Hola, dulce y maravilloso fandom de HP en español. ¿Cómo han estado?

Espero que su vida sea buena y llena de alegrías.

Al fin traje una nueva actualización de está historia.

Y me siento muy feliz por ello porque por un tiempo mi amor por Harry Potter parecía haber perecido, incluso pensé en borrar todo rastro de está historia y mi paso por el fandom.

Pero leyendo algunos de sus comentarios, recobre el sentido y después de hacer maratón de las películas y comenzar a leer los libros y algunos fics, recordé lo mucho que amaba la historia cuando era niña y lo ilusionada que estaba cuando comencé con este escrito.

Pero basta de mi verborrea, ustedes están aquí para leer un capítulo que tardo demasiado en llegar, así que espero que lo disfruten (*˘︶˘*).。*

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«1 de febrero de 1978

Siempre supe que el amor dolía como una puñalada en el plexo. Siempre lo tuve claro, porque mi padre ha sido particularmente bueno dándome esa enseñanza desde mi temprana infancia, sin embargo, aún había una parte de mí a la que le gustaba pensar que el amor narrado en los cuentos de hadas era posible. Aún había una parte de mí que creía que, solo tal vez, si me esforzaba lo suficiente, si daba más y más de mí mismo, podría alcanzar mi final feliz.

Sin embargo, mamá tenía razón, estoy tan maldito como ella.

Soy un reflejo perfecto de mi madre. Soy el eco que repite sus pasos en un bucle sin fin. Encadenado a un amor que me desgarra por dentro con cada respiración y aún así... yo... no puedo renunciar a él.

Lo más absurdo de todo es que mi yo de once años siempre se preguntaba el porqué ella no se marchaba, porqué no se alejaba del obvio dolor, y ahora lo entiendo. El amor, es una cadena tan fuerte que ni siquiera el dolor y el odio puede romper.

El amor fue su lápida y será la mía, porque hoy... hoy Lily me ha dicho que James le ha pedido matrimonio y ella le ha dicho que sí.

Es incluso un poco poético supongo, que lo haya hecho precisamente el día de su cumpleaños, dulce de cierta manera, pero yo... yo solo quiero llorar oculto entre las mantas, susurrar ingredientes de pociones mientras imagino que el exterior no existe.

Un pequeño cobarde desagradable, había murmurado Sirius la última vez y... es cierto. Porque incluso ahora, solo me escudo bajo una sonrisa tenue. Incluso ahora intento fingir.

Le dije a Lily que estaba realmente feliz por ella.»

Harry cerró el diario, esa era la última entrada. Después de eso Severus había dejado de escribir, aunque, si sus recuerdos de historia no estaban equivocados, fue cuando la guerra comenzó a intensificarse. Y dado que ese mismo año era cuando sus padres se habían graduado, su participación en la guerra se volvió mucho más activa, y aunque el diario carecía de contenido sustancial en cuanto a sus interacciones con el bando de los mortífagos, había mucho que decir sobre la actitud y los cambios de James.

Harry se pasó la mano sobre su cabello, volviéndolo mucho más desordenado, y es que, Harry aún no entendía el porqué de la traición de James a Lily y Severus; aún no entendía el por qué de su cambio tan radical, porque aunque en un principio James había sido el epítome de niño mimado, eso no era suficiente para empujar a una persona a un cambio tan radical como el que aparentemente había sufrido, y había algo que se le escapaba, ¿pero qué?

Harry no por primera vez, deseo poder contactarse con alguien cercano a sus padres, pero todos estaban muertos.

—Es hora de comer, cariño —pronunció Luna, su suave voz lo sobresalto un poco.

Luna se acercó y masajeó sus hombros mientras comenzaba a tararear una extraña melodía.

Cuando los hombros de Harry se relajaron lo hizo girar para verla; su cabello rubio estaba atado en una coleta desordenada, su mejilla estaba ligeramente manchada de tinta, y lucia cansada, pero eso ya era un común en todos aquellos que aún estaban luchando, sin embargo, el brillo de su mirada habría sido suficiente para iluminar el mundo, y cuando ella le sonrió con esa expresión dulce y amorosa, era como recibir un impulso de energía directamente en su núcleo mágico.

Ella se acercó más y acarició su desordenado cabello, Harry suspiró, mientras sus manos se anclaban a su cadera.

—Necesitas salir, cariño —dijo Luna con dulzura, retirando un par de mechones de su frente, luego, su dedo índice recorrió la cicatriz en forma de rayo, una pequeñísima cicatriz que hablaba del dolor que había marcado la vida de Harry desde su nacimiento, un niño nacido en la guerra, un niño que había sido destinado a morir por pecados que no eran suyos y cargar con un peso tan grande sobre sus hombros que a veces parecía hundirlo. Harry descansó su cabeza contra su vientre, y Luna sintió mariposas revolotear, mientras una comprensión primigenia la hacia sonreír—. Espero que se parezca a ti.

Susurró casi imperceptible, fascinada por la revelación que se le había dado, insegura de compartirla abiertamente, mientras los ojos de Harry encontraban los suyos, había duda e incertidumbre en sus rasgos, expresiones que parecían haber hecho de su rostro su hogar. Ella suspiró, no, aún no era tiempo para revelaciones tan grandes, no cuando la mente de Harry se encontraba atrapada en esa vorágine oscura. Luna acarició su cabello mientras se inclinaba para besarlo, y sin saberlo, Harry posó sus manos directamente en el punto donde la revelación más mágica que Luna alguna vez había presenciado y visto, le llenaba el estómago de revoloteos.

Se separaron con un sonido húmedo, sus labios ligeramente rojos e hinchados. Harry suspiró y la abrazo como si ella fuera el ancla que lo ataba al mundo, y estuvo bien, porque Luna sabía que incluso los héroes lloraban, sangraban y a veces perdían. Pero ella estaría ahí para él.

