¡Hola a todos!
Si ya sé que esto esta super atrasado, no tengo justificación que no sea que la flojera y la inspiración no es muy buena combinación XD
Pero lo logre hacre y eso vale, ademas de que es la historia mas larga de estos one-shot como recompensa (?)
Solo espero que le guste n.n
Los derechos de Gintama pertenece al gorila Sorachi.
Los celos y las esperanza pueden ser una mala combinación.
[okikagu-soyo]
[Au]
[Tema: Celos]
— Me siento una mala amiga por sentirme así… - una chica de cabello azabache y ojos café escuchaba como su amiga de cabello bermellón bajaba esos cerúleos que poseía y sonreía llena de culpa por aquel delicado sentir que sin saber, las dos compartían — pero no puedo evitar sentirme celosa de ti.
Soyo observaba con sorpresa a la chica de cabello bermellón, esa misma que en estos momentos usaba el envase de jugo para escapar de su mirada. ¿Qué tenía celos de su persona? ¿Por qué? Y fue ahí que lo recordó. No pudo evitar también bajar su mirada hacia el suelo y sonreír forzadamente. Su amiga no debía sentirse de esa forma, era ella quien debía tener celos y sentirse la peor amiga del mundo, esto debía ser al revés.
— Ya veo… - soltó con dificultad la azabache — Aunque no deberías, yo solo soy su amiga de la infancia… él no me ve más que como una hermanita. - esperaba que su amiga no notara lo falsa que era su sonrisa en estos momentos.
En aquel parque Soyo se sintió bastante mal al ver como su amiga le daba una sonrisa de alivio. De ver como la bermellón se preocupaba por su amistad siendo sincera, mientras que ella ocultaba todo su pesares y esperaba por dentro que todo lo que estaba pasando se inclinara a su favor.
Se sentía la peor persona del mundo.
— Oye Soyo… ¿Has visto a la china? - la azabache dio un pequeño brinco por la sorpresa de escuchar la voz de quien guardaba un sentimiento especial en su corazón. Observo aquel rostro inexpresivo, sintiéndose atraída por esos ojos rubíes que esperaban su respuesta.
— Lo siento Sougo-san… No te escuche por estar leyendo - dice nerviosamente mientras mostraba aquel libro de romance que estaba concentrada hasta que su amigo de la infancia la llamo.
El castaño nombrado solo levanto la ceja izquierda, demostrando su desagrado a ese tipo de historia y que la azabache riera por lo bajo sabiendo la opinión que tenía su amigo a ese tipo de libro. — Solo te preguntaba si has visto a la china, la muy maldita me debe por pegar algunas hojas de mi cuaderno de cálculo - bufo molesto a tal recuerdo — Tengo hacer que pague, pero la muy maldita no la encuentro en ningún lado desde el inicio del recreo…
Soyo solo sonreía a escuchar como su amigo de la infancia se quejaba de su amiga. Le divertía como su amiga llamaba la atención del castaño de forma tan infantil, pensando en cómo aquello la favorecía en esos momentos.
— Ella me dijo que iría a la sala de los profesores para convencer al profesor Ginpachi que le dejara ir a jugar en el centro de video juegos - la azabache vio como aquellos rubíes tenía un extraño lucero al escuchar de que la bermellón estaba en la sala de profesor, sintiendo aquel hormigueo que estaba tan familiarizada — .No deberías estar celoso Sougo-san, recuerda que el profesor Ginpachi es primo y tutor de Kagura-chan - ¿Por qué había dicho eso? ¿Por qué sentía la necesidad de animar algo que solo la perjudicaba? Ella no lo sabía, lo único que podía rezar era que Sougo siguiera negando aquellos sentimientos.
Y Tal vez, tener tiempo a solas con él debajo del árbol donde estaba sentada, tal como ocurría en las novelas que ella leía.
— ¿Quién tendría celos de una chica como china? - soltó con una pequeña sonrisa burlona, mientras se daba la media vuelta y se iba a para buscar a su objetivo ahora que sabía dónde estaba.
Soyo miraba como Sougo se alejaba de ella, dejándola en aquel agradable sitio pero que para la azabache se había vuelto tan solitario por el inconsciente desplante del castaño. El hormigueo en su estómago se intensificaba al ver la espalda de su mejor amigo yendo a buscar a una chica que no era ella.
— Debo ser aburrida ¿eh?... - susurro mientras sonreía con gran pesar, sintiendo como sus celos eran más profundo y deseando que nada pasara entre esas dos personas.
— ¿Por qué sientes celos de mí? - le pregunto en esa misma tarde a la chica de bermellón, aprovechando que el castaño no se había auto invitado en su salida al centro de juegos.
Kagura dejo de prestar atención la canasta del juego y bajo su manos, aun manteniendo la pelota de baloncesto en su poder, sus ojos azulados observaron cómo su amiga ahora estaba nerviosa y como jugaba con el pliegue de la falda; arrugándolo en el proceso. Sentía como el nerviosismo también apoderaba su cuerpo y desvió su mirada a la pelota, girándolo entre sus manos para calmar su nerviosismo y no arruinar más la amistad que había entre las dos.
