De rato, Matsuzo llegó al hospital. Seguramente su esposa lo había llamado; estaba muy preocupado por su hijo.

— Choromatsu nii-san... — Todomatsu puso una mano en el hombro de su hermano, que mantenía los ojos cerrados.

El sangrado de su cabeza se detuvo con el vendaje.
El doctor explicó que parecía grave porque la herida era exagerada, pero que estaría bien pronto.

— ¿Podrá salir pronto? — Preguntó Matsuyo.

— Bueno — Decía el médico —, las vacaciones serán pronto, y supongo que este muchacho ya ha terminado sus pruebas. ¿Por qué no aprovechamos ese tiempo para realizarle algunas pruebas?

— ¿Pruebas? — Preguntó Todomatsu confundido. — ¿Para qué?

Al ver la reacción del menor, el médico podía darse cuenta de que los padres no le habían dicho nada al otro jovencito con el mismo rostro de su ahora paciente. Matsuzo desvió la vista e ignoró a su hijo, y Matsuyo asintió.

— De acuerdo — Aceptó la mujer.

— ¿Qué es lo que pasa con Choromatsu nii-san?

— Hablaremos de eso después — Dijo su padre.

Todomatsu apretó los labios.

Matsuzo y Matsuyo decidieron ir a la casa al anochecer, dejando a Choromatsu al cuidado del hospital. Confiarían en que estaría bien.

Aunque, Todomatsu estaba más que preocupado, no podía quedarse en el hospital sin la supervisión de un adulto, y aunque rogó por quedarse finalmente desistió.

A la mañana siguiente la mujer visitó a Choromatsu y fue a hablar con los doctores, y después de algunas horas llegó Matsuzo preguntando que cómo se encontraba. Al parecer, de verdad estaba mejor.

Choromatsu se encontraba mejor de salud, pero para sí mismo realmente estaba preocupado por lo que pudiese pensar su hermano, Todomatsu. No había sido capaz de explicarle nada, y no quería hacerlo para no preocuparle.

Sólo debería estar en el hospital unos días más y estaría bien. Si se notaba alguna mejoría en su enfermedad, seguramente no tendría que quedarse durante las vacaciones.

Por otra parte, Matsuyo y Matsuzo lucían mucho más preocupados. Nunca creyeron que Choromatsu presentaría consecuencias tan rápido.

"Tan sólo tiene 15 años", pensaban con tristeza.

Pasaron dos días en los que Choromatsu se quedó en el hospital, y su padre iban a verlo cada tarde, y su madre cada mañana.

Como Todomatsu estaba muy ocupado haciendo sus tareas y las de su hermano al mismo tiempo, no había podido pasarse por el hospital, y eso de verdad era un problema. No quería que se sintiera solo. Además, las actividades del club interferían mucho.

Jyushimatsu le preguntaba sobre la condición de su hermano, y el amablemente le contestaba que se encontraba mejor, y que pronto podría salir de aquel aburrido cuarto de hospital.

En una ocasión hasta se cruzó con Osomatsu, y éste al extrañarle que no estuvieran ambos gemelos juntos, le preguntó por su hermano.

— ¿En dónde está Todomatsu?

— Yo soy Todomatsu.

— ¡Ah! Lo siento — Osomatsu sonrió con pena. — Me he equivocado.

— Por el accidente de hace dos días no ha podido venir. Se mareó y se golpeó fuerte la cabeza — Decía con calma, aunque estaba todavía muy preocupado.

— Espero de verdad que se recupere muy pronto — Dijo el mayor con sinceridad.

Todomatsu agradeció y se despidió. Su clase estaba por comenzar.

Durante las primeras horas Jyushimatsu notó que Todomatsu estaba muy serio e intentaba animarlo con lo que pudiera, pero nada funcionaba. Todomatsu ya no miraba a los ojos a nadie como solía hacerlo antes, y esto le preocupaba.

— Totty — Alguna vez escuchó aquel apodo viviendo de Choromatsu, y Jyushimatsu decidió llamar así al menor también. —, ¿Ha pasado algo con Choromatsu-kun?

— Bueno, mamá dice que está mejor, pero no he podido verlo, así que...

A Todomatsu realmente le había costado poder conciliar el sueño en aquellas dos últimas noches, pero intentaba ser valiente y no molestó a sus papás nunca. Y por supuesto, ellos no se habían dado cuenta de cuánto éste necesitaba al mayor, y de cuánto miedo tenía.

Jyushimatsu asintió con una sonrisa. El día siguió, y para Todomatsu pareció pasar todo muy lento.

Después de que todas las clases acabaran, se decidió por quedarse un momento más y llenar el espacio que su hermano había dejado en su club.