Después de varios minutos, finalmente Harry la soltó, y se puso de pie; la tensión en sus hombros se aligeró, y sonrió con esa sonrisa ligera y despreocupada, una expresión a la que Luna había decidido entregarle su corazón cuando aún estaban en Hogwarts y las guerras aún parecían sombras distantes.

—Ojalá que haya un poco de tarta de manzana —pronunció Harry repentinamente, estirando los brazos sobre su cabeza.

Luna tenía razón, necesitaba despejarse un poco, fingir por unos minutos que la guerra que lo enfrentaba a su padre biológico no existía; fingir por un minuto que era solo un joven adulto reuniéndose con sus amigos en una tarde tranquila de verano.

—Cuando esto termine —pronunció Harry, su mirada verde brillando como gemas iluminadas por el sol—, cuando esto termine, tal vez deberíamos viajar. Siempre quisiste explorar el mundo, ¿cierto?

Luna asintió, era uno de sus sueños de infancia, recorrer el mundo y encontrar nuevas e increíbles especies, como su héroe Newt Scamander.

Harry sonrió y extendió su mano, y mientras los dedos de Luna se entrelazaban con los suyos, pensó en las palabras de su padre Severus y su concepción errada del amor, y es que, a diferencia de su padre, Harry había sido afortunado, afortunado de que las personas que le habían ofrecido amistad y amor, lo habían hecho con sincera entrega sin esperar más. Suspiró un poco melancólico, y no por primera vez, deseo que su padre hubiera encontrado a alguien que le ofreciera esa clase de amor, porque entonces... tal vez, su vida habría ido en otra dirección, porque solo tal vez, aún estaría vivo.

Negando para sí mismo, Harry cerró sus pensamientos y se centró en una convivencia ligera con su esposa y sus amigos. Y por un día, la guerra, las traiciones y el dolor fue una sombra sobre un horizonte que pese a todo, aún brillaba.

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Después de su encuentro con Lord Voldemort, la tensión que envolvía a Severus disminuyó un poco. Y es que si bien el hombre era ciertamente aterrador, también poseía un encanto suave que te hacía sentir como si tú fueras indispensable en la lucha que se avecinaba, como si tú fueras el pilar más importante para su causa, y Severus, aunque sabía que eso era una cualidad muy peligrosa, la verdad de todo el asunto es que tal vez creía un poco en algunos de los puntos que perseguía.

Obviamente no en toda esa mierda de la supremacía de los sangre pura, eso habría sido absurdo y sumamente hipócrita de su parte cuando él era mestizo y su mejor amiga era una hija de muggles que con su talento podía dejar en vergüenza a la mitad de la casa de las serpientes; no, él no creía en eso, en lo que si podía creer sin embargo, era en que el poder lo era todo, y que la actual administración tenía fallas enormes; en lo que si podía creer era en que no era justo que la sociedad mágica viviera reprimida y con restricciones por temor al mundo muggle, porque si él pudiera usar su magia fuera del colegio, entonces hace mucho que su padre habría dejado de hacerles daño a su madre y él.

Entonces, Severus estaba encantado con algunas de las propuestas, sin embargo, había una sensación nerviosa sobre el asunto, aunque dadas las circunstancias actuales, no es como si pudiera retroceder, menos ahora que el idiota de su amigo —y había algo casi mágico en la sensación de llamar a Potter su amigo—, se había involucrado, y pese a todos los defectos de carácter que poseía, Severus era leal a aquellos a los que consideraba sus amigos, que hay que decirlo no eran muchos, pero eran especiales y aunque obviamente tenía preferitismo por Lily, la verdad es que moriría (o mejor aún mataría) por cada uno de ellos sin dudar un ápice.

Suspirando con resignación, Severus se preparó para regresar a Hogwarts mientras pensaba en sus opciones, y es que después de la llegada abrupta de Sirius durante la fiesta de los Malfoy, él no había podido hablar con James, y necesitaban hablar de lo que había pasado en esa reunión, Severus necesitaba convencerlo de que se alejara de las reuniones con Voldemort, y aunque por un efímero momento el verlo ahí, sentir su apoyo silencioso había hecho que su corazón latiera con fuerza y le había dado el valor que no había sentido. Al final era ese detalle en particular lo que instaba a Severus a actuar, porque él sabía los matices oscuros que ese grupo poseía, que él mismo tenía, y lo mejor era alejarse, porque así como no estaba dispuesto en arrastrar a Lily a las partes más oscuras y podridas de su vida, tampoco quería hacerlo con James. Y, ¿acaso no era absurdamente esclarecedor que James se viera involucrado cuando había comenzado a hablar con Severus? Entonces, si quería mantenerlo alejado de todo el asunto, tal vez lo mejor era cortar su amistad y no solo con él, tal vez era momento de alejar a Lily también. No importaba que sintiera que parte de su alma (y corazón) se resquebrajaba.

Y con esa resolución, Severus subió al expreso de Hogwarts.

Sin embargo, las cosas parecían no estar yendo según sus planes, porque cuando él subió al tren, prácticamente todos los compartimentos estaban llenos, nervioso caminó por los pasillos, tal vez si encontraba a Reg podría compartir con él y sentirse menos miserable de las resoluciones que había tomado.

—¡Severus! —Llamó la voz entusiasta de Lily y con alivio renuente, se giró a ver a su amiga. Lucia radiante, con su cabello rojo en una coleta alta y dos mechones enmarcando su rostro. Sus bonitos ojos verdes brillaban—. Aquí hay uno vacío.

Dijo ella, su sonrisa era tan hermosa, era la clase de sonrisa a la que cualquiera le dedicaría un sin número de poesías. Y Severus se sintió afortunado de que ella fuera su amiga por el tiempo que le quedaba.

