Su madre lo miró con miedo, y él se limitó a apretar sus dedos entrelazados.

El doctor asintió repetidas veces viendo a la mujer, buscando su aprobación. Ella no hizo ni un gesto, así que él actuó. Era mejor de aquella manera...

— Choromatsu-kun, padeces de una enfermedad llamada degeneración espinocerebral.

Choromatsu abrió mucho los ojos. De verdad sonaba muy grave.

— ¿Eh?

Matsuyo apretó los puños. No podía creer lo que estaba sucediendo.

El doctor le explicó los detalles. Le explicó todo lo que le había dicho a su madre con anterioridad, cuidadosamente, con sinceridad.

Cuando el doctor miró que los ojos del muchacho se llenaban de lágrimas, se apresuró a decir:

— ¡Pero no todo ocurrirá enseguida! Choromatsu-kun, aún te queda bastante tiempo. Hay muchas cosas que todavía puedes hacer, y...

Choromatsu negó con la cabeza, interrumpiéndolo.

— Gracias — Dijo con sus mejillas color rosa —, por decirme la verdad.

El médico se asombró por la calma que Choromatsu mantuvo.

— Choromatsu... — Su madre también tenía los ojos cristalinos, pero debía ser fuerte por él.

— Me voy a esforzar — Forzó su sonrisa, intentando convencerse de que no había ningún problema. De que todo estaba bien. — Mamá, ¿tú y papá ya lo sabían?

— Correcto — Asintió con tristeza. — Perdón por no decírtelo antes, cariño. Debíamos estar seguros...

Choromatsu asintió.

— Ya veo. Yo me encargaré de decírselo a mi hermano, así que, por favor — Inclinó su cabeza.

El doctor lo miró.

— Choromatsu-kun, es necesario que te cuides, y que continúes con la escritura. Mucha suerte, hay muchas cosas que aún puedes hacer — Lo animó el hombre.

Choromatsu asintió, con su sonrisa forzada, sus mejillas coloradas, y sus ojos aún cristalinos.

Se despidieron. Salieron de la clínica.

Camino a casa, Choromatsu dijo que quería caminar, así que como no tomaron el metro ni el camión tardaron un poco más.

No hablaron en el transcurso. Y aunque ambos sabían que estaban tristes, lo disimulaban bien. Trataban de ser positivos.

— Cariño, tendremos que visitar el hospital frecuentemente en el futuro — Dijo la mujer.

Choromatsu, que iba unos dos o tres pasos más atrás de su madre, asintió sin que ella pudiera verle.

— Está bien, mamá — Después suspiró con pesadez. — Mientras pueda seguir yendo a la escuela y presentar las pruebas, creo que puedo hacer cualquier cosa — Dijo.

Seguían caminando.

— No te esfuerces demasiado — Apenas sonrió.

Choromatsu suspiró, y forzando su sonrisa de nuevo intentando no llorar, dijo algo muy bajito.

— Aún soy joven. Hay todavía muchas cosas que quiero hacer, así que, no me derrumbaré tan fácil...

Apenas fue un susurro.

Cuando llegaron a casa, comieron.
Todomatsu se quejaba por haber hecho la comida él casi toda la semana.

"¡No es justo! He estado casi todo el tiempo solo", decía.

Choromatsu sólo rió. Cuando su padre llegó, Matsuyo le hizo saber en secreto que Choromatsu ya sabía todo acerca de su enfermedad.
Sólo faltaba que Todomatsu lo supiera; se lo dejarían al mayor, como lo había pedido.

Terminaron y subieron a la habitación, de nuevo. Todomatsu se apresuró a tender el futón, y se quedó escuchando música. Algunos discos que tenían guardados por ahí de último momento. No tenían tarea.

Todomatsu había notado a todos muy serios durante la comida. Ya no había más bromas, y eso era realmente muy extraño para él.

Con cuidado se quitó los auriculares, y miró a su hermano, que se encontraba escribiendo quién sabe qué en el escritorio de la habitación.

— Choromatsu nii-san.

— ¿Hm?

— ¿Qué ha pasado hoy?

— ¿Eh? — Sonrió. — ¿Por qué?

— Papá y mamá no hablan mucho — Infló las mejillas —, y tú tampoco.

— Ah, mamá ha trabajado mucho, y papá se ha quedado mucho en su oficina, ya sabes... Hay momentos en los que sólo deben descansar.

— Ya...

Choromatsu pensó un momento en lo de antes, y al hacerlo sentía cómo sus manos comenzaban a temblar. Debía de contarle a Todomatsu la verdad, pero verlo tan frágil y temeroso no lo dejaba hacerlo. Aún así, se armó de valor y se acercó a él.