— Porque lo conoces mejor que nadie… - la azabache su mirada a Kagura, quien aún seguía su mirada en el balón que jugueteaba con sus dos manos — No me gusta sentirme así, y aun así, cuando los veo tan cercano… no puedo evitar estos celos que nace en mí y desear ser yo la que pudiera estar de esa manera con ese bastardo.
La incomodidad estaba en el ambiente a pesar de que los jóvenes o los padres y sus hijos estaban divirtiéndose en aquel lugar, ignorando por completo a esas dos muchachas que en estos momentos estaban en su mundo. La Soyo observaba a Kagura como si recién se diera cuenta de la naturaleza sincera de ella.
Provocando que aquellos molesto hormigueo volvieran dentro de su ser.
— Ya veo… - Aquellas palabras habían hecho que por fin la bermellón mirara a Soyo. Mientras tanto, la azabache no podía identificar el tipo de sonrisa que su rostro mostraba en estos momentos — Pero esos celos son estúpidos, si soy la chica que más conoce a Sougo-san es porque crecimos juntos gracias al trabajo de su tutor y mi hermano - ella solo debía darle respuesta ambigua para no alimentar la esperanza de la bermellón. Debía mantener la apariencia y hacerle creer que Sougo la seguía viendo como una rival.
Sin embargo, dentro de su mente, la azabache no podía dejar de decirse cínica, mentirosa e hipócrita. Además de aun debía procesar aquel nuevo descubrimiento que había conseguido, gracias a la reciente conversación.
Ella sentía celos de lo sincera que era Kagura.
En esa misma noche, Soyo ya debajo de la calidez que le podía ofrecer sus sabanas, empezó a recordar cómo había empezado todo aquello. En aquel tiempo donde ella era realmente la única chica que estaba cerca de Sougo, el cómo por esa cercanía con el castaño la hacía sentir especial y la convertía en la envidia entre sus compañeras del establecimiento. Cuando era aquella chica llena de ilusiones, esa que soñaba con que algún día su mejor amigo de ese entonces, le correspondiera sus sentimientos y vivieran un romance de esa que veía en las series y en los mangas shoujos.
Pero todo cambio gracias a esa terrible tragedia.
Sougo se había empezado a encerrarse tras la muerte de su querida hermana mayor, a pesar de tener al esposo de su querida hermana y a su tutor a su lado; compartiendo el dolor y el confort que los 3 necesitaban por la pérdida de aquel ser querido. Incluso, ella había intentado con todo su esfuerzo hacer que el castaño se abriera con ella, pero todo era inútil. La pérdida de aquella mujer había afectado de gran manera a la persona que amaba, y pudo darse cuenta de algo que destruyo un poco sus ilusiones.
Él solo la veía como una amiga, no era la persona especial para él.
A pesar que él seguía siendo considerado con ella y con todo el mundo, Soyo podía darse cuenta que por dentro el castaño con ojos rubíes seguía con aquel dolor de la perdida. Quería realmente sanar su corazón, pero nunca lo logro y él nunca se lo permitió.
Fue en ese momento en que ella apareció.
Al principio fue una compañera más en el curso, la azabache se acercó a su nueva compañera al tercer día de su estadía en el curso. El verla tan solitaria había provocado que decidiera acercarse a ella, encontrándose con una muchacha muy alegre y de fácil acceso en cuanto se refiere de amistad; preguntándose porque nadie se había acercado a ella.
Aun recordaba como Kagura había obtenido la total atención del castaño. Todo empezó en clase de educación física, el profesor a cargo había hecho que hubiera un maratón mixto para saber la resistencia de cada alumno y con un premio sorpresa al final. Todos participaron animado por la recompensa de aquel arduo trabajo, incluso recordaba como las babas caían en la boca de Kagura cuando entro a su mundo de comida.
Había sido una gran sorpresa ver como habían empatado, y más cuando empezaron a atacarse al no querer compartir el premio entre los dos, provocando que fueran castigados y una rivalidad naciera entre los ellos.
Comenzando una enemistad que afectaría al establecimiento con su destrucción.
Al principio a Soyo le divertía ver como sus dos amigos estaban detrás de la cabeza del otro. Como la bermellón podía hacer la más creativas travesuras contra el castaño, mientras que en el estudio apenas y tenía aprobatoria; Sougo dejaba su vagancia para llegar temprano y hacerle alguna trampa a Kagura. Escuchar las quejas de los dos por el otro cuando estaban con ella.
Ella no se imaginó que la relación de ellos cambiaría en tan corto tiempo.
Su primera sospecha fue cuando Kagura tuvo un accidente en medio de la clase de física. Soyo aun recuerda el comportamiento de Sougo a tal suceso, le dio la sensación de posesión y cuidado hacia Kagura, el cómo fue el primero en acercarse a ella tras caer de la cuerda donde se había estado colgando y haciendo movimiento divertidos; como no permitió que nadie se acercara hacia ella y con cuidado la llevo a la enfermería.
Ella lo dejo pasar, pensó que era por la rivalidad que tenían el castaño se comportó de esa manera en esa ocasión; sobre todo al ver que sus tratos seguían siendo el mismo de siempre la alivio.