—Lily —pronunció con moderación mientras ella lo abrazaba con fuerza. Respiró con profundidad su perfume un olor suave y dulce que lo hacía sentir seguro y a gusto.

—Creciste —dijo ella, alejándose apenas lo suficiente para verlo directamente. Ella y Severus habían crecido más o menos a la par desde que se habían conocido, sin embargo, ahora ella tenía que levantar un poco la mirada para verlo a los ojos.

Severus se sonrojó ante la cercanía, así de cerca podía ver las ligeras motas doradas que rodeaban el iris, y que hacían lucir sus ojos más brillantes.

—Sigo teniendo la misma altura, Lily —pronunció Severus, sentía la garganta ligeramente seca y su corazón palpitaba con fuerza.

Cuando Severus tenía siete años había visto a Lily por primera vez a través de su desvencijada ventana. Ella sonreía con amplitud, llevaba un vestido azul de encaje, zapatos negros, y su cabello rojizo brillaba casi como un halo etéreo, en ese entonces, donde las historias de su madre de magia, de dragones, de castillos y de vez en cuando de princesas eran contadas con regularidad en suaves susurros en la noche, Severus había pensado que ella era una de esas hadas mágicas.

—He conocido a una Veela, madre —le había dicho Severus esa noche a su madre, envuelto en sus roídas mantas, sus ojos oscuros iluminados con la emoción infantil que genera nuevos descubrimientos—. Y algún día me voy a casar con ella.

En ese entonces, las cosas habían parecido sencillas, tan sencillas como rescatar princesas de torres y dar besos que rompen hechizos, incluso las peleas de sus padres y el maltrato de su padre no había sido tan violento, o al menos con él solía moderarse un poco más, el cinturón no partía su carne y los moretones no tardaban semanas en sanar cuando no había suficiente ungüento mágico para usar.

Sin embargo, mirando a Lily ahora, por un efímero momento el recuerdo regresó y pudo sentir con absoluta claridad la emoción que lo había recorrido cuando había hablado con ella por primera vez.

Lily finalmente pareció ser consciente de su cercanía, porque sus mejillas se volvieron rojizas, sin embargo, no se apartó...

—Severus yo...

—¡Hola! —Interrumpió la voz fuerte y entusiasta de James Potter—, ya no hay compartimentos libres, ¿podemos sentarnos aquí?

Inquirió en una especie de Déjà Vu y Severus, con los recuerdos a flor de piel, pudo ver perfectamente el reflejo de lo que habían sido, ahí estaban, a los once años, ansiosos de ver lo que les traería el futuro, con un montón de ilusiones y sueños por cumplir. Y pese a que solo habían transcurrido cuatro años de eso, para él, se sentía como una vida entera y… Reg tenía razón, era demasiado dramático.

James ingresó al compartimento sin esperar respuesta y comenzó a acomodar su pequeña maleta en la parte de arriba. Su sonrisa era amplia, sin embargo, para Remus y Sirius que lo conocían perfectamente, sabían que era muy poco sincera. Y es que, los cuatro habían estado buscando un compartimento cuando James se había quedado congelado fuera de ese, y sin más había abierto la puerta.

Remus miró a Lily que tenía las mejillas tan rojas como su cabello y se removía inquieta en su asiento un poco avergonzada, luego sus ojos miraron a Snape, quien parecía mirar indiferente hacia el paisaje, sin embargo, la punta de sus orejas también estaban rojas, y... «Oh», la revelación de lo que había estado apunto de pasar entre ambos amigos se abrió paso como una tormenta mientras miraba a James, quien sin desperdiciar un solo momento, se había sentado junto a Lily, su pierna tocaba descaradamente la de la pelirroja invadiendo su espacio personal, sin embargo, sus ojos castaños miraban con suma atención a Severus. Remus suspiró, James estaba apunto de hacer algo muy estúpido.

—Hola, Evans —pronunció James lo más encantador y dulce que pudo, había una sensación amarga y oscura recorriéndolo, porque James sabía que si no hubiera llegado cuando lo hizo, Lily y su Severus, se habrían besado—. ¿Cómo fueron tus vacaciones de Navidad?

Los ojos oscuros de Severus finalmente se apartaron de la ventana y se posicionaron en James. Su estómago se agitó nervioso cuando sus ojos castaños se centraron en los suyos. Los ojos cafés de James lo miraban con suma atención, como si a través de esa mirada pudiera revelar sus más profundos secretos, una mirada que por un momento le recordó a la intensidad que Voldemort había usado durante su reunión, y una sensación nerviosa se desató en su estómago, como si Severus hubiera sido atrapado haciendo algo mal, lo cual era francamente estúpido pero aún así Severus desvió la mirada hacia su regazo y se removió incómodo.

—Fueron bien —pronunció Lily con cierta sequedad.

Si bien los merodeadores ya no acosaban a Severus como antes, y esa era una de las principales razones por las que Lily los detestaba y solía mantener su distancia, la cercanía demasiado abrupta de James la incomodaba. Sobretodo porque a lo largo del tercer año, él había comenzado a invitarla a salir de una manera tan insistente que había sido realmente insoportable, como si Lily contemplará por un efímero momento salir con un chico que molestaba a los demás, y aunque se había detenido durante todo el principio de su cuarto año, y había sido un alivio, su repentina cercanía ahora que regresaban de las vacaciones de Navidad, la ponía sospechosa. Se pegó más a la pared logrando dejar un par de centímetros entre ellos.

James asintió, sin embargo, sus ojos castaños no la miraban a ella, estaban fijos en Severus. Lily frunció el ceño y miró a su amigo, Severus se había encorvado ligeramente, y miraba sus manos, evitando el contacto visual. Ella chasqueó la lengua con disgusto. Parecía que el acoso no había terminado, solo se había vuelto más sutil, pero ella no iba a permitirlo, abrió la boca lista para poner en su lugar a James cuando la voz suave de Remus la interrumpió.

