Gracias a la creación del club, los chicos estuvieron mucho más unidos que de costumbre. Se miraban después de clases, y cuando atardecía lo suficiente, volvían a sus casas, ya sea acompañados o cada quien por su camino.
La enfermedad de Choromatsu comenzaba a su vez a notarse más.
Se temía que difícilmente podría pasar desapercibida ante sus amigos.
De vez en cuando, durante el lapso de cambiar de aula, el chico necesitaba ayuda para poder caminar, aunque lo disimulaba. Los muchachos (con los que se juntaba y los de su salón) lo empezaron a catalogar como "lento". Lo era, ciertamente, pero tenía sus razones. Deseaba que pudieran entenderlo.
Los días pasaron, las semanas pasaron…
La degeneración en su cuerpo avanzaba asombrosamente rápido, pues comenzaba a notar cambios que antes simplemente no había. Su equilibrio, visión, audición y percepción de las cosas había sido alterado notablemente.
Se cumplía pronto un mes desde la creación del club.
Choromatsu seguía escribiendo su diario. Había hablado con su madre y le había dado un resumen de lo que creía que había cambiado desde entonces. Simplemente creía que ya no podía seguir con aquello… Le era difícil siquiera poder sostener su taza para tomar café, o sujetar el lápiz para hacer su tarea o ponerse adecuadamente los zapatos. Todo se había vuelto complicado.
Pasado el tiempo, Choromatsu le pidió a su madre que hablara con Todomatsu, pero ella se negaba…
Para ayudar a su hijo y evitar problemas a su entorno y a él mismo, Matsuyo decidió llevar al mayor de los gemelos con su doctor de nuevo. Necesitaba respuestas y saber exactamente como había avanzado la enfermedad.
Una vez que fueron al chequeo, se le recomendó dar caminatas matutinas siempre que pudiera, para hacer que el progreso de la degeneración espinocerebral disminuyera; que fuese más lento. De vez en cuando corría o hacía cualquier tipo de ejercicio en la escuela o en casa, pero ahora se obligaba realmente a hacerlo: con horarios y todo.
Como era de esperarse, Todomatsu se preguntaba cómo era que su hermano no mejoraba si ya había pasado un tiempo considerable. "Es una enfermedad de la adolescencia que… pasará pronto", se decía a sí mismo. Esperaba ver mejor a Choromatsu en el menor tiempo posible.
Choromatsu seguía escribiendo en su diario constantemente. Por lo que podía ver, las afecciones iban en incremento.
Después de bastante tiempo en la escuela con problemas para poder andar, tuvo que pedir ayuda a sus compañeros con algo de pena. Cuando cambiaba de aula en cada cambio de clase, Ichimatsu se encargaba de ayudarle con decisión. "Recárgate en mi hombro", decía, y Choromatsu aceptaba su ayuda después de un: "Lo siento".
A veces la situación no era sencilla, pues la siguiente clase sería dos pisos arriba, o algún piso más abajo. Y subir o bajar escaleras no le iba para nada bien a Choromatsu. Trastabillar con los escalones tras casa paso o sentir mareos no eran complicaciones que pudiera evitar.
Las semanas pasaban y aquello era recurrente. Ocasionalmente Todomatsu fue testigo de aquellas acciones de su hermano, lo que le hacía preocuparse. No podía pensar en por qué necesitaría la ayuda de Ichimatsu para hacer algo tan sencillo.
Al principio podía parecer como un inconveniente no tan inconveniente, pero no lo era. La enfermedad iba desarrollándose sin poder controlarse y Choromatsu no podía ya seguir peleando contra ello. El pobre chico había reemplazado poco a poco los palillos por un simple tenedor durante las comidas; cualquier cosa que pudiese sostener de manera sencilla para comer adecuadamente le iba bien.
Sin embargo, un día no pudo más.
El cambio de clase había coincidido para Karamatsu, Choromatsu e Ichimatsu, por lo que el joven mayor se ofreció para ayudar a los chicos de grado inferior.
Mientras Karamatsu dejaba que el enfermo se apoyara en su hombro para que siguiera avanzado, podía notar que, Choromatsu no lo hacía realmente. Ni un paso adelante, y ni un paso hacia atrás. El mayor de los gemelos estaba estático.
—Eh, ¿qué sucede, hombre? —preguntaba ocasionalmente Karamatsu.
—Y-Yo… no puedo moverme.
—Quizá es por las caminatas que has estado tomando, Choromatsu-kun —reflexionaba Ichimatsu, que se encontraba recargando el peso de su amigo en su otro hombro.
—No creo que se deba a… un simple entumecimiento.
Después de ello, batallaron demasiado en ayudar a su amigo a mover sus pies, uno tras otro. Fue gracias a que Karamatsu se ofreció en llevarlo en su espalda, que Choromatsu e Ichimatsu pudieron llegar casi puntualmente a la clase.
—¿En dónde habían estado? —les reñía el profesor.
—Eh… tuvimos unas complicaciones para… llegar a tiempo, p-profesor. —Ichimatsu respondía a como podía. Para su personalidad exageradamente tímida y miedosa, estar en aquella situación con todas las miradas encima suyo le hacía sentir muy mal.