Sin embargo, Soyo de a poco empezó a notar la diferencia que lo ocultaba en aquel lazo de rivales. A pesar que ninguno la dejaba de lado, se dio cuenta como usaban cualquier excusa para buscarse; la empezaba a preocupar y su corazón medio destrozado a llenarse de temores.
— ¿Pasa algo con entre tú y kagura-chan? - Soyo miraba a su compañero de viaje a casa. Atenta a cualquier expresión que pusiera Sougo por su pregunta.
— ¿Qué te hace creer que hay algo entre yo y esa glotona? solo queremos la cabeza del otro - La voz del castaño era tan plana, que Soyo tuvo que observar con más atención a ese rostro que en secreto adoraba. Lo que provocara que la azabache soltara un suspiro de alivio que no fue percibido por el castaño - ¿Qué te hace pensar en eso? - Sougo pregunto con total curiosidad.
Aquello provoco que Soyo se avergonzara por preguntado. Por dentro se había reído de sí misma por sus pensamientos, admitiendo que lo más seguro esas ideas eran por sus inseguridades. — Es que me di cuenta que ya no parecen odiarse y están más tiempo juntos, así que… pensé que ustedes… - sus mejillas estaban adornada por un ligero rosado, a pesar que sentía como una dolorosa presión en su corazón al admitir abiertamente aquella posibilidad que tuvo en su mente.
Sin embargo, no se dio cuenta que Sougo simplemente se quedó callado en el resto del camino por sus palabras.
Se suponía que la tranquilidad debía estar en su corazón desde que escucho a Sougo decirle que no tenía nada con Kagura. Ella no negaba que la negación del castaño a una relación romántica con la bermellón había sido bálsamo para su corazón, pero el verlo juntos hacia que sus inquietudes aumentara, sintiéndose una simple espectadora de un peculiar lazo.
Pero el peor momento de todos fue lo que observo sin querer hace pocos meses atrás.
En la final de la temporada de competencia de deporte que hacia anualmente el colegia, ella se había concentrado tanto en no defraudar a su curso que se le olvidaba la situación que sentía por el hombre que amaba y su amiga. Incluso, había aprovechado lo mejor que podía para que Sougo fuera su instructor y así estar con el mejor rendimiento físico para la competencia en que participaría.
Estaba feliz. Su bando había ganado al final con los resultados a su favor a pesar lo dura que había sido, en esos momentos todos estaban festejando el final con una gran fogata en centro del patio; donde se había reunido todo los alumnos para bailar a su alrededor. Ella miraba apoyada en un árbol como algunos se ponían en pareja para bailar rodeando la fogata, aquellos pasos que daban las parejas eran tan elegantes y armónicos, que opacaba a los que bailaban en su soledad o en grupos.
Ella deseo bailar con Sougo en aquella danza tan hermosa.
Con sus mejillas sonrojadas por la imagen romántica que su mente recreo, decidió buscar al dueño de sus afectos con la mirada por los alrededores de la fogata; creyendo que Sougo estaba en alguna parte observando el espectaculo. No obstante, el castaño no estaba en ningún lugar, así que prefirió ir a buscarlo dentro del establecimiento, con la ilusiones a flotes al recordar las horas que practicaron juntos para la competencia.
Sin darse cuenta, había permitido que sus ilusiones crecieran y permitiéndose olvida aquella situación en donde Kagura estaba involucrada.
Fueron aquellos fundamentos lo que hizo que su corazón le doliera más que lo que debió ser al ver aquella escena. Su cuerpo no respondía a ver de reojo por la ventana aquella muestra de cariño. ¿Por qué él actuaba así con ella? ¿Qué no había dicho que no tenían ninguna relación de ese calibre hace unas semanas atrás? ¿Por qué debió ser su amiga y no ella la que tenía esa clase de cariño por parte del castaño? Las lágrimas salían como lluvia al ver aquella escena que era enternecedora para los otros, pero para ella era una daga en su fantasioso corazón.
Veía como el castaño acariciaba con tanta ternura y devoción aquel desarreglado cabello bermellón, como esos rubíes demostraban un gran aprecio a los gestos de una Kagura durmiente. Pareciera ser un caballero que protegía el sueño de su dulce princesa. Y aquel beso de tanta ternura y adoración en la frente de la bermellón fue el sello para certificar tal pensamiento.
Soyo no podía aguantar más aquel acto de un tierno amor, porque eso era a pesar de toda las burlas que Sougo hacia esa chica que era su amiga; aquella apreciación fue todo lo que necetiso para entender los sentimientos de Sougo. Así que huyo, no le importó si el castaño la viera o no, ella solo quería alejarse y proteger lo que quedaba de su corazón.
Se detuvo en el pasillo que conectaba al gimnasio de la escuela, en ese lugar aun dejando que aquella lluvia mojara sus mejillas observo la luz que daba la fogata hacia su lazo izquierdo, sin tocarla para hacer notar su presencia a sus compañeros. Se veía tan etérea ahora mismo, su calidez lo sentía tan lejanos a ella a pesar que a tan solo unos pasos se podía rodear de su calor.
Un escenario que la hacía sentir fuera de lugar.
