[ … ]
Matsuzo seguía conduciendo. Cuando después de un tiempo fue capaz de notar que sus hijos estaban muy callados, decidió hacer una pregunta.
—Y, ¿qué tal la escuela, chicos?
—Muy bien —respondió Todomatsu con normalidad—, aunque las matemáticas están matándome.
—¿Y tú, Choromatsu?
—Estuvo… bien —le dijo Choromatsu a su padre. Luego pensó para sus adentros: "después le diré sobre lo que ha estado sucediendo, una vez que mamá lo sepa primero".
Todomatsu miró por un instante a su hermano, y luego volvió a lo suyo.
Cuando llegaron a casa, el padre ofreció su ayuda para ayudar a caminar al mayor de los gemelos. Choromatsu lo rechazó. No quería que su hermano se preocupara más de lo que seguramente ya estaba.
Con cansancio logró llegar hasta el recibidor de su hogar donde entraba junto con su hermano, para darse cuenta de que ahí estaba la madre en espera de ambos. Matsuzo entraba por detrás de ellos.
—Estamos en casa.
—Bienvenidos.
La hora de la cena llegó, pero Choromatsu no bajaba de la habitación. Todos estaban ya frente a la mesa.
—Qué raro, Choromatsu ya debería de estar aquí.
—Tranquilo, cariño —decía Matsuyo al menor de sus hijos—, sabes que se tarda casi para todo.
Todomatsu soltó un suspiro.
—¿Tal vez… no escuchó?
En ese mismo instante, cuando casi inconscientemente estaban decidiendo quién de los tres iría a buscarlo, sucedió algo imprevisto.
Pudo oírse un ruido escandaloso desde el segundo piso, hasta llegar a las escaleras y toparse con la primera planta. Era Choromatsu, que se había desmayado a medio bajar y ahora yacía casi inconsciente hasta el final de la escalera.
Los tres dirigieron su vista al chico.
Los ojos de la madre estaban desmesuradamente abiertos por el asombro, el padre se puso de pie para ir a auxiliar a su hijo, y Todomatsu estaba absorto en lo que ocurría sin poder decir o hacer nada.
—¡Choromatsu! —gritaba la mujer, yendo hacia su hijo.
—Choromatsu —hablaba el hombre mientras sujetaba a su hijo de los hombros para hacerle recobrar la consciencia—, ¿puedes oírme?
Choromatsu apenas abría los ojos; miraba todo borroso, la cabeza le daba vueltas, pero no estaba del todo inconsciente. Estaba en un estado parecido al sonambulismo.
—Nii-san…
Todomatsu estaba sorprendido y preocupado.
—Llevémoslo al hospital —se decidió el padre.
Matsuyo asintió y se dirigió hacia la entrada para tomar su saco del porche y salir inmediatamente. Ambos ayudaban al chico a caminar.
—¡Yo también voy!
—No, Todomatsu. Tú quédate. Necesitamos a alguien que se haga cargo de la casa mientras estamos fuera.
—P-Pero…
—Por favor, hijo, obedece. Volveremos lo más pronto posible.
Dicho aquello, se fueron, quedando únicamente el gemelo menor en casa.
Camino al hospital, la preocupada mujer rezaba por el bienestar de su hijo y su pronta mejora, mientras que el padre conducía con precaución, pero priorizando llegar rápidamente con el médico.
Al llegar, el doctor los dio las noticias después de unos chequeos.
—Parece que la enfermedad ha estado desarrollándose, y más rápidamente de lo que se preveía.
—D-Doctor, ¿hay algo que podamos hacer para… ayudar a nuestro hijo?
—Mientras siga haciendo sus ejercicios y actividades diarias recurrentemente, señora, todo va a ir bien. Es importante luchar contra la enfermedad y no caer en el ocio, para que el cuerpo y la mente no se acostumbren a ello. De lo contrario…, bueno, la enfermedad va a ir incrementando.
—Nuestro hijo hace lo mejor que puede —dijo esta vez el padre del chico—, pero la enfermedad no deja de crecer. ¿Es inevitable?