Se sentó en el futón justo a un lado de él.

— Totty, escúchame. Hay algo que debo decirte.

— ¿Nii-san?

Choromatsu tomó aire. Debía decirlo, pero después de todo había muchas cosas que debían hacer, y como pensaba, no quería preocupar a Todomatsu, quién era muy importante para él. Si decía algo en ese momento, las cosas se solucionarían de alguna manera al no ocultar nada, pero, Todomatsu ya no podría conciliar el sueño por las noches. Ya no podría seguir pensando que querría superarse, ni tampoco podría seguir sintiéndose protegido por su hermano mayor, porque el tendría que convertirse en su protector.

Sólo no quería echar a perder las cosas. No quería preocupar a Todomatsu; no quería ser una carga. Sólo no quería ser una molestia...

— ¡Escogí un club finalmente! — Dijo, desviándose de su verdadero propósito.

— ¿Eh? ¿De verdad? — Sonrió.

— Si, soy parte del club de literatura — Mintió. — Así que, si escribo demasiado por la tarde o por las noches, perdóname.

Todomatsu asintió.

— Está bien, nii-san — Dijo contento. — Podría ayudarte a decorar tus textos con mis fotografías...

Choromatsu asintió.
También, se maldijo por dentro. No había sido capaz de decírselo. No había sido lo suficientemente fuerte.

Al día siguiente, Choromatsu se levantó temprano y escribió en su libreta, que ahora él llamaba "diario".

Algo simple, con tal de no guardar sus pensamientos, y aclarar sus ideas:

"Me siento extraño, y también triste. Pero, sé que hay cosas que todavía puedo hacer por los demás, así que, me esforzaré".

Desayunaron, y caminaron hacia la escuela.

— Nii-san, ¡apurate o llegaremos tarde!

— Voy — Decía Choromatsu.

— Últimamente estás siendo muy lento.

— Lo siento, Todomatsu — Sonrió a modo de disculpa.

Llegaron a la escuela. Jyushimatsu los estaba esperando en la entrada del instituto, así que Todomatsu y Choromatsu lo saludaron contentos. A pesar de que casi siempre llegaban un poco tarde, él siempre los esperaba. Pasara lo que pasara...

Camino a su aula se toparon con Osomatsu y lo saludaron. Al ser un grado mayor, siempre estaba desde una ahora antes rondando por los pasillos.

Finalmente Jyushimatsu y Todomatsu llegaron a su aula, y se despidieron de Choromatsu.

La primera clase había comenzado.

Primero la clase de matemáticas, y luego química. Después inglés y luego historia...

Una vez que todo acabó, llegó la hora de estudio.

Todos se ponían a terminar las cosas pendientes. Algunos iban a la biblioteca, otros a dar una vuelta por las canchas, o algunos se quedaban ahí en su mesa banco hablando con otros compañeros.

Choromatsu pensó en ir a buscar a su hermano, pero recordó que en su clase estaban presentando pruebas aún. Por ende, Jyushimatsu también.
Quizá podría ir a observar a Osomatsu jugar baloncesto, o perder el tiempo estudiando. No sabía qué hacer, pero, de repente se le vino un pensamiento.

Mintió acerca de estar en un club.

Creyó que sería peor si su hermano se daba cuenta de ello. Así que, aunque le resultaba una molestia, se levantó de su asiento, y salió a los pasillos, en busca del club de literatura.

Al menos no se inventó uno tan malo. Después de todo, unirse a un club era obligatorio. Sólo serían unas semanas... y su puntaje subiría.

Caminó por los pasillos y finalmente encontró el salón, tan sólo en un piso más arriba.

La puerta estaba cerrada, así que tocó.

Nadie abrió. Volvió a tocar, y lo mismo. Cuando iba a abrir la puerta por él mismo, escuchó una débil voz que le indicó que podía pasar. Y así lo hizo.

— Con permiso — Choromatsu abrió la puerta con cuidado.

Cuando miró adentro, no había nadie más que un muchacho dándole la espalda, sentado en una silla muy cerca de la ventana, leyendo un libro.

No lo volteó a ver.

Cuando Choromatsu se acercó, advirtió que ya lo había visto. Se acercó un poco más y...

— Ah, vamos en la misma clase, ¿no es así? — Choromatsu sonrió.

El chico lo miró alzando la vista lentamente, aunque el fleco le cubría un poco los ojos.

— ¿Es así? — Preguntó, sin hacer ningún gesto.

