En vista de que la situación iba empeorando, no les quedaba de otra que ceder a su única alternativa. La condición de Choromatsu era delicada y el paso imparable del tiempo luchaba en contra de la familia Matsuno.
Los chicos, sobre todo Ichimatsu y Todomatsu, aunque no querían admitirlo, comenzaban a cansarse un poco de Choromatsu.
Recientemente, Choromatsu había conseguido una nueva silla de ruedas y podía evitar sentir dolor o molestias por sus torpes pero naturales movimientos, gracias a la tecnología de ésta. Aquello hizo, de todas formas, que la tarea de ayudar al joven a moverse fuese todavía batallosa.
Cargar la silla de ruedas a todas partes era en exceso algo que, quienes le rodeaban, desearan que fuese capaz de ayudarse por sí mismo. No había de otra, pero, en lo posible, les gustaría solo no ayudar y volver a sus vidas normales. Llegar tarde a clases y encima cansarse en exceso no ayudaba a nadie.
Choromatsu era consciente de las molestias que causaba pese a las cansadas sonrisas que otros le dedicaban, no obstante, eran muchos los que se hacían de la vista gorda a la hora de echar una mano. Luego de semanas de la misma rutina, todos a su alrededor comenzaban a molestarse poco a poco, incluido su querido hermano.
Debido a su enfermedad, y también a la ausencia de infraestructura para discapacitados, fue necesario tomar riendas para ejecutar el plan y cambiar a Choromatsu de instituto.
—¡Ese lugar es un asco! —decía Todomatsu mientras comían en casa—. ¿Cómo es posible que tenga una gran desventaja para las personas como mi hermano? No es justo. Yo no quiero que Choromatsu nii-san se aleje de…
—Lo sabemos, mi amor —dijo su madre a la vez que ponía su mano sobre la de su hijo—, pero la decisión ya está tomada.
—Mamá…
Choromatsu no dijo nada. Hacía tiempo que la pronunciación de sus palabras no era muy buena y por recomendación del doctor, era mejor que no forzara su garganta a excepción de frases breves o sus ejercicios vocales.
Los chicos, en todo caso, ya conocían su estado de salud. Karamatsu se enteraría tarde o temprano por su hermano.
El último mes de clases se terminaba, y Choromatsu tenía que hacerse la idea de que todo cambiaría. Sus ojos tristes lo delataban.
Un día, de repente, llegó el momento de la despedida. Fueron dos semanas antes de las vacaciones de verano. Choromatsu se iba del instituto, a uno que estuviera capacitado y especializado para minusválidos.
Aquel día, luego de las clases, Todomatsu estaba con su hermano, Ichimatsu Jyushimatsu y Karamatsu, todos en el salón del club.
—De modo que este salón volverá a estar vacío —comentó Karamatsu casualmente—. Hum… Va a extrañarnos a todos, y yo también lo haré, fellows.
—¡Yo también! —dijo Jyushimatsu—. Luego de que tú, nii-san, no estés, todo será aburrido. Será triste y solitario sin Choromatsu-kun, y será extremadamente soso cualquier partido de básquetbol en el que no participe Osomatsu-san.
—Ah, los partidos. Sí, tienes razón. A nosotros nos queda tiempo aquí —dijo Ichimatsu. Después, en un intento de animar un poco a Choromatsu que estaba rígido y pensativo en su silla, dijo—: Choromatsu-kun, la vida siempre nos da nuevas oportunidades a todos. Estoy seguro de que… esto va a hacerte bien. Los padres no suelen tomar decisiones con el objetivo de perjudicar a sus hijos, ¿entiendes?
Choromatsu y compañía se habían quedado perplejos. Ichimatsu daba la sensación de restregar en todas partes su negatividad, pero era solo una fachada por su comportamiento flojo, desinteresado y monótono. En el fondo, era inteligente y consciente de la realidad, así como casi imperceptiblemente optimista.
—E-Entien…do Ichimatsu-kun… Gra-Gracias —respondió Choromatsu con algo de dificultad, sonriendo.
Ciertamente, sus capacidades del habla se agravaban cada día un poco más.
—¡Bien, my friends! ¿Les parece si toco alguna canción para despedir a nuestro muchacho?
Jyushimatsu sonrió aplaudiendo varias veces y Todomatsu asintió muy simpático. Ichimatsu hizo un ademán de cubrirse los ojos como si estuviera encandilado por el brillo que Karamatsu desprendía de sí mismo.
—Oh, Karamatsu-kun… —dijo Choromatsu haciendo pucheros—. Vas a… hacer que yo… Ja, ja. Te estás bur-burlando de mí. Quieres hacerme llorar.
Los ojos de Choromatsu se habían llenado de lágrimas, las cuales luchaba por contener.
—Choromatsu nii-san… —Todomatsu también estaba muy conmovido.
Sacando su guitarra y pasando por las cuerdas la púa del instrumento, comenzó a hacer sonar una melodía. Seguido de ellos había comenzado a cantar. No era una canción animada, pero tampoco una triste. Parecía que la había escrito exclusivamente para el grupo del club, conformado solo por cinco personas. Choromatsu había comenzado a llorar; creía que no merecía amigos tan buenos que tuvieran una visión tan transparente, que no les faltara empatía y que estuvieran apoyándole siempre. Y, sobre todo, estaba agradecido eternamente con su hermano, por jamás hacerle sentir inferior o menospreciarle, por siempre ofrecerle su hombro y una sonrisa. Por no hacer que en él afloraran sentimientos negativos y comprenderle y defenderle siempre.