—Aunque crece día con día, la diferencia fuera abismal si desde el principio ustedes no ayudasen a su hijo, señor y señora Matsuno. Por el momento, es todo lo que se puede hacer. —El doctor se puso de pie y fue hasta la camilla donde Choromatsu descansaba, ya consciente—. ¿Cómo te sientes ahora, Choromatsu-kun?
—Estoy algo… mareado. Pero, me siento mejor.
El doctor asintió y le hizo unas preguntas, tales como:
—¿Has tenido nuevas dificultades? ¿Notas algo diferente en ti?
—Yo he tenido dificultades para andar últimamente —dijo el chico—, y me mareo constantemente. Además, sostener las cosas es algo difícil. Lo ha sido desde hace tiempo, pero ha ido sintiéndose… diferente. Y, ¿cómo decirlo? Siento como si caminar fuera algo que… no puedo hacer muy bien.
El doctor asintió.
—Entiendo. Y, dime, Choromatsu-kun, ¿qué tal se siente escribir? ¿Has continuado con el diario que te pedí?
—Oh, doctor, escribir es siempre tan complicado como sostener los palillos al comer.
—Entiendo. ¿Crees que puedas ponerte de pie?
—Sí, eso creo.
Apoyándose en el profesional, puso sus pies bien plantados en el suelo. Comenzó a andar despacio hasta llegar con sus padres. Los ojos de la mujer estaban llenos de lágrimas que no se permitía dejar salir.
El médico les dijo que deberías estar atentos de ahora en adelante, porque los síntomas más fuertes de la enfermedad estaban comenzando a presentarse.
—Doctor, mis hijos son gemelos. Por tanto, comparten genes. Son genéticamente idénticos, y aun así…, ¿por qué solo uno de ellos se vio afectado por esta enfermedad? —La mujer cuestionaba con preocupación.
—Sinceramente, señora Matsuno, no estoy seguro. Ambos de sus hijos podrían ser objeto de estudio ya que nunca se había presenciado un caso similar. Es bastante confuso. ¿Comprende? La medicina lamentablemente no tiene todas las respuestas para todo, aún.
La mujer estaba pensativa, y su esposo escuchaba atentamente. Hasta el momento presente, Matsuzo había comprendido por fin cuán dificultosa era la condición de su hijo.
El doctor estaba serio, se mostraba totalmente empático siempre. Deseaba con pasión poder ayudar a sus pacientes.
Entonces se puso de pie y mirando muy de cerca a Choromatsu, le extendió un pequeño libro de cuentos que tenía sobre su escritorio. El chico lo sostuvo.
—Choromatsu-kun, hazme el favor. ¿Podrías leerme los 3 primeros párrafos de este libro?
Choromatsu no entendía por qué el doctor le pedía aquello, pero por supuesto, no se opuso. Leyó con dedicación.
Sus padres le observaban atentos al igual que el doctor. Cuando por fin hubo terminado la lectura, el hombre hizo unas anotaciones en una libreta de bolsillo y estiró su mano para que Choromatsu le devolviera el libro.
—Bien, Choromatsu-kun, ¿tienes alguna inquietud que me quieras comentar? —dijo el doctor. Choromatsu pensó sobre ello, pero al final solo terminó negando con la cabeza. El médico prosiguió—: Bien, cualquier duda, señor y señora Matsuno, y Choromatsu-kun, contáctenme a este número —les dio una tarjeta—, estoy disponible a todas horas. Y, por favor, Choromatsu-kun, sigue escribiendo todos los días. Es importante poseer una bitácora en estas situaciones.
Después de que el doctor les dedicara una sonrisa sincera que pudo lograr aligerar los pesados sentimientos de preocupación de la familia, se retiraron.
Una vez de vuelta en casa, se encontraron con un preocupado Todomatsu que se mordía las uñas con desesperación. Al ver entrar a sus padres junto a su hermano, solo pudo soltar un suspiro de alivio y sonreír un poco.
—Papá, mamá…, Choromatsu nii-san, ¿c-cómo ha ido todo?
—Tu hermano está bien.
Tras escuchar a su padre pronunciar aquellas palabras, Todomatsu no lo dudó ni un solo segundo y se dirigió a abrazar a su hermano. El chico le correspondió la acción. Se sentía totalmente afligido y aterrado. No sabía qué podía hacer para comprender a su otra mitad. En el fondo, de verdad creía que algo no estaba bien.
