Todomatsu seguía limpiándose las lágrimas cuando los paramédicos se llevaron a su hermano. Osomatsu tuvo que quedarse en el instituto, pero el menor pudo acompañarle al hospital. Definitivamente quería saber todo sobre el estado de Choromatsu. Poco tiempo después pidió ayuda a una enfermera para comunicar a sus padres y hacerles saber sobre la situación. Un profesor había ido también al hospital para custodiar a los jóvenes.

Todomatsu se sentía terriblemente solo en ese momento. No pensaba en que había dejado a sus amigos sumamente preocupados en medio de un partido que ya no deseaban continuar, y sus padres, muy preocupados también, se dirigían al hospital en la camioneta para ver a su hijo.

Casi tres horas después, habían dicho que la lesión no fue grave por sí misma, pero que el hecho de que aquello se hubiera repetido varias veces era peligroso. Choromatsu debía cuidar más de sí mismo.

Choromatsu estuvo en la camilla durante más tiempo en aquel cuarto de hospital. El profesor se hubo ido una vez que los padres llegaron, y Todomatsu tuvo que salir, pues era todavía menor de edad. «No soy un niño —se decía a sí mismo—, ¡pronto cumpliré 16 años!»

Al día siguiente Choromatsu no se presentó a clases. Tenía la frente todavía con una contusión, por lo que el dolor tardaría en desaparecer por completo. Ya estaba bien, pero sus padres querían consultar a su doctor de cabecilla, por lo que dejarían que Todomatsu asistiera solo a la escuela. El menor se sentía tan extraño y temeroso, pues nunca se separaba de su hermano, pasara lo que pasara. Pero aquel día sería diferente.

Antes de salir de casa, con el uniforme ya puesto y la mochila colgando del hombro, Todomatsu le dijo a su madre que le dijera de una vez lo que pasaba con su hermano. Que estaba angustiado y que necesitaba conocer su estado de salud. La mujer respondió así:

—Consultaremos al médico para saber precisamente eso, cariño. Pórtate bien y no te olvides de poner atención en clase. Tu hermano va a estar bien.

El muchacho no estaba satisfecho con aquella contestación, pero no tenía ya tiempo para seguir con el tema. Llegaría tarde si no se daba prisa. Su padre se ofreció a llevarlo en la camioneta pero Todomatsu dijo que no. Tenía ganas de usar el autobús y perder algo de tiempo, aunque aquello sacrificara un poco de su desempeño escolar.

Esa mañana en la preparatoria todo el mundo estaba hablando sobre el partido del día anterior. Por lo que escuchaba entre los pasillos y grupos de amigos entre salones, el grupo de Osomatsu perdió gracias a que su líder se había retirado. La mayoría de grupos de primero no lograron un puntaje muy alto ni en las finales y algunos grupos de segundo habían derrotado tanto a los grupos de primero y tercero.
A Todomatsu no le interesaba recordar nada de aquello. No le interesaba.
Justo cuando estaba pensativo en su pupitre, apareció un energético Jyushimatsu, aunque con una cara notablemente triste.

—¡Totty! —exclamó—, ¿cómo siguió Choromatsu-kun? No lo vi junto a Ichimatsu-kun hoy.
Todomatsu se preguntaba desde cuando sus amigos habían comenzado a llamarle "Totty", pero poca importancia le dio a su vago pensamiento y respondió:
—La enfermera dijo que estaba bien, pero que debía ser más cuidadoso. Hoy se quedó en casa. Ayer perdió sangre así que… es mejor que descanse.
—¿Por qué le sucedió eso?
—Porque… Eh, no lo sé. Ha estado enfermo pero…
—¿Y Osomatsu-san?
—S-Se fue poco después de que llegara la ambulancia. Pero, en fin, ¿qué sucedió con el partido?
—¡No pude concentrarme después de lo de ayer así que no miré! Estaba preocupado por ustedes dos. Y tampoco quise seguir jugando. —Jyushimatsu infló sus mejillas infantilmente.
—Jyushimatsu-kun…
—¡Ah! Tenía miedo de que no vinieran. Pero es un alivio saber que Choromatsu-kun está bien y que tú estás aquí.
—Gracias… Y, bueno, ¿por qué llegas tarde hoy?
—¿Yoooooo? Tú eres el que llega tarde. Estaba abajo en el comedor esperando por algún de ustedes. Ichimatsu-kun se había dado por vencido, Osomatsu-san estaba ya en clase y mi hermano me dijo que siguiera esperando porque seguro llegarían, y en cierta parte, ¡Karamatsu nii-san tenía razón! Cuando te vi subir las escaleras vine lo más rápido que pude.
—Ya veo. Gracias otra vez… Más tarde reunámonos en el salón del club con los otros. Creo que a Choromatsu nii-san le gustaría descansar un poco más a solas en casa.

