Hello corazón de chocolate. La verdad no debería estar subiendo esto, debería estar centrándome en mis otras historias pero... últimamente mi obsesión con Harry Potter volvió. Aunque no pregunten mi opinion acerca de su autora porque no tengo una en concreto, nunca he sido fan de ella como tal y no sé bien que ha dicho y todo el contexto que últimamente la envuelve.
En fin, el punto es, que mientras revisaba algunos fic me encontré con la etiqueta James/Severus y... fue inevitable que cayera ante su potencial. Me encontré unos escritos fantásticos y mientras leía, ¡BAM! Está idea se iba gestando.
Entonces es como llegamos a este prólogo, que espero os guste y estoy más que receptiva a recibir vuestros comentarios y opiniones, los personajes tal vez no sean tan fieles al canon pero esto es un AU prácticamente, así que espero que no seáis tan duros conmigo.
Sin más os dejo leer.
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El mundo está habitado por contrarios. Luz y oscuridad, bueno y malo, correcto e incorrecto; dulce y amargo; felicidad e infelicidad; odio y... amor.
Sí, el mundo estaba habitado por contrarios pero a veces, a veces las cosas no son tan sencillas como definir todo en escalas de blancos y negros, más veces de las que no, habrá enormes sombras de grises y esas, esas son aún más importantes que el blanco pulcro y el negro profundo.
A veces, solo un ligero empujón es lo que se necesita para llegar a esa sombra de gris, que dadas otras circunstancias nunca, ni en los sueños más absurdos se hubieran pasado por la cabeza de los afectados, pero es así como una historia maravillosa y/o trágica puede desarrollarse.
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El colegio de magia y hechicería de Hogwarts había comenzado su nuevo año escolar. Para James era el inicio de su cuarto año y se encontraba ansioso por lo que el nuevo año le traería. Era realmente emocionante, había preparado ya un par de bromas que estaba más que listo para probar.
Además, siendo él quién era, su estancia en la escuela era toda una maravilla, era un chico querido y admirado por todos sus compañeros de casa y también por aquellos ajenos a ella. James era lo que las personas denominaban un chico popular, con un carisma innato sumado a su inteligencia y riqueza de su familia.
Así que, a solo dos días de haber iniciado su nuevo ciclo, James estaba realmente entusiasmado.
Pero ese día en particular había despertado con una sensación extraña, se sentía exactamente como la primera vez que había despertado con la certeza de que sería su primer día en el castillo de Hogwarts, listo para ser seleccionado.
Era extraño y lo tenía ligeramente nervioso.
—¡Vamos James! —Pronunció Sirius sacudiendo un poco su hombro—. Llegaremos tarde si no te apresuras.
Le dijo y finalmente James decidió levantarse. Lo único que le era difícil era levantarse temprano, y aunque tenía un rato que había despertado, le gustaba aprovechar al máximo estar debajo de sus mantas, además, el comedor solo comenzaba a llenarse de vida unos quince o veinte minutos después de la hora del desayuno, solo los nerds y aquellos que querían evitar a los demás, rompían su ayuno temprano, y James y los demás Merodeadores, el nombre con el que se habían bautizado sus amigos más cercanos y él, no pertenecían a ese grupo.
No le llevó mucho estar listo, así que, cuando finalmente bajaron al comedor era exactamente a su horario habitual.
—Oh... —Murmuró Sirius en tono bajo y ligeramente burlón. Sus ojos tenían un brillo peligroso—. Ahí va Snivellus.
Severus caminaba unos pasos delante de ellos, un poco ajeno a su entorno, distraído explicando algo al hermano de Sirius, Regulus, que parecía seguir al Slytherin como un cachorro perdido desde que había ingresado al colegio y que sólo parecía alimentar más la animosidad que Sirius tenía por Snivellus.
James correspondió la sonrisa con Sirius, y lo miró susurrar un hechizo simple que hizo tropezar al Slytherin, los libros que traía salieron disparados por el aire mientras los soltaba, sus rodillas chocaron contra el suelo con un sonido desagradable así como sus palmas que apenas evitaron que su cara chocará de frente contra el suelo.
