocupada.

El médico asintió.
Pasó saliva y le comunicó a la mujer lo más gentil posible acerca de lo que necesitaba saber.

— Su hijo sufre de degeneración espinocerebral.

La mujer se quedó helada.

— ¿Eh?

El doctor sacó las imágenes de las radiografías, extendiéndolas para que Matsuyo pudiese verlas clara y cuidadosamente.

— Esto es el cerebro — El doctor apuntó en una imagen; y la mujer miró. — Usted puede ver que se reduce ligeramente. El balance, la coordinación y los reflejos simples son controlados por el cerebro, el cerebelo, y la médula espinal. Es un desorden genético de las neuronas en el cerebro, que irá deteriorándolo poco a poco.

La mujer lo miró con miedo. Un dolor de cabeza la mareó detenidamente.

— Aunque realicemos otra prueba, no hay duda — Siguió diciendo el médico. — Aunque progresará lentamente, la enfermedad será peor cada día. Sin embargo, aunque el sistema central esté dañado, los órganos pueden ser capaces de funcionar correctamente. Aunque, por un simple resfriado o gripa, puede contraer neumonía — Hizo una pausa. — Es sólo que no será capaz de moverse cuando quiera hacerlo. No será capaz de hablar. Le será imposible estar de pie...

Los ojos de Matsuyo se llenaron de lágrimas.

— Necesita estar preparado para entender esto. Es una enfermedad muy cruel — Añadió el hombre.

La madre del muchacho se quedó con la vista perdida hacia la nada.

— Pero puede curarse, ¿verdad? — Dijo con una voz casi inaudible.

— Hasta dónde yo sé, no ha habido ni un sólo caso en el que alguien se haya curado por completo.

Los ojos de Matsuyo se llenaron de más espesas lágrimas.

— Pero, aún le queda bastante tiempo. Hay que aprovechar el tiempo de su hijo al máximo, para que pueda seguir desarrollando sus actividades cotidianas más tiempo — Informó el médico. — Es importante que no deje de moverse...

Matsuyo inhaló y exhaló.

— Doctor, mi hijo... Mi hijo tiene tan sólo quince años. Sólo quince años...

El hombre asintió, con un rostro triste.

— Señora...

— ¡Pero, debe haber una cura! Medicamentos, inyecciones, o incluso una operación. Eso no es problema para mi... El dinero que se necesite no importa, haré lo posible, pero, ¿¡cómo puedo curar a mi hijo!? — Se desesperó.

— Señora, lo siento. No hay nada que usted... No, no hay nada que podamos hacer.

El ritmo cardíaco de Matsuyo aumentó.

— ¿Qué hay del extranjero? Debe de...

— No — La interrumpió. — No hay cura aún. Incluso se puede decir que los estudios de esta enfermedad están más avanzados en Japón. Así que...

— ¡Pero...!

— Señora. Lo siento, haré lo mejor para ayudarla. No podemos curar a su hijo, pero trataré su caso con mucho cuidado. Espero que pueda entender esto y asimilarlo.

— ¿¡Cómo me pide que lo asimile, cuando me dice que la enfermedad de mi hijo no tiene cura!? Yo...

— Por favor, entiéndalo. Necesita apoyar a su hijo en todo momento; usted, su familia, y sus amigos.

— Mi hijo está... tan lleno de sueños... Entonces... ¿Por qué?

— Señora, me gustaría que hablara de esto con su esposo. No, de hecho, me gustaría que viniera con él la próxima vez. Lo antes posible.

— ¿Cuándo? — Sus lágrimas se derramaron.

— Mañana si es posible.

Matsuyo puso una mano en su boca. No podía creer lo que estaba sucediendo.

— Doctor... ¿por qué mi hijo? — Lloraba. — ¿Qué debo de hacer ahora en adelante? Si él se entera, él no querrá seguir adelante...

El doctor asintió rápidamente, intentando ser amable.

— Le recomendaré algunos doctores, si gusta. Pero, el resultado es indiscutible. Siento no poder hacer mucho...

La mujer asintió.

— Gracias por... hablar con la verdad, y ser amable...

Hablaron sobre la próxima cita.

Después, Matsuyo volvió a casa con la cara seca, y una expresión nada envidiable. Se miraba más pálida, y débil.

