El evento comenzó bien. Los primeros en jugar fueron los grupos de tercero.

El enfrentamiento no fue tan breve como se suponía. Debido a la mala organización y al carácter de los alumnos, las partidas se alargaron más de lo debido.
Al principio estaba siendo aburrido, pues para Todomatsu, Choromatsu, y compañía, no había conocidos en los grupos superiores, por lo que echar porras o clavarse en el partido resultada difícil. Además los jóvenes como Choromatsu o Ichimatsu que no solían ser excelentes deportistas se concentraban en intentar mantener la calma hasta que les llegara su turno de jugar, en vez de disfrutar el partido presente.
Sin embargo, aunque nadie conociera a aquellos muchachos, el juego se volvía divertido entre más mirabas. Aquella estaba siendo una buena oportunidad para acaparar a las chicas.

Después de unos minutos se dio paso por fin al enfrentamiento que los chicos estaban esperando; el enfrentamiento entre Osomatsu y Karamatsu.

—¿¡Tan pronto!? Creí que lo dejarían como broche de oro —exclamó Todomatsu.
—¡Para nada! Los terceros abrieron los juegos esta vez para motivar a todo el mundo. ¡TÚ PUEDES, KARAMATSU NII-SAN! —Jyushimatsu agitaba las manos para llamar la atención de su hermano.
—Ya veo. Choromatsu nii-san jugará con Ichimatsu-kun, ¿verdad? Me pregunto cómo les irá.
—A ti no se te ve preocupado por ti mismo, Todomatsu.
—Porque me toca jugar en tu equipo, Jyushi. El básquetbol no es lo tuyo, pero si te va bien en cosas como el béisbol entonces no hay problema. —Rió.

Jyushimatsu y Todomatsu estaban sentados junto a su grupo sobre las gradas que estaban alrededor del salón de baloncesto. Más allá, al borde de las gradas más bajas estaban los otros equipos de los primeros, y en otra sección estaban los montones de chicas que habían ido a fisgonear solo para ver a Osomatsu. Además, el equipo del 1-A, al cual pertenecían Choromatsu e Ichimatsu les quedaba justo en el frente, al otro lado de la cancha. Ambos hermanos menores observaban a aquellos dos chicos sentados en el suelo junto a una pared. Había montones de muchachos que preferían descansar en el suelo en lugar de usar las gradas o las sillas de plástico, por lo que daba espacio suficiente para que más alumnas y alumnos ajenos al juego pudieran ir a observar.

Osomatsu ciertamente no era muy guapo, pero tenía cierto carisma y esencia que hacía enloquecer a las chicas. Se estaba robando toda la atención, misma por la cual Karamatsu luchaba por conseguir.

Después de varias encestadas y demás, el juego se acababa poco a poco. Para los chicos de tercero era una pena, pues era la última vez que jugaban con sus propios compañeros en la institución. Su graduación se acercaba.
Disfrutaron tanto de las partidas que las miradas de las muchachas ni las sintieron; querían divertirse lo más que pudieran.
Las risas y abucheos de unos contra otros se hacían sonar, los profesores aunque ejerciendo su autoridad también se divertían, y las porras de los grupos de amigos y montones de chicas se hacían sonar a todo pulmón. Aquello, acompañado al sonido del balón rebotando una y otra vez, junto al olor de comida clandestina hizo que fuera el ambiente correcto de un buen partido de baloncesto juvenil.

El equipo de Karamasu perdió, aunque poco le importaba. De vez en cuando volteaba a las gradas a hacerle un guiño a las muchachas y a saludar a sus amigos; una que otra chica se reía burlonamente o se sonrojaba, y sus amigos sonreían con pena.

Cuando se encontraban en la fase media, todo se había tornado un poco menos interesante otra vez para quienes no conocían a la mayoría de alumnos. Sobre todo para los recién egresados o alumnos nuevos.

Ichimatsu se moría de aburrimiento y al mismo tiempo de nervios. Desviaba su mirada con necesidad de encontrar a sus pocos amigos con ésta. A su lado yacía Choromatsu que en ratos se reía por lo que veía o se volvía a un estado neutral en instantes, más allá miraba a Jyushimatsu gritándole a todo el mundo para pelear, apostar o alentar, y a un lado de él estaba Todomatsu que platicaba en ratos con algunas chicas que se habían colado entre los equipos para mirar mejor el juego. Al otro lado, cerca de la entrada del salón, estaba Osomatsu que bebía de una botella de agua fría mientras se limpiaba el sudor con una toalla, y cerca suyo, aunque aparte, Karamatsu descansaba en un banquillo esperando la suplencia mientras se hacía aire con un abanico de papel improvisado.