Sirius, James y Peter, estallaron en estruendosas carcajadas al igual que otros estudiantes, las mejillas de Severus habían adquirido un sonrojo prominente y sus ojos estaban cristalizados mientras se incorporaba con una mueca. Había sido descuidado, dado que la primera semana Potter y sus amigos raramente realizaban alguna broma los primeros días, también significaba que Severus se encontraba relativamente a salvo, siempre que no se los topará de frente, pero Severus no estaba en su mejor momento, sus vacaciones de verano en su casa solo habían resultado aún más tristes y desoladas. A diferencia de veranos anteriores en que podía escapar con Lily la mayor parte del tiempo a su lugar especial en el parque, este verano la familia de Lily habían ido a la casa de su abuela, la única abuela que le quedaba, la mujer había estado enferma y temiendo que sus días estuvieran por llegar a su fin, la familia Evans había decidido empacar y pasar el verano que sería el último de la anciana mujer en familia.
Así que, Severus se había visto obligado a quedarse la mayor parte del verano encerrado en su pequeña habitación, la mayor parte del tiempo, no era del todo un problema, porque le permitía releer los libros de su madre, y evitar con eficacia a su padre, el problema venía cuando la voz de su padre se elevaba, luego le seguía el sonido de cosas rompiéndose y finalmente los gritos de su madre, cuando eso sucedía, Severus se congelaba, la respiración le fallaba y se hacía un ovillo mientras apretaba sus orejas intentando silenciar el sonido.
Sin embargo, la última semana de vacaciones, Severus cálculo mal. Hasta ese momento estaba intentando ayudar a su madre a preparar la cena, un caldo simple de verduras que poseía mucho más agua que verduras. Estaba colocando el par de papas a la olla cuando la puerta se abrió estrepitosamente, las pisadas fuertes y ligeramente descoordinadas de su padre resonaron y Severus se congeló a si como su madre.
—¡Eileen! —Gritó su padre— ¡Tráeme una cerveza!
Con manos temblorosas la mujer se acercó a su pequeño frigorífico y al abrirlo, todo estaba vacío.
—¡Eileen! —Gritó con más fuerza mientras se acercaba, la mujer tembló aún más y su rostro se puso mortalmente pálido. Cuando Tobias finalmente se dejó ver, el olor a alcohol en él era inconfundible, su ceño estaba fruncido y miraba a Eileen con ojos fríos—. ¿Acaso no puedes hacer una cosa tan simple?
Se quejó mientras la hacia aún lado con brusquedad y abría el frigorífico, al verlo completamente vacío, chasqueó la lengua y lo cerró con más fuerza de la necesaria. Entonces, camino hacia su destartalada alacena, pasando justo a lado de Severus quien solo se encogió más sobre sí mismo, y abrió una de las puertas, sacando una lata de conservas y extrayendo de su interior monedas y un par de billetes.
—T-Tobias n-no cre-creo que debas usar ese dinero —su madre tartamudeo, se encogió cuando los ojos de su esposo se clavaron en ella.
—¿Qué acabas de decirme? —Inquirió con desdén Tobias, fulminando con la mirada a Eileen.
—S-solo...es que... ese di-dinero... —la mujer tartamudeo y fue cuando Tobias le dio un revés, silenciando su tartamudeo, Eileen soltó un gemido de dolor y miedo, mientras su labio se partía y la lata vacía caía con un sonido metálico.
—¡¿Quién te crees que eres?! —Inquirió con furia, mientras la cogía de cabello y la obligaba a arrodillarse—. ¡Jodida idiota!
Exclamó mientras soltaba un puñetazo directo sobre su ojo izquierdo.
Eileen lanzó un gritó de dolor y miedo aún más fuerte y cerró los ojos cuando observó a su marido listo para darle un golpe más.
—Dé-déjala —pronunció Severus con la voz temblorosa, incapaz de seguir viendo el asalto sin hacer nada, le temblaban las piernas y sin ser consciente sus ojos soltaban lágrimas—. ¡Déjala!
Exclamó con más resolución y su padre giró a verlo con una expresión furiosa, que, sino se encontrará tan en shock como lo estaba, lo habría enviado corriendo. Su padre soltó a su madre no antes de azotar su cabeza contra la pequeña mesa de la cocina, dejándole aturdida, mientras Tobias se giraba por completo hacia su hijo y sin más le soltaba un puñetazo directo en la nariz. El golpe lo aturdió tanto que no solo su visión se oscureció sino que también Severus cayó hacia atrás, la sangre no había tardado en fluir.