Se rio, de sus ilusiones y de ella misma. Empezando a comprender aquello que le había molestado por tanto momento, aquel malestar que sentía en su estómago al ver a Kagura al lado de Sougo.
Ella tenía celos hacia Kagura.
¿Y por qué no tenerlo? Era ella la que sin esfuerzo alguno tenía el corazón de aquel chico que ha amado por tanto tiempo. Quería odiarla por quitarle la oportunidad, realmente quería hacerlo con todo su corazón, pero no podía; le tenía tanto cariño a Kagura que no podía odiarla.
Se sintió tan estúpida en esos momentos.
Actuó normal delante de los dos al día siguiente, haciendo que nunca vio una escena entre Sougo y Kagura. Sonriendo delante de todos y cuando le preguntaba como estaba, ella respondía que estaba bien. Y es que, el ver como seguían peleándose al día siguiente le hizo ver una epifanía: Sougo podía estar enamorado de Kagura, pero eso no significa que pudiera ser correspondido.
Aquella realidad hacía que se aferrara a esas esperanza que habían inundado su corazón, solo debía evitar que tuvieran más tiempo a solas, empezando a monopolizar el tiempo de los dos; sobre todo el de Kagura. Usando lo que más le gustaba al otro a su favor.
Sin embargo, la cosa empeoró cuando en una broma; Kagura confesó entre molestia y lamentos que tenía sentimientos románticos por el sádico. Aquello había detenido el tiempo para Soyo, sin que la bermellón se diera cuenta apretó su puño por la impotencia que sentía dentro de su ser. ¿Por qué debía ser así? ¿Qué había hecho ella para que las cosas sucediera de esa forma? El solo imaginar a su amiga confesarse y ser correspondida le había hecho sentir nauseabundo y los celos crecía dentro de su ser.
Porque ella debería ser la protagonista de ese momento.
Por eso, cuando sintió que Kagura la llamaba, solo sonrió tal como había aprendido a hacer; como si fuera parte de ella. Y le aconsejo a no confesarse, contándole lo que pasaba a las demás chicas que se confesaba y terminaban siendo humillada cuando insistían tanto. Aprovechando su título de amiga de la infancia y usando el orgullo de su amiga, logro hacer que Kagura tomara la decisión de no confesarse por el momento al castaño.
Y eso necesitaba, tiempo para hacer que el corazón de Sougo fuera suyo.
De eso había pasado solo 3 meses y hace pocos días, Kagura le había confesado que sentía celos por ser la chica que más conocía al sádico.
Haciendo que varios sentimientos adueñaran en aquel cuerpo.
Soyo suspiro a los recuerdos que solo la hacían empeorar, sintiéndose aquel frio que le daba la soledad y que se había vuelto su compañera desde el momento en que se negó a rendirse por el amor de Sougo. Dejo que sus pupilas taparan aquellos café brillantes y se permitió a llorar, liberar esa angustia y culpabilidad que sentía en esos momentos y así, poder tener más fuerza para el mañana.
Porque haría todo lo que fuera para sentirse correspondida por Sougo, aunque hasta el momento no parecía haber algún avance en su relación.
Soyo podía sentir que todo iba bien, que la rutina seguía igual. Observo las peleas y travesura que se hacían Sougo y Kagura, sintiéndose aliviada de no ver ningún avance en su relación. También a la hora de comer le había entregado un almuerzo hecho por ella al castaño, con la excusa de que sabía que no había traído por llegar tarde. Aprovechando que Kagura no estaba por haber sido llamada por su primo, el profesor Ginpachi.
Pero a pesar de haber tenido sus momentos a solas con el castaño, gracias a la sobre protección de aquel vago profesor hacia la bermellón. Podía sentir lo distante que estaba el castaño a sus conversaciones, observando como apenas había tocado la comida que ella tanto se esmeró en hacer.
— ¿En qué piensas Sougo-san? No has comido nada - por fin había logrado hacer que el castaño la mirara desde que empezaron a comer.
— No es nada - soltó después de estar por unos minutos en silencio. Tomando uno de los onigiris que había en el obento y darle un mordisco.
— Soy tu amiga Sougo-san, si necesitas algún ayuda o algo sabes que tendrás mi apoyo - soltó para hacerse notar, de que Sougo se abriera con ella.
— Lo se… - fue lo único que le dijo antes de caer en aquel incomodo silencio.
Soyo solo lo observo en lo que quedaba del almuerzo, admirando los gesto del castaño con ojos rubíes. Preguntándose que es lo que lo tenía tan pensativo, solo esperaba que no estuviera en la mente del castaño, su amiga de cabello bermellón.
Soyo estaba preocupada, el verlo tan pensativo había hecho que tuviera un mal presentimiento. Lo conocía tan bien que sabía que si se ponía así era por algún tema delicado. No pudo concentrarse completamente en la clase, mirando de reojo al castaño que se sentaba a su lado.
Incluso en el camino de regreso a casa seguía aquel amargo silencio entre los dos. Soyo quería hablar, preguntarle qué es lo que tenía en su mente, pero no podía. Su labio no se movía y su mente quedaba en blanco al no saber cómo iniciar la conversación.
