Al día siguiente su madre lo encontró sentado en el suelo, en medio de su habitación.
No había luz, estaba todo tranquilo; Choromatsu no estaba haciendo nada más que ver por la ventana.
— Cariño, ¿estás bien?
— Mamá, lo he estado pensando y ya lo asimilé un poco — decía con voz tenue —, así que estoy bien.
— Choromatsu...
— Pero, no puedo evitar preguntarme, ¿por qué a mí? — sus ojos se volvieron cristalinos. — Sólo tengo quince años...
La mujer abrazó a su hijo dándole consuelo. No quería que se sintiera triste y mucho menos solo.
— Hay muchas cosas que todavía puedes hacer, ¿sabes? No todo se ha terminado aquí.
Permanecieron así unos minutos hasta que el chico se reincorporó y limpió sus lágrimas para esbozar una sonrisa que seguía luciendo de lo más triste.
— Mamá, prometo que me esforzaré, ¿bien? Me esforzaré mucho — sonrió mientras limpiaba una última lágrima que recorrió su mejilla.
La mujer sonrió son dulzura, acariciando el cabello de su hijo.
— Sé que lo harás...
— Y, mamá, por favor, no hagas sufrir a mi hermano todavía. No quiero que aún sepa sobre mí — pidió juntando ambas manos.
— Como quieras, mi amor. Te lo dejo a ti — le sonrió.
Después del consuelo de su madre se sintió mejor. Los días siguieron pasando hasta que finalmente se terminó otro mes.
Por supuesto, la enfermedad fue aumentando aunque no drásticamente.
Choromatsu seguía sin decirle nada a su hermano, no quería borrar la sonrisa de su rostro.
La campana de la escuela sonó, indicando que todos volvieran a sus salones.
Osomatsu se despidió de los chicos y se fue con Karamatsu, mientras que Ichimatsu y Choromatsu volvieron a su aula y Jyushimatsu se retiró junto al menor de los gemelos.
Choromatsu estaba sentado hasta atrás, sin embargo Ichimatsu caminó hasta donde él estaba una vez que el profesor les dio tiempo libre.
— ¿Cómo te fue en los exámenes?
— Muy bien, por suerte. Estudié lo suficiente — Choromatsu rió.
— Las vacaciones de verano serán en tres días. Es demasiado pronto...
— ¿Verdad que sí? — sonrió. — Oh, ¿no iremos al último salón hoy?
— No hace falta, somos sólo tú y yo, después de todo — esbozó una casi imperceptible sonrisa.
A la salida se reunieron los seis chicos de los tres grados, en la entrada de la escuela.
— ¡Wah, parece que me quedaré sin vacaciones! ¡Me fue pésimo en el examen! — decía Osomatsu haciéndose el sufrido.
— Pero si eso se podía saber desde antes que siquiera hicieras el examen, my friend — comentó Karamatsu.
— ¡Oh, cállate!
Todos rieron.
Ese día al llegar a casa, Choromatsu estaba muy nervioso y Todomatsu pudo notar eso, por lo que ya estando solos los dos en su habitación le preguntó por la razón.
— Hermano, ¿qué sucede? Hace rato que parece que quieres hacer algo...
— Oh, qué observador eres.
— Podría decir que puedo sentirme igual que tú. Somos gemelos, nii-san — sonrió.
Choromatsu asintió con una sonrisa simple.
— Es que... mira — sacó cuisadosamente de su mochila un sobre que era gentilmente cerrado por una calcomanía en forma de corazón. — Esto me lo ha dado una chica.
— Una... ¡¿Una chica?!
— ¡Shh! ¡No lo grites! — dijo con la cara roja como un tomate, indicándole que guarde silencio poniendo el dedo índice en sus labios. — Esto lo tengo desde la mitad del día... — enseñó de nuevo el sobre, poniédolo casi en el rostro de Todomatsu. — Y, ¿sabes de quién es?
— ¿Cómo voy a saberlo? ¿Y cómo lo sabrás tú? No tiene ningún nombre escrito.
— Es porque ella me lo dio.
— "¿Ella?".
— Sí, Totoko-chan.
— ¿¡Eh!? ¿Totoko-chan? — susurró estando muy sorprendido. — ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?
—Se acercó a mí en un momento en el que me separé de Ichimatsu-kun y me la dio. Creo que tenía un poco de pena... Hace tiempo Osomatsu-kun nos presentó y hablamos un poco mientras vemos el partido de balancesto — hizo saber.
