Y efectivamente, Totoko jamás llegó por más que el muchacho esperó.
Aún cuando el aguacero no se había detenido y por el contrario, se había vuelto más fuerte, alguien llegó por la espalda de Choromatsu.
Era su amigo Ichimatsu, que había llegado con un paraguas desechable. Pasaba aparentando casualidad, ya que, había escuchado por parte del gemelo menor que el chico estaría allí a aquella hora. Quería asegurarse de que, al menos físicamente, se encontraría bien.
Matsuyo había hablado con los profesores del joven sobre su enfermedad, y el rumor de dicha enfermedad se esparció. De hecho, cambiaron la realidad y exageraron algunos hechos.
Ahora aunque apoyaban al muchacho, había ciertos comportamientos que lo hacían sentirse como un marginado.
De aquellos rumores la joven Totoko se apoyó para no ver al muchacho por el mayor tiempo posible. Muy en el fondo, sabía que era una molestia, aunque no conociera su enfermedad exacta. No quería hacerse responsable de nada; de ninguna ilusión romántica futura o de, tener que ir a verlo por el suceso pasado. Simplemente no quería tener nada que ver...
Por supuesto, aquella noche anterior Choromatsu había llegado empapado a casa y Todomatsu y sus padres se asustaron demasiado. Estaban preocupados también, y el hijo mayor no hacía más que reprimir sus deseos de soltar en llanto.
Un día después cuando Ichimatsu estaba recargado en el barandal observando el partido de tenis de las chicas, en el tercer piso del instituto, vio de reojo a Totoko que iba pasando cerca de él hacia el pasillo. Iba sola, sin nadie cerca.
Ichimatsu le daba la espalda, pero aún así al tenerla cerca suyo no dudó ni un segundo en decir:
—Él te estuvo esperando —le dijo. La chica se detuvo un momento sin mirarle, tenía la vista al suelo y el ceño fruncido. Era una expresión de preocupación, de dolor. Ichimatsu continuó al darse cuenta de que captó su total atención—: Un buen rato, estuvo esperando por ti bajo la lluvia...
Pero ella no tuvo nada que decir. Guardó silencio y no pudo hacer más que fingir no escucharle. Pasó de largo rápidamente, cargando enfrente suyo varios de sus libros, los cuáles apretó contra su pecho con fuerza, quizá angustiada por las palabras del muchacho.
Sólo si Ichimatsu se hubiese volteado para verla habría sido capaz de notar cómo la piel de la joven había palidecido.
Habían pasado unos días, y los chicos en el salón de clases de Choromatsu lo ayudaban en ciertas cosas que se le pudieran ofrecer. Era tan sencillo, pero no podía hacerlo solo...
Necesitaba ayuda de sus compañeros para poder moverse durante el intercambio de clases. Ichimatsu lo ayudaba lo mejor que podía, aunque igualmente era algo lento. Ayudaba bastante el que Todomatsu o Jyushimatsu se cruzaran de casualidad con ellos en sitios donde las escaleras se interponían.
Oh, pero Choromatsu estaba tan preocupado... Su mente era un caos. Simplemente, Todomatsu creía que lo de su hermano era pasajero; una enfermedad de adolescentes. Choromatsu temía que algún profesor le dijera la verdad antes que él o su madre. Lo temía tanto.
Al día siguiente hubo un comentario muy vago; era de Totoko.
La joven aprovechó un momento en que Choromatsu se quedó completamente solo y se acercó a él lo más rápido que pudo durante la salida.
—Ch-Choromatsu-kun... —tartamudeó ella.
—Oh, Totoko-chan —se sorprendió. Le clavó la mirada.
—Bueno, yo... —no sabía cómo comenzar pero al ver que el otro no reaccionaba se vio forzada a decir algo rápido. —Lo que hice estuvo mal. Es que, surgió algo de repente y... —meneó la cabeza y se interrumpió. —En realidad no volverá a pasar.
Las personas alrededor los miraban de manera extraña. La mayoría de personas habían notado que había algo raro con el chico pero nadie se había atrevido a hacer ningún comentario. Era extraño que la chica popular estuviera junto a aquel chiquillo tan raro, ¿no?
—No pasa nada —dijo Choromatsu. No pudo hacer otra cosa más que sólo forzar una sonrisa.
—Entonces —Totoko miraba impacientemente alrededor como si se estuviese cuidando de alguien—, date prisa y ponte bien, ¿sí?
