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xSouh
Jaula: Kago no Tori no Juin
Capítulo 2: Alas
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Kakashi bostezó cansado, estaba realmente tentado a sacar uno de sus hermosos libros, ¿cuál sería? ¿volumen dos o tres? Las escenas finales del dos eran realmente buenas, dejaba al lector con la duda sobre si podría conquistar a la protagonista o definitivamente la perdería, pero en el tercero la narrativa era tan perfecta que no podía pasar por alto la gran mejora del maestro Jiraiya.
Pero ya tenía una torre de papeles y pergaminos por firmar que no paraban de seguirse acumulando. Y esa era tarea que no podía solo delegar a Naruto, ¡Como quería que ese niño ya estuviera listo para tomar el puesto de kage!
― ¡Kakashi-sama! ―lo interrumpió Kurenai, la jounnin aún no entendía muy bien lo que odiaba que hicieran eso. ―Acaba de llegar un halcón Taki no Sato.
El único ojo visible de Hakate se abrió ligeramente, dejando su sorpresa a la vista de la jounnin, no tenían ninguna misión en común ahí, solo la de Sakura…
Y como si fuera un mal presentimiento, el kage abrió el pergamino que le entregó la pelinegra y lo comenzó a leer rápido, la kunoichi solicitada nunca llegó y aparte de todo el hombre al que tenía que escoltar había muerto.
― ¿Qué pasó? ―preguntó Kurenai, intrigada por la falta de respuesta del hokage, en todos los años que lo conocía nunca lo vio actuar de esa manera.
―Haruno Sakura nunca llegó a Taki. ―dijo, pero en su mente estaba haciendo cuentas. ―Sakura salió de Konoha hace ocho días, para estas alturas ya debería estar en Iwa.
― ¿Cree que haya desertado? ― susurró, temiendo decir esas palabras, después de todo la pelirosa fue su alumna.
―Sakura jamás dejaría Konoha. Al menos no de esa forma. ―aseguró, comenzando a revolotear entre los papeles para buscar la copia de solicitud de misión. ―Llama a Inuzuka Kiba, Uzumaki Naruto y Nara Shikamaru. ―ordenó.
La pelinegra salió de la oficina y Kakashi se mordió el dedo pulgar para llamar a Pakkun, sería difícil seguir el rastro de una persona que salió hace más de una semana, pero no se podían quedar sentados.
― ¿Qué pasa, Kakashi-sempai? ― preguntó Naruto, fue el primero en llegar ya que se encontraba en los archivos de la torre.
―Sakura no llegó a Taki no Sato. ― le dijo, esperando varios segundos para que el rubio empezara a procesar las palabras.
― ¿Ella…?
―No lo sabemos, Naruto. ―lo interrumpió, temiendo la palabra que su alumno diría. ― formaré un escuadrón de búsqueda.
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El dolor en su cabeza era similar al que alguien sentiría si su cráneo fuera abriéndose por la mitad lentamente, mandando flechazos en todas direcciones que la mantenían en un estado de inconsciencia. Su cuerpo se sentía húmedo, transpiraba a pesar de que la temperatura del ambiente era suficiente para matarla de hipotermia y no podía ver nada, una venda cubría sus ojos, fue imposible quitársela, sus manos y piernas estaban fijas con grilletes
En algún punto del día alguien la alimentaba, ponían comida de consistencias blandas en su boca y la obligaban a tragarla. Era difícil saber dónde estaba, sus sentidos estaban nublados por el dolor y tampoco podía recordar mucho.
Fue imposible llevar la cuenta del paso del tiempo cuando lo único que veía era negro y se desmayaba cinco minutos después de intentar pensar. No supo si se acostumbró al dolor o simplemente iba desapareciendo, cada segundo se volvía más tolerable y su captor también lo vio.
La mujer sobre la camilla ya no se retorcía, ya no luchaba por llevarse las manos a la cara y quitarse la venda que cubría su cabeza y solo dejaba al descubierto la boca y nariz.
Ordenó a sus hombres sacar el equipo medico que mantuvieron para atenderla, limpiar la sangre derramada y cambiar las sabanas por unas limpias, también le quitaron los grilletes que la mantenían inmovilizada.
No había ventanas en la habitación, el techo, paredes y suelo eran de color blanco y la lampara incandescente del techo solo servía para intensificar lo pulcro del cuarto.