—Y tus vacaciones, Sni... Severus, ¿cómo fueron? —Remus preguntó, corrigiendo en el último momento su casi metedura de pata, era difícil deshacerse de los malos hábitos, se sintió ligeramente culpable cuando miró a Severus encogerse sobre sí mismo aún más, porque él mejor que nadie sabía lo que era ser juzgado. Sin embargo, el uso de su nombre pareció relajar a Snape ligeramente.

Levantó la mirada y sus ojos oscuros se centraron en los de él, y aunque parecía ligeramente sospechoso, aún así contestó casi con amabilidad.

—Fueron bien yo...

—Oh sí, lo hubieran visto en la fiesta de Navidad de Malfoy —pronunció Sirius metiéndose en la conversación con un tono ligeramente burlón—. Finalmente parecía que había descubierto el uso del jabón, pero parece algo reservado solo para sus reuniones con sus amigos morti...

—¡Sirius! —Las voces de James y Remus se unieron en un grito de reproche cuando Severus retrocedió en su asiento con el ceño fruncido y una mueca de disgusto en una pose completamente defensiva que parecía lista para desplegar su varita de un momento a otro.

—¿Te reuniste con Malfoy? —Lily inquirió desconcertada pasando desapercibida momentáneamente la ofensa de Sirius.

Y no es que no se sintiera ofendida por el trato de Sirius con su amigo, pero ella sabía que la fiesta de Navidad en casa de los Malfoy era un lugar donde los magos de la esfera política y pudiente del mundo de los magos se reunían, y que, pese a que Severus y Malfoy eran algo así como amigos desde que prácticamente Severus había ingresado a Slytherin, nunca antes lo había invitado a su casa. Y sabiendo cómo era el heredero de los Malfoy, que nunca daba un paso sin segundas intenciones, era bastante sospechoso.

Pero Severus no pareció oírle, demasiado concentrado en la furia despertada por Sirius. Y es que, siempre que se enfrentaba a los merodeadores, Snape se cegaba y prácticamente todo su estoicismo y aparente madurez se iba al garete, todo lo que importaba era no ser ridiculizado y subestimado por un montón de niños privilegiados que se sentían con el derecho de burlarse de los demás bajo la protección de incluso el director.

—Y aun así, tú también estabas ahí, ¿verdad Black? —La voz de Severus fue dura.

Él sabía que la paz tentativa que parecía tener con los merodeadores no dudaría mucho, y con Sirius mucho menos, había una tención entre ellos más personal que Severus sabía que tenía que ver con Regulus, y en la fiesta de Navidad solo había tenido un descanso de su incordiosa presencia en su mayor parte debido a que Sirius estaba huyendo de su madre y Severus se había mantenido a lado de Reg y el resto de los Black, y Sirius parecía huir de la compañía de su hermano con el mismo fervor que lo hacía de su madre, algo que Severus encontraba realmente horrible, porque aunque Regulus al igual que él no era la persona más abierta en sus emociones, solía mirar la mesa de Gryffindor con un anhelo que resultaba doloroso de contemplar cuando pensaba que nadie estaba mirando.

Peter parpadeó confundido mirando a todos en el compartimento con nerviosismo, sin saber qué rayos estaba pasando. Y es que, aunque no se le hizo extraño la insistencia de James de sentarse donde estaba Lily y Snivellus, porque si algo había aprendido era que cualquier momento era un buen lugar para molestar al Slytherin, también sabía que James había expresado sentimientos románticos por Evans y que le gustaría salir con ella, así que no fue raro, lo que era raro era la conversación tentativa y casi amable que comenzaba a desarrollarse. Era como si Peter estuviera contemplando una obra de la que él no era parte y eso le sentaba fatal, después de todo, y pese a la aparente unión que los merodeadores tenían, él siempre se había sentido ligeramente fuera de lugar, como si fuera la línea discordantes en un triángulo que siempre estuvo destinado a ser equilátero, por eso fue casi un alivio, cuando Sirius hizo su comentario agudo. Eso era normal y algo que fácilmente podía entender. Sin embargo, la manera en que todos parecían molestos con Sirius, como si hubiera cometido el peor pecado jamás pronunciado era extraño y Peter se sintió aún más fuera de lugar con la situación.

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Llegar a la escuela fue un alivio. El ambiente sofocante no se había disipado después de la intervención de Sirius, y la conversación entre los merodeadores fue incómoda.

—Iré con los de mi casa —pronunció Severus en cuanto bajaron del tren. Bajo otras circunstancias él habría preferido ir con Lily, pero sabía que ella intentaría interrogarlo y no estaba preparado para lidiar con eso.

Además, tenía que pensar en lo que casi había sucedido entre ellos antes de que James interrumpiera, porque él había soñado con ese momento por lo que se sentía una vida entera pero ahora que casi había sucedido, el sentimiento no había sido tan efervescente como lo había imaginado y… ¿había algo mal en él?

Severus necesitaba pensar y reflexionar, necesitaba reagrupar sus emociones y su enfoque. Necesitaba dejar de sentirse tan abierto y expuesto porque…

Miró a Regulus y suspiró de alivio.

—Hola Severus —pronunció Regulus, sus ojos se centraron exclusivamente en su compañero de casa—, no te vi en el tren.

Regulus se removió ligeramente incómodo, podía sentir la mirada penetrante de su hermano y Potter y… ¿por qué incluso Severus estaba con ellos?

Es decir, Regulus había notado que los merodeadores ya no molestaban activamente a Severus, y estaba ese ligerísimo detalle que su prima Cissa había mencionado de Potter en su fiesta de compromiso, pero… eso le seguía pareciendo completamente inverosímil y nunca los había visto realmente siendo cordiales. Solo había escuchado rumores de esa vez que James había ayudado a Severus a levantar sus cosas cuando Sirius estaba siendo un idiota como siempre. Pero por lo general, simplemente parecían ignorarse.