Después de los de segundo año llegó la hora de jugar para los de primero.

Choromatsu e Ichimatsu se morían de la ansiedad, pero confiaban en su grupo.

—¡Hag-Hagámos lo mejor, Ichimatsu-kun! —djio el mayor de los gemelos mientras posaba su mano en el hombro de su amigo.
Ichimatsu asintió con un gesto como el que se tiene cuando uno tiene náuseas.

Las indicaciones no eran muy difíciles de entender, pero llevar acabo la actividad no era sencillo.

Durante el primer partido del 1-A contra el 1-B, todo estuvo bien. Choromatsu estaba muy agitado, e Ichimatsu estaba más deshidratado que nunca, pero no se habían rendido. Habían encontrado lo divertido después de un rato.
Al cabo de unos minutos Ichimatsu pudo notar que, aunque era muy tímido, Choromatsu tenía un talento innato para el liderazgo, casi tanto como Osomatsu, pues luego de unos minutos ya se había entendido mejor con los miembros del grupo, y de por sí casi no les hablaba durante clase.

En momentos en que los gritos no les aturdían, la voz de Todomatsu acompañada de la voz de Jyushimatsu se hacía sonar. «¡Eso, Choromatsu nii-san!» «¡Pueden hacerlo, Choromatsu-kun, Ichimatsu-kun!»

Choromatsu había comenzado a marearse, pues no tenía una muy buena condición física pese a tener una buena figura.
En un momento, de repente, sintió que estaba a punto de colapsar, cosa que su hermano gemelo pudo notar a la distancia y le hizo preocuparse. Pero el mayor enseguida se repuso y le dedicó una simple sonrisa diciendo: "¡Estoy bien, hermanito!"

Seguido de aquello, y después de un tiempo considerable, vino el enfrentamiento de los de 1-C.
Jyushimatsu y Todomatsu pasaron a la cancha junto a su equipo tan confiados como lo estarían los miembros de tercero.

Ichimatsu y Choromatsu se fueron a sentar al suelo de nuevo mientras sus corazones palpitaban al mil.
Ichimatsu, con el pelo más revuelto que de costumbre y las mejillas sonrojadas por el calor, hacía lo mejor que podía por recobrar el aliento. Se quitó también la sudadera y la ató a su cintura como Choromatsu.
Su compañero, en cambio, estaba frotándose el rostro con un paño para secarse el rostro y devolverle un poco de su palidez. Cuando había pasado su mano por su nariz, pudo notar algo: estaba sangrando. No era una hemorragia nasal grave, pero si podía resultar terriblemente molesta en medio del juego. Ichimatsu pudo notar aquello, por lo que Choromatsu se alteró un poco.

—Choromatsu-kun…
—¡Estoy bien, estoy bien! —se apresuró a decir—. Esto le puede pasar a cualquiera después de semejante jornada, ja, ja.
—Claro que no. Trotar un poco y sangrar no es lo normal… Hasta alguien que trota por las mañanas hace más que…
—¡En fin! Nada de qué preocuparse —interrumpió Choromatsu—. Echémosles porras. Es lo que ellos hicieron con nosotros. ¡Mira! —apuntó con su dedo índice mientras todavía sujetaba el paño hecho bola en su mano— ¡Allí está mi hermano y Jyushimatsu está frente a él! Es probable que ganen de manera más fácil que nosotros.
—¿Ganamos?
—Sí, por el momento. ¿No te diste cuenta? —se frotó la nariz de manera parecida a como Osomatsu lo hacía.
—No —respondió un agotado Ichimatsu mientras negaba con la cabeza—, solo estaba concentrado en no morir antes del tiempo establecido del partido.
—¡Ja, ya veo! —Choromatsu desvió inmediatamente su atención hacia el partido que ya estaba comenzando—. ¡Ánimo, Jyushimatsu y Totty!

Después de un rato Choromatsu se encontraba regañando a Ichimatsu porque éste no se atrevía a levantar la voz ni para animar a sus amigos. Se rió bastante con aquello.

—¡HAZ LO TUYO, BROTHER! —gritaba Karamatsu con mucho ánimo.
Jyushimatsu sonreía mientras agitaba su mano en respuesta a su hermano mayor.