— ¡Bievenida! — Dijo Todomatsu. Sus hijos ya estaban en casa. — Choromatsu nii-san está haciendo la comida, así que espera un poco más, por favor — Sonrió.

La mujer asintió forzando una sonrisa, con expresión triste y cansada.
Le dio un beso a Todomatsu en la frente cariñosamente, y aunque se extrañó un poco por la actitud apagada de su mamá, sonrió con ternura.

— ¡Mamá! — Habló Choromatsu desde la cocina.

La mujer se acercó, dejando su bolso en la sala. Entró a la cocina.

— ¿Qué sucede? — Cuando la mujer vio a su hijo, su corazón se abatió. Un golpe de tristeza y remordimiento la sacó de ese plano de existencia por unos segundos.

— Mira, mamá. Intenté cocinar Omurice pero no sé si está quedando bien. A Todomatsu le gusta un poco dulce, pero creo que no está bien para papá ni para ti — Dijo con sus mejillas sonrojadas, sonriendo, mostrando tiernamente sus hoyuelos.

La comida emanaba un olor bastante agradable, apetecible.

— Está perfecto así — Dijo su madre.

La mujer besó la mejilla de Choromatsu, y él sólo se quedó ahí. Esbozó una sonrisa sincera, aunque extrañando.

Justo cuando Matsuyo iba a salir de la cocina, Choromatsu la llamó.

— ¡Ah! Mamá, lo olvidé — Dijo mientras servía en los platos, batallando un poco. — ¿Cómo han ido los resultados de los estudios?

La mujer guardó silencio un momento.

— Quiero hacerte un chequeo nuevo, así que iremos con el doctor otra vez pronto, ¿está bien? — Forzó su sonrisa.

Choromatsu parpadeó varias veces, confundido.

— ¡Familia, ya llegué! — Habló Matsuzo.

— Ah, papá llegó — Dijo Choromatsu, ignorando a su madre sin intención. — ¡Bienvenido! Siéntate por favor, la comida ya está lista — Corrió hacia las escaleras. — ¡Todomatsu, baja!

Toda la familia estaba comiendo ahora en la mesa. Matsuzo le preguntaba a sus hijos acerca de su día y ellos le contaban animados. Matsuyo hizo arroz blanco, que estaba sirviendo con cuidado en los tazones.

Cuando la mujer le extendió a Choromatsu el platito, a éste se le deslizó de entre los dedos y cayó en la mesa, quebrándose.

— ¡Ups! — Se encogió de hombros. — ¡Lo siento, lo limpiaré!

— Está bien, lo haré yo — Dijo Matsuyo levantándose, y limpiando con cuidado, preocupada.

— Lo siento...

— Nii-san... — Todomatsu se extrañó.

Al terminar Choromatsu y Todomatsu volvieron a su habitación en el segundo piso para terminar con las tareas.

Cuando Matsuyo se quedó sola con su marido, guardó silencio un poco de tiempo, y después de pensar en las palabras, abrió la boca lentamente para articular algo.

— Cariño, ¿sabes? Hoy fui al hospital, para revisar los análisis de Choromatsu.

— Oh, ¿sobre su caída? — Dijo mientras leía el periódico. — ¿Está bien, verdad? ¿Quedará cicatriz? ¿Le sigue doliendo? — Se preocupó.

Ante la lluvia de preguntas, sólo asintió confundida rápidamente a todo.

— Ya no le duele...

— ¡Menos mal! Es extraño que ese muchacho se lastime — Exhaló con alivio.

— Pero...

— ¿Hm? ¿Qué?

— No ha tenido cicatriz o algo así, pero, me dijeron otra cosa — Miraba a la pared, en lugar de su marido. Hablaba con un tono apagado, muy triste.

El hombre la miró confundido.
Sus manos se pusieron frías.

— ¿Y? — Dijo preocupado, esperando la respuesta.

— Choromatsu... — Se quedó callada, y después continuó, esforzándose por no llorar — no podrá seguir caminando... Ni tampoco podrá escribir, o hablar...

El hombre frunció el ceño.

— ¿Eh?

— Tendrá que usar una silla de ruedas, y también... llegará el día en que no pueda levantarse de la cama, y caerá en un sueño profundo...