"Había dicho que iba en el club de literatura, ¿no es así?", se preguntaba.

Jyushimatsu se había ido a jugar béisbol lejos de la escuela, y Todomatsu se quedó ahí solo.
Buscaba cuidadosamente por los pasillos, pero no encontraba ningún club.

— Club de literatura, club de literatura... — Repetía mientras buscaba puerta por puerta, y pasillo por pasillo. — Club de literatura...

Finalmente encontró una puerta con un kanji que claramente indicaba que ahí era el club de literatura. Tocó la puerta tenuemente con los nudillos, y una voz débil le indicó que pasara. Estaba abierto.

— Con permiso — Entró. Al ver a un sólo chico sentado junto a la ventana, se sorprendió. Esperaba ver a varias personas dentro de club, pero no fue así. Creyó que quizás se equivocó de aula, y sintió un poco de vergüenza. — Ah, yo... Lo siento, me equivoqué.

Todomatsu se dio la vuelta, tomando el picaporte de la puerta dispuesto a cerrarla, pero la fría mirada del chico de cabellera desordenada lo detuvo. Al parecer lo miró muy sorprendido, y se levantó de su asiento.

— ¡Espera!

Todomatsu se detuvo instintivamente.

— S... Si. ¿Qué sucede? — Dijo de manera dulce, la cuál era una forma de responder muy natural de él.

El chico entrecerrando sus ojos de nuevo, volvió a su posición encorvada con tranquilidad, y abrió su boca para articular:

— Choromatsu-kun... ¿Ya estás... mejor?

— ¿Eh?

— Después de no verte estos días yo... me preocupé — Declaró con timidez. — ¿No quedó marca en tu cabeza?

Todomatsu se sorprendió. No sólo porque aquel muchacho lo estaba confundiendo, porque aquello ya era de lo más normal. Sino porque, ¿cómo aquel chico conocía a su hermano?

— Este... No — Dijo Todomatsu con una sonrisa penosa. — Te equivocas — Dijo. — Yo soy Todomatsu...

— ¿Eh? Pero...

— Pasa que tengo un hermano gemelo, y él se llama Choromatsu. Creí que quizá debería venir aquí porque vi el nombre del club en la puerta, pero me equivoqué...

— ¿Eh? ¡Mentira! — Rió.

— No es mentira...

Ichimatsu resopló.

— ¿Eh? ¿Cómo? — Se confundió más. — Pero, si tu hermano viene aquí, ¿por qué vienes tú?

— Él... ¿Él ya ha venido aquí antes?

— Así es. Dijo que quería unirse a este club.

Todomatsu abrió mucho los ojos, y miró a su alrededor como inspeccionando el lugar.

— ¿Eh? Y entonces... ¿Y los demás?

— Sólo somos tu hermano y yo — Dijo sin más.

— Eh... — Se quedó en blanco. — Bueno, yo creía que debía cubrir sus actividades en el club, pero...

— Como ves no es necesario.

— S-Si... Lo sé — Dijo mientras retrocedía. — Bueno, entonces debo irme. Tengo que hacer algunas cosas. Siento mucho la interrupción.

— ¿De verdad no estás jugando conmigo, Choromatsu-kun? — Insistía Ichimatsu.

— ¡Claro que no! Yo no soy Choromatsu nii-san. Mi nombre es Todomatsu — Dijo.

— Ya — Desvió su mirada a la ventana.

Todomatsu guardó un efímero silencio.

— Este... Si estás aquí solo, ¿por qué no mejor vas a la biblioteca? Quizá te sientas más seguro que estar aquí, en el último piso, en el último salón.

— Gracias, pero aquí estoy bien — No lo miraba.

Todomatsu asintió, y se fue. Volvería a su club, y con el tiempo libre terminaría las tareas de su hermano, y suyas.

Así lo hizo. Estuvo en el club de fotografía un momento haciendo algunas ediciones con fotografías que había tomado durante el receso, y cuando se aburrió, se fue a casa.

Estaba preocupado por su hermano, pero también se sentía molesto. ¿Por qué sus padres no lo habían llamado?

Últimamente sentía que Choromatsu recibía demasiada atención; incluso más de la que realmente necesitaba, y eso lo hacía sentirse menos.

Sus padres no le ponían atención en casa. Su madre cuando apenas tenía tiempo libre lo utilizaba todo en Choromatsu, y su padre no le dirigía más la palabra por toda la tarde, usándolo todo en ir el hospital.

Y él, bueno... Él se quedaba en casa encargándose de hacer la cena todos los días (incluso desde antes del incidente) y haciendo todas las labores domésticas en ausencia de su hermano, además de las tareas que ambos debían hacer.