—Me caí, e Ichimatsu se ofreció a ayudarme. Fue un mal golpe —complementó Choromatsu.
—¡Hay que ser distraído para caerse entre los pasillos de la escuela! Con lo poco espaciosos que son… —Al profesor se le notaba con poca paciencia aquel día. Había varias miradas entre los alumnos que no mostraban interés, y algunos otros escondían risitas entre ellos—. Pasen —les dijo el superior finalmente.
Ichimatsu sosteniendo a Choromatsu y todavía sin entrar al salón, dirigió una mirada a Karamatsu que se encontraba un poco más allá observándoles para cerciorarse de que les iría bien. Al verlo, era como si los ojos de Ichimatsu le dijeran al otro: "Vete, que también tú estás frito. No vas a llegar a tu clase. Gracias".
Karamatsu sonrió al ver que había sido de ayuda, y de inmediato se volvió al piso superior, hasta el final del pasillo. Tenía siempre montones de problemas, poco le importaba ya si debía llegar tarde a clase, o si le negaban el paso.
Cuando Ichimatsu dejó a su amigo en su pupitre, este le dio un "gracias", pero no obtuvo respuesta. El tímido chico se fue a su asiento sin decir palabra.
Al salir, estaba ansioso por que su padre fuese a recogerlos a la institución, a él y a su hermano. Definitivamente no podría caminar.
Cuando estaba guardando sus cosas en su mochila para salir, advirtió que Ichimatsu no lo había esperado. Miraba alrededor, pero poco a poco fue quedándose solo en el sitio. Al llegar apenas al pasillo, pudo ver a su hermano con Jyushimatsu y Karamatsu.
Había montones de alumnos saliendo con prisa o a calmas, por aquí y por allá, pululando alrededor.
—Todomatsu…
—¡Choromatsu nii-san! Iba a ir a buscarte, pero Jyushimatsu insistió en que vendrías pronto.
—Sí, Todomatsu. Ya lo ves, aquí estoy. —Sonrió con debilidad, y al ver de nuevo a su alrededor, dijo en voz alta—: ¿En dónde está Ichimatsu-kun?
—¿Hum? Ahora que lo dices, no estoy seguro.
—Apostaría que está en el salón del club ahora mismo —dijo Jyushimatsu.
—No lo creo, little brother. Quizá ya se encuentra camino a casa —respondió Karamatsu.
—En fin, ¡¿Vamos al club?!
Jyushimatsu se veía muy emocionado por ir al viejo club de literatura donde solamente había dos miembros, y donde actualmente había cinco, pero nadie le siguió la corriente.
—Me parece que Choromatsu-kun quiere descansar después de un día cansado, ¿no es así? —comentó Karamatsu viendo al mencionado y a su hermano gemelo.
Todomatsu solo vio a su hermano con duda.
—Sí, así es. —Choromatsu sonrió.
El rostro de Jyushimatsu cambió a uno más triste, pero luego de que su hermano mayor le recordara que todavía podía ir a jugar al béisbol, se emocionó. "Yo voy a ir a verte jugar", le dijo Karamatsu, y ambos emocionados se dispusieron a ir a la cancha más cercana donde posiblemente varios muchachos más estarían jugando por la tarde. Se despidieron de los gemelos, y se fueron.
Después de que salieran de la escuela, Matsuzo los esperaba en el portón a bordo de la camioneta blanca. Choromatsu y Todomatsu subieron, rumbo a casa.
Mientras Karamatsu y Jyushimatsu caminaban, el mayor de repente dijo que había olvidado algo y le indicó a su hermano que siguiera solo, que lo alcanzaría al cabo de unos minutos. Jyushimatsu siguió sin preocupación, rumbo a la cancha más cercana con una gran sonrisa.
Karamatsu volvió; cruzó la pequeña calle vacía, pasó por el patio de la escuela, y subió lo más rápido que pudo hasta el cuarto piso de la institución. Buscaba el salón del club que compartían.
—¡Fuh! ¡Deberían poner un elevador aquí!
Una vez estando en el cuarto piso, caminó con decisión hasta el fondo, al último salón.
Se oían las voces de algunas personas que todavía estaban en la escuela; algunos se habían quedado en sus clubes haciendo sus actividades, otros estaban jugando tenis o futbol en la cancha y unos cuantos solo estaban en las bancas perdiendo el tiempo mientras conversaban y comían algo antes de ir a sus casas.
Cuando Karamatsu asomó su cabeza por el marco de la puerta, vio a Ichimatsu leyendo tranquilamente junto a la ventana del salón. Parecía no haberse percatado de la presencia del otro hasta poco tiempo después.
El mayor entró y se sentó enfrente del chico. Ichimatsu fingió que no le importaba y desvió su vista al libro mientras cambiaba de página. Karamatsu decidió romper el silencio.
—¿Por qué no estabas con los demás?
—¿Mhm?