—¡Maldito fenómeno! —Pronunció su padre con veneno, lo cogió del cabello como solo unos minutos lo hiciera con su madre y lo sacudió de un lado a otro—. ¡Maldito el momento en que me casé con tu madre, pero aún más maldito el día que naciste! ¡Jodido estorbo!
Con eso lo arrojó aún lado y se alejó, yéndose como había llegado.
Su madre entonces se había arrastrado hasta él, y ambos habían llorado envueltos en los brazos del otro, impotentes y sin la más mínima idea de que hacer para escapar.
Una vez que ambos se habían levantado de sus poses incómodas en el suelo de su modesta cocina, el sangrado de la nariz de Severus y del labio de su madre se había detenido, sin embargo, los moretones casi negruzcos y la hinchazón comenzaron a llenar sus rostros, además, del tono horriblemente rojo que la esclerótica de su ojo izquierdo de su madre ahora poseía.
La mujer intentó sonreír pero todo quedó en una mueca.
—Todo va estar bien —dijo, y aunque Severus quería refutar que nada lo estaba, guardó silencio mientras la miraba sacar un pequeño frasco de un ungüento oloroso y añejo mágico para la hinchazón y los moretones. Sin embargo, el frasco casi estaba vacío y aunque intentó negar el uso de la medicina mágica porque las contusiones en su madre le preocupaban más, su madre no retrocedió.
Cuando la pomada entró en contacto con su sentida nariz, el alivio fue inmediato, sin embargo, la hinchazón no se redujo completamente y la obvia ruptura tampoco se sanó, pero le dio el alivio suficiente como para pasar desapercibida la lesión, el resto le pidió a su madre que la usará en ella. Fue así que Severus regresó a Hogwarts, con la nariz chueca y mucho más curva, sintiéndose aún más feo de lo que ya lo hacía.
Sin embargo, y pese a los tormentos que le esperaban en el colegio, también significaba que podría ver a Lily, había extrañado tanto a su mejor amiga, que apenas podía contener la emoción de verla, además, dado que sabía que la primera semana todos se la tomaban con calma, incluso aquellos que se la pasaban molestándolo, se encontró bajando la guardia y ahora...
Junto sus libros con ayuda de Regulus, la verdad no entendía porque el chico lo seguía a todos lados cuando era evidente que Severus era un perdedor total.
—Deberías escoger mejor a tus amigos, Reg —dijo Sirius con una mueca de disgusto al ver a su hermano ayudar a Snivellus.
Los ojos grises tan similares a los de su hermano del menor de los Black se estrecharon.
—Y me lo dices tú —pronunció con burla mientras miraba con obvio disgusto a los amigos de su hermano. Chasqueó la lengua y se giró a la par que Severus finalmente amoldaba sus características en su fría indiferencia habitual. Ambos Slytherin retomaron su camino y finalmente entraron en el Gran comedor.
James se removió ligeramente inquieto, por un ínfimo segundo, Snape realmente parecía apunto de llorar y aunque no sería la primera vez que lograban hacer lagrimear al Slytherin, la expresión tan desolada que había adquirido sus características no le había sentado del todo bien.
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Después de su encuentro con Snape, el día transcurrió de lo más normal.
Los maestros al ser la primera semana se lo tomaban con relativa calma, no así, con sus tareas, que comenzaban a amontonarse una a una, para la siguiente semana. Sin embargo, sus clases le dieron a James la distracción necesaria para olvidar la sensación graciosa con la que se había despertado esa mañana y que lo había acompañado hasta que se encontraron a Snape y Regalus, pero, cuando dio inicio su última clase, la clase de Adivinación, que compartían para su disgusto con los Slytherin, aunque no con todos porque algunos habían escogido Runas Antiguas en su lugar y entre esos estaba Snape, la sensación volvió con renovada fuerza. Cuando entraron, como siempre, el salón estaba lleno de un olor demasiado intenso de incienso y copal, además, de en esta ocasión su profesora una mujer que parecía dispuesta a seguir los pasos de su fantasma profesor de historia, también había colocado un montón de velas.
Cuando James entró, un escalofrío recorrió su columna vertebral, sin embargo, negó la sensación y sonrió divertido cuando Piter tropezó con una de las mesas bajas que a veces fungía como sus escritorios y casi tira una de las bola de cristal sobre ella.