Como lo dijo, ese día después de clases se reunieron los chicos: Karamatsu, Ichimatsu, Jyushimatsu y Todomatsu. Sin embargo, no había mucho que hacer o de qué hablar. Estaban tomado fotografías para ciertas actividades o adelantando sus tareas. Poco tocaron el tema de Choromatsu, pero Todomatsu y Ichimatsu intercambiaron unas palabras sobre ello.

—Antes del partido —comentó Ichimatsu— pude ver que la nariz de Choromatsu-kun sangraba. Creí que quizá era por el exceso de ejercicio, pero aun así no me parecía algo común.
—¿No le dijiste nada? —preguntó Karamatsu.
—Le dije que dejara de jugar, pero él no quiso irse…
La voz de Ichimatsu pasó de sonar sombría a escucharse preocupada.
—Yo creo que… —Todomatsu había comenzado a hablar de manera indecisa— Choromatsu nii-san está sufriendo algo en silencio. Pero no tengo idea de nada.
—¿Por qué lo piensas? —cuestionó Jyushimatsu.
—Pues ha estado haciendo cosas extrañas. Y además… no se comporta como normalmente debería. No puede ni siquiera caminar de manera correcta, es mucho más lento en todo y ha tenido accidentes más seguido que antes… Ya no come tanto como antes. De repente su letra se ha vuelto fea, y pareciera como si siempre estuviera cuidándose de algo.
—¿Cuidándose de algo?
—Ajá. Como si tuviera miedo de hacer algo mal.
—Ya que lo dices, Todomatsu —dijo Ichimatsu—, Choromatsu-kun me pidió ayuda varias veces para subir las escaleras. Y creo que una vez me pareció ver que… no podía atar las cintas de sus tenis. Supuse que quizá no sabía hacerlo y no dije nada para no hacerlo sentir extraño, pero…
—¿En serio? Bueno, es lo que quiero decir —dijo Todomatsu—, ha dejado de hacer cosas que sabe hacer, y que no son muy difíciles. ¡Mi hermano sabe perfectamente cómo atarse las cintas! Rayos, es que… hay tantas cosas que necesito preguntar.

5:00 pm.

Todomatsu volvió a su casa.
Su madre lo recibió con comida caliente sobre la mesa. Le dijo que Choromatsu estaba dormido arriba en su habitación. Su padre leía el periódico también sentado a la mesa.

La mujer le había preguntado sobre su día, a lo que Todomatsu respondió que muy bien. Seguido de ello, ahora él cuestionó:

—¿Qué dijo el médico sobre Choromatsu nii-san?
—Ah, tu hermano necesita reposo, pero va a estar bien.
Matsuzo que seguía mirando el periódico dejó de prestarle atención por un momento para ver de reojo a su esposa, como si le riñera de algo. Todomatsu no dijo nada. Estaba pensativo, por lo que solo asintió y siguió comiendo. Tomó un sorbo de la sopa de miso y masticó algo de arroz blanco. Después de estar en silencio por más tiempo y con sus platos a medio comer, dijo:
—¡Estoy harto de esto! ¡¿Por qué no me dicen qué sucede?
—¡Todomatsu! No levantes la voz —le espetó su padre.
—Es que… ¿por qué? Lo que pasó es grave. Ustedes no lo vieron… El piso estaba manchado con su sangre. Se ha comportado raro. No puede andar solo porque se balancea terriblemente, e incluso ha comenzado a comer todo con un tenedor porque no puede usar los palillos. Todas las noches cuando escribe ese diario que comenzó hace meses… veo la manera en que lo hace; no sujeta de manera normal el bolígrafo. Lo toma como si estuviera aprendiendo recién a escribir. Y… en la escuela ha tenido tantos problemas. Uno de mis compañeros tiene que ayudarlo diariamente a subir las escaleras. No puede tomar el autobús porque es mucho problema para él cualquier movimiento y los deportes de le dificultan exageradamente. ¿Cómo puedes seguir diciendo que va a estar bien con únicamente reposo? Somos gemelos, y sé lo que él siente. ¡Algo sucede y tienen que decirme lo que es!
—Todomatsu…
La mujer estaba entristecida. Jamás pensó que su hijo fuese tan perceptivo. Pero lo que decía era cierto; no era ingenuo para nada. Después de todo, era el hermano de Choromatsu, con quien siempre estaba compartiendo su vida.
Matsuzo, al igual que su esposa, no se veía muy dispuesto a hablar, pero suponía que debía hacerlo. Un secreto como aquel no se podía guardar para siempre. Matsuyo había quedado muda.