—Quiero decir, con Choromatsu-kun. Ustedes van a la misma clase, así que pensé que era un poco raro que no estuvieran juntos cuando nos encontramos todos en el pasillo para… la reunión del club. Aunque, bueno, no hubo reunión. Supongo que todos terminaron aburriéndose.
—¿Hablas por ti?
—Ja, ja… piensas lo mismo, ¿no?
—Siempre he estado en tranquilidad, así que no me importa si hacemos mucho o no.
—Ja, ya veo.
—Entonces, ¿por qué?
—Quería… descansar un poco.
—¿Por lo de la mañana?
—Por lo de todos los días. Es lo de siempre.
—Te entiendo, pero Choromatsu-kun necesita tu ayuda. Creo que debe ser difícil para él, y que te comportes así…
—¡Lo dices porque solo has ayudado una vez! Si tuvieras que llegar tarde a todas las clases y a todas partes porque no puedes abandonar a tu amigo, todos los días, te aseguro que no dirías lo mismo. Es… cansado.
—Debe serlo más para él.
—¡Ya lo sé! No tienes que decírmelo.
Karamatsu se dedicó a observar al otro, mientras el pobre Ichimatsu permanecía con el ceño fruncido observando su libro, fingiendo estar atento, aunque no podía leer una sola palabra.
Después de darse cuenta de que el chico de cejas gruesas no dejaba de verlo fijamente por un buen tiempo en medio del silencio, se impacientó.
—¿¡Qué!?
—Uh, ¡nada! —Se sonrojó—. Solo pensaba que tal vez no fui el único que pudo notarlo. Jyushimatsu menciono algo al respecto, pero no quería que lo recalcara. Y creo que, Todomatsu de alguna manera también pensaba que estabas aquí. Solo quería decirte eso. Adiós. —Dicho aquello, Karamatsu se levantó y se dirigió a la puerta dispuesto a irse.
No hubo respuesta por parte de Ichimatsu.
—¡Por cierto! ¿Tienes hambre? —dijo Karamatsu, dándose la vuelta para ver al taciturno chico.
—¿Eh?
—Hoy no vi a ninguno de ustedes en el comedor, y bueno, no pareces el tipo de chico que trae su propio almuerzo a la preparatoria.
—Oh, y-yo…
—¡Comamos algo de camino a las canchas de béisbol! Jsyuhimatsu está esperándome allá. ¿Qué te gusta?, ¿Takoyaki?, ¿ramen?, ¿pollo frito? —Los ojos de Karamatsu brillaban exageradamente.
Ichimatsu creyó que era terriblemente doloroso.
—No, estoy bien.
—¡Claro que no estás bien! Siempre estás leyendo libros mientras estás solo y sin hacer nada, en medio del silencio y en un lugar que no es tu casa… Vamos a comer algo, anda. —Karamatsu jaló a Ichimatsu del brazo haciendo que su libro cayera al suelo, el cual rápidamente el animado chico levantó y guardó en su propia mochila—. ¡Te lo devuelvo cuando estemos con mi hermanito!
Ichimatsu no pudo hacer nada para resistirse. Era evidentemente más débil que el sujeto resplandeciente.
Karamatsu se lo llevó de allí con rapidez hasta que casi llegaron con Jyushimatsu. Ichimatsu llevaba consigo una caja de bento que el mayor le había comprado. Las cajas de bento que se vendían cerca de la ruta que se usaba para llegar a la estación eran particularmente deliciosas.
A Ichimatsu no se le veía disgustado. Por el contrario, Karamatsu creía verlo con mucho apetito. "Podrás comer esto cuando estés en las gradas", le había dicho.
En el transcurso, Ichimatsu cavilaba sobre las palabras del otro. Tenía razón, no debía comportarse así, no debía abandonar a su amigo que tanto lo necesitaba. Pero en el fondo había querido huir y descansar por un tiempo. Solo por un momento.
Al llegar a la cancha de béisbol, Karamatsu advirtió ver a Jsyuhimatsu todo revuelto en tierra, en el suelo, peleando con un par de chicos más grandes que él. Increíblemente, parecía que Jyushimatsu iba ganando.
—¿¡Qué pasa, brother!?
Ichimatsu abrió sus ojos con sorpresa al ver la escena.
—¡Karamatsu nii-san! ¡Estos tontos querían quedarse con mi pelota!
—¡No es verdad! —decían los chicos al unísono, con la nariz sangrando y varios rasguños decorándoles la cara.
—¿¡Qué pasó entonces!?
—¡No saben perder! —gritaba Jyushimatsu, con el uniforme todo repleto en tierra y raspones.
Los pobres chicos intentaban zafarse del pequeño pero peligroso chiquillo, mientras que Karamatsu corría para ayudar a su hermano y en cambio se ganaba un par de rasguños y puñetazos también. Los "¡Kyaa!" de las chicas que presenciaban la escena se hacían presentes, mientras que a Ichimatsu no le importaba. Este, en cambio, se sentó en las gradas a comerse su bento con tranquilidad. Le parecía una escena chistosa, digna de observarse con dedicación. Si Karamatsu salía ileso o no, no le importaba. Al menos sabía que Jyushimatsu iba ganando.
—Heh.
