―Tanto que luché por conseguirte ese día en el bosque de la muerte, Sasuke-kun. ―siguió hablando el Sannin, curveando la parte inferior de su cuerpo para avanzar, la visión de una serpiente mitad hombre era inquietante, alzándose sobre su cola dándole una altura ventajosa. ―Tienes que aceptar que no me equivoqué cuando dije que vendrías a mí.
―No estamos aquí por ti. ―gruñó el Uchiha, sin despegar sus ojos rolos de los ámbar del hombre.
―¿No están en Otogakure por mi? ― preguntó con falso pesar, llevándose una mano al pecho como si realmente le dolieran las palabras, aun así no apartó su atención de los dos jóvenes en ningún momento. ―¿A quien más podrían buscar aquí?
―¿Te suena el nombre de Akatsuki? ―cuestionó Sakura, buscando en su mente todas las posibilidades que pudieran tener para salir de ese lugar en una pieza.
―¿Porqué buscarías a Akatsuki, Sakura-chan? ―quiso saber el Sannin ―¿Estas interesada en unirte?
La Haruno dio dos pasos atrás, poniendo distancia entre ella y el hombre que se seguía arrastrando poco a poco hacia ellos, sus ojos eran divertidos, llenos de un brillo morboso que le ponía la piel de gallina a los dos jounnin de Konoha.
―Jamás…
―Si tu quieres… Si ustedes quieren, ―se corrigió― yo podría llevarlos con Lider-sama. ―sonrió, dejando ver una lengua inhumanamente larga. ―Les daríamos una recibida digna de dos portadores de unos ojos como los suyos.
―Si eres un Akatsuki, ¿Por qué no vistes la capa? ―preguntó Sasuke, sacando de entre sus bolsillos ocultos un juego extra de kunai.
―¿Tu interés por Akatsuki es meramente académico, Sasuke-kun? ―susurró el sannin, humedeciéndose los labios mientras sus manos comenzaron a hacer múltiples sellos, poniendo a la defensiva a Sakura y Sasuke, pero no fue ningún jutsu que buscara lastimarlos, cuando el humo se disipó, la única diferencia era la capa negra con nubes rojas que ahora colgaba de sus hombros.
―Vamos a destruir a Akatsuki. ―gruñó Sakura, ajustándose los guantes de cuero que protegían sus nudillos, cansada de todo el cuento y respuestas evasivas del ninja desertor de Konoha.
―Sasori-kun seguro espera una revancha contra ti, Sakura-chan. ― rio abiertamente Orochimaru. ―Es incluso un poco molesto como compañero, siempre hablando sobre convertirte en una de sus marionetas, tus nuevos ojos son solo un plus para el repertorio.
―Eres un hij…
―No te alteres, por favor, Sakura-chan. ―pidió, deteniéndose para agrupar el resto de su viperino cuerpo, ganando varios centímetros más de altura. ―Si tu te unieras a nosotros, podrías dejar atrás esa jaula en la que te metieron los Hyuuga, tu eres un ave libre, con hermosas alas para volar donde tu quieras.
―Cállate. ―gruñó la pelirosa, lo único que la detenía de atacar era el brazo de Sasuke sobre su hombro, necesitaban que Orochimaru se descuidara más para crear un ataque efectivo. Un encuentro largo no les daría la ventaja, menos dentro de las fronteras de ese país.
―¿Y tú, Sasuke-kun? ―sonrió el sannin, pasando la lengua por sus labios de nuevo. ―¿Por qué quedarse en una aldea donde siempre serás la sombra de Itachi-kun? Konoha nunca querrá que seas superior a tu perfecto hermano con correa, pero yo… yo podría convertirte en algo que ellos ni siquiera se atreverían. Ni siquiera todo el chakra del kyuubi dentro de Naruto-kun será rival para ti.
―¿Todo esto a cambio de entregártelo? ―esta vez fue Sakura quien se burló, empezando a hartarse de tener que escucharlo, lo único que quería era llevarlo con el psiquiatra más cercano.
―Respuesta correcta, Sakura-chan. Ahora veo porqué tus archivos te ponían como una de las mejores en tus clases.
―No esperes que eso suceda en esta vida. ―
―Fue el destino que le dejó marcado el Yondaime. ― explicó, como si solo esa oración le diera sentido a su locura. ―Ni siquiera yo me atrevería a encerrar una bestia de cola en mi propio hijo.