9:30 pm.
—Hay que dormir temprano, nii-san. Así tendrás energías para mañana. Creo que nos toca jugar contra el club de baloncesto… —le hacía saber Todomatsu.
Ambos estaban ya acostados en sus camas, únicamente con la pequeña lámpara de dormir encendida.
—Claro que, si no quieres jugar, únicamente debes negarte y ya —seguía diciendo Todomatsu—. ¿Quién demonios quiere jugar contra ese ridículo club de baloncesto, con ese estúpido de Osomatsu-kun como líder? Esas personas son raras. Por suerte, nuestros grupos se encuentran en una buena categoría.
Choromatsu no le prestaba mucha atención. Estaba cavilando sobre asuntos que parecían perderse en la nada. Pensaba en la manifestación de los síntomas de su enfermedad.
—Todomatsu…, olvidé hacer la tarea. —Estaba dispuesto a ir hacia el escritorio, abrir la libreta y ponerse a escribir. Más que nada, quería priorizar escribir en su diario. Lo demás le tenía sin cuidado.
—¡Acuéstate! Estás exhausto y yo también lo estoy. Ya habrá tiempo mañana para eso. Le pediré la tarea a alguien en el salón, y por supuesto no va a ser Jyushimatsu-kun. No creo que sea el tipo de persona que lleva siempre las tareas… Ugh, tal vez encuentre a alguien me que ponga al corriente con todo.
—En fin. Buenas noches, Choromatsu nii-san.
Todomatsu apagó la luz, negándole totalmente a su hermano el derecho de usar el escritorio. Estaba priorizando su buen descanso, sobre todas las cosas.
A la mañana siguiente, cuando ambos se habían puesto ya el uniforme, salieron de casa. Matsuzo los dejó a ambos en la escuela. Iban más o menos tarde.
Los gemelos se despidieron en el pasillo y perdiéndose cada uno entre los alumnos que pululaban alrededor, se dirigieron a su aula.
Cuando Todomatsu llego a su asiento, se encontró con Jyushimatsu que estaba jugando cartas con un punado de chicos a los que Todomatsu no les dirigía mucho la palabra. Al verlo, Jyushimatsu abandono el juego y corrió hacia el chico.
—¡Totty!
—Buenos días, Jyushimatsu-kun. ¿Eh? ¿Qué te sucedió? ¡Tienes toda la cara llena de rasguños!
Ver a su amigo lleno de curitas por todas partes (rostro y manos) le hizo sorprenderse.
—Ayer fue una buena tarde, Totty. ¡Ja, ja, ja, ja!
Tras oír la risa de Jyushimatsu, a Todomatsu le invadió un escalofrío. Le era increíble pensar que realmente existiera alguien que estuviera riendo siempre con tanta energía.
—Qué remedio… Por cierto, Jyu-kun, ¿trajiste la tarea de álgebra?
—¿T-Tarea?
—No me digas que… ¡Ay, no puede ser! Vamos, hay que pedirle la tarea a alguien.
—Nadie hizo nada, Totty. Eso estaba muy difícil.
—Pero tiene que haber alguien que...
—¿Y tu hermano no la tiene, Totty? Tenemos los mismos profesores.
—Ayer… no tuvo tiempo para eso.
—¡Iré a preguntarle!
—Es… ¡Espera!
Jyushimatsu salió corriendo del salón con mucha prisa. Luego de 10 minutos, volvió con toda la tarea hecha.
—Jyushimatsu-kun, ¿quién te la dio?
—Choromatsu-kun.
—¡¿Mi hermano?!
—Dijo que ayer no tuvo tiempo de revisarla, pero después de que le pedí ayuda revisamos juntos las ecuaciones y los problemas. Yo no entendí nada, pero él resolvió todo en un momento después de leerlo solo una vez. ¡Es un genio!
—Uff, sí, lo es. —Todomatsu estaba de nuevo sorprendido por las habilidades de su hermano para el desempeño escolar.
—¡Al parecer ustedes dos comparten la misma cara, pero no el mismo cerebro!
—Oh, cállate Jyushimatsu-kun.
Todomatsu le propinó un coscorrón a su amigo y comenzaron a luchar entre ellos. Empezaron a reír, y después a seguir copiando la tarea.