Regulus lo había atribuido a otra táctica de Potter por llamar la atención de Evans, porque durante todo su tercer año, el Gryffindor se había asegurado de hacerle saber a toda la escuela que estaba interesado en ella. Y si lo que había imaginado entre Severus y Evans era cierto, posiblemente Potter estaba intentado cambiar su enfoque y método de conquista, después de todo, solo un tonto sigue haciendo lo mismo una y otra vez esperando un resultado diferente, y por muy molesto y cabrón que Potter fuera, no era un tonto. Aunque eso no explicaba en lo más mínimo porque había entrado en una reunión de mortífagos cuando él sabía que Severus nunca le habría dado una invitación como Cissa y Bella habían dicho, eso era simplemente inverosímil y más si se le sumaba el obvio disgusto de Potter por los ideales tradicionalistas y subversivos que el Lord deseaba implantar. Entonces, tal vez Regulus tenía que mantenerse atento, porque si algo había aprendido de los amigos de su hermano era que buscaban los momentos idóneos para humillar a Severus, y su amigo parecía tan fuera de su enfoque últimamente que Regulus intentaría ayudarlo y tal vez protegerlo.

—Lily, ¿te unes a nosotras? —un grupo de chicas de Gryffindor se acercó, interrumpiendo la incómoda atmósfera.

—Nos vemos después Lily —se despidió Severus antes de que incluso su amiga pudiera responder. Ansioso de alejarse del tenso ambiente y con un gesto de cabeza, instó a Regulus a seguirlo.

Se subió al carruaje con un suspiro de alivio. Las vacaciones de Navidad apenas habían terminado y ya deseaba que terminara el resto del año. Le dolía la cabeza, y sus emociones se sentían demasiado desbordadas, y no era una sensación que Severus apreciará. Por fortuna, solo estaba Regulus con él en el carruaje, no estaba de ánimo para convivir con sus otros compañeros de casa, porque tendría que ocuparse de lo que James había hecho en la reunión con el Lord y todo parecía estar yéndose a la mierda, y joder, ¿cómo era posible que Severus apenas había cumplido quince años y sentía que llevaba el doble de ese tiempo en el mundo?

A veces solo quería cerrar los ojos y desaparecer.

Regulus le extendió torpemente una rana de chocolate que había guardado al mirar su rostro cansado.

—Parece que lo necesitas —dijo encogiéndose de hombros con incomodidad.

Severus suspiró, se sentía como el niño que una vez había sido, con el corazón demasiado al descubierto, y si algo había aprendido a través de la mano dura de su padre era que eso era muy peligroso.

Aún así, cogió la rana de chocolate y sonrió con una ligera curvatura de labios que aún así le dio un brillo diferente a su rostro.

—Gracias, Regulus —pronunció Severus relajándose levemente. Y durante el resto del camino, disfrutó del silencio.

Porque si algo apreciaba en demasía Severus de su amistad con Regulus, es que él raramente presionaría en un tema como a veces tendía a hacerlo Lily. Era paciente y escuchaba cuando era necesario. Un contraste completo a su hermano. El único problema que poseía en su carácter, era esa mansedumbre que lo hacía anteponer los deseos de otros a los suyos y que lo dejaba indefenso hacia aquellos a los que había decidido darles su lealtad, y tal vez Severus se sentía ligeramente responsable de cuidarlo, después de todo, Regulus había demostrado que realmente quería ser amigo de él, y eso lo apreciaba muchísimo.

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Hay momentos en la vida que te cambian para siempre, momentos tan significativos que se abren paso como cicatrices indelebles que cambian tus percepciones y el modo de ver la vida. Algunos serán felices y dulces recuerdos que cada vez que se precipiten a la memoria llenarán de cálidos y difusos sentimientos que iluminarán los días más oscuros, sin embargo, también estarán esos otros, momentos que se volverán heridas abiertas y supurantes, que sin el tratamiento adecuado, se pudrirán hasta que su inmundicia llene de dolor todo lo demás.

La mañana que Euphemia Potter murió, era un día frío pero el sol en lo alto aseguraba que el resto del día sería más cálido. Sin embargo, para su esposo y su único hijo, el día solo se volvería mucho más frío y ese frío se prolongaría por días, meses y años.

La muerte de Euphemia, tan impredecible y demasiado temprana, lo cambia todo para los Potter y es que, es ella la que mantiene unida y cálida a la familia. Era el sol sobre el que el resto, y especialmente Fleamont Potter giraba. Así que sin ella, no es extraño que James y su padre se descarrilen.

Después de la muerte de Euphemia, los años parecen finalmente alcanzar a Fleamont, a veces se quedaría mirando el retrato de su boda por horas hasta que James tenía que buscarlo para recordarle que debía comer. Sus manos, antes firmes refugios a los que James había corrido en los días de tormenta cuando era un niño, se vuelven frágiles y trémulas. Su padre día con día parece perderse y él, no sabe que hacer. No tiene idea de cómo avanzar. James tiene quince años cuando pierde a sus padres y se siente tan desesperado, tan abrumado, que en un ataque de furia, dolor y desesperación, incendia retratos y fotos, quiere volver todo cenizas como el dolor que le carcome el pecho, luego su padre grita, un grito desgarrador que lo devuelve a su triste realidad y es la primera vez que su padre lo abofetea. Le deja los cinco dedos marcados, mientras la pintura de su madre se vuelve cenizas en el centro de la habitación.

Fleamont retrocede horrorizado por un momento a lo que ha hecho, mientras los ojos de James se desbordan de lágrimas, pero su enfoque dura solo un segundo, porque al siguiente sus ojos se centran en la pila de recuerdos que se consumen bajo el fuego y que él apaga e intenta reconstruir, sin embargo, muchos de ellos están tan estropeados que la magia no puede hacer mucho en su reconstrucción.