— ¿Eh? ¿Qué...? ¿¡De qué cosas hablas, mujer!? ¿En dónde te has metido?

— El médico lo dijo — Lo miró a los ojos, temblando. — Choromatsu sufre de degeneración espinocerebral. No era sólo torpeza, cansancio, o distracción... Sino que algo atormentaba a nuestro hijo.

Matsuzo meneó la cabeza.

— Pe... Pero, ¿qué es eso? — Abrió mucho los ojos. — Eso se cura con cirugía, ¿no? Con medicación, o...

— No — No lo dejó acabar. — El doctor ha dicho... que no tiene cura.

El hombre puso una cara de molestia, preocupación, tristeza, y desesperación.

— ¿¡Con quién demonios has ido!? Debe ser un charlatán. Choromatsu ha estado bien. ¡Esto no puede pasar de repente!

— Hice otras pruebas por fuera, pero es lo mismo — Dijo muy triste.

— En... Entonces...

— Hay que ayudarlo. Pero, no podemos hacer demasiado. Por ahora está bien, pero...

El hombre asintió repetidas veces.

Pasó un día.
Matsuzo y Matsuyo asistieron al hospital y aclararon las cosas con el doctor. Estaban haciendo distintas revisiones.

No cabía duda.
Pero, los padres sólo tenían algo en mente:

"¿Cómo se lo diremos a Choromatsu?"
"¿Qué pensará Todomatsu?"

Todo lo que podían hacer era apoyarlo.

Por el momento todo estaba bien, quizá.

Al día siguiente los padres volvieron a sus trabajos. Después de terminar de cocinar en el restaurante, Matsuyo, la madre de los gemelos, pasó por una librería y compró varios libros de medicina acerca de la enfermedad de su hijo.

¿Por qué su hijo?

A su vez, Matsuzo de vez en cuando investigaba acerca de ello a través de su laptop en su trabajo, por incógnito.
Querían saber cómo ayudar.

11:20 pm.

Todomatsu bajó a la cocina con cuidado, con los pies descalzos y con una expresión de sueño. Seguramente ya estaba dormido.

Encontró a su madre sobre la mesa leyendo un montón de libros, que en cuanto miró a su hijo, cerró rápidamente.

— ¿Qué estás haciendo? — Preguntó la mujer, intentando distraerlo.

— Venía a preguntar eso...

Matsuyo entrecerró los ojos, intentando ver más allá del oscuro pasillo, encandilada.

— ¿Tu hermano no viene contigo?

— No me gusta venir solo en la oscuridad, pero Choromatsu nii-san está muy cansado y no quise despertarlo — Dijo tenuemente sin moverse del marco de la puerta. — Además miré la luz por el pasillo, así que...

Matsuyo asintió.

— Ya veo.

— ¿Qué haces? — Repitió Todomatsu.

La mujer dio una rápida mirada a los libros, y la devolvió a su hijo.

— Vuelve a la habitación. No está bien que duermas tarde, mañana vas al instituto.

Todomatsu la miró un momento más con curiosidad, y sin decir o hacer nada se fue.

Por la mañana los chicos se levantaron y fueron a la escuela.

Antes de que se vayan, su madre le hizo saber a Choromatsu que irían a un chequeo por la tarde. Él asintió con una sonrisa.

A la hora de la salida, Todomatsu se quedaba en el club o en el partido de béisbol con Jyushimatsu, y después iba a casa acompañando por éste.

Por la tarde, el doctor hacía una serie de preguntas a Choromatsu, y él respondía a como podía.

— ¿Desde cuándo sientes que no has podido caminar correctamente?

— Creo que, desde hace un mes y una semana — Respondió el muchacho.

— ¿Tienes dificultades para escribir?

— No.

— ¿Tienes una sensación extraña en las extremidades?

— Creo que siento como si no pudiera moverme adecuadamente.

— ¿Puedes correr con normalidad?

— No practico deportes, así que no lo sé.

— ¿Tienes dificultad para hablar?

— No.

— ¿Tienes dificultad para sostener ciertos objetos?

— Si — Recordó.

— ¿Hay algo que te suceda últimamente, y no haya pasado antes?