En aquel preciso momento, un perezoso Choromatsu bajaba las escaleras con lentitud. El sonido de sus pasos no debería ser muy audible, pero en la cocina los tres miembros de la familia eran tan silenciosos que hasta el más mínimo crujido del suelo turbaba la serenidad.
Cuando el hermano mayor se asomó por el marco de la puerta que daba al comedor, vio a su hermano con expresión aun modorra.

—¡Todomatsu! Hola…, bienvenido.
—Nii-san.
—¿Mhm?
—¿Cómo te sentiste durante el día?
—No voy a mentir; duele mucho. —Al decir aquello, Choromatsu posó su mano en el vendaje que tenía todavía en la herida de la cabeza y esbozó una débil sonrisa que lucía adolorida. Todomatsu frunció el ceño con tristeza.
—Choromatsu nii-san, ya que papá ni mamá quieren decírmelo, ¡por favor, házlo tú!
—¿Eh?
Los padres compartieron mirada de preocupación.
—Sé que algo anda mal contigo… Has estado actuando extraño. Aquí en casa, en el instituto, y… no puedo soportarlo más. Dímelo, por favor. Esa "enfermedad de la adolescencia" no existe, ¿cierto?
—Todomatsu… —Matsuyo hizo un intento por desviar la conversación, pero fue inútil. Ni su marido ni su hijo lo hacían.
Choromatsu respondió con mirada abatida:
—No, Todomatsu. No existe… tal cosa. Pero…
—"¿Pero?"
Matsuzo observaba a sus hijos con detenimiento, esperando a que fuese el momento adecuado para unirse a la conversación.
—¿Te has dado cuenta de que he estado escribiendo un diario, Todomatsu?
—Sí, nii-san.
—Bien, pues eso es una especie de… registro. Para llevar una bitácora sobre el avance de mi enfermedad…
—¡¿Enfermedad?! Si la "enfermedad de la adolescencia" no existe, ¿entonces qué sucede? —Todomatsu miraba a sus padres esperando a que dijeran algo. Al notarlo, la mujer reaccionó.
—Es una enfermedad que avanza poco a poco, Todomatsu. Afecta varios comportamientos del día a día… Y hemos estado viendo si hay manera de controlarlo de mejor manera. —Matsuyo hablaba mientras aparentaba ser una mujer fuerte, pero en el fondo habría querido llorar hasta saciarse—. Esa enfermedad se llama "degeneración espinocerebral".
Todomatsu escuchaba atento.
Degeneración espinocerebral… —repitió el menor como si quisiera cerciorarse de que había escuchado bien. Como si quisiera convencerse de saber qué era aquello tan amenazante y desconocido.
Su padre complementó la información dada por su madre.
—Comenzó hace algunos meses. En realidad, puede que siempre haya estado en el cuerpo de Choromatsu, pero comenzó a manifestarse hace relativamente poco tiempo. Pero, por alguna razón —hablaba Matsuzo—, tú no te ves afectado. A pesar de ser gemelos, hay algo en tu organismo que no permitió que la enfermedad se desarrollara en ti. Es… una condición complicada.

Hubo un silencio largo e incómodo. Choromatsu se había sentado a la mesa junto a ellos. Estaban los cuatro alrededor de la pequeña mesa redonda, tratando el tema con todo el valor que podían. Todomatsu palideció al ver que los ojos de su hermano se habían humedecido. Una lágrima alcanzó a escurrirse por su mejilla.