—Yo también estoy aquí padre —llora James con impotencia—. Yo también la extraño.

Pero su padre parece perderse nuevamente, mientras saca una foto apenas ligeramente quemada en los bordes de su esposa. Las palabras de James ni siquiera parecen registrarse.

James sin saber que hacer, sube a su habitación y llora por lo que a perdido, el dolor en su mejilla pasa a un segundo plano ante el dolor en su pecho.

Los días transcurren lentos y la soledad parece abrirse paso sin tregua al hogar de los Potter. El jardín de su madre, aquel que incluso en invierno se encontraba floreciendo, se marchita lentamente y solo se vuelve un peso más en su pecho. James quiere escapar, quiere huir del dolor, del vacío y de la tristeza que parece estar infectando todo.

Entonces, cuando una aparente e inocente carta llega con una invitación que lo alejara de las sombras que habitan su hogar, James no duda en aceptar.

James se separa de su padre con una sonrisa que no llega a sus ojos, mientras su padre ni siquiera parece verlo, entonces toma la inocente pluma dentro del sobre que funciona como traslador, y cuando abre los ojos, se encuentra frente a un imponente castillo en el centro de Francia, en Lavardin.

Cuando la puerta se abre, un pequeño elfo que se retuerce las manos nerviosamente, lo invita a pasar y lo guía a través de los intrincados pasillos. Y pese a lo opulencia que exhibe el lugar, hay una sensación oscura que le eriza los vellos, pero no es lo suficiente mala para hacerlo retroceder, no cuando lo que le espera en casa es una tristeza sofocante y un vacío que incluso ahí parece perseguirlo y…

Desearía poder ver a Severus, acallar el dolor y sofocar el vacío con su presencia, con su dulce olor a vainilla y sándalo.

—Esta es su habitación —pronuncia con voz chillona el elfo sacándolo de sus deprimentes pensamientos—. El amo ha pedido que se reúna con él en el salón Blanco en cuanto termine de acomodarse. Así que llame a Small en cuanto termine y lo guiaré a la presencia del amo.

James asintió, estaba cansado, desde que la noticia de la muerte de su madre le había llegado, dormir era un lujo que no se había podido dar todas las noches, menos con la manera en que su padre parecía estar desmoronándose, y… aunque se sentía ligeramente culpable por haberlo dejado solo, James no podía seguir ahí, el ambiente sofocante y la tristeza lo estaba ahogando a él también.

Agitó su cabeza y se miró al espejo. Lucía pálido y amplias ojeras rodeaban sus ojos. Su cabello regularmente desordenado, era un desastre mucho mayor, tenía nudos y se levantaba por todos lados haciéndolo lucir como un científico loco. Si su madre lo viera probablemente suspiraría con exasperación antes de intentar peinarlo ella misma y le diría:

—«James, te he dicho que uses la poción para tu cabello antes de dormir. Y mira esas ojeras, ¿otra vez te quedaste despierto hasta tarde jugando con esos espejos, verdad? Pobre Sev, seguro no lo has dejado dormir en toda la noche. Fleamont, te dije que era mala idea comprarle ese juguete».

James sonrió divertido ante la memoria, luego se miró al espejo y las lágrimas cayeron a raudales. Su madre había muerto, su padre se había perdido en su tristeza y él no sabía qué hacer con el dolor que lo ahogaba.

Con manos temblorosas se secó las lágrimas. Intentó peinar su cabello, y ajustó su túnicas.

—Small —pronunció James con una seguridad que no sentía—. Estoy listo.

El pequeño elfo apareció con un chasquido y asintió.

James fue guiado hasta un pequeño salón de té, la luz entraba a raudales por los amplios ventanales dónde un amplio jardín quedaba a la vista. La chimenea ardía llenando de calidez el lugar.

Lord Voldemort, detrás de un enorme y elegante escritorio de caoba negro, escribía en lo que parecía un diario.

Un siseo sobresaltó a James, cuando a sus pies, una enorme serpiente se acercó a él. La serpiente alzó su enorme cuerpo quedando su rostro a la altura del rostro de James.

James se congelo. La serpiente era enorme, fácilmente el doble de un hombre adulto y tenía unos ojos amarillos que parecían leerte el alma.

La serpiente se acercó más y se enroscó en los hombros de James, su cabeza escamosa rozó con suavidad la mejilla derecha de James, en un acto que casi podría decirse cariñoso y consolador.

—Nagini, estas asustando a nuestra visita —la voz de Lord Voldemort sonó divertida y casi cariñosa.

Nagini siseó, pasando su cabeza una vez más por la mejilla de James antes de retirarse y enroscarse frente a la chimenea.

James tragó saliva. La presencia de Voldemort siempre se había sentido abrumadora, además estaba esa sensación de aprensión sobre su estómago, como si le advirtiera de los peligros de estar cerca de él.

—Mi señor —murmuró James con voz temblorosa y con la cabeza inclinada.

Voldemort se puso de pie, y lo miró con satisfacción. Había sido frustrante las negativas del patriarca Potter a unirse a sus filas, y aunque Voldemort contaba con la financiación de varias de las familias más importantes del mundo mágico, si los Potter se unieran a él, prácticamente no habría poder que lo detuviera, ni siquiera Albus Dumbledore podría oponerse.

—Escuché lo que le sucedió a tu madre —dijo con voz mesurada, mirando con oscura satisfacción como el niño se tensaba y sus hombros se encorvaban—. Me habría gustado presentar mis respetos personalmente, pero, mi relación con tu padre nunca ha sido la mejor.

Pronunció Voldemort, la expresión de su rostro había sido moldeada para parecer genuinamente afectado por lo sucedido. James parpadeo, Voldemort podía ver las lágrimas formándose en sus ojos.