Estaba harto, triste y aburrido. Y creía que sus padres sólo exageraban todo.

"Después de todo, ¿qué tan mal puede estar Choromatsu nii-san?".

Cuando sus padres llegaron en latarde, los miró y los recibió con la cena ya hecha, pero ellos ni siquiera le agradecieron. Seguramente ni se inmutaron del esfuerzo que había requerido para el menor de los gemelos.

Pero Todomatsu siguió haciendo todo aquello.

— Papá, ¿cómo está Choromatsu nii-san? ¿Fue algo grave?

— Todomatsu, el doctor dijo que se pondrá bien.

— ¿De verdad? Pero...

— Hijo — Intervino su madre —, tu hermano se pondrá bien pronto, y podrá ir a la escuela seguramente antes de las vacaciones. No te preocupes...

Todomatsu hizo un puchero. Se sentía molesto aparentemente sin ninguna razón, pero sabía exactamente porqué lo estaba, y ya estaba llegando a su límite.

— ¿Cómo me piden que no me preocupe — Balbuceó —, cuando ni siquiera puedo ir a verlo?

— ¿Eh? — Dijeron sus padres al unísono.

— ¿Choromatsu nii-san está enfermo?

— Cariño... Tu hermano no se encuentra muy bien de salud — Decía su madre —, pero se pondrá bien pronto — Repitió.

— Es cierto que últimamente se veía cansado, pero, ¿qué tiene? — Preguntó Todomatsu. Los esposos se voltearon a ver de reojo, y no dijeron nada. — ¿Por qué no me lo dicen?

— Todomatsu...

— ¡Sólo está un poco enfermo! Pero... A pesar de eso sigue en el hospital y ustedes no me dicen nada de su condición.

— Todomatsu, escucha... — Decía su padre. No sabía cómo decirle a su hijo sobre la enfermedad de su hermano, pero sabía que Choromatsu probablemente no querría decirle todavía, y no tenía nada más que decir.

— Ustedes no me están poniendo atención, a pesar de que somos iguales... — Decía Todomatsu. — Ya no se preocupan por mi ni tampoco se preguntan en dónde estoy cuando estoy fuera de casa. Me he estado esforzando mucho por Choromatsu nii-san y por mi, y saqué buenas notas por ambos, pero a ustedes no les importa... También estoy preocupado por mi hermano, pero ustedes sólo siguen con ese "se recuperará" a pesar de que no sé a qué se refieren. Todos los días durante el último mes han estado sólo al lado de Choromatsu y me están haciendo a un lado. Así que...

— Todomatsu... — Su madre intentó tranquilizarlo.

— Así que... Si se trata de eso, ¡yo también quiero estar enfermo!

— ¡Todomatsu! — Su padre le gritó. — ¿¡Qué acabas de decir!?

Todomatsu miró a su padre con los ojos cristalinos, y subió a su cuarto corriendo sin decir nada más, con las mejillas muy rojas.

— C-Cariño... — La mujer puso una de su manos en el hombro de su esposo para tranquilizarlo.

— Pero, Matsuyo...

Sus padres se quedaron en la sala. Matsuyo se quedó revisando aquellos libros que había conseguido en la librería, y Matsuzo terminaba asuntos de su trabajo en su laptop.

Después de un rato, Matsuyo decidió subir para hablar con Todomatsu, y decirle que su padre no se encontraba enojado con él. Temía que quizá se encontrara llorando...

Antes de abrir la puerta sonrió, y entró cuidadosamente.

— ¿Todomatsu?

Revisó en toda la habitación, pero simplemente no estaba. Al darse cuenta, la ventana estaba abierta, y de ella colgaba un lazo de sábanas atadas. Había bajado desde la segunda planta, y salió de la casa.

Asustada regresó para decírselo a su marido, pero miró una nota sobre el escritorio. La dejó Todomatsu.

"Hace tres días que no miro a mi hermano. Puedo cuidarme solo, y no es muy tarde. Fui al hospital. Volveré pronto".

Todomatsu tomó el metro. Aquel vagón en el que subió iba bastante vacío y eso lo puso un poco nervioso, pero prontamente llegó.

Al entrar al hospital, no supo cómo actuar. Temía que no lo dejaran ver a su hermano, así que sólo llegó a la recepción y preguntó tímidamente por él.
Al principio la recepcionista le negó el paso por ser menor, pero afortunadamente el doctor encargado de Choromatsu se encontraba ahí, y él al conocer la condición del chico (que su hermano desconocía) lo dejó pasar. Todomatsu agradeció.