Luego de 30 minutos se conocieron los resultados del 1-C contra el 1-D. Increíblemente, el 1-C perdió.
Unos derrotados Jyushimatsu y Todomatsu caminaban hacia las gradas nuevamente esperando su nuevo turno en el siguiente periodo.
Aun desde lejos, los reclamos de Jyushimatsu podían escucharse por todas partes.

—¡Es que nadie hacía nada más que yo! Y ni siquiera puedo jugar esto. No es justooooooo.
—Calma, Jyushimatsu-kun. —Todomatsu hablaba casi sin aliento. Por lo visto los únicos con condición física eran Osomatsu y Karamatsu. Mientras encaminaba a su amigo para que se sentara de nuevo a su lado, siguió diciendo—: Para la próxima, con algo de suerte, podremos darle una paliza a los de 2do y 3ro D.
—¡Imposible, Totty!

El próximo enfrentamiento era del 1-A contra el 2-A. Nuevamente Choromatsu, Ichimatsu y su equipo con el grupo de segundo.
Todos estaban nerviosos pero estaban decididos.

Ya iba gran parte del día que se iba en los partidos de básquetbol. Ya era la tarde. Muchas de las personas espectadoras se habían ido a jugar a los salones del campus, a las canchas de afuera, o simplemente a platicar o dormitar por ahí. Si las chicas ya eran escasas aquel día, ahora lo eran más. No se le permitía a nadie abandonar la escuela todavía. Era, de alguna forma, una especie de festival deportivo en donde únicamente jugaban hombres y solo se jugaba básquetbol.

Durante esa sesión, la pelota fue hacia Choromatsu. Él de inmediato intentó ir por ella para poder tenerla a su poder, pero para su sorpresa, su cuerpo no se movió.

Estaba confundido. "¿Eh?"

La mayor parte de su equipo se había desesperado por haberle confiado un movimiento tan importante. "¿Qué demonios sucede, Matsuno?" "¡Reacciona!" "Hombre, fue un lanzamiento sencillo…"

Un obtuso Ichimatsu lo miró sin poder decirle nada. Choromatsu le sonrió con pena y siguió con el juego.
Después de eso, Choromatsu había comenzado a sentirse raro. Su cuerpo no había reaccionado por alguna razón, como si tuviese algún tipo de anestesia. Movía las manos y los dedos de los pies para comprobar que todo estaba en orden, pero no entendía su reacción. Fue de repente.
Estaba comenzando a marearse, y aunque no se podía mirar en un espejo, presentía que la sangre se correría de su nariz pronto.
Luego de aquel partido en el que ganaron con muchísima suerte, seguía el próximo enfrentamiento: 1-A contra 3-A.

Estaban exhaustos, no tendrían un momento de descanso y no había relevos disponibles, pues los grupos de primero tenían inexplicablemente menos alumnos que los grados superiores.

A Ichimatsu comenzó a dolerle el estómago, y Choromatsu ya no podía más consigo mismo. Ninguno de los dos hacía saber sobre su malestar.

—¿3-A? Ese es el grupo de Osomatsu-san —dijo Jyushimatsu.
—¿¡Qué!? No tienen oportunidad… Él y su equipo son alucinantes.
—No seas así, Totty. El 1-A ha avanzado mucho y no han perdido, pese a todo. Puede que les hagan frente. De hecho, si lo piensas bien, los únicos miembros que no son muy buenos jugando son… Eh…
—Ichimatsu-kun y mi hermano. Ja, ja… Rayos. Aun así, animémosles, Jyushi.
—¡SÍ!

Choromatsu e Ichimatsu estaban tan tensos que esta vez no habían escuchado las palabras de aliento. Estaban concentrados en dos cosas: mantenerse de pie, y ganar el partido.

—Si no necesitara puntos extra en la mayoría de materias no estaría aquí jugando este estúpido partido —refunfuñó Ichimatsu.

Choromatsu se rió con debilidad ante el comentario de su amigo.

Poco antes de que el juego comenzara, Osomatsu les saludó desde lejos, agitando la mano sutilmente con una sonrisa.
Choromatsu estaba sorprendido, no creía que de verdad los recordara después de tanto, pero no dejaría que el pensamiento le molestara; devolvió el gesto. Ichimatsu apenas se movió, pero pareció inclinar la cabeza de manera apenas perceptible.