Al cabo de unos 5 minutos, el profesor entró al aula.
Cuando Choromatsu entró al aula, lo primero que vio fue la espalda de Ichimatsu. Estaba dormitando sobre su mesabanco.
—Buen día, Ichimatsu-kun.
El mencionado apenas movió la cabeza y con un gesto devolvió el saludo. Sus ojos estaban marcados por negras ojeras, como siempre.
—Buen día, Choromatsu-kun.
—¿Qué sucede? Luces cansado…
—B-Bueno, ayer Jyushimatsu-kun y ese estúpido de su hermano mayor me obligaron a ir con ellos a ver el partido de béisbol. No terminó hasta pasadas las 8 de la noche y perdí varias veces el camión para volver a mi casa. Además, debía hacer las compras y… mi madre no me dejó volver hasta que lo hiciera.
—Oh, eso no suena muy bien —admitió.
—¿Y tú?
—Igual que siempre. —Sonrió.
Para ese punto, Ichimatsu deseaba gritar: "¡perdón por abandonarte ayer! Sentía tanta culpa que acepté ir con Jyushimatsu y ese idiota de la guitarra a un lugar que no suelo frecuentar para despejarme la mente". Pero ninguna palabra salió de su boca. Esperaba que Karamatsu no lo delatara diciendo que lo había visto en el salón del club el día anterior.
En ese momento había llegado Jyushimatsu con prisa entrando al salón ajeno y diciendo: "Choromatsu-kun, ¡ayúdanos con esta tarea por favor!", a lo que Choromatsu respondió: "Bien, ¿qué es lo que no entiendes?", y Jyushimatsu le decía: "¡No entiendo lo que no entiendo!"
Choromatsu le dio la tarea hecha después de explicarle inútilmente los temas. Jyushimatsu le reverenció incontables veces y se fue a toda prisa con una gran sonrisa.
El profesor entró al aula al cabo de unos minutos. Choromatsu volvió a su asiento.
Dos clases después del receso, tocaba el enfrentamiento entre equipos de baloncesto para aumentar las calificaciones y realizar la formación de nuevos clubes/equipos del mismo.
El cartel pegado en la entrada del salón de baloncesto estaba redactado así:
*Primer enfrentamiento:
1-A / 1-B. 2-A / 2-B. 3-A / 3-B.
1-C / 1-D. 2-C / 2-D. 3-C / 3-D.
*Segundo enfrentamiento:
1-A, 2-A, 3-A.
1-B, 2-B, 3-B.
1-C, 2-C, 3-C.
1-D, 2-D, 3-D.
De modo que, era afirmativo el hecho de que casi todos los chicos de todos los grupos se enfrentarían entre sí. Primero se enfrentarían entre el mismo grado pero variando el grupo, y después de terminar las rondas, en enfrentarían todos los grados divididos en grupos A, B, C y D, independientemente de las clasificaciones. Sería hasta el final cuando comenzaría a haber grupos eliminados.
Al último, entre los mejores de cada grupo se formaría un único equipo representativo de toda la escuela, al cual pertenecía actualmente el popular Osomatsu, alumno del 3-A, que ejercía como líder en el mismo.
—¿Para qué tanto enredo? —decía un perezoso Todomatsu.
—El equipo representativo está principalmente conformado por alumnos de tercer grado, y debido a que pronto se graduarán, la escuela necesita de un nuevo grupo para jugar con otras escuelas durante los eventos —explicaba Karamatsu, de vez en cuando haciendo ademanes exagerados, complementando su habla.
Todomatsu se sorprendió igual que en la mañana al ver también el rostro de Karamatsu lleno de rasguños y vendajes en las manos, pero decidió ignorar el hecho y solo agregó:
—Oh, ¡no creo que clasifiquemos!
—¿Tú no eres de tercer año también, Karamatsu-kun? —dijo Choromatsu—. La participación de tu grupo no tiene caso entonces.
—Bueno —se unió Ichimatsu—, los adultos aquí son tontos. Podrían pedir voluntarios para formar el equipo representativo institucional y ahorrarse este estúpido evento basura. De ese modo los talentosos saltarían a la luz a voluntad, ¡y listo! Basta de este show. De mí se acuerdan: pronto no podrán oler otra cosa que no sea sudor.