— Bueno, creo que te he visto antes. Te sientas justo frente al escritorio del profesor, ¿no?

— ¿Eh? Ah, si. Primer grado, grupo C.

— ¡Ah! Lo sabía — Rió. — Y... ¿los demás?

— ¿Eh? Sólo soy yo.

— Eh... ¿Eh?

— No es un club que le agrade a muchos. De vez en cuando vienen algunos, pero se van pronto. No es muy divertido, ni muy interesante, ¿no crees?

— Bueno...

El chico sonrió.

— Mucho gusto, Choromatsu-kun. Soy Ichimatsu — Sonrió.

— ¿Eh? ¿Sabes mi nombre? — Se sorprendió.

— Destacas mucho con tus notas, ¿sabes? Todos sabemos tu nombre.

Choromatsu no pudo evitar sonreír. A pesar de fingir poco interés, de verdad le reconocía.

— Ya... Ya veo — Se pasó una mano por el cabello. — Mucho gusto, Ichimatsu-kun... Por favor, permíteme ser parte del club de literatura — Hizo una rápida reverencia, y luego se reincorporó. Ante eso, perdió un poco el equilibrio, y antes de que se pudiera caer, se alcanzó a sostener de una mesa cerca. — Ugh, lo siento.

Ichimatsu rió.

— Bienvenido — Dijo. — Lo siento, sólo somos tú y yo.

Choromatsu asintió.

No había de otra. Después de todo, aunque era algo serio y de apariencia arisca, Ichimatsu era agradable.

Se quedó un momento con él, y después volvieron al aula a seguir con las demás clases.

Choromatsu acostumbró a visitar aquel salón, aunque sólo fuesen dos personas. No era tan malo.

Todomatsu iba al club de artes junto con el hermano mayor de Jyushimatsu, y éste último jugaba béisbol, y cuando podía se colaba con Osomatsu.

Duró una semana yendo, y poco a poco se hizo más amigo de Ichimatsu.

Se hicieron muy unidos.
Aunque, sus síntomas fueron empeorando poco a poco. A veces se le entumían las piernas, y otras veces era muy difícil comer el bentō sin atragantarse un poco. Además, sentía que no podía sujetar apropiadamente los palillos. Pero, quería poder seguir haciendo aquello como si nada pasara.

Un día en el club de literatura (con su amigo, por así decirlo), miraba por la ventana atento, sin hacer nada.
Ichimatsu se dio cuenta de ello y se asomó para ver qué era lo que Choromatsu veía, y sonrió burlonamente.

— ¿Te gusta? — Soltó una risita.

— ¿¡Eh!? — Se sonrojó, y se exaltó al ver que Ichimatsu apareció por detrás suyo de repente.

— Totoko-chan.

— ¡¿Eh?! — Estaba muy colorado. — No... Ella... A Osomatsu-kun le gusta Totoko-chan, así que...

Miraba a la muchacha desde la ventana, sentada en las gradas de una de las canchas.

Ichimatsu asintió.

— Ya veo — Suspiró con una sonrisa. — Creo que si ese Osomatsu no hace algo al respecto, tú deberías intentar algo con ella — Dijo, con sus ojos cansados, mostrando una ligera sonrisa.

El nerviosismo de Choromatsu se disipó, y su color se fue.
Si pensaba en esbozar una sonrisa, podía olvidarse de ello.

— No — Dijo en seco. — No es como si algún día pudiera casarme con ella o algo así.

Ichimatsu lo volteó a ver, con curiosidad. Era extraño que Choromatsu bajara tanto el volumen de su voz.

Así se quedaron, sin decir nada más.

Choromatsu caminó hasta otro extremo y se sentó en un escritorio cerca, y escribió algunas cosas en su diario. No muy importantes, pero si eran el reflejo de cosas que a él podían interesarle.

Cuando puso el bolígrafo sobre el papel, se aseguró de marcar debidamente su letra, pero su mano se desviaba.

Frunció el ceño, con molestia. Seguro sólo había escrito demasiado, y por eso no podía seguir haciéndolo bien.
No empeoró mucho, pero su mano se desviaba un poco.

"Conocí a alguien muy agradable. Espero no ser una molestia para él. Creo que puedo confiar en alguien también aquí, después de todo".

— ¿Qué es lo que escribes todo el tiempo? — Preguntó Ichimatsu con voz ronca.

— Es sólo un diario. Escribo cualquier cosa que se me venga a la mente en el momento, y... cómo me siento. Física y mentalmente.

— Oh...

— ¿Tú no escribes?