— Creo que — Dijo frunciendo el ceño, como si ni él mismo se hubiese dado cuenta —, cuando como, a veces tengo problemas para tragar la comida.

Matsuyo lo miró con aspecto dudoso. Ciertamente, hay cosas que no sabe de su hijo.

El doctor anotó algo en unos papeles.

— ¿Me pasa algo malo? — Preguntó Choromatsu. — ¿Ya puedo quitarme el vendaje?

El doctor le dijo que si.

— Choromatsu-kun, desde ahora en adelante, me gustaría que cada cambio o sensación extraña que sientas en tu cuerpo, la escribas en una libreta. Todos los días. Necesitamos estar al pendiente de esto, para ayudarte.

— ¿Un diario?

— Bueno, si, de alguna manera. La escritura es una buena manera de terapia. Si hay algo que quieras contar, o algún sentimiento especial, escríbelo por favor. Esto nos ayudará con tu salud. Si tienes algún síntoma distinto o algo parecido, anótalo por favor — Le indicó. — Será una bitácora de salud, y también puede ser una manera para que no guardes tus pensamientos, y no te sientas tan estresado o cansado.

— Lo haré — Sonrió.

Al ver a su hijo, Matsuyo también esbozó una sonrisa.

Llegaron a casa.

Choromatsu comenzó a escribir en una libreta todo acerca de aquél día. Acerca de sus compañeros de clase, y también acerca del extraño comportamiento de su madre.

— ¿Cómo les fue? — Preguntó Todomatsu con una sonrisa tierna. — Tardaron un poco — Dijo con su pijama puesta, acostado en el futón.

— Yo diría que bien — Seguía escribiendo.

— Mm... — Miró a su hermano. — Nii-san, últimamente papá y mamá no hablan mucho, ¿te has dado cuenta?

— ¿Eh? No.

— ¿Habrán peleado?

— No lo sé. Quizá sólo han trabajado demasiado.

— Ya — Dijo Todomatsu.

— No te preocupes por eso — Dijo Choromatsu, acercándose a su hermano y acariciando su cabeza, revolviendo sus cabellos. — Ellos deben trabajar para que nosotros podamos seguir estudiando duro, ¡así que anímate, y da todo de ti! — Dijo sonriendo.

Al ver a su hermano, Todomatsu se tranquilizó.

— Si, nii-san — Le devolvió la sonrisa. — Apaga la luz ya.

— Voy.

Cuando Choromatsu se levantó para apagar la lámpara, la libreta se le deslizó de la mano y cayó en la cabeza del menor.

— ¡Auch!

— ¡Ah! Lo siento, Totty...

Ambos se acostaron en el futón, y durmieron.

Siguieron haciendo revisiones otros días. Una tras otra...

"A veces siento que mi cuerpo no es mi cuerpo. Seguramente estoy esforzándome demasiado", escribió Choromatsu entre clases.

El vendaje ya no estaba más en su rostro.

Pero, a pesar de estar yendo constantemente al hospital, no sabía con exactitud porqué, y eso lo tenía inquieto.

A Todomatsu también le parecía extraño.

Incluso notaba diferente a su hermano.
Algunas veces iban caminando hacia la estación, y Choromatsu sólo se detenía, como si alguien lo estuviese sosteniendo, aunque no hubiese nadie. Sus pies simplemente no respondían, aunque sólo fuesen uno o dos segundos.

"Hermano, ¿estás bien?", preguntaba Todomatsu constantemente, y Choromatsu se sentía mal al hacer que su hermano se preocupara.

Un mes y dos semanas desde el primer día de clases habían pasado ya.

Un día en el consultorio, Choromatsu tomó una decisión. No callaría más, y no quería esperar más.

Él quería saber.

— Mamá, Doctor...

— Dime, Choromatsu-kun — Dijo el hombre.

— ¿Qué sucede, cielo? — Preguntó la mujer, extrañada por el tono que su hijo usó.

Choromatsu miró su regazo, y sus pies por unos segundos. Miró las paredes, y el despejado cielo por la ventana. Se encogió de hombros y luego se enderezó. Estaba un poco pálido...

Tenía una mirada bastante cansada, pero, tomando valor, sonrió.

— Exactamente... ¿de qué estoy sufriendo?