—Estoy de acuerdo… Comienzo a ponerme nervioso —decía Choromatsu mientras se amarraba el suéter a la cintura, quedándose únicamente con la camisa blanca y el pantalón deportivo.
—¡Hay que divertirnos, my friends! No va a repetirse de nuevo —animaba Karamatsu.
Todos pusieron cara de fastidio a excepción de Jyushimatsu.
Todos estaban de acuerdo en que los únicos con cualidades excepcionales para el deporte eran Karamatsu y Jyushimatsu.
—¡Pero yo no estoy interesado en el baloncesto! Yo quiero jugar béisbol.
—Esta vez se trata de baloncesto, Jyushimatsu —decía Todomatsu.
De pronto se comenzó a sentir un aura diferente. Las chicas de todos los grupos y algunos chicos también estaban llegando para sentarse en las gradas. El evento carecía de participación femenina, por lo que el grupo de amigos comenzaba a temblar de nerviosismo al imaginarse siendo vistos por cientos de muchachas. Ichimatsu había empezado a sudar en exageración antes de que siquiera la competencia comenzara.
—Por cierto, Karamatsu-kun, lo siento mucho por ti —dijo Todomatsu—. Serás el primero en enfrentarte al mejor de lo mejor. ¿Cómo te sientes? —comenzó a reírse. Le gustaba molestar a sus amigos de vez en cuando.
—¡Sin problema!
—¿Siquiera le hablas a Osomatsu?
—No tanto como ustedes, pero hemos intercambiado un par de palabras de vez en cuando. Como sea, puedo hacer lo que él hace. —Parecía que mucho brillo emanaba de él cada que se expresaba, aunque solo fuera un poquito.
Los demás seguían nerviosos.
Entonces comenzaban a hacer tiempo mientras alguien los llamaba para indicarles su turno. Los alumnos de todos los grupos estaban revueltos como si la hora del receso se tratase. Los juegos no comenzaban.
Por un momento, cuando la vista de Choromatsu se perdió, pudo divisar a Yowai Totoko en las gradas cercanas al grupo de los terceros. Cuando la vio, pudo notar que ella a su vez lo miraba a él. Al chocar ambas miradas, la chica desvió la vista lo más rápido que pudo y fingió hablar con una chica que estaba a su lado como si nada hubiese ocurrido. El corazón de Choromatsu se abatió.
Después de casi 15 minutos en que nada se ponía en orden, el director habló con ayuda de un megáfono para que no hubiera alumno incapaz de escuchar las indicaciones que estaban a punto de explicarse. Primero: todos los alumnos debían reunirse con su grupo. En segundo lugar: organizarse para la competencia y entrar y salir rápidamente, equipo tras equipo, para agilizar el evento.
"Este será un día largo", pensaba Ichimatsu.
Después de pensarlo al mismo tiempo, los gemelos midieron los tiempos en que se enfrentarían los respectivos grupos de cada uno de ellos. Estaban divididos así:
*Osomatsu: 3-A
*Karamatsu: 3-B
*Choromatsu/Ichimatsu: 1-A
*Jyushimatsu/Todomatsu: 1-C
Dependiendo de cómo le fuera a cada grupo, se definirían los próximos enfrentamientos.
—¡Fórmense, grupos 3-A y 3-B! —indicaba el profesor de educación física.
Los alumnos lo hicieron.
En un momento dado, estando frente a frente, Osomatsu dirigió una sonrisa amistosa a Karamatsu, la cual fue correspondida de la misma manera. Y viendo hacia el fondo, Osomatsu notaba los ojos llenos de amor que Totoko le dirigía, correspondiendo también con el mismo gesto afectuoso.
Choromatsu sintió un sudor frío al seguir percibiendo la presencia de la muchacha, aunque ésta estuviera a metros de distancia. Esperaba que las náuseas que habían surgido de repente en él desaparecieran lo más pronto posible.
Fue a sentarse junto al resto de su grupo en una esquina cercana a la pared para observar a los dos terceros durante su enfrentamiento, se cruzó de piernas, inhaló y exhaló; Ichimatsu le siguió por detrás, abrazando sus piernas en el piso.
Entonces, el juego comenzó.