— Oi - aquella simple palabra hizo que la azabache diera un pequeño brinco por la sorpresa y su atención se pusiera en el castaño.
— ¿Pasa algo Sougo-san?
— He decidido en decirle a la china que me gusta - ¿Cómo podía pasar que unas simples palabras pudieran destruir su corazón? Detuvo su caminata, provocando que su compañero se detuviera a tres pasos más delante de ella. No quería procesar lo que había escuchado, debia ser un error.
— ¿Eh?... - Fue lo único que pudo decir.
— No te hagas la tonta - comento el castaño, haciendo que sus ojos chocaran con eso rubíes. Sin comprender sus palabras —. Sé que has notado algún cambio de mi comportamiento hacia tu amiga… por eso he decidido decirte que le voy a decir mis sentimientos a la china.
Soyo se tensó, quería huir y no escuchar más las palabras del castaño. ¿Por qué se daba cuenta de aquello y no de sus sentimientos? ¿Por qué era tan ciego para darse cuenta que ella lo ha estado amando desde hace mucho tiempo? ¿Acaso disfrutaba verla sufrir por su amor?
Se sentía tan destruida por dentro.
"Él no sabe que Kagura lo quiere" pensó. Intentando calmarse, hacía un esfuerzo para no bajar su mirada, de demostrarle que no le afectaba sus palabras. Debía mover bien sus cartas, impedir que el castaño se confesara a Kagura y así, tener más tiempo para conquistarlo.
Se aferraba tercamente a una escasa y efímera esperanza.
— ¿Qué pasa si te rechaza? - pregunto haciéndose la curiosa, ocultando cualquier señal que la delatara delante del castaño. Debía ser cuidadosa en su movimiento y palabra.
— Entonces la conquistare, estoy cansado de ocultar esto que siento y hare todo lo que tenga en mano para hacer que esa china caiga a mi pies - aquellos ojos rojizos le demostraba la determinación y aquel sentimiento sincero que tenía Sougo hacía Kagura.
— Entonces díselo… - soltó sin emoción en su voz. Su corazón se negaba a aceptar las palabras del catsaño, pero su mente le pedía que lo aceptar.
Lo único que pudo hacer es irse a su casa corriendo, dejando al causante de su sufrimiento atrás.
Al llegar a su casa se encerró de inmediato a su cuarto, se apoyó en la puerta empezando a arrastrarse hasta sentarse en el piso y soltar las lágrimas que deseaban salir desde el momento en que el castaño admitió delante de ella sus sentimientos por la bermellón.
No podía dejar de llorar, se sentía una completa perdedora.
"¡La cosa no podía quedarse así!" pensaba en medio de su llanto, Los celos hacía Kagura había crecido. No podía permitir que Kagura se llevara el cariño que por tanto tiempo a deseado, Kagura no era la chica que estuvo en el peor momento de Sougo, no lo conocía y aun así; había logrado arrebatarle el lugar que ella merecía.
Después de todo, ella fue la primera en enamorarse y luchar por su amor.
Sabía que no podía evitar hacer que Sougo se confesara. Por eso, tenía que hacer una forma en que Kagura no le creyera al castaño, que lo rechazara de una alguna forma. Pensando que si Sougo terminaba con el corazón roto, ella podía sanarlo y él por fin se fijaría en ella.
Esa noche no durmió pensando que debía actuar pronto antes de que todo fuera demasiado tarde.
Soyo caminaba hacía la escuela con una gran sonrisa a pesar de su falta de sueño, veía todo aquel paisaje rutinario tan hermoso. El solo hecho de pensar en el plan que había hecho anoche la llenaba de gloria. ¿Importaba si Sougo y Kagura terminaban heridos? Claro que no, después de todo ellos la habían lastimado al fijarse en el otro.
— ¿Te ganaste una lotería o algo? - había dado un brinco al escuchar aquella reconocible voz, sin embargo también la euforia había adueñado a su corazón. Haciendo que mirara a su izquierda con gran entusiasmo al dueño de su mente y corazón.
Sougo la miraba confundido, de seguro por su comportamiento del día de ayer y su estado de ánimo actual.
— No es nada, solo pensaba que era un hermoso día - argumento mientras retomaba su camino a la escuela, esta vez con el castaño a su lado —. Por cierto, ¿Cuándo le confesara tus sentimientos a Kagura-chan?
El castaño no se imaginaba que detrás de aquellos ojos marrones llenos de curiosidad y esa sonrisa inocente, ocultaba el deseo de destruir aquello que para él es especial.
— Puede ser muy cliché… pero lo hare hoy después de clases - aunque su voz parecía neutra como siempre, la azabache pudo notar el nerviosismo en el castaño. El cómo agarraba el tirante de su bolso era la prueba de aquello.
— Ya veo…entonces en la hora del almuerzo te daré unos consejos para que le muestres a Kagura-chan que tus sentimientos son sincero y así, no crea que sea una broma tuya - soltó como si lo hubiera actuado, asegurándose que se mostrara lo más sincera posible aquella mentira.
Los dos habían llegado a la escuela, y el castaño no se había dado cuenta de nada por estar pensando en su declaración.