— No soy bueno expresándome. Prefiero leer solamente. Así entiendo mejor mi entorno, al poder entender cómo mira el mundo cada autor. Es como si ellos hablaran por mi.

— Ya veo — Se sorprendió.

Tenía sentido.
Ichimatsu era un ávido lector, y aunque él no lo reconocía, era de verdad muy inteligente. Seguramente su vida se basaba en leer libros, y acariciar gatos.

Se estaba haciendo un poco tarde.

No podía dejar de pensar en Todomatsu. ¿Por qué no era capaz de contarle ya la verdad?
No se sentía muy bien, y el tiempo pasaría rápidamente, pero no quería ver triste a su hermanito. Porque al igual que él, estaba lleno de sueños.

Un mareo abatió a Choromatsu, pero intentó ignorarlo. Se levantó a caminar un poco, dando vueltas por el salón. Miraba por la ventana, o tomaba algunos libros del estante, pero no podía concentrarse. Dejó de escribir.

Parecía que su cuerpo le estaba haciendo una mala jugada.

Sus nervios no le respondían.

Estaba a punto de despedirse de Ichimatsu, pero, cuando intentó hablar, no pudo mover los labios cuando quiso.

¿Eh?

Ichimatsu no lo miraba.

Los pies de Choromatsu parecían perder fuerza de un momento a otro, y no podía recuperarse. Le dolía la cabeza.

No supo qué pasó, o cómo pasó. Ni siquiera por qué pasó, pero, se desmayó.

Cayó al suelo, chocando su cabeza directamente contra éste.

Ichimatsu volteó con rapidez al escuchar el sonido seco del golpe, y al verlo ahí, se asustó demasiado.

— Cho... ¿¡Choromatsu-kun!? Oye... ¡Oye! — Se aproximó a él rápidamente e intentó levantarlo con mucho cuidado, pero éste no le respondía. No hacía ni un sólo sonido. — ¡Resiste! Yo... ¡Yo voy a...!

Salía mucha sangre de su cabeza. El suelo se tiñó.

Ichimatsu apretó los dientes y salió corriendo de ahí en busca de ayuda. Bajó rápidamente hasta el segundo piso buscando en cada pasillo hasta que encontró a un profesor.

No supo porqué su amigo estaba así. Pero, era grave.

De nuevo llamaron a una ambulancia.

Llamaron a su familia.

Cuando Todomatsu miró venir la ambulancia y ver a su hermano en la camilla, se alteró. Pensó en lo peor del mundo...

En seguida se hizo reconocer como su hermano, y subió a la ambulancia.

No sabía qué pasó, pero no lo dejaría solo. A su otra mitad.

Ichimatsu se quedó ahí, plantado en las escaleras del instituto. Seguro estaba temblando. Y se sentía culpable por no poder hacer nada, porque no sabía qué sucedió.

Jyushimatsu no se dio cuenta de nada.

Hospitalizaron a Choromatsu. Dijeron que estaría cinco días en el hospital, en cama.

Se lo comunicaron a su madre, y a su padre.

"No tienes que venir, mamá. Yo estoy aquí", decía Todomatsu, pero por supuesto, la mujer quería ir de todas formas.

Salió de su trabajo, y se lo comunicó a su esposo también, aunque él no podía salir.

"¿Qué le pasó?"
"¿Por qué está así?"
"¿Qué está mal?"
"¿Qué puedo hacer?"

Eran algunos de los pensamientos de Todomatsu, que temblaba ligeramente.

Choromatsu estuvo inconsciente hasta que cayó la noche, y despertó.

El profesor esperó hasta que la madre llegara, y luego se fue. Un adulto debía de encargarse de todo aquello.

Matsuyo corrió hacia su hijo, que apenas despertaba.

— Ma... má...

— ¡Choromatsu! Hijo, ¿qué sucedió? — Estaba nerviosa.

— Yo... — Apenas podía hablar.

El doctor le indicó a Choromatsu que no hablara aún, porque estaba sobre esforzándose.

Mientras tanto, Todomatsu se preguntaba cómo podía ayudar a su hermano.

No entendía qué era lo que sucedía, y quería poder hacer algo.
Eran gemelos, y tenían la misma edad, pero de alguna manera Choromatsu era el mayor, y verlo de aquella forma lo ponía nervioso.

Él era su protector. Todomatsu estaba acostumbrado a refugiarse en la espalda de su hermano, pero ahora que las cosas estaban así, quería ser más fuerte, como su hermano. Siempre pensaba que quería ser como él.

Porque para él, su hermano era como un águila que volaba firme, sin importarle la dirección del viento.