—Yo… lo entiendo —murmuró James con la voz entrecortada—, ¿es por eso que me ha invitado aquí?

Inquirió un poco conmovido por la acción, y es que, antes de que la muerte de su madre se suscitara, sus padres habían sido muy vocales al respecto sobre su obvio disgusto a las ideas que Voldemort patrocinaba. Y sin embargo, ahí estaba, el aparente señor oscuro, presentando sus respetos, el único que parecía lo suficiente preocupado para tender una mano cuando ni siquiera Dumbledore, quien había sido amigo cercano de sus padres, había aparecido a dar sus condolencias.

Voldemort agitó su cabeza con ligereza.

—No del todo —pronunció Voldemort mirando a través de la ventana, suspiró antes de girarse y clavar sus ojos en los castaños de James—. Yo, imaginé que te gustaría alejarte un poco de tu hogar ancestral, y del dolor…

James parpadeó confundido y un poco abrumado.

—¿Cómo sabe…?

Voldemort se pasó la mano por su cabello y miró hacia el paisaje a través de la ventana otra vez.

—Se lo que se siente perder a un padre a una edad temprana y… —se encogió de hombros—, se que a veces es necesario algo de espacio. Y serás bienvenido aquí el tiempo que quieras y necesites. Además, me han dicho de tu pequeño proyecto mágico con el joven Severus e imagine que podría serte de ayuda un poco de guía.

James asintió, abrumado con la muestra de empatía venida del lugar más inverosímil. Obligando a mitigar la sensación de aprensión que lo último le había dado.

—Gracias —pronunció sincero.

Y por primera vez desde la noticia de la muerte de su madre, James dejo de sentir que se ahogaba.

Voldemort le sonrió con simpatía, había olvidado lo bien que se sentía manipular, y aunque bien podría haber usado el Imperius en el niño para acceder a la fortuna de su familia, era mucho más satisfactorio cuando los magos se arrastraban a sus pies por voluntad propia. Pensar que solo era necesario deshacerse de la matriarca de la familia Potter para desmoronar a la familia era casi ridículo. Además, si algo había aprendido de su tiempo en Hogwarts, era que entre más jóvenes comenzará a entrenarlos a su servicio, su lealtad para él sería mucho más duradera.

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Los primeros días en Hogwarts, Severus los pasa escondiéndose de Lily, de sus compañeros de Slytherin y por supuesto de James. Esta en medio de una encrucijada que no sabe cómo manejar, necesita tiempo y espacio para pensar en todo lo que parece le ha caído en su plato de un momento a otro.

Por supuesto Severus sabe que debe ser absurdo esperar que la aparente calma que pueblan sus días continúe, más aún cuando una de las lechuza reales de los Malfoy, se posa sobre su mesa durante el almuerzo de su segunda semana con un enorme paquete. Y dado que él nunca recibe correspondencia, todos sus compañeros posan sus ojos en él.

—Wow… ni siquiera Narcissa recibe paquetes tan grandes de Lucius —dice Regulus a su lado.

Narcissa, tres asientos a la derecha resopla.

—Bien sabes porqué Regulus o… ¿acaso los tutores que tía Walburga contrato para ti no fueron lo suficientemente meticulosos en la enseñanza de etiqueta y tradición? —dijo Narcissa con remilgo—. Tal vez debería decirle a la tía que necesitas un repaso en tus lecciones. Incluso Sirius podría unirse, Merlín sabe que Sirius las necesita urgentemente.

Regulus le enseñó el dedo medio a su prima.

—A veces eres igual de horrible que Bella —dijo Regulus y giró su rostro concentrándose en Severus e ignorándola por completo.

Narcissa apretó los labios y frunció el ceño. Esta bien, tal vez ella había sido un poco cruel, pero… el comentario de Regulus no había sido mejor.

Después de su oficialización del compromiso, finalmente Lucius y ella podrían mostrar su afecto más públicamente. Entonces, cuando había visto la lechuza con el escudo de los Malfoy, había esperado que el paquete fuera para ella pero no, en su lugar era para Severus, el mocoso mestizo que desde que había llegado a Hogwarts había captado la atención de Lucius.

Narcissa suspiró.

Ella sabía que no tenía sentido estar celosa cuando era ella quien llevaba el anillo de compromiso; cuando ella sería la que llevaría el apellido; y más importante aún, cuando sabía que parte del interés de Lucius en Severus se debía a la manera en que lo encontraría útil para servir a Lord Voldemort, un hombre devastadoramente guapo y que aún así, las pocas veces que Narcissa se había encontrado con él, la habían dejado con una sensación de aprensión y miedo que no sabía cómo explicar.

Severus jadeó y los ojos de Narcissa se posaron en él.

Un libro de primera edición de pociones y sus usos estaba en sus flacuchas manos.

Narcissa puso los ojos en blanco mientras otra lechuza con el escudo de la familia Malfoy dejaba un paquete para ella.

Cuando lo abrió un brazalete de oro blanco con pequeñas incrustaciones de diamantes y un rubí con la forma de un corazón estaba dentro de un estuche.

Bueno, al menos ella era quien recibía las joyas.

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James frunció el ceño cuando miró la lechuza de los Malfoy dejar un paquete frente a Severus.

Sirius silbó al verlo.

—Vaya, con esa clase de obsequios, cualquiera pensaría que Lucius está cortejando a Snivellus, y no a mí molesta prima —dijo Sirius con humor mientras volteaba a ver a sus amigos.

James tenía una mueca que mostraba su descontento.

Sirius suspiró ligeramente amargo. ¿Por qué a James tenía que comenzar a gustarle Snivellus? Todo era más sencillo cuando parecía perseguir la estela del cabello rojo de Evans.

Ugh… al parecer tendría que mejorar en su trato a Sni… Snape si no quería perder a su amigo.

Suspiró con resignación.