— ¿La abrirás? Si quieres me voy — sugirió.
— No, quédate. Me da más miedo si la abro solo, ja, ja...
Choromatsu la abrió con cuidado y torpeza, y se fijó en el contenido. Sus ojos brillaron y se puso un poco colorado.
— ¿Qué dice, Choromatsu nii-san?
— Quiere ver los fuegos artificiales conmigo...
— ¿Qué? ¿Cómo una chica le pide eso a un chico? — rió. — ¿Irás?
— Quizá no deba — susurró, sin embargo Todomatsu no lo escuchó.
— ¿Mm?
— Oh, nada — negó con la cabeza sin dejar de ver la carta, escrita con una pluma de gel de tinta rosada.
Durmieron una vez que la noche cayó.
A la mañana siguiente Choromatsu estaba desayunando con su madre. Solamente estaban ellos dos, pues su padre se había ido a la oficina desde temprano y Todomatsu aún no despertaba.
Aprovechó para decirle a su madre lo de la invitación de la chica al festival. Al principio su madre rió porque creyó que era algo atrevido por parte de una chica hacer la invitación en primer lugar, pero le pareció una buena idea.
— Sería grandioso que vayas. Es una buena oportunidad — opinó Matsuyo.
— Pero — dijo con una voz gutural, algo apagada —, estoy pensando en cómo puedo rechazarla...
— ¿Eh?
— Mamá, mi cuerpo no funciona bien. Estoy enfermo. No soy el tipo de chico que puede cuidar a una chica como lo merece.
— Hijo...
— No soy fuerte. Creo que sólo le estorbaría. Si ella supiera sobre mí, ni siquiera podría hablarme...
— Cariño, detente. No digas eso.
— Yo no quiero... — sus ojos se llenaron de lágrimas.
Matsuyo entendió los sentimientos de su hijo, sin embargo, lo alentó.
— Es una buena oportunidad para que vuelvas a ver todo como lo hacías antes — sonrió. — Choromatsu, ve. No tienes que impedirte hacer las cosas por el hecho de que ya conozcas tu condición. Tu amiga se mirará muy bonita con su yukata — acarició una de las manos del joven. — ¿No fuiste tú quien dijo que se esforzaría? — lo miró con cariño.
Choromatsu miró hacia abajo y asintió con una sonrisa, sin dejar que sus lágrimas se derramen.
— Es de mala educación dejar esperando a una chica — dijo sonriendo y siguió comiendo.
Su mamá asintió y sonrió, contenta por su hijo.
Ese día en la tarde Choromatsu informó a Todomatsu sobre su decisión acerca de ir al evento, con una sonrisa en el rostro.
— ¡Wah, los fuegos artificiales! Deben de ser preciosos — exclamó el menor. — Es cierto, ya es verano, ¿no? Sin fuegos artificiales no puede ser verano — dio unos pequeños aplausos. — ¡También quiero algo de sandía!
— Deberías de venir.
— ¿Eh? ¿Con ustedes? Tú y... ¿¡Totoko-chan!? No, sólo sería una molestia...
— De seguro vendrán los chicos también así que no lo serás — sonrió con dulzura.
— Bueno... — le sonrió también. — Ayúdame a ponerme el yukata, nii-san.
Pasaron los días y llegó tanto el último día de clases como el día del festival.
Choromatsu había ido a ver a Totoko para no dejarla esperando demasiado. Sabía que alguna tontería tenía que haber pasado con Osomatsu como para que ella no quisiera ir con él, pero en ese momento no le importaba nada; estaba muy feliz.
— To... ¡Totoko-chan! — alzó la mano saludándola.
— ¡Choromatsu-kun! Hola, gracias por venir — sonrió haciendo que sus mejillas coloradas resaltaran con sus ojos que ya eran bonitos naturalmente.
— Gracias por invitarme.
— ¿Vamos? — le extendió la mano.
La cara de Choromatsu se puso de lo más roja y sujetó la mano de la chica con la suya.
Caminaron juntos mientras que Todomatsu iba detrás de ellos junto con Jyushimatsu y Karamatsu.
Osomatsu e Ichimatsu no habían asistido al festival.
Gran parte de la noche iba perfecta, pero Choromatsu comenzó a tener un leve descontrol de su cuerpo que se volvió un dolor de cabeza, literalmente.