Choromatsu asintió. Era tan duro sonreír de aquella manera, intentando no liberar una mueca de incomodidad que estaba deseosa por mostrarse.
La chica mantuvo su rostro de estoicidad y después de hacer una leve reverencia se fue corriendo.
Choromatsu estaba confundido. Confundido y triste.
—¡Hey! —Ichimatsu venía corriendo a lo lejos. En realidad no avanzaba muy rápido. Una vez que llegó a él le preguntó—: ¿Tomarás el camión?
—No —Choromatsu negó con la cabeza mientras seguía sosteniendo su mochila. —Estoy esperando a mi hermano, además, papá vendrá por nosotros.
—Ya veo —asintió el contrario. —Entonces yo me adelanto, hasta mañana —esbozó una levísima sonrisa antes de darse la vuelta y alzar flojamente su mano para agitarla un poco.
—Hasta mañana.
No pasó mucho rato cuando Matsuzo llegó en su auto. Hacía poco que había podido comprar una útil —aunque no muy bonita— camioneta blanca. Estaba llena de calcomanías viejas y mal arrancadas.
Después de quizá unos tres minutos llegó Todomatsu corriendo y disculpándose por la tardanza; le había tocado el aseo y no lo recordaba.
—Uh... Qué día más pesado —se quejó Choromatsu una vez estando en casa, a la mesa, tomando la comida de la tarde.
Su madre lo miraba con el ceño fruncido; estaba preocupada. Su padre se sentía del mismo modo aunque no fuera tan evidente. El pobre de Todomatsu estaba confundido y fuera de todo.
Pasaron unos minutos y el adulto y el menor de los gemelos habían terminado su comida y abandonado la mesa.
—Creo —decía Choromatsu— que debería de intentar ir solo a la escuela. Últimamente papá se ha estado esforzando en llevarme pero, no lo creo necesario.
—¡Choromatsu! Es necesario —lo respondió la mujer. Choromatsu se rió un poquito.
—Vaya, te preocupas rápido... Estaré bien, mamá.
Aquella noche, Choromatsu escribió en su diario:
Mi enfermedad no es en sí lo que me preocupa en este momento. Es sólo que no puedo ocuparme de mí mismo, y hago daño a los demás. Estoy perjudicando.
Caminar hacia la preparatoria era difícil en exceso, aunque sólo para el mayor de los hermanos. Tomaban el bus entonces para poder llegar más rápido, pues Choromatsu no podía andar adecuadamente; sus pasos eran lentos.
Todomatsu insistía en que era mejor para su hermano, aunque le convenía a los dos realmente.
—¡Aquí nos separamos, nii-san! —le decía Todomatsu una vez que lo había ayudado a subir las escaleras. Las campanas acababan de sonar. —¡Te veo más tarde! —y se fue corriendo a su aula con prisa.
—¡Al rato te veo! —le contestó. Se apresuró él también, y, para su fortuna, se topó a Ichimatsu que de igual modo llevaba prisa.
Ichimatsu lo ayudó a llegar al salón tan rápido como le era posible.
—¡Otra vez llegan tarde! —les riñó el profesor. Todos los alumnos ya estaban en el salón. —¿Cuántas veces han sido? ¡Que no vuelva a pasar!
—Lo siento mucho —Choromatau reverenció rápidamente y caminó a su mesabanco. Ichimatsu actuó indiferente aunque no se sentía así.
Durante sus horas en el club de literatura, Ichimatsu estaba tan serio como al principio.
—Choromatsu-kun... —una vez que captó la atención del mencionado, siguió hablando. —Vi la otra vez a Totoko-chan dirigirse a ti, pero te vi algo mal después. ¿Cómo te sientes?
—No muy bien, para serte sincero... —estaba cabizbajo.
—Entiendo. Últimamente no hemos ido a ver los partidos de baloncesto, ¿quieres ir? Ahora mismo están jugando.
—No, no tengo ganas.
Ichimatsu suspiró. Estaba aburrido de leer, lo cual era raro pues amaba los libros.
Estaba seguro de que había acabado ya dos novelas en una semana. ¡Una semana! No hacía otra cosa.
Choromatsu estaba abatido. Había aceptado ya que Osomatsu era el indicado para Totoko y viceversa. Suspiró con pesadez; temía llorar frente al otro.