Las clases de la mañana habían pasado rápido para Soyo, como también el inicio de su plan estaba funcionando al lograr convencer a Kagura a que fuera detrás de la escuela en un momento determinado. Aquello solo hacía que su sonrisa permaneciera en su rostro, sin que nadie se diera cuenta lo que pasaba en su mente.
El timbre para la hora del almuerzo había tocado y el momento había llegado.
Guio a Sougo al lugar determinado, usando como excusa el cambio de ambiente para hablar mejor sobre su confesión. Lo llevo al lugar perfecto para cuando Kagura pasara por la zona lo pudiera ver claramente a ellos dos como una pareja teniendo su momento romántico.
Observo desde su reloj de pulsera la hora para actuar.
— ¿Estas segura de qu… - el Cataño pudo sentir como Soyo tomaba con su manos la mejilla y hacia que se acercara a ella, haciendo que los labios canosos de la azabache estuviera tocándose con lo suyo, dejándolo perplejo por la acción.
Nunca se esperó una acción así por parte de su amiga de la infancia.
Soyo estaba en la nubes en el momento en que sus labios habían tocado los del castaño, sintiendo lo suave que era. Se dejó llevar, permitiéndose abrazarlo desde el cuello. Sin embargo, no sentía ser correspondida por el castaño, de hecho, no sentía ningún movimiento por parte de él; provocando que la emoción del principio disminuyera.
Que sintiera la frialdad de no ser correspondida.
Solo había una cosa que si había logrado, y era hacer que esos ojos cerúleos mirara la escena con dolor. Para luego correr lejos de aquel lugar.
Sintió como esas grandes manos la alejaba del castaño, el como la empujaba y esos rubíes transmitían un total rechazo hacia ella. No a su persona, pero sí a sus profundos sentimientos por él.
Vio como corría hacía la dirección que se supone que debió tomar la bermellón para ver la escena, demostrando que Kagura había presenciado la escena. Porque ese era el único motivo para que el castaño corriera a esa dirección.
La azabache quería ir detrás del castaño, de rogarle que no fuera detrás de Kagura y que le diera una oportunidad, sabía que si movía su carta podía hacer que Sougo accediera a su petición. No obstante, el recuerdo de aquellas miradas, aquel rechazo que recibió de esos ojos que tanto había soñado que la mirara con amor; detenía cualquier proceso que pudiera hacer su cuerpo o mente. Se sentó en el suelo, rememorando una y otra vez ese momento en que Sougo la alejo de él y la rechazo, permitiendo que después de tanta negación pudiera aceptar su realidad.
Se tocó su labios, sintiendo que el tacto de su dedos era más cálido que el beso con el castaño.
Las lágrimas empezaban a recorrer sus mejillas. Había batallado una guerra perdida desde el inicio, Sougo nunca la iba a mirar como ella quería ser mirada. Lo peor de todo, era que había hecho todo aquello por nada.
Su fantasía del primer amor había sido arruinada junto con aquel primer beso.
Sougo corría para alcanzar a la bermellón. Se maldecía por no haber impedido que la situación pasara, no dejaba de recordar aquella mirada lleno de dolor. Sintiéndose un idiota por no darse cuenta de los sentimientos de su amiga de infancia hasta que lo beso.
Aunque también un calor invadía su cuerpo, si era lo que pensaba significaba que su sentimiento era mutuo. Era la única razón que encontraba para que ella mirara de esa forma lo sucedido.
Se maldecía por décima vez por no impedir aquello y que esa idiota creyera lo contrario.
— ¡Maldición! - exclamo frustrado al ver desde lejos como Kagura entraba a la sala de profesores. Haciendo que golpeara la pared, ignorando las miradas curiosas que le daba los que pasaban por aquel pasillo del establecimiento.
Se recargo en la pared, para planear como lograr acercarse a Kagura y aclarar lo sucedido. Como también para calmar esos celos que sentía al saber que la bermellón se había ido a refugiar en los brazos de su primo, admitiendo los celos que sentía hacía el profesor de la clase 3-z.
Admitiendo aquel deseo de monopolizar aquella hermosa sonrisa que tenía la bermellón, de ser el dueño de su corazón. Pero sobre todo, ser el causante de su felicidad y no de su sufrimiento.
Entre su egoísmo lo que más anhelaba, era velar aquella sonrisa que lo había logrado conquistar.
Estaba en su mente cuando se dio cuenta que la puerta de la sala de los profesores fue abierta, vio como el profesor de cabellera plateada y ojos rojizo que parecían pez muertos salía junto con aquella chica que en estos momentos ocupaba 100% de su pensamiento. El profesor parecía estar dudoso de algo, moviendo su labios a lo que parecía a una pregunta que fue respondida por la bermellón; quien sostenía una sonrisa forzada que el castaño pudo identificar.
Se dio cuenta como el profesor dudaba de la respuesta de Kagura, demostrando que también se dio cuenta cual falsa era su sonrisa. Sin embargo, el profesor no dijo más y la llevaba a cierta parte, de seguro tenía flojera para entender bien lo que le pasaba. El castaño apretó los puños por la escena que presenciaba y lo siguió sin dudarlo, haciendo lo mejor que podía para que ninguno se diera cuenta de su presencia.