—Guarden silencio —la mujer ordenó con una voz fuerte y segura. Mirando uno a uno a sus alumnos—. El día de hoy, he decidido retomar un tema que hemos visto de pasada el año anterior, el de ver el futuro y el pasado a través de las bolas de cristal. Cómo bien sabéis, el don de ver el futuro así como el pasado, requiere de habilidades únicas que no cualquier mago o bruja poseé, sin embargo... A veces, bajo los estímulos adecuados, puede ser posible un breve chispazo que incentive el desarrollo de una habilidad dormida y/o nos dé una guía de aquellos con un don lo suficientemente fuerte y quienes necesitaran una guía especial para afinar su don o en todo caso para suprimirlo si es lo que deseáis.
Todos asintieron a la aburrida explicación de la mujer, para aquellos que venían de familias mágicas e incluso medias, era bien sabido que o nacías con el don o no lo hacías, eran realmente extraños aquellos que lograban despertarlo sin antecedentes familiares previos con la habilidad, para la mayoría de ellos, Adivinación era una materia fácil de pasar y que les dejaba el tiempo suficiente para concentrarse en las materias más demandantes que tenían.
—Muy bien —la profesora exclamó, aplaudiendo y sobresaltando a la mitad de la clase que ya comenzaba a tener hambre y adormecerse por el olor cargado de la habitación—. Cada uno de vosotros tenéis una bola de cristal enfrente suyo. Quiero que extiendan las manos y cerréis los ojos, respiren profundo mientras cuentan hasta diez e intentéis canalizar la magia, luego, abrid los ojos y mirad la esfera intentando ver algo referente a su propia vida del pasado. Al principio observaréis que una niebla comenzará a formarse dentro de la esfera, los que logren ese paso pero si después de unos veinte segundos no conseguís más que neblina, repetir todo desde el principio. Realmente no espero que muchos consigáis incluso lograr que la neblina se presente, sin embargo, este ejercicio os ayudará aún así a estar en mejor sintonía con vuestra magia. ¿Tenéis alguna duda?
Todos negaron y la profesora hizo un gesto de aprobación y todos dieron inicio al ejercicio.
Sin embargo, James comenzaba a ponerse nervioso, la sensación extraña no hacía más que crecer y lo hacía sentir realmente incómodo. Respiró profundamente como se lo había indicado la profesora, intentando centrarse en su magia y no en la sensación extraña, y exhalando cuando llegó a diez mientras abría los ojos y los fijaba en su esfera, la esfera que no parecía estar produciendo nada similar a la neblina que su profesora había dicho y en su lugar, parecía ondular como el agua cuando le es arrojada una piedra y provocándole mareo. James miró en una especie de trance como las ondas parecían ir e ir más rápido, James comenzó a sentir la cabeza más pesada y su respiración se volvió difícil, además la sensación extraña no hacía más que crecer, luego cuando por un terrible momento pensó que vomitaría, la onda se detuvo y luego desde el centro una luz cegadora se proyectó, obligándolo a cerrar los ojos, cuando su cabeza punzo.
—¡¿Pero que demonios?! —Pensó antes de perder la conciencia.
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James Po... James Potter... ¡James Potter!
La voz potente de Minerva McGonagall le hizo abrir los ojos, James estaba confundido, por un momento estaba en su clase de Adivinación y al otro estaba en... ¡¿En el Gran Comedor?!
James parpadeó confundido, mirando a su alrededor y observando con pánico creciente que cada uno de esos rostros lucían exactamente igual a como lo habían hecho cuando habían ingresado en su primer año.
—¡James Potter! —Pronunció una vez más la profesora y James parpadeó como un ciervo atrapado por los faros.
—¡Vamos! Es tu turno —espetó la versión de once años de Severus Snape, dándole un ligero empujón, que James, en su estado de crisis, apenas notó. Con vacilación, se abrió paso entre los estudiantes que aún quedaban por ser seleccionados y caminó hasta el taburete dónde una Minerva sostenía el sombrero seleccionador.
James cogió asiento, y pronto su cabeza y vista fue cubierta por el pedazo de tele que formaba el sombrero.
Fue mucho más el tiempo que tardó en sentarse y ser cubierto con el horrible sombrero que lo que tardó el pedazo de tela en gritar:
¡SLYTHERIN!
James iba a vomitar.