—¿Hay… una cura para eso?
Al ver el rostro lacrimoso de su hermano y madre, pasó por su mente lo peor. Su padre se había limitado a negar lentamente con la cabeza, de manera casi imperceptible.
Después de que sus padres le contaran los detalles de aquella enfermedad, Todomatsu se había quedado pensativo. Estaba con el ceño fruncido, su mirada clavada en la mesa y las manos apretándose entre sí con ansiedad, mientras esperaba una respuesta.
—El doctor dijo —Choromatsu rompió el silencio con los ojos todavía llenos de espesas lágrimas— que no hay cura.
Las palpitaciones de Todomatsu aumentaron de ritmo. No lo podía creer. ¿Ta grave era? Sus padres y su hermano se miraban realmente serios. Dos de ellos lloraban, y el padre se mantenía firme, aunque no podía disimular su inconmensurable dolor.
—No… No puede ser. Es muy repentino… ¿P-Por qué no me lo dijeron antes? Esto es demasiado repentino…
Choromatsu comenzó a sollozar en silencio.
—¡Pero…! No todo sucederá de repente, ¡¿cierto?! —hablaba Todomatsu de nuevo. Era el único que se atrevía a hablar después de aquello—. Hay mucho tiempo para mi hermano todavía… Tiene muchas cosas que hacer. Incluso si su cuerpo no funciona de la manera correcta, ¡yo le ayudaré con lo que sea! Incluso si un día deja de hablar o de caminar… ¡Yo voy a estar siempre de su lado!
Choromatsu sonrió mientras limpiaba inútilmente sus lágrimas. No paraban de salir, por más que quería detenerlas.
—Me alegra oír eso. Todos vamos a esforzarnos mucho, y apoyaremos a tu hermano. —Matsuyo limpió sus lágrimas también, contenta de que su hijo más pequeño no se viese tan endeble ante la noticia.
—Lo siento… A partir de ahora, voy a ser realmente una carga… Más de lo que ya lo he sido —dijo Choromatsu con la voz aún gangosa—. Lo siento…
—¡Nada de eso! Si es Todomatsu, o papá, o yo… —decía la mujer—, ¡eso no cambia nada! Todos apoyaremos al miembro de la familia que lo necesite, siempre.
Matsuzo y Todomatsu asintieron con determinación.
—Lo siento… —susurró Choromatsu una vez más.
El ambiente era triste. Nadie sabía por qué aquella enfermedad había querido atacar a Choromatsu.
—¡Tranquilo, Choromatsu nii-san! Yo no lo sabía. Seguro no te cuidé como debía hacerlo, pero voy a esforzarme mucho. ¡Siempre seré tu aliado! Déjamelo todo a mí.
—Hermano…
—Ja, ja… ¡Ese es mi hijo! —exclamó Matsuzo orgulloso del joven Todomatsu.

Choromatsu siguió llorando en silencio mientras Todomatsu le decía que no se preocupara por nada, ya que él se volvería su ángel de la guarda. La mujer estaba aliviada de que sus hijos se apoyaran mutuamente, sin embargo, al recordar las palabras del médico, no podía estar tranquila. Sus vidas cambiarían drásticamente pronto…

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N. de la A:

¡Hola! Gracias por llegar hasta aquí. Bien, como dije en el prólogo, no soy conocedora experta del tema y hay un montón de cosas que puede que invente para que la historia cobre sentido, por ejemplo, el hecho de que Todomatsu no se vea genéticamente afectado ni un 0.01% aunque es gemelo de Choromatsu. Y bueno, para que ustedes puedan darse una idea de la enfermedad y no tener que ser específica en las descripciones, les dejo aquí los síntomas que han afectado y que seguirán afectando a nuestro querido Choromatsu. Espero que me lean hasta que lleguemos al final de esta historia. Todos sus votos y comentarios son bienvenidos :)

-Ary.

*Síntomas de la degeneración espinocerebral:

Problemas con la coordinación y el equilibrio (ataxia)

Andar tambaleante

Falta de coordinación ojo-mano

Habla anormal (disartria)

Movimientos involuntarios del ojo

Problemas de visión

Problemas o dificultad para el aprendizaje y recordar información

Mala coordinación

Marcha inestable o con los pies muy separados

Equilibrio reducido

Dificultad con tareas de motricidad fina, como comer, escribir o abotonarse una camisa

Cambios en el habla

Movimientos involuntarios de los ojos hacia adelante y hacia atrás (nistagmo)

Dificultad para tragar

Los signos y síntomas pueden aparecer en cualquier edad.

*Bibliografía:

Ataxia espinocerebelosa. (s. f.). Recuperado 2 de octubre de 2022, de . /espanol/12343/ataxia-espinocerebelosa/

Ataxia -Síntomas y causas- MayoClinic. (2022, 9 abril). Recuperado 2 de octubre de 2022, de es-es/diseases-conditions/ataxia/symptoms-causes/syc-20355652