Observo como entraban a la enfermería, preocupándose por si Kagura tenía algún problema de salud, se acercó a la puerta y puso su oído para escuchar cualquier palabra que fuera a su alcance.
— ¿Estas segura que lo que estas así por culpa un dolor de estómago?
— Claro que sí Gin-chan, debí comer algo que estaba mal. Así que deja a una dama como yo descanse.
El castaño con solo escuchar esas palabras pudo comprender lo que pasaba, de seguro Kagura había mentido en un intento de no preocupar a su primo por su estado de ánimo. Escucho las burlas del permanente y las quejas de la bermellón, esperando impaciente de que saliera el profesor y así, hablar con la chica sobre los sucedidos.
El recuerdo de aquellos ojos azulados le daba a entender cuál era el verdadero motivo del malestar de la bermellón. Y que la esperanza creciera en él a tal pensamiento.
Se sentó al lado de la puerta a esperar que el profesor dejara a Kagura, mientras pensaba en como iniciaría la conversación.
Estaba tan ensimismado que se levantó por el susto cuando escucho la puerta abrirse de repente. Provocando que mirara esos ojos de pez muerto que parecían tener ganas de matarlo. Demostrando que tenía sospecha de lo que puede causar que Kagura le diera una sonrisa falsa y le mintiera sobre su estado.
Los dos quedaron observando al otro, uno con el deseo de darle su merecido y el otro enfrentándolo, pero a la vez, demostrando el deseo de arreglar la cosa.
El profesor Ginpachi hizo desaparecer la tensión que había en el ambiente cuando dio un suspiro de cansancio.
— No sé qué pasó entre tú y Kagura, pero si veo que ella sigue así al terminar la clases… tu vida estudiantil será arruinada por mí - Sougo sabía cuál rencoroso podía ser su profesor, y más cuando su familiar estaba en el asunto.
Sin esperar una respuesta o excusa del castaño el profesor se fue para ir a comer algún dulce antes de iniciar la clase.
Sougo agradeció en silencio la oportunidad que le estaba dando aquel primo sobre protector. Para luego abrir la puerta y observar el lugar, encontrándose con una Kagura acostada en la cama del lugar y dándole la espalda, parecía estar mirando el escenario que gracias a las ventanas podía presenciar.
— ¿Se te olvido algo. Gin-chan? - Para la Bermellón había sido una mala idea haber volteado para ver a quien había entrado. El solo verlo había hecho que recordara aquel suceso que debió ser un acto de amor, sintiendo como su corazón se oprimía y las lágrimas amenazaban por salir.
El castaño pudo ver en esos hermosos luceros el dolor que sentía la bermellón en este momento y que irónicamente, hacían que dentro de su ser la esperanza creciera. Ella era tan abierta y tan fácil de leer, que con solo mirar esos cerúleos podía saber lo que le pasaba. Por eso, logro anticipar el movimiento de Kagura y evitar que ella saltara por la ventana y escapara.
Tenía tomado sus muñecas y usando su cuerpo la tenía acorralada en la ventana media abierta.
— Tenemos que hablar - hablo serio. Impidiendo que ella se soltara de su agarre, la movió hacia la pared, dejando sus cuerpos al lado de la cama que había usado la bermellón.
— ¿Hablar? ¿De qué? No tienes la necesidad de decirme nada, es tu vida y no tengo nada que ver con ella - al castaño le molestaba que además del forcejeo, usara aquel triste tono y que evitara su mirada. Sin embargo, no se iba a ir y dejarla con un dolor que no debía tener.
No se iba a ir hasta decirle que la amaba.
— No me gusta Soyo - Kagura dejo de forcejear por tal declaración, así que el castaño aprovecho para contarle tal como había sucedido las cosas — Se suponía que ella me iba a ayudar a confesarme a cierta cerda idiota, por eso me dijo que fuéramos a ese lugar para hablar. No esperaba que ella me besara, no esperaba nada de lo que paso.
Por fin Kagura le devolvía la mirada a pesar de tener el ceño fruncido, demostrando la molestia y tristeza que sentía en estos momentos.
— ¿Por qué me lo dices? No deberías mejor ir hacia la chica que te iba a confesar y déjame en paz - aquella declaración y demanda provoco que Sougo se riera de ella —. ¡¿De qué te ríes sádico idiota?!
— De ti - soltó sin tapujo el castaño, calmándose para aclararle mejor las cosas a esa chica idiota que lo tenía loco. —, eres tan idiota que no te das cuenta de nada - El castaño no se daba que en este momento le estaba dando una de las sonrisa más tierna y sincera que le podía dar a la bermellón; haciendo que viera como el carmesí empezaba a adorna en las mejillas de ella — . Si estoy aquí es por eso, para aclarar la cosa que esa idiota vio y de paso decirle mis sentimientos.
Kagura de nuevo evitaba mirarlo. Sin embargo, esta vez no le molestaba que ella lo evitara, al contrario, el sentir lo nerviosa que estaba y ver aquel sonrojo en su mejilla le provocaba una gran gloria por lo que le provocaba.
— ¡No te entiendo idiota! Debes ser más directo - exigió la bermellón mientras le devolvía la mirada al castaño.