—¡Oye Evans! —Pronunció con fuerza Sirius, llamado la atención sobre ellos.

James se sobresalto un poco, mientras sus ojos castaños lo miraban con desconcierto. Bien, así Sirius le dejaría en claro que si bien no entendía el cambio de actitud de James lo apoyaba, como él y los Potter lo habían hecho desde que él y James se hicieron amigos.

—¿Qué quieres, Black? —Preguntó la joven pelirroja con sospecha.

Sirius resopló.

—Solo quería preguntarte si sabes porqué Sni… Snape, recibió un paquete de Malfoy —preguntó como quien no quiere recibir realmente una respuesta.

Lily parpadeó confundida y miró hacia la mesa de Slytherin, donde Severus se aferraba a un libro como si su vida dependiera de ello, mientras susurraba a Regulus. Su expresión lucía extasiada y una pequeña sonrisa parecía estar formándose en sus labios.

Y aunque Lily realmente no tenía cariño por ninguno de los compañeros de casa de Severus, se sintió realmente conmovida al ver su expresión. Era rara de ver, cuando habían sido niños, Severus solía sonreír si bien no con frecuencia, sus sonrisas aparecían con regularidad mientras hablaban por horas del mundo mágico, pero cuando finalmente entraron a Hogwarts, esa magia que había llenado de alegría sus corazones, pareció evaporarse de la vida de Severus, como si cada expectativa se hubiera marchitado y junto a su entorno familiar conflictivo, Severus parecía lentamente pero sin tregua sumergirse en la oscuridad, donde Lily no podía alcanzarlo.

Sin embargo, este año, parte de esa luz que Severus negaba tener en sí mismo volvía a florecer y aunque ella se encontraba un poco celosa porque Severus se negaba a decirle el porqué, estaba agradecida de ese cambio.

Sus ojos verdes se alejaron de la escena y miraron a Sirius, contemplándolo cuidadosamente. Si bien los merodeadores ya no parecían atormentar a Severus y James de repente saludaba a su amigo casi gentil, Lily aún tenía cierta reticencia de confiar en ellos.

—¿Por qué te importa? —Inquirió ella. Sus ojos fijos en los grises.

Sirius se removió incómodo. La mirada de Evans parecía leerle el alma, pero… sus ojos miraron momentáneamente a James y suspiró.

—Es curiosidad. Quiero decir, no recibe paquete regularmente —finalmente dijo Sirius.

Lily parpadeó curiosa, ante ese breve intercambio de miradas entre James y Sirius.

James parecía ansioso y Sirius más resignado que otra cosa. Acaso… ¿Acaso ellos estaban planeando una broma para Severus?

Sus ojos verdes miraron a Potter, él raramente podía soportar su mirada fija y cuando se trataba de sus maquiavélicos planes era mucho más obvio, sin embargo, él miraba hacía la mesa de Slytherin con una extraña añoranza, como si deseara estar allá pero, ¿por qué?

—Tal vez es porque fue su cumpleaños y Sev y él son algo así como amigos —dijo Lily finalmente sin apartar su mirada de James.

Los ojos de James se abrieron con sorpresa y se puso de pie abruptamente.

—¿A dónde vas James? —preguntó Remus, igual de desconcertado que Lily por su abrupta reacción.

—Yo… olvide mi tarea en la Torre —se excusó pobremente y salió sin mirar atrás.

Lily frunció el ceño y miró al resto de merodeadores que se encogieron de hombros y volvieron a su comida como si nada hubiera pasado.

Lily frunció más el ceño y chasqueó la lengua. Ella odiaba no saber que estaba pasando y era mucho peor cuando involucraba a su mejor amigo. Pero ella no pensaba quedarse con la duda, ella iba averiguar que rayos estaba pasando.

Además recabar información no sería tan difícil, después de todo, desde que James empezó a decir que estaba enamorado de ella, Lily solo tenía que fingir prestarle un poco de atención y él hablaría hasta por los codos. Y aunque no se sentía bien jugar con los sentimientos de las personas, Lily lo haría con tal de proteger a Severus de cualquier plan malintencionado que Potter y los merodeadores pudieran tener.

Con resolución, ella se puso de pie, miró una última vez a su amigo, su corazón llenándose de calidez y su estómago de una sensación de mariposas que era difícil sofocar. Y es que, ese invierno, Lily había descubierto que estaba algo así como enamorada de Severus, sin embargo, y pese a la valentía que la caracterizaba, no había podido confesar sus sentimientos, temía que si ella decía algo, su amistad se rompería y… Severus era su mejor amigo y aunque ella a diferencia de él se encontraba rodeada de personas, aún así su vida no sería la misma sin él.

Pero, cuando lo había visto en el tren, Lily se había prometido ser honesta, además, el casi beso que habían estado a punto de compartir, le hacía tener la ilusión de que solo tal vez, sus sentimientos serían correspondidos. Poco importaba que Severus pareciera estarla evitando, sabía que no era por lo que casi había sucedido entre ellos, era por las preguntas que Lily haría sobre esa fiesta a la que había ido en la casa de los Malfoy.

Y aunque ella no quería ser insidiosa, la verdad era que estaba preocupada de que sus compañeros de Slytherin terminarán por arrastrarlo a las sombras que de por sí ya llenaban su vida.

Severus levantó la mirada y se encontró con sus ojos verdes, sus mejillas pálidas se tiñeron de un suave tono rojizo, mientras una pequeña y sincera sonrisa se dibujaba en sus labios. Lily le regresó el gesto cariñosa. Encantada de ver cómo las mejillas de Severus se ponían más rojas, luego se despidió con un gesto de mano.

Ella sería su caballero de brillante armadura y con suerte, como en los cuentos de hadas, al final ella obtendría su beso de verdadero amor.

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No sé ustedes pero yo amo a Lily, y porque la amo voy a romper su corazón xd.