―¿Qué quieres decir con eso? ―cuestionó el Uchiha, sin saber si solo era uno de sus juegos o hablaba enserio, la cara de Sakura mostraba una duda similar.
―¿No lo sabían? ― se rio, claramente consiente de que ellos no sabían la verdad, esos viejos decrépitos siempre guardaban lo mejor para ellos mismos, enterrando toda la información en charcos de lodo más podrido que su propia aldea. ― Naruto-kun es hijo de Minato, el Yondaime Hokage, él mismo encerró al Kyuubi en el pequeño bebé Naruto. Yo fui quien desestabilizó el sello en Kushina-chan ese día para que todo saliera de acuerdo al plan.
―¿Tu fuiste el responsable de todo lo que pasó esa noche?
―Claro, aunque no me puedo quedar con todo el crédito, Danzou-sama también hizo su parte.
―¿Danzou…? ¿El concejal? ― susurró Sakura, queriendo descartar todo como una mentira, no había forma que uno de los concejales atacara a su propia aldea, esa noche no solo murió el Hokage; ninjas, civiles, todos por igual perdieron ese día.
―A pesar de tener unos ojos hermosos que pueden ver mucho más que el resto, ustedes son ciegos en una forma muy estúpida. ―la risa que se escapó desde su garganta fue terrorífica, cuando por fin recuperó el aliento, cualquier gesto se había ido de su cara, dejando solo una máscara de carne. ―Aun no están listos, mis pequeños. Pronto… pronto…
6969696969696969696969696969696969696
La conversación que tuvieron con el Sannin se repetía una y otra vez en la mente de Sakura, al principio en un estado de negación total, pero conforme más le daba vueltas al asunto, muchas cosas parecían tener sentido.
La primera era el hecho de que Naruto era hijo del Yondaime Hokage, lo cual ahora parecía tan obvio, ¿cómo es que nadie se había dado cuenta?
Conforme el Uzumaki iba creciendo, cada vez se parecía más a ese hombre que solo vio en libros de historia: el cabello, los ojos…
¿Naruto lo sabía? ¿por qué era un secreto?
Intentó respirar pausadamente, buscando una cadencia que la relajara, pero no lo consiguió, sentía todo su chakra fluir en ondas irregulares, alteradas por su humor y coraje.
La sensación de opresión se instaló en su pecho, como una llama de fuego queriendo liberarse mientras luchaba por no extinguirse. Casi había olvidado cómo pelear, la forma en que una vez estrelló sus puños contras paredes blancas buscando salir de su cautiverio. Ella no nació en un clan, no nació en una jaula.
Cruzó las puertas del complejo Hyuuga, pero no fue a la casa principal, no podía pararse ahí y que vieran el despojo de persona que se sentía en ese momento. El pequeño bosque se sintió como algo reconfortante.
―¿Sakura? ―la interrumpió alguien, limpiándose la cara antes de que la vieran así.
―Buenas noches. ―susurró, identificando al hombre frente a ella. ―¿pasa algo, Neji?
―Te sentí llegar, pero me preocupé cuando te desviaste.
―Estaba ocultando mi chakra, ¿cómo pudiste sentirme? ―quiso saber, frunciendo el ceño por la invasión a su privacidad.
―Es…
―…Algo sobre el liderazgo del clan. ―continuó ella, sin dejarlo terminar.
―Si.
―Odio todo esto. ―dijo, refiriéndose a la forma en que su pecho se oprimía con emociones que no parecían ser suyas. ―Odio tener que sellar a alguien… cada que lo hago siento como si perdiera algo de mi misma para dárselo a alguien más.
―Quisiera poder entenderte, pero sé que nunca podré hacerlo. ―habló, desviando su mirada a la luna que apenas era una fina línea, manteniendo la privacidad en ese rincón del complejo, pera era suficiente para que viera la nueva lagrima que se deslizaba por la mejilla de Sakura.
―No quiero ser un títere, una marioneta desechable que solo es usada. ―se odió por la debilidad que su voz dejaba ver, porque era coraje, impotencia.
―Vete. ―dijo el castaño, apenas perceptible. ― Tu no tienes porque estar atada, no tienes un sello que te retenga. Si te vas, no te detendré. Quizá es hora de que los Hyuuga paguemos por lo que una vez iniciamos.
Los ojos perla de Sakura se abrieron, sin poder ocultar la sorpresa por esas palabras, sabía lo que significaban: una condena para los Hyuuga, su final.