Estaban tranquilamente divirtiéndose en el evento, pero, por un instante todo cambió.
Choromatsu sintió cómo la mano de la chica se deslizó de la suya, pero no porque ella lo hubiese soltado a él, sino todo lo contrario.
Sus pies trastabillaron y su vista se volvió borrosa. Dejó de ser dueño de su propio cuerpo por un instante; desfalleció.
Ya no poseía más la capacidad de protegerse en aquellas situaciones, por lo que no pudo meter las manos de nuevo ante la caída. El impacto resultó por ser un golpe directo de su cabeza contra el frío concreto.
Totoko se quedó pálida de miedo sin saber que hacer.
— ¿¡Choromatsu-kun!?
Permaneció inconsciente en el suelo mientras éste se teñía poco a poco de rojo.
Algunas personas que vieron la escena se acercaron muy preocupados a ayudar con rapidez. La chica trataba de hacerlo reaccionar, pero era en vano.
Todomatsu que estaba detrás de Choromatsu se quedó congelado al ver lo que había sucedido, con los ojos desmesuradamente abiertos. No entendía nada. Sin embargo, como si de repente su cerebro le diera la violenta orden de reaccionar, corrió hacia su hermano gemelo lleno de pánico con la intención de protegerlo.
— ¡Choromatsu nii-san! ¡Hermano!
[ ... ]
Todo transcurrió rápido.
Cuando finalmente los padres de los gemelos llegaron al hospital vieron primero a su hijo menor Todomatsu (aunque sólo fuese por segundos), y éste les indicó en dónde estaba Choromatsu. Matsuzo le dio unas palmaditas en el hombro a su hijo.
Cuando fueron a verlo notaron que había sido un golpe más severo que los anteriores, pero que con el descanso necesario se sentiría mejor.
Todomatsu estaba aterrorizado.
— Lo siento... — susurró Totoko a Todomatsu con la cabeza hacia abajo para después hacer una reverencia y retirarse muy decaída. Estaba bastante angustiada.
Al día siguiente todos los chicos se enteraron de lo que había sucedido ya que fue contado por parte de Todomatsu, Jyushimatsu y Karamatsu.
Al saberlo, se pusieron todos de acuerdo para ir a verlo después de clases. Todomatsu le hizo saber a su madre que estarían todos allí con él y que no se preocupara, que podría ir más tarde ella para cuando dieran de alta a su hermano.
Choromatsu estaba ahí solo en la habitación, cuando de repente vinieron todos con algo, asomándose juguetonamente por la puerta.
Llevaron manga, libros que Ichimatsu creyó que le gustarían, algunas cartas que escribieron, puzzles y hasta una torta de frutas sólo para él.
El muchacho agradeció alegrándose por el hecho de verlos a todos ahí sólo por él.
Salió del hospital después de un tiempo, cuando ya eran vacaciones de verano.
Nada volvió a ser normal para el muchacho.
Totoko no volvió a hablar con Choromatsu ni siquiera para disculparse por no haber ayudado en lo absoluto.
A veces se reunían con los chicos para ver el partido de baloncesto, pero ella no le dirigía la mirada a él.
Creyó que sería terrible gustar de alguien enfermo; ella escuchó sin querer algo sobre la enfermedad del chico y se alejó poco a poco sin decir nada.
Cierto día Choromatsu la citó cerca del parque para charlar. Quería aclarar las cosas y tratar de afirmar que ella no diría nada, ya que sospechaba que Totoko sabía sobre su enfermedad y estaba estresado en gran parte por eso.
Las gotas de una leve brisa comenzaron a caer poco a poco hasta convertirse en un aguacero. Abrió el paraguas y siguió esperado un poco más, sólo en caso de poder ver a la chica.
Estaba de pie, solo.
Al final se resignó y caminó a casa con la mirada llena de tristeza, una mirada vacía y apagada.
Totoko nunca llegó.
Suspiró y miró hacia arriba, caminando con dificultad.
— Osomatsu-kun... Tú eres el tipo de chico que Totoko-chan merece — susurró al viento para sí mismo mientras las lágrimas empapaban su rostro. Soltó el llanto, el cual era opacado por el ruido de la lluvia.
Creyó que quizá su vida ya no tenía valor. Estaba triste, devastado...
Le dolía ser rechazado y temía demasiado por eso. No podía respirar adecuadamente al tener aquel pensamiento frío en su cabeza dando vueltas.
Estaba roto.