Osomatsu, de dos grados superior, les parecía intimidante viéndolo de otro modo. Era más alto, con complexión a la vista más fornida y tenía un aura de confianza. Esta vez sería su último partido oficial, por lo que seguramente no se dejaría ganar. Pensar en aquello hacía que a Choromatsu e Ichimatsu se les erizase la piel.

—¡Ánimo, equipo!
El 3-A ya estaba en sus posiciones, mientras que los chicos del 1-A apenas se organizaban.

Todomatsu estaba casi rezando por que el grupo de primero saliera sobreviviente a pesar de las pocas probabilidades. Jyushimatsu estaba haciendo un baile extraño con la esperanza de animar a los participantes, y el resto solo observaba con mucha emoción.

El profesor indicó que comenzaran, y lazando el balón hacia arriba, el equipo del Osomatsu fue el primero en sacar.

Nadie había tenido oportunidad de ver los movimientos de los mayores detenidamente, pues eran veloces. Actuaban casi por instinto, no parecía que estuvieran pensando antes de moverse.
Cuando el 3-A dio la primera encestada, se hicieron sonar los gritos de todos alrededor. El equipo de primero estaba perdiendo las esperanzas. De un momento a otro Choromatsu se reunía con sus compañeros para intercambiar palabras y formar algún plan o estrategia mientras Ichimatsu se limitaba a quedarse en su misma posición y esperar ordenes una que vez se hubiesen puesto de acuerdo.

Choromatsu cubría su nariz. La sangre había comenzado a brotar y no había señal de que fuese a detenerse pronto. Ichimatsu lo notaba, estaba haciendo señas desde el otro lado de la cancha para que se tomara un descanso, pero el otro no accedía.
Todomatsu por un instante sospechó que algo estaba yendo mal, pues notaba a su hermano cada vez más cansado y a Ichimatsu carente de su estoica expresión.

Alguien del equipo de primero había logrado anotar una canasta contra el grupo de tercero.
Algo no estaba marchando bien; cuando Choromatsu había intentado moverse, de nuevo, sus piernas no respondían rápidamente. No podía evitarlo, no tenía dominio sobre sí mismo. El equilibrio en sí mismo estaba mal.

El partido estaba por terminar, al menos quedaban 10 minutos de juego.
Por un tiempo estuvieron igualados en puntaje, el juego se había puesto interesante. No obstante, en el momento menos esperado, Osomatsu había tomado la delantera; tenía el balón a su poder y estaba dispuesto a remeter contra el 1-A. Osomatsu corría mientras botaba la pelota con gran velocidad, estaba acercándose a Choromatsu.

—¡Eh, Matsuno! No lo dejes pasar, ¡tápale el paso, que no se te escape! —La voz de uno de sus compañeros le gritaba con adrenalina.
—¡Muévanse, muchachos! Ichimatsu-kun, ¡acaba de pasar a un lado tuyo, maldición! —protestaba otro.

Osomatsu sonrió al ver a Choromatsu tan cerca. No se detendría.

Lo que sucedió a continuación dejó desconcertados a muchos de los espectadores y jugadores.
Cuando vieron a Choromatsu desvanecerse y dar contra el suelo, se preguntaron si realmente había sufrido un desmayo o si quizá estaba fingiendo para que una posible falta les hiciera el favor de avanzar con puntaje en el partido. La mayoría siguió jugando, no se veía mal al principio, sin embargo, algunos de los muchachos notaron después de efímeros segundos que, de la cabeza de Choromatsu brotaba sangre.

—¿¡Choromatsu nii-san!? —Todomatsu se levantó de las gradas enseguida. Estaba totalmente angustiado. Corrió lo más rápido que pudo para encontrarse con su hermano, dejando atrás a un confundido Jyushimatsu.
A la lejanía se divisaba a Karamatsu tan zurumbático como quienes le rodeaban.
—¡Espera, Totty! —Sin pensarlo demasiado, Jyushimatsu siguió a su amigo.

Osomatsu que apenas se había dado cuenta de lo que ocurría, se detuvo poco antes de poder encestar. Tenía el balón entre las manos cuando se dio cuenta de que Ichimatsu y otros miembros de ambos equipos se habían puesto alrededor del pobre chico.
Al notarlo, corrió de inmediato y se arrodilló en el suelo para intentar hablar con Choromatsu, con la esperanza de que se encontrara bien. No hubo respuesta.

Al moverle el pelo de la frente pudo notar que había una herida en su cabeza. No era muy grave, pero si lo suficientemente escandalosa como para derramar bastante sangre sobre el suelo.