Entró tranquilamente y ahí estaba su hermano, acostado en la cama sin hacer nada, más que ver el cielo silenciosamente. Sintió un poco de remordimiento al verlo con el vendaje en la cabeza.

— ¡Nii-san!

— Ah, Todomatsu.

— Perdón por no venir hace días, estaba algo ocupado. ¿Cómo te encuentras? ¿Todavía te duele?

Choromatsu negó con la cabeza.

— Me siento bien, pero aún deben hacerme unas pruebas.

— ¿Por qué te hacen todas estas pruebas, Choromatsu nii-san?

Choromatsu carraspeó, y desvió su mirada a los azulejos, fingiendo distraerse con ellos.

— No sé exactamente — Mintió.

Todomatsu torció los labios.

— Ah, cierto — Decía el menor sacando algo de una mochila que llevó consigo. — Aquí tienes.

Todomatsu dejó sobre las piernas de su hermano varios tomos de manga.
A Choromatsu le brillaron los ojos.

— Gracias — Dijo con una sonrisa, mientras sus mejillas se coloreaban de rosa.

— Así no te aburrirás en el tiempo que te queda aquí. Ah, y también, seguramente ya te lo dijo mamá, pero me he encargado de todas tus tareas y proyectos, así que no tienes porqué preocuparte.

— ¿Eh? ¿Tú solo?

— Así es — Sonrió. — Ya estamos a finales del parcial, así que no puedo dejártelo todo a ti.

Choromatsu abrió mucho los ojos, y su sonrisa se borró.

— Lo siento...

Las facciones de Todomatsu también cambiaron. Al igual que con sus padres, pensó que su hermano le agradecería, pero no fue así.

— Está bien, no te preocupes — Esbozó un mal intento de sonrisa.

— No, es en serio. Lo siento. Por mi culpa has tenido que esforzarte mucho, y todo el último mes desde que ingresamos a preparatoria he hecho que te preocupes mucho. Incluso papá y mamá han estado más a mi pendiente...

Todomatsu pasó saliva. Aquello era cierto, pero...

— ¿Crees que soy débil? Puedo ser tan fuerte como tú, nii-san. No te preocupes por mi.

Choromatsu sonrió cabizbajo.

— Todomatsu...

— ¿Si? Dime.

Choromatsu dudó un momento. No sabía si decirle a su hermano la verdad. Pero a juzgar por la situación, pensaba que decírselo cuanto antes sería lo mejor.

Y aún así, no se atrevía. No quería romper los sueños de su hermano pequeño.

— No. No es nada — Sonrió.

Todomatsu lo miró detenidamente y asintió inconforme.

— Debo irme — Dijo el menor. — Papá y mamá se preocuparán si no llego pronto. Estaré esperando por ti, nii-san.

Choromatsu parpadeó varias veces, y asintió.

— Hasta pronto.

Todomatsu bajó utilizando el ascensor.

Choromatsu se quedó hundido en el seco silencio de aquella habitación, y puso sus manos recargadas en su mentón, mientras pensaba.

No sabía por qué no pudo actuar, y quedó pensativo. Sólo sus actos hicieron que se sintiera más mal, y como si fuera un choque eléctrico, decidió decirle a Todomatsu la verdad.

— ¡Todomatsu! — Salió de la cama con algo de prisa, teniendo esperanza de poder alcanzar a su hermano y hablar con él.

Corrió con los pies descalzos por los pasillos tambaleándose un poco. Estaría demasiado oscuro, de no ser por las irritantes luces blanquecinas del hospital.

No importa cuánto lo intentó; no pudo alcanzar a su hermano. Todomatsu ya se había ido.

Caminó sólo un poco más por los pasillos trastabillando con debilidad, y se detuvo sin más.

Llevaba el atril del suero arrastrando consigo. Era seguramente mejor que haberse arrancado la aguja.

Se quedó en medio de un pasillo pensativo, mirando un cuadro que había. Lo tocó con sus manos, algo triste.
¿Por qué si ahora se sentía bien, y creía que caminar no era difícil, tendría que llegar un día en el que no podría ni siquiera hablar?
No sintió más que miedo.

— ¡¿Choromatsu-kun, qué haces fuera de la cama?! — Decía una enfermera que lo encontró vagando de puerta en puerta por los fríos pasillos. — Vamos, vuelve a tu habitación.

Lo tomó del brazo y lo ayudó a encaminarse. Para Choromatsu sólo fue una molestia. Después de todo, aún podía andar solo.

Quizá, cuando volviera a ver a su hermano, le diría con calma. No había opción. Aunque, lo único que quería hacer al imaginarse el rostro de su hermano recibiendo la noticia era llorar.

"Aún no. De verdad, no quiero ver a nadie triste por mi culpa".