Abrió los ojos, más por la intensidad de la luz que le molestaba que porque sintiera la necesidad de hacerlo, el color atacó sus sentidos, pero esta vez el dolor se posicionó en las sienes, se llevó el antebrazo a la cara para cubrirse y esperó.
Sus sentidos desarrollados por años de entrenamiento comenzaron a funcionar, pero no había ni una sola firma de chakra su alrededor, el único sonido en la habitación era el de su respiración y las corrientes de aire que entraban por las ventilas superiores. No se molestó en subir a verificar si encontraría una vía de escape por ahí, estaban reforzadas con acero, ese lugar era una prisión y quien sea que haya invertido en diez ninjas de alto nivel para capturarla, no cometería un error tan burdo.
Fue imposible saber la hora, pero en algún punto del tiempo, una rejilla se abrió y le dejaron una charola de comida, se levantó de un solo brinco, esperando poder ver a alguien, necesitaba información si quería salir de ese lugar.
―Espera. ―gritó, cayéndose de rodillas en el suelo, y levantándose la bata medica con la que estaba vestida.
Nadie le respondió, la reja se cerró y quedó encerrada de nuevo.
Se levantó, apoyándose con las manos para ir hasta el lugar, la charola era de plástico blanco -para variar- pero la comida en ella no parecía para nada lo que le darían a un prisionero. El humo que desprendía indicaba que estaba caliente y el puro olor hizo que las tripas de la pelirosa lloraran de hambre, pero se negó a comerlo por muy apetitoso que pareciera.
Volvió a la cama, cansada.
No supo cuanto tiempo pasó, pero la acción anterior se repitió, alguien cambió la charola por una nueva comida que olía igual de bien, trató de hablar con la persona, pero de nuevo fue ignorada. Se rindió después de la tercera vez.
Quiso llevar la cuenta de los días por medio de las comidas, su estomago dolía del hambre, pero se negó a comer, su tenacidad se rompió a la comida número nueve, devoró el plato, ignorando sus pensamientos anteriores sobre venenos o drogas.
―Veo que has aceptado la comida, Haruno-san. ― habló un hombre, abriendo la única puerta de la habitación. Sakura se levantó de la cama, poniéndose en posición de defensa y buscando un arma entre sus ropas por puro instinto.
Esperaba encontrarse con algún shinobi extranjero, alguien que la hubiera secuestrado por información, por alguna técnica médica o para exigir un intercambio a su aldea, incluso pensó en algún criminal rango S, pero jamás espero que fuera alguien de Konoha, mucho menos el líder de uno de los clanes nobles.
―Hyuuga Hiashi ― susurró, quemándose en su garganta el honorifico que alguien de su posición exigía como protocolo.
―Me alegra que me recuerde, a pesar de que nunca hemos sido presentados formalmente. ―dijo, acercándose a pasos cortos, con la espalda recta y las manos tras su espalda, una burla para ella.
― ¿Qué es lo que quiere? ― preguntó, barajeando en su cabeza todas las formas en que podía atacarlo y buscando la más efectiva, una en la que pudiera salir viva de ahí.
―Lo que yo necesito de ti. ―corrigió, viéndola directamente a los ojos, la sonrisa del hombre le heló la sangre.
―Ya pertenece a uno de los clanes nobles más fuertes. ― habló, sin encontrar una razón por la que ese hombre necesitara algo de ella, solo había un clan más fuerte que el Hyuuga, y los Uchiha jamás negociarían con ellos, menos solo por una amiga del hijo menor del líder. ―No hay nada en que yo pueda ayudarlo…
Y justo cuando terminó sus palabras, supo por dónde iba la situación.
― ¿Está segura, Haruno-san? ―
― ¿Quiere que le ayude a curar a alguien? ― tanteó, pero aún así esa no era una razón para secuestrarla, él podría fácilmente ir al hospital a solicitar sus servicios.
―Curar seria una palabra muy vaga, pero podemos usarla. ―aceptó. El hombre sacó un sobre de su kimono y se lo dejó sobre la cama. ―aprenderá a realizar ese sello, lo memorizará y practicará durante las siguientes veinticuatro horas, mañana regresaré y espero que sus resultados sean óptimos.
― ¿Qué función tiene el sello? ―
―Si es tan buena como dicen, usted sola podrá descubrirlo. ― dijo Hiashi, dándose media vuelta para salir de la habitación. ―aunque eso no cambiará el resultado, lo hará sea cual sea la función de la técnica.