—Su nariz… Está sangrando. Acaso…, ¿¡acaso lo golpearon!? —Osomatsu estaba sorprendido.
—¡N-No! —hablaba Ichimatsu—, creo que él había tenido una hemorragia antes de que los juegos comenzaran. —Ciertamente Ichimatsu se había percatado de que Choromatsu quería esconder ese detalle mientras jugaba, pero no quería que lo culparan por habérselo callado y tampoco quería mentir completamente, por lo que mencionar una hemorragia previa al evento era lo mejor.

Uno de los profesores se acercó a ayudar al muchacho. El adulto había ordenado a todos disiparse para que a Choromatsu lo dejaran respirar adecuadamente, y también indicó que lo llevaran a la enfermería.

—¡No hay nadie en la enfermería! —hizo saber un alumno.
Todomatsu había llegado a la escena apenas, mientras Jyushimatsu le seguía por detrás. Karamatsu se había acercado también, aunque mantenía cierta distancia, donde no podía observar a detalle. Conocidos y amigos cercanos le hacían compañía junto a dos profesores.
—¡Choromatsu nii-san! —Todomatsu estaba al borde de las lágrimas—, ¿qué… sucedió?
—Al parecer simplemente se estampo contra el suelo sin ninguna razón —respondió un chico del grupo.
—¿¡Que no hay nadie en la enfermería!? Por Dios, esto no debería pasar. —Un profesor se quejó.
—De igual forma —dijo otro docente—, llévenlo a la enfermería mientras llega alguien a atenderlo.
—¡Llamen a una ambulancia, maldita sea! —exclamó un enfadado Osomatsu.
Ichimatsu se comía las uñas del nerviosismo.

Después de unos minutos, alguien llamó una ambulancia y se reanudaron los juegos.

—¡Yo iré con él! —dijo Todomatsu con convicción.
—¡Claro que no! —le espetó uno de los maestros—. Vas a quedarte aquí junto a los otros. Por muy amigos que todos sean, los juegos siguen. Va a estar bien.
—¿¡No es muy evidente!? ¡Es mi hermano!

Al ver su cara exactamente igual que la de la víctima, el profesor soltó un suspiro y le permitió únicamente a él y a Osomatsu llevarlo hasta el otro salón, lejos del área de baloncesto.

Osomatsu cargó a Choromatsu en su espalda hasta el salón de la enfermería, acompañado de Todomatsu. Un profesor ajeno al evento y a las actividades físicas escolares se había adelantado al lugar para poder ofrecerle los primeros auxilios de manera adecuada poco antes de que llegara la ambulancia.

—Osomatsu-kun, Choromatsu-kun… —musitaba una Totoko preocupada al ver que su novio se llevaba en su espalda al chico que antes había sido tan gentil con ella. Había una maraña en su corazón.

Los juegos continuaron. El enfrentamiento del 1-A y 3-A se concluyó como un empate y después de un rato, todos volvieron al ambiente anterior, como si nada hubiese pasado.
Jyushimatsu enfrentó al 2-C y al 3-C en completa soledad. Se sentía extraño al no percibir más porras de nadie que él apreciara.

De camino a la enfermería, a Osomatsu se le veía tranquilo y a Todomatsu más inquieto que nunca. Cuando llegaron y recostaron al muchacho en una camilla, el profesor le limpió el rostro y le trató la herida superficialmente.

—Estaré afuera esperando a los primeros auxilios, chicos. No van a tardar tanto, supongo. Me avisan si pasa algo, debería poder respirar mejor.
—¿Usted sabe de primeros auxilios, profesor? —preguntó Osomatsu.
—¡Claro que no, chico! Yo sólo enseño matemáticas. Pero si la enfermera no vino hoy, alguien tiene que hacer algo. Iré afuera.

El docente se fue.

Luego de un tiempo pudieron oír cuando una ambulancia había entrado a la escuela después de casi 15 minutos.

—Todomatsu-kun, no llores. Estoy seguro que se pondrá bien. Alguien vendrá pronto. Hemos jugado sin descanso y a tu hermano no se le ve muy seguido en el área de deportes, ja, ja. A cualquiera puede pasarle esto en esta clase de eventos, ya sabes…
—No ha sido una sola vez. —Todomatsu hablaba mientras sorbía el moco y se limpiaba las lágrimas—. ¡Algo está mal y es momento de que me lo diga!
—¿Mhm?
—Es que… esto no puede ser simplemente una enfermedad de adolescentes.