Ichimatsu moría de curiosidad por saber qué le pasaba exactamente a su amigo, pero no quería ser imprudente sobre ello y hacerle sufrir más al volverlo un tema evidente. No se veía bien.
—Choromatsu-kun...
Fue interrumpido por el estruendo de unos pasos que se acercaban corriendo a toda velocidad con un verdadero estrépito.
Era claro que se dirigían a ellos, se oían cerca y ellos estaban en el último salón. Uno de los salones más bonitos y con las ventanas más grandes, y el más abandonado también.
—¡Hermano! —Todomatsu llegó corriendo. Se veía emocionado, pero aún así le sacó un susto.
—¿Q-Qué sucede, Todomatsu?
Ichimatsu abrió mucho sus ojos.
Después se pudo notar que alguien venía detrás de él: era Jyushimatsu, y traía su enorme sonrisa.
—¡He tenido una buena idea! —habló el menor. —¡Hagamos un club!
—¿Qué? —musitaron Ichimatsu y Choromatsu al unísono.
—Todomatsu y yo lo hemos estado pensando y... Bueno, él dice que quisiera pasar más tiempo contigo últimamente —dijo Jyushimatsu.
—Es... ¿Es eso?
—Sí, hermano —asintió Todomatsu.
—Eh, ¿y qué con eso? —Ichimatsu seguía confundido.
—Bueno, conseguí información del consejo —decía Todomatsu mientras sacaba una hoja toda arrugada del bolsillo de su pantalón y la extendía a como podía—, y dijeron que era completamente válido aún.
Le mostró la hoja. Decía lo siguiente:
*Reglas para la creación de un grupo extracurricular:
•Mínimo, cinco miembros.
•Un docente supervisor.
•Un nombre.
•El nombre de la persona a cargo.
•Propósito de la organización.
La mente de Choromatsu e Ichimatsu se quedó un blanco por un momento.
—Y, ¿ya pensaste en algo? —cuestionó el "mayor".
—No exactamente —le respondió Todomatsu—, pero hemos estado pensando que no está mal usar el tiempo libre así.
—Pero, si hacemos esto, ¿qué pasará contigo? ¿Y el club de fotografía?
—Está bien —se encogió de hombros. —No hacemos nada en realidad... Todo es individual y estoy aburrido. Por eso... —hablaba Todomatsu.
—¡Opino lo mismo! —interfirió Jyushimatsu energéticamente. —Jugar béisbol es muy divertido, pero pasar el tiempo con buenos amigos lo es más. ¡Todos ustedes me caen muy bien! ¡Hagámoslo!
Choromatsu resopló y añadió:
—Pero, no somos cinco personas...
—Con mi hermano sí que somos cinco —dijo Jyushimatsu de inmediato.
—¿Karamatsu-kun? —vaciló Choromatsu. —Bueno, eso es verdad...
—El propósito es, por supuesto, ayudarte, hermano —habló Todomatsu. —Aunque no sepamos exactamente cómo. Y el nombre será "Club para aliviar la soledad de cinco miembros sin un lugar en el cual encajar en esta horrible institución".
—¿Eh? Ese nombre es muy vago... —opinó Ichimatsu. Le pareció algo cruel también.
—Es muy realista —Jyushimatsu se rió. —Mejor: Kodoku nashi Matsu (孤独なし松).
—¡Oh! ¡Ese está bien! Bien, así se queda. Conseguí ya un docente que se encargue. Y bueno, ¡el líder será Ichimatsu-kun! —dijo Todomatsu de inmediato.
—¿Eh? ¿Y-Yo? —tartamudeó el mencionado.
—Claro, eres muy tranquilo. Un líder necesita estar tranquilo todo el tiempo —sonrió. —Bueno, necesitamos a Karamatsu-kun, ¡y ya podremos llenar la solicitud!
Choromatsu suspiró.
La creación del club esperaría hasta el día siguiente. Llegó el momento de ir a casa, y Choromatsu apenas podía caminar correctamente. Ichimatsu y el resto lo encaminaron por las escaleras, pero la parte más difícil venía para los gemelos cuando les tocó seguir solos hacia su hogar.
—Lo siento, Totty. Te estoy causando un montón de problemas...
—De eso nada, Choromatsu nii-san —apenas esbozó una leve sonrisa. Estaba cansado.
Venían días difíciles.
Nota: El nombre que Jyushimatsu eligió para el club significa literalmente "pino sin soledad". La palabra "pino" hace referencia a los nombres de ellos: "matsu".