Provocando que esos zafiros chocaran con esos rubíes.
Sougo sonrió a tal atrevida invitación que le estaban dando en silencio.
— Claro que lo hare - sin preámbulo la beso con aquella ternura que solo ella podía sacar dentro de su ser.
¿Cómo podía que solo un taco y un intercambio de saliva lo sintiera tan mágico? El beso era torpe, demostrando la inexperiencia de ambos y aun así, no deseaban separarse en ningún momento. Sintiéndose glorioso por la respuesta del otro, emborrachado de los sentimientos que le daba tal acto en que estaban participando.
Kagura fue la primera en alejarse mientras daba un suspiro de satisfacción. Aquel sonrojo era tan notorio en su mejilla que el castaño pensaba que no podía diferenciar su cara con su cabello.
— Me gustas idiota - soltó el castaño mientras se preparaba a darle un segundo beso. Estaba seguro a que se volvería un adicto a esos labios ahora que lo había probado.
Claro que nunca se lo diría para proteger un poco su ya perjudicado orgullo.
— Eres un completo bastardo, pero aun así… no puedo evitar sentir esto por ti - y con eso dicho volvieron a unir sus labios. Sellando aquella nueva relación que recién empezaba a iniciar y que en silencio esperaban que fuera por toda su vida.
— ¿Qué pasa con Soyo-chan? - aquella pregunto por parte de Kagura había descontrolado a Sougo. Quien, junto con la bermellón estaban sentados en el piso apoyando su espalda en la cama de la enfermería, después de haber tenido unas sesiones de besos.
El silencio del pasillo le mostraba de que la clases habían iniciado hace rato, pero ninguno quería moverse de aquel lugar.
— No lo sé - era sincero, ahora que lo pensaba solo se había ido de aquel lugar al ver a kagura observando aquella escena. Aunque esperaba con aquel desplante, Soyo comprendiera completamente que nunca la iba a ver como mujer — Ella ya sabía de mis sentimientos por ti, aunque parece que debo hablar con ella igual para que no tenga falsa esperanza conmigo. Como también parece que le debo una disculpa.
Kagura solo asintió pensativa por la situación.
— Yo también quiero hablar con ella… preguntarle porque no me dijo nada - aquellas palabras despertaron la curiosidad del castaño —. Aunque primero creo que le debemos dejar su espacio - aquella sonrisa que transmitía tristeza le hizo comprender al castaño que la bermellón estaba recordando lo sucedido detrás de la escuela.
Le dio un pequeño golpe en la cabeza.
— Deja de pensar en eso - comento mientras bloqueaba los golpes de Kagura –. Cuando sea necesario lo vamos a resolver - el castaño tuvo que tocar su estómago al sentir aquel potente codazo. — M-maldita.
— No eres para nada romántico. Mira que tratar de esa forma a tu linda novia, hijo de puta - En lo más profundo del ser de Sougo, pensaba que lo hermosa que se veía Kagura cuando estaba molesta.
Aunque estaba claro que se lo llevaría a la tumba antes de decírselo.
— Pero bien que te gusto de esta forma, además seria aburrido que fuéramos esos melosos que dicen cursilería a cada hora - admitió haciendo una cara de asco y escuchaba la risa de kagura. Para luego levantarse y sacudirse los pantalones —. Levántate.
— ¿Para qué? - Kagura frunció el ceño, molesta por el mandato.
— Para que tengamos una cita, me dio hambre después de toda esta situación - soltó así sin más, provocando que el sonrojo volviera a aparecer en las mejillas de la bermellón.
— Si es por eso, está bien - la bermellón también se levantó de sonde estaba cómodamente sentada, acomodando la falda del uniforme —. Iré solo si pagas lo que comeré.
— Me dejaras pobre maldita glotona - a pesar de su queja el castaño salió de la enfermería por la ventana junto con la bermellón para ir a su primera cita.
Sin que ninguno le importara que aún tuvieran clases y que un profesor con permanente lo castigara el día del mañana.
Mientras caminaban a la salida su cuerpo se juntaba sin invadir por completo el espacio del otro, sintiendo con agrado la cercanía del otro se tomaron la mano. Disfrutando la felicidad de ser correspondido por la persona que era su rival.
Habían salido de la escuela, yendo hacía la tienda de ramen que estaba cerca de la escuela. Sin percatarse que hubo una persona que los vio irse tomado de la mano hasta que saltaron la entrada de la escuela.
Soyo había visto todo con dolor y celos, a pesar de haber aceptado su derrota no podía evitar el querer ser ella quien estuviera al lado del castaño escapando de la escuela. Su corazón aun añoraba ser amada por él.
Sin embargo, era algo que ya no podía ser y debía dejar aquellos sentimientos atrás
Nota final:
Bien, este one-shot es una versión ligera a lo que tenía planeado originalmente. La verdad es que iba a ser mas cruda las cosas, como también mas profunda. Eso provoco que terminara decidiendo que lo mejor seria que fuera un long-fic y hacer otra versión para el tema, de ahí salio esta.
Así que, como ya estarán pensando... puede que en algún futuro este subiendo una nueva historia XD
Sin mas que decir, me despido. x'3