En ese instante, sintió que tenía mucho por qué llorar, además de la consciencia de su triste y cruel enfermedad.
Luego de aquello, todos abrazaron a Choromatsu. Al igual que su hermano, Todomatsu lloraba, Karamatsu se mantenía positivo en extremo y Jyushimatsu también con sus ojos llenos de lágrimas, abrazaba a su amigo mientras esbozaba una radiante sonrisa. Ichimatsu había estado luchando con todas sus fuerzas por no romperse como los otros, y también entre sus brazos había estrujado con mucho cariño a su amigo.
Todomatsu no vería ya muy seguido a su hermano. La nueva institución a la que asistiría Choromatsu actuaba también como una especie de internado. Choromatsu viviría y estudiaría ahí con otras personas en su mismo estado o similares. Además, estaba algo alejada de la ciudad.
Los gemelos también iban a dejar de verse por mucho tiempo.
El traslado del mayor a la nueva institución se llevó a cabo, y aunque su madre no estaba del todo despreocupada, veía por el futuro bien de su hijo, al igual que el padre lo hacía. Los profesores no eran muy estrictos, pero daba la sensación de que tampoco eran muy indulgentes. Todomatsu sospechaba que algo quizá no estaría bien, pero no dijo nada a sus padres ni a su hermano, pues confiaba en que fueran solo corazonadas.
Luego de dos semanas sin Choromatsu en la escuela, las clases terminaron, las vacaciones llegaron, y el evento de graduación de los de tercero se llevó a cabo. Osomatsu y Karamatsu entrarían a la universidad, y el resto de los chicos cursaría su último año de preparatoria allí.
Estando en el instituto para discapacitados, a Choromatsu le venían muchos pensamientos a la mente. Pensaba en sus amigos que ya estaban muy lejos de él, pensaba en su hermano, en sus padres, y aunque no podía evitarlo, también pensaba de vez en cuando en Totoko, su amor no correspondido. Se preguntaba qué sería de ella y de Osomatsu ahora que ambos irían a distintas universidades. Y, recordaba aquella canción que había escuchado por última vez junto a sus amigos.
Luego de que le explicaran donde estaba el comedor, las reglas del instituto y que le dieran su propia habitación, Choromatsu recibió una llamada de Todomatsu a su celular. Antes de ir, su madre le había dicho que le conseguiría un teléfono celular y que lo llamarían todas las noches. Aquella llamada era lo único que Choromatsu esperaba ansiosamente todos los días.
—¿Hola?
—¡Choromatsu nii-san! —exclamó Todomatsu—. ¿Cómo te fue en tu primer día?
—Muy… bien. No he hecho la g-gran cosa, her-hermano. Es el primer día, después… de todo.
—Entiendo. Pase lo que pase, ¡no te desanimes! Los médicos y profesores de esa institución deben ser muy atentos. Estuve investigando un poco, y creo que esto va a ayudarte mucho. Iré un día de estos a visitarte, ya que son vacaciones de verano.
—Sí, Totty. —Sonrió detrás de la línea.
—Eh, supongo que no tienes vacaciones de verano por las normas del lugar, pero vas a tener diario tus horas de actividades para tu mejora física, además de los estudios. Será como cuando nos quedábamos durante las vacaciones en la casa de la abuela, ¿te acuerdas?
—Aunque, a-aquí no hay televisión —dijo, soltando con debilidad una tenue risita.
—¡Eso te distraería! Será mejor que hagas cosas que te fortalezcan. —Todomatsu notaba la manera en que la enfermedad de Choromatsu aumentaba, pues según él, lo oía cada vez con más dificultades para pronunciar cualquier palabra. Con dificultad de soltar cualquier sonido—. Y, por cualquier cosa, si algo no va bien, dímelo, ¿de acuerdo?
—Sí, claro. Gra-Gracias, Totty. Voy a… dar lo m-mejor.
—No te desanimes, voy a estar contigo siempre, pase lo que pase. Nunca hemos estado separados, pero esto solo será por poco, ¿bien?
—¿Vas a… estar siempre con-conmigo? ¿A-Aunque estés lejos y… yo te… necesite?
—¡Claro que sí, Choromatsu nii-san! Siempre voy a estar contigo, hasta el último momento. ¿Qué acaso tú no me acompañabas al baño a mitad de la noche porque tenía demasiado miedo como para hacerlo yo solo? Es lo mismo. Si lo amerita y tú tampoco puedes hacer algo por ti mismo, iré corriendo hacia ti. Aunque sea a la mitad de la noche o lo que sea. Tú solo llámame.
—Gracias…, hermanito. —Choromatsu sonrió abiertamente, ahí, sosteniendo el celular en su oído, sentado sobre la cama.
Todomatsu también sonrió.
—En fin, buenas noches. Espero que tu primera noche no sea mala.
—Saluda a mamá y… a p-papá por mí.
—Claro, lo haré.
Terminaron la llamada y cada uno volvió a su propio mundo. A través de la ventana observaron la luna con melancolía. Era la primera vez que dormían separados.
